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Full text of "Sinopsis concordada de los cuatro Evangelios"

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SINOPSIS 

DE  LOS 

CUATRO 
EVANGELIOS 


I 


tíhvavy  of  trhe  Cheolocjical  geminar;? 


Digitized  by  the  Internet  Archive 
in2014 


https://archive.org/details/sinopsisconcordaOOIeal 


Sjsopsis  Coscopdada 
de  lc5  cl  atro  e.  celios 


BIBLIOTECA 

D  E 

AUTORES  CRISTIANOS 

Declarada  de  interés  Jiacional 


ESTA  COLECCIÓN  S'ií  PUBLICA  BAJO  1.0S  AUSPICIOS  V  ALTA 
DIRECCIÓN  OK  LA  PONTIFICIA  UNIVERSIDAD  DL  SALAMANCA 

LA  COMISIÓN  DE  DICHA  PONTIFICLA 
UNIVERSIDAD  ENCARGADA  DE  LA  IN- 
MEDIATA RELACIÓN  CON  LA  B.  A.  C, 
ESTÁ  1NTEGR.ADA  EN  EL  AÑO  1954 
POR  LOS  SEÑORES  SIGUIENTES: 

PRESIDENTE: 

Excmo.  y  Rvdmo.  Sr.  Dr.  Fr.  Francisco  Barbado  Viejo,  O.  P., 
Obispo   de   Salamanca   y   Gran   Canciller   de   la  Pontificia 
U  niversidad. 

VICEPRESIDENTE-    Il^^o.    Sr.    Dr.  LoRENzo    TuRRADO,  Rectur 
Magnífico. 

vocai.es  :  R.  P.  Dr.  Fr.  x\gapito  Sobradillo,  O.  F.  AI.  C, 
Decano  de  la  Facultad  de  Teología;  R.  P.  Dr.  Marcelino 
Cabreros,  C.  M.  F.,  Decano  de  la  Facultad  de  Derecho; 
M.  I.  Sr.  Dr.  Bernardo  Rincón,  Decano  de  la  Facultad  de 
Filosofía;  R.  P.  Dr.  José  Jiménez,  C.  M.  F.,  Decano  de  la 
Facultad  de  Humanidades  Clásicas;  R.  P.  Dr.  Fr.  Alberto 
CoLUNG.\,  O.  P.,  Catedrático  de  Sagrada  Fscritura;  reverendo 
P.  Dr.  Berna rdino  Leorca,  S.  L,  Catedrático  de  Historia 
Eclesiástica. 

secreiario:         í   Sr.  Dr.  Luis  Sala  Balust,  Profesor. 


LA  EDITORIAL  CATOLICA,  S.  A.  AP.  466 

MADRID    •  MCMI.IV 


C  ONCORD AD A 

DE  LOS  Cuatro  Evangelios 

JUAN    LEAL,    S.  I. 

PkOFESOR  UE  SAGRADA  ESCRITURA  EN  LA  FACULTAO  TEOLÓGICA  DE  GRANADA 

"Bible^  N-      ¿rompéis.  *5p^n\^'r 


BIBLIOTECA   DE  AUTORES  CRISTIANOS 

MADRID  •  xMCMLIV 


NIHIL  OBSTAT: 

Dr.  Salvador  Muñoz, 
Censor. 


IMPRIMI  POTEST: 

P.  Juan  M.  Ponce.  S.  I. 
Prep.  prov.  de  Andalucía.^ 


IMPRIMATUR: 

t  José  María, 
Ob.  aux.  y  Vic.  gral. 
Madrid,  9  septiembre  1954. 


Ilivadeneyra,  S.  A. — Pasi'O  Onésinio  Redondo,  26. — Madrid. 


INDICE  GENERAL 


Pág=. 


Prólogo   

Bibliografía    xviii 

Siglas   •   xx 

• 

PRIMERA  PARTE 
Fisndamentos  históricos  y  literarios 

Caf*ítulo  i. — La  sinopsis  y  concordia  de  los  Evangelios    3 

Artículo    I. — Naturaleza    J 

Artículo  II. — El  marco  cronológico    5 

Capítulo  II.— £/  Evangelio  de  San  Juan    9 

Artículo     I. — Plan  general  del  cuarto  Evangelio    9 

A  RTÍcuLO    II. — El  plan  general  del  cuarto  Evangelio  comparado 

con  los  sinópticos    11 

Artículo  III. — La  cronología  particular  en  las  narraciones  del 

cuarto  Evangelio    14 

Capítulo  III. — El  Evangelio  de  San  Lucas    16 

Artículo  I. — Flan  general  del  tercer  Evangelio    17 

Artículo  II. — El  orden  histórico  del  tercer  Evangelio    20 

Artículo  III. — El  orden  literario  de  San  Lucas    21 

Artículo  IV. — El  plan  literario  de  la  sección  de  los  viajes    29 

Artículo  V. — La  realidad  histórica  de  los  viajes    34 

Artículo  VI. — La  posición  histórica  de  los  viajes    38 

Artículo  VIL — Los  viajes  de  San  Lucas  y  los  de  San  Juan    41 

Artícut.0  VIH. — Los  viajes  de  San  Lucas  en  el  marco  de  los 

Sinópticos    49 

Artículo  IX. — Él  origen  literario  de  los  viajes    -">3 

Capítltlo  IV. — El  Evangelio  de  San  Marcos    57 

Artículo    I. — El  plan  general  del  Evangelio   57 

Artículo  IL— Importancia  histórica  del  segundo  Evangelio    60 

Capítulo  V. — El  Evangelio  de  San  Mateo    64 

Artícuxo     i. — Plan  general  del  primer  Evangelio    64 

Artículo    II. — Métodos  narrativos  de  San  Mateo    66 

Artículo  III. — Los  métodos  didácticos  de  San  Mateo    75 


VI 


ÍNDICE  GENERAL 


PágS. 


Capítulo  VI. — Duración  del  ministerio  público    79 

Artículo  L— Historia  de  la  cuestión    80 

Artículo  II. — Los  datos  del  cuarto  Evangelio    83 

Artículo  III. — El  orden  primitivo  del  cuarto  Evangelio    90 

Artículo  IV.— Los  datos  de  los  Sinópticos    95 

Capítulo  VIL — La  cronología  de  la  vida  del  Señor    98 

Artículo  I. — La  cronología  general    98 

Artículo  II. — El  año  del  nacimiento    100 

Artículo  III. — El  año  del  bautismo    102 

Artículo  IV. — El  año  de  la  muerte    103 

Apéndices  : 

Cuadro  pascual    105 

Correspondencia  de  las  eras    106 


SEGUNDA  PARTE 
Texto  de  los  cuatro  Evangelios  y  notas 

LIBRO   I. — La  infancia  del   Señor      109 

1.  El  prólogo  de  San  Lucas    109 

2.  El  prólogo  de  San  Juan   110 

3.  Anunciación  del  Precursor    112 

4.  Anunciación  de  Jesús    113 

5.  Genealogía  de  Jesús    114 

6.  Visitación  de  María    116 

7.  Nacimiento  de  Juan    117 

8.  Niñez  y  juventud  de  Juan    118 

9.  Las  dudas  de  San  José    118 

10.  Nacimiento  de  Jesús    119 

11.  Circuncisión  de  Jesús    120 

12.  La  presentación  en  el  templo    120 

13.  La  adoración  de  los  Magos    121 

14.  La  huida  a  Egipto    122 

15.  La  muerte  de  los  Inocentes   123 

16.  La  vuelta  de  Egipto    123 

17.  El  establecimiento  en  Nazaret    124 

18.  En  el  templo  a  los  doce  años    124 

19.  La  vida  oculta  en  Nazaret   125 

LIBRO   II. — La  predicación   del   Señcr    126 

Capítulo  I. — La  preparación    126 

20.  La  predicación  de  Juan    12(: 

21.  Bautismo  de  Jesús    128 

22.  El  ayuno  y  las  tentaciones    129 

23.  Emb-ajada  de  los  judíos  al  Bautista   130 

24.  Juan  da  testimonio  de  Cristo    131 

25.  Los  primeros  discípulos  de  Jesús    131 


ÍNDICE  GENERAL  VII 


Págs. 


26.  Las  bodas  de  Caná    132 

27.  Breve  estancia  en  Cafarnaúm    133 

Capítulo  II. — El  primer  año    133 

28.  La  primera  Pascua   133 

29.  Expulsión  de  los  vendedores    134 

30.  Los  primeros  creyentes  de  Jerusalén    135 

31.  Coloquio  con  Nicodemo    136 

32.  Ministerio  en  Judea    137 

33.  Ultimo  testimonio  de  Juan    138 

34.  Jesús  se  marcha  a  Galilea    138 

35.  Coloquio  con  la  samaritana    139 

36.  Estancia  entre  los  samaritanos  y  llegada  a  Galilea    141 

37.  Primera  predicación  en  Nazaret    141 

38.  Curación  del  hijo  del  régulo    142 

39.  Vocación  de  cuatro  discípulos    1431 

40.  El  endemoniado  de  Cafarnaúm    144 

41.  Curación  de  la  suegra  de  Pedro   144 

42.  Otras  curaciones  en  la  tarde  del  sábado    145 

43.  Predica  por  toda  Galilea    145 

44.  La  pesca  milagrosa    146 

45.  La  curación  del  leproso    147 

Capítulo  III. — El  segundo  año    148 

46.  La  segunda  Pascua    148 

47.  La  curación  del  paralítico    148 

48.  Es  acusado  de  violar  el  sábado    148 

49.  Las  obras  y  la  misión  del  Hijo    149 

50.  Vuelve  a  Cafarnaúm   150 

51.  El  paralítico  de  Cafarnaúm    150 

52.  Vocación  de  San  Mateo    152 

53.  El  ayuno  y  la  ley  nueva   153 

54.  Los  discípulos  arrancan  espigas    154 

55.  Curación  de  la  mano  seca   155 

56.  Sana  a  muchos  junto  al  lago    156 

57.  Elección  de  los  apóstoles    156 

58.  El  auditorio  del  sermón  del  monte    157 

59.  Las  bienaventuranzas    158 

60.  Las  maldiciones    159 

61.  La  perfección  de  los  discípulos    159 

62.  Perfección  del  Evangelio  sobre  la  ley    159 

63.  La  limosna    161 

64.  La  oración   161 

65.  El  ayuno  '.   162 

66.  El  tesoro  del  cielo    162 

67.  El  ojo  es  la  luz  del  cuerpo    163 

68.  No  se  puede  servir  a  dos  señores    163 

69.  La  sohcitud  por  lo  temporal   163 

70.  El  juicio  temerario   164 

71.  Estima  de  las  cosas  santas    164 

72.  La  confianza  en  la  oración    164 

73.  La  regla  áurea  de  la  caridad    165 


viu 


ÍNDICE  GENERAL 


Págs. 


74.  La  puerta  estrecha    165 

75.  Cuidado  con  los  falsos  profetas    165 

76.  Obras  son  amores    166 

77.  La  casa  sobre  roca    166 

78.  Fin  del  sermón   166 

79.  Entra  en  Cafarnaúni    167 

80.  Curación  del  siervo  del  centurión   167 

81.  Sube  a  Jerusalén    168 

82.  Resurrección  del  joven  de  Naím    169 

83.  Embajada  del  Bautista    169 

84.  Elogio  del  Bautista    170 

85.  La  dureza  de  los  judíos    171 

86.  La  conversión  de  la  pecadora    172 

87.  El  servicio  de  las  mujeres   173 

88.  No  le  reciben  los  samaritanos    173 

89.  Tres  candidatos    174 

90.  Misión  de  los  72  discípulos   174 

91.  Amenaza  a  las  ciudades  impenitentes    175 

92.  Vuelven  los  discípulos    176 

93.  Revelación  del  Padre  y  del  Hijo    176 

94.  El  buen  samaritano    177 

95.  Marta  y  María    177 

96.  La  oración  dominical    178 

97.  En  Cafarnaúm  de  nuevo    179 

98.  El  ciego  mudo   179 

99.  El  reino  dividido   180 

100.  El  pecado  contra  el  Espíritu  Santo    181 

lOL  Las  malas  obras  de  los  fariseos    181 

102.  Elogios  de  la  Aladre  de  Jesús    182 

103.  La  señal  de  Jonás    182 

104.  La  madre  y  los  hermanos  de  Jesús    183 

105.  Parábola  del  sembrador    183 

106.  Razón  de  las  parábolas    184 

107.  Explicación  de  la  parábola  del  sembrador    184 

108.  Parábola  de  la  cizaña    186 

109.  La  luz  sobre  el  candelero    186 

110.  El  grano  que  germina  solo    187 

111.  Banquete  en  casa  de  un  fariseo    187 

112.  La  hipocresía   188 

113.  La  avaricia    188 

114.  Parábola  del  rico  necio    189 

115.  Preocupación  por  las  cosas  temporales   ,   189 

116.  Parábola  de  los  siervos    190 

117.  La  penitencia    191 

118.  Parábola  de  la  higuera    191 

119.  Curación  de  una  mujer  encorvada    192 

120.  Parábola  del  grano  de  mostaza    192 

121.  Parábola  de  la  levadura   193 

122.  El  magisterio  en  parábolas    193 

123.  Explica  la  parábola  de  la  cizaña    193 

124.  El  tesoro  escondido    194 


ÍNDICE  GENERAL  IX 


Págs. 


125.  El  mercader  (K-  perlas    194 

125.  La  red   ^   194 

127.  Conchisión  de  las  parábolas      194 

128.  La  tempestad  apaciguada    195 

129.  El  endemoniado  ile  Oerasa    195 

130.  La  hemorroísa  y  la  hija  de  Jairo    197 

131.  Curación  de  dos  ciegos    199 

132.  Curación  de  un  mudo  endemoniado    199 

133.  Viaje  a  Jcrusalén    200 

134.  Es  expulsado  de  Nazaret    200 

135.  El  número  de  los  que  se  salvan    201 

136.  Intentos  de  Herodes    202 

137.  Lamentos  sobre  Jerusalén    202 

138.  Curación  de  un  hidrópico    203 

139.  Los  primeros  puestos   203 

140.  Se  debe  invitar  a  los  pobres   203 

141.  Parábola  del  gran  banquete    203 

142.  Condiciones  para  seguir  a  Cristo    204 

143.  Parábola  de  la  oveja  perdida    204 

144.  Parábola  de  la  dracma  perdida    205 

145.  Parábola  del  hijo  pródigo    205 

146.  Parábola  del  mayordomo  infiel    206 

147.  Parábola  del  rico  epulón    207 

148.  Misión  de  los  doce    208 

149.  Opinión  de  Herodes  sobre  Jesús    211 

150.  Martirio  de  Juan    211 

151.  Vuelta  de  los  apóstoles    212 

Capítulo  IV. — El  tercer  año    213 

152.  La  tercera  Pascua    213 

153.  La  primera  multiplicación   ,   213 

154.  Jesús  camina  sobre  el  mar    215 

155.  Curaciones  de  enfermos  en  Genesaret    216 

156.  La  promesa  de  la  Eucaristía   217 

157.  La  crisis  galilea    219 

158.  Jesús  anda  por  Galilea    220 

159.  La  tradición  de  los  antiguos    221 

160.  Lo  que  contamina  al  hombre    222 

161.  Conductores  ciegos  de  ciegos    222 

162.  La  pureza  del  corazón   222 

163.  Excursión  por  Tiro  y  Sidón    223 

164.  La  mujer  cananea    223 

165.  Vuelve  al  mar  de  Gahlea    224 

166.  Curación  de  un  sordomudo    224 

167.  Curación  de  muchos  enfermos    224 

168.  Segunda  multiplicación    225 

169.  Se  embarca  para  la  costa  occidental    225 

170.  Los  fariseos  piden  una  señal    226 

171.  El  fermento  de  los  fariseos    226 

172.  Curación  del  ciego  de  Betsaida   227 

173.  Excursión  a  Cesárea  de  Filipo    227 

174.  Confesión  de  Pedro    228 


X 


ÍNDICE  GENERAL 


Págs. 


175.  Primera  predicción  de  la  pasión    229 

176.  Necesidad  de  la  abnegación    229 

177.  La  venida  del  reino  de  Dios    230 

178.  La  transfiguración    230 

179.  Curación  de  un  niño  lunático    232 

180.  Predice  otra  vez  la  pasión    233 

181.  La  didracma  en  la  boca  del  pez    233 

182.  El  más  grande  en  el  reino  de  los  ciclos    234 

183.  Un  exorcista  que  no  es  discípulo      235 

Í84.    El  escándalo   235 

185.  La  salvación  de  los  pequeños    236 

186.  Parábola  de  la  sal    236 

187.  La  corrección  y  el  perdón  fraterno    237 

188.  Parábola  del  siervo  cruel   237 

189.  La  eficacia  de  la  fe    238 

190.  El  cumplimiento  del  deber    238 

191.  Jesús  deja  definitivamente  Galilea    239 

192.  Curación  de  diez  leprosos    240 

193.  Llega  a  Jerusalén  mediada  la  fiesta    240 

194.  Jesús  enviado  de  Dios    241 

195.  Los  judíos  pretenden  apresarle    241 

196.  El  último  día  de  la  fiesta    241 

197.  Disensión  entre  la  turba  y  los  judíos    242 

198.  La  mujer  adúltera    242 

199.  Jesús,  luz  del  mundo    243 

200.  Jesús,  Hijo  de  Dios    243 

201.  El  ciego  de  nacimiento    245 

202.  El  Buen  Pastor   246 

203.  La  venida  del  reino  de  Dios    247 

204.  Parábola  del  juez  inicuo   248 

205.  Parábola  del  fariseo  y  del  publicano    248 

206.  En  la  fiesta  de  la  Dedicación    249 

207.  Pasa  a  Perea    250 

208.  La  gente  se  congrega  en  torno  a  él   250 

209.  Indisolubilidad  del  matrimonio    251 

210.  La  virginidad  cristiana    252 

211.  Bendice  a  los  niños      252 

212.  El  joven  rico    252 

213.  Parábola  de  los  obreros  de  la  viña    254 

214.  La  resurrección  de  Lázaro    255 

215.  Consejo  de  los  pontífices  y  fariseos    256 

216.  Se  retira  a  Efrén   "   256 

217.  Mandan  prenderle    256 

218.  Predice  por  tercera  vez  su  pasión    257 

219.  Pretensión  de  la  madre  de  los  Zebedeos    258 

220.  Zaqueo    258 

221.  Parábola  de  las  diez  minas    259 

222.  Curación  de  dos  ciegos    260 

223.  Jesús  camina  delante    261 


ÍNDICE  GENERAL 


Págs 


lylBRO  III. — La  Pasión  del  Señor   

Capítulo  I. — La  preparación   

224.  Llega  a  Betania  seis  días  antes  de  la  Pascua 

225.  Banquete  en  casa  de  Simón   

226.  Entrada  triunfal  en  Jerusalén   

227.  Jesús  llora  sobre  la  ciudad   

228.  Curaciones  en  el  templo  

229.  Unos  gentiles  quieren  ver  a  Jesús   

230.  Jesús  enseña  en  el  templo   

231.  Jesús  pernocta  en  Betania   

232.  Maldición  de  la  higuera  

233.  Eficacia  de  la  fe  y  de  la  oración   

234.  Con  qué  poder  obra  Jesús  

23.^.  Parábola  de  los  dos  hijos   

236.  Parábola  de  los  renteros  homicidas   

237.  Las  bodas  del  hijo  del  rey   

238.  El  pago  del  tributo  al  César   

239.  La  resurrección  de  los  muertos  

240.  El  primer  mandamiento  de  la  ley   

241.  La  naturaleza  divina  de  Cristo   

242.  Soberbia  de  los  escribas  y  fariseos  

243.  Daños  que  hacen  los  fariseos   

244.  La  casuística  de  los  escribas  y  fariseos   

245.  Su  hipocresía   

246.  El  castigo  de  los  fariseos   

247.  Quejas  contra  Jenusalén  

248.  La  ofrenda  de  la  viuda   

249.  Incredulidad  de  los  judíos   

250.  Ocasión  del  discurso  escatológico   

251.  Señales  precursoras  

252.  Las  persecuciones  de  los  discípulos   

253.  Señales  de  la  ruina  de  Jerusalén   

254.  Señales  de  la  venida  de  Cristo   

255.  La  venida  del  Hijo  del  hombre  

256.  La  parábola  de  la  higuera   

257.  Sólo  Dios  conoce  el  tiempo   

258.  La  despreocupación  de  los  hombres   

259.  Exhortación  a  la  vigilancia   

260.  La  parábola  de  las  diez  vírgenes   

26L  La  parábola  de  los  talentos   

262.  Descripción  del  juicio  final   

263.  Resumen  de  la  actividad  última  de  Jesús  

264.  Consejo  secreto  del  Sanedrín   

265.  Pacto  de  Judas  con  el  Sanedrín   

266.  Preparación  de  la  última  cena   

267.  Principio  de  la  cena   

268.  Rivalidad  de  los  apóstoles   

269.  El  lavatorio  de  los  pies   

270.  El  mandamiento  de  Cristo   

271.  Revelación  del  traidor   

272.  La  salida  de  Judas   


XII 


ÍNDICE  GENERAL 


Págs. 


273.  La  glorificación  de  Jesús    293 

274.  La  institución  de  la  Eucaristía    293 

275.  La  caridad  cristiana   294 

276.  Anuncio  de  las  negaciones  de  San  Pedro   294 

277.  Jesús  anuncia  su  próximo  fin    295 

278.  Jesús  camino  para  el  Padre   :   295 

279.  Fuerza  de  la  fe  y  de  la  oración   296 

280.  Promesa  del  Espíritu  Santo    2% 

28L    Jesús  no  dejará  a  sus  discípulos    296 

282.  La  alegoría  de  la  vid    297 

283.  La  caridad  mutua    297 

284.  El  odio  del  mundo    298 

285.  La  venida  del  Consolador    298 

286.  Ultima  despedida   298 

287.  Jesús  ora  por  sí    299 

288.  Jesús  ora  por  los  apóstoles   '.   299 

289.  Jesús  ora  por  la  Iglesia    300 

Capítui.o  IL — La  prisión  y  los  juicios    300 

290.  Jesús  sale  para  Getsemaní    300 

29L    La  agonía  y  la  oración  del  huerto    300 

292.  La  prisión    302 

293.  Es  llevado  a  casa  de  Anás    303 

294.  Juicio  nocturno  en  casa  de  Caifas    304 

295.  Los  criados  se  burlan  de  Jesús    306 

296.  Primera  negación  de  Pedro    306 

297.  Segunda  negación  de  Pedro   307 

298.  Tercera  negación  de  Pedro   307 

299.  Jesús  mira  a  Pedro    307 

300.  Jesús  delante  del  Sanedrín    308 

301.  Entrega  a  Pilato    309 

302.  Muerte  de  Judas    309 

303.  Acusaciones  de  los  judíos  ante  Pilato    310 

304.  Primer  interrogatorio  de  Pilato    310 

305.  Pilato  no  encuentra  culpa   311 

306.  Jesús  es  enviado  a  Herodes    311 

307.  Vuelve  Pilato  a  reconocer  la  inocencia  de  Jesús    311 

308.  Comparación  con  Barrabás    312 

309.  Mensaje  de  la  mujer  de  Pilato   312 

310.  Jesús  es  repudiado  por  el  pueblo    312 

311.  Jesús  es  azotado    313 

312.  La  coronación  de  espinas    313 

313.  Pilato  intenta  salvar  a  Jesús   314 

314.  Nuevo  interrogatorio  de  Pilato    314 

315.  Amenazas  de  los  judíos    314 

316.  Jesús,  rey  de  los  judíos    314 

317.  Pilato  se  lava  las  manos    315 

318.  Jesús  es  entregado  para  la  muerte    315 

CapítuIvO  III. — La  muerte    316 

319.  Jesús  sale  para  el  Calvario    316 

320.  Las  hijas  de  Jerusalén    316 


ÍNDICE  GENERAL  XUÍ 


Págs. 


321.  Los  dos  ladrones    316 

322.  La  crucifixión    317 

323.  El  título  de  la  cruz   •   317 

324.  Jesús  ruega  pur  sus  enemigos    317 

325.  División  de  las  vestiduras    318 

326.  Las  gentes  se  ríen  del  Crucificado   318 

327.  La  actitud  de  los  ladrones    318 

328.  Confía  la  Iglesia  a  su  Madre    319 

329.  Jesús  se  siente  abandonado    319 

330.  La  sed  del  Crucificado    319 

331.  Todo  está  concluido    319 

332.  Encomienda  su  espíritu  al  Padre    320 

333.  Jesús  muere    320 

334.  La  naturaleza  llora  la  muerte  de  Jesús    320 

335.  El  centurión  cree  en  Jesús    320 

336.  Las  piadosas  mujeres    320 

337.  La  lanzada    321 

338.  La  sepultura   321 

339.  Las  mujeres  compran  ungüentos    322 

340.  Los  judíos  sellan  el  sepulcro    322 

LIBRO   IV. — La  resurrección   y  la  ascen.sión    323 

Capítulo  I. — La  resurrección    323 

341.  *Las  mujeres  van  al  sepulcro    323 

342.  Jesús  resucita  y  los  soldados  huyen    323 

343.  Magdalena  corre  a  los  discípulos    324 

344.  Los  ángeles  anuncian  la  resurrección    324 

345.  Las  mujeres  llevan  a  los  discípulos  el  mensaje  del  ángel    325 

346.  Pedro  y  Juan  van  al  sepulcro    325 

347.  Magdalena  ve  a  Jesús    326 

348.  El  testimonio  de  los  guardas    327 

349.  Aparición  a  los  de  Emaús  y  a  Pedro    327 

350.  Aparición  en  el  Cenáculo   :   328 

351.  Aparición  a  Tomás    329 

352.  Aparición  en  el  lago  de  Galilea    329 

353.  Aparición  en  un  monte  de  Galilea    330 

354.  Ultima  aparición  en  Jerusalén   331 

Capítulo  II. — La  ascensión    331 

355.  La  ascensión  del  Señor    331 

356.  Los  discípulos  se  vuelven  a  Jerusalén    331 

357.  La  predicación  de  los  apóstoles    332 

358.  Primer  epílogo  del  cuarto  evangeli(;    332 

359.  Segundo  epílogo  del  cuarto  evangelio    332 

Indices: 

De  los  evangelios  por  orden  de  capítulos  y  versículos    335 

De  los  evangelios  según  el  Misal    342 

De  materias    350 


PROLOGO 


O  conocemos  en  lengua  española  una  Sinopsis-Concordia 


-'-^  de  los  .cuatro  Evangelios.  Existen  en  latín,  en  griego.  En 
las  principales  lenguas  modernas,  como  alemán,  francés,  in- 
glés, italiano.  Nosotros  poseemos  algunas  Concordias,  como 
la  del  P.  Bover  y  la  del  cardenal  Gomá. 

La  Sinopsis  se  diferencia  de  la  Concordia  bastante.  Ambas 
coinciden  en  ordenar  los  textos  evangélicos  cronológicamente. 
Pero  la  Concordia  funde  los  cuatro  Evangelios  en  uno.  La 
Sinopsis  no  los  funde  nunca.  Da  el  texto  cuadriforme,  tri- 
forme,  diforme  o  monoforme,  según  que  sean  los  cuatro  evan- 
gelistas, tres,  dos  ó  uno  solo,  los  que  narren  el  hecho.  Los  di- 
versos textos  paralelos  se  yuxtaponen  en  columnas,  que  ofre- 
cen una  misma  vista  panorámica,  una  sinopsis.  El  lector  pue- 
de fácilmente  hacerse  cargo  de  la  orientación  propia  de  cada 
evangelista.  Ver  las  coincidencias  y  divergencias.  Lo  sustan- 
cial y  accidental  del  hecho  o  sentencia.  Iluminar  una  narra- 
ción con  otra.  Los  Evangelios  se  comentan  y  explican  mu- 
tuamente. Comentarios  inspirados. 

La  Sinopsis  es  siempre  concordia,  porque  armoniza  los 
Evangelios.  Les  busca  un  marco  histórico  y  cronológico,  como 
lo  hacen  las  simples  Concordias.  En  este  sentido,  la  Sinopsis 
es  también  una  auténtica  vida  del  Señor.  Pero  una  vida  donde 
no  hay  más  palabras  que  las  del  texto  sagrado.  Y  éste  siem- 
pre completo,  integro,  individual  y  personal.  Sin  que  ningún 
Evangelio  pierda  ni  una  sola  palabra.  Por  este  motivo,  titula- 
mos nuestro  libro  Sinopsis  concordada.  Concordada,  porque  se 
armonizan  los  diversos  textos  entre  sí,  y  Sinopsis,  porque  se 
yuxtaponen  en  columnas  paralelas. 
El  libro  consta  de  dos  partes. 

La  primera  parte  es  fundamental.  Un  estudio  sobre  los  fun- 


XVI 


PRÓLOGO 


damentos  literarios  e  históricos  de  la  Sinopsis  y  Concordia 
científica  de  los  Evangelios.  Estudia  principalmente  el  plan  ge- 
neral y  particular  de  cada  evangelista.  Sus  métodos  literarios. 

San  Juan  es  el  primero  en  orden  y  cronología.  Testigo  pre- 
sencial de  los  hechos.  Escribe  al  final  del  siglo  l  y  ha  trazado 
con  precisión  y  claridad  el  cauce  por  donde  corre  la  actividad 
pública  de  Jesús. 

San  Lucas  es  el  menos  sinóptico  de  los  Sinópticos.  Se  acer- 
ca mucho  a  San  Juan.  No  se  contenta  con  el  ministerio  públi- 
co de  Galilea.  Dedica  una  parte  muy  importante  al  ministerio 
de  los  viajes  a  Jerusalén.  Helénico  de  lengua  y  espíritu,  se  ha 
interesado  mucho  por  el  orden  cronológico  y  literario  de  la 
historia. 

San  Marcos,  fiel  discípulo  de  Pedro,  omite  la  infancia,  y  el 
ministerio  público  lo  centra  en  el  lago  de  Galilea,  que  tenía 
tan  hondos  recuerdos  para  su  maestro  Pedro,  natural  de  Bet- 
saida. 

San  Mateo  es  un  escritor  de  grandes  ideas.  Va  siempre  a 
la  sustancia,  a  la  medula  y  nervio  de  la  verdad.  Para  él  no 
cuentan  los  detalles  ni  los  individuos.  Ha  escrito  una  Suma 
evangélica.  Esencialmente  sistemático,  sirve  menos  que  sus  su- 
cesores para  la  ordenación  cronológica  de  los  hechos  y  sen- 
tencias. 

La  segunda  parte  ofrece  el  texto  completo  de  los  cuatro 
Evangelios,  pero  en  Sinopsis  o  columnas  paralelas.  Con  notas 
y  comentario,  que  pretenden  explicar  y  justificar  el  orden  y 
concordia  adoptada.  El  paralelismo  de  los  textos  necesita  con 
frecuencia  una  aclaración.  Que  se  razone.  La  parte  primera, 
fundamental,  no  siempre  basta.  Las  notas  miran  a  los  hechos 
particulares.  Muchas  veces  habrá  que  contentarse  con  cierta 
probabilidad.  Un  orden  y  una  Sinopsis  razonada.  Probable. 
Nada  más.  La  razón  y  fuerza  personal  puede  depender,  a  ve- 
ces, del  ángulo  de  visión  en  que  uno  se  coloca. 

El  contenido  y  exégesis  de  los  textos  lo  dejamos  para  los 
comentarios  particulares.  La  traducción  también  necesita  a  ve- 
ces notas.  ¿Por  qué  se  traduce  así?  Hay  traducciones  discuti- 
bles, opinables.  La  nota  lo  explica.  Notas  filológicas,  sobre  el 
texto  griego. 

Nuestra  traducción  castellana  depende  exclusivamente  del 
texto  original  griego,  que  reproduce  la  edición  crítica  del 
P.  Agustín  Merk,  S.  I.  (Romae  1951).  Hemos  buscado  siem- 
pre la  exactitud  y  fidelidad.  La  concisión,  sin  paráfrasis  de  ca- 
rácter exegéti'Co,  y  la  expresión  castellana,  de  estilo  cortado. 


XVH 


rápido,  que  exige  el  oido  moderno.  Hemos  tenido  presentes 
otras  traducciones  españolas,  como  Nácar-Colunga,  Bover- 
Cantera,  Straubinger,  Severiano  del  Páramo  (Santan- 
der 1952)  y  Afebe.  Nos  ha  servido  mucho  el  libro  del 
P.  M.  Zerwick  Analysis  philologica  N.  T.  graeci  (Ro- 
raae  1953).  En  nuestro  trabajo  de  traducción  nos  han  ayu- 
dado inteligentemente  los  PP.  Francisco  Fernández  Pertiñez 
y  Rafael  Carbonell,  S.  I. 


Granada.  2  febrero  1954. 


BIBLIOGRAFIA 


AziBERT,  J. :  Synopsis  Evangeliorum  histórica  (Albi  1897). — Sigue  el  texto 
latino  de  la  Vulgata. 

BovER,  J. :  Evangeliorum  Cancordia,  2."  (Barcinone  1943). — No  es  sinop- 
sis propiamente.  Sólo  da  el  texto  sinóptico  en  algunas  perícopas.  En 
lo  demás  fusiona  los  varios  textos.  El  Evangelio  de  la  Pasión  (Barce- 
lona 1918)  sí  es  una  sinopsis  propiamente  tal,  además  de  estudio  y 
concordia. 

Brassac,  a.  :  Nova  Evangeliorum  Synopsis  (Parisiis  1922). — Sigue  el  texto 

latino  de  la  Vulgata. 
Camrri^ynck,  a.:  Evancieliorvm  secundum  Mafthaeum,  Marcum  et  Lucam. 

Synopsis  iuxta  Vulgatam  editionem,  cum  Introductione  de  quaestione 

synoptica  et  appendice  de  harmonia  quatuor  Evangeliorum,  3.*  (Bru- 

gis  1921). 

Cardoso,  a.  de  Brito:  Sinopse  dos  Quatro  Evangelhos  (Coimbra  1951). — 
Traducción  portuguesa  de  la  Vulgata  latina.  Sigue  la  Synopsis  Evan- 
gélica de  Fillion. 

CoRiNELY,  R. :  Synopsis  vitae  D.  N.  I.  Christi  secundum  quatuor  Evan- 
gelia,  n.76  p.285-302.  Está  incluida  en  su  obra  magna:  Histórica  et 
critica  Introductio  in  U.  T.  libros  sacros,  vol.  III,  Introductio  specialis 
in  singulos  N.  T.  libros  (Parisiis  1886.  Edición  aparte,  Oniac  1904). 
En  el  11.74  p.277-284  hace  historia  de  las  Sinopsis  y  Concordias  y  da 
amplia  bibliografía. 

Daisomüin'T,  E.  H.  M.  :  Si?iopsis  van  de  vier  H.  Evayigelien  (Bruggc 
1946). — Sigue  la  Sipnosis  griega  de  Lagrange. 

Fiivi^iON,  L.  Cl.  :  Synopsis  Evangélica  (Parisiis  1882). — Sigue  el  texto  lati- 
no de  la  Vulgata,  y  ha  influido  bastante  en  obras  posteriores. 

Hartdegen,  S.  i.  :  A  chronological  Harmony  of  the  Gospels  (Patcr- 
son,  New  Jersey  1942). 

Eagkange,  M.  I.-Lavergne,  C.  :  Synopsis  evangélica.  Tcxtuíu  gnic- 
cum  quattuor  Evangeliorum  recensuit  et  iuxta  ordinem  chronologi- 
'  cum  Lticae  praesertim  et  lohannis  concinnavit  (Barcinone-Parisüs 
1926). — Ha  sido  traducida  al  francés  por  el  mismo  Lavergne  (París 
1927,  1937,  1948).  También  ha  sido  traducida  al  italiano  (Brescia  1931) 
y  al  catalán  por  L.  Carreras-J.  M.  Llovera  (Barcelona  1927). 

Girard,  L.  :  Synopse  du  ministere  de  Jésus. — Va  como  resumen  de  la  obra 
L'Evangilc  des  voyages  de  Jésus  (París  1951). 

PÁRAMO,  S. :  Vita  Christi  conspectu  chronologico  et  harmónico  ordi- 
nata,  2.^  (Comillas  1935). — Tiene  al  principio  amplia  bibliografía,  y 
en  el  texto,  algunas  notas  breves  y  muy  provechosas. 

Patrizi,  F.  X. :  Evangelium  Diatessaron,  seu  quatuor  Evangeliorum  con- 
tcxtus  (Friburgi  Brisgoviae  1852). — "Hic  alter  est  líber  operis,  cui 
titulus  De  Evangcliis  libri  tres;  quem,  quum  futuri  putentur  qiui 
solum  sciunctumquo  a  cetcris  illius  operis  líbris  habere  velint, 
visum  est  opcrae  fore  aliquot  eius  exemplaria  seorsum  edi."  Es  una 
edición  greco- latina.  F^n  una  página  va  el  texto  griego,  en  columnas 


BIBLIOGRAFÍA 


XIX 


sinópticas,  y  en  otra,  va  el  texto  latino.  Al  final  tiene  las  adnotationes , 
que  son  como  un  comentario  a  los  principales  números  de  la  Sinopsis. 
En  el  prólogo  hace  un  estudio  del  problema  sinóptico  y  analiza  las 
principales  características  literarias  de  cada  evangelista. 

Prado,  J.  :  Sypnosis  livangeHonim  nd  usíiin  scliolaruiii  (Matriti  1943). — 
Textum  Vulgatae  integrum  cum  praecipuis  graeci  pericopis  Compen- 
dio Praelegtwnum  Biblicariim  adapta-vil.  Notis  criticis  instruxit. 

Mechineau,  L.  :  Vita  lesu  Christi  e  textihus  quatuor  Bvangeiiorum  dis- 
tinctis  composita  (Parisiis  1895). 

PERK,  J.  :  Synopsis  latina  quattuor  Bvangeiiorum  secundum  Vulgatain 
editionem  (Paderbornae  1935). — Esta  edición  latina  va  precedida  de  va- 
rios cuadros,  que  la  hacen  muy  práctica :  Synopsis  locorum  Index ; 
Citationes  et  comparationes  ex  Vetere  Testamento;  Quaestio  Synop- 
tica;  Documenta  ad  rem  hihlicam  spectantia;  Singulorum  evangeliurum 
numerus  capitum  et  versiculorutn  universus ;  Singulorum  Bvangeiiorum 
propria;  Complurium  Bvangeiiorum  communia;  Versiculi  bis  relati; 
Universa  versiculorum  summa;  Dicta  quaedam  apud  Mt  Le  bis  re  per- 
la; De  ponderibus,  mcnsuris,  fiumeris;  Tabula  chronol'ogica  N.  Tes- 
tamenti;  Tabula  chronologica  vitae  lesu  publicae;  ludaeorum  secun- 
dum loanncm  festorum  tabula.  El  autor  había  publicado  antes  la  vSinop- 
sis  en  alemán.  1933,  1937  (3."). 

ScHMiD,  J. :  Synopse  der  drei  ersten  Bvangelien  mit  Beifügung  Johannes 
Parallelen  (Regensburg  1949). — La  traducción  alemana  está  hecha  a 
base  del  texto  griego.  La  obra  sirve  de  complemento  al  curso  Das  Re- 
gensburg er  Neue  Testament,  que  dirige  Alfredo  Wikenhauser. 

Stefini,  a.  :  Synopsis  Bvangeiiorum  et  vaticinia  de  Christo  (Torino  1954). 

Vanutelli,  P.  :  Gli  Bvangeli  in  Sinossi.  Novo  studio  del  problema  sinot- 
tico  (Turín-Roma  1931). — A  la  Sinopsis  de  los  cuatro  Evangelios  pre- 
cede un  estudio  serio  del  problema  sinóptico  y  acompañan  muchas 
y  abundantes  notas.  El  mismo  autor  ha  publicado  más  tarde  el  texto 
griego  en  sinopsis :  Bvangelia  synoptice  secundum  textum  graecuru 
disposita  (Turín  1937). 

Verdunoy,  J,  :  L'Bvangelie,  Sinopse,  Vie  de  N.  Seigneu/r,  Commentaire 
(París  1907). — Traducción  francesa  del  texto  griego. 

Sinopsis  acatólicas 

Las  publicaciones  acatóHcas  son  también  ab-undantes.  Aquí  ponemos 
algunas  de  las  más  importantes: 

Tischendore,  von  C.  :  Synopsis  Bvangelica  (Lipsiae  1851)  iuxta  textum 
graecum. 

Anger,  R,  :  Synopsis  Bvangeiiorum  Matthaei,  Marci,  Lucae  (Lipsiae  1851). 

Rushbrooke,  W.  G.  :  Synopticon.  An  exposition  of  the  common  matter  of 
the  Synoptic  Gospels  (London  1880). 

HuCK,  A.:  Synopse  der  drei  ersten  Bvangelien  (Tübingen  1892,  1906  [3.^J, 
1928  [7.',]). — La  edición  9.*  es  del  año  1936  y  está  enteramente  re- 
hecha por  Hans 'LiETzmann.  Esta  edición  última  no  tiene  sino  el  texto 
griego.  Las  primeras  tienen  también  el  texto  alemán.  La  edición 
inglesa  está  hecha  a  base  de  la  de  Lietzmann  por  F.  L.  Cross  :  A  Sy- 
nopsis of  the  first  three  Gospels  (Tübingen  1936). 

Lareeed,  W.  :  Griechisch-deutsche  Synopse  der  vier  neutestamentlichen 
Bvangelien  (Tübingen  1911).— Edición  greco-alemana,  con  notas  de 
crítica  textual,  muy  completas. 


SIGLAS    MAS  PRINCIPALES 


AAS    /U-ta  Apostolicae  Seáis  (Romac  1909-1953).  Continua- 

ción de  Acta  Sanctae  Seáis  (1865-1908). 

ATG    Archiz'o   Teológi(o  Granaáino.   Anuario  de  investiga- 

ción de  Teología  postridentina  (Granada  1939-1952). 

B   Biblica  (Roma  1920-1953). 

CB    Cultura  Bíblica  (Segovia  1944-1953J. 

CBQ    The  Catholic  Quartelx  (AVásliington  1939-1953). 

BZ    Biblische   Zeitschrift    (Frciburg-Paderborn  1903-1939). 

ce    Civiltá  Cattolica  (Napoli-Firenze-Roma  1850-1953). 

CT    Ciencia  Tomista  (Madrid-Salamanca  1910-1953). 

DB    Dictionnaire  ác  la  Bibic  (F.  Vigouroux)    I-íV  (París 

1895-1912).  ^  - 

DB  (S)    Dictionnaire  ác  la  Bihlc,  Supplcmcnt  (L.  Pirot-A.  Ko- 

bert)  (Paris  1928  ss). 

1:3    Psichiriáion  Bibliciuii.  Documenta  ecclesiastica  Saci  nm 

Scripturam  spectantia  (Romae  1927). 

EstB   Hstuáios  Bíblicos  (Madrid  1929-1936-1941-1953). 

EE    Estudios  Eclesiásticos  (Madrid  1922-1953). 

EThL   ■   Ephemerides   Theologicae  Lovanienses   (Lovanii  1924- 

^  1953). 

Greg    Grcgorianum  (Romac  1920-1953). 

MG   Patrologia  Graeca  (J.  P.  Aligue)  1-161  vol.  (París  1857- 

1866). 

MI   Patrologia  Latina  (T.  P.  Migue)  1-217  vol.  (París  1844- 

1855). 

NRTh    Noiivelle  Revue  Thcologiqtie   (Tournai-Louvain  1869- 

1953). 

RB    Rcz'ue  Biblique  (París  1892-1953).  Vivre  et  Penser  (1941- 

1945). 

RF   Razón  v  Fe  (Madrid  1901-1953). 

RScR    Recherches  de  Science  Reiiqiensc  (París  1910-1953). 

se    la  Scuola  Cattolica  (Milán  1873-1953). 

ST    Sal  Terrae  (Santander  1912-1953). 

VD   Verbum  Domini  (Romae  1921-1953). 

  yeráad  x  Vida  (Madrid  1943-1953). 


SINOPSIS  CONCORDADA 
DE  LOS  CUATRO  EVANGELIOS 


PRIMERA  PARTE 
Fundamentos  históricos  y  literarios 


C  A  P  I  T  U  I,  O  1 
Sinopsis  y  Concordia  de  los  Evangelios 

ARTICULO  I 
'Naturaleza 

No  es  lo  mismo  Sinopsis  que  Concordia  de  los  Evangelios.  La 
Sinopsis  presenta  en  columnas  paralelas  el  texto  segrado  para  que 
en  un  único  y  fácil  golpe  de  vista  se  puedan  ver  las  semejanzas  y 
diferencias  de  las  cuatro  narraciones  evangélicas.  Esta  manera  de 
disponer  el  texto  sagrado  es  muy  antigua.  Orígenes  la  aplicó  al  An- 
tiguo Testamento.  En  una  columna  propuso  el  texto  hebreo,  y,  jun- 
to a  él,  en  columnas  separadas,  varias  versiones  griegas.  Trabajo 
gigantesco,  cuyo  original  nunca  se  llegó  a  copiar  íntegramente^. 

Los  tres  primeros  Evangelios  se  llaman  Sinópticos  porque,  a 
causa  de  su  gran  parecido  en  la  elección  y  desarrollo  de  la  mate- 
ria, se  prestan  grandemente  para  esta  disposición  en  columnas  pa- 
ralelas. Muchas  de  las  Sinopsis  corrientes  se  atienen  exclusivamente 
al  texto  de  los  tres  primeros  evangelistas.  Otras  incluyen  también 
el  de  San  Juan,  que  es  más  independiente.  Nosotros  seguiremos  este 
segundo  camino.  El  primero  que  usó  el  nombre  de  Sinopsis  aplicada 
a  los  Evangelios,  fué  el  protestante  Griesbach  2.  La  realización  prác- 
tica es  mucho  más  antigua.  Ya  en  el  siglo  III  un  tal  Ammonio  es 
probablemente  el  primero  que  hizo  una  Sinopsis  de  los  cuatro  Evan- 
gelios, tomando  por  base  a  San  Mateo  ^. 

1  Cf.  HoPFL-GuT,  Introducti-o  generalíis  in  S.  Scripturam  (Romae  1940)  pp.297-299. 

2  Halae  1774.  Cf.  Hopkl-Gut-Metzinger,  Introductio  Specialis  in  N.  Testanientum 
(Neapoli-Romac  1949)  p.l57. 

3  Cf.  B.  Altaner,  Patrologie  3.*  (Freiburg  1951)  p.l75.  Este  Ammonio  mis  an- 
tiguo debe  distinguirse  de  otro  posterior,  presbítero  de  Alejandría,  en  el  siglo  V  y 
que  comentó  el  Evangelio  de  San  Juan.  Cf.  ib.,  p.242.  En  el  siglo  XII,  Zacaríar 
de  Goldsbourg,  de  la  Orden  de  los  Canónigos  Premonstratenses,  escribió  un  co- 
mentario in  Concordiam  Evangelicam  Ammonii  Alexandrini  (ML,  186,243-270).  Pero 
esta  concordia  se  atribuye  falsamente  a  Ammonio  de  Alejandría,  y  coincide  con  la 
de  Taciano  Cf.  N.  Uricchio,  La  teoría  delle  trasposizioni  neh  Vangelo  di  S.  Gio- 
vanni,  B  31  (1950)  130  not. 


4 


SINOPSIS  Y  CONCORDIA 


Eusebio,  que  conoció  en  la  biblioteca  de  Cesárea  el  manuscrito 
de  Aininonio,  aprobó  su  idea,  aceptó  las  diversas  divisiones  que  él 
había  hecho  de  los  Evangelios  y  nos  diO  en  10  tablas  o  cuadros 
una  visión  rápida  y  de  conjunto  de  los  cuatro  Evangelios 

La  Sinopsis  de  los  Evangelios  salva  la  personalidad  de  cada 
uno  de  sus  autores,  pues  se  contenta  con  aproximarlos  entre  si  para 
que  aparezcan  las  mutuas  conveniencias  y  discrepancias,  como  cuan- 
do se  contemplan  juntas  las  caras  de  cuatro  hermanos,  que  tienen 
sus  rasgos  comunes  y  sus  rasgos  distintivos. 

La  Concordia  de  los  Evangelios  funde  en  una  narración  el  tex- 
to de  los  cuatro.  Este  método  es  más  antiguo  que  el  de  las  Sinop- 
sis, pues  asciende  al  siglo  II.  El  Diatessaron  del  viejo  Taciano  era 
esto.  Una  Concordia  o  Armonía,  en  la  que  se  fundieron  libremente 
los  cuatro  Evangelios  canónicos.  Probablemente  la  primera  edición 
fué  a  base  del  original  griego,  y  en  griego  también,  aunque  su  autor 
era  siró.  Luego  él  mismo  la  pasó  al  siríaco,  utilizando  una  de  las 
viejas  traducciones  siríacas.  Hasta  el  siglo  V,  por  lo  menos,  se  leía 
en  las  funciones  sagradas  de  las  iglesias  de  Siria.  Es  digno  de  te- 
nerse en  cuenta  que  Taciano,  ya  hacia  el  año  172,  tomo  por  base 
de  la  Concordia  el  cuadro  cronológico  del  Evangelio  de  San  Juan^. 

La  Sinopsis  y  la  Concordia  pueden  coexistir  en  una  misma  obra 
de  esta  manera:  poniendo  el  texto  sagrado  de  los  cuatro  Evange- 
lios en  otras  tantas  columnas  y  dentro  del  mismo  cuadro  cronoló- 
gico. Así  suelen  proceder  todas  las  Sinopsis,  que  se  pueden  también 
llamar  Concordias  en  un  sentido  amplio.  La  Concordia,  en  sentido 
propio  y  estricto,  funde  en  una  sola  narración  los  cuatro  Evange- 
lios. La  Sinopsis  armoniza,  concorda  los  cuatro  textos,  pero  dejando 
a  cada  uno  su  propio  ser  y  personalidad.  Es,  pues,  una  verdadera 
Concordia,  no  porque  funda  los  textos,  que  es  el  sentido  en  que  de 
hecho  suele  emplearse  la  palabra,  sino  porque,  al  hacer  la  yuxtapo- 
sición en  columnas  paralelas,  sitúa  en  un  mismo  lugar  y  tiempo  los 
textos  dispersos  de  los  diversos  evangelistas. 

Esto  es  lo  que  nosotros  pretendemos  hacer.  No  vamos  a  fusio- 
nar (Concordia  en  sentido  estricto),  sino  a  reunir  dentro  de  un 
mismo  marco  topográfico  y  cronológico,  el  que  juzgamos  más  pro- 
bable y  razonable,  los  textos  dispersos  de  los  Evangelios. 

Una  obra  de  este  tipo  no  existe  en  español,  y  es  muy  útil  para 
el  estudio  de  los  Evangelios.  Las  Concordias,  en  sentido  estricto, 
tienen  un  inconveniente  para  el  estudio:  al  crear  un  Evangelio  úni- 
co con  la  fusión  de  los  cuatro  canónicos,  se  pierde  la  personalidad 
de  cada  uno  de  ellos.  Lo  que  resulta  no  es  ni  Mateo  ni  Juan,  sino 
la  suma  de  los  cuatro.  Este  método  de  fundir  en  uno  los  cuatro 
Evangehos  tiene,  ciertamente,  su  utilidad  práctica,  como  la  tienen 
todas  las  vidas  del  Señor.  Pero  para  el  estudio  creemos  más  útiles 
las  Sinopsis.  El  Espíritu  Santo  escribió  un  solo  Evangelio,  pero  por 

*  Cañones  Evangeliorum,  Epíst.  ad  Carpianum:  MG  22,1275-1292.  Cf.  AltanER, 
ib.,  p.199. 

«>  Cf.  Altanar,  ib.,  pp.96-97. 


MARCO  CRONOLÓGICO 


5 


cuatro  instrumentos  distintos,  que  tienen  su  personalidad  y  su  fuei' 
za  propia.  Por  esto  es  necesario  estudiar  cada  uno  de  los  Evange- 
lios, y  para  este  estudio  ayuda  mucho  la  comparación  de  todos.  De 
aquí  la  utilidad  de  las  columnas  sinópticas.  El  P.  Lagrange  dice 
muy  justamente  que  los  Evangelios  son  de  tal  valor  y  fuerza  para 
el  conocimiento  de  Cristo,  que  toda  fusión  de  ellos  y  toda  otra 
manera  de  hacer  revivir  la  vida  del  Señor  obscurece  el  destello 
de  la  inspiración  divina.  "La  única  vida  de  Cristo,  que  se  puede 
escribir,  son  los  Evangelios  mismos"  ^, 

Cada  evangelista  tiene  su  carácter  propio,  su  plan  y  su  fin,  sus 
métodos  y  sus  formas.  Cada  uno  tiene  su  secreto  propio  que  co- 
municar y  a  cada  uno  hay  que  interrogarlo  por  separado.  El  mis- 
mo P.  Lagrange  pensaba  que  en  nuestra  España  de  la  postguerra 
harían  falta  las  ediciones  de  los  Evangelios  y  las  Sinopsis  "en  que 
se  procuran  colocar  las  palabras  del  Maestro  según  el  orden  crono- 
lógico" 

Las  vidas  de  Jesús  hacen,  sin  duda,  mucho  bien.  Pero,  después 
de  haberlas  leído  y  admirado,  ¿no  se  experimenta  la  necesidad  de 
leer  y  de  releer  el  Evangelio,  esta  vida  de  Jesús  "que  tan  al  vivo 
refleja  su  acción  ardiente,  inflamada  de  celo,  aunque  siempre  mise- 
ricordiosa para  las  lámparas  que  todavía  no  se  han  apagado  total- 
mente?" ^• 

ARTICULO  II 
El  marco  cronológico 

Tanto  la  Sinopsis  como  la  Concordia  necesitan  encontrar  el  mar- 
co cronológico  de  los  hechos  y  dichos  del  Señor.  Y  esto  no  es  cosa 
fácil.  Muchos  autores  modernos  desconfían  del  éxito  y  se  muestran 
un  tanto  escépticos  respecto  a  estos  trabajos  de  Sinopsis  y  Concor- 
dia de  los  Evangelios.  Ya  Brassac  hablaba  en  este  sentido  en  1910, 
cuando,  en  el  prólogo  de  su  Nova  Evangeliorum  Synopsis,  decía 
que  dejaba  para  otros  el  cuidado  de  hacer  una  Sinopsis  cronológica 
"y  la  ilusión  de  creer  en  el  éxito  de  su  empeño"  ^. 

Las  razones  que  fundan  este  pesimismo  sólo  prueban  que  el 
marco  cronológico  de  una  Sinopsis  no  se  puede  lograr  con  certeza 
y  seguridad  absoluta  en  todas  las  cosas,  sobre  todo  en  muchos 
pormenores  de  hechos  y  sentencias.  Mauricio  Brillant  dice  justa- 
mente que  en  la  vida  de  Jesús  no  podemos  aspirar  nada  más  que 
a  una  Concordia  justificada  y  explicada 

Con  los  datos  fragmentarios  que  nos  han  dejado  los  Evangelios 

«  L'Evangile  de  J.  Christ  (París  1930)  p.VI  (prólogo). 
'  El  retorno  a  la  Sagrada  Escrüura:  CT  56  (1937)  169. 
8  Id.,  ib.,  p.170. 

^  A.  Brassac,  Nova  Evangeliorum  Synopsis.  2.»  (Parisiis  1922)  p.II. 

Cf.  L.  Vaganay,  La  guesHon  synoptique:  EthL  28  (1952)  249.  Habla  do  las  fan- 
tasías del  afán  armonístico.  Y  J.  Schmidi.  Syno'pse  der  drei  ersten  Evangelien  mit 
Beifügung  der  Johannes  Parallelen  (Regensburg  1949)  p.IV  (prólogo). 
^*  Le  Christ,  encyc'opedie  populaire  (París  1935)  p.ll20. 


6 


SINOPSIS  Y  CONCORDIA 


es  imposible  seguir  al  Señor  paso  a  paso  y  día  tras  día.  Los  Evan- 
gelios no  son  ni  un  diario  ni  una  biografía  en  el  sentido  moderno 
de  la  palabra.  Son  síntesis  de  la  predicación  apostólica.  Cuanto 
más  se  penetra  en  los  métodos  propios  de  los  evangelistas,  en  su 
fin  y  en  su  plan,  más  se  convence  uno  del  carácter  episódico  y 
fragmentario  que  los  distingue  y  cuán  poco  les  interesaba  a  ellos 
muchas  cosas  pequeñas,  que  a  nosotros  nos  pueden  parecer  hoy 
problemas  casi  substanciales.  Los  evangelistas  pretenden  cimentar 
la  fe  de  sus  lectores,  y  para  ello  les  basta  escoger  algo  de  lo  más 
saliente  de  la  vida  y  doctrina  del  Señor.  El  marco  topográfico  y 
cronológico  no  era  necesario  y,  por  lo  mismo,  lo  descuidan.  Mu- 
chos hechos  y  muchas  palabras  están  fuera  de  su  marco  histórico. 
Muchas  partículas  hacen  oficio  simple  de  mera  unión  literaria,  des- 
provistas de  su  valor  propio  cronológico.  Vaganay  cita  como  ejem- 
plo el  entonces  de  Mateo,  el  en  seguida  de  Marcos  y  el  sucedió  de 
San  Lucas  Ya  San  Agustín  decía  que  los  evangelistas  buscaban 
las  ideas,  no  las  palabras  y  el  orden  de  los  sucesos:  Quod  enim  alius 
alium  vetbovum  ovdinem  tenet,  non  est  utique  contrarium.  Ñeque 
illud  contrarium  est,  si  alius  dicit,  quod  alius  praetermittit.  Ut  enim 
quisque  meminerat,  et  ut  cuique  cordi  erat  vel  brevius  vel  prolixius, 
eamdem  tamen  explicare  sententiam,  ita  eos  explicasse  manifestum 
est^-. 

El  mismo  San  Agustín  nos  repite  varias  veces  que  el  hecho  de 
ir  una  cosa  detrás  de  otra  en  los  Evangelios  no  siempre  es  señal 
de  que  en  la  realidad  sucedió  con  ese  orden:  Fieri  potest  ut  postea 
narraverit,  non  quod  postea  factum  est,  sed  quod  prius  praetermi- 
serat 

El  Espíritu  Santo,  que  ha  influido  como  causa  principal  en  la 
mente  y  voluntad  de  los  evangelistas,  ha  permitido  alium  sic,  alium 
vero  sic  narrationem  suam  ordinare 

No  se  deben  tomar  demasiado  a  la  letra  algunas  partículas  y 
expresiones  de  los  evangeUstas  sin  haber  estudiado  antes  el  senti- 
do que  tienen  en  el  marco  literario  de  los  mismos.  El  dogma  de  la 
inspiración  y  la  inerrancia  bíblica  no  dice  más  que  esto:  lo  que 
afirma  el  evangeUsta  es  palabra  de  Dios  y,  por  tanto,  infaUble  y 
segura.  El  trabajo  de  la  exégesis  está  en  averiguar  lo  que  afirma  el 
evangeUsta,  lo  que  él  ha  querido  decir.  Y  para  esto  es  necesario 
conocer  el  estilo  de  cada  autor,  el  valor  de  sus  palabras  y  frases, 
sus  métodos  literarios  y  cómo  los  han  interpretado  la  tradición  cris- 
tiana y  el  magisterio  de  la  Iglesia. 

Pues  bien,  en  lo  que  se  refiere  al  orden  general  de  los  hechos  y 
discursos  del  Señor,  ni  la  Iglesia  enseña  oficialmente  nada,  ni  tam- 
poco existe  una  tradición  fija  y  constante.  Y  como,  por  otro  lado, 
el  texto  mismo  de  los  Evangelios  es  incompleto  en  este  punto,  es 

"  Art.  cit.,  p.241. 

"  De  consensu   Evangeli-oruni.   11,12,27:   MI,  34,1090. 

Ib.,  11,17,39:  MI^  34,1096. 
»  Ib.,  11,21.52:  col.1102. 


MARCO  CRONOLÓGICO 


7 


difícil  llegar  a  una  conclusión  cierta  en  muchos  casos.  Las  más  de 
las  veces  habrá  que  contentarse  con  afirmaciones  más  o  menos  pro- 
bables. Razonar  la  propia  teoría  y  escoger  siempre  la  que  sirve 
mejor  para  la  inteligencia  y  exposición  pedagógica  de  la  vida  del 
Señor.  Sabiendo  siempre  que  lo  que  a  uno  le  parece  más  probable, 
a  otro  le  puede  parecer  menos  probable. 

Aunque  en  muchos  puntos  particulares  no  se  puede  llegar  a  una 
conclusión  firme,  conviene,  sin  embargo,  advertir  desde  el  principio 
que  el  marco  general  cronológico  de  la  Sinopsis  es  sólido.  Aun  los 
Evangelios  sinópticos,  que  son  más  sistemáticos  que  San  Juan, 
como  libros  de  historia  que  son,  siguen  un  orden  cronológico  en 
general.  No  hay  más  que  ver  el  hilo  de  la  narración.  A  medida  que 
avanza  la  narración,  avanza  también  el  programa  doctrinal  de  Cris- 
to, aumentan  los  discípulos,  la  confianza  y  familiaridad  que  tienen 
con  el  Maestro;  crece  también  la  pasión  de  los  judíos,  el  drama  se 
acerca  cada  vez  más  a  su  desenlace  final.  Este  avance  constante 
no  es  artificioso,  es  real  e  histórico  San  Pedro,  por  ejemplo,  le 
habla  de  muy  diversa  manera  al  principio  y  al  medio  o  al  fin.  Cuan- 
do le  dice:  ¡Aléjate  de  mí,  que  soy  un  pecador.  Señor!  (Le  5,8),  es- 
tamos a  los  comienzos,  porque  todavía  no  ha  cobrado  confianza 
con  el  Maestro.  En  cambio,  se  ha  familiarizado  con  él,  y  hemos 
avanzado  ouando,  a  la  pregunta  que  hace  Jesús  sobre  quién  le  ha 
tocado,  Pedro  responde,  sin  que  le  preguntasen,  que  todos  le  apre- 
tujaban y  oprimían,  como  diciendo  que  no  veía  para  qué  hacía  el 
Señor  aquella  pregunta  (Le  8,45).  Lo  mismo  cabe  decir  de  la  falta' 
de  conocimiento  que  tiene  de  Jesús  el  enfermo  de  la  piscina  (Jn  5,13) 
y  del  que  supone  el  ciego  de  nacimiento  (Jn  9,11).  El  Señor  se  ha 
ido  haciendo  cada  vez  más  célebre. 

Una  norma  también  muy  razonable  para  argüir  en  favor  del  or- 
den real  e  histórico  es  la  coincidencia  de  los  tres  sinópticos,  o  de 
los  cuatro  evangelistas,  a  veces,  sobre  la  situación  de  un  hecho  o 
sentencia.  Cuando  todas  las  fuentes  coinciden  en  un  mismo  marco 
cronológico,  no  es  razonable  pensar  en  artificios  literarios  particu- 
lares. La  coincidencia  impensada  y  no  buscada  tiene  una  base  real 
y  objetiva. 

El  hecho,  tan  antiguo  como  moderno,  de  las  Sinopsis  y  Concor- 
dias, que  existen  desde  el  siglo  II  en  línea  ininterrumpida  hasta 
nuestros  días      puede  ser  una  prueba  también  de  que  hay  mucho 

"  Cf.  SiMÓN-DoRADO,  P ráele ctiones  biblicae,  N.T.  vol.l  (Taurini  1947)  p.367 
n.248;   J.   Bover,   Evangeliorum   Concordia,   2.*   (Barcinone   1943)    pp. 368-370. 

Para  la  bibliografía  sobre  las  Vidas  del  Señor,  las  Concordias  y  Sinopsis,  pue- 
den consultarse: 

CoRNELV.  Histórica  et  critica  Introductio  int  U.  T.  libros  sacros,  vol.3,  Introduc 
tio  specialis  in  singulos  N.   T.   libros  CParisns   1886)   pp. 277-281. 

J.  AziBERT,  Evana-les  (Concorde  des):  DB  TT. 2090-21 14. 

R.  AiGRAiN,  Quelques  Vies  de  Jésus  (Le  Christ,  París  1935)  pp. 1119-49. 

C.  Lavtrgn^    H-i'sto^'re  de  l'exénPse  des  F.vangiles  (Le  Christ)   nn. 209-2^9. 

Simón-Dorado.  Praelectiones  Biblicae,  N.T.  vol.l  (Taurini  1947)  pp.XXXIV- 
XXXV,  357  not.6. 

Hopfl-Gut-Metzinger.  Introductio  specialis  in  N.T.  (Romae  1948):  Vidas,  p.257; 
Sinopsis,  p.l56;  Concordias,  p.l89. 

Entre  los  católicos,  el  primero  que  tuvo  más  importancia  fué  el  P,  F.  X.  Patrizi, 


t 


SINOPSIS  Y  CON'CORDIA 


de  objetivo  y  real.  Esas  Sinopsis  y  Concordias  discrepan,  es  ver- 
dad, en  muchas  cosas,  pexo  convienen  también  uniformemente  en 
otras  muchas. 

Ordenar,  dentxo  de  un  marco  cronológico  y  geográfico  deter- 
minado, aun  las  cosas  no  ciertas,  si  se  hace  de  una  manera  razo- 
nable, puede  tener  una  gran  función  pedagógica,  pues  facilita  mu- 
cho la  docencia  y  retentiva  de  la  \-ida  y  doctrina  del  Señor.  Esto 
es  lo  que  a  nosotros  nos  ha  movido  en  nuestra  tarea  de  Sinopsis 
y  Concordia  de  los  cuatro  Evangelios.  Hemos  buscado  un  marco 
razonable  y  concreto  para  los  hechos  y  enseñanzas  del  Señor.  Una 
excesiva  crítica  y  detallista  hubiera  sido  perjudicial  y.  hasta  cierto 
punto,  irrespetuosa  para  con  cada  uno  de  los  Evangelios.  Si  hubié- 
ramos llevado  el  afán  cronológico  y  topográfico  a  cada  una  de  las 
sentencias  y  hechos  del  Señor,  hubiéramos  roto  la  unidad  literaria 
de  cada  Evangelio,  su  personalidad  propia:  hubiéramos  deshecho  lo 
que  ellos  tan  sabiamente  hicieron.  Esto  no  seria  ni  pedagógico  ni 
reverente. 

Por  esta  razón,  aun  conscientes  de  que  algunos  hechos  y  sen- 
tencias no  están  en  su  verdadero  marco  histórico,  hemos  preferido 
dejarlos  en  su  propio  lugar  literario,  aun  dejando  algunos  duplica- 
dos, que  pueden  no  ser  reales,  porque  preferimos  mantener  los  prin- 
cipales bloques  literarios  de  cada  Evangelio  para  salvar  así  su  per- 
sonalidad propia.  Sabemos,  por  ejemplo,  que  no  todo  lo  que  hay 
en  el  sermón  del  Monte  está  en  su  propio  marco  histórico,  pero 
■preferimos  ponerlo  todo  seguido,  como  lo  hizo  San  Mateo,  para 
mantener  la  unidad  que  le  dió  su  autor. 

La  gran  sección  de  Le  9.51-18.14  no  la  conservamos  del  todo 
seguida,  porque  creemos  que  se  pueden  encontrar  con  probabilidad 
marcos  propios  históricos  a  grandes  bloques  de  la  misma.  La  par- 
timos, pues,  pero  en  bloques.  Una  disección  nimia  y  pormenorizada 
rompería  la  unidad  orgánica  que  le  dió  su  autor  y  correría  el  pe- 
Hgro  de  arbitrariedad  y  subjetivismo.  Si  en  las  grandes  secciones 
no  siempre  se  puede  encontrar  el  marco  histórico  concreto  y  queda 
mucho  para  el  ingenio  de  cada  historiador,  ¿cuánto  más  ocurrirá 
esto  en  los  hechos  singulares  y.  sobre  todo,  en  las  sentencias  o  lo- 
guia? 

Cuanto  más  minuciosa  y  abundante  sea  la  disección  del  texto. 


q-je  pub!-có  el  1S52-3  (Friburci  Br-spoviael  su  obra  De  Evangcliis.  El  libro  II  es 
una  Sinopsis  greco-latina.  Luego  han  tenido  mucha  aceptación  las  latinas  de  Ca- 
líERLY-NCx,  Br.\ss.\c  y  Perk.  La  gnega  de  L.'^GR.i.xGr-L.^vxRGNE  (Barcelona  1926)  es 
muy  estimada.  En  Italia  pub'.  có  una  Synopsis  italiana  Primo  V.^.vctelli  el  1^31;  que 
luego  hizo  otra  en  griego,  más  manual,  el  1936.  En  España,  la  primera  Sinopsis  es 
la  catalana  de  C.\rr5ras-Llo\-era  (Barcelona  1927).  El  P.  Jcan  Prado  publicó  una 
latina  ad  ujurr.  s.  'mícrtim  el  1943. 

En  Alemania  es  muy  estimada  la  de  JosKF  Schmid,  SyHot>se  der  drei  ersten 
Ei'cngeiUn  mit  Betfügung  áir  Johanncs  Parallelen   (Regensburg  1949). 

Concordias  hay  muchas.  Entre  nosotros  es  muy  estimada  la  del  P.  J.  Bon'Er,  EvaHr- 
gelicrum  Ccnccrdux,  2.*  (Barcinone  1943\  Traducida  al  castellano  con  el  título  de 
El  Evangeko  de  .V.  S.  Jesucristo  (Barcelona  1943).  También  ha  tenido  mucha  acep- 
tación la  del  cardenal  (jO\c\.  y  está  mi:y  extendida  una  traducción  de  la  italiana 
de  TwTORi  (Bilbao  1939)  4.*,  hecha  a  base  de  la  65.*  italiana. 


PLAN  GENERAL 


mayor  porcentaje  de  improbabilidades  y  subjetivismos.  Este  ha  sido 
el  escollo  en  que  se  estrelló  el  Formgeschichte  Methode,  que  des- 
compuso en  infinitas  piedrecitas  el  mosaico  precioso  de  cada  Evan- 
gelio para  hacer  tantos  otros  cuantos  fueron  los  innovadores.  Por- 
que, deshecho  el  mosaico  primitivo,  son  posibles  tantos  cuantos  auto- 
res salgan  a  la  palestra.  Y,  a  medida  que  se  multiplican  las  combi- 
naciones, distamos  cada  vez  más  de  la  verdad  histórica  primitiva. 
Si  no  podemos  dar  con  el  marco  histórico,  conservemos  el  de  los 
evangelistas  lo  más  que  podamos,  seguros  de  que  el  suyo  se  acer- 
cará más  a  la  verdad  que  el  nuestro. 


CAPITULO  II 
El  Evangelio  de  San  Juan 

Para  conocer  los  fundamentos  de  la  Sinopsis-Concordia  es  ne- 
cesario tener  una  idea  del  plan  de  cada-  uno  de  los  Evangelios  y 
de  sus  métodos  literarios.  Sólo  así  se  pueden  apreciar  las  razones 
por  qué  los  modernos  prefieren  generalmente  el  cuadro  cronológico 
de  San  Juan.  Vamos  a  empezar  nosotros  por  este  Evangelio,  el  úl- 
timo que  se  escribió,  y  el  más  interesante  desde  el  punto  particular 
de  la  historia.  Lo  vamos  a  estudiar  en  sí  y  en  sus  relaciones  con 
los  otros  tres,  llamados  Sinópticos. 

ARTICULO  1 
Plan  general  del  cil\rto  Evangelio 

La  crítica  racionalista  ha  querido  demostrar  que  este  Evangelio 
no  era  una  historia,  sino  un  libro  de  teología  y  de  literatura.  Una 
teología  literaria  sobre  el  primitivo  cristianismo.  El  estudio  a  que 
obligaron  estos  desvarios  ha  puesto  cada  día  más  de  relieve  el  va- 
lor histórico  del  cuarto  Evangelio.  Esto  lo  podíamos  suponer  todos 
los  que  creíamos  en  su  verdadero  autor.  El  cuarto  Evangelio  fué  el 
último  en  escribirse,  pero  fué  también  escrito  por  el  discípulo  a  quien 
amaba  Jesús.  El  primero  que  con  Andrés  se  le  acercó  en  las  riberas 
del  Jordán  y  el  que  le  acompañó  en  la  cruz.  El  día  de  la  Resurrec- 
ción llegó  al  sepulcro  primero  que  Pedro.  Y  así  siguió  siempre  muy 
de  cerca  al  Maestro  hasta  que  subió  a  los  cielos.  Podía  escribir  so- 
bre él  con  conocimiento  y  con  interés. 

Cuando  escribió,  a  fines  del  siglo  I,  tenía  presentes  los  tres  pri- 
meros Evangeüos.  sus  lagunas  y  sus  llenos.  Las  lagunas  para  col- 
marlas, los  llenos  para  dejarlos  estar. 

El  análisis  interno  del  libro  demuestra  que  San  Juan  ha  querido 


lo 


EVANGELIO  DE  SAN  JUAN 


encuadrar  los  hechos  y  discursos  del  Señor  en  un  marco  histórico 
muy  concreto,  como  no  lo  había  hecho  ninguno  de  sus  predeceso- 
res. Por  esto  dice  muy  bien  el  P.  Lagrange:  Sicut  autem  Lucas  post 
alios  exploratius  evangelicum  agrum  percurrit,  ita  lohannes  ultimas, 
sed  tamquam  testis,  immo  discipulus  valde  dilectus  res  omnes  probé 
noscens.  pauca.  sed  maximi  momenti  adnotare  voluit,  praesertim 
quoad  tempus  praedicationis  dominicae,  secundum  quosdam  dies  fes- 
ios  signatae  et  distractae.  lure  mérito  igitur  primum  lohannes  sibi 
vindicabat  locum,  sed  quoniam  raro  evenit  ut  eadem  eodem  modo 
narret.  visum  est  ipsum  post  alios  poneré,  quasi  ultimo  sententiam 
dicentem,  a  qua  fere  numquam  licet  appellare  \ 

San  Juan  es  el  último  que  escribe,  pero  es  el  primero  a  quien 
hay  que  consultar  en  materia  de  cronología,  de  topografía  y  de  or- 
den. Por  su  calidad  de  testigo  especial  y  por  el  plan  de  su  obra, 
en  una  Sinopsis  o  Concordia  no  se  debe  subordinar  su  narración  a 
la  de  los  Sinópticos,  sino  éstos  a  él.  Nosotros  hemos  de  seguir  esta 
norma  constante.  San  Juan  tendrá  siempre  la  última  palabra.  Las 
antiguas  Concordias  estaban  hechas  a  base  de  San  Mateo,  porque 
obedecían  más  bien  a  la  materia  que  al  tiempo.  Las  modernas  pre- 
fieren a  San  Juan  para  el  cauce  de  toda  la  actividad  evangélica. 
Así  lo  hace  Lagrange-Lavergne,  Bover  y  Perk.  El  P.  Simón-Dora- 
do escribe  con  toda  razón:  Pro  indubio  igitur  habendum  est  IV  Evan- 
gelium,  non  tantum  opus  stricte  chronologicum  esse,  sed  veram  no- 
bis  propriamque  Evangeliorum  chronologiam  praebere  2.  Ya  el  mis- 
mo Taciano,  que  siguió  a  San  Mateo  como  base  de  su  Diatessaron, 
para  la  cronología  prefirió  a  San  Juan. 

El  plan  general  del  cuarto  Evangelio  es  la  mejor  prueba  de  esta 
predilección.  El  P.  Simón-Dorado  lo  resume  así: 

1)  Ministerio  en  Judea  (1,35-51). 

2)  En  Galilea  hasta  la  primera  Pascua  (2,1-12). 

3)  En  Judea  desde  la  primera  Pascua  hasta  el  mes  de  diciem- 
bre o  enero,  cuando  faltan  cuatro  meses  para  la  siega  (2,13-3,36). 

4)  Viaje  a  Galilea  por  Samaría  antes  de  la  fiesta  (4,1-54). 

5)  En  Judea  durante  la  fiesta  (5,1-47). 

6)  En  Galilea  desde  la  Pascua  de  la  multiplicación  de  los  pa- 
nes hasta  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  (6,1-7,9). 

7)  En  Judea  desde  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  hasta  la  De- 
dicación (7,10-10,21). 

8)  En  Jurusalén  durante  la  fiesta  de  la  Dedicación  (10,22-39). 

9)  Después  de  la  Dedicación  marcha  al  otro  lado  del  Jordán 
(10,40-42). 

10)  Viene  a  Betania  para  la  resurrección  de  Lázaro  (11,1-54). 

11)  Se  retira  a  la  región  de  Efrén  hasta  la  proximidad  de  la 
última  Pascua  (11,54-56). 

12)  De  nuevo  en  Betania  (12,1-11). 


^  Synopsií  Evangélica  (Barcinone  1926)  p.X. 

■  Praelectiones  Bibkcae,.  N.T.  vol.l   (Taurini   1947)   p.369  n.249. 


PLAN  GENERAL 


11 


13)    En  Jerusalén  hasta  que  muere  (12,12-20,31)^. 

Estos  desplazamientos  topográficos,  dentro  del  marco  litúrgico 
y  festivo  de  los  judíos,  constantemente  señalados  por  el  evangelista, 
prueban  su  intención  directa  y  expresa  de  fijar  el  cauce  por  donde 
ha  corrido  la  actividad  pública  del  Señor. 

ARTICULO  II 

El  plan  general  del  cuarto  Evangelio  comparado 
CON  LOS  Sinópticos 

El  plan  histórico  del  cuarto  Evangelio  resalta  más  cuando  se  le 
compara  con  el  de  los  Sinópticos.  Lo  traducimos  del  resumen  que 
hace  el  P.  Simón-Dorado  El  esquema  general  sinóptico  se  puede 
reducir  a  seis  puntos: 

1)  Período  preparatorio  (Mt  3,1-4,11). 

2)  Viaje  a  Galilea,  después  de  la  prisión  del  Bautista  (Mt  4,1). 

3)  Ministerio  galileo,  todo  él  seguido.  No  hay  en  él  más  que 
dos  notas  cronológicas  indirectas: 

a)  Cierta  disputa  de  Jesús  con  los  fariseos  a  propósito  de  las 
espigas  que  arrancan  y  comen  en  sábado  los  discípulos.  Estamos, 
pues,  cerca  de  la  siega. 

b)  La  multiplicación  de  los  panes  tiene  lugar  en  plena  prima- 
vera, porque  en  el  Lugar  en  que  se  sienta  la  gente  había  hierba  tercie 
(Me  6,39). 

4)  Ministerio  en  un  gran  viaje  (Le  9,51-18,14). 

5)  Ministerio  en  Perea  y  Judea  (Mt  19,1-20.34;  Me  10,1-52; 
Le  18,15-19,28). 

6)  Ministerio  de  la  última  semana  en  Jerusalén  (Mt  21,1-25,46). 
En  los  cuatro  Evangelios  el  ministerio  público  empieza  en  Judea, 

pero  con  esta  diferencia  notable:  después  de  la  presentación  que 
hacen  de  Jesús  en  Judea,  los  Sinópticos  lo  llevan  a  Galilea  y  allí 
lo  mantienen  hasta  que  se  aproxima  la  Pascua  de  la  Pasión.  Ellos 
no  mencionan  más  entrada  en  Jerusalén  que  la  del  Domingo  de  Ra- 
mos. San  Juan,  al  contrario,  hace  constar  que  el  Señor  subió  varias 
veces  a  Jerusalén  antes  de  la  Pasión.  Y  siempre  con  motivo  de  al- 
guna fiesta.  Estas  repetidas  ascensiones  a  la  ciudad  santa  y  la  ac- 
tividad desplegada  en  ella  darante  las  fiestas,  es  una  de  las  diferen- 
cias más  notables  entre  el  cuarto  Evangelio  y  los  tres  primeros. 

Como  se  ha  podido  ver,  la  lectura  de  los  Sinópticos  pudiera  ha- 
cer creer  que  Jesús,  después  del  bautismo,  ha  dejado  Judea  para  no 
volver  a  ella  hasta  la  Pasión  y  que  su  predicación  se  ha  reducido 
a  los  límites  de  Galilea.  San  Juan  previene  al  lector  de  este  error 
y  rompe  el  bloque  galileo  con  las  varias  ascensiones  a  Jerusalén. 

3  Id.,  ib.,  pp.369-70  n.250,  Cf.  D,  Mollat,  L'Evancjüe  de  St.  lean  (París  1953) 
pp. 32-26, 

•*  Id.,  ib.,  p.370  n.250. 


12 


EVANGELIO  DE  SAN  JUAN 


La  predicación  y  los  milagros  iluminan  no  sólo  la  Galilea  de  los 
gentiles,  de  que  hablara  Isaías,  sino  también  la  región  meridional, 
más  estrictamente  israelítica:  Judea  y  Jerusalén. 

En  los  Sinópticos  existe  un  bloque  topográfico  y  un  bloque  cro- 
nológico. Un  lector  poco  avisado  pudiera  creer  que,  como  no  hay 
más  que  una  región  evangelizada,  no  hay  también  más  que  una 
Pascua,  la  última  de  la  Pasión.  La  lectura  del  cuarto  Evangelio  evita 
este  engaño,  al  mencionar  expresamente  tres  Pascuas. 

Las  ventajas  topográficas  y  cronológicas  del  cuarto  Evangelio  re- 
basan el  marco  general  del  ministerio  y  se  derraman  en  cada  una 
de  sus  partes.  Examinemos  los  principios. 

Por  los  Sinópticos  pudiéramos  creer  que,  después  del  bautismo, 
marchó  el  Señor  a  Galilea  y  allí  empezó  a  predicar  el  reino,  sin 
ninguna  interrupción,  hasta  el  viaje  para  la  Pasión  (Mt  4,11.12). 
Por  San  Juan  sabemos  que  al  bautismo  siguió  el  testimonio  del  Bau- 
tista, la  vocación  de  los  primeros  discípulos  en  las  riberas  del  Jor- 
dán, el  viaje  a  Caná  de  Galilea,  a  Cafarnaúm,  la  celebración  de 
la  primera  Pascua  en  Jerusalén,  el  diálogo  con  Nicodemo,  la  evan- 
gelización  del  territorio  preparado  por  el  Bautista,  el  episodio  de  la 
samaritana.  Después  de  todo  esto  empieza  el  ministerio  en  Galilea. 

La  perspectiva  cronológica  queda  igualmente  obscurecida  en  la 
narración  de  los  Sinópticos.  La  luz  viene  de  San  Juan. 

San  Marcos  y  San  Mateo  parecen  poner  la  unción  de  Betania 
dos  días  antes  de  la  Pascua  última.  San  Juan  dice  expresamente  que 
sucedió  seis  días  antes.  No  es  que  los  Sinópticos  pongan  realmente 
la  unción  dentro  de  la  gran  semana.  La  cuentan,  es  verdad,  inme- 
diatamente antes  de  la  Cena  pascual,  cuando  Judas  realiza  su  trai- 
ción. Pero  es  porque  a  ella  se  había  resuelto  con  motivo  de  la  un- 
ción ^. 

San  Mateo  pudiera  hacer  pensar  que  el  triunfo  del  Domingo  de 
Ramos  siguió  inmediatamente  después  de  la  curación  del  ciego  de 
Jericó  ^.  San  Juan  precisa.  Jesús  se  detiene  en  Betania.  El  sábado 
se  celebra  allí  una  cena  y  el  domingo  tiene  lugar  la  entrada  solcm- 
en  en  Jerusalén. 

Por  San  J(uan  parece-  también  cierto  que  los  judíos  no  habían 
celebrado  la  cena  pascual  el  Viernes  Santo  por  la  mañana,  sino  que 
la  iban  a  celebrar  por  la  tarde.  Esta  es  la  razón  por  que  no  quieren 
entrar  en  el  pretorio.  Con  solos  los  Sinópticos  hubiéramos  creído 
que  todos  habían  comido  el  cordero  pascual  la  tarde  del  Jueves. 

En  suma,  el  cuarto  Evangelio  supera  siempre  en  precisión  crono- 
lógica a  los  tres  primeros.  La  afirmación  del  P.  Lagrange  es  exacta: 
San  Juan  dice  la  última  palabra.  Nosotros  le  seguiremos  siempre  en 
la  Sinopsis. 

Un  ejemplo  más,  que  puede  revelar  el  plan  general  de  los  Sinóp- 
ticos y  de  San  Juan  y  explicarse  también  por  las  diferencias  de  este 
mismo  plan,  nos  lo  da  el  episodio  de  los  vendedores  del  templo.  El 


"  Cf.  Simón-Dorado,  ib.,  pp.304-5  n.601. 
«  Cf.  Mt  20,34,  comparado  con  21,1. 


FLAN  GENERAL 


problema  es  antiguo,  y  las  soluciones  diversas  también.  El  cuarto 
Evangelio  pone  la  expulsión  de  los  vendedores  al  principio  del  minis- 
terio, en  la  primera  Pascua.  Los  Sinópticos  la  ponen  al  final,  en  la 
última  gran  semana.  Si  el  suceso  se  repitió,  el  problema  no  existe. 
San  Juan  lo  pone  al  principio,  poroue  sucedió  entonces  por  primera 
vez.  V  los  Sinópticos  lo  ponen  al  final,  porque  sucedió  entonces  la 
segunda  vez.  Muchos  autores  no  aceptarán  esa  repetición  y  dirán 
que  el  hecho  no  sucedió  más  que  una  vez.  En  esta  hipótesis,  creemos 
que  no  se  debe  dudar  entre  el  marco  cronológico  del  cuarto  Evange- 
lio y  el  de  los  Sinópticos.  La  expulsión  tuvo  lugar  solamente  al 
principio,  cuando  la  cuenta  San  J.uan.  Si  hubiera  sucedido  solamen- 
te al  fin,  cuando  la  cuentan  los  Sinópticos,  sería  inexplicable  que 
San  Juan  la  hubiera  puesto  al  principio.  O  no  la  hubiera  contado  o, 
de  contarla,  la  hubiera  colocado  en  su  marco  real.  Esto  parece 
claro. 

Oueda  todavía  en  pie  el  problema  de  si  fueron  dos  o  una  las 
expulsiones.  La  duplicidad  nos  parece  un  recurso  fácil  para  conci- 
liar los  Sinópticos  con  San  Juan,  pero  nos  parece  menos  probable 
en  el  sistema  del  cuarto  Evanaelio  comparado  con  los  tres  primeros. 

La  elección  de  materia  en  el  cuarto  Evangelio  está  toda  ella  some- 
tida a  un  examen  y  reflexión  muy  rigurosa.  San  Juan  no  repite  lo 
que  han  tratado  sus  predecesores.  Este  es  el  principio.  Las  excep- 
ciones tienen  siempre  una  razón  de  ser.  No  cuenta  la  infancia,  ni 
el  bautismo,  ni  las  tentaciones,  ni  el  ministerio  galileo,  ni  la  institu- 
ción de  la  Eucaristía.  El  único  milagro  que  tiene  común  con  los 
Sinópticos  es  el  de  la  primera  multiplicación.  Pero  se  ve  en  seguida 
la  razón  de  esta  excepción.  El  milaqro  era  el  marco  histórico  obli- 
gado para  encuadrar  el  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida,  que  habían 
omitido  los  Sinópticos,  y  que  tanta  importancia  tenía  para  la  prác- 
tica eucarística  de  la  Iglesia.  San  Juan  no  podía  callar  el  discurso 
y  necesitaba  darle  su  verdadero  marco  histórico.  Por  esto  hace  una 
excepción  a  su  regla  general. 

En  la  expulsión  de  los  vendedores,  San  Juan  repite  un  hecho 
que,  por  lo  menos,  es  de  la  misma  especie  y  naturaleza  que  el  que 
han  contado  sus  predecesores.  Debe  tener  una  razón  especial,  que 
justifioue  la  excepción.  El  hecho  en  sí,  estando  ya  registrado  en  los 
otros  Evangelios,  no  era  de  tal  volumen  mesiánico  que  mereciera 
la  excepción.  En  cambio,  el  enfoque  cronológico  que  preside  el 
cuarto  Evangelio  sí  puede  explicar  la  excepción.  San  Juan  reaistra 
el  hecho  para  darle  su  verdadero  marco  cronológico,  que  fué  la 
primera  Pascua. 

En  los  Sinópticos  se  explica  perfectamente  que  no  lo  cuenten 
sino  al  final.  En  ellos,  Jesús  no  entra  en  Jerusalén  hasta  el  Dominqo 
de  Ramos.  El  hecho  de  la  expulsión  de  los  vendedores  había  tenido 
importancia,  y  había  entrado  en  la  tradición  oral  cristiana  como  la 
manifestación  oficial  y  solemne  de  Jesús  Mesías.  No  podían  omi- 
tirlo. Y  lo  unen  a  la  manifestación  también  solemne  que  Jesús  hace 
de  sí  el  día  de  Ramos.  La  circunstancia  de  tiempo  se  esfuma,  queda 


14 


EVANGELIO  DE  SAN  JUAN 


la  substancia  del  hecho:  solemne  manifestación  mesiánica,  en  el 
templo  mismo  de  Jerusalén. 

La  línea  temporal  se  ha  perdido  en  los  Sinópticos.  Prueba  es  la 
vacilación  e  imprecisión  del  mismo  marco  concreto.  San  Mateo  y 
San  Lucas  dejan  la  impresión  de  que  el  suceso  tuvo  lugar  el  mismo 
Domingo  de  Ramos.  Es  an  marco  inverosímil.  Puede  leerse  el  texto 
de  San  Mateo  (21,10-17).  Pone  la  expulsión  en  medio  del  triunfo 
de  los  ramos.  Después  de  la  expulsión,  los  judíos  hablan  con  Je- 
sús, no  sobre  la  expulsión,  sino  sobre  los  niños  que  lo  aclaman. 
Es  decir,  que  la  expulsión  está  fuera  de  su  marco. 

El  segundo  evangelista  sitúa  la  expulsión  en  el  lunes  (Me  11,12- 
15),  después  de  la  entrada  triunfal  del  domingo.  La  mañana  del  día 
siguiente  (11,12)  puede  muy  bien  referirse  inmediatamente  al  episo- 
dio de  la  higuera  y  no  afectar  a  la  expulsión  de  los  vendedores.  San 
Marcos  ha  puesto  la  expulsión  el  lunes,  como  la  podía  haber  pues- 
to el  domingo  con  Mt-Lc.  No  hay  ninguna  afirmación  cronológica. 
La  afirmación  del  evangelista  afecta  al  hecho,  a  su  substancia.  Te- 
nía que  poner  el  hecho  en  Jerusalén  y  en  el  templo,  y  lo  pone  en 
la  primera  ocasión,  que  se  le  ha  presentado  aceptable,  porque  no 
podía  ponerlo  en  su  tiempo  real,  sin  romper  el  marco  general  de 
la  obra  y  de  la  catcquesis  oral,  que  ha  seguido. 

ARTICULO  III 

La  cronología  particular  en  las  narraciones  del  cuarto 

Evangelio 

El  valor  cronológico  del  cuarto  Evangelio  se  podrá  todavía  apre- 
ciar mejor  si  examinamos  algunas  de  sus  particulares  narraciones. 

Todos  los  autores  advierten  la  precisión  con  que  ha  conservado 
San  Juan  su  primer  encuentro  con  Jesús.  Sucedió  con  motivo  de  un 
testimonio  del  Bautista.  Empieza  por  encuadrar  topográficamente 
este  testimonio:  en  la  Betania  del  otro  lado  del  Jordán  (1,28).  Y  al 
día  siguiente  Juan  volvió  a  dar  testimonio  de  Jesús  (1,29).  El  ter- 
cer testimonio  fué  el  más  importante.  Sucedió  al  día  siguiente  (1,35). 
Juan  y  Andrés  se  fueron  detrás  de  Jesús  y  se  quedaron  con  él.  Se- 
rían como  las  cuatro  de  la  tarde  (1,39).  A  otro  día  cada  uno  de  los 
dos  discípulos  buscó  a  su  hermano,  y  Andrés  fué  el  primero  que 
encontró  a  Simón  (1,41).  AI  día  siguiente  salió  Jesús  para  Galilea 
(1,43).  A  los  tres  días  se  celebraron  las  bodas  de  Caná  (2.1).  Luego 
bajó  Jesús  a  Cafarnaúm  y  se  detuvo  allí  pocos  días  (2,12),  porque 
quedaba  poco  para  la  Pascua.  Fué  a  Jerusalén  y  de  noche  se  entre- 
vistó Nicodemo  con  el  Maestro  (3,2). 

Estas  observaciones  tan  particulares  no  se  pueden  atribuir  al 
acaso.  Obedecen  a  un  plan  determinado  del  evangelista,  que  se  ha 
propuesto  fijar  el  marco  cronológico  de  los  sucesos.  Sigamos  ade- 
lante. 


CRONOLOGÍA  PARTICULAR 


15 


Después  de  la  primera  Pascua,  Jesús  dejó  Jeroisalén  y  se  entre- 
tuvo en  la  región  de  Judea.  Juan  estaba  en  Ainón,  cerca  de  Salín, 
donde  había  mucha  agua.  Juan  no  había  sido  aún  encarcelado  (3,24). 

Los  fariseos,  que  se  habían  alarmado  con  el  movimiento  religio- 
so despertado  por  Juan,  empezaron  también  a  preocuparse  con  el 
de  Jesús.  Fué  el  momento  de  que  Jesús  dejara  Judea  (4,3).  Para  ir 
a  Galilea  tenía  que  pasar  por  Samaría,  y  vino  a  la  villa  de  Sicar, 
cerca  de  la  posesión  que  Jacob  dió  a  su  hijo  José.  Allí  estaba  el 
pozo  de  Jacob.  Jesús,  cansado  del  camino,  se  sentó  junto  a  él.  Era 
alrededor  de  las  doce  (4,4-6).  Jesús  se  quedó  con  los  samaritanos 
dos  días  (4,40).  Cumplidos  los  dos  días  partió  para  Galilea  (4,43). 

En  esta  primera  narración  del  ministerio  del  Señor,  que  habían 
omitido  los  tres  primeros  Evangelios,  se  ha  podido  seguir  perfec- 
tamente la  peregrinación  del  Maestro.  Quedan  anotados  los  luga- 
res, los  días  y  aun  las  horas. 

Entrado  en  Galilea,  vino  de  nuevo  a  Caná  (4,46).  El  coloquio 
con  el  régulo  tiene  lugar  a  las  cinco  de  la  tarde.  Este  fué  el  segun- 
do milagro  que  hizo  Jesús  en  Galilea  (4,52-54). 

El  ministerio  en  Galilea  se  interrumpe  con  la  ascensión  a  Jeroi- 
salén  para  la  fiesta  (5,1).  El  milagro  del  paralítico  tiene  lugar  en 
una  piscina  que  se  llama  Betesda,  con  cinco  pórticos,  y  está  junto 
a  la  puerta  de  las  ovejas  (5,2). 

Ahora  sigue  un  silencio  de  un  año.  San  Juan  calla  todo  lo  que 
hizo  Jesús  en  Galilea  hasta  la  Pascua  penúltima.  En  la  narración 
de  la  multiplicación  de  los  panes  se  une  con  sus  predecesores,  pero 
él  cuida  muy  bien  de  fijar  el  marco  cronológico  de  la  misma:  cuan- 
do estaba  cerca  la  Pascua  (6,4).  Al  día  siguiente  de  la  multiplica- 
ción, la  turba  busca  al  Señor  (6,22).  Le  encuentra  en  Cafar- 
naúm  (6,24).  Después  del  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida,  que 
en  su  parte  principal  se  tuvo  en  la  sinagoga,  muchos  de  los  discí- 
pulos dejaron  al  Maestro  y  no  querían  andar  con  él  (6,67). 

Esta  crisis  galilea  obliga  a  Jesús  a  retirarse  del  público.  Ya  no 
quiere  ir  a  Judea  y  anda  por  Galilea  (7,1).  Con  esta  observación 
parece  también  indicar  el  evangelista  que  el  Señor  no  subió  á  Je- 
rusalén  para  la  Pascua  de  aquel  año.  Luego  subirá  más  tarde  para 
la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  pero  en  privado  y  cuando  la  masa 
de  los  peregrinos  está  en  Jerusalén  (7,1-lÜ). 

Entre  las  palabras  que  Jesús  dijo  en  la  fiesta  de  los  Tabernácu- 
los, que  duraba  ocho  días,  anota  San  Juan  las  que  dijo  el  último  día, 
el  más  solemne  de  la  fiesta  (7,37).  Terminada  la  fiesta,  se  quedó 
todavía  algún  tiempo  en  Jerusalén.  Por  la  noche  se  va  al  monte  de 
los  Olivos  y  por  la  mañana  viene  al  templo  (8,ls). 

Desde  los  Tabernáculos  hasta  la  Dedicación,  que  caía  por  di- 
ciembre, no  hay  cambio  de  escenario  en  San  Juan.  Jesús  se  en- 
cuentra en  Jerusalén.  Es  invierno.  Hace  frío  y  pasea  por  el  pórtico 
de  Salomón  (10,22). 

Terminada  la  fiesta  de  la  Dedicación,  Jesús  se  marcha  de  nuevo 
al  otro  lado  del  Jordán,  al  sitio  donde  al  principio  había  bautizado 


16 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Juan,  y  allí  se  quedó  (10,40).  Nótese  cómo  San  Juan  ha  consigna- 
do el  progreso  cronológico  del  ministerio.  Esta  segunda  estancia  en 
Betania  transjordánica  tiene  lugar  al  fin,  y  corresponde  a  la  prime- 
ra del  principio.  Aquí  le  sorprendieron  los  enviados  de  Marta  y  de 
María.  Recibida  la  noticia  de  la  enfermedad  de  Lázaro,  Jesús  se 
quedó  dos  días  (11,6).  Cuando  vino  a  la  aldea  de  Marta  y  se  llegó 
al  sepulcro  de  Lázaro,  éste  llevaba  cuatro  días  muerto  (11,17).  Des- 
pués se  irá  a  la  región  de  Efrén  y  volverá  a  Betania  seis  días  antes 
de  la  Pascua  (12,1).  Come  en  casa  de  Simón  y  al  día  siguiente  en- 
tra solemnemente  en  Jerusalén  (12,12).  J.uan  omite  todo  lo  que  pasa 
hasta  el  jueves,  víspera  de  la  Pascua  (13,1).  El  viernes  los  judíos 
no  han  comido  la  Pascua  (18,28).  La  sentencia  de  muerte  contra 
Jesús  la  da  Pilato  a  eso  de  las  doce  (19,14).  El  sábado  siguiente 
era  un  gran  sábado  (19,31). 

Los  sucesos  de  la  Resurrección  también  tienen  su  marco  cro- 
nológico en  la  pluma  de  San  Juan,  El  primer  día  de  la  semana,  Ma- 
ría Magdalena  va  al  sepulcro,  cuando  todavía  hay  tinieblas  (20,1). 
Al  ver  quitada  la  piedra,  piensa  en  que  alguien  ha  robado  al  Señor, 
y  corre  con  este  mensaje  del  sepulcro  vacío  a  los  discípulos.  Salen 
Pedro  y  Juan.  Este,  más  joven,  llega  primero,  pero  espera  a  Simón. 
Por  la  tarde  de  aquel  primer  día,  estando  las  puertas  cerradas,  Je- 
sús se  aparece  a  los  discípulos.  A  los  ocho  días,  nueva  aparición, 
estando  presente  Tomás. 

El  primer  epílogo  del  Evangelio  se  cierra  con  una  advertencia, 
que  explica  suficientemente  el  plan  de  selección  que  ha  presidido 
la  composición  del  libro.  Jesús  hizo  oíros  muchos  milagros,  que  él 
no  ha  contado,  aunque  los  vieron  todos  los  discípulos  (20,30).  Las 
lagunas  del  ouarto  Evangelio  las  afirma  su  mismo  autor.  No  son  ca- 
suales, son  intencionadas.  El  marco  cronológico,  tan  concreto  y 
exacto,  que  fija  a  los  pocos  hechos  que  Juan  ha  escogido,  es  una 
garantía  en  favor  del  marco  general  en  que  va  encuadrado  todo  el 
ministerio  público  del  Señor.  Marco  seguro,  marco  concreto  y  mar- 
co intencionado. 

CAPITULO  III 
El  Evangelio  de  San  Lucas 

Para  orientarse  en  el  marco  cronológico  del  ministerio  público 
del  Señor,  los  autores  dudan  entre  San  Marcos  y  San  Lucas.  Unos 
prefieren  a  San  Marcos,  otros  a  San  Lucas  ^  Existen  razones  para 
ambas  tendencias.  Nosotros  vamos  a  estudiar  primero  a  San  Lucas, 

'  Cf.  Louis  GiRARD,  L'Evangile  des  voyoges  de  Jésus  oí)  ki  Section  9,51-19,14  de 
Saint  Luc  (París  1951)  p.75.  Es  el  mejor  estudio  católico  que  conocemos  sohre  el 
Evangelio  de  San  Lucas  en  general.  Estudio  serio,  positivo,  crítico,  muy  razonado, 
amplio,  que  pone  de  relieve  los  métodos  literarios  de  San  Lucas  y  su  sentido  his- 
tórico. Coincidimos  con  él  en  los  puntos  más  fundamentales,  y  lo  hemos  de  citar 
con  frecuencia. 


PLAN  GENERAL 


17 


que,  en  conjunto,  nos  parece  preferible  a  San  Marcos,  porque  su 
horizonte  es  más  amplio  y  su  empeño  cronológico  más  consciente 
y  estudiado.  San  Lucas  es  el  menos  sinóptico  de  los  Sinópticos  y 
el  que  más  se  acerca  al  cuarto  Evangelio  en  sus  concepciones  y  en 
sus  rasgos  históricos.  Su  marco  prepara  y  se  aproxima  al  de  San 
Juan  2. 

ARTICULO  I 
Plan  general  del  tercer  Evangelio 

El  Evangelio  de  San  Lucas  es  una  obra  maestra.  Su  plan  está 
muy  sabiamente  pensado  y  muy  artísticamente  ejecutado.  Se  pue- 
den distinguir  en  él  cuatro  partes,  bien  definidas  y  concretas,  que 
se  encadenan  entre  sí  lógica  y  literariamente  y  se  suceden  históri- 
camente. 

Primera  parte:  La  infancia  (1,5-2,52) 

El  contenido  de  esta  primera  parte  se  refiere  a  la  infancia  y  ju- 
ventud de  Juan  y  de  Jesús.  Como  ha  relacionado  el  ministerio  de 
Juan  con  el  de  Jesús,  asi  también  relaciona  sus  primeros  años. 

Se  abre  el  Evangelio  primero  con  dos  Anunciaciones,  la  de  Juan 
y  la  de  Jesús  (1,5-38).  Siguen  después  los  dos  Nacimientos.  El  de 
Juan  tiene  un  marco  introductorio,  que  es  la  Visitación  de  María,  y 
un  cántico  de  acción  de  gracias,  que  es  el  Benedictas.  Se  termina  con 
un  epílogo,  síntesis  de  su  niñez  y  juventud  en  los  desiertos  (1,39-80). 

El  nacimiento  de  Jesús  se  abre  también  con  un  prólogo,  que  es 
el  decreto  del  César  y  el  viaje  que  hacen  José  y  María  a  Belén. 
Tiene  su  cántico  de  gloria  y  su  epilogo,  más  desarrollado  que  el  de 
Juan,  que  es  la  presentación  en  el  templo,  la  pérdida  a  los  doce 
años  y  la  juventud  de  crecimiento,  trabajo  y  obediencia  en  la  es- 
condida Nazaret  (2,1-52).  Las  dos  narraciones  tienen  cada  una  lo 
suyo,  pero  no  se  puede  negar  que  corren  paralelas  y  se  desarrollan 
dentro  de  un  mismo  marco  y  concepción  literaria.  Se  dan  expli- 
caciones de  por  qué  San  Lucas  no  ha  contado  la  venida  de  los 
Magos,  el  degüello  de  los  Inocentes  y  la  huida  a  Egipto.  Desde 
luego,  nos  parece  cierto  que  San  Lucas  conoció  esos  hechos.  ¿Por 
qué  no  los  incorporó  en  su  obra?  Pudo  influir  en  su  ánimo  el  plan 
lógico  y  literario  de  su  Evangelio,  en  el  cual  tiene  tanta  importan- 
cia el  marco  topográfico,  como  iremos  viendo.  La  infancia  de  Juan 
y  de  Jesús  la  ha  encuadrado  dentro  de  Nazaret,  Belén  y  Jerusalén. 
En  el  templo  se  anuncia  la  concepción  de  Juan  a  su  padre  Zaca- 
rías, y  en  Nazaret  también  a  la  Virgen.  En  el  templo  es  presentado 

•  Evangile  selon  St.  Luc  traduit  et  commenté  par  les  PP.  A.  ValEnsik  et 
J.  HuBY  ÍVS").  41  fd.,  preparada  por  el  P.  Bonsirven  (París  1952),  En  la  intro- 
ducción (pp.XX-XVI)  nota  que  el  marco  de  San  Lucas  prepara  y  se  aproxima  al 
de  San  Juan. 


Id 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Jesús,  y  allí  se  queda  a  la  edad  de  doce  años.  La  fiesta  del  naci- 
miento y  la  circuncisión  se  verifica  en  la  ciudad  natal  de  cada  uno, 
y  luego  cada  uno  crece  también  en  la  obscuridad.  Juan  en  el  de- 
sierto, y  Jesús  en  Nazaret.  Tal  vez  Lucas  ha  omitido  lo  referente 
a  los  Magos  y  al  destierro  de  Egipto  para  no  romper  el  marco  to- 
pográfico sagrado  de  la  tierra  de  Israel  y  también  para  no  romper 
el  paralelismo  tan  inspirado  que  vió  en  la  infancia  de  los  dos  niños. 

Segunda  parte:  El  ministerio  galileo  (3,1-9,50) 

Si  la  parte  de  la  infancia  es  propia  de  San  Lucas,  esta  segund» 
del  ministerio  en  Galilea  le  es  común  con  Marcos  y  Mateo.  Todos 
los  autores  reconocen  el  paralelismo  perfecto  que  existe  entre  las 
tres  narraciones  sinópticas  en  esta  parte  de  la  vida  del  Señor.  To- 
dos admiten  también  que  el  orden  y  la  materia  de  San  Lucas  de- 
pende aquí  en  gran  parte  de  San  Marcos.  Por  esto  esta  segunda 
parte  se  puede  llamar  la  sección  marciana  de  Lucas.  Esto  no  quiere 
decir  que  Lucas  pierda  en  ella  su  personalidad  propia  de  escritor  y 
autor.  Si  tiene  mucho  de  común  con  Marcos  y,  en  general,  sigue 
su  orden,  tiene  también  sus  cosas  propias  y  su  orden  propio.  Las 
diferencias  de  plan  se  pueden  concretar  en  dos  palabras:  omisiones 
y  adiciones. 

Las  adiciones  más  importantes  sobre  Marcos  son  la  pesca  mi- 
lagrosa (5,1-10),  el  sermón  del  Monte,  la  curación  del  siervo  del 
centurión,  la  resurrección  del  hijo  de  la  viuda  de  Naím,  la  legación 
de  Juan  Bautista  y  la  conversión  de  la  mujer  pecadora  (6,17-8,3). 

De  estas  adiciones  son  exclusivamente  suyas  la  pesca  milagro- 
sa, la  curación  del  hijo  de  la  viuda  de  Naím  y  la  conversión  de  la 
pecadora.  La  misma  predicación  en  la  sinagoga  de  Nazaret  es,  en 
gran  parte,  propia  de  San  Lucas. 

Las  omisiones  son  muy  significativas.  San  Lucas  omite  la  se- 
gunda multiplicación  de  los  panes  (Me  8,1-10),  la  disousión  sobre 
los  aliínentos  impuros  (Me  7,1-23)  y,  lo  que  es  más  interesante,  la 
expedición  del  Señor  por  tierras  de  Fenicia,  por  Cesárea  de  Filipo 
y  por  la  Decápolis  (Me  7,24-37).  Lo  más  extraño  es  cómo,  habien- 
do conmemorado  la  confesión  de  San  Pedro,  omite  el  marco  topo- 
gráfico de  la  misma  (9,18-22),  que  estaba  tan  claro  en  Marcos  (8,27). 
La  confesión  de  San  Pedro  sigue  en  San  Lucas  inmediatamente  a 
la  primera  multiplicación  de  los  panes,  como  si  hubiera  tenido  lugai 
en  uno  de  aquellos  montes  que  rodean  el  lago  por  su  parte  norte. 

Estas  omisiones  de  Lucas  parecen  intencionadas,  y  de  hecho  re- 
sulta que  con  ellas  ha  obtenido  un  marco  geográfico  bien  definido, 
encerrado  dentro  de  los  límites  de  Galilea,  que  Mateo  y  Marcos 
han  roto  con  la  excursión  por  Fenicia  y  Decápolis. 


PLAN  GENERAL 


19 


Tercera  parte:  La  sección  de  los  viajes  (9,51-18,14) 

Esta  sección  es  exclusiva  de  San  Lucas,  aunque  algunas  cosas 
aisladas  se  encuentran  en  San  Mateo.  Lo  más  característico  es  su 
independencia  completa  de  Marcos.  En  un  total  de  350  versos,  por 
132  de  la  primera  parte  y  326  de  la  segunda,  no  existe  nada  simi- 
lar en  el  segundo  Evangelio,  siendo  así  que  el  estilo  de  esta  sección 
es  más  semita  y  aramaizante  que  el  delv-ministerio  en  Galilea. 

Esta  sección  se  llama  justamente  de  los  viajes,  porque  en  ella 
nos  presenta  a  Jesús  en  una  ascensión  constante  a  Jerusalén.  Este 
es  el  marco  que  pudiéramos  llamar  topográfico.  Fuera  del  territo- 
rio samaritano,  San  Lucas  no  menciona  aquí  ninguna  ciudad  ni  al- 
dea con  su  nombre  propio.  Aun  la  aldea  de  Marta  y  de  María, 
cuyo  nombre  debía  conocer  San  Lucas  sobradamente,  aparece  en 
el  anónimo.  No  hay  más  nombre  de  ciudad  que  el  de  Jerusalén, 
la  cual  aparece  siempre  en  lontananza,  sin  que  se  llegue  a  ella  de 
hecho  nunca.  Solamente  al  final,  y  fuera  ya  de  la  sección  estricta- 
mente lucana,  aparece  Jericó  como  paso  para  Jerusalén  (19,1).  Esta 
sección  propiamente  no  termina  en  el  18,14,  sino  con  la  entrada  en 
Jerusalén  (19,28).  Todo  este  final  tiene  una  unidad  orgánica  y  lite- 
raria perfecta  con  la  sección,  aunque  desde  18,15  Lucas  se  une  a 
San  Marcos  y  a  San  Mateo.  Pero  se  une  a  ellos  sin  mentar  para 
nada  la  estancia  en  Perea.  El  Señor  en  el  tercer  Evangelio  no  sale 
nunca  de  Galilea  y  de  Judea. 

En  esta  sección,  que  es  la  más  propia  de  San  Lucas,  se  encuen- 
tran narraciones  tan  características  como  la  misión  de  los  setenta  y 
dos  discípulos,  la  parábola  del  buen  samaritano,  la  escena  de  Marta 
y  de  María,  la  oveja  perdida,  el  hijo  pródigo,  el  administrador 
inicuo,  Lázaro  y  el  rico,  los  diez  leprosos,  el  juez  inicuo  y  el  fariseo 
y  el  publicano.  Escenas  de  un  colorido  insuperable,  de  una  psico- 
logía humana  universal  y  de  una  profundidad  doctrinal  verdadera- 
mente divina. 

Cuarta  parte;  La  Pasión,  resurrección 
y  ascensión  (19,29-24,53) 

La  materia  y  el  orden  de  esta  sección  última  depende  de  San 
Marcos,  al  igual  de  la  segunda.  Pero,  como  siempre,  San  Lucas 
guarda  su  estilo  y  su  concepción  propia. 

Se  une  a  San  Marcos  en  18,15,  sin  sacar  al  Señor  de  Galilea  y 
de  Judea.  En  Jericó  introduce  la  escena  de  Zaqueo  y  la  parábola 
de  las  minas  (19,1-28).  En  la  institución  de  la  Eucaristía  se  separa 
también  para  unirse  con  la  narración  de  San  Pablo  (1  Cor  ll,23ss). 
En  la  oración  del  Huerto  introduce  el  sudor  de  sangre,  que  no  está 
en  los  otros  Evangelios.  El  Sanedrín  no  tiene  más  que  una  reunión, 
la  de  la  mañana  (22,66-71).  De  los  sucesos  de  la  noche  no  cuenta 
nada  más  que  las  negaciones  de  San  Pedro,  todas  ellas  seguidas 
(22,55-62),  y  los  insultos  de  los  guardias  (22^63-65);  la  presentación 


20 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


del  Señor  ante  Herodes  es  también  propia  de  San  Lucas  (23.6-12). 

En  la  narración  de  la  resurrección  v  ascensión  tiene  también  San 
Lucas  sus  puntos  de  vista  propios.  En  primer  lugar,  introduce  la 
anarición  a  los  dos  discípulos  de  Emaús,  que  no  está  en  ningún  otro 
Evangelio,  y  a  continuación  narra  la  aparición  a  todo  el  grupo  de 
los  discípulos  en  la  tarde  del  domingo,  escena  que  no  está  más  que 
en  San  Juan. 

Lo  más  interesante,  desde  el  punto  de  vista  literario  y  topográ- 
fico, es  que  San  Lucas  no  saca  a  Jesús  ni  a  los  discípulos  de  Teru- 
salén  en  todo  este  tiempo.  Juan  nos  habla  de  apariciones  en  Gali- 
lea; Mateo  y  Marcos  dicen  que  el  Señor  irá  a  Galilea  (Mt  28,7; 
Me  16,7).  San  Lucas,  en  el  mismo  contexto  y  narración,  omite  este 
anuncio  y  se  contenta  con  decir  que  en  Galilea  es  donde  había  anun- 
ciado la  muerte  y  la  resurrección  (24,6.7). 

Después  de  la  ascensión,  los  discípulos  se  vuelven  a  Jerusalén 
desde  el  monte  de  los  Oh'vos.  y  aparecen  en  el  templo  alabando 
y  bendicien¿o  a  Dios  (24,52).  Es  decir,  que  se  nota  en  San  Lucas 
un  empeño  en  no  romper  el  marco  topooráfico  de  Jerusalén  para 
esta  última  fase  de  la  vida  del  Señor.  Y  el  Evangelio  se  cierra 
donde  se  abrió:  en  el  templo.  En  él  se  abre  con  la  visión  de  Zaca- 
rías y  en  él  se  cierra  con  la  oración  de  los  discípulos. 

Esta  unidad  topográfica  en  las  diversas  partes  del  Evangelio 
de  San  Lucas  es  una  realidad  tangible.  Parece  razonable  que  haya 
sido  intencionada  y  buscada  por  el  autor.  Tanto  más  que  para  lo- 
grarla ha  tenido  que  separarse  de  San  Marcos,  a  quien  sigue  tanto 
en  la  elección  de  la  materia  y  en  el  orden.  Nos  parece,  pues,  que 
entra  en  el  plan  literario  del  evangelista. 

ARTICULO  II 
El  orden  histórico  del  tercer  Evangelio 

Es  posible,  por  lo  que  hemos  visto  en  el  artículo  anterior,  qué  el 
plan  general  para  la  historia  de  la  artividad  públira  del  Señor  se 
lo  diera  aquella  frase  de  los  judíos  delante  de  Pilato:  Revuelve  al 
pueblo  enseñando  por  toda  ]udea,  después  de  haber  comenzado  en. 
Galilea  hasta  aquí  (23.5).  Un  marco  topográfico  general:  toda  Ja- 
dea o  Palestina,  que  se  divide  después  en  Galilea  hasta  Jerusalén. 
De  hecho,  así  se  desenvuelve  la  narración:  primero  Galilea,  luego 
desde  Galilea  hasta  Jerusalén  y,  por  último,  Jerusalén.  En  la  misma 
parte  de  la  infancia  también  se  circunscribe  la  narración  al  país  de 
Israel.  ' 

Dentro  de  este  marco  topográfico,  ¿qué  orden  sigue  San  Lucas? 

Lo  primero  que  se  advierte  es  que  el  orden  con  que  se  distribuí 
yen  las  cuatro  partes  generales  es  netamente  histórico.  Primero  la, 
infancia,  luego  el  ministerio  en  Galilea,  luego  el  viaje  de  Galilea  a» 


ORDEN  HISTÓRICO 


21 


Jcrusalén  y,  por  último,  Jerusalén,  teatro  de  la  muerte,  resurrección 

y  ascensión. 

Si  las  cuatro  partes  generales  se  ordenan  entre  sí  de  una  manera 
histórica  y  cronológica,  /es  éste  también  el  orden  que  existe  dentro 
de  cada  una  de  las  partes? 

El  cuadro  de  la  infancia  tiene  evidentemente  un  orden  histórico 
riguroso,  según  la  cronología  y  topografía  de  los  hechos.  No  es 
que  San  Lucas  haya  contado  todo:  existen  evidentemente  lagunas. 
Mas  lo  que  cuenta,  lo  ordena  según  el  orden  real  de  la  historia. 

Se  abre  el  Evangelio  con  la  aparición  del  ángel  a  Zacar'as, 
en  los  días  de  Herodes,  rey  de  Judea.  Zacarías  ha  entrado  en  el 
Sancta  para  el  sacrificio  del  incienso.  Fuera  está  el  pueblo.  Y  el 
ángel  se  le  aparece  a  la  derecha  del  altar  del  incienso  (1,5-11). 

La  aparición  del  ángel  a  María  tiene  lugar  seis  meses  más  tarde 
en  Nazaret,  ciudad  de  Galilea  (1,26).  La  Virgen  va  después  a  la 
montaña,  donde  vive  Zacarías,  y  allí  se  está  como  tres  meses  (1,56). 

El  nacimiento  de  Juan  precede  al  de  Jesús,  porque  históricamen- 
te fué  también  anterior.  Todo  lo  que  sigue  sobre  la  infancia  del 
Señor  se  atiene  a  los  cánones  de  la  más  estricta  historia.  José  y 
María  se  trasladan  desde  Nazaret  hasta  Belén,  la  ciudad  de  David, 
con  motivo  del  censo  de  Augusto,  que  ejecuta  Quirino,  gobernador 
de  Siria.  El  Niño  es  circuncidado  a  los  ocho  días,  y  a  su  tiempo  es 
presentado  en  el  templo.  En  Nazaret  el  niño  va  creciendo,  y  a  la 
edad  de  doce  años  se  queda  en  el  templo.  A  los  tres  días  lo  en- 
cuentran sus  padres.  Se  vuelve  a  Nazaret,  y  allí  hace  una  vida  de 
obediencia  (2,1-52). 

La  primera  parte  del  Evangelio  está  ordenada  según  el  orden 
cronológico  y  topográfico  de  los  sucesos.  En  el  artículo  siguiente 
veremos  cómo  se  ha  combinado  este  orden  histórico  con  el  literario. 

En  el  prólogo  del  Evangelio,  San  Lucas  nos  promete  que  quie- 
re escribir  con  orden  (1,3).  Este  orden,  en  lo  que  mira  a  la  infan- 
cia, de  hecho,  es  histórico,  cronológico  y  topográfico.  ¿Seguirá  esta 
aplicación  en  el  resto  del  Evangelio? 

La  segunda  parte,  que  es  el  ministerio  en  Galilea,  tiene  una  in- 
troducción, la  predicación  de  Juan.  San  Lucas  la  ha  situado  en  su 
verdadero  momento  histórico,  tanto  cronológico  como  topográfico. 
En  toda  la  región  del  Jordán,  y  en  el  año  15  de  Tiberio,  siendo 
procurador  de  Judea  Pilato,  tefrarca  de  Galilea  Herodes,  su  herma- 
no Filipo  tetrarca  de  Iturea  y  Tracon'tide.  y  Lisania  de  Abilina,  en 
tiempo  de  los  sumos  sacerdotes  Anás  y  Caifás  (3,1-3). 

El  principio  del  ministerio  público  de  Jesús  se  enmarca  en  el  mi- 
nisterio de  Juan,  que  le  precedió,  y  el  de  éste  en  el  gobierno  polí- 
tico y  religioso  de  su  tiempo.  Lucas  es  tan  preciso  aquí  que  no  da 
el  título  de  reyes  ni  a  Herodes  ni  a  Filipo,  aunque  se  lo  daba  el 
pueblo,  sino  el  propio  y  oficial  de  tetrarcas. 

Puesto  el  marco  político  y  religioso  de  los  principios  del  minis- 
terio de  Jesús,  nos  da  su  edad,  como  treinta  años,  y  su  genealogía 


22 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


legal.  Ninguno  de  los  otros  evangelistas  ha  encuadrado  tan  histó- 
ricamente el  comienzo  de  la  actividad  del  Señor. 

La  historia  del  ministerio  en  Galilea  procede  también  según  or- 
den cronológico.  Basta  primero  pensar  que  Lucas  sigue  en  ella  a 
Marcos,  el  cual  se  atiene  a  la  sucesión  objetiva  y  real  de  los  suce- 
sos. Pero,  aun  sin  esta  observación  general,  el  análisis  mismo  de 
las  narraciones  nos  indica  que  vamos  siguiendo  al  Señor  por  un 
camino  de  realidades.  La  predicación  en  Nazaret  abre  el  ministerio 
y,  aunque  Mateo  y  Marcos  la  ponen  más  tarde,  existe  un  funda- 
mento histórico:  que  el  Señor,  viniendo  de  ]udea,  entró  primero  en 
Nazaret.  Así  se  puede  pensar  por  Mt  4,12. 

La  pesca  milagrosa,  que  es  exclusiva  de  San  Lucas  (5,1-10),  res- 
pira una  psicología  que  no  puede  ser  sino  de  los  principios.  Tal  el 
asombro  de  Pedro  y  las  palabras  que  dirige  al  Maestro,  conside- 
rándose indigno  de  estar  a  su  lado  (5,8.9). 

El  sermón  del  Monte,  que  ha  omitido  San  Marcos,  está  coloca- 
do en  su  momento  histórico.  Mediado  ya  el  ministerio  galileo.  La 
embajada  del  Bautista,  que  tampoco  está  en  Marcos,  no  se  coloca 
al  azar,  sino  según  su  orden  histórico.  Antes  de  las  parábolas  y 
de  la  misión  de  los  Doce,  que  sabemos  coincide  con  la  muerte  del 
Precursor.  Todo  lo  que  sigue,  como  la  multiplicación  de  los  panes, 
la  confesión  de  San  Pedro,  la  transfiguración,  sabemos  que  tuvie- 
ron lugar  al  final  y  que  están  en  su  momento  propio. 

San  Lucas  tiene  cuidado  de  tejer  una  narración  conforme  a  la 
sucesión  cronológica  de  los  hechos.  Sí  la  resurrección  del  hijo  de 
la  viuda  de  Naím  precede  a  la  embajada  de  Juan,  y  le  sigue  la 
conversión  de  la  pecadora,  narraciones  ambas  exclusivas  de  San 
Lucas,  razonablemente  pensando  hemos  de  darle  la  razón  al  evan- 
gelista, creyendo  que  las  ha  puesto  en  su  lugar  justo,  y  no  al  azar. 
Si  en  todo  lo  demás  tiene  cuidado  de  ordenar  cronológicamente,  y 
no  al  bulto,  esto  mismo  debió  hacer  en  los  hechos  que  sólo  él 
cuenta  y  que  no  podemos  verificar  con  otra  prueba. 

Una  observación  interesante,  que  revela  el  afán  histórico  y  cro- 
nológico de  San  Lucas,  es  que  en  la  ordenación  de  los  hechos  se 
separa  de  Mateo  para  ir  con  Marcos.  Todos  admiten  que  el  Evan- 
gelio de  Mateo  se  rige  por  la  ley  de  la  concentración. 

En  el  cuadro  de  la  Pasión  y  Resurrección,  San  Lucas  se  atiefie 
también  al  orden  cronológico  de  los  sucesos.  La  razón  general  es 
la  misma  de  antes:  sus  analogías  con  Marcos  en  materia  de  orden. 
Siempre  lo  prefiere  a  Mateo.  La  lazón  particular  está  en  el  análi- 
sis mismo  de  la  narración.  San  Lucas  es  muy  preciso  en  esta  sec- 
ción en  materia  de  topografía.  Se  acerca  a  Jericó,  atraviesa  Jericó 
(18,35;  19,1).  En  el  camino  a  Jerusalén  va  delante  de  los  discípu- 
los (19,28).  Jesús  llora  al  acercarse  a  Jerusalén,  y  antes,  cuando  ha 
empezado  a  bajar  por  la  falda  occidental  del  monte  de  los  Olivos, 
es  cuando  la  muchedumbre  se  ha  hecho  más  compacta  (19,37.41).  En 
el  Huerto,  el  Señor  se  separa  de  los  discípulos  un  espacio  concre- 


ORDEN  LITERARIO 


23 


to,  el  que  se  puede  alcanzar  con  la  mano  al  arrojar  una  piedra 
(22,41).  Emaús  dista  160  estadios  de  Jerusalén  (24,13). 

Todas  estas  observaciones  particulares  no  son  de  quien  narra 
de  espaldas  al  orden  histórico  y  objetivo  de  los  hechos.  Quien  se 
interesa  por  estos  pormenores  se  ha  interesado  por  la  sucesión  real 
de  los  hechos.  Pensar  que  San  Lucas,  después  de  tan  escr-upulosas 
investigaciones  como  las  que  él  confiesa  haber  realizado  junto  a  los 
testigos  mismos  de  los  acontecimientos,  y  a  tan  corta  distancia  de 
la  historia  misma,  no  conocía  el  orden  y  la  topografía  de  los  he- 
chos, nos  parecen  afirmaciones  que  no  se  prueban,  aunque  se  pro- 
nuncian a  veces  con  facilidad  con  ciertas  pretensiones  de  hipercrítica. 

Los  historiadores  griegos  y  latinos  de  su  tiempo  se  interesaban 
por  el  orden  histórico  de  los  sucesos.  Cicerón  decía:  rerum  raí/o 
ordinem  temporum  desiderat,  regionum  descriptionem  ^ .  Cuando  San 
Lucas  promete  escribir  con  orden,  es  razonable  pensar  que  se  re- 
fiere al  orden  de  los  historiadores  de  su  tiempo.  La  palabra  que 
emplea  es  la  misma  de  que  se  sirve  Tucídides  ^.  En  su  historia  se- 
ñala a  veces  los  años  (3,1),  los  meses  (1,24.26.56),  los  días  (1,50; 
2,21;  2,44.46;  9,37;  24,13),  hasta  las  horas.  A  una  hora  de  inter- 
valo (22,59;  24,33),  a  la  misma  hora  (2,38;  10,21).  Las  partes  del 
día,  como  la  mañana  (4,42;  6,13;  22,66;  24,1)  y  la  tarde  (4,40;  23,54). 

Si  se  examina  el  orden  que  sigue  en  el  libro  de  los  Hechos,  se 
ve  que  prevalece  con  mucho  el  orden  estrictamente  histórico.  Es 
justo  pensar  que  éste  es  el  que  tiene  presente  en  el  Evangelio. 

ARTICULO   III  , 
El  orden  literario  de  S.^n  Lucas 

San  Lucas  es  un  historiador  y  un  artista  de  la  palabra.  Ha  cui- 
dado mtucho  de  combinar  el  orden  histórico  con  el  que  pudiéramos 
llamar  literario  para  lograr  de  su  narración  una  historia  que  se  le- 
yera con  facilidad  y  con  provecho.  Los  historiadores  de  su  tiempo 
se  permitían,  a  veces,  cambiar  el  orden  cronológico  de  los  sucesos 
para  hacer  más  agradable  la  lectura  y  más  fácil  la  retención  y  la 
exposición  pedagógica.  Esto  es  también  lo  que  ha  hecho  San  Lu- 
cas. Hay  casos  donde  adelanta  y  retrasa  la  narración  de  un  suceso 
por  motivos  literarios  y  pedagógicos,  cuando  intervienen  analogías 
de  materia,  unidad  de  personajes.  El  1909  decía  Rose  que  Lucas 
hace  uso  con  frecuencia  del  método  de  exclusión  o  de  eliminación. 
Introduce  en  escena  un  personaje  y  de  <un  golpe  le  hace  decir  su 
papel  completo.  Desaparece  y  ya  no  vuelve  a  salir  en  el  lugar  his- 
tórico que  le  corresponde  ^. 

3  De  oratore,  2,15,63. 

*  Cf.  GiRARD,  p.58  not.5;  H.  LtsXTRE,  La  méthode  historique  de  S.  Luc:  RB  1 
(1892)  pp. 171-185.  Observa  que  la  palabra  ex  ordine,  de  que  se  sirve  San  Lucas, 
la  emplea  tres  veces  en  el  sentido  de  orden  histórico  y  una  en  el  sentido  de  orden 
topográfico:  Le  8,1;  Act  3,24;  11,4;  18,23. 

■  Evangile  selon  St.  Luc  (París  1909)  pp.XV-XVI. 


24 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


La  concepción  general  del  Evangelio,  según  hemos  visto,  es  lite- 
raria. Ha  encuadrado  toda  la  actividad  pública  del  Señor  en  un 
marco  topográfico  muy  concreto:  Galilea,  el  viaje  y  Jerusalén.  Y  el 
arte  de  este  marco  histórico  consiste  en  conservarle  toda  su  uni- 
dad literaria.  Si  San  Lucas  se  hubiera  atenido  exclusivamente  al 
orden  histórico,  hubiera  tenido  que  hablar  de  varios  viajes  y  en- 
tradas en  Jerusalén  darante  el  ministerio  en  Galilea.  El  ha  forma- 
do tres  cuadros,  y  hasta  que  no  termina  cada  uno  de  ellos,  no  em- 
pieza el  segundo.  Empieza  con  el  cuadro  galileo,  sigue  con  el  de  los 
viajes  y  termina  con  el  de  Jerusalén.  Los  cuadros  se  suceden,  no  se 
interfieren  nunca.  Este  es  un  arte  y  un  método  práctico  en  peda- 
gogía. 

Este  método  general  lo  sigue  en  las  narraciones  particulares,  en 
los  cuadros  más  pequeños.  Empecemos  por  el  de  la  infancia. 

1 )  María  se  quedó  con  Isabel  unos  tres  meses;  después  se  vol- 
vió a  su  casa  (1,56).  Así  se  termina  el  episodio  de  la  Visitación. 
Ateniéndose  a  la  pura  letra  de  este  texto,  algunos  autores  piensan 
que  la  Virgen  se  despidió  de  Isabel  antes  de  que  naciera  Juan.  La 
narración  del  nacimiento  del  niño  viene,  efectivamente,  después.  Sin 
embargo,  otros  autores  no  creen  verosímil  que  la  Virgen  dejara  a 
su  anciana  pariente  en  el  momento  en  que  más  la  iba  a  necesitar 
en  su  casa  y  en  el  momento  de  máxima  alegría.  La  Virgen,  que 
había  venido  a  verla  para  congratularse  con  ella  y  felicitarla,  que 
prolonga  tanto  la  visita,  se  quedaría  hasta  el  nacimiento  de  Jiuan. 
El  hecho  mismo  de  señalar  San  Lucas  la  fecha  de  su  partida,  que 
coincide  con  los  tres  meses  que  faltaban  para  el  parto  de  Isabel, 
parece  favorecer  esta  explicación. 

¿Por  qué,  sin  embargo,  dice  que  la  Virgen  se  marchó,  y  luego 
cuenta  la  historia  del  nacimiento?  Por  su  método  Hterario  de  exclu- 
sión o  eliminación.  Termina  primero  el  cuadro  completo  de  la  Visi- 
tación y  luego  empieza  el  del  nacimiento  de  Juan.  La  historia  se 
combina  así  con  el  arte. 

2)  Y  al  punto  su  boca  y  su  lengua  quedaron  libres  y  comenzó 
a  hablar  y  a  bendecir  al  Señor  (1,64). 

El  momento  histórico  del  Benedictus  era  éste,  cuando  Zacarías 
recobra  el  habla  y  empieza  a  bendecir  al  Señor.  Con  esto  dice  su- 
ficientemente el  evangelista  que  entonces  fué  cuando  pronunció  ej 
cántico.  El,  sin  embargo,  espera  a  completar  el  cuadro  del  naci- 
miento y  de  la  fiesta  con  la  impresión  que  causaron  tantas  maravi- 
llas en  los  vecinos.  Y  sólo  entonces  considera  llegado  el  momento 
literario  de  poner  completo  el  texto  del  Benedictus  (1,68-79). 

3)  El  Niño  iba  creciendo  y  se  fortificaba  espiritual  mente,  y 
moró  en  las  regiones  solitarias  hasta  que  llegó  el  día  de  manifestar- 
se a  Israel  (1,80). 

He  aquí  oino  de  los  casos  más  evidentes  del  método  de  elimi- 
nación propio  de  San  Lucas.  Anticipa  el  resumen  de  la  niñez  y  ju- 
ventud de  Juan  para  completar  el  cuadro  de  su  historia  oculta.  Lue- 
go empezará  el  cuadro  del  nacimiento  y  formación  de  Jesús.  Este 


ORDEN  LITERARIO 


25 


orden  literario  no  perturba  en  nada  el  histórico,  sino  que  da  cohe- 
sión y  unidad  a  toda  la  narración. 

4)  Así  que  cumplieron  todo  lo  que  ordena  la  ley  del  Señor,  se 
volvieron  a  Galilea,  a  Nazaret,  su  ciudad  (2,39). 

No  es  éste  un  caso  de  eliminación,  pero  sirve  para  compren- 
der el  orden  histórico  y  literario  de  San  Lucas.  Los  que  no  cono- 
cen sus  métodos  se  desconciertan  fácilmente  con  esta  manera  de 
narrar.  Como  si  la  Sagrada  Familia  se  hubiera  establecido  en  Na- 
zaret inmediatamente  después  de  la  presentación.  Cuando  vienen 
después  los  Magos  sabemos  que  la  Sagrada  Familia  estaba  viviendo 
€n  una  casa  de  Belén. 

Una  exégesis  demasiado  literalista  nos  dirá  que  San  José  y  la 
Virgen  faeron  a  Nazaret  después  de  la  presentación  para  desoe- 
dirse  de  los  suyos  y  recoger  sus  cosas  antes  de  establecerse  en  Be- 
lén. Sin  embargo,  esta  ida  transitoria  a  Nazaret  no  se  prueba  por 
San  Lucas.  El  se  refiere  a  la  ida  definitiva.  Así  se  deduce  de  lo 
que  sigue:  Y  el  Niño  crecía  y  se  desarrollaba...  Sus  padres  iban 
todos  los  años  a  Jerusalén  por  la  fiesta  de  la  Pascua  (2,40.41). 

San  José,  cuando  vuelve  de  Egipto,  tenía  pensado  establecerse 
en  Belén.  Esto  lo  creía  más  conforme  con  los  planes  de  Dios.  Y 
es  un  indicio  de  que  después  de  la  presentación  se  estableció  allL 
Los  Magos  encuentran  al  Niño  en  una  casa.  ¿Cómo  San  Lucas  nos 
habla  de  un  establecerse  en  Nazaret  después  de  la  presentación? 

Ya  San  Agustín  decía  que  los  evangelistas  miran  como  si  no  hu- 
biera sucedido  lo  que  ellos  no  cuentan.  Y  así  ordenan  su  historia. 
San  Lucas  ha  omitido  conscientemente  la  venida  de  los  Magos  y  el 
destierro  de  Egipto  para  no  romper  la  unidad  topográfica  del  cua- 
dro de  la  infancia.  Su  mente  se  dirige  directamente  al  episodio  del 
Niño  perdido  en  el  templo,  apenas  termina  la  narración  de  la  pre- 
sentación. Y  por  esta  razón  nos  habla  en  seguida  del  establecimien- 
to en  Nazaret.  La  unión  inmediata  de  las  dos  historias  es  literaria; 
la  unión  real  es  mediata.  Conviene,  pues,  distinguir  el  orden  lite- 
rario del  orden  histórico.  En  el  primero  la  sucesión  es  inmediata; 
en  el  segundo,  mediata. 

Las  partículas  así  que  {et  ut)  no  siempre  tienen  un  sentido  de 
consecución  temporal  inmediata,  sino  que  pueden  referirse  a  una 
simple  y  mera  sucesión  temporal,  sin  precisar  más. 

La  combinación  del  orden  cronológico  con  el  literario  es  una 
norma  que  preside  toda  la  composición  del  tercer  Evangelio.  Hasta 
aquí  la  hemos  verificado  en  el  cuadro  de  la  infancia.  Vamos  a  exa- 
minarla ahora  en  el  cuadro  del  ministerio  público. 

5)  Inmediatamente  después  de  contar  el  ministerio  de  Juan,  y 
antes  de  empezar  el  de  Jesús,  nos  dice  San  Lucas:  Pero  Herodes 
el  tetrarca,  a  quien  había  reprendido  a  propósito  de  Herodías,  la 
mujer  de  su  hermano,  y  a  propósito  de  todos  los  crímenes  que  ha- 
bía cometido,  puso  el  colmo  a  todos  ellos  metiendo  a  Juan  en  la 
cárcel  (3,19.20). 

A  continuación  empieza  Lucas  el  cuadro  del  ministerio  público 


26 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


del  Señor  y  cuenta  el  bautismo.  ¿Se  ha  roto  el  orden  histórico?  No, 
sino  que  se  ha  combinado  con  el  literario.  Ha  terminado  el  cuadro 
del  ministerio  de  Juan,  que  se  cierra  con  su  prisión,  y  ahora  em- 
pieza el  nuevo  cuadro  del  ministerio  de  Jesús,  que  en  su  mayor 
parte  fué  cronológicamente  posterior  al  de  Juan,  pero  en  parte  pa- 
ralelo. Lucas  da  con  esto  por  terminado  el  ministerio  de  Juan.  Y 
así,  aun  separándose  de  Mateo  y  de  Marcos,  no  hablará  de  la  pri- 
sión de  J.uan  en  su  momento  histórico,  cuando  el  Señor  se  marcha 
a  Galilea  (4,14). 

6)  La  predicación  del  Señor  en  la  sinagoga  de  Nazaret  (4,16-30) 
es  uno  de  los  casos  típicos  del  método  literario  de  San  Lucas.  Mien- 
tras que  San  Mateo  (13,54-58)  y  San  Marcos  (6,1-6)  la  colocan 
en  pleno  ministerio  galileo,  después  de  las  parábolas  del  Lago, 
San  Lucas  la  sitúa  al  principio,  cuando  acaba  de  llegar  de  Judea. 
¿Qué  orden  ha  seguido  en  esto  San  Lucas?  El  de  siempre,  ei  orden 
histórico  combinado  con  el  literario.  La  narración  de  San  Lucas  es 
la  fusión  o  síntesis  de  dos  o  más  escenas  históricamente  distantes. 
En  la  primera  parte,  los  nazaretanos  se  entusiasman  con  su  paisa- 
no (4,22).  En  la  segunda  se  indignan  contra  él  y  quieren  matar- 
lo (4,28-30).  Este  cambio  de  ánimos  se  explica  mejor  si  no  ha  su- 
cedido todo  el  mismo  día,  sino  en  ocasiones  y  visitas  distintas.  En 
la  segunda  parte  (4,23)  se  alude  también  a  los  milagros  obrados 
en  Cafarnaúm.  Luego  antes  de  venir  a  Nazaret  ha  estado  allí.  San 
Lucas,  sin  embargo,  lo  acaba  de  traer  de  Judea.  ¿Cómo  explicar  esta 
anticipación?  Por  el  método  de  eliminación  o  de  exclusión.  Esta  na- 
rración ha  englobado  dos  o  más  visitas  a  Nazaret.  Una  pudo  tener 
lugar  al  venir  el  Señor  de  Judea.  a  la  que  parece  aludir  San  Ma- 
teo (4,13).  En  esta  primera  visita  fué  admirado  de  los  nazaretanos. 
Y  éste  es  el  ánimo  que  reflejan  los  primeros  versos  (4,16-33).  Con- 
cide  con  la  narración  de  San  Juan,  que  pondera  la  buena  acogida  de 
los  galileos  (4,45)^. 

La  otra  visita  está  latente  en  la  segunda  parte  (4,23-30).  En  el 
verso  22  el  público  comenta  favorablemente  el  discurso  del  Señor,  y 
es  más  propio  qae  esto  se  hiciera  después  de  terminada  toda  la  fun- 
ción. El  final  de  la  otra  sesión  es  violento.  Arrojan  al  Señor  fuera 
de  la  ciudad  con  la  idea  de  precipitarlo  desde  la  montaña  (v.29). 

Algunos  autores  '  llegan  a  distinguir  tres  escenas  distintas  en  esta 
narración.  Dos,  sin  embargo,  se  pueden  sostener  con  gran  probabi- 
lidad. San  Lucas  las  ha  agrupado  en  una  única  narración,  siguiendo 
su  método  de  eliminación.  La  primera  visita  sucedió  al  principio,  cuan- 
do vino  de  Judea.  Y  esa  visita  ha  atraído  la  segunda,  que  cuentan 
más  tarde  los  dos  primeros  Evangelios.  Con  ello  San  Lucas  ya  no 


'  Sobre  el  sentido  que  tiene  en  labios  del  Señor  el  proverbio  que  cita  Jn  4,44, 
cf.  Dorado,  Praelectioncs  biblicae,  I  p.461  n.318. 

'  ].•  lyC  4,16-22a.  Tuvo  lugar  al  principio  del  ministerio  y  coincide  con  Mt  4,13. 

2.  *  4,22b-24,  que  coincide  con  Mt  13,53-58  y  Me  6,1.  Esta  tendría  lugar  al 
medio  del   ministerio  galileo. 

3.  *  L,c  4,25-30.  Esta  sería  exclusiva  de  Le.  Cf.  E.  Osty,  L'Evorujile  seJon  St^  Li  . 
(Sainte  Bible  Jérusalem,  París  1948)  p.20. 


ÓRDENÍ  LITÉRARIÓ 


11 


laccesita  volver  a  tratar  de  Nazaret.  Esta  materia  queda  ya  eliminada. 

7)  La  vocación  de  los  primeros  discípulos  en  Galilea,  tal  y  como 
la  cuentan  San  Mateo  (4,18-22)  y  San  Marcos  (1,16-20),  no  es  fácil 
de  concordar  con  la  narración  de  San  Lucas  (5,1-11).  Es  un  proble- 
ma muy  discutido  desde  antiguo.  La  mayoría  de  los  autores  tiende  a 
identificar  ambas  narraciones.  Otros,  sin  embargo,  se  resisten  a  ello 
y  dan  sus  razones.  En  primer  lugar,  San  Lucas  se  puede  decir  que 
no  habla  de  la  vocación.  Solamente  tiene  una  alusión  ligera,  por  vía 
de  promesa  y  profecía,  a  la  vocación  particular  de  San  Pedro:  No 
tengas  miedo;  algún  día  serán  hombres  los  que  tú  pesques  (5,10).  Lue- 
go consigna  por  vía  de  hecho  la  vocación  de  los  demás,  sin  mencio- 
nar el  llamamiento  por  parte  del  Señor:  Condujeron,  pues,  las  barcas 
a  tierra,  y,  dejándolo  todo,  le  siguieron  (5,11). 

Este  final  es  lo  que  refleja  más  la  narración  de  los  dos  primeros 
evangelistas.  Lo  que  precede,  todo  se  refiere  a  la  pesca  milagrosa, 
que  es  exclusiva  de  San  Lucas.  El  marco  circunstancial  difiere  del 
que  ponen  San  Mateo  y  San  Marcos  a  la  vocación.  En  Mt-Mc,  Pe- 
dro y  Andrés  echan  a  la  mar  una  red  de  mano,  mientras  que  Santia- 
go y  Juan  remiendan  las  redes.  En  San  Lucas,  antes  de  la  pesca  mi- 
lagrosa, Pedro  no  pesca;  Santiago  y  Juan  lavan  las  redes.  Al  Señor 
le  agobia  la  muchedumbre. 

Estas  diferencias  mueven  a  otros  autores  a  distinguir  la  pesca  mi- 
lagrosa de  la  vocación  de  los  discípulos.  La  vocación  pudo  tener  lu- 
gar al  comienzo  del  ministerio  en  Galilea,  y  la  pesca  milagrosa,  un 
poco  después.  San  Lucas,  que  omitió  entonces  la  vocación,  se  ha  con- 
tentado con  aludir  a  ella  un  poco  más  tarde,  cuando  narra  la  pesca, 
en  la  cual  ha  podido  ver  un  símbolo  de  la  realidad  apostólica 

En  esta  teoría,  tendríamos  aquí  un  caso  más  del  método  literario 
de  San  Lucas.  Habría  desplazado  de  su  momento  histórico  la  voca- 
ción de  los  apóstoles  y  juntádola  a  la  historia  de  la  pesca  milagrosa, 
que  el  mismo  Señor  interpretó  como  símbolo  de  la  vida  apostólica,  al 
dirigirse  y  alentar  a  San  Pedro  (5,10).  El  seguimiento  de  los  discípu- 
los, que  viene  a  continuación,  es  el  que  históricamente  habría  pos- 
puesto San  Lucas  (5,11). 

8)  En  el  cuadro  de  la  pasión  y  resurrección  tenemos  también 
algunos  ejemplos  del  mismo  sistema  de  eliminación.  El  ciego  de  Jericó 
podría  explicarse  en  este  sentido.  Mt-Mc  sitúan  el  milagro  a  la  salida 
de  la  ciudad;  Le  lo  pone  a  la  entrada.  ¿Cómo  explicar  esta  aparente 
contradicción?  Los  ingenios  han  excogitado  diversas  soluciones.  Una 
razonable  puede  ser  ésta,  que  se  funda  en  los  métodos  literarios  de 
San  Lucas.  La  curación  sucedió  a  la  salida,  como  narran  los  dos  pri- 
meros evangelistas.  San  Lucas  la  ha  anticipado,  porque  su  atención 
está  concentrada  en  la  conversión  de  Zaqueo  y  en  la  parábola  de  las 
diez  minas,  que  se  empalma  inmediatamente  con  la  subida  a  Jerusa- 
ién  (18,35-19,28).  Para  dar  un  fundamento  real  a  esta  anticipación 
literaria,  algunos  autores  suponen  que  el  ciego  estaba  sentado  a  la 


Cf.  GiRARD,  p.79  not.l. 


28 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


entrada  de  la  ciudad,  como  dice  San  Lucas  (18,35).  Luego  se  pasó 
a  la  puerta  de  salida  y  esperó  alli  al  Señor.  El  milagro  se  operó  en 
esta  segunda  puerta.  Lucas  lo  ha  anticipado,  porque,  al  consignar  el 
hecho  primero,  de  que  estaba  sentado  a  la  puerta  de  entrada,  ha  jun- 
tado en  una  sola  narración  todo  lo  que  se  refería  al  ciego.  Este  sería 
un  caso  más  de  auténtica  eliminación  ^. 

9)  La  comunión  de  jadas  es  muy  discutida  entre  los  autores.  Hoy 
la  mayoría  cree  que  Judas  no  comulgó.  La  razón  se  funda  en  el  mé- 
todo literario  de  San  Lucas,  que  ha  reunido  los  hechos  y  palabras 
de  la  última  Cena,  no  según  el  orden  histórico,  sino  según  cierto  or- 
den literario  por  materia  y  por  contraste.  Así  se  explica  que  hable 
de  la  traición  de  Judas  y  de  su  revelación  por  el  Señor  después  de 
haber  tratado  de  la  Eucaristía.  Empieza  exponiendo  el  objeto  prin- 
cipal de  su  narración:  la  cena  pascual  y  la  cena  eucaristica  (Z2,15-!¿U). 
Luego,  por  contraste,  muestra  la  actitud  ingrata  de  los  discípulos,  que 
le  traicionan,  le  niegan  y  le  abandonan.  El  contraste  está  marcado 
por  la  partícula  adversativa,  con  que  se  abre  esta  segunda  par- 
te (22,21-34).  Los  demás  evangelistas  cuentan  la  revelación  del  trai- 
dor antes  de  la  institución  de  la  Eucaristía.  Y  San  Juan  dice  que 
salió  antes  de  la  gran  expansión  de  amor  que  señala  el  discurso  de 
despedida 

10)  El  proceso  del  Señor  ante  el  tribunal  eclesiástico  de  los  ju- 
díos ha  ocasionado  también  sus  divergencias  entre  los  autores  por  la 
manera  como  lo  narra  San  Lucas  y  los  dos  primeros  evangelistas. 
Mt-Mc  hablan  de  dos  sesiones;  San  Lucas,  de  una  sola:  la  de  la 
mañana.  Hoy  generalmente  se  admiten  dos  sesiones,  una  nocturna  y 
otra  matinal.  Por  la  Mishna  sabemos  también  que  una  sentencia  de 
muerte  no  se  podía  dar  sino  en  una  segunda  sesión  San  Lucas 
ha  seguido  aquí  su  orden  literario.  Después  del  prendimiento  dice 
que  condujeron  al  Señor  a  casa  del  sumo  sacerdote  (22,54).  Luego 
reúne  en  un  solo  bloque  toda  la  historia  de  las  negaciones  de  San 
Pedro  (22,55-62)  y  las  burlas  de  los  que  tenían  preso  al  Señor  (63-65). 

Contado  lo  que  se  refiere  a  San  Pedro  y  a  los  soldados,  pasa  a 
narrar  todo  lo  que  se  refiere  al  Sanedrín,  fusionando  en  una  sola  se- 
sión de  la  mañana  lo  que  sucedió  en  la  de  la  noche.  La  de  la  ma- 
ñana fué  la  más  importante  y  oficial.  La  sentencia  de  muerte  tenía 
que  pronunciarse  en  ella  (22,66-71) 

11)  El  orden  literario,  combinado  con  el  histórico,  no  es  exclu- 
sivo del  EvangeUo.  Lo  encontramos  también  en  el  libro  de  los  He- 
chos. Baste  un  ejemplo,  que  es  el  más  conocido.  Se  refiere  al  viaje 
de  San  Pablo  y  Bernabé  a  Jerusalén  con  motivo  de  las  limosnas  re- 
cogidas en  Antioquía  (Act  11,27-12,25).  La  ordenación  más  probable 
de  esta  sección  se  apoya  en  el  método  de  la  eliminación.  El  recuer- 
do de  la  profecía  de  Agabo  sobre  el  hambre  universal  atrae  y  anti- 


»  Cf.  GiRARD,  pp. 86-87. 

M  Cf.  GiRARD,  pp  88-80;   Dorado,  Prnclcctiones,  I  p.802  n.650, 

"  Cf.  Stbak-BillKbieck,  I,  Daj  Evangelium  nach  Matthüus  (München  1922)  p.l024. 
»  Cf.  üikA«D,  pp.89-90. 


PLAN  DE  LA  SECCIÓN  DE  LOS  VIAJES 


29 


cipa  la  narración  de  su  cumplimiento  y  de  la  ayuda  que  prestaron 
los  cristianos  de  Antioqu.a  a  la  Iglesia  madre  de  Jerusalén  por  medio 
de  la  misión  de  Pablo  y  Bernabé.  Probablemente,  Pablo  y  Bernabé 
no  fueron  a  Jerusalén  hasta  después  de  la  muerte  de  Santiago  y  del 
rey  Agripa  (Act  12,1-23)  '\ 

Como  estos  ejemplos  se  podrían  recoger  otros  del  Evangelio  y 
del  libro  de  los  Hechos.  Ellos  bastan  para  ver  el  orden  literario  que 
a  veces  sigue  San  Lucas.  Sus  características  son: 

1.  ^)  Fusión  o  reunión  de  hechos  distintos  entre  sí  históricamen- 
te, pero  relacionados  de  alguna  manera,  o  por  el  lugar,  o  por  la  per- 
sona, o  por  la  materia  en  general.  Esa  fusión  literaria  contribuye  a 
realzar  los  hechos,  dándoles  una  cohesión  interna,  que  sirve  de  ma- 
yor viveza  y  valor  pedagógico. 

2.  ')  Esta  fusión  altera  el  orden  histórico,  sin  avisar  al  lector, 
aunque  muchas  veces  un  análisis  serio  del  texto  descubre  indicios 
suficientes,  que  se  convierten  en  certeza  cuando  se  compara  la  na- 
rración de  Lucas  con  la  de  los  otros  evangeHstas. 

3.  ")  En  el  cuadro  redaccional  de  Lucas,  una  de  las  partes  está 
en  su  momento  real  e  histórico.  Es  el  núcleo  de  atracción.  La  per- 
turbación del  orden  real  no  es  más  que  particular  y  secundaria. 

4.  ^)  Las  partes  desplazadas  suelen  más  bien  adelantarse  atraídas 
por  un  núcleo  central,  que  ha  sucedido  primero. 


ARTICULO  IV 
El  plan  literario  de  la  sección  de  los  viajes 

La  sección  de  los  viajes  merece  un  estudio  particular,  si  se  quiere 
encuadrar  en  el  marco  restante  del  EvangeUo  y  en  el  de  los  otros 
evangelistas.  Algunos  autores,  en  sus  sinopsis  o  concordias,  dan  por 
desesperado  el  resultado  y  renuncian  a  armonizar  esta  gran  parte  del 
tercer  Evangelio,  dejándola  completa  para  el  final  del  ministerio  ga- 
lileo.  Sin  hacernos  la  ilusión  de  que  podamos  llegar  a  una  conclusión 
cierta,  creemos  que  vale  la  pena  el  estudio  de  esta  larga  sección,  para 
ver  si  se  le  puede  encontrar  su  verdadero  momento  histórico  den- 
tro del  cuadro  general  de  la  vida  del  Señor.  Todo  desaliento,  aunque 
se  cubra  con  velo  de  crítica,  es  estéril.  En  cambio,  aun  el  simple  es- 
fuerzo del  intento  ya  es  un  paso  hacia  la  meta  y  el  éxito. 

La  sección  de  los  viajes  empieza  en  9,51.  La  materia  propia  de 
San  Lucas  termina  en  18,14.  En  este  sentido  consta  de  350  versos. 
Así  sólo  es  la  parte  más  larga  del  tercer  EvangeHo.  Pero  como  sec- 
ción de  viaje  no  termina  en  18,14,  sino  que  se  continúa  hasta  la  en- 
trada en  Jerusalén.  Aunque,  desde  18,15,  San  Lucas  va  paralelo  con 

"  Cf.  E.  Lesetre,  La  méthode  historique  de  S.  Luc:  RB  1  (1892)  pp.l71.185; 
recorre  los  casos  más  salientes  del  libro  de  los  Hechos,  p.lSl;  BelsER,  Einlcitunü  in 
das  N.T.,  p.l5ss;  A.  CamEri,ynk,  Commentarius  in  Actus  Apostolorum  (Brugis  1923) 
p.233. 


Jó 


EVANGELIO  DE  SAN  LtiCAs 


Marcos  y  con  Mateo,  el  marco  del  viaje  sigue  hasta  19,28.  La  parte 
exclusivamente  suya  (9,51-18,14)  la  ha  sabido  empalmar  perfectamen- 
te con  el  viaje  para  la  pasión,  desde  Jericó  hasta  Jerusalén,  que  cuen- 
tan los  dos  primeros  Evangelios.  Tomada  así  en  todo  su  conjunto,  la 
sección  del  viaje  o  de  los  viajes  consta  de  407  versos.  Bastante  más 
que  cualquiera  de  las  otras  secciones. 

Lo  primero  que  llama  la  atención  en  esta  sección  es  el  horizonte 
que  se  ve  en  ella  constantemente:  Jerusalén.  Literariamente,  por  lo 
menos,  siempre  estamos  en  ascensión  constante  hacia  la  ciudad  santa. 
Es  un  círculo  cerrado  de  ascensión  y  de  viaje.  El  círculo  empieza 
en  9,51  y  se  cierra  en  19,28.  Jesús  aparece  en  un  constante  movi- 
miento, en  un  seguido  caminar  hacia  Jerusalén,  que  se  nombra  va- 
rias veces  como  término  ideal,  nunca  como  término  logrado.  Los  tres 
anuncios  de  que  Jesús  se  dirige  a  Jerusalén  pueden  señalar  las  tres 
partes  de  la  sección. 

Primera  parte  (9,51-13,21) 

El  Señor  se  encamina  a  Jerusalén  por  territorio  samaritano 
(9,51.53).  En  el  camino  se  ofrecen  tres  a  seguirle.  Tres  casos  de  vo- 
cación al  apostolado  (9,57-62).  El  viaje  es  lento  y  apostólico.  Se- 
tenta y  dos  discípulos  van  delante  a  todas  las  ciudades  por  donde 
ha  de  pasar  (10,1-12).  El  Señor  los  instruye  primero.  La  ciudad  que 
no  los  reciba  será  maldita.  Aquí  San  Lucas  inserta  las  maldiciones 
contra  Corozaín,  Betsaida  y  Cafarnaúm  por  analogía  con  la  mal- 
dición que  caerá  sobre  la  ciudad  que  no  reciba  a  s<us  discípulos.  Son 
las  ciudades  que  no  le  han  querido  escuchar  a  él  (10,13-16).  Estas 
maldiciones  históricamente  corresponden  al  final  del  ministerio  en 
Galilea  (Mt  11,20-24).  Como  ese  final  empieza  literariamente  en 
San  Lucas  ahora,  él  las  ha  encuadrado  aquí,  retrasándolas  más  bien, 
para  ponerlas  como  apéndice  de  las  instrucciones  que  da  a  los  se- 
tenta y  dos  discípulos. 

El  encuentro  con  los  setenta  y  dos  discípulos  se  verifica  duran- 
te el  viaje,  y  es  celebrado  con  grande  exultación  de  espíritu  (10,47- 
24). 

La  pregunta  que  le  hace  un  doctor  de  la  Ley  acerca  del  modo 
de  alcanzar  la  vida  eterna,  ocasiona  la  parábola  del  buen  samarita- 
no (10,25-37).  Según  va  de  viaje,  entra  en  cierta  aldea  y  se  hospe- 
da en  casa  de  Marta  (10,38).  Sigue  la  delicada  escena  de  las  dos 
hermanas  Marta  y  María  (10,39-42)  y  las  enseñanzas  sobre  la  ora- 
ción (11,1-13). 

¿Cuál  es  el  marco  topográfico  de  estos  sucesos?  San  Lucas  no 
menciona  expresamente  nada  más  que  el  territorio  samaritano  por 
donde  el  Señor  ha  pasado  (9,52).  Fuera  de  esto,  no  nos  dice  más 
que  el  Señor  está  de  viaje  hacia  Jerusalén.  La  parábola  del  buen 
samaritano  es  posible  que  la  propusiera  en  el  camino  desde  Jericó 
hacia  Jerusalén.  Poco  después  nos  encontramos  en  una  aldea  y  en 
la  casa  de  Marta  y  de  María.  Estamos  en  Betania,  muy  cerca  de 


PLAN  DE  LA  SECCIÓN  DE  LOS  VIAJES 


31 


Jcrusalén.  La  pregunta  de  los  discípulos  sobre  la  oración  y  la  ense- 
ñanza del  Paster  noster,  que  sigue  tan  de  cerca,  debió  de  suceder  en 
el  templo  o  de  cara  al  templo,  en  el  monte  de  los  Olivos.  Era  el 
sitio  por  antonomasia  de  la  oración,  que  pudo  provocar  el  deseo 
de  aprender  a  orar  en  los  discípulos.  Una  vieja  tradición,  que  es 
explícita  desde  el  siglo  XI,  relaciona  la  enseñanza  del  Pater  con  la 
basílica  constantiniana  Eleona 

Los  sucesos  que  siguen  desde  11,14-13,21,  topográficgmiente  son 
del  todo  incoloros.  Jesús  se  ve  seguido  de  las  turbas  (11,27.29),  come 
en  casa  de  un  fariseo  (11,37)  y  las  gentes  se  atrepellan  en  su  al- 
rededor (12,1.13.14).  ¿Dónde  nos  encontramos?  Literariamente,  en  el 
camino,  pues  hemos  salido  para  Jerusalén  (9,51),  y  el  evangelista 
no  nos  ha  dicho  que  hayamos  entrado  en  la  ciudad.  Poco  más  ade- 
lante, al  principio  de  la  segunda  parte,  nos  repetirá  de  nuevo  que 
vamos  hacia  Jerusalén  (13,22). 

Algún  hecho  y  enseñanza  es  posible  que  sucediera  en  Galilea. 
La  curación  del  endemoniado  mudo  (11,14-26)  la  pone  en  Cafar- 
naúm  San  Marcos  (3,20-27).  Las  parábolas  de  la  mostaza  y  de  la 
levadura  (13,18-21)  pueden  también  pertenecer  al  ministerio  gali- 
leo  (Me  4,30-32). 

El  resto  puede  pertenecer  al  ministerio  jerosolimitano.  Hay  indi- 
cios para  ello.  Las  reprensiones  a  los  escribas  y  fariseos  (11,37-54) 
las  pone  en  Jerusalén  San  Mateo  (23,1-36)  .  La  exhortación  a  la  vi- 
gilancia (12,35-59)  puede  tener  su  paralelo  en  Mt  24,42-25,13- 

La  noticia  que  algunos  le  traen  sobre  los  galileos  que  Pilato 
mandó  matar  y  la  alusión  a  la  torre  de  Siloé  cuadran  muy  bien  en  el 
marco  del  ministerio  jerosolimitano.  La  parábola  de  la  higuera,  con 
los  tres  años  que  viene  a  buscar  fruto  su  dueño,  se  puede  también 
comprender  perfectamente  en  Jerusalén  (13,1-9).  Las  enseñanzas  so- 
bre la  Providencia  y  el  peligro  de  las  riquezas  pueden  también  per- 
tenecer al  ministerio  de  Jerusalén,  donde  se  habían  concentrado  los 
más  ricos  y  poderosos  (12,1-34). 

Creemos  que  se  puede  dar  como  probable  que  la  mayor  parte 
de  este  primer  cuadro  tiene  por  marco  topográfico  el  viaje  y  la 
ciudad  de  Jerusalén.  El  marco  literario,  sin  embargo,  no  es  más  que 
el  viaje.  Literariamente  seguimos  viajando,  y  no  hemos  llegado  to- 
davía al  término.  Hemos  terminado  solamente  la  primera  etapa  del 
viaje,  la  primera  parte. 

Segunda  parte  (13,22-17,10). 

Es  un  viaje  lento  y  misionero.  El  Señor  va  caminando  por  ciu- 
dades y  aldeas,  enseñando  y  haciendo  el  viaje  a  Jerusalén  (13,22), 
San  Lucas  vuelve  a  recordarnos  que  estamos  todavía  en  el  círculo 
del  viaje.  Salimos  de  Galilea  y  seguimos  en  ruta  a  Jerusalén. 

"  Cf.  D.  Baldi,  Enchiridion  locorMn  Sanctorum:  Jerusaiem  (1935)  p.508  n.626; 
p.509  n.628;  p.510  n.629  not.l.  Cita  los  textos  de  los  tres  Sinópticas,  Mt  6,9-13; 
I^C  11,1:  Me  11,23.  Cf.  A.  Fernández,  Vidu  de  Jesucristo  (Madrid  1948)  pp.361-363. 


32 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


En  13,31,  unos  fariseos,  bien  o  mal  intencionados,  dicen  al  Se- 
Cor:  Sal  y  márchate  de  aquí,  porque  Herodes  quiere  matarte.  Aun- 
que hay  para  todos  los  gustos,  nos  parece  más  conforme  con  el 
texto  situar  la  escena  en  el  territorio  que  gobernaba  directamente 
Herodes  Antipas,  qae  era  Galilea  y  Perea.  No  podemos  precisar 
más.  También  parece  probable  que  estamos  fuera  de  Jerusalén.  Así 
se  explica  mejor  la  respuesta  del  Señor:  No  es  admisible  que  un 
profeta  perezca  fuera  de  Jerusalén  (13,33) 

En  cambio,  las  quejas  contra  Jerusalén,  que  mata  a  los  profetas, 
y  la  profecía  de  que  el  templo  ha  de  quedar  desierto  (13.34-35),  sí 
parece  que  debieron  pronunciarse  en  la  ciudad  santa.  El  contenido 
mismo  de  los  versos  hace  muy  probable  esta  hipótesis. 

Lo  que  sigue  es  muy  incoloro  topográficamente.  Jesús  se  encuen- 
tra en  una  ciudad,  come  en  casa  de  un  príncipe  de  los  fariseos 
(14,1).  Hay  invitados  que  son  maestros  de  la  Ley  (14,3),  que  bus- 
can los  primeros  puestos  (14,7).  Todo  ello  cuadra  muy  bien  en  Je- 
rusalén. La  parábola  de  la  qran  cena  se  pronuncia  en  Jerusalén,  se- 
gún San  Mateo  (22,1-10).  Existe,  pues,  un  fundamento  para  decir 
que  todo  esto  (14,1-24)  sucedió  en  Jerusalén. 

Hasta  el  capítulo  XVI  inclasive  seguimos  sin  indicios  de  orien- 
tación. Las  turbas  siguen  al  Señor  (14,25);  tos  publícanos  y  peca- 
dores (15.1);  los  escribas  y  fariseos,  que  se  escandalizan  (15,1);  los 
discípulos,  que  preguntan  en  presencia  de  los  fariseos  (16.14).  /Dón- 
de nos  encontramos?  Todas  estas  admoniciones  sobre  los  peligros 
de  las  riquezas,  sobre  el  perdón,  en  presencia  de  los  fariseos,  que 
eran  tan  duros  y  tan  avaros,  se  pueden  situar  en  cualquier  ciudad, 
pero  es  innegable  que  cuadran  bien  en  Jerusalén,  donde  más  abun- 
daban los  escribas  y  fariseos.  Tanto  más  que,  poco  antes,  tenemos 
indicios  de  encontrarnos  en  Jerusalén.  Para  lo  que  no  hay  indicio 
ninauno  en  el  Evangelio  de  San  Lucas  es  para  situarlo  en  Perea. 
región  que  él  no  menciona  nunca. 

El  final  de  esta  segunda  etapa  se  puede  localizar  en  Galilea,  a 
falta  de  otro  indicio  seguro.  Lo  que  corresponde  a  estos  versos 
(17,1-10)  tiene  su  paralelo  en  San  Mateo  Í18.6s;  15.21s;  17,20),  y 
sucede  en  Galilea.  Poco  después,  el  mismo  San  Lucas  nos  habla  del 
Señor  yendo  por  los  confines  de  Samaria  y  Galilea  (17.11). 

Esta  falta  de  precisión  topográfica  tiene  S'U  explicación  dentro 
del  marco  literario  que  le  ha  dado  San  Lucas.  El  del  viaje  a  Je- 
rusalén. Fiel  a  su  concepción  general,  no  quiere  nunca  romperla. 
Por  los  indicios  que  hemos  ido  encontrando  a  través  de  la  jornada, 
podemos  decir  que  la  mayor  parte  de  su  contenido  pertenece  al  via- 
je (13,22-33)  y  al  ministerio  en  Jerusalén  (13.34-16,31).  El  final  se 
realiza  en  Galilea  (17,1-10).  San  Lucas,  sin  embargo,  no  menciona 
ni  la  entrada  en  Jerusalén  ni  la  vuelta  a  Galilea,  porque  eso  equi- 
valdría a  romper  el  marco  general  literario  de  la  sección,  que  es  el 
viaje  a  Jerusalén.  Y  todavía  queda  una  tercera  etapa. 


"  Cf.  tamen  Girard,  p.108  not.2,  que  pone  la  escena  en  Jertisalén. 


PLAN  DE  LA  SECCIÓN  DE  LOS  VIAJES 


33 


Tercera  parte  (17.11-19.28) 

El  viaje  a  Jerusalén  vuelve  a  aparecer  por  tercera  vez,  y  reapa- 
rece en  su  fase  inicial,  en  los  confines  de  Galilea  con  Samaria  (17,11). 
La  frase  de  San  Lucas  pasó  por  los  confines  de  Samaria  y  Galilea 
no  se  puede  referir  sino  al  territorio  limítrofe  de  las  dos  provin- 
cias. Es  decir,  que  Jesús  se  encuentra  al  sur  de  Galilea  y  al  norte 
de  Samaria.  como  si  en  las  dos  etapas  anteriores  Jesús  no  hubiera 
avanzado  nada.  Recordemos  que  el  principio  de  la  etapa  primera 
fué  también  la  provincia  de  Samaria  (9,52).  Nos  ha  llevado  a  Je- 
ricó.  a  Betania,  a  Jerusalén,  y  no  nos  ha  dicho  nada.  Ahora  nos  en- 
contramos en  los  principios,  y  tampoco  nos  dice  que  hayamos  vuel- 
to a  Galilea.  ¿Qué  es  esto?  Su  fidelidad  al  marco  literario  de  la 
sección,  al  viaje  a  Jerusalén. 

Esta  tercera  etapa  del  viaje  a  Jerusalén  se  realiza  de  una  ma- 
nera más  rápida  y  directa  y  se  puede  seguir  al  Señor  con  más  se- 
guridad. Arranca  el  viaje  de  los  confines  de  Galilea  con  Samaria,  y 
en  ellos  tiene  lugar  la  curación  de  los  diez  leprosos  (17,11-19).  Si- 
gue el  discurso  escatológico  (17.20-37),  las  dos  parábolas  del  juez 
inicuo  y  la  del  fariseo  y  el  publicano  (18,1-H),  sin  que  se  pueda 
encontrar  un  indicio  de  la  situación  topográfica.  Por  analog^'a  con 
la  bendición  de  los  niños,  oue  sigue,  y  que  los  dos  primeros  Sinóp- 
ticos ponen  en  Perea.  podemos  orientarnos  de  alguna  manera  (18,15- 
17:  Mt  19.13-15;  Me  10,13-16).  San  Lucas  calla  este  marco  de  Pe- 
rea,  porque  para  él  no  existe  ahora  otro  que  el  viaje  hacia  Jer-usa- 
lén.  y  es  fiel  siempre  a  su  unidad.  El  episodio  del  joven  rico  puede 
situarse  de  la  misma  manera  (18.18-30).  Camino  de  Jericó  predice 
el  Señor  por  tercera  vez  su  pasión  (18,31-34).  Desde  aquí  es  fácil 
seguirle.  Entramos  en  Tericó;  allí  es  curado  el  ciego,  se  celebra  un 
banquete  en  ra<!a  de  Zaqueo,  y  el  Señor  propone  la  parábola  de  las 
diez  minas  fl  8.3S-19,27) .  En  la  ascensión  a  Jerusalén,  Jesús  camina 
el  primero  (19.28). 

Dos  cosas  llaman  la  atención  en  esta  tercera  fase  del  viaje  a 
Jerusalén  Una  nue  proviene  comparando  esta  fase  con  las  dos  pri- 
meras. ¿Cómo  después  de  dos  jornadas  de  viaje  nos  encontramos 
todavía  al  principio  del  mismo,  en  los  confines  de  Galilea  y  Sa- 
maria? 

La  otra  proviene  de  la  comparación  de  San  Lucas  con  los  dos 
primeros  evangelistas.  Desde  18.15,  la  narración  de  San  Lucas  se 
une  a  San  Marf'os  y  a  San  Mateo,  y,  aunque  ellos  llevan  al  Señor 
a  Perea  v  de  allí  viene  a  Jericó  y  a  Terusalén  para  la  pasión.  San 
Lucas  calla  esa  región,  como  si  a  Jericó  y  Jerusalén  viniera  direc- 
tamente de  Galilea. 

La  respuesta  a  estos  dos  interroaantes  la  encontramos  en  la  fide- 
lidad de  San  Lucas  a  su  marco  literario.  Toda  esta  gran  sección  la 
ha  encuadrado  en  el  viaje  de  Galilea  a  Jerusalén.  Y  no  quiere  rom- 
per la  unidad  del  marco.  Como  omitió  en  la  infancia  la  ida  a  Egip- 


SINOPSIS  CONCORDADA 


2 


34 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


to  para  no  sacar  al  Niño  de  la  tierra  de  Israel,  y  en  el  ministerio 
galileo  calla  la  excursión  a  Fenicia  y  Decápolis  y  el  nombre  de  Ce- 
sárea de  Filipo,  siendo  así  que  menciona  la  confesión  de  San  Pe- 
dro, así  ahora  omite  la  ida  a  Perea,  aunque  se  refiera  a  algunos  he- 
chos allí  sucedidos.  No  nos  parece  probable  que  San  Lucas  desco- 
nociera que  el  Señor  había  venido  de  Perea  a  Jericó.  Lo  tenía  bien 
claro  en  Marcos,  cuyo  texto  conoció  y  siguió.  El  hecho  de  callar 
el  nombre  de  la  región,  aun  contando  algo  de  lo  allí  sucedido,  es 
un  motivo  serio  de  que  no  ha  querido  romper  la  unidad  del  marco 
del  viaje  a  Jerusalén. 

Ya  el  1909  observaba  Rose  la  poca  importancia  que  ha  dado 
San  Lucas  al  ministerio  en  Gahlea,  comparado  con  los  dos  primeros 
Sinópticos.  La  predicación  en  Galilea  ocupa  en  San  Mateo  y  San 
Marcos  la  parte  principal.  En  San  Lucas  presenta  más  bien  el  as- 
pecto de  un  estadio  preparatorio.  Jerusalén  es  el  centro  para  él.  El 
Evangelio  es  una  luz  que  ha  amanecido  en  Galilea  y  luego  ha  ca- 
minado por  Samaría  hasta  llegar  al  pleno  día  en  Jerusalén.  De  allí 
debía  irradiar  para  todo  el  mundo  (24,47).  Este  mismo  plan  de  ex- 
pansión, de  marcha  conquistadora,  se  revela  también  en  el  libro  de 
los  Hechos 

ARTICULO  V 

La  realidad  histórica  de  los  viajes 

La  posición  de  los  autores  ante  el  problema  de  la  historicidad  de 
los  viajes  de  San  Lucas  es  muy  variada.  La  mayoría  de  los  autores 
distingue  tres  viajes  reales  e  históricos  Otros  consideran  toda  la 
sección  como  un  solo  viaje,  lento,  prolongado,  el  qran  viaje  de  la 
pasión,  que  ocupó  los  últim.os  meses  Algunos  modernos  optan  por 
una  solución  radical  y  ponen  en  duda  el  orden  histórico  de  la  gran 
sección.  Los  críticos  racionalistas  la  consideran  desprovista  de  todo 
valor  histórico  y  no  ven  en  las  diversas  alusiones  al  viaje  a  Jeru- 
salén sino  un  cuadro  artificial,  inventado  por  el  autor  para  meter 
en  él  los  materiales  que  no  había  podido  encajar  en  el  marco  gali- 
leo Otros  críticos  católicos,  como  Camerlynck,  Lebreton.  Buzy 
y  Ricciotti,  salvan  la  realidad  histórica  del  viaje,  pero  lo  consideran 
como  un  cuadro  elástico,  que  dejaron  vacío  los  dos  primeros  evan- 
gelistas, y  que  San  Lucas  ha  llenado  con  el  fruto  de  sus  investiga- 
ciones, sin  preocuparse  mucho  de  la  clasificación  histórica.  Se  pue- 
de decir  que  ésta  es  la  solucirn  de  la  exégcsis  moderna.  La  del  cua- 
dro artificial  inventado  o  la  del  cuadro  elástico      Nosotros  somos 

"  Cf.  V.  Rose,  Evangile  selon  St.  Luc    (París  1900")   introd.,  pp.XT-XV. 
E.  OsTY,   L'F.vnnd'lr  selon  Sf.   I.vr  (Taris   1^148)   pp.l«-10.   Pnra   el   sentido  que 
tiene  Le  17,11,  los  confines  de  Samaría  y  Galilea,  cf.  Girard,  p.C2  not.l. 
^  Cf.    GíRARD,    pp. 51-55. 
^  lú.,  n  56  not.l. 
^  Id.,  p  56  not.4. 

»  Id.,  p.57  not.l.  Cf.  L.  Vacanay,  La  qurstinn  SynnpHgne:  EthL  28  (1052) 
PP.23R-256,  dice,  en  la  p.248,  cpie  la  teoría  que  diet-npue  varios  viajes  no  merece 
atención,  porque  se  debe  al  afán  armonístico  (p.249).  Esta  sección  es  el  tesoro 


REALIDAD  HISTÓRICA  DE  LOS  VIAJES 


35 


menos  críticos,  y  por  eso  creemos  más  en  la  conciencia  y  en  la  rea- 
lidad histórica  de  San  Lucas.  Las  razones  deben  decidir. 

L'  La  primera  razón  es  de  carácter  general.  Dada  la  extensión 
que  alcanza  esta  sección,  que  es  ciertamente  la  principal  del  tercer 
Evangelio,  nos  parece  que  San  Lucas  no  debe  haberse  separado 
mucho  del  método  que  ha  seguido  en  el  resto  del  libro.  Al  principio 
promete  qae  va  a  escribir  con  orden.  Orden  histórico,  como  lo  ha 
entendido  prácticamente  en  la  sección  de  la  infancia,  en  el  minis- 
terio galileo  y  en  la  pasión  y  resurrección.  Y  en  el  libro  de  los  He- 
chos. Sería  extraño  que  en  la  sección  más  importante  de  su  Evan- 
gelio no  lo  entendiera  de  la  misma  manera  y  se  permitiera  una  li- 
bertad que  no  se  ha  permitido  en  otras  secciones. 

El  orden  histórico  lo  entendemos  como  lo  hemos  visto  aplicado 
en  las  otras  tres  secciones:  sabiamente  armonizado  con  el  orden 
literario,  que  aparece  principalmente  en  la  aplicación  del  método  de 
eliminación  o  exclusión,  de  que  ya  hemos  hablado.  Nada  impide  que 
algunos  hechos  o  sentencias  estén  desplazadas  de  su  verdadero  mo- 
mento histórico  y  atraídas  por  otros  hechos  o  dichos  de  alguna  ma- 
nera análogos.  Este  es  el  orden  histórico  que  nosotros  defendemos 
en  esta  sección:  el  mismo  que  existe  en  las  otras  tres.  Para  negar- 
lo hacen  falta  razones  positivas.  Sin  estas  razones,  la  sección  de  los 
viajes,  como  hermana  de  las  otras  tres,  debe  poseer  los  mismos  ras- 
gos familiares. 

2.^  Contra  los  que  ven  en  esta  sección  un  marco  creado  por 
San  Lucas,  con  mayor  o  menor  fundamento  histórico,  para  meter 
el  fruto  de  sus  personales  investigaciones  y  para  no  turbar  el  or- 
den de  los  otros  libros,  tenemos  un  hecho.  Muchas  de  las  cosas  pro- 
pias de  San  Lucas,  fruto  de  sus  investigaciones,  están  incluidas  en 
las  otras  secciones.  Baste  recordar  parte  de  la  predicación  en  Na- 
zaret,  la  pesca  milagrosa,  la  resurrección  del  hijo  de  la  viuda  de 
Naím,  la  conversión  de  la  mujer  pecadora,  la  presentación  de  Jesús 
ante  Herodes,  la  aparición  a  los  discípulos  de  Emaús.  Todo  esto 
lo  ha  incorporado  dentro  del  cuadro  de  los  dos  primeros  Sinópticos. 
Obró  así  porque  pensó  que  aquél  era  su  momento  histórico.  Si  ha 
dejado  para  otro  marco  los  hechos  de  la  sección  del  viaje,  es  por- 
que no  creyó  que  pertenecían  al  marco  que  forman  sus  dos  ante- 
cesores. 

de  Le  Ha  reunido  en  ella  la  mayor  parte  de  los  fragmentos  evangélicos  que  le  han 
llegado  independientemente  de  Mateo  griego  y  de  Marcos.  En  vez  de  distribuirlos 
Ciegamente,  ha  preferido,  como  historiador  concienzudo,  reunirlos  en  un  libro  aparte. 
De  hecho,  en  esta  sección  no  hay  ningún  elemento  de  la  triple  fuente  Logia, 
Mgr,  Me  (p.249).  Creemos  que  Vaganay  exagera.  Su  teoría  es  muy  discutible  y 
tiene  dificultades  senas.  Desde  luego,  nos  parece  que  confía  demasiado  en  ella,  y, 
por  confiar  demasiado  en  el  análisis  interno  de  los  textos,  deja  mal  el  argumento 
de  tradición,  la  cual  siempre  ha  mirado  el  Evangelio  canónico  de  Mateo  como  el 
más  antiguo.  El  distingue  tres  Evangelios  de  Mateo:  Logia,  Mateo  griego  y  Mateo 
canónico,  y  las  siglas  son  M-Mgr-Ml  (Mateo  arameo,  Mateo  griego  y  Mateo  canó- 
nico). Esta  teoría  no  se  puede  proponer  con  la  suficiencia  del  autor.  La  obra 
del  P.  L.  G.  I'cNsrrA  inuy  "'-•■d  t-'  y  «iTena.  refleja  una  orientación  contraria.  Quaes- 
tío  synoptica  3."  (Roma  1952).  Vaganay  se  confirma  en  su  teoría  en  la  obra  que 
acaba  de  publicar  Le  problcme  Synuptique  (Paris  1954).  Resume  el  libro  L.  CíRíAOX, 
proMéme  Synoptujue:  NRTii  76  (1954)  494-505. 


36 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Tiene  una  fuerza  especial,  que  los  autores  no  han  valorado  su- 
ficientemente, la  escisión  que  ha  obrado  entre  la  misión  de  los  Doce 
(9,1-6)  y  la  de  los  setenta  y  dos  discípulos  (10,1-24).  Lucas,  que 
gusta  de  unir  materias  afines,  distingue  y  separa  las  dos  misiones. 
Si  la  misión  de  los  setenta  y  dos  disc  pulos  está  en  un  viaje  ficticio 
o  fuera  de  su  momento  histórico,  razonablemente  pensando,  San  Lu- 
cas la  hubiera  debido  unir  con  la  misión  de  los  JJoce.  Pero  no;  la 
de  los  Doce  la  pone  en  el  m.arco  galileo,  siguiendo  a  sus  otros  dos 
compañeros,  y  la  de  los  setenta  y  dos  discípulos  la  retrasa  hasta 
el  viaje  a  Jerusalén. 

Otro  ejemplo  que  prueba  cómo  San  Lucas  no  ha  formado  cie- 
gamente la  sección  del  viaje  lo  encontramos  en  la  parte  escatoló- 
gica  del  mismo  (17,20-18,8).  San  Lucas  hubiera  podido  reunir  esta 
parte  con  el  mismo  discurso  escatológico  de  la  última  semana  (21,5- 
36).  Se  hubiera  así  unido  con  sus  dos  predecesores,  que  reservan 
todo  el  discurso  escatológico  para  el  final  y  lo  engloban  todo  en 
una  misma  unidad.  San  Lucas  lo  ha  seccionado.  Su  motivo  debe 
de  haber  tenido.  Y  no  puramente  literario,  sino  histórico.  El  motivo 
literario  favorecía  la  fusión  de  las  dos  partes  en  un  todo 

3."  Si  ahora  examinamos  cada  una  de  las  tres  fases  en  que  se 
divide  el  viaje  a  Jerusalén,  veremos  que  San  Lucas  piensa  en  un 
marco  histórico,  en  tres  viajes  reales  y  distintos.  Em.pecemos  por 
la  tercera  y  última  fase  (17,11-19,28).  Es  tal  vez  la  más  clara",  con 
señales  evidentes  de  narración  histórica  y  de  viaje  real  y  geográ- 
fico. 

El  Señor  sale  de  Galilea  y  Samaría  (17,11),  se  va  acercando  a 
Jericó  (18,21),  llega  a  Jericó  (18,35),  atraviesa  la  ciudad  y  se  de- 
tiene en  ella  (19,1-10).  Está  cerca  de  Jerusalén  (19,11).  Va  de  pri- 
sa y  se  adelanta  a  sus  discípulos  (19,28).  Tan  real  y  concreto  es 
este  viaje  como  el  de  los  dos  primeros  Sinópticos,  con  los  cuales 
coincide  claramente  desde  que  se  llega  a  Jericó.  Si  no  fuera  por  las 
lagunas  y  omisiones,  diríamos  que  San  Lucas  había  seguido  aquí 
las  notas  de  un  diario  de  viaje. 

La  primera  fase  de  la  sección  tiene  también  su  personalidad  pro- 
pia y  todas  las  señales  de  otro  viaje  desde  Galilea  hasta  Jerusa- 
lén (9,51-10,38).  El  Señor  está  en  Galilea  y  sale  de  aUi  (9.51). 
Tiene  intención  de  pernoctar  en  Samaría,  y  envía  discípulos  que  le 
preparen  albergue  (9,52).  Los  samaritanos  no  los  quieren  recibir. 
Ven  que  van  de  paso  para  Jerusalén  (9.53).  ¿Cómo  conocen  que 
van  para  Jerusalén?  Bastaba  el  hecho  de  ser  galileos.  Pero,  si  era 
tiempo  próximo  a  alguna  de  las  tres  peregrinaciones  anaales  a  Je- 
rusalén, se  explica  mejor  que  conocieran  iban  a  Jerusalén  y  que  se 
negaran  a  recibirlos.  Ellos  no  podían  ver  con  buenos  ojos  las  pere- 
grinaciones a  Jerusalén. 

Después  de  la  vuelta  de  los  setenta  y  dos  discípulos,  estamos 
cerca  de  Jericó.  Así  se  puede  presumir  por  el  marco  geográfico  de 

Cf.  A.  FeuiixKT.  la  vev-p  civ  régne  de  Dicu  ct  du  Fils  de  l'homme  d'aprés  Liíc 
17^20-18,8:  RScR  (1948)  pp.544-565. 


REALIDAD  HISTÓRICA  DE  LOS  VIAJES 


37 


la  parábola  del  buen  samaritano  (10,30).  La  escena  realista  de  Mar- 
ta y  de  María  tiene  lugar  en  Betania  (10,38).  Venir  a  Betania  en 
tiempo  de  fiesta  o  peregrinación  anual  y  no  entrar  en  Jerusalén  es 
inverosímil.  Utro  indicio  lo  tenemos  en  la  oración  del  Patev.  Ante 
la  vista  del  templo,  lugar  por  antonomasia  de  oración,  se  explica 
bien  que  los  disc.palos  le  pidieran  les  enseñase  a  orar  con  sus  ora- 
ciones propias,  como  Juan  las  había  enseñado.  La  tradición,  por  lo 
menos  desde  el  siglo  XI,  localiza  esta  enseñanza  en  el  monte  de 
los  Olivos  Las  disputas  con  los  fariseos,  que  vivían  más  en  nú- 
mero en  Jerusalén,  son  otro  indicio.  Las  disputas  que  ha  conservado 
el  cuarto  Evangelio  suceden  en  Jerusalén 

Si  se  analiza  seriamente  esta  primera  fase  del  itinerario  del  Se- 
ñor,  hay  que  concluir  que  se  trata  de  un  viaje  real  e  histórico. 
Empieza  en  Galilea  y  llega  hasta  Jerusalén.  Y  las  características 
son  todas  distintas  de  las  que  presenta  el  viaje  de  la  tercera  fase. 
Es  lógico  pensar  que  se  trata  de  dos  viajes  reales  y  distintos.  Esta 
crítica  nos  parece  aceptable,  aunque  haya  que  discrepar  de  algunos 
críticos. 

La  fase  media  del  itinerario  (13,22-17,10)  no  está  tan  concreta 
y  determinada.  Es  una  fase  didáctica  más  que  narrativa.  Con  todo, 
existen  en  ella  indicios  probables  de  un  viaje  particular.  Uno  gene- 
ral es  la  personalidad  y  realidad  propia  que  tienen  la  fase  primera 
y  la  última.  Si  estas  dos  partes  corresponden  a  dos  viajes  reales  y 
distintos,  es  razonable  pensar  lo  mismo  de  la  fase  intermedia.  La 
frase  iba  caminando  por  ciudades  y  aldeas,  enseñando  y  haciendo 
el  viaje  a  Jerusalén  (13,22),  responde  a  una  realidad  histórica  al  prin- 
cipio de  la  primera  (9,51)  y  de  la  tercera  parte  (17,11).  Por  in- 
ducción lógica  podemos  darle  el  mismo  sentido  de  realidad  histórica 
ahora  en  la  segunda  parte. 

Otros  dos  indicios  de  realidad  histórica  para  este  segundo  viaje 
los  tenemos  en  13,31-34.  Jesús  aparece  primero  en  territorio  de  He- 
rodes,  y  luego,  con  toda  probabilidad,  en  Jerusalén.  Tendríamos  aquí 
o  el  principio  o  el  medio  del  viaje  y  el  término. 

La  realidad  histórica  de  estos  tres  viajes  se  funda  en  el  análisis 
de  las  tres  distintas  fases  del  itinerario.  Nosotros  le  damos  más 
importancia  a  este  análisis  interno  del  texto  que  a  la  triple  afir- 
mación de  que  el  Señor  va  de  camino  para  Jerusalén  (9,51;  13,22; 
17,11).  Del  análisis  interno  concluimos  que  esta  triple  afirmación 
de  viaje  no  es  un  mero  recurso  literario,  sino  que  responde  a  una 
triple  peregrinación  histórica. 

Los  dos  primeros  bmópticos  solamente  mencionan  el  viaje  últi- 
mo de  la  pasión.  San  Lucas  ha  incorporado  a  este  viaje  otros  dos, 
formando  con  los  tres  viajes  un  marco  completo,  un  cuadro  lite- 
rario, que  se  interpone  entre  el  ministerio  galileo  y  la  pasión.  Y  en 
esto  se  acerca  más  a  San  Juan  que  a  San  Mateo  y  San  Marcos. 

22  Cf.   D.  Baldi,  Enchirid'on  locoruin  Sanclorum  n  626.628.629. 

23  Cf.  G.  Perrella,  i  hioghi  Santi  (Piacenza  1936)  p.219  not.3.  De  hecho,  San 
Marcos  (11,23-26)  sitúa  el  Pater  en  el  marco  de  Jerusalén. 


38  EVANGELIO  DE  SAN  LÜCAS 


El  cuadro  tiene  una  unidad  literaria  perfecta,  que  le  da  la  idea 
fundamental  que  lo  preside:  la  ascensión -a  Jerusalén.  A  esta  unidad 
se  subordina  todo,  y  por  eso  literariamente  Jesús  no  entra  en  la 
ciudad  hasta  el  final  de  la  tercera  fase.  Pero  esa  unidad  literaria 
no  se  opone  a  una  realidad  histórica  más  compleja,  a  diversas  idas 
y  venidas  del  Señor.  El  análisis  de  los  textos  hace  entrever  que 
unas  veces  estamos  viajando  y  otras  veces  hemos  llegado  o  hemos 
vuelto.  Y  siempre  los  dos  términos  extremos  son  Galilea  y  Jerusa- 
lén. En  el  texto  de  San  Lucas  no  hay  más  que  viaje  de  Galilea  a  Je- 
rusalén. Ni  una  sola  vez  aparece  Perea. 

ARTICULO  VI 
La  posición  histórica  de  los  viajes 

La  posición  literaria  de  los  viajes  en  el  tercer  Evangelio  es  muy 
clara.  Están  entre  el  ministerio  galileo  y  la  narración  de  la  pasión. 
El  plan  de  la  predicación  evangélica,  como  lo  ha  concebido  San 
Lucas,  es  muy  sencillo.  Una  luz  que  nace  en  Galilea  y  va  ascen- 
diendo hasta  el  meridiano  de  Jerusalén,  para  desde  aUi,  como  en  ple- 
no día,  irradiar  sobre  todo  el  mundo.  El  ministerio  en  Galilea,  es 
como  el  amanecer.  La  sección  del  viaje,  como  el  crecer  del  día.  Jeru- 
salén, el  medio  día. 

Determinar  la  posición  histórica  de  los  tres  viajes  es  un  proble- 
ma más  complicado.  Si  estos  tres  viajes  siguen  literariamente  al  mi- 
nisterio en  Galilea,  ¿lo  siguen  también  históricamente? 

El  tercer  viaje  (17,11-19,28)  es  evidentemente  posterior  históri- 
camente a  todo  el  ministerio  galileo,  pues  se  termina  con  la  entra- 
da definitiva  en  Jerusalén,  la  entrada  del  domingo  de  Ramos. 

¿Son  también  históricamente  posteriores  los  otros  dos  viajes?  La 
respuesta  negativa  nos  parece  más  probable  por  varias  razones. 

1.^  El  tercer  viaje  arranca  de  Galilea  (17,11).  Esto  quiere  de- 
cir que  el  Señor  ha  vuelto  al  norte  después  de  los  otros  dos  viajes. 
Luego  el  ministerio  en  Galilea  no  se  había  concluido  cuando  em- 
pezó el  segundo  viaje.  Y  lo  mismo  se  diga  del  primero.  Al  final  de 
él  ha  vuelto  también  a  Galilea. 

Esto  quiere  decir  que  los  dos  primeros  viajes,  aunque  literaria- 
mente sean  posteriores  al  ministerio  galileo,  históricamente  son  pa- 
ralelos a  él  y  responden  a  ausencias  temporales,  cuando  subía  a  Je- 
rusalén, por  ejemplo,  para  las  tres  fiestas  anuales  de  peregrinación: 
la  Pascua,  Pentecostés  y  los  Tabernáculos.  Los  viajes  se  desarro- 
llan asi  en  un  mismo  plano  temporal  histórico  que  el  ministerio  ga- 
lileo. San  Lucas  ha  incorporado  a  su  Evangelio  dos  de  esas  pere- 
grinaciones, coincidentes  con  el  ministerio  en  Galilea,  como  podía 
haber  escogido  más.  Pero  no  los  pone  en  su  momento  histórico. 
Eso  sería  deshacer  el  círculo  topográfico  de  Galilea.  Los  cuenta 
cuando  da  por  terminado  ese  círculo  y  abre  el  nuevo  del  viaje  para 


POSICIÓN  HISTÓRICA  DE  LOS  VIAJES 


39 


la  pasión.  Es  un  caso  más  de  su  método  literario  de  eliminación  o 
exclusión.  El  nacimiento  de  Jesús  no  lo  cuenta  hasta  que  termina 
la  narración  de  toda  la  infancia  y  juventud  de  Juan.  Cuando  agota 
toda  la  materia  del  marco  literario  galileo,  entonces  empieza  la  de 
los  viajes. 

2.  '  El  análisis  interno  de  los  dos  primeros  viajes  favorece  esta 
conclusión.  Los  dos  primeros  viajes  no  pueden  situarse  histórica- 
mente después  del  ministerio  galileo.  Las  excursiones  tan  detenidas 
y  tan  públicas,  que  ellos  suponen,  no  cuadran  bien  con  el  período 
final.  Ni  siquiera  encajan  dentro  del  último  año,  que  empieza  con 
la  crisis  de  Cafarnaúm,  después  de  la  primera  multiplicación  de  los 
panes  y  del  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida.  La  mayor  parte  de 
los  discípulos  abandonaron  al  Maestro.  Su  táctica,  desde  entonces, 
fué  más  bien  la  de  replegarse.  Se  retira  de  Israel,  marcha  a  Fenicia, 
Decápolis,  a  Cesárea  de  Filipo,  y  huye  de  las  grandes  concentra- 
ciones. Cuando  suba  a  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  el  último  año, 
lo  hará  en  secreto  y  retardándose,  para  no  ir  con  el  grupo  general 
de  los  peregrinos. 

Todo  lo  contrario  es  lo  que  vemos  en  los  dos  primeros  viajes 
de  San  Lacas.  Al  principio  del  primero  envía  por  delante  discípu- 
los que  le  preparen  alojamiento  en  un  pueblo  samaritano.  Luego 
se  le  ofrecen  tres  a  seguirle,  y  envía  setenta  y  dos  discípulos,  re- 
partidos en  binas,  los  cuales  deben  ir  por  todas  las  ciudades  adonde 
él  piensa  llegar,  anunciándolo  y  preparándole  el  terreno.  Los  setenta 
y  dos  vuelven  entusiasmados  del  éxito.  Estamos  en  la  euforia  de 
los  comienzos  y  no  en  el  fracaso  y  desilusión  del  final. 

Las  turbas  bloquean  materialmente  al  Señor  y  se  pisan  para  lle- 
garse hasta  él  (12,1).  Conf^'an  y  esperan  mucho  de  él.  La  predica- 
ción se  realiza  en  las  sinagogas.  Los  fariseos  no  le  han  declarado 
la  guerra  a  muerte,  v  algunos  le  pvisan  que  Herodes  le  busca  para 
darle  muerte  (Le  13.31).  Es  posible  que  este  momento  del  segundo 
viaje  esté  cerca  de  la  muerte  del  Precursor,  que  precedió  a  la  pri- 
mera multiplicación  de  los  panes.  Es  decir,  que  nos  podríamos  en- 
contrar poco  antes  de  la  penúltima  Pascua. 

Hasta  el  final  del  segundo  viaje  las  turbas  sigaen  acompañando 
al  Señor.  Se  le  acercan  los  pecadores  y  los  publícanos,  aunque  cada 
vez  le  esp'an  más  los  enemiqos.  El  tercer  viaje,  desde  luego,  sí  mar- 
ca la  salida  definitiva  de  Galilea  (17,11). 

3.  ''  Una  tercera  razón  favorece  el  paralelismo  de  los  dos  pri- 
meros viaies  con  el  m-inisterio  en  Galilea.  El  hecho  de  que  alguno 
de  los  episodios  que  aquí  aparecen  se  encuentran  en  el  marco  ga- 
lileo de  los  dos  primeros  evanaelistas.  Tales,  por  ejemplo,  la  expul- 
sión del  demonio  mudo  (11.14-23  =  Me  3,20-27),  la  blasfemia  contra 
el  Esp^'ritu  Santo  (12.10  =  Me  3,28-30)  y  la  parábola  de  la  mosta- 
za (13.18.19  =  Me  4,30-32).  No  hay  ningún  motivo  para  creer  que 
San  Marcos  ha  alterado  el  orden  de  los  hechos.  Si  San  Lucas  ha 
retrasado  estos  episodios,  es  por  alguna  relación  que  debieron  tener 
Cpn  los  viajes  a  Jerusalén,  pero  de  ese  tiempo  más  o  menos. 


40 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Estas  razones  hacen  probable  la  teoría  de  q<ue  los  dos  primeros 
viajes  de  San  Lucas  son  anteriores  al  fina!  del  ministerio  galileo. 
Esto  ya  lo  vió  Maldonado  en  el  siglo  XVI.  Cuando  Lucas  em- 
pieza a  hablar  de  la  Ascensión,  todav'a  queda  mucho  para  ella, 
porque  todavía  cuenta  muchas  cosas  anteriores. 

Qui  enim  [ieri  potuif,  ut  iam  tune  tempus  passionis  instaret,  cum 
tam  multa  Lucas  postea  ah  eo  facta  narret,  quae  certum  est  longe 
ante  tempus  passionis  accidisse,  nec  tam  brevi  tempere  fieri  potuis- 
se?...  Quare,  quod  dicit:  dum  complerentur  dies  assumptionis  eius. 
non  ita  inteUigendum  est,  quasi  iam  omnino  passionis  eius  tempus 
instaret,  et  ut  quidam  interpretantur,  sex  ut  plurimum  usque  ad  mor- 
tem  menses  superessent,  quin  plus,  ut  arbitror  uno  anno 

Maldonado  llega  hasta  el  extremo  de  anteponer  el  viaje  de  San 
Lucas  al  episodio  de  la  samaritana.  y  da  su  razón:  5/  enim  iam  ac- 
cidisset,  quod  loannes  narrat,  utique  libenter  eum  recipissent.  San 
Lucas  pone  este  primer  viaje  para  narrar  quid  in  via,  quid  in  ludaea 
fecisset.  Y  lo  pone  después  que  ha  contado  todo  lo  que  hizo  en 
Galilea.  Este  primer  viaje  es,  según  Maldonado,  distinto  del  últi- 
mo, que  precede  inmediatamente  a  la  Pasión.  Y  la  razón  se  encuen- 
tra en  el  mismo  texto.  Este  primero  se  termina  con  el  hospedaje  en 
casa  de  Marta;  aquel  último,  en  casa  de  Simón  el  leproso 

Por  estas  consideraciones  del  gran  exegeta  español  se  ve  que 
para  él  no  había  dificultad  en  anticipar  históricamente  la  sección  de 
los  viajes  y  considerar  parte  de  ella  como  paralela  al  ministerio 
galileo.  Y  eso  que  Maldonado  entiende  el  tiempo  de  su  partida  (9,51) 
de  la  Ascensión  misma.  Assumptionem  vocat  Christi  reditum  in  cae- 
lum,  ut  Act  1,2.11.22  26.  En  esto  coincide  Maldonado  con  los  mo- 
dernos. De  la  Ascensión,  históricamene  considerada,  distamos  toda- 
C'a  'Un  año  larno,  si  este  primer  viaje  precede  a  la  crisis  galilea,  como 
es  muy  probable.  Literariamente,  sin  embargo,  la  Ascensión  se  apro- 
xima desde  que  se  termina  el  ministerio  en  Galilea.  Ya  no  queda 
más  que  subir  a  Jerusalén  y  allí  morir  y  triunfar. 

San  Lucas  ha  querido  encabezar  esta  gran  sección  de  los  viajes 
con  un  t'tulo  solemne,  que  responde  al  final  de  la  vida  del  Señor  y 
que  estaba  en  uso  entre  los  escritores  de  aquel  entonces.  Dos  libros 
apócrifos  de  época  cristiana  llevan  este  título,  porque  tratan  de 
la  última  actividad  de  Moisés  y  de  Isa'as  San  Lucas  había  tra- 
tado, en  la  primera  parte  de  sa  Evangelio,  de  la  infancia  y  de  los 
comienzos  de  la  actividad  pública  del  Señor.  Ahora  va  a  tratar  de 
la  consumación  de  su  obra,  tan  relacionada  con  Jerusalén,  y  por  eso 
engloba  toda  esta  sección  bajo  un  mismo  título,  el  de  viaje  para  la 
Ascensión.  Jerusalén  estaba  toda  ella  envuelta  en  las  luces  de  ese 

*•  lOANNís    Malhonati,    Commenlarii   in    qncduor    lívungclislas    (Mogunliae  1854) 
t.2  pp. 176-77,  in  I^c  9,51. 
2»  Id.,  p.l  77. 
2«  Id.,  in  Le  9,51  p.l75. 

"  Cf.  GrRARD,  p.23  not.l.  Cf.  C.  Caki,,  J)ie  Ifrrnmrlfahrt  dr.f  Mo.^e  CKleíne  Tex- 
te  10.  Honn  1004);  E.  T isseka'.t,  L' Ascen.'iinn  d'lsaic  ÍPnrís  190^);  Starcky,  J.,  Ob- 
firmavit  faciem  suum  ut  iret  lerusalem:  RScR  30  (1051-52)  pp. 197-202. 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SAN  JUAN 


4Í 


triunfo  definitivo.  El  tiempo  material  que  podemos  distar  es  lo  de 
menos;  lo  importante  es  la  materia:  Jerusalén  y  el  viaje  a  Jerusa- 
lén.  De  hecho,  la  sección  se  termina  con  el  viaje  definitivo  a  la 
ciudad  santa.  Y  este  viaje  atrae  y  denomina  a  los  dos  primeros. 


ARTICULO  VII 

Los  VIAJES  DE  S.\N  LuCAS  Y  LOS  DE  San  JlL\N 

Ya  vimos  cómo  una  de  las  particularidades  del  cuarto  Evange- 
lio eran  las  diversas  estancias  del  Señor  en  Jerusalén  con  motivo 
de  las  fiestas  anuales  de  los  judíos.  Se  mencionan  tres  Pascuas,  una 
fiesta  que  no  lleva  nombre  y  luego,  al  ñnal,  la  fiesta  de  los  Ta- 
bernáculos y  la  de  la  Dedicación.  Para  las  dos  primeras  Pascuas  el 
Señor  viene  de  Galilea.  Para  la  tercera  Pascua  no  dice  San  Juan 
que  viniera  de  Galilea,  sino  de  la  región  de  Efrén,  que  estaba  al 
norte  del  desierto  de  Judá.  Para  la  fiesta  anónima  (5,1)  viene  tam- 
bién de  Galilea,  lo  mismo  que  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos 
Para  la  fiesta  de  la  Dedicación  no  dice  San  Juan  de  dónde  viene 
el  Señor.  Más  bien  hace  la  impresión  de  que  no  viene  a  Jerusalén, 
sino  que  se  encuentra  en  Jerusalén:  "Llegó  entonces  la  fiesta  de  la 
Dedicación  en  jerusalén:  era  en  el  invierno,  y  se  paseaba  Jesús  en 
el  templo,  bajo  el  pórtico  de  Salomón"  (10,22.23). 

El  Señor  había  s-ubido  a  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  en  secre- 
to y  se  estuvo  en  ella  hasta  el  final:  "En  el  último  día,  el  más  so- 
lemne de  la  fiesta,  de  pie  comenzó  Jesús  a  clamar:  si  alguno  tiene 
sed,  que  venga  a  mí  y  beba"  (7,37).  Luego  cada  uno  se  marchó  a 
su  casa,  y  Jesús  al  monte  de  los  Olivos  (8,1).  Por  la  mañana  del 
día  siguiente  de  nuevo  apareció  en  el  templo,  y  todo  el  pueblo  vino 
a  él,  y,  sentándose,  se  puso  a  enseñarles  (8,2).  Cuenta  después  va- 
rias escenas,  como  la  curación  del  ciego  de  nacimiento  y  la  alego- 
ría del  buen  pastor,  y  llega  la  fiesta  de  la  Dedicación.  No  mencio- 
na San  Juan  ninguna  venida  o  subida  a  Jerusalén.  Lo  que  llega  es 
la  fiesta.  Hay  razón  para  pensar  que  el  Señor  no  se  ha  retirado 
de  Jerusalén  y  sus  alrededores.  Las  demás  veces  que  ha  venido  a 
Jerusalén  nos  lo  ha  dicho  expresamente  el  evangelista. 

Ateniéndonos  a  la  narración. del  cuarto  Evangelio,  que  es  la  más 
orientadora  en  materia  de  orden  y  cronología,  creemos  que  la  su- 
bida para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  coincide  con  la  despedida 
definitiva  de  Galilea  y  el  viaje  al  territorio  de  Judea  y  al  otro  lado 
del  Jordán,  que  mencionan  los  dos  primeros  Sinópticos  (Mt  19,1; 
Me  10.1).  El  cardenal  Toledo  así  lo  creyó  también:  Non  amplias 
Christus  reversus  est  a  ludaea  in  Galilaeam 

Alguien  pudiera  pensar  que,  por  la  manera  como  anuncia  la  ida 
a  Perea,  después  de  la  Dedicación  (10,40),  había  estado  allí  inme- 


^In  I.C  9.51,  annot.llS  p.613. 


42 


EVANGELIO  DE  SAN  LtICAS 


diatamente  después  de  los  Tabernáculos:  "Et  abiit  iterum  trans  lor- 
danem".  Es  posible  que  así  sucediera,  que  después  de  los  Taber- 
náculos fuera  a  Perea  para  una  corta  estancia  y  de  allí  subiera  a 
Jerusalén  para  la  Dedicacícn  y  nuevamente  volviera  a  Perea,  don- 
de le  encontrarían  los  mensajeros  de  Marta  y  de  María.  Para  lo 
que  no  existe  fundamento  en  el  texto  de  San  Juan  es  para  la  vuelta 
a  Galilea.  Aun  para  la  misma  ida  a  Perea,  después  de  los  Taber- 
náculos, no  vemos  suficiente  razón.  El  texto  de  San  Juan  dice  a  la 
letra:  "Se  fué  de  nuevo  al  otro  lado  del  Jordán,  al  sitio  donde  al 
principio  había  bautizado  Juan,  y  allí  se  quedó"  (10,40). 

El  adverbio  de  nuevo  puede  muy  bien  relacionarse  con  el  otro 
de  la  segunda  parte:  al  principio.  Jesús  había  estado  al  principio  en 
el  territorio  del  otro  lado  del  Jordán,  que  Juan  había  evangelizado. 
Ahora,  después  de  la  Dedicación,  vuelve  de  nuevo  al  sitio  preciso 
donde  Juan  bautizaba  al  principio.  Así  tendríamos  dos  estancias  en 
Perea  en  un  sitio  muy  concreto,  en  el  mismo  donde  J-uan  bautizaba 
al  principio.  Al  subrayar  el  evangelista  el  sitio  del  principio,  parece 
que  esta  segunda  estancia  dice  relación  con  la  del  primer  año. 

Según  estas  explicaciones,  tenemos  en  San  Juan  varias  subidas 
a  Jerusalén  que  pudieran  relacionarse  con  los  viajes  de  San  Lucas: 
la  subida  para  la  fiesta  anónima,  en  que  el  Señor  curó  al  enfermo 
de  la  piscina  (5,1);  la  de  la  fiesta  para  los  Tabernáculos  (7,10),  la 
estancia  durante  la  fiesta  de  la  Dedicación,  a  la  cual  nos  parece 
más  probable  que  no  sube  ni  de  Galilea  ni  aun  de  Perea.  Final- 
mente, la  subida  para  la  última  Pascua,  que  en  San  Juan  arranca 
de  la  región  de  Efrén,  adonde  se  retiró  después  de  la  resurrección 
de  Lázaro.  También  puede  entrar  en  la  combinación  con  los  viajes 
de  San  Lucas  el  que  hace  desde  Perea  para  ir  a  resucitar  a  Lázaro. 
¿Se  pueden  referir  a  alguno  de  estos  viajes  los  de  San  Lucas?  ¿Exis- 
te identidad  real  entre  alguno  de  ellos? 

El  primero  que  pensó  en  la  identidad  de  los  viajes  de  San  Lu- 
cas y  San  Juan  parece  que  fué  J.  Lightfoot,  en  el  siglo  XVII.  Su 
combinación  ha  influido  en  autores  posteriores.  El  primer  viaje  de 
San  Lucas  (9,51)  coincidiría  con  la  subida  a  Jerusalén  para  la 
fiesta  de  los  Tabernáculos  (Jn  7,10).  El  segundo  (13,22),  con  la 
fiesta  de  la  Dedicación.  El  último  viaje  de  San  Lucas  (17,11),  con 
la  Pascua  última  de  la  Pasión. 

Esta  es  la  manera  más  ordinaria  de  armonizar  los  viajes  de  San 
Lucas  con  los  de  San  Juan,  atendiendo  a  las  tres  fiestas  últimas:  Ta- 
bernáculos, Dedicación  y  Pascua.  El  primer  viaje  de  San  Lucas 
(9.51)  coincide  con  el  de  los  Tabernáculos  (Jn  7,10):  el  segundo 
(13,22),  con  el  de  la  Dedicación  (10,22);  el  tercero  (17,11),  con  el 
de  la  Pascua  de  la  Pasión  (]n  11.17).  Así  lo  hacen,  entre  otros, 
Patrizi,  Le  Camus,  Cornely,  Didon,  Knabenbauer,  Fouard,  Ruffini, 
Lagrange  y  Ricciotti 

Es  muy  universal,  pues,  identificar  el  primer  viaje  de  San  Lu- 

2"  Chronica  temporum,  sect.57:  Opera  Omnia,  II  (Roterodami  1686)  p.36. 
>»  Cf.  CiRARD,  p.Sl  not.3;  p.52  not.l. 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SAN  JUAN 


43 


cas  con  la  subida  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  del  año  último. 
Esto,  sin  embargo,  nos  parece  que  se  hace,  más  que  por  motivos 
positivos,  por  razones  de  carácter  práctico.  Para  concordar  de  algu- 
na manera  un  evangelista  con  otro,  viaje  con  viaje.  Razones  posi- 
tivas no  existen  en  el  texto.  Más  bien  existen  en  sentido  contrario. 

En  efecto,  el  viaje  para  los  Tabernáculos  presenta  unas  carac- 
terísticas que  no  se  pueden  reducir  al  primer  viaje  de  San  Lucas. 
Dice  San  Juan  que  el  Señor  retardó  su  viaje  a  Jerusalén  y  no  quiso 
subir  ni  con  sus  parientes  ni  con  la  masa  de  los  peregrinos,  porque 
quiso  hacer  el  viaje  en  secreto.  Otra  propiedad  de  este  viaje  fué 
su  rapidez.  Deja  que  suban  sus  parientes,  que  suban  los  peregrinos, 
y.  después  de  todos,  sale  él  de  Galilea.  Llega  a  Jerusalén  empezada 
ya  la  fiesta  (7,10.14).  Viaje  de  incógnito,  viaje  directo. 

Si  se  examinan  las  características  del  primer  viaje  de  San  Lu- 
cas, se  ve  que  son  contrarias:  viaje  público  y  solemne,  viaje  lento 
y  misionero.  Repulsa  de  los  samaritanos,  misión  de  los  setenta  y 
dos  discípulos,  parábola  del  buen  samaritano,  parada  en  Betania. 

Esta  dificultad  les  ha  parecido  seria  a  algunos  autores.  Entre 
otros,  al  P.  J.  M.  Bover  El  viaje  primero  de  San  Lucas  no  puede 
identificarse  con  el  de  los  Tabernáculos  del  año  último.  ¿Qué  hacer 
entonces?  /Retrasar  el  viaje  de  San  Lucas  para  hacerlo  coincidir 
con  la  subida  para  la  fiesta  de  la  última  Dedicación?  Así  lo  hacen 
Le  Camus,  Belser  y  el  P.  Bover 

Esta  teoría  nos  parece  menos  afortunada  que  la  primera. 

En  primer  lugar,  el  viaje  para  la  Dedicación  en  San  Juan  es 
muy  problemático,  como  hemos  indicado  al  principio.  No  existe  en 
el  texto  del  cuarto  Evancrelio  razón  positiva  para  admitir  esa  subi- 
da desde  Galilea  hasta  Jerusalén.  Habría  que  sobrentender  en  el 
texto  de  San  Juan  dos  cosas:  que  después  de  los  Tabernáculos  vol- 
vió el  Señor  a  Galilea  y  que  de  aquí  subió  a  Jerusalén.  El  viaje 
desde  Perea,  que  tampoco  se  prueba,  no  resolvería  el  problema, 
porque  el  primer  viaje  de  San  Lucas  se  hace  desde  Galilea  hasta  Je- 
rusalén. 

La  segunda  dificultad  sería  la  misma  que  milita  en  contra  de  la 
teoría  anterior.  Aun  saponiendo  que  el  Señor  hubiera  vuelto  a  Ga- 
lilea después  de  los  Tabernáculos,  la  nueva  subida  para  la  Dedi- 
cación tuvo  que  hacerla  en  secreto  y  directamente.  La  razón  es  la 
misma  que  existió  en  la  peregrinación  anterior  de  los  Tabernáculos. 
Razón  que  se  aumenta  cuanto  más  se  acerca  el  tiempo  de  la  Pa- 
sión. La  hostilidad  es  cada  vez  mayor,  la  decepción  de  las  turbas 
y  la  reserva  del  Señor.  San  Juan  hace  constar  varias  veces  cómo 
el  Señor  se  ha  ido  retirando  y  recogiéndose  en  el  círculo  de  los 
suyos  desde  el  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida.  No  quiere  andar 
por  Judea,  sube  en  privado  a  la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  se  reti- 
ra a  Perea,  a  la  región  del  desierto,  en  Efrén.  Los  dos  primeros 

1  EvanneVornm  Concordia  CMatriti  1921;  2.»,  Barcinone  1943)    Est.  Bibl.  3  (1932) 
pp.3-10.  Cf.  GiRARD.  p.52  not.4. 
32  Cf.  GiRAjiD,  p.52  not4. 


44 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Sinópticos  confirman  esta  prudente  reserva,  que  dirige  el  último 
tiempo  del  ministerio  del  Señor.  DesDués  de  la  primera  multiplica- 
ción se  retira  a  la  región  de  Tiro  y  Sidcn.  a  la  Decápolis,  a  Cesa- 
rea  de  Filipo,  a  Perea.  ¿Cómo  conciliar  esto  con  el  viaje  tan  solem- 
ne, tan  detenido,  de  que  habla  San  Lucas  en  la  primera  etapa  de  su 
itinerario?  Ya  hicimos  ver  antes  cómo  este  primer  viaje  de  San  Lu- 
cas no  puede  pertenecer  a  un  tiempo  avanzado  del  ministerio  pú- 
blico. Sus  características  son  más  bien  del  período  que  precede  a 
la  muerte  del  Bautista  y  a  la  crisis  galilea. 

Es  bastante  frecuente  entre  los  modernos,  que  distinguen  tres 
viajes  históricos  en  San  Lucas,  referirlos  a  un  ministerio  en  Perea, 
desde  donde  subirla  en  tres  ocasiones  a  jerusalén.  Las  combinacio- 
nes cambian  mucho,  según  los  autores 

Esta  teoría,  que  ha  tenido  bastante  aceptación  modernamente, 
nos  parece  todavía  menos  afortunada  que  las  dos  anteriores.  La  ra- 
zón es  que  los  viajes  de  San  Lucas  arrancan  de  Galilea.  Dos  veces 
se  menciona  expresamente  como  punto  inicial  del  viaíe.  Perea,  en 
cambio,  no  aparece  ni  una  sola.  Si  toda  la  sección  del  viaje  hu- 
biera de  situarse  en  Perea,  creemos  que  San  Lucas  dejaría  mucho 
que  desear  como  historiador  al  no  mencionar  ni  una  sola  vez  esa 
región,  donde  se  desarrollaría  la  parte  más  principal  o  extensa  de 
su  Evangelio.  Esta  extrf^ñeza  no  la  disimula  ni  Rose  ni  Laqranqe 

Es  una  verdadera  tentación  la  de  concordar  los  tres  viajes  de 
San  Lucas  con  los  que  menciona  San  Juan.  Y  de  ella  nacen  estas 
teorías,  que  consideramos  poco  afortunadas  críticamente.  La  mavo- 
r^a  de  los  autores  ha  trabaiado  por  esta  concordia,  retrasando  los 
viajes  de  San  Lucas  hasta  el  último  periodo  del  ministerio  público, 
al  cual  pertenecen  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  y  la  de  la  Dedi- 
cación, que  menciona  San  Juan. 

Algunos  autores  han  seguido  una  dirección  contraria  para  lograr 
la  armonía.  Adelantar  los  viajes  de  San  Lu^as.  Dausch  y  Levesque 
combinan  el  primer  via'e  de  wSan  Lucas  con  la  subida  para  la  fiesta 
anónima  de  San  Juan  (5A).  Esto  es  posible,  v  no  ofrece  dificultad 
ni  en  el  texto  de  San  Lu^as  ni  en  el  de  San  Juan 

Recientemente,  Luis  Girard  propone  una  combinación  que  pres- 
cinde de  los  viajes  de  San  Juan  para  los  dos  primeros  de  San  Lu- 
cas. Nos  parece  razonable,  y  es  la  que  nosotros  vamos  a  seguir,  a 
falta  de  otra  más  positiva. 

Los  dos  primeros  viaies  de  San  Lucas  son  anteriores  al  viaje 
de  los  Tabernáculos  del  último  año  fTn  7.10).  Este  punto  es  clave 
en  la  nueva  teoría.  Y  se  funda  en  el  texto  mismo  de  San  Luras, 
comparado  con  el  de  San  Junn.  Las  dos  primeras  etapas  del  itine- 
rario lucano  revelan  un  tiempo  anterior  a  la  primera  multiplicación 
de  los  panes,  a  la  muerte  del  Bautista.  Pueden  muv  bien  pertenecer 
al  penúltimo  año  del  ministerio  público.  Si  este  ministerio  duró  tres 


"  Otrard,  p..'í4. 

^  Girard.  p.55  not.2. 

3»  Cf.  GiRAED,  p.52. 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SAN  JUAN 


45 


años  largos,  como  después  hemos  de  probar,  hay  que  poner  en  él 
nueve  fiestas  anuales  de  peregrinación  a  Terusalén.  Tres  en  cada 
uno  de  los  años:  Pascua,  Pentecostés  y  Tabernáculos.  Los  viajes 
de  San  Lucas  no  pertenecen  al  primer  año.  Este  primer  año,  como 
también  hemos  de  probar  después,  lo  pasó  el  Señor  en  Judea.  El 
ministerio  en  Galilea  no  empezó  hasta  diciembre  o  enero,  es  decir, 
cuando  ya  habían  pasado  las  tres  fiestas  de  peregrinación  del  pri- 
mer año. 

Los  dos  primeros  viajes  de  San  Lucas  tampoco  pueden  perte- 
necer al  terrer  año,  porque  éste  empieza  con  la  Pascua  de  la  pri- 
mera multiplicación,  y  la  crisis  galilea,  cuando  ya  había  muerto  San 
Juan  Bautista.  Los  dos  primeros  viajes,  como  hemos  dicho,  revelan 
un  tiempo  anterior,  cuando  el  Señor  está  en  plena  popularidad,  en 
plena  evangelización.  Este  fué  el  segundo  año,  el  primero  de  su 
ministerio  en  Galilea,  el  año  del  sermón  del  Monte,  de  las  pará- 
bolas del  Lago. 

En  la  Pascua,  que  marca  el  principio  del  tercer  año,  es  muy  pro- 
bable que  no  subiera  el  Señor  a  Jerusalén.  Además  de  que  el  evan- 
gelista no  menciona  esta  subida,  hay  indicios  de  oue  no  subió  de 
hecho.  Uno  es  el  decirnos  oue  Jesús  andaba  por  Galilea,  pues  no 
quería  andar  por  Judea  (Jn  7,1).  Otro  indicio  es  la  excursión  por 
tierras  gentiles  de  Tiro  y  Sidón.  Así  debió  el  Señor  prevenir  el  es- 
cándalo que  hubiera  ocasionado  su  presencia  en  tierra  de  Israel  al 
tiempo  en  que  los  fieles  subían  a  Jerusalén. 

Seqún  esto,  no  quedan  para  los  dos  primeros  viajes  de  San  Lu- 
cas sino  las  fiestas  del  segundo  año.  Los  viajes  pudieron  obedecer 
a  una  libre  elección  del  Señor,  pero  es  más  razonable  que  la  inte- 
rrupción del  ministerio  galileo  oue  ellos  suponen  obedeciera  a  al- 
guna de  las  peregrinaciones  obligatorias  para  todos  los  varones 
desde  que  Herbaban  a  ser  siervos  de  la  Ley.  Estas  eran  tres  al  año: 
por  Pascua,  Pentecostés  y  los  Tabernáculos.  Una  de  ellas  es  la 
fiesta  an^^nima,  en  que  cura  el  Señor  al  enfermo  de  la  piscina 
(Jn  5,1).  Si  esa  fiesta  fué  la  Pascua,  como  luego  hemos  de  probar, 
marrar^'a  el  nrincipio  del  seaundo  año  y  no  distaría  mucho  de  los 
comienzos  del  ministerio  galileo. 

Vamos  a  suponer  ahora  que  fué  la  Pascua.  /Coincide  esa  pere- 
grinación con  el  primer  viaje  de  San  Lucas?  Es  posible,  y  no  se 
puede  objetar  nada  en  contrario.  Así  lo  defienden,  entre  otros, 
Pfáttisch,  a  quien  parece  seguir  P.  Dausch  y  Levesque  Algu- 
no pudiera  referir  a  este  primer  viaje  la  excursión  por  las  sinago- 
gas de  Judea.  que  mendona.  según  el  texto  griego,  San  Lucas  al 
principio  mismo  del  ministeno  en  Galilea  (4.44).  Esto  es  posible.  La 
Pas'-ua  del  se-undo  año  debió  seguir  muy  de  cerca  al  principio  del 
ministerio  galileo. 

En  esta  hipótesis  habría  que  poner  el  primer  viaje  de  San  Lu- 

^  D'e  dret  alteren  Evangelien  (Tlonn  1932)  p.484. 

Nos  quatre  Evnnqiles,  3  *  (París  1923)  p.l26;  Abrégé  chronologiqti^  de  la  VÍ€ 
de  N.  S.  J.  Christ  (París  1951)  p.35. 


46 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


cas  (9,51)  antes  de  la  pesca  milagrosa  (5,1),  la  cual  supondría  un 
episodio  posterior  y  distinto  al  de  la  vocación  de  los  primeros  dis- 
cípulos. San  Lucas  habría  retrasado  algo  esta  alusión  a  la  vocación 
por  considerarla  internamente  relacionada  con  la  pesca  (5,11). 

El  primer  viaje  de  San  Lucas  terminaría  con  la  fiesta  pascual 
del  segundo  año,  y  luego,  vuelto  a  Galilea,  seguiría  la  pesca  mi- 
lagrosa, la  curación  del  leproso,  la  vocación  de  San  Mateo  y  el  ser- 
món del  Monte  (5,1-7,10). 

El  segundo  viaje  (13,22)  podría  coincidir  o  con  la  fiesta  siguien- 
te de  Pentecostés  o  mejor  con  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  de 
ese  segundo  año.  Esta  combinación  es  posible.  La  ventaja  que  tiene 
es  que  encuentra  un  viaje  cierto  del  Señor  para  encuadrar  el  pri- 
mero de  San  Lucas.  Ese  viaje  cierto  es  el  que  menciona  San  Juan 
cuando  narra  la  curación  del  enfermo  de  la  piscina.  La  dificultad 
que  algunos  le  podrán  encontrar  es  que  adelanta  demasiado  el  pri- 
mer viaje  de  San  Lucas,  colocándolo  a  una  distancia  de  más  de  dos 
años  de  la  Ascensión,  que  es  el  signo  que  preside  toda  la  sección 
de  su  gran  itinerario. 

A  nosotros  nos  parece  que  eso  no  es  dificultad  y,  en  cambio,  taj 
anticipación  del  primer  viaje  de  San  Lucas  ofrece  tres  ventajas,  que 
son  dignas  de  tenerse  en  cuenta: 

1.  *  Q'ue  la  anticipación  del  viaje  concuerda  muy  bien  con  el 
texto  interno  del  mismo.  Su  análisis  revela  que  sucedió  en  los  prin- 
cipios mismos  del  ministerio  público  del  Señor,  cuando  él  empezaba 
su  apostolado  y  el  pueblo  le  segura  con  expectación  y  entusiasmo. 

2.  '  Que  el  mismo  San  Lucas  derrama  un  claro  de  luz  sobre 
esta  época  del  principio  galileo  al  decir  que  Jesús  iba  predicando 
por  las  sinagogas  de  Jadea  (4,44).  Este  término  de  Jadea,  que  res- 
ponde a  la  lectura  griega  más  segura  y  crítica,  no  parece  probable 
que  se  refiera  a  todo  el  país  de  Israel  y  sea  sinónimo  de  Palestina, 
como  algunos  interpretan.  Aunque  este  sentido  se  encuentra  otras 
veces  en  San  Lucas,  no  es  probable  en  el  contexto  actual.  El  Señor 
está  en  Galilea,  y  poco  antes  (4,14)  ha  dicho  el  historiador  que 
Jesús  "volvió  con  el  poder  del  Espíritu  Santo  a  Galilea  y  su  fama 
se  extendió  por  toda  la  región".  Cuando  poco  después  dice  que 
predicaba  por  las  sinagogas  de  Jadea,  no  parece  probable  que  se 
refiera  a  las  sinagogas  de  Galilea. 

3.  "  La  tercera  ventaja  es  que  armoniza  el  primer  viaje  de  San 
Lucas  con  otro  cierto  de  San  Juan,  y  la  fiesta  anónima  la  identifica 
con  la  Pascua,  que,  como  después  hemos  de  probar,  es  lo  más  pro- 
bable. 

Nosotros,  sin  embargo,  vamos  a  retrasar  algo  más  el  primer  via- 
je de  San  Lucas  y  lo  vamos  a  poner  después  del  sermón  del  Mon- 
te. En  esta  hipótesis,  el  primer  viaje  coincide  con  la  peregrinación 
a  Jerusalén  por  la  fiesta  de  Pentecostés  del  segundo  año,  y  el  se- 
gundo con  la  fiesta  de  los  Tabernáculos.  Si  la  fiesta  anónima  de 
San  Juan  fuera  Pentecostés,  como  muchos  quieren,  tendríamos  un 
punto  de  contacto  entre  los  dos  evangelistas.  Si  no  es  Pentecostés, 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SAN  JUAN 


47 


como  nosotros  hemos  de  defender,  los  dos  primeros  viajes  de  San 
Lucas  no  coinciden  con  ninguno  de  los  que  expresamente  mencio- 
na San  Juan.  El  tercer  viaje  de  San  Lucas  sí  coincide  con  la  pe- 
regrinación de  los  Tabernáculos,  que  menciona  San  Juan.  De  esta 
manera,  los  dos  primeros  viajes  de  San  Lucas  corresponden  a  las 
dos  últimas  fiestas  de  peregrinación  del  segundo  año,  y  el  tercero, 
a  los  Tabernáculos  del  tercero.  Entre  el  segundo  viaje  y  el  terce- 
ro existe  un  año  de  intervalo.  El  tercero  coincide  con  el  último  de 
San  Juan  desde  Galilea  a  Judea,  y  marca  el  final  del  ministerio  en 
el  norte.  Coincide  también  con  la  despedida  que  señalan  San  Ma- 
teo y  San  Marcos,  cuando  dicen  que  Jesús  se  fué  de  Galilea  a  Ju- 
dea y  al  otro  lado  del  Jordán. 

Esta  hipótesis  supone  los  siguientes  principios: 
1°  El  Señor,  como  todo  buen  israelita,  subía  a  Jerusalén  to- 
dos los  años  para  las  tres  fiestas  de  peregrinación.  Este  hecho, 
aunque  no  lo  mencionen  siempre  los  Evangelios,  se  apoya  en  lo  que 
ellos  mismos  dicen.  Todos  los  evangelistas  mencionan  la  subida  para 
la  última  Pascua.  San  Juan  menciona  además  otras  dos  peregrina- 
ciones pascuales.  Menciona  también  una  peregrinación  para  los  Ta- 
bernáculos. La  peregrinación  de  la  fiesta  anónima  coincide  también 
con  alguna  de  las  tres  grandes  fiestas.  San  Lucas  menciona  la  pe- 
regrinación de  Jesús  cuando  tenía  doce  años,  y  dice  expresamente 
que  sus  padres  subían  todos  los  años  para  la  fiesta  de  la  Pascua. 
Si  esta  fiesta  última  es  la  que  más  aparece,  sabemos  que  Pentecos- 
tés y  los  Tabernáculos  eran  también  fiestas  de  peregrinación.  En 
la  fiesta  de  Pentecostés,  que  sigue  a  la  Ascensión,  vemos  congre- 
gados en  Jerusalén  judíos  que  han  venido  de  todas  las  partes  del 
mundo. 

La  hipótesis,  pues,  de  que  el  Señor  s-ubió  a  Jerusalén  en  las 
tres  fiestas  del  segundo  año,  no  es  gratuita,  sino  que  tiene  una  base 
histórica  segura.  Para  sostener  que  no  subió  a  Jerusalén  hay  que 
buscar  una  razón.  Si  no  existiera  alguna  probabilidad  para  excluir 
la  peregrinación  por  la  Pascua  penúltima  (Jn  6,4),  habría  que  de- 
cir que  también  subió  en  esa  fiesta.  Esta  es  la  ley  general.  Las 
excepciones  tienen  que  probarse. 

2.  "  Suponemos  ahora,  porque  luego  hemos  de  probarlo,  que  el 
ministerio  del  Señor  duró  tres  años  bien  completos,  con  la  celebra- 
ción de  cuatro  Pascuas  distintas. 

3.  **  Damos  por  probado  que  la  gran  sección  de  los  viajes  no 
es  del  todo  históricamente  posterior  al  ministerio  en  Galilea.  Gran 
parte  de  ella  corre  dentro  del  mismo  plano  temporal.  Si  San  Lucas 
la  pone  después,  lo  hace  por  motivos  de  orden  literario,  porque 
prefiere  no  interrum.pir  literariamente  la  historia  galilea.  Cuando 
ésta  ha  terminado,  empieza  a  contar  el  ministerio  de  los  viajes,  como 
habla  del  nacimiento  y  de  la  infancia  de  Jesús  cuando  ha  termina- 
do toda  la  historia  de  la  infancia  y  juventud  del  Precursor. 

4.  °  El  texto  mismo  de  los  dos  primeros  viajes  tiene  todas  las 
señales  de  que  no  pertenece  al  último  año  del  ministerio  del  Señor. 


48 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Su  apostolado  se  revela  en  ellos  en  constante  ascensión  y  progre- 
so, las  turbas  le  siguen  con  fe  y  esperanza.  No  hay  señales  de  de- 
cepción, de  abandono,  como  las  que  aparecen  en  el  último  año.  Por 
esta  razón  no  se  pueden  identificar  con  los  viajes,  que  menciona 
San  Juan.  Ni  el  de  los  Tabernáculos  ni  el  de  la  Dedicación. 

5."  Los  que  retrasan  los  viajes  de  San  Lucas  incurren  en  otra 
dificultad  positiva,  que  choca  con  el  texto  mismo  de  San  Juan.  No 
pueden  identificar  el  tercer  viaje  de  San  Lucas,  que  arranca  abier- 
tamente de  Galilea,  con  la  subida  para  la  fiesta  de  los  Tabernácu- 
los. Y  en  este  caso  se  ven  precisados  a  extender  la  estancia  en  la 
región  de  Efrén  hasta  los  límites  de  Galilea  con  Samaria.  Este  es 
un  recurso  que  carece  de  base  en  el  cuarto  Evangelio  y  que  se 
opone  a  su  texto.  San  Juan  dice  que  el  Señor  se  retira  a  Efrén  des- 
pués de  la  resurrección  de  Lázaro  y  que  moraba  allí  con  los  d/scí- 
pulos  (11,54).  Esta  afirmación  explícita  del  evangelista  indica  que 
el  Señor  no  se  movió  de  la  región  vecina  del  desierto.  Y  más  cuan- 
do dice  inmediatamente  que  se  acercaba  la  Pascua  de  los  judíos  y 
que  Jesús  volvió  a  Betania  seis  días  antes  de  la  Pascua  (11.55;  12,1 ). 

El  principio  geográfico  del  tercer  viaje  de  San  Lucas,  los  con- 
fines de  Samaria  y  Galilea  (17,11),  no  nos  parece  se  puede  armo- 
nizar con  esa  área  del  desierto  y  de  Efrén,  próxima  a  Betania,  "  don- 
de Jesús  moraba  con  sus  disc'pulos". 

Por  esta  razón  hay  que  adelantar  también  el  tercer  viaje  de  San 
Lucas.  Y  en  esta  hipótesis  lo  más  razonable  es  hacerlo  coincidir 
con  la  ascensión  para  la  fiesta  de  les  Tabernáculos.  Ese  tercer  viaje 
de  San  Lucas  tiene  ya  todos  los  caracteres  de  incógnito  y  direc- 
to, que  caracteriza  el  viaje  de  los  Tabernáculos.  Y  coincide  tam- 
bién con  la  retirada  de  Galilea  que  mencionan  los  dos  primeros 
evangelistas.  Ese  viaje  lo  cuenta  cada  evangelista  a  su  manera.  San 
Mateo  y  San  Marcos  nos  dicen  que  se  retiró  de  Galilea  y  se  fué 
a  Judea  y  al  otro  lado  del  Jordán.  Es  una  expresión  general,  en 
cuyo  marco  cuadra  todo  lo  que  dice  San  Juan:  que  subió  primero 
a  Jerusalén  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  que  asistió  alli  tam- 
bién a  la  fiesta  de  la  Dedicación  y  que  luego  se  retiró  a  Perea,  a 
Betania,  a  Efrén,  para  nuevamente  volver  a  Betania  seis  días  an- 
tes de  la  Pascua. 

San  Lucas  omite  todo  el  intermedio,  y  no  pone  nada  más  que 
el  principio  y  el  fin:  sale  de  Galilea,  viene  a  Jericó  y,  por  fin,  a 
Betania.  San  Juan  es  siempre  el  más  concreto  y  el  que  más  espe- 
cifica. 

Por  todo  esto,  nos  parece  más  probable  que  el  tercer  viaje  de 
San  Lucas  tiene  su  paralelo  en  el  viaje  de  los  Tabernáculos,  que 
menciona  San  Juan.  Y  los  dos  primeros,  a  base  de  que  la  fiesta  anó- 
nima del  capítulo  V  es  la  Pascua,  no  tienen  ninguno  paralelo  en 
el  cuarto  evangelista,  sino  q^ue  se  refieren  a  dos  ascensiones  del  se- 
gundo año,  Pentecostés  y  los  Tabernáculos,  que  omite  San  Juan, 
como  omite  toda  la  historia  del  segundo  año.  Así  es  como  vamos 
a  ordenar  nuestra  Sinopsis,  aunque  no  tendríamos  ninguna  dificul- 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SINÓPTICOS 


49 


tad  en  referir  el  primer  viaje  de  San  Lucas  al  de  la  fiesta  ancnima 
del  paralitico  de  betesda. 

Lo  que  nos  resulta  duro  es  retrasar  los  viajes  de  San  Lucas,  de 
manera  que  los  dos  primeros  con^uerden  con  la  fiesta  de  los  Ta- 
bernáculos y  Dedicación  del  último  año,  y  el  tercero  siga  inmedia- 
tamente a  la  estancia  en  la  región  desértica  de  Efrén. 


ARTICULO  VIII 
Los  VIAJES  DE  San  Lucas  en  el  marco  de  los  Sinópticos 

Para  'una  sinopsis  y  concordia  razonada  de  los  Evangelios  nos 
queda  por  conocer  la  relación  en  que  están  los  viajes  de  San  Lu- 
cas con  el  texto  de  los  Sinópticos.  Y  cuando  decimos  Sinópticos 
entra  aquí  el  mismo  San  Lucas.  Ya  hemos  visto  que  la  gran  sección 
de  sus  viajes  corre  paralela  cronológicamente  con  el  ministrarlo  en 
Galilea  y,  por  tanto,  con  los  capítulos  mismos  de  San  Lucas  donde 
se  narra  ese  ministerio.  Los  capítulos  que  preceden  a  la  sección  de 
los  viajes  forman  un  cuadro  cerrado  del  ministerio  galileo.  Y  la  sec- 
ción de  los  viajes,  otro  cuadro,  igualmente  cerrado,  del  ministerio 
fuera  de  Galilea.  Son  como  dos  libros,  como  dos  evangelios,  que 
se  diferencian,  no  por  el  tiempo  que  abarcan,  sino  por  el  plano  to- 
pográfico en  que  se  encierran.  El  escenario  es  distinto,  pero  el  tiem- 
po puede  ser  el  mismo.  Esta  es  la  razón  por  la  cual  recientemente 
el  canónigo  Luis  Girard  distingue  dos  como  Evangelios  en  el  mis- 
mo San  Lucas.  El  Evangelio  del  ministerio  galileo  y  el  Evangelio 
de  los  viajes.  Lucas  primero  y  Lucas  segundo.  Lucas  primero  abar- 
ca 3,1-9,50.  Lucas  segundo  equivale  a  9,51-18,14. 

El  problema  que  ahora  queremos  resolver  es  cómo  se  ha  de  en- 
cuadrar el  Evangelio  de  los  viajes,  o  Lucas  segundo,  con  el  ministe- 
rio galileo  tal  y  como  aparece  en  Mateo.  Marcos  y  Lucas  primero. 

Empecemos  por  asentar  que  el  tercer  viaje  (17.11)  no  es  difícil 
de  encuadrar.  En  San  Lucas  coincide  con  el  final  del  ministerio  en 
Galilea,  con  la  retirada  definitiva  del  norte.  Es  decir,  que  históri- 
camente, después  de  9,50,  sigue  17,11. 

El  acoplamiento  con  los  primeros  Evangelios  no  es  más  difícil. 
Mt  19.1  y  Me  10,1  señalan  la  retirada  definitiva  de  Galilea.  Ese 
es,  pues,  el  lugar  paralelo  de  Le  17.11,  principio  del  tercero  y  últi- 
mo viaje  de  Galilea  a  Judea.  Este  viaje  de  los  tres  Sinópticos  coin- 
cide con  la  subida  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  que  cuenta 
San  Juan  (7.10).  Así  tenemos  los  cuatro  evangelistas  coincidentes 
en  un  mismo  punto,  en  la  retirada  definitiva  de  Galilea,  como  tam- 
bién coincidieron  en  la  venida  para  el  principio  (Jn  4,1;  Mt  4,12; 
Me  1.14;  Le  4.14). 

Dentro  del  ministerio  galileo  hay  otro  momento  en  que  coinci- 
den de  nuevo  los  cuatro.  Es  la  Pascua  penúltima,  en  que  tiene  lu- 


EVANGELIO  DB  SAN  LUCAS 


gar  la  primera  multiplicación  de  los  panes,  y  que  marca  el  princi- 
pio del  tercer  año  {]n  6,1;  Mt  14,13;  Me  6,30;  Le  9,10). 

Los  dos  primeros  viajes  de  San  Lucas  son  anteriores  a  este  mo- 
mento, porque  pertenecen  al  segundo  año.  Hemos  visto  que  no  tie- 
nen paralelo  ninguno  en  el  cuarto  Evangelio,  porque  San  juan  omite 
todo  el  segundo  año.  Es  la  laguna  que  hay  entre  ]n  5,47  y  6,1,  en- 
tre el  final  del  capítulo  V  y  el  principio  del  cap  tulo  VL 

¿Habrá  algún  paralelo  o  punto  probable  de  insercicn  en  los  tres 
Sinópticos  para  estos  dos  viajes  primeros  de  San  Lucas? 

Es  razonable  que  las  peregrinaciones  a  Jerusalén  coincidieran 
con  las  excursiones  misioneras  por  Galilea,  con  algunas  de  las  sa- 
lidas que  hace  el  Señor  desde  Cafarnaúm,  sede  central  de  su  apos- 
tolado en  Galilea.  Durante  el  segundo  año  hay  momentos  en  que 
el  Señor  está  quieto  en  torno  al  Lago,  y  hay  momentos  en  que  sale 
de  allí  para  irradiar  por  los  pueblos  y  ciudades  de  Galilea.  Es  na- 
tural que  aprovechara  las  peregrinaciones  anuales  a  Jerusalén  para 
esas  irradiaciones  misioneras.  A  base  de  este  principio  razonable, 
creo  que  se  pueden  encuadrar  los  dos  primeros  viajes  de  San  Lu- 
cas dentro  del  ministerio  galileo,  que  cuentan  los  Sinópticos. 

Primer  viaje  (Le  9.51-13,21) 

La  Pascua  que  señala  el  principio  del  segundo  año  coincide  con 
la  curación  del  enfermo  de  Betesda  (Jn  5,1).  Así  lo  hemos  de  de- 
fender más  adelante.  Terminada  esa  fiesta,  vuelve  el  Señor  a  Gali- 
lea para  continuar  su  evangelizaeicn.  Esta  primera  ausencia  es  pro- 
bablemente la  que  nota  San  Marcos:  "Al  cabo  de  algún  tiempo  vino 
de  nuevo  a  Cafarnaúm,  y  corrió  la  voz  de  que  se  hallaba  en  casa" 
(2,1). 

Poco  después  nos  refiere  San  Marcos  el  episodio  de  las  espi- 
gas, que  supone  se  había  celebrado  ya  la  Pascua  y  hab'a  tenido 
lugar  la  oferta  de  las  primicias  (2,23).  Sigue  la  elección  de  los  após- 
toles y  el  sermón  del  Monte,  que  se  termina  con  la  vuelta  a  Cafar- 
naúm y  la  curación  del  siervo  del  centurión  (Le  7,1-10). 

Suponemos  que  Pentecostés  está  cerca,  y  que  el  Señor  sube, 
como  buen  israelita,  a  Jerusalén.  Esta  peregrinación,  que  es  el  pri- 
mer viaje  de  San  Lucas,  puede  muy  bien  coincidir  con  la  excursión 
por  Galilea:  A  continuación  marchó  a  una  ciudad  llamada  Naím 
(Le  7,11).  Naím  estaba  en  el  camino  central  de  Galilea,  que  era  un 
trozo  de  la  Via  Maris,  que  se  bifurcaba  en  Arbeles.  Un  trozo  iba 
a  Ptolemaida  y  otro  a  la  llanura  de  Esdrelón,  pasando  por  los  pies 
del  Tabor  y  por  Naím.  Lucas,  que  conocía  bien  esta  peregrinación, 
cuenta  primero  lo  más  saliente  de  ella,  dentro  del  territorio  qalileo: 
resurrección  del  hiio  de  la  viuda  de  Naím,  legación  de  Juan,  con- 
versión de  la  pecadora,  compañ'a  de  las  piadosas  mujeres,  quienes 
tal  vez  han  informado  a  San  Lucas  (7,11-8,3).  Sale  de  territorio 
galileo  y  entra  en  territorio  samaritano.  Es  el  principio  de  la  sec- 
ción de  los  viajes  (Le  9,51-13,21).  Algún  episodio  y  enseñanza  de 


VIAJES  DE  SAN  LUCAS  Y  SINÓPTICOS 


51 


esta  sección  puede  pertenecer  al  ministerio  galileo  posterior,  pero 
el  coniunto.  como  hemos  visto  antes,  pertenece  al  viaje  y  al  minis- 
terio de  Jerusalén. 

La  vueUa  de  f>ste  primer  viaie  tiene  lunar  antes  de  la  jornada 
de  las  parábolas.  Es  difícil  concretar  el  momento. 

Existe,  sin  embarqo,  un  punto  literario  de  apoyo,  que  nos  da 
San  Marcos  G.20.21).  Muchos  exegetas  ponen  un  espacio  largo 
entre  Me  3,13-19  y  Me  3,20-21.  La  primera  sección  se  refiere  cla- 
ramente al  momento  de  la  elección  de  los  Doce,  que  precedió  al 
sermón  del  Monte.  San  Marcos  ha  omitido  todo  este  sermón.  Esto 
se  puede  explicar  fácilmente.  Si  sólo  hubiera  omitido  el  sermón  del 
Monte,  habría  que  decir  que  entre  Me  3,19  y  Me  3,20  no  había 
mediado  más  tiempo  aue  el  del  sermón.  Pero  es  que  después  del 
sermón  del  Monte,  San  Lucas  nos  cuenta  la  curación  del  hijo  del 
centurión.  Mt-Lc  cuentan  también  la  embajada  de  Juan  Bautista. 
San  Lucas  pone,  además,  la  excursión  hasta  Na'm  y  la  conver- 
sión de  la  pecadora  (Le  7.1-8,3).  Y  luego  se  une  con  San  Marcos 
en  la  jornada  de  las  parábolas  (Me  4,1;  Le  8,4). 

Esto  favorece  la  idea  de  que  la  entrada  en  la  casa,  de  que  ha- 
bla Me  3,20,  no  es  precisamente  la  que  siguió  inmediatamente  al 
sermón  del  Monte,  sino  otra  posterior,  que  tuvo  lugar  cuando  ter- 
minó la  excursión  que  narra  San  Lucas  con  motivo  de  la  curación 
del  ioven  de  Na^'m  (7,11). 

De  hecho,  todos  los  aatores  reconocen  que  existe  una  falta  de 
cohesión  entre  Me  3,13-19  y  Me  3,20-21.  Esta  falta  de  cohesión  se 
justifica  mejor  si  media  entre  ambas  partes  un  buen  espacio  de 
tiempo.  El  suficiente  para  la  excursión  que  inicia  Le  7,11. 

En  Me  3,6,  los  fariseos  rompen  con  Jesús  y  se  separan.  En 
Me  3,22  tenemos  nuevamente  a  los  fariseos.  Pero  esta  vez  han  ve- 
nido de  Jerusalén.  Esto  exige  un  espacio  de  tiempo  proporcionado. 
El  suficiente  para  una  excursión,  la  que  menciona  San  Lucas  cuan- 
do cuenta  la  resurrección  del  hijo  de  la  viuda  de  Naím,  y  muy  posi- 
blemente 'Una  excursión  hasta  Jerusalén.  Así  se  explica  mejor  la 
presencia  de  estos  fariseos  venidos  de  Jerusalén.  Es  la  primera  vez 
que  se  habla  en  Galilea  de  estos  espías,  enviados  por  los  dirigen- 
tes de  Jerusalén.  Si  el  Señor  acaba  de  estar  allí,  se  explica  que  los 
dirigentes  de  Jerusalén  manden  espías  que  le  sigan  hasta  Galilea. 

Por  estas  razones  consideramos  probable  que  la  presencia  en  la 
casa  de  San  Pedro,  de  que  habla  Me  3,20,  no  es  la  que  siguió  in- 
mediatamente al  sermón  del  Monte,  sino  otra  posterior,  que  sigue 
a  la  excursión  por  Galilea  de  que  habla  Le  7,11  y  8,1.  Esta  ex- 
cursión por  Galilea  pudo  muv  bien  ser  el  principio  del  primer  viaje 
a  Jerusalén,  que  cuenta  también  San  Lucas,  pero  en  el  apartado 
propio  de  los  viajes  a  Jerusalén  (13,22).  Reconocemos  que  otros 
autores  no  opinan  así,  sino  que  unen  directamente  Me  3,20  con  la 


52 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


entrada  en  Cafarnaúm,  que  siguió  inmediatamente  al  sermón  del 
Monte 

Nosotros  vamos  a  suponer  como  probable  que  ^1  primer  viaje 
de  San  Lucas  termina  en  ese  momento  histórico  que  marca  la  en- 
trada en  la  casa  de  San  Pedro  (Me  3.20).  Y  para  conservar  el 
blooue  del  viaie  lo  más  completo  oue  se  pueda,  vamos  a  dividirlo 
en  dos  partes.  La  primera,  desde  el  principio  hasta  la  oracirn  del 
Padre  nuestro  (Le  9.51-11.13).  la  pondremos  antes  de  la  vuelta  a 
Cafarnaúm.  La  segunda,  desde  la  curación  del  endemoniado  mudo 
hasta  la  parábola  de  la  levadura  íLc  11.14-13.21),  la  pondremos  des- 
pués de  la  vuelta  a  Cafarnaúm  (Me  3.20).  Hay  en  esta  segunda  par- 
te rosas  que  los  dos  primeros  Sinópticos  ponen  en  este  escenario 
galileo.  Como  San  Lucas  en  el  viafe  es  muy  incoloro  topoaráfica- 
men*-e.  preferimos  situar  esta  segunda  parte,  que  es  paralela  con 
Mc-Mt,  en  el  escenario  que  le  han  dado  estos  dos  primeros  evan- 
gelistas. Tal  vez  algunas  cosas  tuvieron  lugar  en  el  mismo  via-'e  o 
en  Terusalén,  pero  no  es  cierto.  Y  es  meior  conservar  la  unidad  de 
toda  la  segunda  parte  del  viaie  y  relacionarla  con  las  narraciones 
paralelas  de  los  otros  dos  Sinópticos. 

Segundo  viaje  (Le  13,22-17,21) 

De  Cafarnaúm  sale  el  Señor  nuevamente  en  excursión  misione- 
ra y  llega  hasta  Nazaret  (Me  6.1-6).  Podemos  razonablemente  pen- 
sar que  esta  excursión  coincide  con  la  perenrinación  anual  a  Jeru- 
salén  para  la  siguiente  fiesta  de  los  Tabernáculos.  Aquí  inserta- 
mos nosotros  el  segundo  via^e  de  San  Lu^as  completo.  Vuelto  de 
Judea  env^a  a  predi^a^  Dor  Gali^^^  p>  los  Do^'e,  mJentrrs  él  se  diri- 
ge disertamente  a  Cafarnaúm.  Allí  los  espera  y  se  reúnen  todos. 
Es  el  final  del  segundo  año,  que  coincide  con  la  muerte  del  Bau- 
tista. 

Todo  esto  no  son  m?s  que  hipótesis,  que  tienen  muy  poca  base 
positiva  en  el  tex^o  del  Evangelio.  Una  rosa  es  cae  estos  dos  pri- 
meros viajes  de  San  Lucas  sean  paralelos  al  ministerio  galileo.  y 
otra  cosa  el  momento  preciso  en  que  se  les  debe  situar.  Lo  primero 
es  muy  probable.  Lo  segundo  es  muy  difícil  de  determinar,  porque 
'  cada  evangelista  organiza  toda  la  materia  de  su  historia,  prescin- 
diendo de  los  demás.  El  mismo  San  Lucas  cuenta  el  ministerio  ga- 
lileo como  si  los  tres  viajes  que  le  siguen  fueran  posteriores  a  el 
aun  cronológicamente.  Por  esto  es  muy  obsruro  precisar  el  momen- 
to histórico  en  ave  se  deben  colocar  esos  dos  viaies.  Es  muv  pro- 
bable que  coincidieran  con  la  subida  a  Terusalén  de  alguna  de  las 
fiestas  anuales.  Pero  se  hace  muy  dif'cil  encontrar  el  momento  de 
esas  fiestas  en  el  marco  literario  en  que  han  encuadrado  el  minis- 

*  ly,   Vac.anay,   L'absrnce   du  sermón  sur  la  montagne   ches  S.   Marc,   RB  58 
(1951)  pp.5-46,  sobre  todo  p.21. 


ORIGEN  LITERARIO  DE  LOS  VIAJES 


53 


:rio  galileo  los  tres  Sinópticos.  Este  marco  lo  han  formado  como 
n  todo  cerrado,  de  espaldas  a  todo  el  exterior,  como  si  las  pere- 
rinaciones  a  Jerusalén  no  hubieran  existido. 

ARTICULO  IX 

El  origen  literario  de  los  viajes 

En  la  sección  de  los  viajes  hay  dos  características  que  descon- 
iertan  sobre  todo.  Una  es  la  que  pudiéramos  llamar  su  indepen- 
lencia  respecto  al  segundo  Evangelio,  y  otra  el  problema  de  los 
luplicados. 

Desde  el  estudio  del  doctor  José  Schmid  ha  prevalecido  cada 
lía  más  la  idea  de  que  San  Lucas  no  depende  directa  e  inmediata- 
aente  de  San  Mateo  Al  mismo  tiempo,  se  ha  ido  cada  día  im- 
)oniendo  más  el  criterio  de  que  San  Lucas  depende  de  San  Mar- 
ios en  la  elección  de  la  materia  y  en  el  orden.  Los  recientes  estu- 
lids  sobre  el  problema  sinóptico  van  orientados  en  este  sentido 

J.  ScHMiD,  Matthaus  und  Lvkas,  eine  Untcrsvchitnp  des  Verhaltn'sses  ihrer 
ivattijclicn  (Biblische  Studien,  XXIll  Baiid,  2-4  heft-Freiburg  im  Briesgau  1930). 
Zí.  etiaiii  CiRA^D,  p.50  not.l. 

Cf.  Lacranc.e,  M.  J.,  Les  sovrces  dn  trois-'éme  EvntirjiSe:  RT?  4  (1805)  pp.5-22; 
P.  Benoit,  L'Evanyile  selon  Saint  Matthieu  (La  Sainte  Bible  Jérusaiem,  Pa- 
ñs  1950),  introd.,  pp. 12-30.  Resume  así  el  origen  de  los  tres  Sinópticos: 

a)  Como  base  de  los  tres  está  la  catequesis  primitiva. 

b)  La  catequesis  de  Jerusalén  fué  recogida  por  escrito  en  el  Evangelio  arameo 
3e  Mateo.  Verdadero  Evangelio,  que  tenía  liechos  y  discursos.  Concebido  en  ara- 
neo,  como  lo  suponen  muchas  sentencias  y  narraciones,  y,  sobre  todo,  ciertas  dife- 
rencias de  Mt-Lc,  que  sólo  se  explican  como  diferencias  de  traducción.  Antes  de 
5ue  los  tres  Sinópticos  lo  utilizaran  fué  traducido  al  griego  en  diversas  traduc- 
ciones. 

c)  Marcos  ha  om-tido  casi  todos  los  discursos  y  se  ha  quedado  con  los  hechos, 
que  ha  realzado  y  avivado  por  su  contacto  con  San  Pedro. 

d)  Mt-Lc  se  han  servido  del  Mateo-arameo.  siguiendo  la  línea  de  Marcos  de 
quien  dependen,  pero  añadiendo  los  discursos,  Mt  ha  aprovechado  más  los  discursos 
que  Le. 

e)  Mt-Lc  han  completado  Mateo-arameo  con  otra  fuente  escrita  común,  que  es 
la  que,  sobre  todo,  aparece  en  la  írmn  seccón  del  vaje  de  Le  9.51-1.14. 

/)  Le  ha  seguido  el  sistema  de  bloques  yuxtapuestos.  A  las  narraciones  que  ha 
tomado  de  Me  ha  yuxtapuesto  Logia  de  Mateo-arameo  y  la  sección  de  los  viajes, 
añadiendo   informac'ones  prop-as,   y  todo  con   empeño   de  orden  histórico. 

q)  Mt  ha  seguido  otro  plan:  cinco  discursos  preparados  o  seguidos  por  otras 
tantas  series  de  narraciones,  Así,  Mt  es  una  redacción  del  Mateo-arameo.  más  que 
una  traducción.  Desde  luego,  una  traducción  muy  libre  Kl  Mateo-arameo  pudo 
muy  bien  escribirse  entre  el  40-50.  La  traducción  griega  (Mt)  es  anterior  a  la  ru'na 
de  Jerusalén.  Si  se  admite  que  el  traductor  tuvo  delante  a  Le,  se  puede  poner  en- 
tre el  62-70. 

Beno't  reconoce  que  esto  son  hipótesis  sujetas  a  revisión. 

L.  Vacanay..  en  una  conferencia  que  tuvo  lugar  el  4  de  marzo  de  1952  en  la 
Ur.^r«rs'Hnrl  T  nva'na  y  o'"^  l^ern  hp  n'-'-'Vorlo  j  „  n'-rst'ov  '^vnr.f^f'n^'r  KthL  '"í 
(1952)  PP.23R-256  y  en  el  bbro  Le  prohUme  Synoptiqvc  (T'arís  1054'»,  es  más 
tajante  en  sns  afirmaciones.  Dist'ngtie  en  el  origen  de  los  S-nópf'cos  s'Vte  e^^apas: 
1."  Transmisión  oral  (O).  2.»  Ensayos  escritos  (E).  3.»  Consta  de  dos  partes: 
<j)  Evantrelio  arameo  de  Mateo  (M);  h)  traducción  trriega  del  m'smo  (Mg).  4."  Se- 
gunda fuente  complementaria  de  Mateo-arameo.  también  en  arameo  (S)  y  traducida 
al  griego  (Sg).  5."  El  Evangelio  canónico  de  Marcos,  anterior  a  Sg.  6."  El  Evangelio 
canónico  de  Lucas. 

Tanto  Denoit  como'  Vaganay  convienen  en  poner  al  frente  de  todos  el  Evan- 
gelio aramco  de  Mateo.  Como  fuente  de  Mt-Lc  se  añade  otra  fuente  escrita,  qtie 
Vaganay  llama  Sg.  Benoit  parece  identificar  el  Mateo  griego  con  el  canónico  (Mt), 


54 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Sin  embargo,  cuando  se  examina  la  gran  sección  de  los  viajes  se 
observa  en  ella  una  ausencia  total  de  Marcos.  A  excepción  de  al- 
gún que  otro  hecho  o  sentencia,  nada  hay  en  ella  que  pueda  reve- 
lar una  dependencia  o  inspiración  marciana.  Esto  lo  ha  demostra- 
do suficientemente  el  canónigo  Luis  Girard  El  hecho  de  que 
San  Lucas  dependa  de  Marcos  en  el  ministerio  galileo  y  en  la  his- 
toria de  la  Pasión  y  Resurrección,  y  no  dependa  de  él  en  la  sec- 
ción de  los  viajes,  hace  pensar  a  los  autores  que  San  Lucas  se  ha 
inspirado  para  esta  sección  en  una  fuente  escrita  independiente  de 
Marcos.  Pudo  haberse  escrito  en  arameo,  y  así  se  explica  los  ara- 
maísmos  y  semitismos  más  abundantes  en  esta  sección,  que  en  esto 
se  asemeja  a  la  parte  de  la  infancia 

Esta  fuente  la  ha  utilizado  también  el  redactor  definitivo  del 
EvangeUo  canónico  de  San  Mateo.  Así  se  explica  que  San  Lucas 
se  acerque  más  a  San  Mateo  en  esta  sección  que  a  San  Marcos. 
Los  críticos  católicos  que  han  escrito  últimamente  sobre  el  proble- 
ma sinóptico  parecen  convenir  en  este  punto 

No  hay  inconveniente  en  suponer  este  escrito  primitivo  arameo 
que  utilizaron  los  dos  evangelistas.  Desde  luego,  hay  que  añadir 
que  cada  uno  lo  utilizó  a  su  manera.  Pues  aanque  Mateo  tiene  co- 
sas que  están  en  la  gran  sección  de  los  viaies  del  tercer  Evangelio, 
las  tiene  en  otro  orden  y  marco  diverso.  No  hay  más  que  ver,  por 
ejemplo,  lo  que  se  refiere  a  la  oración  del  Padre  nuestro. 

La  teoría  de  esta  fuente  escrita  común  a  los  dos  evangelistas 
puede  explicar  las  semejanzas  de  ambos  en  la  materia. 

Sin  embargo,  la  hipótesis  de  la  fuente  escrita  aramea  para  la 

pero  Vaganay  parece  dist'níniirlo.  y  esto  es  lo  que  significa  la  triple  sigla  de  M 
(=  Mateo  arameo),  Mg  (Mateo  griego)  y  Mt  (Mateo  canónico).  Si  ésta  es  la  mente 
del  ilustre  profesor  de  la  Facultad  católica  de  Lyón,  creemos  que  su  teoría  es 
inadmisible.  El  Mateo  priego  no  se  puede  dist-ngviir  en  manera  alguna  del  Mateo 
canónico.  Ya  es  discutible  la  libertad  que  atribuye  Benoit  al  traductor^  griego  de 
Mateo  y  las  diferencias  tan  notables  que  se  ponen  entre  el  Mateo  canónico-griego 
y  el  Mateo-arameo.  ^La  tradición  siempre  ha  hablado  de  San  Mateo  apóstol  como 
autor  del  Evangelio  canónico.  Y  con  esas  diferencias  tan  grandes  entre  el  Mateo-ara- 
meo y  el  canónico,  no  vemos  con  qué  motivo  se  habla  de  San  Mateo  autor  de 
nuestro  Evangelio  canónico.  Por  esto,  todas  estas  teorías,  que  tienden  a  ampliar 
la  base  de  la  Comisión  Bíblica  en  su  respuesta  del  26  de  junio  de  1912  (EB  n,41 7.418; 
AAS  4  [10121  465)  no  se  pueden  aceptar  sm  reservas.  La  CB  supone  siempre  la 
identidad  stibstnnnol  entre  el  griego  de  Mateo  y  el  original  arameo  y  rechaza  la 
teoría  de  las  do.s  fuentes  (Mc-LcKguííi)  para  explicar  las  semejanzas  de  Mt-Lc.  Benoit 
y  Vaganay  .admiten  la  nueva  fuente  de  los  viajes  y  suponen  claramente  que  las 
Loguia  responden  al  Evangelio  arameo  de  San  ÁTateo,  que  contenía  hechos  y  dis- 
cursos. En  este  segundo  aspecto  no  hay,  pues,  dificultad  La  dificultad  «mayor  la 
encontramos  nosotros  en  salvar  la  identidad  substancial  entre  el  original  primitivo 
arameo  de  Mateo  y  el  griego  canónico,  que  ha  llegado  a  la  Iglesia. 
«  Cf.  GlRARD.  pp.32.4Q. 

«  Cf.  Girard,  pp. 25-28.  Para  las  fuentes  de  la  infancia,  cf.  E.  Burrows,  The 
Cospel  of  the  Ivfaticy  and  other  bibliral  F.ssays  (London  1Q40).  El  autor  cree  que 
a  San  Lucas  llegó  todo  pnr  San  Juan,  quien  lo  recogió  inmediatamente  de  María. 
El  P.  SxRArrKR.  De  prohahiS  oriaine  h'stpr'ae  infontine  Christi:  VD  25  (1^47) 
pp. 321 -322,  hace  también  suya  esta  hipótes's.  San  Juan  deb^ó  de  oír  estos  hechos  de 
labios  de  María  en  su  larga  convivencia  con  ella.  Sni  orden  ninguno  se  los  en- 
tregaría después  a  San  Lucas  quien  los  pasó  a  su  Evangelio  de  una  manera  sen- 
cilla y  fiel.  San  Juan  podía  entonces  no  pensar  cícrib-r  un  Evangelio.  Strriter  atri- 
buye a  la  Virgen  tanto  lo  que  se  refiere  a  ella  como  lo  que  se  refiere  a  San  José. 
Burrows,  en  cambio,  deriva  de  San  José  aquellas  partes  en  que  él  es  protagonista. 

**  En  esto  convienen  Benoit,  Girard  y  Vaganay. 


ORIGEN  LITERARIO  DE  LOS  VIAJES 


55 


sección  de  los  viajes  aclara  más  otros  puntos  propios  de  San  Lu- 
cas. Por  ejemplo,  el  mayor  colorido  semita  de  esta  sección.  Y,  so- 
bre todo,  el  problema  de  los  duplicados  en  el  mismo  San  Lucas. 

No  hay  dificultad  ninguna  para  explicar  los  duplicados  de  los 
Evangelios  en  s-uponer  que  el  Señor  ha  podido  repetir  muchas  ve- 
ces una  misma  enseñanza.  Pero  si  los  duplicados  se  multiplican  en 
un  mismo  Evangelio,  como,  por  ejemplo,  en  San  Mateo,  que  llega 
a  contar  hasta  veinte  duplicados,  y  en  San  Lucas,  que  puede  llegar 
hasta  quince,  los  críticos  modernos  católicos  no  se  contentan  con 
aquella  posibilidad  teórica.  El  fenómeno  lo  consideran  más  bien 
como  literario  que  histórico,  y  por  eso  le  buscan  una  explicación 
literaria,  dentro  de  cada  uno  de  los  libros. 

En  el  Evangelio  de  San  Mateo  los  críticos  no  encuentran  difi- 
cultad en  explicar  los  duplicados.  En  la  introducción  a  su  comen- 
tario ha  demostrado  el  P.  Lagrange  que  San  Mateo  es  el  autor  de 
sus  propios  duplicados.  No  le  importa  repetirse.  Al  agrupar  por 
materias  los  sermones  o  sentencias  del  Señor  ha  tenido  que  repe- 
tirse a  sí  mismo 

Esto  no  ocurre  en  el  tercer  Evangelio.  San  Lucas  procura  evi- 
tar los  duplicados  y  no  repetirse  a  si  mismo.  Es  uno  de  los  frutos 
de  su  método  literario  de  eliminación  y  exclusión.  Y  de  hecho  el  pro- 
blema de  los  duplicados  en  San  Lucas  lo  ha  creado  la  sección  de 
los  viajes.  Si  no  existiera  esta  sección,  no  existirían  los  duplicados 
en  San  Lucas.  Todos  sus  duplicados  tienen  una  parte  en  la  sección 
de  los  viajes.  Todavía  más:  una  parte  de  los  duplicados  en  San 
Lucas  depende  de  Marcos,  y  la  otra  parte  se  acerca  a  Mateo.  Esto 
quiere  decir  que  San  Lucas  no  se  repite  a  sí  mismo.  ¿Cómo  expli- 
car estas  repeticiones  de  su  Evangelio? 

Los  críticos  modernos  recurren  universalmente  a  la  teoría  sobre 
la  fuente  escrita  para  la  sección  de  los  viajes.  Un  mismo  hecho  o 
sentencia  del  Señor  se  encuentra  en  dos  fuentes  distintas:  en  Mar- 
cos y  en  el  escrito  arameo  de  la  sección  de  los  viajes.  San  Lucas 
depende  de  ambas  fuentes.  Respeta  ambas  fuentes  e  incorpora  el 
mismo  hecho  en  la  sección  del  ministerio  galileo,  que  depende  de 
Marcos,  y  en  la  sección  de  los  viajes,  que  depende  de  esa  fuente 
anónima  escrita  primitivamente  en  arameo,  y  que  a  Lucas  le  pudo 
llegar  en  arameo  o  traducida  al  griego.  Como  el  Evangelio  de  San 
Mateo  depende  también  de  esta  fuente  primitiva,  se  explica  que  de 
las  dos  ramas  del  duplicado  de  San  Lucas  una  se  acerque  a  Mateo, 
la  de  la  sección  de  los  viajes,  y  la  otra  dependa  de  San  Marcos, 
la  del  ministerio  galileo. 

Los  dos  ejemplos  de  duplicados  más  significativos  pertenecen  al 
marco  de  las  parábolas: 

1.**  No  hay  nada  oculto  que  no  deba  ser  descubierto,  ni  secreto 
que  no  se  conozca  y  salga  a  la  luz  del  día  (Le  8,17;  Me  4,22). 


«*  Evangile  selon  St.  Matthieu  (París  1927)  pp.XI,IX-I,VIII. 


56 


EVANGELIO  DE  SAN  LUCAS 


Nada  hay  oculto  que  no  haya  de  ser  descubierto,  ni  escondido 
que  no  haya  de  conocerse  (Le  12,2;  Mt  10,26). 

2."  Nadie,  después  de  haber  encendido  una  lámpara,  la  cubre 
con  una  vasija  o  la  mete  debajo  de  un  asiento,  sino  que  la  coloca 
sobre  un  candelabro,  para  que  todos  los  que  entran  tengan  luz 
(Le  8.16;  Me  4,21). 

Nadie  enciende  una  lámpara  para  meterla  en  un  sitio  retirado  o 
debajo  del  celemín,  sino  más  bien  la  pone  sobre  el  candelero,  para 
que  los  que  entran  tengan  luz.  La  lámpara  de  tu  cuerpo  son  tus  ojos. 
Mientras  tu  ojo  esté  sin  defecto  alguno,  todo  tu  cuerpo  está  ilumi- 
nado; pero  cuando  está  enfermo,  tu  cuerpo  queda  en  tinieblas.  Cui- 
da, pues,  que  la  luz  que  tienes  no  se  convierta  en  obscuridad.  Si, 
pues,  tu  cuerpo  está  enteramente  iluminado  y  no  tiene  parte  alguna 
obscura,  estará  todo  él  iluminado,  como  cuando  la  lámpara  te  alum- 
bra con  su  resplandor  (Le  11,33-36;  Mt  5,15.16;  6,22.23) 

Una  expiicacicn  razonable  de  la  existencia  de  estos  duplicados 
de  San  Lucas  es  ciertamente  la  de  las  fuentes.  Si  en  la  sección  del 
ministerio  galileo  depende  de  Marcos  y  en  la  de  los  viajes  de  ese 
escrito  anónimo  arameo,  fuentes  paralelas  que  pueden  tratar  he- 
chos o  sentencias  idénticas  del  Señor,  se  explica  que  el  autor  que 
las  utiliza  pueda  repetirse  en  cosas  de  menor  monta,  aun  teniendo 
el  propósito  de  no  repetirse. 

Un  punto  que  se  puede  aclarar  también  con  esta  teoría  de  la 
fuente  aramea  anónima  para  el  ministerio  de  los  viajes  es  por  qué 
en  esa  sección  de  los  viajes  pueden  existir  hechos  o  sentencias  que 
pertenecen  o  pueden  pertenecer  al  ministerio  galileo,  que  San  Lu- 
cas da  por  terminado  desde  que  el  Señor  se  encamina  a  Jerusalén. 

Existen  realmente  alg-unas  cosas  en  la  sección  de  los  viajes  que 
pueden  pertenecer  al  ministerio  galileo  con  mucha  probabilidad.  La 
razón  principal  es  que  los  dos  primeros  Sinópticos  las  ponen  en  ese 
marco.  Así,  por  ejemplo,  la  liberación  del  endemoniado  mudo 
(Le  11,14-26),  la  señal  de  Jonás  (11,29-32),  la  blasfemia  contra  el 
Esp'ritu  Santo  (12,10),  las  parábolas  de  la  mostaza  y  de  la  levadu- 
ra (13,18-21)  y  el  loguion  de  la  sal  (14,34).  Aunque  Mateo  hubiera 
podido  obscurecer  el  marco  cronológico  y  temporal,  como  hace  a 
veces,  el  segundo  evangelista  corrobora  el  cuadro  galileo  en  lo  que 
se  refiere  al  endemoniado  mudo  (Me  3,20-27),  a  la  blasfemia  con- 
tra el  Espíritu  Santo  (3,28.29)  y  a  la  parábola  de  la  mostaza 
(4,30-32). 

La  fuente  escrita  que  ha  utilizado  San  Lucas  para  su  gran  viaje 
ha  podido  tocar  algo  de  lo  que  se  refer'a  al  ministerio  galileo,  y 
San  Lucas,  por  respeto  a  la  misma  fuente,  no  ha  querido  sacarlo 
del  marco  literario  que  le  habían  dado  hecho. 

Esto  se  puede  extender  más  o  menos.  Nosotros  creemos  que  es 
relativamente  poco.  Y  que  la  mayor  parte  del  viaje  se  puede  en- 
marcar en  el  itinerario  propiamente  tal  o  en  Jerusalén.  Nos  parece 


«  Cf.  GiRARD,  pp.72-3. 


PLAN  GENERAL 


57 


jue  algunos  críticos  exageran  el  respeto  literario  de  San  Lucas  a 
as  fuentes.  San  Lucas,  al  servirse  de  ellas,  ha  introducido  aq-uellos 
:ambios  que  exig'a  la  unidad  y  el  plan  de  su  libro.  Esto  se  puede 
/er  examinando  el  modo  como  se  ha  conducido  con  una  fuente  que 
la  llegado  hasta  nosotros  tal  y  como  la  utilizó  San  Lucas:  el  Evan- 
gelio de  San  Marcos.  El  ministerio  galileo  de  San  Lucas  no  es  lo 
nismo  que  en  San  Marcos.  San  Lucas  ha  omitido,  ha  añadido,  ha 
Drdenado  algunas  cosas  de  otra  manera.  Esta  misma  libertad  se  le 
debe  conceder  en  el  uso  de  la  fuente  anónima  aram.ea,  que  se  su- 
pone ha  empleado  para  la  sección  de  los  viajes.  Un  empleo  ciego 
y  como  mecánico  de  la  fuente  nos  parece  rechazable  y  contra  el 
temperamento  de  San  Lucas  y  la  ciencia  que  él  poseía,  después  de 
su  interés  y  sus  largas  investigaciones.  Hay  cr'ticos  que  suponen 
en  Lucas  no  sólo  ignorancia,  sino  hasta  imposibilidad  de  conocer 
el  marco  geográfico  y  cronológico  de  muchos  hechos  y  sentencias 
del  Señor.  Esto  se  afirma  más  fácilmente  que  se  prueba. 

CAPITULO  IV 
El  Evangelio  de  San  Marcos 

El  Evangelio  de  San  Marcos,  como  hemos  visto,  ha  influido  en 
el  de  San  Lucas  y  muy  probablemente  en  el  traductor  griego  de 
San  Mateo.  Solamente  por  este  motivo  merece  que  estudiemos  su 
plan  y  su  método.  En  las  concordias  y  sinopsis  también  hemos  vis- 
to que  es  preferido  por  muchos  autores. 

ARTICULO  I 
El  plan  general  del  Evangelio 

San  Marcos  es  el  único  que  pone  al  principio  de  su  libro,  el 
nombre  de  Evangelio  como  contenido  del  mismo.  Va  a  tratar  del 
Evangelio  de  Jesucristo.  Desde  la  primera  l'nea  afirma  que  su  obra 
es  esto:  el  Evangelio.  El  no  crea,  el  Evangelio  existía.  Lo  fija  por 
escrito  bajo  una  cierta  forma,  con  los  elementos  que  ha  juzgado 
más  importantes. 

Cuando  San  Marcos  escribe,  entre  los  años  55-62  ^,  el  Evange- 
lio había  sido  predicado  y  debía  ser  predicado.  Conven'a  conser- 
var los  rasgos  de  aquella  predicación,  escribirla  en  favor,  sobre 
todo,  de  los  que  deb^'an  llevarla  por  todo  el  mundo. 

Marcos  usa  hasta  siete  veces  la  palabra  Evangelio,  mientras  que 

  I  i 

^  Cf.  H.-G.  Metzincer,  p.81;  M,  Meinertz,  Einleitunp  in  das  Neue  Testament'. 
5.»  (Paderbom  1950)  pp.l78-189= 


58 


EVANGELIO  DE  SAN  MARCOS 


San  Lucas  y  San  Juan  no  la  usan  nunca.  San  Mateo  la  emplee 
cuatro  veces  en  los  mismos  contextos  de  Marcos.  Esto  ya  Índice 
la  importancia  que  tiene  el  Evangelio  para  San  Marcos. 

El  Evangelio  es  la  buena  nueva,  el  anuncio  de  la  salvación.  Er 
el  estilo  oficial  del  tiempo  era  el  anuncio  de  un  acontecimiento  real 
la  aurora  de  un  mundo  nuevo,  de  una  época  nueva.  En  el  pensa- 
miento de  los  primeros  cristianos  era  la  buena  nueva  de  la  salva- 
ción aportada  por  Cristo.  La  unión  y  la  paz  con  Dios  por  Cristo 
Este  es  el  sentido  que  tiene  en  San  Marcos:  la  salvación  por  Cris- 
to. Y  esto  quiere  ser  su  libro.  No  va  a  ser  .una  vida  de  Jesús  qu( 
exponga  todo  desde  sus  or'genes:  su  educación,  su  desarrollo,  lai 
circunstancias  principales  de  su  existencia  terrena,  encuadradas  er 
el  marco  del  tiempo  y  de  la  geografía.  Marcos  no  se  propone  es- 
cribir esta  vida  metódica.  El  cree  que  Jesús  vive  sentado  a  la  de- 
recha del  Padre,  que  ha  de  venir  para  buscar  a  los  fieles  suyos 
Es  necesario  predicar  esta  nueva  de  la  salvación  por  Cristo.  Ha) 
que  aumentar  el  número  de  los  fieles,  de  los  q.ue  se  entregar 
a  Cristo,  y  para  eso  hay  que  decirles  quién  es  Cristo,  cuál  ha  sidc 
su  obra;  hay  que  darlo  a  conocer,  hay  que  inspirar  confianza  en  él 
Su  doctrina  y  su  obra,  la  salvación  que  promete,  está  ligada  a  si 
persona.  Para  esto  hay  que  contar  su  vida  terrena,  como  lo  har 
hecho  los  ministros  de  la  palabra,  los  testigos  abonados,  Pedro  er 
particular. 

El  plan  podía  ser  puramente  didáctico:  exponer  el  poder  d( 
Jesús  y  su  intención  de  salvación.  Sin  encuadrarlo  en  el  marco  d( 
lugar  y  tiempo.  Pero  es  mejor  fijar  el  plan  según  los  hechos.  Paré 
que  los  hechos  vivan  es  menester  encuadrarlos  y  revestirlos  de  la¡ 
circunstancias  indispensables.  Aun  para  reproducir  las  palabras  d( 
salvación  se  imponen  los  hechos.  Jesús  no  hab'a  enseñado  de  um 
manera  metódica,  sino  a  la  vera  de  los  caminos  de  la  vida.  La  his- 
toria lo  penetraba  todo.  Nunca  se  había  enseñado  de  otra  manerf 
en  Israel.  La  Ley  misma  era  una  historia.  Los  primeros  misionero" 
siguieron  este  plan.  Se  imponía  el  género  histórico  para  tratar  de 
Evangelio,  de  la  buena  nueva  de  la  salvación  por  Cristo.  El  libre 
de  Marcos  va  a  ser  un  libro  de  hechos,  de  realidades,  que  fundar 
y  esclarecen  el  Evangelio,  la  buena  nueva  de  Cristo,  la  que  é 
anuncia  al  mundo  nuevo. 

Principio  del  Evangelio  de  Jesucristo,  Hijo  de  Dios.  Jesucristo 
es  aquí  un  qenitivo  epexegético,  que  aclara  y  determina  el  sentidc 
del  Evangelio.  La  buena  nueva  de  aue  va  a  escribir  San  Marcoí 
consiste  precisamente  en  Jesucristo.  El  es  el  objeto  y  el  contenidc 
de  esa  noticia.  Su  persona  como  poder  y  fuerza  de  salvación.  Je- 
sucristo salvador.  Este  es  el  blanco  del  libro.  Este  era  también  e 
fin  de  la  predicación  de  San  Pedro.  Mostrar  a  todo  el  mundo  h 
fuerza  salvadora  del  nombre  de  Jesús,  fuera  del  cual  no  hay  sal 
vación  en  ningún  otro.  Pues  debaio  del  cielo  no  hay  otro  nomhn 
dado  a  los  hombres  por  medio  del  cual  podamos  salvarnos  (Aci 
il2). 


PLAN  GENERAL 


59 


Esto  decía  San  Pedro  ante  los  sumos  sacerdotes  Anás  y  Caifás. 
Jesús  era  el  único  salvador  del  mundo,  era  el  Evangelio,  la  buena 
nueva.  Y  para  coniirmar  la  verdad  de  sus  palabras  tema  que  auto- 
rizar la  persona  de  Jesús,  el  nombre  de  Jesús,  y  esto  es  lo  que  hace 
desde  el  principio  hasta  el  lin  de  sus  discursos.  La  fuerza  salvadora 
del  nombre  de  Jesús  la  demuestra  con  las  obras,  las  que  hace  ahora 
sentado  a  la  derecha  del  Padre  y  las  que  hizo  en  vida  mortal  en- 
tre los  hombres.  Cuando  le  interrogan  a  él  y  a  Juan  por  virtud  de 
quién  ha  sanado  al  paralitico  de  la  puerta  hspeciosa,  él  responde: 
i  Principes  del  pueblo  y  ancianos...:  sea  notorio  a  todos  vosotros  y 

9  todo  el  pueblo  de  Israel  que,  en  nombre  de  Jesucristo  el  Nazare- 
I  no,  a  quien  vosotros  crucilicasteis  y  a  quien  Dios  ha  resucitado  de 

entre  los  muertos,  por  él  se  presenta  sano  este  hombre  delante  de 
vosotros  (Act  4,9.10). 

El  primer  discurso  de  San  Pedro  al  pueblo  tiende  a  este  fin,  a 
autorizar  la  persona  de  Jesús  como  único  Salvador  de  los  hombres. 
Las  obras  que  ha  realizado  delante  del  pueblo  son  las  que  le  acre- 
ditan: Varones  de  Israel,  escuchad  estas  palabras:  A  ]esús  de  Na- 
zaret,  hombre  "acreditado  por  Dios"  ante  vosotros  "mediante  obras 
poderosas" ,  milagros  y  señales  que  Dios  hizo  por  medio  de  él  en- 
tre vosotros,  como  vosotros  mismos  sabéis.  A  éste...,  vosotros,  por 
manos  de  inicuos,  lo  hicisteis  morir  crucificándolo.  Pero  Dios  lo  ha 
resucitado...  Por  lo  cual  sepa  toda  la  casa  de  Israel  con  certeza  que 
Dios  ha  constituido  Señor  y  Cristo  a  este  mismo  Jesús  que  vosotros 
clavasteis  en  la  cruz  (Act  2,22-36). 

El  plan  del  libro  de  San  Marcos  estaba  determinado  por  su 
maestro  San  Pedro.  Contar  las  obras  poderosas  que  habia  obrado 
entre  los  judíos,  porque  eran  las  que  le  acreditaban  como  Señor  y 
Mesías,  como  Salvador  del  mundo. 

A  San  Marcos  no  le  han  interesado  los  discursos  doctrinales 
de  Jesús,  como  no  le  habían  interesado  a  su  maestro  San  Pedro. 
Le  han  interesado  mucho  más  los  hechos,  las  obras  portentosas  que 
ha  realizado.  Como  predicador  se  contenta  con  decir  que  ha  anun- 
ciado el  reino  de  Dios,  exhortado  a  la  penitencia  y  a  la  fe  en  el 
Evangelio  (1,15).  Aun  en  la  misma  doctrina  y  predicación  hace  no- 
tar la  fuerza  y  poder  con  que  hablaba:  Y  se  maravillaban  de  su  doc- 
trina, porque  solía  enseñarles  como  quien  tiene  autoridad  y  no  como 
los  escribas  (1,21).  Cmite  el  gran  sermón  del  Monte,  y  de  las  pará- 
bolas conserva  dos,  la  del  grano  que  germina  solo  y  la  del  grano 
de  mostaza  (4,26-34). 

La  hostilidad  de  los  judíos  aparece  desde  el  principio.  Los  es- 
cribas aparecen  en  seguida  deliberando  con  los  herodianos  para 
darle  muerte  a  Jesús  (3,6).  Esta  hostilidad  es  el  fondo  obscuro  que 
abrillanta  la  luz  poderosa  de  Jesús.  El  triunfo  de  los  enemigos  cul- 
mina en  la  cruz,  y  el  de  Jesús  en  la  resurrección  y  ascensión.  Pedro 

10  ha  hecho  ver  en  sus  discursos.  El  ha  dado  a  Marcos  el  plan  del 
libro,  si  no  directa  y  expresamente,  de  un  modo  indirecto  con  su 
predicación. 


60 


EVANGELIO  DE  SAN  MARCOS 


El  Evangelio  de  San  Marcos  se  puede  distribuir  en  dos  partes 
generales  bien  definidas:  la  predicacicn  en  Galilea  y  sus  contornos 
y  la  pasión  y  resurrección. 

La  predicación  en  Galilea  tiene  un  preámbulo  hecho,  que  mar- 
có San  Pedro  la  primera  vez  que  habló  en  público  a  los  hermanos: 
el  bautismo  de  Juan  (Act  1,21).  La  predicación  de  San  Pedro  no 
abarca  más  que  el  período  que  va  desde  el  bautismo  de  Juan  hasta 
la  ascensión,  el  tiempo  en  que  ha  habido  testigos  oficiales.  El  su- 
cesor de  Judas  tenía  que  escogerse  de  en  medio  de  los  varones  que 
nos  han  acompañado  durante  todo  el  tiempo  en  que  entre  nosotros 
entró  y  salió  el  Señor  Jesús,  em.pezando  desde  el  bautismo  de  Juan 
hasta  el  d  a  en  que  fué  recogido  de  en  medio  de  nosotros  en  lo  alto 
(Act  1.21.22). 

Por  esto  Marcos  empieza  con  el  bautismo  de  Juan  y  omite  todo 
lo  que  se  refiere  a  la  niñez  y  j-uventud  de  Jesús. 

El  cuerpo  de  toda  esta  primera  parte  lo  forman  los  hechos  del 
Señor  en  el  norte,  en  torno  al  lago  de  Galilea,  en  Tiro  y  Sidón,  en 
Perea  y  en  Cesárea  de  Filipo.  Los  hechos  prodigiosos  se  suceden 
uno  en  pos  de  otro.  Hasta  dieciocho  se  pueden  contar  fácilmente 
en  San  Marcos.  Todos  los  autores  subrayan  el  interés  que  muestra 
este  Evangelio  por  las  curaciones  de  los  posesos.  Es  uno  de  los 
casos  en  que  Jesús  muestra  su  poder  sobrenatural  y  divino. 

Los  milagros  alternan  con  las  disputas  y  la  oposición  que  en- 
cuentra el  Señor  en  los  escribas  y  fariseos.  A  San  Pedro  le  debió 
sorprender  esta  actitud  rebelde,  que  tanto  contrastaba  con  la  sin- 
ceridad y  verdad  de  su  psicología  personal. 

La  segunda  parte  del  libro  trata  de  la  muerte  y  resurrección  del 
Señor,  incluida  la  ascensión  a  los  cielos.  Como  preámbulo  está  el 
viaje  a  Judea  y  Perea  y  el  ministerio  en  Jerusalén  del  domingo,  lu- 
nes y  martes  santos.  San  Marcos  nos  ha  conservado  parte  del  sermón 
escatológico  y,  como  siempre,  se  ha  fijado  de  una  manera  especial 
en  las  disputas  con  los  enemigos.  Esta  segunda  parte  consta  de 
siete  cap  tulos,  por  nueve  que  tiene  la  primera. 

La  importancia  menor  que  ha  dado  el  segundo  evangelista  al 
contenido  doctrinal  de  la  predicacicn  del  Señor,  omitiendo  los  dis- 
cursos y  gran  parte  de  las  parábolas,  hace  que  s-u  libro  sea  el  más 
breve  de  todos.  Sólo  tiene  673  versos,  por  1.068  de  Mateo  y  1.149 
de  Lucas.  Aunque  es  tan  breve,  los  hechos  tienen  en  él  una  im- 
portancia mayor,  y  generalmente  están  contados  con  más  detalle  y 
precisión. 

ARTICULO  11 

Importancia  histórica  del  segundo  Evangelio 

El  segundo  Evangelio  tiene  un  valor  incalculable  desde  el  punto 
de  vista  histórico.  Por  su  misma  sencillez  e  ingenuidad  en  la  na- 
rración es  digno  de  todo  aprecio  cuando  se  busca  la  historia  obje- 


IMPORTANCIA  HISTORICA 


61 


tiva  e  imparcial  de  Jesús.  No  hay  en  él  un  plan  doctrinal,  un  sis- 
tema preconcebido,  un  afán  literario.  No  hay  más  que  una  fe  en 
Jesús  como  Señor  y  Cristo.  La  fe  de  San  Pedro,  que  se  había  ido 
formando  gradualmente.  Se  había  impuesto  por  los  hechos,  hsa  fe 
se  quiere  comunicar  a  ios  demás  y  se  le  busca  la  base.  La  misma 
que  iiab.a  en  Pedro.  El  cre.a  porque  había  visto.  Ahora  quiere  que 
los  demás  vean  también  para  que  crean.  Se  persigue  un  hecho  psi- 
cológico con  otro  histórico.  Y  como  Pedro  había  vivido  la  historia, 
no  necesitaba  literatura  para  hacerla  vivir  en  los  oyentes.  Se  con- 
tenta con  exponer  llana  y  sencillamente  lo  que  ha  visto.  Sin  apa- 
rato de  frases  ni  arranques  de  f-uego:  Viri  [ratres:  hombres,  herma- 
nos (Act  i, 16):  Viri  ludaei:  hombres,  judíos  (Act  2,H).  Y  empieza 
a  narrar  lo  que  ha  hecho  Jesús  entre  ellos:  en  medio  de  vosotros,  lo 
que  vosotros  sabéis  (Act  2,22).  Hechos  históricos  públicos,  conoci- 
dos de  todos. 

La  verdad  es  como  la  luz.  No  necesita  de  nadie  para  entrar. 
Basta  que  se  le  abran  las  puertas.  Basta  oír.  Y  éste  es  el  estilo  his- 
tórico del  segundo  Evangelio,  el  de  San  Pedro,  que  hablaba  con 
hermanos,  con  testigos,  que  habían  vivido  lo  que  él  había  vivido,  el 
hecho  de  Jesús. 

No  es  un  defecto  o,  si  s^  quiere,  es  un  defecto  providencial,  de 
un  fondo  histórico  grande  y  decisivo,  la  falta  de  literatura  del  Evan- 
gelio de  San  Marcos.  Su  vocabulario  es  pobre,  lleno  de  frases  vul- 
gares, de  repeticiones,  de  latinismos,  de  aramaismos.  Como  si  le 
dominaran  determinadas  palabras  o  expresiones,  con  las  cuales  se 
hubiera  encariñado.  Le  han  contado  hasta  cuarenta  y  dos  adverbios 
en  seguida,  en  el  momento  (1,10.12.18).  Solamente  en  el  capitulo  I 
se  pueden  contar  once.  Las  proposiciones  subordinadas  se  puede 
decir  que  no  las  conoce  San  Marcos.  Para  él  no  existe  más  que 
la  simple  coordinación  del  pueblo.  La  conjunción  y,  kay,  está  tan 
repetida  que  una  traducción  romance  tiene  que  prescindir  de  ella 
muchas  veces,  si  quiere  evitar  la  nota  de  estilo  plebeyo.  El  empleo 
de  las  partículas  griegas  y  ciceronianas  brilla  por  su  ausencia.  Las 
circunstancias  de  tiempo,  causa,  modo...,  se  refugian,  por  lo  gene- 
ral, en  el  participio.  Un  ejemplo  basta  por  muchos.  Traducimos  li- 
teralmente del  griego  de  San  Marcos: 

y  sube  a  la  montaña,  y  él  llama  a  los  que  él  quería,  y  vinieron 
a  él.  e  hizo  doce  para  que  estuvieran  con  él  y  para  enviarlos  a  pre^ 
dicat   y  tener  poder  de  echar  los  demonios  (3,13-15)  2. 

Este  descuido  gramatical  y  estilístico  resulta  providencial,  y  está 
avalorado  por  otras  cualidades  de  sinceridad,  verdad  y  viveza,  que 
realzan  su  contenido  histórico.  Todos  los  autores  señalan  el  uso 
del  tiempo  presente  o  imperfecto,  que  tanto  avivan  el  cuadro  de 
las  descripciones.  Así,  por  ejemplo,  mientras  San  Mateo  dice  del 
Señor  que,  "alejándose  un  poco,  postró  su  rostro  hasta  la  tierra" 


'  Cf.  M.  Zerwick,  Untersurbungen  sum  Markus.Stil  (Romae  1937);  II.  Pernot, 

Etudes  sur  la  luiiyuc  des  t.vunyi,cs  U'ai's  pp.ov-lUi;  G.  i>o^ACt;oRSi,  frimi 

¡>ayyi  di  fUologia  N eotcstamentaria  (Tormo  pp. 133-166. 


62 


EVANGELIO  DE  SAN  MARCÓS 


(26,39),  San  Marcos  mezcla  el  aoristo  con  el  imperfecto,  como 
quien  está  viendo  a  Jesús  en  su  oracicn;  "Y  habiénaose  icio  un  poco 
más  lejos,  se  poatro  en  tierra,  y  rogaba  que,  si  fuera  posible,  se 
alejase  de  él  aquella  hora,  y  decía...  iNo  hab.a  terminaao  üe  ha- 
blar, cuando  aparece  judas..."  (H,35.43).  El  impertecto  de  las  des- 
cripciones obliga  a  pararse  ante  el  cuadro  y  ei  presente  histórico 
como  transporta  el  pasado  al  momento  actual.  De  todos  los  auto- 
res del  JN.  T.,  Marcos  es  quien  más  lo  emplea.  El  solo  tiene  más 
que  todos  los  demás  juntos.  Y  no  es  que  lo  busque  como  un  arti- 
ficio literario,  a  la  manera  de  César.  \a  hemos  visto  qué  lejos  está 
él  del  artificio.  Son  fruto  espontáneo  de  su  imaginación,  que  está 
siempre  presente  a  los  hechos.  No  es  Marcos  quien  ve,  es  su  maes- 
tro Pedro  quien  cuenta,  con  su  imaginación  puesta  en  aquellas  ori- 
llas imborrables  del  Lago,  tan  cargadas  de  recuerdos  y  de  afectos. 

La  narración  del  segundo  Evangelio  es  histórica,  viva,  descrip- 
tiva de  las  personas,  de  s»us  gestos,  de  sus  miradas.  Jesús,  sus  dis- 
cípulos, sus  enemigos  actúan,  están  en  escena  real,  vivida.  En  esto 
supera  a  los  otros  dos  Sinópticos.  En  el  marco  general  de  la  acti- 
vidad pública  del  Señor  se  diferencia  poco  de  San  iVlateo.  Ha  omi- 
tido el  ministerio  en  Judea  y  se  ha  concretado  casi  exclusivamente 
al  de  Galilea  y  sus  alrededores.  Pero  aquí  pedemos  seguir  al  Divino 
Maestro  mucho  mejor  que  en  los  otros  Evangelios. 

Los  hechos  extraordinarios  del  Señor  se  han  ordenado  según 
una  sucesión  generalmente  histórica  y  objetiva.  Al  principio  del  mi- 
nisterio se  va  viendo  crecer  el  entusiasmo  y  admiración  del  pueblo. 
Luego  desde  el  cap.tulo  VI  decrece  la  mutua  confianza.  El  pueblo 
se  decepciona  y  el  Señor  se  retira  y  se  encierra  en  el  estrecho  círcu- 
lo de  los  suyos.  El  desenlace  final  se  va  viendo  venir.  Por  esto 
el  P.  Lagrange  cílvide  el  ministerio  galileo  en  dos  partes:  una,  que 
titula  la  predicación  del  reino  por  el  mismo  Cristo  (1,14-8,26),  y 
otra,  la  preparación  de  la  predicación  futura  por  los  discípulos,  que 
es  el  periodo  en  que  el  Maestro  se  dedica  más  directamente  a  for- 
marlos, aun  fuera  ya  de  Galilea  (8,27-13,37). 

Se  va  viendo,  pues,  cómo  avanza  la  línea  general  histórica  y 
cronológica.  La  convicción  de  que  San  Marcos  ordena  los  hechos 
según  el  tiempo,  nace  de  la  lectura  misma  del  libro.  El  capitulo  I 
pertenece  indiscutiblemente  a  los  albores  del  ministerio  en  el  Lago. 
La  jornada  primera  de  Cafarnaúm  es  completa.  Los  ojos  de  San 
Pedro  se  debieron  abrir  muy  anchos,  y  abiertos  seguían  cuanao 
narraba  estas  escenas  a  los  fieles.  Un  sábado  asiste  a  los  oficios  de 
la  sinagoga.  La  gente  le  admira.  Hay  un  poseso,  y  el  Señor  lo  cura. 
De  la  sinagoga  va  a  casa  de  Pedro.  Está  enferma  la  suegra  de  éste. 
Interceden  por  ella  ante  el  Señor  y  la  cura.  Y  les  servia  (1,31).  Al 
final  de  la  tarde,  cuando  ya  cesa  la  ley  del  descanso  sabático,  el 
pueblo  se  arremolina  en  torno  a  la  casa  y  todos  traen  sus  enfermos. 
El  cura  a  muchos.  Al  día  siguiente  por  la  mañana  se  levanta  muy 
temprano  y  se  va  al  desierto  a  orar.  Cuando  vuelve  la  gente,  Pedro 
sale  en  su  busca.  Lo  encuentran  y  le  dicen:  Todo  el  mundo  te  bus- 


IMPORTANCIA  HISTORICA 


63 


ca.  El  les  respondió:  Vamos  a  otro  sitio,  a  las  aldeas  vecinas,  para 
predicar  también  allí,  porque  para  eso  he  venido  (1,21-38). 

Esta  narración  responde,  ciertamente,  a  las  primeras  jornadas  de 
Galilea.  La  curacicn  del  leproso  (1,40-45),  la  del  paral.'tico  de  Ca- 
farnaúm  (2,1-12),  la  vocación  de  Leví  (2,13-22),  pertenecen  también 
al  primer  año. 

La  escena  de  las  espigas  (2,23-28)  indica  que  ha  pasado  la  se- 
gunda Pascua.  Estamos  ya  en  el  segundo  año.  Y  sigue  el  sermón 
del  Monte,  del  cual  Marcos  solamente  ha  conservado  el  marco  cir- 
cunstancial. Las  parábolas  no  distan  mucho.  La  primera  multiplica- 
ción de  los  panes  y  la  muerte  de  J.uan  Bautista  marca  el  principio 
del  tercer  año.  Es  el  momento  cumbre  del  ministerio  del  Señor.  Des- 
de aquí  empieza  a  decrecer. 

La  línea  general  del  ministerio  se  puede  seguir  en  San  Marcos,  y 
afirmarse  de  ella  que  está  echada  con  senMdo  histórico  y  cronoló- 
gico. Los  hechos  se  han  ordenado  cronológicamente.  Alguno  podrá 
estar  fuera  de  su  sitio,  pero  esto  hay  que  probarlo.  La  narración 
está  hecha  con  criterio  histórico. 

Además  del  análisis  general  de  su  narración,  hay  un  motivo  más 
para  creer  en  el  orden  histórico  de  Marcos:  la  precisión  topográ- 
fica con  que  narra  muchos  hechos. 

Jesús  viene  a  Galilea  después  que  Juan  ha  sido  encarcelado 
(1,14).  Junto  al  mar  encuentra  a  los  primeros  disc'pulos  (1,16).  En- 
tra en  Cafarnaúm..  Asiste  a  la  sinagoga  por  la  mañana  de  un  sába- 
do. Va  a  la  casa  de  Simón  (1,29).  A  la  caída  del  sol  le  traen  mu- 
chos enfermos  (1,32).  Por  la  mañana  temprano  van  a  buscarle  al 
mon^e  (1,35). 

Sale  de  Cafarnaúm  y  vuelve  a  Cafarnaúm  (2,1).  Pasea  junto  al 
mar  (2,13),  por  unos  campos  de  trigo,  de  nuevo  junto  al  mar  (3,7; 
4,1).  Una  tarde  se  embarca  hacia  Oriente  (4,35),  llega  a  la  región  de 
los  gerasenos  (5,1),  a  la  Decápolis  (5,20).  Al  desembarcar  en  la  ribe- 
ra occidental  tiene  lugar  el  encuentro  con  Jairo  (5,21).  Estamos  siem- 
pre en  torno  al  Lago.  El  escenario  que  más  simpatías  deb'a  desper- 
tar en  el  ánimo  de  Pedro,  el  escenario  de  su  niñez,  de  su  juventud 
de  pescador. 

La  segunda  parte  del  ministerio  galileo  sigue  con  la  misma  pre- 
cisión topográfica.  Nos  alejamos  un  poco  del  Lago  para  ir  a  Naza- 
ret  (6,1),  pero  volvemos  en  seguida.  Se  embarca  y  pasa  al  desierto 
oriental  (6,31),  vuelve  a  la  costa  de  Genesaret  en  el  Occidente  (6,53) 
y  sigue  una  nueva  excursión  lejos  del  Lago  por  Tiro,  Sidón,  Decá- 
polis, para  volver  en  seguida  al  Lago  (7,31).  En  Betsaida  cura  un 
ciego  y  sube  haría  el  norte  hasta  Cesárea  de  Filipo.  Después  entra 
de  nuevo  en  Cafarnaúm  (9,32). 

Es  un  escenario  estrecho,  pero  muy  familiar  a  Pedro;  de  líneas 
muy  generales,  que  facilitan  la  retención  y  el  orden  histórico.  Hay 
machas  lagunas,  es  verdad.  Pero  la  relación  de  las  excursiones  y 
lugares  mencionados  no  está  perturbada.  Responde  a  la  realidad 
histórica. 


64 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


La  laguna  más  deplorable  es  la  de  los  viaíes  a  Terusalén.  En  San 
Marcos  no  hay  más  que  un  viaje  a  la  ciudad,  al  final  del  mm'sterio 
palüeo.  Un  viaje  que  no  es  directo  e  inmediato,  sino  pasando  por 
Perea.  De  este  viaje  se  contenta  con  decirnos  oue  va  a  Judea  y  a 
Perea.  Frase  muy  general.  Viene  a  Jericó,  a  Betania,  y,  por  fin,  en- 
tra en  Terusalén. 

El  Evan-^elio  de  San  Marcos,  oue  tan  al  vivo  refleja  los  re- 
cuerdos de  San  Pedro,  con  su  sencillez  y  verdad,  es  una  gu^'a  pre- 
ciosa para  seguir  al  Señor  en  S'U  ministerio  del  norte.  Por  algo  San 
Lucas  lo  siguió  también.  El  pudo,  me^or  que  nosotros,  conocer  cuán 
fielmente  respondía  a  los  informes  de  los  demás  testigos  que  con- 
sultó. 

CAPITULO  V 
El  Evangelio  de  Sa.n  Mateo 

El  Evangelio  de  San  Mateo,  oue  los  antinuos  senivpn  como  base 
de  sus  concordias,  por  su  carácter  esencialmente  didáctico,  no  es 
ciertamente  el  más  orientador  en  materia  de  ordf>n  y  cronoloq'a.  Así 
lo  reí^onocen  bov  la  mayor'a  de  los  autores  ^.  Con  todo,  le  siguen 
aún  Fillion.  Mérhineau  v  T-<>pi'^ier.  Ul^-fmamente  ha  nnerido  revali- 
darlo F.  M.  Catherinet  2.  Fl  1916  publicó  dos  artí'^'ulos  sobre  los 
métodos  literarios  de  San  Mateo,  E.  Levesoue.  que  ban  infhr'do  en 
los  trabados  posteriores.  En  ellos  supo  exponer  muy  bien  el  plan  ae- 
neral  del  Evan'^elio,  oue  ya  era  muy  conocido,  y  sus  métodos  na- 
rrativos y  didácticos  ^.  Se  puede,  pues,  decir  que,  en  su  con-unto, 
está  muy  bien  estudiado  San  Mateo.  No  vamos  a  abrir  ningún  ca- 
mino nuevo,  sino  seguir  sencillamente  el  me  sique  bov  dia  la  cri- 
tica católica.  Camino,  por  otro  lado,  que  facilita  murbo  la  exégesis 
del  texto  sagrado  y  evita  muchas  obscuridades  y  dificultades  apo- 
logéticas. 

ARTICULO  I 

Plan  general  del  primer  Evangelio 

El  molde  general  en  que  ha  vanado  San  Maf-'^o  la  materia  evan- 
gélica puede  decirse  que  es  el  mismo  de  San  Marcos,  porque  res- 
ponde al  de  la  primitiva  catequesis  de  San  Pedro.  Predicación  y 

'  Cf.  Dopado  p  3*^8  n  24S:  H.-O.  Mkt/incR".  np..4.S-5'í:  Mktvt;rtz.  F.ítifritvntil 
pp.l(^S-178:  J.  ScHMiD,  Mctth'áus  i-tid  L'>'kns  CFreib.  im  Rr.  K30^;  Svnopse  (Re- 
gen<:>i"vfr   1040-):   Pkrk,   Svfinf^^-'s   'at-'nn   ÍPnHprhorrae   1^3'^'»:   GiVARn.  p.76. 

2  Y  n-t-ü  nfi  nrfirr  r^rny,nlnf'n''f'  dans  l'évanq'.lc  dti  Saint  Matthieuf :  Mélangei 
Podecliard  (Lyón  1945)  pp. 27-36. 

*  Ourlavcs    Pror-^d^s    l'tft^m^rrs    d^    Sr't^f    MntH'-'^ii:  U    ri'M^'»    «;-''?  3'»'^-4f>5. 

Cf.  F).  ÓSTY,  Les  r.vanfjiles  Synoptiqucs  (Parfs  1947)  pp.XXXTT-XXXIV;  B.  Bknoit; 
L'Evangile  selon  Saint  Mnthhicu  (Bible  de  Jérusalein.  Parf?  l')50)  7-28. 


PLAN  GENERAL 


65 


bautismo  de  Juan,  ministerio  en  Galilea,  subida  a  Jerusalén,  pasión 
y  resurrección. 

En  este  molde  general  convienen,  como  hemos  visto,  los  tres 
primeros  Evangelios.  Quien  más  se  ha  atenido  a  él  ha  sido  San 
Marcos.  San  Lucas  ha  introducido  sus  modificaciones  grandes,  y  lo 
mismo  ha  hecho  San  Mateo. 

El  primer  Evangelio  empieza  con  la  genealogía  del  Señor,  su 
concepción  sobrenatural,  la  adoración  de  los  Magos  y  el  destierro 
en  Egipto.  Dos  capítulos  propios 

El  ministerio,  que  precede  a  la  pasión  y  resurrección,  se  puede 
dividir  en  cinco  grandes  secciones,  cada  una  de  las  cuales  tiene 
una  parte  narrativa  y  otra  didáctica.  Cinco  grandes  bloques  de  he- 
chos y  cinco  de  discursos.  El  bloque  de  los  hechos  se  puede  rela- 
cionar con  el  que  le  sigue  de  los  discursos  ^. 

Estas  cinco  partes  están  bien  definidas,  porque  cada  una  se  ter- 
mina con  la  misma  fórmula:  Cuando  Jesús  hubo  acabado  estos  dis- 
cursos... Es  una  frase  hecha,  de  estilo  semita,  que  se  encuentra  en 
la  traducción  griega  de  los  LXX,  y  que  no  se  encuentra  más  que 
cinco  veces  en  San  Mateo  (7,28;  11,1;  13,53;  19,1;  26,1).  Este  final 
de  los  cinco  discursos  no  es  casual  y  revela  en  su  autor  una  divi- 
sión V  un  plan. 

Primera  seccióri:  Consta  de  los  hechos  que  inician  el  ministerio 
en  Galilea  y  revelan  la  persona  del  Señor  (4,12-25).  Es  una  breve 
preparación  para  el  primer  discurso,  la  carta  magna  del  reino,  el 
sermón  del  Monte  (6,1-7,29).  Se  termina  con  la  frase  hecha:  Cuan- 
do Jesús  hubo  terminado  estos  discursos,  las  turbas  estaban  llenas 
de  admiración  por  su  doctrina  (7.28). 

Segunda  sección :  Consta  iqualmente  de  hechos  y  discurso.  Los  he- 
chos son  una  serie  seguida  de  milagros,  que  abarca  dos  capítulos,  y 
que  no  siempre  corresponden  al  momento  y  al  lugar  que  les  asig- 
nan Marcos  y  Lucas  (8,1-9.35).  El  discurso  trata  de  las  enseñan- 
zas oue  da  el  Señor  a  los  apóstoles  y  propagandistas  de  su  reino 
(9,36-10.42).  Cuando  Jesús  hubo  acabado  de  dar  sus  instrucciones 
a  sus  doce  discíünfos.  partió  de  allí  a  enseñar  y  predicar  en  las  ciu- 
dades de  ellos  (11.1). 

Tercera  sección:  Comprende  diversos  hechos,  que  revelan  la  mala 
preparprinn  de  los  iud'os  y  la  rebeldía  que  había  profetizado  Isaías 
(11.1-12.50).  Con  ellos  se  pretende  justificar  el  lenguaie  un  tanto 
misterioso  de  las  parábolas  sobre  el  reino  03,1-52).  Cuando  Jesús 
terminó  estas  parábolas,  partió  de  allí  (13,53). 

Cuarta  sección:  Encierra  los  últimos  hechos  de  Galilea  (13,53- 
17.26).  V  que  en  alnuna  manera  se  pueden  relacionar  con  el  discurso 
que  dirige  a  los  discípulos  más  fieles.  La  consigna  que  les  da  el 

*  Cf.  A.  DuRAND,  L'enfntice  de  lésvchrist  (París  1908);  D.  Baldi,  L'infanzia  del 
Sah'atore  (Roma  1925');  I.  VosTÉ,  De  conccptio-ne  vxrginali  lesu  Christi  (Romae 
1933);  K.  BURROWS,  The  Cospel  of  the  infancy  and  other  biblical  Essays  (lyOndon 
1940);  P.  Straeter,  De  probabili  origine  historiae  infantiae  Christi:  VD  25  (1947) 
321-322. 

»  Cf.  P.  Benoit,  pp.8-11. 

É SINOPSIS    CONCORDADA  3 


66 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


Maestro  es  de  humildad,  caridad  y  edificación  mutua.  Las  reglas 
que  deben  gobernar  los  diversos  miembros  del  reino  (18.1-19,1). 

Quinta  sección:  Está  unida  con  la  entrada  y  ministerio  en  Jeru- 
salén.  Los  hechos  preparan  las  disputas  con  los  escribas  y  fariseos. 
Aquí  ha  reunido  todas  las  recriminaciones  que  les  hace  el  Señor 
(21,28-23,39).  Todo  se  dirige  al  supremo  y  último  discurso  escato- 
lógico  (24,1-25,46). 

Lo  más  característico  del  primer  Evangelio  son  estas  cinco  sec- 
ciones con  sus  cinco  discursos,  que  responden  a  un  verdadero  plan 
y  método  literario  del  autor.  Al  fondo  esencial  de  cada  uno  de  ellos>^ 
que  está  en  su  situación  histórica  propia,  se  han  podido  juntar  ma- 
teriales de  diversos  tiempos  y  circunstancias,  emparentados  lógica- 
mente con  el  núcleo  central. 

Este  plan  general  es  hijo  de  un  temperamento  literario  particu- 
lar, de  un  espíritu  que  se  recrea  en  la  idea,  en  la  substancia  de  las 
cosas.  San  Mateo  es  ^una  mentalidad  fuerte  y  seria,  que  no  se  pier- 
de en  el  detalle  ni  en  la  paja,  sino  que  va  al  grano  y  al  tronco.  Los 
hechos  se  subordinan  a  la  doctrina,  revistiendo  siempre  un  valor  se- 
cundario. El  hecho  como  hecho  no  cuenta,  cuenta  más  la  idea  y  la 
doctrina  que  él  encierra,  el  valor  que  aporta  a  la  tesis  general  del 
libro.  Este  plan  general  ejercerá  una  influencia  grande  en  la  manera 
de  escribir,  en  las  narraciones  de  los  hechos  y  en  la  historia  de 
la  predicación. 

ARTICULO  II 
Métodos  narrativos  de  San  Mateo 

La  exégesis  moderna  ha  progresado  bastante  en  el  conocimiento 
de  las  maneras  literarias  de  cada  autor.  En  el  estudio  de  los  libros 
sagrados  hay  que  buscar  siempre  el  pensamiento  del  autor  inspira- 
do, porque  su  afirmación  es  la  afirmación  del  Espíritu  Santo.  Y 
las  afirmaciones  se  conocen  por  las  maneras  propias  de  escribir. 
No  se  le  debe  pedir  a  cada  evangelista  más  de  lo  cue  él  ha  que- 
rido decir.  Y  esto  solamente  se  puede  conocer  sabiendo  el  alcance 
que  tienen  sus  palabras,  sus  frases,  sus  imágenes,  su  estilo.  P;o  XII 
nos  exhorta  a  estudiar  los  géneros  literarios,  los  estilos,  porque  por 
ese  estudio  se  llega  a  la  interpretación  recta  del  pensamiento.  No 
se  le  puede  exigir  a  San  Mateo  que  narre  como  nosotros  narra- 
mos. Cada  autor  tiene  su  plan  y  sus  caminos  para  llegar  al  fin. 

No  vamos  aquí  a  hacer  un  estudio  completo  de  las  maneras  pro- 
pias de  San  Mateo,  pero  nos  vamos  a  fijar  en  algunas  de  las  ca- 
racterísticas de  S'US  narraciones,  aquellas  que  nos  sirvan  más  para 
ver  hasta  dónde  ha  querido  él  dar  el  orden  cronológico  He  los  he- 
chos, que  es  lo  que  a  nosotros  nos  interesa  ahora  como  base  de  la 
sinopsis-concordia. 

L"  San  Mateo  fácilmente  saca  de  su  contexto  histórico  los  he- 
chos. Más  que  el  marco  histórico  del  hecho  le  interesa  el  hecho  mis- 


MÉTODOS  NARRATIVOS 


67 


PIO  y  su  contenido  doctrinal.  Son  típicos,  desde  este  punto,  los  capí- 
tulos Vlll  y  lA.  iln  ellos  ha  agrupado  una  sene  ae  milagros  que 
no  responden  siempre  ai  marco  iiiSLorico  que  les  dan  los  otros  evan- 
gelistas. La  cucanon  del  leproso  (Mt  6,l-'í}  sigue  inmediatamente 
al  sermón  del  Monte,  y  parece  que  tiene  el  mismo  público,  la  mu- 
chedumbre que  hab.a  oído  al  benor.  ílsto  ya  es  un  poco  chocante. 
Los  leprosos  ten.an  que  vivir  al  margen  de  la  sociedad  y  las  gentes 
les  ten.an  un  verdadero  horror.  ¿Como  éste  se  atreve  a  tanto/ 

bi  se  examina  el  marco  histórico  de  los  otros  dos  Sinópticos,  se 
ve  que  responde  mas  a  la  realidad.  Precede  al  sermón  del  Monte  y 
coincide  con  una  de  las  excursiones  del  Señor.  Al  entrar  o  salir  de 
algún  pueblo,  ya  en  el  campo,  se  encontrarla  con  este  pobrecito,  que 
se  atrevió  asi  a  acercarse  a  él. 

La  curación  del  siervo  del  centurión  viene  a  continuación  de 
la  del  leproso.  Es  una  razón  más  para  pensar  en  que  una  de  las 
dos  está  tuera  de  sitio.  San  Lucas  la  menciona  también  y  la  pone 
poco  después  del  sermón  del  Monte,  'iodas  las  circunstancias  se 
pueden  muy  bien  explicar  en  este  marco  ^. 

La  curación  de  la  suegra  de  ban  Pedro  sabemos  que  tuvo  lugar 
a  los  principios  del  ministerio  en  Galilea.  1  anto  San  Lucas  como 
San  Marcos  la  colocan  en  la  primera  jornada  de  Cafarnaúm.  San 
Mateo  nos  la  pone  también  después  del  sermón  del  Monte,  en  ple- 
no ministerio  galileo  ^. 

El  milagro  de  la  tempestad  y  la  curación  del  poseso  de  Gerasa 
están  igualmente  fuera  de  marco.  No  sucedieron  inmediatamente  des- 
pués del  sermcn  del  Monte,  como  pudiera  creerse  por  San  Mateo, 
sino  más  adelante,  después  de  la  jornada  de  las  parábolas  ^. 

La  curación  del  paraliiico  de  Cafarnaúm  está  muy  retrasada.  San 
Mateo  la  ha  puesto  muy  mediado  el  ministerio  en  Galilea.  Por  el 
segundo  evangelista  sabemos  que  tuvo  lugar  casi  al  principio  ^. 

La  entrevista  con  Jairo  hace  la  impresión  que  sucedió  muy  poco 
después  de  la  vocación  de  Leví.  No  sólo  la  cuenta  inmediatamente 
después,  sino  que  la  introduce  con  esta  frase:  "Estando  diciendo 
estas  cosas,  viene  un  jefe,  se  postra  delante  de  él  y  le  dice"  (9,18). 
Un  lector  literalista  creería  que  Jairo  se  ha  presentado  en  la  misma 
sala  del  banquete  que  dió  Leví  después  de  su  vocación.  ¿Cómo 
explicar  que  San  Marcos  retrase  mucho  más  esta  entrevista  y  la 
ponga  cuando  vuelve  el  Señor  de  la  Decápolisi'  (5,21).  Porque  San 
Marcos  sigue  el  orden  histórico  de  los  hechos,  y  San  Mateo  se  atie- 
ne más  al  orden  lógico  y  prefiere  las  agrupaciones  de  doctrinas  o 
hechos  similares 

2.°  Por  el  hecho  mismo  de  desplazar  los  sucesos  de  su  marco 
real,  las  fórmulas  con  que  los  introduce  tienen  un  sentido  vago,  de 
simple  unión  literaria,  de  toques  de  atención,  desprovistas  muchas 

•  Cf.  JJORADO,  p.473   n.331;   p.557  n.388. 
^  Li.  DoKAUo,  p.4/0  n.327. 
»  Id.,  p.613  n.43'+. 
»  \ü.,  p.476  n  333. 
"  Id.,  p.618  n.440. 


68 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


veces  del  significado  temporal,  que  ellas  por  sí  mismas  podrían  te- 
ner. Lo  acabamos  de  ver  en  la  manera  como  introduce  la  entrevis- 
ta con  Jairo.  Si  el  lector  se  atiene  al  valor  de  la  trase  en  si  misma 
considerada,  prescindiendo  del  valor  que  le  ha  podido  dar  San  Ma- 
teo. Con  motivo  del  banquete  en  casa  de  Levi  y  el  escándalo  de 
los  fariseos  al  verlo  comer  con  los  publícanos,  pone  la  pregunta 
que  le  hacen  los  discípulos  de  Juan  sobre  el  ayuno  y  la  introduce 
con  entonces,  que  se  puede  referir  al  mismo  momento  del  banquete 
(9,14).  Y  en  la  realidad  pudo  estar  separada  de  él.  Apenas  termina 
de  responder  a  los  discípulos  de  Juan,  estando  diciendo  estas  cosas, 
viene  Jairo.  En  la  realidad  este  principe  vino  más  tarde. 

Ya  el  P,  Cornely  notaba  que  las  partículas  temporales  en  San 
Mateo  tienen  poco  valor:  "plerasque  vagas  esse  et  ini^ertas,  adeo 
ut  ex  hebraico  quodam  loquendi  modo  ab  uno  argumento  ad  alte- 
rum  potius  orationem,  quam  temporis  seriem  indicent" 

La  partícula  he  aquí  (ecce,  kai  idú)  no  significa,  las  más  de  las 
yeces,  tiempo  inmediato,  aunque  'un  lector  poco  advertido  fácilmen- 
*^  se  lo  daría.  Ya  hemos  visto  que  la  curación  del  leproso  no  su- 
cedió después  del  sermón  del  Monte,  sino  que  le  precedió.  Pues 
bien,  San  Mateo  la  introduce  así:  "Al  bajar  de  la  montaña  le  segura 
mucha  gente.  Y  he  aquí  que,  acercándose  un  leproso,  se  postra  de- 
lante de  él,  diciendo:  Señor,  si  quieres,  puedes  sanarme"  (8,1.2). 

Si  no  hubiéramos  tenido  la  narración  paralela  de  los  otros  dos 
Sinópticos,  hubiéramos  creído  que  el  leproso  esperaba  al  Señor  al 
pie  de  la  montaña.  Lo  hubiéramos  creído  así  porque  desconocíamos 
el  valor  que  tienen  las  partículas  en  San  Mateo  y  el  valor  de  sus 
marcos,  que  son  más  literarios  que  históricos.  La  misma  partícula 
vuelve  a  aparecer  poco  después  con  motivo  de  la  entrevista  de  Jairo 
(9,18).  Y  tampoco  tiene  valor  temporal,  como  hemos  visto. 

La  maldición  de  la  higuera  nos  ofrece  otro  de  los  casos  claros 
del  poco  valor  que  tienen  las  partículas  temporales  en  San  Mateo. 
El  Señor  se  dirige  a  Jerusalén  por  la  mañana  del  lunes.  Ve  una 
higuera  al  lado  del  camino,  se  dirige  a  ella  y  no  encuentra  sino 
hojas.  Entonces  dice:  "No  vuelva  a  salir  de  ti  jamás  fruto  alguno." 
Y  al  momento  se  secó  la  higuera  (21,18.19). 

La  lectura  de  esta  narración  deja  la  impresión  de  que  la  higue- 
ra se  secó  inmediatamente,  apenas  pronunció  sobre  ella  las  pala- 
bras de  maldición.  La  admiración  que  sigue  de  los  disc.pulos,  tal  y 
como  la  cuenta  San  Mateo,  confirma  más  en  esa  impresión:  "Ai 
verlo,  los  discípulos  dijeron  admirados:  ¡Cómo  se  ha  secado  la  hi- 
guera de  repente!"  (21,20). 

El  segundo  Evangelio  cuenta  la  escena  con  otros  pormenores 
que  explican  el  marco  genérico  de  San  Mateo.  El  hecho  sucede 
también  el  lunes  por  la  mañana.  Jesús  siente  hambre,  se  acerca  a 
la  higuera  y  no  encuentra  nada  más  que  hojas.  Entonces  la  dijo: 


"  Histórica  et  critica  Introductio  in  U.  T.  libros  sacros,  vol.3,  Introdnctio  specia- 
his  in  N.T.  (Parisiis  1886)  p.64.  Cf.  pp.65-6  not.3.  Cita  varias  veces  a  San  Agustín 
en  este  sentido,  Cf.  JJokaoü,  p.47  n.3.  Trae  más  bibliografía. 


MÉTODOS  NARRATIVOS 


69 


"Jamás  en  adelante  coma  nadie  fruto  de  tí."  Y  lo  oían  sus  discípu- 
los (11,12-H). 

Nótese  que  San  Marcos  no  habla  todavía  d«  que  la  higuera  se 
secase.  Después  de  las  palabras  de  maldición,  se  contenta  con  de- 
cir: Y  lo  oían  los  discípulos. 

Ahora  van  a  Jerusaien  y  pasan  allí  el  día.  Y  "al  día  siguiente, 
por  la  mañana,  vieron  al  pasar  la  higuera  seca  hasta  las  raíces.  En- 
tonces Pedro,  acordándose  de  lo  del  día  anterior,  le  dijo:  Maestro, 
mira:  la  higuera  que  maldijiste  se  ha  secado"  (11,20-21). 

Mientras  San  Marcos  distingue  dos  cuadros:  uno,  el  de  la  mal- 
dición, y  otro,  el  de  la  admiración  de  los  discípulos,  cada  .uno  de 
los  cuales  sucede  en  días  distintos,  San  Mateo  no  pone  más  que 
uno  solo  y  en  el  mismo  día.  Jesús  maldice,  la  higuera  se  seca,  y 
los  discípulos  se  admiran  en  un  mismo  marco  cronológico.  Y  es 
que  a  San  Mateo  le  interesa  el  hecho;  la  substancia  y  las  partícu- 
las son  lazo  de  unión.  La  escena  completa  hay  que  representársela 
como  la  describe  San  Marcos,  que  es  tan  detallista  en  este  caso. 
Jesús  maldice  por  la  mañana  del  lunes,  y  los  discípulos  se  fijan  en 
sus  palabras.  Por  la  noche,  al  volver  a  Betania,  o  no  pasaron  junto 
a  la  higuera  o  no  la  vieron  con  la  obscuridad.  Al  día  siguiente,  por 
la  mañana,  Pedro  se  fija  en  que  la  higuera  está  totalmente  seca.  Este 
fijarse  ahora  prueba  que  la  higuera  no  se  secó  fulminantemente  el 
día  anterior,  como  parecen  indicar  las  partículas  de  San  Mateo. 

Un  caso  más  cierto  del  poco  valor  temporal  que  tienen  las  par- 
tículas en  San  Mateo  lo  teñamos  en  la  mañana  de  la  resurrección. 
Magdalena  y  la  otra  María  vienen  al  santo  sepulcro.  El  ángel  les 
anuncia  la  resurrección  del  Señor,  y  ellas  "en  seguida  partieron  del 
sepulcro...  y  he  aquí  que  Jesús  les  salió  al  encuentro"  (28,8.9 j. 

Expliqúese  como  se  quiera  esta  narración  de  San  Mateo,  que 
es  una  de  las  más  típicas  de  su  estilo  condensado,  la  aparición  del 
Señor  no  se  puede  poner  ciertamente  inmediatamente  después  de 
salir  del  sepulcro,  si  queremos  salvar  la  presencia  de  María  Mag- 
dalena, que  se  debe  salvar  a  toda  costa,  pues  la  pone  como  pro- 
tagonista San  Mateo,  y  si  queremos  también  explicar  cómo  los  dis- 
cípulos de  Emaús  saben  que  las  mujeres  han  visto  ángeles  y  han 
oído  que  Jesús  ha  resucitado,  pero  a  él  no  lo  han  visto  (Le  24,22.23). 
Entre  la  aparición  del  ángel  y  la  aparición  del  Señor  hay  que  po- 
ner una  ida  a  los  discípulos  con  el  mensaje  del  sepulcro  vacío  y  del 
anuncio  sobre  la  resurrección  que  da  el  ángel,  que  es  lo  que  alcan- 
zan todavía  los  dos  de  Emaús,  que  no  saben  nada  de  apariciones 
del  Resucitado  mismo.  Pero  de  esto  hemos  de  tratar  más  expresa- 
mente después. 

Nadie  se  debe  extrañar  del  poco  valor  temporal  que  tienen  las 
partículas  en  la  pluma  de  San  Mateo,  si  observa  que  el  mismo  tiem' 
po  tiene  para  él  muy  poca  importancia.  Las  perspectivas  tempora- 
les se  esfuman  en  sus  narraciones,  como  hemos  visto  en  el  caso 
de  la  higuera.  El  va  a  los  hechos,  a  las  realidades,  y  no  se  fija  en 
las  circunstancias  y  accidentes. 


70 


:  5  5:  :-:5  z:  -:::2Íc::5  c^.  el  tcm- 
--     ^.           :-  -  Maleo. 

r:  i                     r  ral 

' :.  ..  '             . .  _  .m- 

.  '  :.  -arla 

-  .a  ex- 

-i  :;cs.  la 

.  r  —  ; :  - .  .vLs  nosan- 

r.  i    :  --c.-a  ¿le  la  ciudad 


y  se  ¿lié  a      :    .  =.   -  : -  ^  p  -  -  . .  .7 

Un  anális:  1  z>'.>'.:z-.  : >  - ^  - :  " : : ~  z  ¿>  5an  Mateo  pudiera 
bastar  para  ;;¿r.::ada  cronolcgicamente. 
Entre  las  int¿:  riirisecs  no  nay  ningu- 
na sobre  la  £u:'.:;-¿.:  ;  i::  ,  lá  er.  :¿raplo;  solamente 
se  le  quejan  Cc  .es  r.:f.  .;        r.uciera  precedido  la 


ezpidsicn.  ya  le  hubieran  .  íi.l- .  cí:  ¿..í  Pero  lo  que  seria  una 
conjetura  por  el  análisi:  -  ,  'iti  itxio,  se  hace  certeza  por  la 
comparación  con  el  i--  ir.  Marcos.  Este  narra  el  episodio 

de  los  vendedores  en  .a  jcrna^a  z<.\  lunes,  después  de  la  maldición 
de  la  higuera  (11,15-19)^ 

Para  nosotros,  esta  vacilación  o  diferencia  de  marco  cronológico 
entre  los  dos  primeros  Sinópticos  es  también  una  prueba  de  que  la 
expulsión  tuvo  lugar  solamente  ai  principio  del  ministerio,  en  la 
primera  Pascua 

La  unción  de  Betania  está  igualmente  desenfocada  cronológica- 
mente en  los  dos  primeros  evangelistas.  La  cuentan  inmediatamente 
antes  de  la  cena  pascual,  como  si  hubiera  sucedido  poco  antes  de 
ella.  San  Juan  nos  dice  expresamente  que  precedió  a  la  entrada 
triunfal  del  domingo.  Los  dos  Sinópticos  la  han  retrasado  litera- 
riamente, por  la  relación  que  tuvo  con  la  traición  de  judas,  hn  la 
cena  de  tSeíania  tomó  éste  la  resolución  definitiva  de  vender  al 
Maestro.  Y  el  pacto  lo  debió  hacer  el  martes  o  el  miércoles,  y,  con 
motivo  de  este  pacto,  cuentan  la  unción.  Así  preparan  los  sucesos 
del  jueves  y  viernes 

De  todo  esto  se  deduce  que  San  Mateo  es  más  real  que  cir- 
cunstancial y  personal.  Ya  San  Agustín  decía  de  él  que  no  se  habla 
interesado  siempre  por  el  orden  y  sucesión  de  los  hechos:  Hoc 
quando  [actum  sit  i.  e.  post  quid  vel  ante  quid,  non  expressit  Mat- 
thaeufi.  Non  enin  post  quod  narratur.  post  hoc  etiam  [actum  necesse 
est  intelligatur  Y  Patrizi  escribe  también:  Si  hoc  Evangelium 
f.um  ceteciy.  contuleris.  imo  si  ipsum  vel  solum  non  prorsus  oscitan- 
ttr  legen.H.  continuo  haec  dúo  uideas:  plurimas  ex  rebus  Christi  ges- 
tis  omisbas  [uisse,  "in  ceteris"  vero  re¡erendis  "nequáquam  tempo- 
tum  ocdinem"  ¡uisse  obseruatum 

«  Cf.  DofACO,  p,813  n.608. 

*  lu..  l,.K()i 

^  De  Cofitrniu  livatif/.  11,21:  ML  34  1101, 

^  De  hvan'jelit  ri'r.burgi  -  JiriftKOViac  l^iíJ;;  lib.l  c.l  q.4  p.7. 


MÉTODOS  N'ARRATT\T>S 


71 


San  Juan  Crisóstomo  consideraba  esta  falta  aparente  de  concor- 
dia en  cosas  secundarias  como  una  prueba  de  la  sinceridad  y  hon- 
radez histórica  de  los  evangelistas  Cada  uno  teie  su  historia  de 
cara  a  la  realidad  obie'iva.  sin  preo'^uoaciones  literarias. 

3."  Las  dos  primeras  leves,  que  llevamos  observadas  en  los  mé- 
todos narrativos  de  San  Mateo,  no  son  nada  más  aue  una  anlica- 
cicn  o  consecuencia  de  un  principio  más  general:  el  de  reducir  los 
hechos  a  sus  elementos  más  esenciales,  como  si  se  exprimieran  para 
que  quedara  solamente  el  substratum,  la  quintaesencia.  Esto  se  pue- 
de fácilmente  ver  comparando  la  narración  de  San  Mateo  con  la 
de  San  Marcos.  Cuando  los  dos  cuentan  un  mismo  hecho,  gene- 
ralmente el  primero  omite  las  circunstancias,  los  pormenores  que 
leemos  en  el  segundo. 

San  Mateo.  Dor  ejemplo,  omite  el  nombre  de  ]airo  {Wz  5.22).  el 
de  Bartíiveo  íMr  10.46).  el  cabera!  sobre  el  cual  Jesús  duerme  en 
la  nave  íMc  4.38),  la  hierba  verde  sobre  la  cual  se  sientan  las  aen- 
tes  de  la  primera  mulripücación  ÍMc  6.39).  el  manto  que  deja  el 
ciego  oara  poder  seauir  más  cómodamente  y  correr  detrás  de  Je- 
sús Í10.50).  el  número  de  cincuenta  en  ene  se  distribuyeron  los  co- 
men«;ales  de  la  primera  multiplicación  Í6.40). 

Otras  veces  son  los  personaies  intermediarios  los  que  suprime 
para  fijarse  solamente  en  la  substancia  del  hecho.  San  Lucas  dice 
que  el  centurión  envió  primero  a  los  ancianos  de  los  vjd'os  para 
oue  recomendaran  su  petición:  luepo  a  los  amigos  fLc  7.1-10).  San 
Mateo  atiende  «solamente  al  hecho  substancial  v  hab'a  directamente 
del  centurión.  El  es  quien  se  presenta  a  Jesús  fS.5-13).  La  mayoría 
de  los  exo'-fetas  han  aceptado  en  este  punto  la  e'^'plicación  de  San 
Agustm:  Matthaeus,  efwr^  quod  vulgo  possrt  intelliqi,  per  altos  fado 
accessu  Cf-nfuriows  ad  Dominam,  compendio  dicere  voíuit  accessit 
ad  enrn  Cen^urio 

Maldonado  acepta  su  explicación,  v  comenta:  Accederé  dicitm 
non  solum  qui  per  se.  sed  etiam  qui  per  alios  accedit,  uf  compárete 
coram  iudice,  non  solum  qui  per  se.  sed  qui  per  procuratorem  com- 
paret 

Otros  prefieren  la  solución  del  Crisós^'^mo:  Verísimile  est  nost- 
auam  amicos  mississet.  venisse  ipsum  En  todo  caso.  San  Mateo 
ha  pbreviado  v  suprimido 

Un  efectn  de  la  cond^-nsación  históríra  es  la  desversonalización 
o  desinriduaíirarrón  de  los  personajes.  Es^o  se  ve  claro  en  el  eíem- 
p^o  anterior,  si  el  centurión  no  va  nersonalmente.  sino  por  medio  de 
los  annanos  v  pm'rro*:  rae  env'a.  Pe^o  vm  de  las  aplica-iones  rnás 
claras  es  el  empleo  fre^-u^^nte  del  llamado  plural  de  categoría.  Po- 
der^'^'í  eyarninar  aírennos  casos. 

El  ánoel  comunica  así  la  orden  de  vuelta  a  tierra  de  Israel: 

»  Tn  m  homU.  1:  MC  ?7.16. 

I'  De  cmsrnss*  Fvtma.  IT.?0-  ^TL  34.1101. 

w  Tn         X5  í'Afo<TT"t'-5e  toI.1  p.l20 

»  Tn  \f>-  hom'1.2«-  MO  ^".336. 

^  Cf.  DoHAi»,  P.SS7  n.3S8, 


72 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


"Levántate,  toma  al  niño  y  a  su  madre  y  vuelve  a  la  tierra  de  Is- 
rael, porque  han  muerto  los  que  atentaban  contra  la  vida  del  niño" 
(2,20). 

Este  es  un  caso  evidente  del  plural  de  categoría.  San  Mateo  no 
piensa  aquí  nada  más  que  en  Herodes  el  Grande.  Poco  antes  había 
dicho  el  ángel:  "Levántate,  toma  al  niño  y  a  su  madre,  huye  a  Egip- 
to, y  estáte  allí  hasta  que  yo  te  lo  diga,  porque  Herodes  va  a  bus- 
car al  niño  para  acabar  con  él"  (2.13).  Y,  antes  de  que  el  ángel  dé 
la  orden  de  vuelta,  previene  el  evangelista:  "Una  vez  muerto  He- 
rodes, un  ánqel  del  Señor  se  aparece  durante  el  sueño  a  José  en 
Egipto"  (2,19). 

En  todo  el  contexto  la  figura  individual  de  Herodes  Magno  está 
muy  clara  y  determinada;  sin  embargo,  en  la  letra  del  texto  en  oue 
se  manda  a  San  José  volver  a  Israel,  se  despersonaliza  por  medio 
del  plural  de  categoría.  . 

En  la  fórmula  de  la  primera  tentación.  San  Mateo  usa  una  fra- 
se de  sentido  general  y  vago:  "Si  eres  el  Hijo  de  Dios,  manda  que 
estas  piedras  se  conviertan  en  panes"  (4,3). 

El  texto  paralelo  de  San  Lucas  es  más  concreto.  El  tentador 
se  refiere  a  una  piedra,  en  particular,  la  que  estaría  allí  delante 
de  Jesús.  Para  el  fin  de  la  tentación,  y  para  la  necesidad  que  pa- 
decía el  Señor,  bastaba  que  una  piedra  se  convirtiera  en  pan:  "Si 
eres  Hijo  de  Dios,  di  a  esta  piedra  que  se  convierta  en  pan"  (4,3). 
Se  puede  discutir  sobre  la  fórmula  auténtica.  Pero,  dada  la  ten- 
dencia a  generalizar  de  San  Mateo,  nosotros  nos  quedamos  con  la 
de  San  Lucas,  como  más  real  y  propia  del  caso. 

El  endemoniado  de  Gerasa  (8.28-34)  tiene  en  San  Mateo  sus 
variantes  propias,  que  siempre  han  ofrecido  dificultad  para  armo- 
nizarlas con  la  narración  de  los  otros  dos  Sinópticos  El  primer 
evangelista  habla  de  dos  endemoniados,  mientras  los  otros  dos  sólo 
mencionan  a  uno.  Hay  autores  oue  sostienen  que  no  había  más  que 
uno.  Esto  nos  parece  poco  probable.  Para  explicar  el  singular  de 
Mc-Lc  basta  que  uno  se  distinguiera  por  su  ferocidad  y  sus  cla- 
mores. San  Mateo,  que  ha  abreviado  tanto  esta  narración,  forma 
un  único  suieto  literario,  y  la  ferocidad  y  los  clamores  de  uno  la 
atribuye  indistintamente  a  los  dos. 

En  la  curación  del  paralitico  de  Cafarnaúm  la  admiración  del 
pueblo  fué  m.uy  grande.  San  Mateo  la  resume  en  una  frase:  "Las 
gentes  quedaron  espantadas  y  Glorificaban  a  Dios,  que  comunica 
semejante  poder  a  los  hombres"  (9,8).  En  concreto,  se  trata  del 
poder  comunicado  a  Jesús,  a  aquel  hombre  determinado  y  singular 
Si  la  frase  es  realmente  del  pueblo  o  del  evangelista,  importa  poco. 
Siempre  tenemos  en  ella  un  plural  de  categoría.  En  el  primer  C€iso, 
usado  por  el  pueblo;  en  el  segundo,  por  el  evangelista.  Los  otros 
dos  Sinópticos  se  contentan  con  frases  más  generales:  Jamás  he- 


Id.,  p.616  n.437, 


MÉTODOS  NAftRATtVÓS 


73 


mes  visto  cosa  parecida  (Me  2,12).  Hoy  hemos  visto  maravillas 
(Le  5.26). 

La  primera  multiplicación  de  los  panes  refleja  en  cada  Evan- 
gelio las  maneras  propias  de  su  autor.  San  Juan  dice  que  el  Señor 
pregunta  a  Felipe:  ¿Dónde  podremos  comprar  pan  para  que  coman 
éstos?  (6,5).  San  Mateo  omite  todo  este  detalle  tan  humano  y  fa- 
miliar. En  la  investigación  que  hacen  sobre  las  posibilidades  que  ha- 
bía para  dar  de  comer  a  aquella  muchedumbre,  en  la  narración  de 
San  Mateo  son  iodos  los  discípulos  los  que  comunican  al  Señor  que 
no  hay  más  que  cinco  panes  y  dos  peces  (14,17).  La  narración  de 
San  Juan  es  más  real  y  particular.  Nos  introduce  a  Andrés,  her- 
mano de  Simón  Pedro,  diciendo:  "Hay  ahí  un  muchacho  que  tiene 
cinco  panes  de  cebada  y  dos  peces"  (6,9). 

En  la  respuesta  del  Señor  sobre  la  indisolubilidad  del  matrimo- 
nio (19,3-12),  San  Mateo  no  ha  distinguido  bien  lo  que  el  Señor 
dice  a  los  fariseos  y  lo  que  dice  a  los  discípulos.  Es  muy  probable 
que  el  célebre  verso:  Yo  os  aseguro  que  el  que  repudie  a  su  mujer, 
a  no  ser  que  se  trate  de  fornicación,  y  se  case  con  otra,  comete 
adulterio  (19,9),  se  dirija  solamente  a  los  discípulos  y  no  a  los  fa- 
riseos. San  Mateo  no  se  cuida  de  señalar  el  cambio  de  escenario  y 
de  auditorio.  Y  puede  haber  englobado  en  una  sola  dos  respuestas 
distintas  a  dos  auditorios  distintos.  De  hecho,  en  el  lugar  paralelo 
de  San  Marcos  (10,10-12),  el  Señor  se  dirige  a  solos  los  discípu- 
los 

A  la  salida  de  Jericó,  San  Mateo  nos  habla  de  dos  ciegos,  que, 
sentados  a  la  vera  del  camino,  al  oír  que  pasaba  Jesús,  se  pusieron 
a  gritar:  Señor,  compadécete  de  nosotros,  hijo  de  David  (20,29.30). 
Los  otros  dos  Sinópticos  no  mencionan  nada  más  que  un  ciego. 
Las  soluciones  para  la  concordia'  son  múltiples  Los  católicos 
generalmente  sostienen  que  hubo  dos  ciegos,  como  dice  San  Mateo. 
Si  los  otros  dos  evangelistas  solamente  mencionan  a  Bartimeo,  es 
porque  él  fué  el  principal  en  el  clamor.  Por  eso  pasó  a  la  tradición 
cristiana  con  su  propio  nombre.  San  Mateo  lo  ha  omitido,  forman- 
do de  los  dos  ciegos  un  único  sujeto  literario. 

Los  preparativos  para  la  entrada  triunfal  en  Jerusalén  respon- 
den perfectamente  con  el  estilo  sintético  de  San  Mateo.  La  es^.ena 
de  la  borrica  y  el  pollino  es  muy  significativa.  De  tal  manera  se  han 
perdido  las  líneas  individuales  de  cada  uno  de  los  dos  animales,  que, 
por  la  narración  de  San  Mateo,  parece  que  los  discípulos  echaron 
los  mantos  sobre  los  dos  y  que  Jesús  se  montó  sobre  los  dos.  Si 
no  fuera  por  la  profecía  que  cita,  y  en  la  cual  se  habla  de  que  el 
Señor  monta  sobre  el  pollino,  por  la  narración  no  hubiéramos  po- 
dido sacar  sobre  cuál  de  los  dos  se  montó  (21,1-7).  Las  narracio- 
nes de  los  otros  evangelistas  son  mucho  más  precisas  y  concretas. 


Cf.   Lakraííga,  San  Mateo   {5,32;  19,9)    y  la  indisolubilidad  del  matrimonio 
cristiano-.  Verdad  y  Vida  7  (1949)  65. 
»  Cf.  Dorado,  p.799  n.597. 


74 


fiVANGÉLlÓ  DÉ  SAN  MATÉO 


Por  ellas  no  cabe  duda  de  que  el  Señor  montó  sobre  el  pollino,  que 
nadie  había  estrenado 

En  la  unción  de  Betania,  San  Juan,  que  es  tan  exacto  y  preciso, 
atribuye  la  murmuración  contra  María  a  sólo  Judas  (12,5).  San  Ma- 
teo no  especifica  y  habla  de  los  discípulos  en  general  (26,8).  Es 
posible  que  la  murmuración  de  Judas  arrastrara  a  alguno  de  sus 
compañeros,  pero  es  más  conforme  a  la  realidad  que  sólo  el  cora- 
zón avaro  de  Judas  criticara  la  prodigalidad  de  María,  y  bastan  los 
métodos  narrativos  de  San  Mateo  para  explicar  su  plural  y  no  ha- 
cer cómplices  de  Judas  a  los  otros  compañeros.  Maldonado,  aun 
citando  la  explicación  de  San  Agustín,  quien  creyó  a  los  apóstoles 
víctimas  del  mal  ejemplo  de  Judas,  recurre  en  este  caso  al  plural  de 
categoría:  Quod  ergo  alii  dúo  (Mt-Mc)  evangelistae  plurali  usi  sunt 
numero,  per  syllepsim  ¡ecerunt,  [iguram  non  raro  ab  ipsis  usurpa- 
tam 

Este  plural  de  categoría  lo  explica  más  detenidamente  en  el  caso 
anterior  del  pollino:  Eorum  ergo  probo  sententiam.  qui  Evangelistam 
per  synecdochem  aut  syllepsim  locutum  fuisse  dicunt,  qua  de  una 
re  plurium  loquimur  numero,  ut  cum  dicuntur  apostoli  ob  e[[ussum 
unguentum  murmurasse,  cum  solum  ludam  murmurasse  constet,  et  ut 
dicuntur  latrones,  qui  cum  Christo  crucifixi  erant,  blasphemasse,  cum 
alius  Evangelista  declaret  non  blasphemasse  nisi  alterum 

El  mismo  San  Agustín  admite  esta  explicación  aplicada  al  caso 
de  los  ladrones:  Nisi  intelligamus  Matthaeum  (27,44)  et  Marcum 
(15,32)  breviter  per str ingentes  hunc  locum,  pluralem  numerum  pro 
singulari  posuisse:  sicut  in  epístola  ad  Hebraeos  legimus  pluraliter 
dictum:  clauserunt  ora  leonum,  cum  solus  Daniel  significari  intelli" 
gatur:  et  pluraliter  dictum:  secti  sunt,  cum  de  solo  Isaia  tradatur 
(11.33-37)27. 

En  la  síntesis  que  hace  San  Mateo  de  los  sucesos  de  la  mañana 
de  Pascua,  dos  veces  usa  el  plural  de  categoría,  o,  si  se  quiere, 
una  sola  vez,  aplicándolo  a  dos  hechos  distintos:  a  la  aparición 
del  ángel  y  a  la  aparición  del  Señor.  San  Mateo  ha  conservado  la 
tradición  primitiva  cristiana  de  que  las  mujeres  vieron  ángeles,  de 
que  las  mujeres  vieron  a  Cristo  resucitado.  No  le  ha  interesado  nada 
más  que  este  hecho  general.  Las  líneas  propias  e  individuales  de  lo 
que  vió  cada  mujer  en  particular  no  le  han  interesado.  Y  todas  las 
mujeres  las  ha  encuadrado  en  una  bina:  Mar^a  Magdalena  y  la 
otra  María  (28,1).  Esta  bina,  como  plural  de  categoría,  se  conser- 
va fija  e  indivisa  en  toda  la  narración.  Todo  lo  que  hacen  las  mu- 
jeres le  corresponde  a  ella. 

"El  ángel  tomó  la  palabra  y  dijo  a  las  mujeres"  (28,5).  Estas 
mujeres,  en  el  contexto  literario,  son  María  Magdalena  y  la  otra 
María  (28,1).  Sin  embargo,  por  la  narración  de  San  Juan  consta  que 

**  Id,,  p.808  n.605.  Cf.  D.  M.  Stant.Ey,  Études  matthéenncs:  L'entrée  m'essiani- 
que  á  Jérusalem:  Scien.  Eccles.  6  (1954)  03-106. 
25  /k  Mt  26.8  (Moiíunt^ae   I8S3)   I  p  370. 
2"  In  Mt  21.6    p20l.  Cf    K.  Ll••^■r«:QuF :  T^T^  13  Omf,)  8. 
«  De  consensué  Evang.  111,16:  MI^  34,1190;        Levesquí,  ib.,  p.ll. 


MÉTODOS  DIDÁCTICOS 


75 


María  Magdalena  no  estuvo  presente  a  esta  primera  aparición  del 
ángel  y  a  este  primer  anuncio  de  la  resurrección.  María  Magdalena 
se  va  a  los  discípulos  apenas  ve  removida  la  piedra.  Su  mensaje 
primero  consiste  solamente  en  que  han  robado  al  Señor.  Luego  vuel- 
ve al  sepulcro  para  llorar  y  buscar  el  cadáver.  El  ángel  y  Jesús  la 
encuentran  llorando,  y  la  explicación  que  da  de  sus  lágrimas  es  que 
han  robado  a  su  Señor  y  no  sabe  dónde  lo  han  puesto.  Toda  esta 
psicología  de  Magdalena  y  esta  conducta  suya  no  se  explica  si  hu- 
biera estado  presente  a  la  aparición  del  ángel  que  cuenta  San  Ma- 
teo y  hubiera  oído  su  mensaje  de  resurrección.  ¿Cómo  explicar  que 
San  Mateo  la  incluya  entre  las  mujeres  que  ven  y  oyen  al  ángel? 
Por  el  plural  de  categoría:  las  mujeres  ven,  las  mujeres  oyen.  Lo 
que  es  propio  de  una  se  atribuye  literariamente  a  toda  la  clase. 

Y  esta  explicación,  que  en  el  caso  de  la  aparición  y  mensaje 
del  ángel  admite  la  generalidad  de  los  exegetas,  es  la  que  nosotros 
aolicamos  al  caso  de  la  aparición  del  Señor  a  las  mujeres  (28,9.10). 
En  realidad,  no  hubo  tal  aparición  colectiva  a  las  mujeres.  San 
Mateo  no  piensa  aquí  en  otra  aparición  distinta  de  la  que  refiere 
San  Juan  (20  14-18).  Es  la  misma  aparición  a  Mar'a  Magdalena,  a 
sola  María  Magdalena.  Los  dos  evangelistas  hablan  de  la  misma, 
pero  cada  uno  la" cuenta  senún  sus  maneras  nropias  narrativas.  San 
Juan,  con  mucho  detalle  y  pormenor:  San  Mateo,  enalobándola  en 
el  bloque  general  de  lo  que  hicieron  las  mujeres  aquella  mañana  del 
domingo.  Cada  d'a  es  mayor  el  número  de  críticos  católicos  que 
acepta  esta  explicación,  y  se  hace  no  con  fines  preconcebidos  de 
apologética  fácil,  sino  poroue  es  la  única  explicanón  aue  encaia  en 
las  maneras  literarias  de  San  Mateo.  Otras  explicaciones  son  po- 
sibles, pero  no  responden  al  estilo  narrativo  de  San  Mateo  ^s. 

ARTICULO  III 

Los  MÉTODOS  DIDÁCTICOS  DE  SaN  MaTEO 

Hemos  visto  cómo  narra  San  Mateo  los  hechos.  Veamos  ahora 
cómo  expone  las  enseñanzas  y  discursos  del  Señor.  La  ley  general 
es  opuesta  a  la  oue  sigue  en  las  narraciones.  A  la  s^'ntesis  en  la 
historia  corresDonde  el  análisis  en  la  didáctica.  Su  Evangelio  es 
esencialmente  doctrinal,  ascético. 

A  los  cinfo  discursos,  aue  reconocen  todos  los  autores  (7,28; 
11,1;  13,53;  19,1;  26,1),  podemos  añadir  ot^os  dos,  que  son  las  in- 
vectivas contra  los  escribas  y  far'seos  (XXIII)  y  las  disputas  que 
siguieron  a  la  entrada  solemne  del  Domingo  de  Ramos  (21,23-22,14) 

Todos  estos  dis'-ursos  constan  de  un  núcleo  central,  aue  está 
en  su  momento  histórico  propio  y  atrae  a  sí  elementos  de  otras 
ocasiones,  más  o  menos  ligados  lógicamente. 

28  Cf.  ATO  q  (1046^  5-52;  EstB  7  (194cS)  .5-28;  VD  26  (1948)  207-213:  Sa 
Terrae  38  (1950)  662-670. 


76 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


San  Mateo  parece  haber  preferido  el  orden  lócjico,  como  más 
didáctico.  Esto  resalta  de  una  manera  especial  cuando  se  le  compa- 
ra con  los  otros  dos  Sinópticos. 

Los  discursos  de  San  Lucas  coinciden  generalmente  con  los  de 
San  Mateo,  pero  son  más  fragmentarios  y  reducidos,  a  veces  sim- 
ples sentencias.  El  marco  topográfico  y  cronológico  no  siempre  coin- 
cide. Los  autores  se  dividen  sobre  cuál  de  los  dos  ha  conservado 
el  verdadero  sitio,  el  orden  primitivo. 

El  estado  fragmentario  de  San  Lucas  puede  favorecer  la  opi- 
nión de  los  que  piensan  que  su  marco  es  el  verdaderamente  histó- 
rico. Las  sentencias  están  en  él  meior  circunstanciadas  y.  ñor  otro 
lado,  la  extensión  que  tienen  algunos  discursos  en  San  Mateo,  sai 
densidad  de  materia,  inclina  más  bien  a  pensar  que  no  están  en  el 
libro  como  se  pronunciaron  en  la  realidad. 

Esto  por  lo  que  se  refiere  al  marco  de  la  realidad,  mas  en  el 
texto  generalmente  se  acerca  más  a  la  historia  San  Mateo.  Se- 
mita de  origen,  que  escribe  para  los  judíos,  ha  conservado  meior 
las  expresiones  originales,  los  giros  árameos,  las  alusiones  a  las 
costumbres  jud^'as,  a  las  ideas  rabínicas.  San  Lucas  deja  muchas  ve- 
ces todo  esto  y  tiene  que  explicar  y  acomodar  la  frase  al  gusto  y 
a  la  inteligencia  de  sus  lectores  griegos.  San  Marcos,  que  tiene  tan 
pocos  discursos,  sirve  de  contraprueba.  En  el  momento  y  situación 
de  los  que  nos  ha  conservado  se  acerca  a  San  Lucas  y,  en  cambio, 
en  el  texto  coincide  más  con  San  Mateo. 

Examinemos  ahora  cada  uno  de  los  principales  discursos  de  San 
Mateo  para  conocer  mei'or  sus  maneras  didácticas. 

1."  El  sermón  del  Monte  es,  tal  vez,  el  más  importante  v  el  aue 
mejor  nos  puede  orientar  sobre  los  métodos  literarios  de  San  Mateo. 
Afortunadamente,  San  Lucas  nos  ha  conservado  parte  del  mismo,  y 
podemos  compararlos. 

Lo  primero  que  se  observa  es  que  no  pocas  de  las  sentencias 
del  sermón  de  San  Mateo  faltan  en  el  de  San  Lucas,  aunque  se  en- 
cuentran en  otras  circunstancias  históricas.  Así,  por  ejemplo,  el  des- 
precio de  las  riquezas  (Mt  6.19-34),  San  Lucas  lo  ha  transportado 
a  la  gran  sección  del  viaje  (12,22-34).  La  enseñanza  está  motivada 
por  una  cuestión  de  herencia  (12,13).  Este  parece  haber  sido  su 
momento  histórico. 

La  instrucción  sobre  la  oración  (Mt  7,7-11)  tiene  su  momento 
histórico  y  marco  topográfico  mejor  definido  en  San  Lucas,  en  los 
alrededores  del  templo  (11,9-13).  La  oración  del  Padre  nuestro 
(Mt  6,9-13)  tiene  también  su  situación  propia  en  San  Lucas  (11,2-4). 
La  doctrina  sobre  el  perdón,  que  entra  también  en  esta  oración 
(Mt  6,14.15),  San  Marros  la  retrasa  hasta  cerca  de  la  Pasión  y  la 
pone  en  Jerusalén  (11,25.26). 

La  doctrina  sobre  el  divorcio  la  trata  San  Mateo  dos  veces: 
una,  en  el  sermón  del  Monte  (5,31.32),  y  otra,  al  inual  de  los  otros 
dos  Sinópticos,  poco  antes  de  subir  a  Jerusalén  (19.3-12).  Este  du- 
plicado puede  ser  oina  buena  prueba  de  cómo  San  Mateo  ha  jun- 


MÉTODOS  DIDÁCTICOS 


77 


tado  en  este  discurso  del  Monte  enseñanzas  dadas  por  el  Señor  en 
otras  ocasiones.  La  máxima  sobre  la  sal  (5,13),  lo  mismo  que  la 
de  la  luz  (5.15),  están  mejor  situadas  en  San  Marcos  (9,50;  4,21). 

Otra  de  las  diferencias  que  hay  entre  la  redacción  de  San  Mateo 
y  la  de  San  Lucas  se  refiere  a  la  extensión.  El  primero  lo  amplía 
mucho,  el  segundo  lo  reduce.  San  Lucas  omite  todo  lo  que  se  re- 
fiere a  la  Ley,  a  la  justicia  de  los  fariseos,  y  no  conserva  nada  más 
que  la  regla  de  oro  de  la  caridad  cristiana,  que  es  de  universal 
aplicación. 

El  mismo  texto  de  las  bienaventuranzas  está  más  abreviado  en 
San  Lucas,  y  con  una  forma  que  se  acomoda  más  a  la  mentalidad 
griega. 

Un  caso  curioso  es  cómo  interpreta  cada  uno  el  ideal  de  la  vir- 
tud cristiana.  Para  San  Mateo  el  término  es  la  perfección,  y  la  meta* 
el  Padre  celestial  (5,48).  Lenguaje  netamente  hebreo  y  bíblico.  San 
Lucas  traduce  con  términos  más  helénicos  y  universales:  "Sed  mise-' 
ricordiosos,  como  vuestro  Padre  es  misericordioso"  (6,36).  Es  de» 
cir,  que  la  caridad  o  misericordia  es  toda  la  perfección  cristiana, 
toda  la  santidad  de  Dios. 

2.  "  Las  parábolas  del  reino  se  encuentran  agrupadas,  en  núme- 
ro de  siete,  en  un  solo  capítulo:  el  sembrador  (13,1-23),  la  cizaña 
(13.24-30),  el  grano  de  mostaza  (13,31-32),  la  levadura  (13,33),  el 
tesoro  escondido  (13.44-46)  y  la  red  (13,47-52).  Este  plan  sistemá- 
tico es  exclusivo  de  San  Mateo.  El  segundo  Evangelio  ha  reunido 
solamente  tres  (4,1-34),  y  el  tercero,  «una  nada  más,  la  del  sembra- 
dor (8.4-15).  Las  demás  vendrán  más  tarde. 

Parece,  pues,  muy  probable  que  el  Señor  no  pronunció  las  siete 
parábolas  seguidas.  San  Mateo  las  ha  reunido  todas  para  hacer  re- 
saltar mejor  el  cumplimiento  de  una  profecía  (Ps  77,2). 

3.  °  El  discurso  sobre  el  apostolado  forma  un  único  bloque  lite- 
rario en  San  Mateo  (9,35-11,1).  Se  pueden  distinguir  en  él  dos  par- 
tes, una  que  se  refiere  al  tiempo  presente,  cuando  el  Señor  envía 
a  predicar  a  sus  apóstoles,  por  vía  de  ensayo  (9,35-10,15).  La  otra 
tiene  delante  horizontes  más  lejanos  y  serios.  Se  refiere  a  la  mi- 
sión definitiva,  cuando  los  apóstoles  estarán  solos  en  la  tierra  (10,16- 

11,1). 

En  la  primera  parte  pone  el  nombre  de  los  Doce.  Había  omiti- 
do la  elección  y  no  había  tenido  ocasión  hasta  ahora.  Esta  primera 
parte  está  resumida  en  San  Marcos  (6,7-13)  y  esparcida  en  San 
Lucas  (9.1-6:  10.1-2). 

La  segunda  parte  trata  de  las  persecuciones,  de  cómo  han  de 
comparecer  ante  los  tribunales  y  confesar  el  nombre  de  Jesús.  Este 
contenido  no  cuadra  bien  con  la  misión  por  Galilea,  sino  con  la 
futura  misión  entre  judíos  y  gentiles.  San  Lucas  la  ha  puesto  ttiás 
tarde,  después  de  los  severos  reproches  que  dirige  a  los  escribas  y 
fariseos  (12.1-9.51-53).  San  Marcos  las  ha  retrasado  todavía  más, 
incluyéndolas  en  el  discurso  sobre  la  ruina  de  Jerusalén  (13,9-13). 

El  discurso  de  San  Mateo  se  encuentra  en  tres  sitios  distintos 


78 


EVANGELIO  DE  SAN  MATEO 


en  el  tercer  Evanqelio:  en  la  misión  de  los  Doce  (Le  9.3-5),  en  la 
misión  de  los  setenta  y  dos  discípulos  (10.1-16).  y  lueqo.  cuando 
habla  de  las  futuras  persecuriones,  con  motivo  de  la  hostilidad  de 
los  escribas  y  fariseos  (12.1-12). 

Se  puede,  pues,  dar  como  probable  que  San  Mateo  ha  reunido 
en  un  único  discurso  literario  temas  pronunciados  en  diversas  oca- 
siones históricas,  porque  todos  ellos  trataban  del  apostolado. 

4.  "  El  cuarto  discurso  (Mt  18,1-35)  es  más  incoloro,  y  sus  di- 
versas enseñanzas  menos  liqadas  entre  sí.  Se  puede  decir  que  todas 
ellas  se  refieren  a  la  vida  interna  v  social  de  los  cristianos.  l  ección 
de  humildad  (18,1-5),  gravedad  del  perado  de  escándalo  Í6-9),  va- 
lor del  alma,  aun  del  más  pequeño  (15-22),  y  el  perdón  de  las  in- 
jurias (23-35). 

La  lección  primera,  sobre  la  humildad,  coincide  con  el  marco 
histórico  que  le  asiqnan  los  otros  dos  Sinópticos,  pero  las  otras  en- 
señanzas están  más  retrasadas  en  San  Lu-^^s.  oue  las  ha  puesto  en 
la  sección  del  viaje  a  Jerusalén  (15.3-7;  17,2-4). 

5.  *  El  discurso  escafolónico  tiene  una  extensión  nofpble  en  San 
Mateo.  Dos  cao-tulos  completos,  mientras  que  en  San  Marcos  sólo 
tiene  uno  (XIII).  Lo  más  sianificativo  es  que  las  enseñanzas  de 
San  Mateo  se  h^H^^n  repartidas  en  San  T  uras,  parte  en  la  sección 
de  los  viaies  (17,20-37)  y  parte  en  el  ministerio  de  la  gran  sema- 
na (21,5-36). 

Si  se  examina  lo  que  San  Lucas  pone  antes  de  Henar  a  Tentsa- 
lén  (17.20-37),  se  verá  que  tiene  su  eq-uivalente  en  el  dis'^urso  final 
de  San  Mateo  y  aun  parte  del  más  corto  de  San  Marcos 

Es  probable  oue  las  ens(>ñanzas  reunidas  por  San  Mateo  en  los 
dos  capítulos  XXV  y  XXVT  no  sean  de  la  misma  ocasión,  sino  oue 
pertenezcan  a  tiempos  distintos,  aunque  la  parte  principal  se  deba 
situar  en  la  última  semana. 

6.  **  Las  maldiciortps  contra  los  fariseos  se  encuentran  en  los 
tres  Sinópticos.  San  Mateo  es  el  más  completo,  y  es  también  pro- 
bable que  alnunas  de  las  máximas  las  haya  sacado  de  su  marco 
real  para  englobarlas  todas  en  un  mismo  sermón.  Los  rin'-o  rauf 
ivae!)  no  se  comprenden  bien  en  el  marco  de  San  Mateo  ^23.13-36). 
El  Señor  no  se  dirige  a  los  fariseos,  sino  a  los  discípulos  y  a  la 
turba  (23.1).  San  Lucas  los  coloca  en  un  banquete,  cuando  los  fa- 
riseos se  esrandnlizan  de  que  el  Señor  no  se  purifica  las  manos 
como  ellos  (1 1.37). 

El  texto  de  San  Mateo  sí  responde  meior  a  la  realidad.  Fs  más 
semita,  más  primitivo.  Las  alusiones  a  las  in<;tituriones  iud'as.  el 
proselitismo.  el  iuramen<-o  por  el  ^emr»lo.  por  el  altar,  la  imanen  de 
los  senul'-ros  blpri'-iiopdos,  que  San  Lucas  omite,  dicen  muy  bien 
en  los  labios  del  Señor. 

Examinar  cada  una  de  las  partes  o  máximas  que  San  Mateo  puc- 


*  Cf  A.  Fruii.i.KT  La  vrnue  dti  r^qne  de  Dicu  et  du  Fils  de  l'lwmme  d'oprt'.s 
Luc  17.20. n,8:  RScR  3."?  no48)  544-565.  El  autor  refiere  todo  el  discurso  esc*- 
tológico  a  la  ruina  de  Jeruialérí. 


MÉTODOS  DIDÁCTICOS 


79 


de  haber  sacado  de  su  verdadero  marco  histórico,  sería  un  trabajo 
muy  largo  y  no  necesario  para  nuestra  sinopsis-concordia.  Su  re- 
sultado tampoco  puede  ser  m-uy  seguro.  En  muchos  casos  se  pue- 
de llegar  a  conclusiones  muy  probables,  en  otros  a  simples  hipóte- 
sis. Y  cuando  se  extrema  esta  labor  reconstructiva,  se  puede  tam- 
bién llegar  a  puras  arbitrariedades  y  subjetivismos.  Nosotros  sola- 
mente pretendemos  señalar  la  directriz  general  del  estilo  histórico 
de  cada  evangelista  y  conocer  así  los  fundamentos  de  la  sinopsis. 
Todos  ellos  son  muy  fragmentarios  y  ninguno  ha  pretendido  ni  ha- 
cer un  diario  ni  aun  una  historia  seguida  de  la  predicación  del  Se- 
ñor. Las  circunstancias  de  lugar  y  tiempo  les  interesa  bastante  me- 
nos que  a  nosotros.  Y  cuanto  más  cercanos  a  los  hechos,  menos, 
Así  vemos  que  el  primero  que  escribe,  San  Mateo,  es  el  menos 
detallista  de  todos  y  va  más  al  conjunto  del  hecho,  buscando  siem- 
pre la  enseñanza.  El  que  escribe  el  último  de  todos,  San  Juan,  es  el 
que  mejor  ha  enmarcado  toda  la  actividad  pública  del  Maestro. 

Una  de  las  razones  que  nos  han  movido  a  poner  el  texto  de 
los  cuatro  Evangelios  ha  sido  la  de  conservar  la  personalidad  pro- 
pia de  cada  uno  de  ellos.  Por  eso,  aunque  tengamos  que  repetir 
algunas  máximas,  lo  haremos,  con  tal  de  no  deshacer  el  texto  de 
los  evangelistas.  El  sermón  del  Monte  lo  pondremos  entero  en  el 
marco  de  San  Mateo,  y  las  máximas  que  San  Lucas  pone  en  otros 
tiempos  las  dejaremos  también  en  su  sitio.  Es  probable  que  alguna 
de  las  dos  situaciones  no  sean  históricas.  Mas  es  preferible  mante- 
ner la  integridad  literaria  de  los  Evangelios  a  esa  anatomía  minu- 
ciosa, que  en  los  más  de  los  casos  no  pasa  la  categoría  de  simple 
hipótesis  o  conjetura.  Antes  que  deshacer  la  obra  literaria  de  cada 
evangelista,  es  preferible  indicar  en  nota  el  momento  histórico  a 
que  puede  pertenecer  tal  o  cual  sentencia,  cuando  haya  motivo  se- 
rio para  dudar  del  que  tiene  en  el  libro. 

CAPITULO  VI 
La  duración  del  ministerio  público 

La  duración  de  la  vida  pública  del  Señor  es  un  tema  que  pudié- 
ramos llamar  doméstico,  porque  interesa  casi  exclusivamente  a  los 
católicos.  Los  protestantes  lo  miran  con  indiferencia  ^  y  dicen  que 
es  de  las  pocas  cosas  que  deja  libres  la  Iglesia  romana  2.  Se  puede 
estudiar  y  conocer  muy  bien  la  doctrina  y  los  hechos  de  la  vida 
del  Señor  sin  resolver  el  problema  de  su  duración,  pero  pedagógi- 
camente tiene  su  utilidad  fijar  el  cauce  general.  De  hecho,  desde 
toda  la  antigüedad  se  han  interesado  los  cristianos  por  la  duración 
del  ministerio  público.  Y  en  una  sinopsis-concordia  de  los  Evange- 
lios no  se  debe  prescindir  de  este  tema. 

»  Cf.  E.  ScnÜRER,  Theot.  Literaturseitvng  33  (1908)  613. 
»  H.  VViNOiscH,  Theol.  Rundschau  20  (1917)  324. 


80. 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


ARTICULO  I 
Historia  de  la  cuestión 

La  vida  pública  del  Señor  pudo  durar  uno,  dos  y  tres  años 
completos.  Estas  son  las  tres  sentencias  que  aparecen  a  lo  largo 
de  la  historia.  No  se  puede  invocar  la  autoridad  de  los  Padres  o 
escritores  antiguos  en  favor  de  una  u  otra  sentencia,  pues  no  existe 
una  tradición  uniforme.  Esta  es  la  conclusión  del  P.  Holzmeister  ^. 

En  la  Edad  Media  desaparece  la  teoría  del  año,  y  casi  todos 
los  autores  proponen  la  del  trienio.  Los  escolásticos  de  los  si- 
glos XII-XV  ponen  un  año  entre  el  bautismo  y  el  primer  milagro  de 
Caná  y  añaden  dos  años  para  la  predicación  propiamente  tal 

Este  sistema  del  trienio,  que  se  fundaba  en  los  textos  del  cuarto 
Evangelio,  es  el  que  ha  prevalecido  hasta  nuestros  días.  El  sistema 
del  año  se  daba  por  descontado,  a  base  de  la  segunda  Pascua,  que 
menciona  San  Juan  (6,4).  En  nuestros  días  ha  tomado  importancia 
el  sistema  del  bienio,  que  siguió  el  P.  Lagrange.  Sin  embargo,  el 
sistema  más  universal  desde  el  siglo  IV,  en  la  Edad  Media  y  en  los 
siglos  XVI  y  XVII,  y  aún  hoy  día,  como  vamos  a  ver,  es  el  siste- 
ma del  trienio. 

El  P.  Holzmeister,  que  ha  estudiado  el  problema  crítica  e  his- 
tóricamente, concluye  con  estas  palabras:  Quave,  ómnibus  perpen- 
sis,  concludendum  videtur:  argumento,  quod  pro  tricnnio  ex  dictis 
tribus  textibus  (Jn  4,35;  5,1;  6,4)  a[[ertur,  magna  competit  auctori- 
tas,  ac  de  certitudine  ipsius  sermo  esse  non  potest  ^. 

El  P.  Dorado  resume  así  el  problema:  Cum  ómnibus  quaestio- 
nem  puré  criticam  esse  arbitramur,  ex  solo  Evangeliorum  examine 
solvendam.  Traditio  enim,  ut  ostensum  est,  nulla  exsistit;  Ecclesiae 
magisterium  nihil  umquam,  vel  implicite,  decrevit.  Ex  Synopticis 
nihil  quod  unam  prae  alia  confirmet  sententiam  deduci  certo  posse, 
sed  enodationem  ex  uno  quarto  Evangelio  esse  petendam.  Systema 
unius  anni,  licet  mordicus  et  non  mediocri  industria  propugnatum, 
certo  certius  sustineri  non  valet. 

Sigue  después  exponiendo  las  ventajas  del  bienio,  que  reduce  a 
dos:  evita  las  lagunas  del  ministerio  y  distribuye  todos  los  sucesos 
de  una  manera  simétrica.  Los  inconvenientes  son  mayores,  a  su  jui- 
cio. Uno  es  la  inversión  de  los  cap'tulos,  que  carece  de  fundamento 
crítico.  Las  razones  de  orden  interno  sólo  prueban  que  a  nosotros 
nos  resulta  más  cómodo  y  sencillo  el  orden  nuevo.  El  otro  incon- 
veniente es  que  la  fiesta  del  capítulo  V  no  se  explica  fácilmente: 

Omnibus  igitur  perpensis  hypothesim  tricnnalem  aptiorem  ad  mi- 
nisterium  Christi  chronologice  disponcndum  putamus:  textus  enim 
Evangeliorum,  praeprimis  loannis,  convenientiore  ratione  explicat  et 

»  Chronologia   Vitae  Christi  (Romae  1933)  p.l29. 

*  Id.,  ib.,  p.129. 

•  Id.,  ib.,  p.153. 


HISTORIA  DE  LA  CUESTIÓN 


81 


actioni  lesu  diutitrnitatem  concedit  quam  rei  effectus  postulare  vide- 
tur.  Nullo  tamen  argumento  ad  ipsam  uti  certam  amplectendam  co- 
gimur 

Con  las  mismas  reservas  hablan  otros  autores  modernos  parti- 
darios también  del  trienio.  Así,  por  ejemplo,  Lusseau-CoUomb  ^, 
E.  Power J.  Renié  ^  S.  Rosadini     y  p  Morant 

El  P.  Prat,  que  en  su  Vida  de  Cristo  sigue  el  bienio,  escribía  el 
1912:  "Los  exegetas  de  la  Edad  Media  y  aun  los  comentaristas 
modernos,  casi  hasta  nuestros  d.as,  admiten  bastante  generalmente 
una  duración  de  tres  años  y  algunos  meses" 

El  P.  Lagrange  es  quien  más  ha  contribuido  a  extender  la  teo- 
ría del  bienio.  Pero  él  es  más  reservado  que  muchos  de  s-us  defen- 
sores. En  s.ntesis,  éste  es  su  pensamiento:  el  mínimo  de  dos  años  y 
medio  es  enteramente  cierto.  Esto  se  ha  discutido  mucho  durante  los 
últimos  años,  sobre  todo  entre  los  católicos  alemanes,  por  el  infiujo 
de  M.  Belser,  que  quería  reducir  el  ministerio  de  Jesús  a  un  año  para 
armonizar  San  Juan  con  los  Sinópticos.  Para  ello  tenía  que  hacer  uso 
de  una  combinación  de  textos  arbitraria,  suprimiendo  Jn  6,4.  Este 
verso  no  solamente  está  en  todos  los  documentos  de  la  critica  tex- 
tual, a  excepción  de  un  manuscrito  cursivo,  sino  que  coincide  con  los 
Sinópticos  y  no  hace  más  que  decir  de  una  manera  explícita  lo  que 
ellos  afirman  implícitamente  cuando  hablan  del  heno  verde  (Me  6,39). 

Los  pocos  hechos  que  cuenta  San  Juan  no  son  dificultad  con- 
tra la  duración  del  ministerio,  pues  se  ve  que  él  ha  hecho  el  marco 
y  no  lo  ha  querido  llenar.  El  mismo  se  da  cuenta  de  la  amplitud 
de  su  marco  (20,30).  El  hecho  de  que  deje  su  cuadro  vacío  no 
prueba  nada,  ni  contra  la  historicidad,  que  es  lo  que  pretenden  los 
críticos  racionalistas,  ni  contra  la  duración  del  ministerio,  que  es 
una  de  las  razones  que  mueven  a  abrazar  el  bienio  a  algunos  críti- 
cos católicos 

Para  algunos  partidarios  del  bienio  es  indispensable  la  inver- 
sión actual  de  capítulos  en  San  Juan.  De  lo  contrario,  la  teoría  del 
trienio  se  impone 

Los  autores  de  principio  de  siglo  hablaban  con  más  calor.  El 
P.  Cornely,  que  hace  su  sinopsis  a  base  de  San  J-uan  y  de  San 
Lucas,  dice  sencillamente  que  el  ministerio  público  duró  tres  años 
y  algunos  meses 

J.  Knabenbauer  es  más  resuelto:  Certum  omnino  videtur  in  vita 
lesu  publica  quattuor  paschata  esse  numeranda,  proinde  ministerium 


•  Prorirrtioncs  N.T.,  I  p  363  n.246. 

'  Manuel  d'Etíidcs  h  hliqucs,  IV,  Les  EvavqUcs  (París  1932)  p.336. 

8  VD  13  (1033)   133.13v208:  B  Q  (1028")  257-2S8. 

^Manuel  d'llnitvrc  Snmtc.  TV  (Pnrí?  103«)  pp  300-312. 
"  lutroductio  gcncralis  in  N.T.,  vol.l  (Romae  1938)  pp. 352-360. 
"  Introductio  spccinh's  in  libros  N.T.  (Romae  1950)  p.344. 
12  KScR  3  (1912)  92. 

"  Evanyile  sclon  St.  Jcan,  4.»  (Parts  1927)  introd.,  CXXVTII-IX. 
"  Cf.  Mein'Ertz,  M..  Mcthodisches  und  sachliches  üher  die  Dauer  der  offentlichen 
Wirksamkeit  Jesu:   BZ  14  (1916-7)  249. 
"  Introductio.   Vol.3,  Introductio  specialis  in  l.  N.T.  (Parisiia  1886)  pp.281-284. 


62 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PUBLICÓ 


eius  annos  tres  aliquanto  excesisse.  Sententia  haec...  ex  tempoce 
Enseba  et  Hieronymi.  evasit  communis 

El  P.  Lino  Murillo  se  contentaba  el  1910  con  una  probabilidad 
mayor  1^  Klausner  decía  el  1925  que  por  el  Evangelio  de  San  Juan 
se  impone  el  trienio  Y  esto  mismo  viene  a  decir  en  nuestros  días 
otro  racionalista  tan  avanzado  como  Guignebert.  Si  se  sigue  el  tex- 
to de  San  Juan,  y  no  se  le  quiere  torturar,  hay  que  admitir  tres  años 
y  algunos  meses 

Recientemente  ha  publicado  un  libro  el  sacerdote  italiano  Da- 
mián Lazzarato,  en  el  que  se  muestra  convencido  partidario  del 
trienio  ^o.  Es  un  libro  voluminoso  y  de  mucha  erudición.  Tal  vez 
con  menos  método  critico  del  que  hoy  se  exige 

Contra  la  afirmación  de  Turner  de  que  el  sistema  del  trienio 
no  se  encuentra  en  ningún  autor  anterior  a  Eusebio,  el  Sr.  Lazza- 
rato aduce  textos  de  los  Padres  del  siglo  II  y  III.  Son  defensores 
del  trienio,  según  él,  Hipólito  Romano,  San  Ircneo,  Tertuliano,  Cle- 
mente de  Alejandría  y  Orígenes  Desde  Eusebio  crece  la  senten- 
cia hasta  hacerse  común.  La  siguen  San  Efrén,  San  Epifanio,  San 
Jerónimo,  San  Cirilo  de  Jerusalén  y  San  Juan  Crisóstomo  De  la 
Edad  Media  cita  a  Santo  Tomás,  el  Tostado,  Dionisio  el  Cartuja- 
no y  Nicolás  de  Lira;  de  época  más  moderna,  a  Salmerón,  Toledo, 
Maldonado,  A  Lapide,  Melchor  Cano,  Calmet  y  Bossuet  Ya  en 
nuestros  días  cita  a  autores  como  Patrizi,  Cornely,  Mangenot,  Mé- 
chineau,  Hagen,  Van  Steenkiste,  Fillion,  Fouard,  Ladeuze,  Fonck, 
Kal,  Sales,  Scháfer,  Bisping,  Vigouroux  -  Bacuez  -  Brassac,  Camer- 
lynck,  Ho-mmaner,  Ruffini,  Merk  Luis  Girard  acaba  de  publicar 
un  estudio  muy.  sereno  sobre  el  marco  cronológico  del  ministerio 
de  Jesús,  y  se  pronuncia  abiertamente  en  favor  del  trienio  2". 

El  número  y  autoridad  de  estos  autores  es  ciertamente  grande, 
aunque  también  sea  grande  el  número  de  los  autores  modernos  que 
siguen  el  bienio:  Lagrange,  Grandmaison,  Prat,  Lebreton,  Ricciotti, 
Huby,  Tricot,  Sutcliffe,  Reatz,  Sickenberger.  Hópfl-Gut-Metzinger, 
y,  últimamente,  la  Sacra  Bibbia,  que  dirige  el  Pontificio  Instituto  Bí- 
blico. 

Entre  las  vidas  de  Jesucristo  que  corren  en  lengua  española  tra- 
ducidas del  extranjero,  siguen  el  bienio  las  de  Prat,  Lebreton.  La- 
grange, Cristiani  y  Ricciotti.  En  cambio,  siguen  el  trienio  las  de 
Fouard,  Fillion,  Meschler,  Tintori  y  Mauriac, 

>•  Conimcntnr.  in  Dan  fParisiis  180n  p.260;  StímmKn  ML  .SÜ  (ISOSI  433  "^37;  Le- 
xie.  Biblic;  Hacen.  I  (1905)  p.Qlls:  Commcntar.  in  Lucnm.  2."  (1905)  p.429. 
"  Le  cronología  dclla  storia  cvang.:  CC  242  (1910-4)  43')s. 

^'  Jesús  of  Nncnrvili:  His  Life,  time,  and  tcachiny  (en  hebreo,  Jerusalén  1922); 
versión  He  H    Davby  (1925)  p.259. 

»  Jesús  (l'.nrís   l"47)  p.247. 

*•  Chronnlof/ia  Christi  (N'eapoli  1052). 

"Volumen  magnae  nolis,  maximi  laboris,  incredibilis  diliRcntiae".  A.  Da  Fon- 
SEca:  R  34  (1943)  'U-on.  Cf.  J.  Cambier:  ÜthL  28  (1952)  687-698. 

»  Lazzarato,  pp. 290-298. 

»  Id.,  pp.298.303. 

»  lu.,  pp  316-322. 

»  Id.,  pp  323-331. 

*"  Le  cadre  chronologique  du  ministére  de  Jésus  (París  1953)  pp.lI-26. 


LOS  DATOS  DEL  CUARTO  EVANGELIO 


83 


Los  autores  españoles  generalmeníe  han  preferido  siempre  el  sis- 
tema del  trienio.  Podemos  citar  al  P.  Lino  M-urillo  Aracil  ^. 
J.  Sánchez  Oliva  Opara-Torres  Amat  J.  Bover  Simón-Pra- 
do-Dorado. Vilariño,  Gomá,  S.  del  Páramo  ].  Llamas  Quet- 
glas     y  Balagué 

Recientemente  han  roto  esta  unidad  las  dos  vidas  del  Señor  es- 
critas por  Almazán  y  Andrés  Fernández  Sus  autores  han  encua- 
drado el  ministerio  público  en  dos  años  y  algunos  meses. 

Nosotros  seguiremos  el  sistema  del  trienio,  porque  nos  parece 
que  responde  mejor  al  examen  interno  de  los  mismos  Evangelios, 
como  vamos  a  ver. 

ARTICULO  II 

Los  DATOS  DEL  CUARTO  EVANGELIO 

Todos  los  autores  reconocen  que  el  Evangelio  de  San  Juan  es 
el  Que  ofrece  mejor  base  para  determinar  la  duración  del  ministe- 
rio público.  Recorramos  por  orden  los  pasos  que  más  pueden  orien- 
tar en  este  sentido. 

1.  **  Estaba  próxima  la  Pascua  de  los  judíos  (2,13).  Estamos  casi 
a  los  principios.  Ha  precedido  el  ba.utjsmo,  el  ayuno  de  los  cuaren- 
ta d'as,  la  vocación  de  los  primeros  discípulos  en  el  Tordán,  el  mi' 
lagro  de  Caná  y  una  corta  estancia  en  Cafarnaúm.  Desde  que  em- 
pezó el  Señor  hasta  la  fecha  habrán  podido  transcurrir  dos,  tres 
meses.  Es  la  parte  que  hay  que  añadir  a  los  dos  o  tres  años,  según 
el  ni'imero  de  Pascuas  que  encontremos  todavía. 

Después  de  esta  primera  fiesta  pascual,  el  Señor  evangeliza  la 
rcnirn  preparada  por  su  precursor.  Juan  se  corre  hacia  el  norte 
(3.22).  Los  fariseos  se  alarman  con  los  éxitos  de  Jesús,  que  empieza 
a  tener  más  disr'Di^los  oue  Tuan.  Este  ha  sido  encarcelado.  El  Se- 
ñor se  retira  a  Galilea  (4,1.2). 

2.  °  ¿No  decís  vosotros:  dentro  de  cuatro  meses  viene  la  siega? 
(4,35).  Desde  la  Pascua  hasta  la  fecha  en  que  el  Señor,  de  camino 
para  Galilea,  pasa  por  el  pozo  de  Jacob,  ha  estado  en  Judea.  Si 
pudiéramos  determinar  el  momento  histórico  de  este  paso  por  Sa- 
maría, tendr'amos  determinado  cuánto  tiempo  ha  durado  el  minis- 
terio en  Judea  y  cuándo  empieza  el  de  Galilea.  ¿Podrá  orientarnos 

^  Cf.  Snn  Juan,  estudio  critico-excgético  sobre  el  cuarto  Evangelio  (Barcelona 
1908)  pp.238-9. 

Cuadios  evangélicos  (Barcelona   1921)  p.412. 
2»  La   l^ida  de  N.  Señor  rxf^licndn  ílíarcelona  1921) 
«»  El  Nuevo  Testamento  (Madrid  1922). 

i:i  l'.vanui  t'o  de  S.  S  .1  rsuciK'^l..  (  Hrircelnna  1043^:  Razón  y  Fe,  43  (1915-3). 
188;  El  Evangelio  de  San  Mateo  (Barcelona  1946)  p.535;  Evangeliorum  Concordia, 
2.»  (Haicmuhc  \jAÍ, 

Los  cuatro  Evangelios  (Santander  1952)  p.365. 
*•  Ln  cronología  de  Jesús  {'Tiirin-Ronia  l'535). 
**  Lugares  y  viajes  de  Cristo  en  el  Evangelio  (Palma  1939). 

Los  años  de  la  vida  del  Señor:  Cultura  Bibl.,  7  (1950)  223-225. 
^  Jesús  de  Nasaret  (Barc«;lona  1946):  yida  de  Jesucristo  (Madrid  1948). 


84 


DURAÍ'ÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


el  texto  que  ahora  examinamos?  Todo  depende  de  su  sentido,  de 
que  sea  un  proverbio  o  una  nota  cronológica. 

El  P.  Maldonado  dice:  Omnes  quidem  aucfores,  quos  legere  um- 
quam  memini,  sic  interpretantur.  quasi  haec  quafuor  ante  messem  eius 
anni  mensibus  dicta  fuerint,  id  est,  sub  mensem  februarium.  Maio 
enim  mense  in  Palaestina  messem  solitam  [ieri...  Atque  hinc  CyriUus 
et  Rupertus  colligunt  haec  veré  primo,  id  est,  circa  februarium  men- 
sem accidisse. 

Este  es  el  sentido  histórico  o  cronológico  del  verso.  Si  su  con- 
tenido responde  al  momento  preciso  que  viven  los  viajeros.  Si  des- 
de aue  el  Señor  habla  junto  al  pozo  de  Tarob  hasta  la  siega  q-uedan 
realmente  cuatro  meses.  Sigue  el  P.  Maldonado: 

Non  dissentio  libenter  ab  ómnibus  praesertim  auctoribus,  sed 
proponam  lectori  interpretationem  meam  et  doctioribus  me  iudicart' 
dam  relinquam. 

Existimo  proverbium  apud  hebraeos  fuisse:  adhuc  quatuor  men- 
ses  usque  ad  messem,  quo  significabant  satis  esse  femporis,  ut  de 
aliqua  re  [acienda  cogitarent,  seque  ad  eam  praepararent.  Eodem 
plañe  modo,  quo  Latini  dicunt:  adhuc  seges  in  herba  est... 

Esta  es  la  explicación  proverbial  del  texto.  Su  sentido,  en  labios 
del  Señor,  sería,  según  Maldonado,  éste: 

Vos  dicere  soletis:  adhuc  quatuor  menses  sunt  usque  ad  messem, 
id  est,  satis  esse  temporis  ut  de  aliqua  re  agenda  cogitetur.  Non 
potestis  id  nunc  de  spirifuali  messe  dicere.  in  quam  ego  vos  missu- 
rus  sum.  Lévate  enim  oculos  vestros  et  videte  regiones,  quia  albae 
iam  ad  messem  sunt 

Maldonado  sintetiza  muy  bien  el  sentido  del  proverbio  cuando 
dice  que  era  vos  otiosorum  hominum.  La  voz  del  perezoso,  que  el 
hoy  lo  deja  siempre  para  mañana.  Con  la  alusión  al  proverbio  el 
Señor  enseñaba  a  los  discípulos  que  había  llegado  la  hora  de  tra- 
bajar en  el  apostolado. 

Maldonado  reconoce  que,  hasta  su  tiepipo,  ninguno  hab'a  dado 
esta  interpretación.  El  deja  su  explicación  al  j-uicio  de  los  más  doc- 
tos. La  realidad  es  que  m.uchos  después  de  él  la  han  aceptado.  Bel- 
ser,  Lagrange,  Durand,  Lebreton,  Riera.  Renié,  Braun,  Prat.  A.  Fer- 
nández y,  en  general,  los  partidarios  del  sistema  bienal. 

La  explicación  histórica  sigue,  sin  embargo,  en  pie.  La  sostienen 
hov  d'a,  entre  otros,  Calmet,  Bover,  Tillmann,  Sickenbcrger,  Llamas 
y  Willam 

Aunque  hay  razones  para  ambas  explicaciones,  nosotros  creemos 
que  la  explicación  histórica  responde  mejor  al  contexto  y  al  pensa- 
miento de  San  Juan 

a)  La  antítesis,  tan  propia  del  cuarto  Evangelio,  resalta  mejor 
en  la  explicación  cronológica.  Se  opone  la  mies  natural  a  la  mies 


"  In  lo  4,35  (Mopiintiae  1853)  pp.553-6. 

»  Dorado,  p.460  not.l-3  n.3l7;   A.   I'ernAndKZ,  p.190  nota. 

^  Cf.  J.  Bover,  Adhuc  quatuor  mcnscs  sunt  et  mess^s  vcnit:  BiblÍQa  3  (1922) 
442-444;  J.  Llamas,  Cronologia,  pp.144-148. 


LOS  DATOS  DEL  CUARTO  EVANGELTO 


85 


espiritual.  Decís  que  quedan  cuatro  meses  para  la  mies.  Yo  os  digo, 
no  quedan  cuatro  meses,  la  mies  ha  llegado.  Esta  manera  de  hablar, 
comparando  lo  natural  con  lo  sobrenatural,  es  muy  del  lenguaje 
del  Señor  y  del  estilo  del  cuarto  Evangelio. 

En  la  explicación  de  Maldonado  no  existe  esta  comparación  de 
mies  con  mies,  pues  el  proverbio  prescinde  de  la  mies  real  y  tiene 
un  sentido  general,  el  de  que  nada  urge,  hay  tiempo  para  todo. 

b)  Para  que  el  texto  se  pueda  tomar  como  proverbio  hace 
falta  que  conste  de  su  existencia,  porque  el  sentido  obvio  es  el  cro- 
nológico. Prueba  de  ello  es  que  hasta  Maldonado  así  se  hab'a  ex- 
plicado siempre,  como  él  confiesa.  Pues  bien,  la  existencia  del  pro- 
verbio se  supone,  pero  no  se  prueba.  Es  más,  hay  razones  para 
pensar  que  no  existía  tal  proverbio  en  tiempo  de  Cristo,  como  ob- 
serva el  P.  Holzmeister  El  tiempo  ordinario  que  media  entre  la 
simienza  y  la  siega  es  medio  año  y  no  cuatro  meses.  La  formación 
de  tal  proverbio  no  respondería  a  una  realidad  objetiva.  De  hecho, 
en  la  época  del  Talm.ud  el  proverbio  habla  de  seis  meses:  Fnimen- 
tum  fructum  facit  sex  mensibus.  La  diferencia  entre  la  edad  futura 
de  oro,  que  esperaban  los  judíos,  y  la  presente  se  resumía  asK-  En 
esta  edad  presente  el  trigo  madura  y  se  hace  en  seis  meses;  en 
aquella  futura  se  hará  en  uno  y  medio.  En  nuestro.*:  d'as  de  hecho 
se  dan  seis  meses  entre  el  sembrar  y  el  recoger.  Se  siembra  por 
noviembre  y  se  siega  en  la  segunda  quincena  de  mayo.  La  cebada 
se  hace  en  unos  seis  meses,  y  el  trigo  en  algo  más.  Los  ejemplos 
que  se  traen  de  Egipto  o  de  la  costa  mediterránea  no  prueban  mu- 
cho, porque  son  zonas  más  calientes. 

c)  El  enunciado  mismo  del  texto  no  responde  al  de  un  prover- 
bio. Poco  después  hay  uno  que  tiene  la  forma  general  del  prover- 
bio: Pues  aquí  se  verifica  el  proverbio:  uno  es  el  que  siembra  y 
otro  el  que  siega  (4,37). 

En  nuestro  caso,  la  forma  del  enunciado  no  reviste  el  sentido 
universal,  impersonal  y  atemporal  que  tienen  los  proverbios.  Los 
apóstoles  son  los  que  dicen,  con  un  adverbio  temporal  de  limita- 
ción: dentro  de  cuatro  meses,  al  cual  se  opone  el  otro  que  usa  el 
Señor  en  la  segunda  parte:  yo  os  digo...  contemplad  los  campos 
dorados  ya  para  la  siega. 

Parece,  pues,  que  los  apóstoles  no  hablaban  del  tiempo  general 
que  media  entre  la  simienza  y  la  siega,  sino  del  particular  y  con- 
creto que  faltaba  desde  aquel  entonces.  Ese  "dentro  de  cuatro  me- 
ses" indica  que  ha  pasado  algún  tiempo  después  de  la  siembra,  lo 
cual  se  explica  mejor  en  el  sentido  histórico  y  cronológico  del 
texto. 

cí)  Los  comentaristas  más  antiguos  del  cuarto  Evangelio,  como 
se  refleja  en  el  comentario  de  Orígenes,  ponían  este  paso  por  Sa- 


*•  Chronologia,  pp.  144-147. 


86 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


maria  en  tiempo  de  invierno,  cuando  faltaban  cuatro  meses  par; 
la  siega.  Orígenes  habla  de  Heracleón  y  de  otros  como  él 

Que  el  ministerio  en  Judea  durara  varios  meses  y  hasta  el  in 
vierno  no  volviera  el  Señor  a  Galilea  tiene  su  fundamento  positiva 
en  la  misma  manera  como  hablan  los  evangelistas.  Los  Sinóptico 
dicen  que  este  viaje  sucedió  después  de  la  prisión  de  Juan.  Es  vei 
dad  que  la  época  de  la  arrestacicn  del  Bautista  pertenece  al  de 
minio  de  las  conjeturas.  Su  ministerio  en  Ainón  empieza  poco  des 
pués  de  la  Pascua.  Pero  el  cuarto  Evangelio  supone  que  estuvo  al 
varios  meses.  Aunque  no  haya  fundamento  para  pensar  que  estuv 
más  de  medio  año,  el  P.  Buzy  dice  justamente  que  no  nos  equ: 
vocaríamos  si  dijéramos  que  fué  detenido  a  fines  de  otoño.  Mier 
tras  Juan  está  en  Ainón,  Jesús  evangeliza  el  territorio  que  él  habí 
preparado.  Habitaba  en  Judea  (3.22),  bautizaba  y  hacía  discípulo 
hasta  el  punto  de  despertar  celos  en  los  seguidores  de  Juan  y  e 
los  escribas.  Esto  exige  ala-unos  meses.  Por  lo  menos  se  explica  d 
una  manera  más  natural  y  humana. 

La  dificultad  que  algunos  encuentran  en  cómo  llenar  este  laps 
de  tiempo  nos  parece  de  poca  fuerza,  si  se  tiene  presente  que  le 
Sinópticos  callan  todo  el  ministerio  en  Judea  y  que  el  cuarto  Evai 
gelio  advierte  expresamente  que  Jesús  hizo  muchas  cosas  que  r 
están  escritas  en  su  libro  (20,30;  21,25).  Cuando  Judas  va  a  prei 
der  a  Jesús,  dice  que  conocía  el  sitio  "porque  muchas  veces  se  hab 
reunido  allí  Jesús  con  sus  discípulos"  (18,2).  Y  si  no  fuera  por  esl 
afirmación  general,  no  sabríamos  nada  de  ello  ni  aun  lo  hubiéram( 
sospechado,  porque  ninguna  otra  vez  se  habla  de  este  sitio.  En  1( 
días  que  preceden  a  la  Pasión  nos  dicen  más  bien  que  se  va  a 
tania.  Los  Evangelios  son  historia  muy  fragmentaria  y  tienen  mi 
chas  lagunas  deliberadas. 

Más  seria  es  la  dificultad  que  proponía  Orígenes  contra  Her, 
cleón.  Pocos  días  después  de  la  estancia  en  Samaría  reciben  1< 
galileos  a  Jesús  con  gran  entusiasmo,  porque  hab'an  visto  lo  q-i 
hab'a  hecho  en  la  fiesta,  pues  ellos  también  habían  estado  en  el 
(4,45). 

Orígenes  mismo,  que  pone  la  dificultad,  dice  que  para  much( 
puede  tener  poca  fuerza.  Después  de  varios  meses  se  podía  conse 
var  fresca  la  memoria  de  los  milagros  obrados  en  la  Pascua 

Desde  la  Pascua  los  galileos  no  hab'an  visto  al  Señor,  porqi 
había  estado  todo  el  tiempo  en  Judea.  Les  hab'a  impresionado  : 
fuerza  taumatúrgica  la  primera  vez  que  la  había  mostrado  en  J 
rusalén.  Se  explica  que  no  lo  hayan  olvidado  y  le  mue«:tren  su  e 
tusiasmo  ahora  oue  lo  vuelven  a  ver  por  primera  vez.  En  la  narr 
ción  del  evangelista  este  entusiasmo  puede  estar  matizado  con  u] 

*^  Comment.  in  loann,  t.l3:  MG  14.466.467.471;  Hol7MEtster  (Chrovologia,  p.) 
not.l)  C'ta  también  a  Orí^^cnes  como  nart-dnr-o.  Pero  Or1^'eIles  no  Iiahla  en  nonil 
prot)io.  sino  c-tando  na'-^'^'p":  H— -ar'-^'^'-'  Cf.  J.  CollanteSi,  La  más  antigua  inl 
pretación  de  lo  4,35:  EE  27  (IQ.SS)  339-345. 

«  St.  Jean   Dapt-stc   (París   19??^  p.276. 
Comment.  in  Joann.  t.l3:  MC  14,467. 


LOS  DATOS  DEL  CUARTO  EVANGELIÓ 


67 


mayor  frescura,  porque  ha  omitido  todos  los  hechos  intermedios;  lo 
que  no  cuenta  es  como  si  no  hubiera  sucedido.  El  entusiasmo  versa 
directamente  sobre  el  hecho  que  precede  inmediatamente  en  la  re- 
dacción del  libro. 

Contra  la  duración  del  ministerio  en  Judea  existe  otra  dificul- 
tad. Es  la  vocación  de  los  discípulos  en  Galilea  y  el  hecho  de  que 
vuelvan  a  sus  tareas  ordinarias  de  la  pesca. 

E.  Levesque  resuelve  la  dificultad  adelantando  este  llamamien- 
to y  poniéndolo  en  la  corta  estancia  en  Cafarnaúm  que  precedió  a 
la  primera  Pascua  (Jn  2,12).  Esta  explicación  es  posible.  Los  Sinóp- 
ticos han  podido  retrasar  la  narración  de  esos  primeros  sucesos  ga- 
lileos,  porque  suprimieron  la  primera  vuelta  a  Galilea,  la  que  siguió 
inmediatamente  al  ayuno.  Y  los  cuentan  en  la  primera  ocasión  que 
se  les  ofrece,  cuando  vuelve  el  Señor  después  de  la  prisión  de 
Juan 

La  mayoría  de  los  autores,  con  todo,  retrasa  esos  sucesos  has- 
ta la  segunda  vuelta  a  GaHlea,  después  del  ministerio  en  Judea.  Esto 
también  es  posible.  Como  Pedro  y  Juan  volvieron  a  sus  faenas  de 
la  pesca  aun  después  de  la  Pasión  y  Resurrección,  también  han  po- 
dido volver  después  de  los  meses  de  ministerio  en  Judea.  Ese  tiem- 
po ha  sido  de  preparación  para  la  vocación  definitiva,  que  no  ten- 
drá lugar  hasta  la  elección  de  los  Doce,  en  el  segundo  año. 

3.°  Después  de  esto  vino  (la)  fiesta  de  los  judíos  y  subió  Jesús 
a  Jerusalén  (Jn  5,1). 

Desde  los  primeros  siglos  cristianos  se  viene  discutiendo  el  sen- 
tido concreto  que  tiene  [la)  fiesta  de  los  judíos  en  este  verso.  Unos 
la  explican  en  el  sentido  de  la  Pascua,  otros  de  Pentecostés.  Pudo 
ser  también  la  de  los  Tabernáculos.  La  segunda  parte  del  verso  "Y 
subió  Jesús  a  Jerusalén"  establece  cierta  relación  o  consecución  en- 
tre la  fiesta  y  la  subida.  El  Señor  sube  por  razón  de  la  fiesta.  Esto 
no  se  explica  razonablemente  sino  en  el  caso  de  una  de  las  tres 
fiestas  anuales  de  peregrinación  a  Jerusalén.  Eran  la  Pascua,  Pen- 
tecostés y  los  Tabernáculos.  No  tiene  ninguna  probabilidad  la  fies- 
ta de  Purim,  que  se  celebraba  el  14  ó  15  del  mes  Adar,  el  anterior 
al  mes  de  Nisán,  porque  no  era  fiesta  de  peregrinación  ni  religiosa 
y  tampoco  se  menciona  nunca  en  el  N.  T.  *^ 

Para  determinar  a  cuál  de  las  tres  fiestas  anuales  de  peregrina- 
ción se  refiere  el  evangelista,  conviene  distinguir  dos  problemas 
distintos:  uno  textual  y  otro  exegético 

El  problema  de  critica  textual  es  si  San  Juan  escribió  o  no  es- 
cribió con  artículo  (la)  fiesta.  Si  se  mira  a  la  crítica  externa,  es  di- 
fícil pronunciarse  en  un  sentido  o  en  otro.  Por  un  lado  y  por  otro 
figuran  excelentes  y  numerosos  códices  y  se  encuentran  represen 
tadas  las  principales  recensiones  o  tipos  de  texto.  Las  ediciones  crí- 
ticas propenden  más  bien  a  la  omisión  del  artículo  por  una  s<uper- 

**  Abróné  chronoloqique  de  la  Vie  de  ^^  S.  I.  C.  (París  1951)  pp.l  5.1 23-1 30. 

*  Cf.  C.  HoLzMEisTER.  Chronolodia,  pp. 149-50;  Dorado,  Praelectioncs,  p.487  not2. 

«  J.  BovER,  La  fiesta  de  los  judíos  en  Jn  5,1:  E-E)  26  (1952)  79-82. 


86 


ÍXSBMCXSS  ZiíL  MIMSTZSJO  PÚBLICO 


valocacíóa  dd  códice  Vaticano  (B).  contra  ei  Sinaitico  (S).  Míen- 
txas  ñdañten  el  articulo  Tisrhendorf  y  Bover,  lo  omiten  í  ^chmam 
Wescott-Hoft,  Weíss,  Neisde,  tíranscheid  y  Lagrange.  Lo  conside- 
lan  como  dudoso  Voo  Soden,  Vogeb  y  Merk.  Análoga  es  la  acti- 
tud de  los  tradactOTes  y  ezegetas.  "Sólo  una  injustificada  preferen- 
cia a  favoc  de  un  códice  determinado  vmúz  inclinar  la  balanza  en 
uno  u  otro  sentido"*^. 

Por  moCívas  de  crítica  interna  tampoco  es  fácil  resolver  la  cues- 
tióiL.  bío  embargo,  recientemente  el  P.  Bover  cree  que  es  más  pro- 
bable la  lectora  del  artículo  (/a  fiesta),  apoyándose  en  el  estilo  de 
San  ]uan.  El  áempic  determina  las  fiestas,  y  de  los  dieciséis  casos 
en  que  usa  la  palabra  tiesta,  siempre  ha  empleado  el  artículo 

Sí  fuera  verdad  que  San  Juan  escribió  '  la  fiesta  de  los  judíos'  . 
tendríamos  una  razón  muy  poderosa  para  afirmar  que  él  pensó  en 
la  Pascua.  Digase  lo  que  se  quiera,  la  fiesta  de  les  jud.os.  en  todo 
el  mondo  grecorromano,  era  ia  Pascua.  Esta  era  su  fiesta  nacional. 

Pero,  aon  prescindiendo  de  la  cuestión  critica  del  artículo,  el  es- 
tilo de  San  Joan  favorece  más  la  Pascua  que  las  otras  dos  fiestas 
de  peregrinación.  La  fiesta  de  Pentecostés  no  la  menciona  expre- 
samente nunca  San  Joan.  Sería,  pues,  extraño  que,  sin  haberla  men- 
cionado nunca  en  todo  x\  Evangelio  y  sin  ser  la  principal,  pensara 
ahora  en  ella  dejándola  anónima.. 

La  fiesta  de  los  Tabernáculos  sí  la  menciona  expresamente  una 
vez  (7,2 ; :  Estaba  próxima  la  fie'Aa  de  los  judíos,  de  los  Taber- 
núculfjs. 

La  fiesta  de  la  Pascua  sale  repetidas  veces.  Desde  luego,  la  que 
íiaura  más  que  todas,  con  bastante  diferencia.  Todos  los  autores 
observan  el  interés  que  muestra  San  Juan  por  esta  fiesta,  que  tan 
íntimamente  han  relacionado  él  y  San  Pablo  con  Cristo. 

El  P.  Bover  ha  mostrado  la  diferente  manera  como  menciona 
San  Juan  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  y  la  fiesta  de  la  Pascua: 

La  ¡ie'ita  de  los  judíos,  ta  Escenopeyia  (7,2; 

En  la  l^aviua,  en  la  fiesta  (2,23). 

La  Pascua,  la  fiesta  de  los  judíos  (6,4). 

En  el  cato  de  lo»  Tabernáculos,  la  fiesta  de  los  judíos  es  una 
expreiíón  qentTicu  y  ambigua,  que  se  determina  añadiendo  la  Esce- 
nopegía.  En  camlAo,  en  el  ca%fj  de  la  Pascua,  la  fiesta  es  una  expíe- 
»j6n  Vi^iU  hruenie  innereftaria  y  que,  pospue.sta  a  la  Pascua,  tiene 
un  ientido  de  énfasi.".  y  ponaeración,  la  fiesta  por  excelencia.  Es 
decir,  que  fiesta  de  los  judíos  o  la  fiesta  de  los  judíos,  sin  más,  se 
reíiere  a  la  Pascua, 

'í'ampoco  convíení?  príí'irlndir  del  genitivo:  (la)  fie.sta  de  los  ju- 
dión E»te  genitivo  determina  el  .sentido  del  .sujeto.  C>o.sa  necesaria 
tratándote  de  lecioTea  extraño»  al  juda  smo,  que  no  conocen  todas 
iui  fieftta»,  «ino  la  principal  de  ellas,  la  Pascua.  Juan,  como  buen 


LOS  DATOS  DEL  CUARTO  FVANGELIO 


semita,  ha  podido  descuidar  el  uso  del  art'culo.  aun  pensando  en 
la  fiesta  concreta  de  la  Pascua.  No  es  rara  la  omisión  del  artículo 
aun  en  nombres  concretos  y  determinados  cuando  están  en  estado 
constructo  o  seguidos  de  un  genitivo  Acostumbrado  a  suprimir 
el  artículo  hebreo  en  el  estado  constructo.  Juan  ha  podido  hebrairar 
en  griego  y  suprimir  el  artículo,  aunque  el  nombre  tuviera  sentido 
muy  determinado. 

Por  esto,  creemos  que  la  omisión  o  existencia  del  artículo  es  se- 
cundaria y  que  el  sentido  concreto  de  {la)  fiesta  en  todo  el  con- 
texto es  muv  probable.  Ya  en  el  siglo  II-III.  San  íreneo  refería 
esta  fiesta  anónima  a  la  Pascua 

4.  "    Estaba  próxima  la  Pascua,  la  fiesta  de  los  jud'os  (6.4). 
Este  texto  es  decisivo  contra  los  partidarios  de  un  año.  Una 

Pascua  en  el  centro  del  Evangelio,  si  es  oenuina.  exige  dos  años 
de  duración,  habiendo  otras  dos  Pascuas:  al  principio  y  al  fin. 

Los  partidarios  del  año  tratan  de  anudar  la  fuerza  de  este  ar- 
gumento con  la  teor'a  de  la  interpolación.  Se  apoyan  en  rarones  de 
orden  interno,  que  no  prueban  nada  contra  el  peso  sólido  de  toda 
la  crítica  textual  externa.  No  hav  ni  un  solo  manuscrito,  lecciona- 
rio  o  versión  que  omi*-a  la  palabra  Pascua.  Por  esto  todas  las 
ediciones  críticas  modernas  la  admiten  sin  vacilación  ^. 

El  P.  Lagrange  dice  que.  aunque  se  lograra  borrar  el  nombre  de 
la  Pascua,  no  se  loarar'a  n?da  en  favor  de  la  tesis  del  año.  Y  la 
razón  es  muy  sencilla:  la  Pascua  de  San  Tuan  no  hace  más  que 
decir  explícitamente  lo  que  dicen  impl'citamente  los  Sinópticos  men- 
cionando el  heno  verde  (Me  6.39).  Solamente  en  época  pascual  se 
puede  hablar  de  heno  verde  en  los  alrededores  del  Lago 

5.  "  La  última  fiesta  pascual  de  oue  habla  San  Juan  es  la  de  la 
Pasión,  que  mencionan  también  los  Sinópticos.  Esta  aparece  en  va- 
rios pasaies.  primero  poco  después  de  retirarse  a  la  región  de  Efrén 
(11.55.56).  Jesús  no  subió  tan  pronto  como  los  otros  peregrinos  y 
empezaron  en  seguida  a  echarlo  de  menos.  Lueao  %-jelve  a  recor- 
darla cuando  viene  a  Betania  seis  d'as  antes  de  la  fiesta  (12.1)  y  el 
domingo  de  la  entrada  triunfal  Í12.12).  La  v'spera  de  la  Pascua  es 
cuando  come  el  cordero  pascual  (13.1.20).  El  ciernes  de  la  muerte 
es  cuando  iban  a  comer  el  cordero  los  {ud^'os  Í18.2S).  Y  el  sobado 
siguiente  tenía  especial  solemnidad,  porque  era  el  d'a  pascual  (19.31 ). 

Si  ahora  resumimos  todos  los  da*os  del  cuarto  Evan.^elio  podre- 
mos concretar  las  conclusiones  que  se  refieren  a  la  duración  del 
ministerio  público. 

Primera  conclusión.  El  ministerio  público  del  Señor  duró  cierta- 
mente dos  años  largos,  por  lo  monos,  seaún  los  datos  del  cuarto 
Evangelio.  El  sistema  del  bienio  es  el  mínimum  posible  de  dura- 

Cf.   VosEx-K.MTJEns'.  Rudimenta  linoucf  k^braicaf   (Fríburgi   Bnsg..   13.«.  1033) 

p.46. 

*  Adv.  Hacr..  2.22.3:  MG  7.782s.  Cf.  Holxíteistís.  Chronc»cg%a,  pp.l3«-9. 

"  HoLzMSiSTER,  Chroncloaia.  pp. 136-140. 

•»  ^XHinffilc  selon.  St.  Jean,  4.*  (1927)   introd.  CXX\^^. 


90 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


ción,  como  dice  el  P.  Lagrange  La  existencia  de  tres  Pascuas 
hace  cierta  esta  sentencia.  Hay  una  al  principio  (2,13).  otra  al  me- 
dio ^6,4)  y  otra  al  final  (11,55).  Son  dos  años  completos,  a  los 
cuales  hay  que  añadir  el  período  del  bautismo,  del  ayuno  y  el  viaje 
a  Caná  y  la  corta  estancia  en  Cafarnaúm. 

Segunda  conclusión.  La  existencia  de  una  cuarta  Pascua  es  más 
probable  y,  por  tanto,  un  año  más  de  duración.  El  trienio  completo 
es  más  probable  que  el  bienio.  Esta  conclusión  se  £unda  en  doi 
motivos : 

a)  La  fiesta  anónima  de  5,1,  tenga  o  no  tenga  artículo,  es  más 
probablemente  una  Pascua.  Si  la  lectura  del  articulo  fuera  segura, 
todas  las  probabilidades  están  por  la  fiesta  principal.  Pero  también 
hemos  visto  que.  aun  sin  el  artículo,  el  contexto  y  el  estilo  de  San 
Juan  favorece  más  la  opinión  de  los  que  creen,  con  San  Ireneo,  que 
se  trata  de  la  Pascua. 

Admitida  esta  explicación,  tendríamos  cuatro  Pascuas  en  el  mi- 
nisterio público.  Y  cuatro  Pascuas  exigen  tres  añoá  completos.  Con 
este  argumento  es  indiferente  la  época  en  que  el  Señor  pasa  por 
Samarla,  y  no  hace  falta  que  4,35  sea  nota  cronológica. 

b)  Si  no  se  quiere  admitir  que  la  fiesta  anónima  de  5.1  es  la 
Pascua,  para  defender  el  trienio  hace  falta  combinar  esa  fiesta  con 
el  paso  de  Jesús  por  Samarla.  En  efecto,  si  la  escena  de  la  sama- 
ritana  tiene  lugar  a  fines  de  otoño  o  principios  del  invierno,  el  Se- 
ñor ha  estado  en  Judea  durante  las  tres  fiestas  de  peregrinación 
del  primer  año.  Es  decir,  desde  la  primera  Pascua  hasta  después 
de  noviembre.  En  este  caso,  la  fiesta  anónima,  en  que  sube  desde 
Galilea  a  Jerusalén,  no  puede  ser  ni  Pentecostés  ni  los  Tabernácu- 
los del  primer  año.  Tampoco  puede  ser  ninguna  de  las  dos  qac 
siguen  a  la  Pascua  de  la  primera  multiplicación  de  los  panes,  por- 
que esa  fiesta  del  capítulo  V  es  anterior  a  dicha  Pascua.  Tiene  que 
ser  un  Pentecostés  o  un  Tabernáculos,  que  supone  una  Pascua  dis- 
tinta de  la  primera  (2,13)  y  de  la  penúltima  (6,4).  Esa  fiesta  anó- 
nima exige  una  Pascua  más,  que  está  ahi  implícita 

ARTICULO  III 

El  orden  primitivo  del  cuarto  Evangelio 

Ya  el  1916  escribía  Meinertz  que  el  sistema  del  bienio  sólo  se 
puede  defender  a  base  de  que  el  orden  de  capítulos  actual  no  sea  el 
primitivo,  sino  que  el  capítulo  VI  preceda  al  capítulo  V  Esta  hi- 
pótesis de  inversión  de  capítulos  es  relativamente  frecuente  en  nues- 
tros días,  sobre  todo  en  los  defensores  del  bienio.  Si  el  capítulo  VI 

"  Ib.  CXXVIIMX.  Cf.  F.  Prat:  RScR  3  (1Q12)  88.  Ks  frecuente  que  los  auto- 
res que  siguen  el  bienio  hablen  en  este  sentido,  como  un  mínimum  de  duración 
cierto,  sin  excluir  un  lapso  mayor  probable.  Cf.  Lazzarato,  Chronologia,  p.337. 

**  Cf.  HoLZMEiSTER,  Chronologia,  p.150, 
•»  3Z  14  (1916-17)  m 


ORDEN  PRIMITIVO  DEL   CUARTO  EVANGELIO 


91 


5e  antepone  al  cap'tulo  V,  se  logra,  desde  luego,  reducir  el  núme- 
ro de  Pascuas.  La  fiesta  anónima  del  capitulo  V  puede  ser  la  mis- 
ma Pascua  del  capítulo  VI,  o  la  Pentecostés,  que  le  sigue  inme- 
diatamente. Si  se  probara  esta  inversicn  no  como  posible,  sino  como 
real,  el  sistema  bienal  quedaría  ciertamente  muy  reforzado. 

El  problema  sobre  el  orden  de  los  capítulos  en  el  cuarto  Evan- 
gelio se  puede  considerar  práctica  y  teóricamente.  Prácticamente  es 
muy  antiguo.  De  hecho  se  invierten  los  capítulos  del  cuarto  Evan- 
gelio, sobre  todo  el  V  y  el  VI,  ya  en  el  siglo  II,  en  el  Diatessaron 
de  Taciano.  Pero  hasta  el  siglo  XVIII  nadie  combate  teóricamente 
el  orden  actual  El  1773  es  Marm  quien  por  primera  vez  afirma 
que  el  orden  actual  de  capítulos  no  es  de  San  Juan,  sino  que  se 
debe  a  una  traslocación  posterior.  Sus  argumentos,  de  orden  in- 
terno todos,  son  los  que  recogerán  los  autores  modernos  ^\  El  1893 
Spitta  extiende  las  traslocaciones  a  otros  capítulos  distintos  del  V 
y  VI.  Pero  el  1910  abandona  esta  teoría  y  escoge  la  de  las  inter- 
polaciones. No  son  ya  los  capítulos  primitivos  de  San  Juan  los  que 
se  han  cambiado  de  orden;  es  la  materia  misma  primitiva  la  que 
se  ha  alterado.  Se  han  introducido  perícopas  y  capítulos  que  no 
son  auténticos.  A  estas  intromisiones  espúreas  se  deben  las  incohe- 
rencias lógicas  del  cuarto  Evangelio 

Los  críticos  racionalistas  tienen  ya  las  dos  armas  para  combi- 
nar a  su  gusto  y  con  libertad  el  texto  de  San  Juan.  Unas  veces  son 
textos  espúreos,  otras  veces  son  textos  invertidos  o  capítulos  en- 
teros que  no  están  en  su  sitio  propio.  Así  logra  cada  exegeta  ha- 
cer su  Evangelio  de  San  Juan  con  una  mentalidad  y  un  gusto  aris- 
totélico o  baconiano,  pero  que  no  es  semita  ni  del  siglo  I  cris- 
tiano. 

Los  católicos  no  han  tenido  dificultad  en  aceptar  la  teoría  de 
las  inversiones.  El  P.  Lagrange  acepta  el  1926  la  inversicn  del  ca- 
pítulo VI- V,  que  luego  siguen  otros  autores,  cuyos  nombres  pueden 
verse  en  el  artículo  de  Uricchio 

El  1931  alza  su  voz  en  España  el  P.  Bover  contra  esta  moda 
El  1933,  el  P.  Holzmeister  dice  que  la  teoría  de  las  inversiones,  apli- 
cada a  nuestros  dos  capítulos,  es  menos  probable  El  1939,  juzgan- 
do la  obra  del  P.  Sutcliffe,  dice  J.  Levie  que  la  inversión  no  se  pue- 
de aceptar  criticamente,  mientras  no  aparezca  un  documento  escrito 
que  nos  garantice  ese  texto  El  1947,  el  canónigo  M.  Overney,  en 
su  comentario  al  cuarto  Evangelio,  dedica  un  apéndice  a  este  tema 
y  se  pronuncia  contrario  a  la  inversión  de  los  dos  capítulos  El 

*  Cf.  N.  Uricchio,  La  teoría  delle  trasposizioni  neh  Vangclo  di  S.  Giovanni:  B  31 
(1950)  129-163. 

"  Id.,  ib.,  pp.l 33-136. 
"  Id.,  ib.,  pp.133-136. 
«  Id.,  ib..  p.i-iO. 

¿Es  admisible  la  inversión  de  los  capítulos  t  y  C  de  San  Juan? :  EstB  (1931) 
pp.81-88. 

"  Chronolog-a,  p.l.S3. 
«2  NRth  (1939)  p.603. 

«3  Bvangüe  selon  St.  Jean  (Fribourg-Paris  1947)  pp.233-234. 


92 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


mismo  año  el  P.  Dorado  examina  con  ponderación  el  problema,  y 
considera  como  una  diticultad  muy  seria  contra  la  inversión  de  ca- 
pítulos el  testimonio  unánime  de  toda  la  critica  textual.  Las  razones 
internas  solamente  prueban  que  a  nosotros  nos  parece  más  cómodo 
y  sencillo  ese  nuevo  orden,  pero  nada  dicen  de  que  fuera  asi  el 
orden  primitivo  de  San  juan^*.  Ya  antes  había  escrito  el  P.  Alio 
que  insistir  en  los  argumentos  de  orden  interno  para  alterar  el  or- 
den de  capítulos  es  desconocer  el  estilo  de  ban  Juan 

hl  P.  A.  bernández,  que  sigue  en  su  Vida  de  Jesucristo  el  plan 
bienal,  reconoce  en  la  misma  las  razones  que  alegan  los  partida- 
rios de  la  inversión,  pero  no  las  acepta,  porque  existe  en  contra  una 
grave  di[icultad,  que  es  la  critica  externa,  "be  necesitan,  pues,  para 
trastocarlo,  argumentos  gravísimos;  dudamos  que  los  arriDa  apunta- 
dos puedan  caliticarse  de  tales" 

hl  año  1948,  Alberto  Power  estudia  detenidamente  el  orden  pri- 
mitivo del  cuarto  Evangelio.  Examina  todos  los  argumentos  en  pro 
y  en  contra  del  orden  actual,  y  concluye  que  no  existe  razón 
seria  que  se  pueda  oponer  al  orden  de  toda  la  crítica  textual  . 

Recientemente,  L.  Girard  considera  como  abusivo  el  dar  por  un 
hecho  criticamente  cierto  la  inversión  de  los  cap.tulos  V  y  Vi,  pues 
no  se  apoya  en  ningún  documento  antiguo,  laciano  invierte  esos 
capítulos  y  otros,  aun  de  los  Sinópticos,  porque  busca,  más  que  un 
orden  histórico,  un  orden  didáctico  ^. 

El  trabajo  más  completo  lo  ha  publicado  Nicolás  Uricchio  en 
Bíblica  en  año  1950.  Üs  un  estudio  histórico  y  crítico  que  exa- 
mina todas  las  razones  en  pro  y  en  contra.  Examina  primero  la  in- 
versión de  los  capítulos  V  y  VI  y  luego  las  múltiples  trasposicio- 
nes que  propone  E.  R.  Hoare,  quien,  en  una  realización  matemáti- 
ca, quiere  determinar  no  sólo  el  orden  de  capítulos,  sino  aun  el  de 
secciones  y  versos,  como  si  para  resolver  estos  problemas  históricos 
se  pudiera  apelar  a  otros  métodos  diversos  del  testimonio 

Los  partidarios  de  la  inversión  reconocen  que  no  hay  razones 
positivas  de  cr.tica  externa  para  ello  y  se  apoyan  en  dos  princi- 
pios: uno  es  el  examen  interno  del  texto.  En  el  orden  VI,  V,  VII, 
el  pensamiento  y  la  historia  fluye  mejor.  El  otro  principio  descan- 
sa en  una  mera  posibilidad:  dado  el  material  y  el  modo  de  escri- 
tura antigua,  es  posible  la  inversión      De  la  posibilidad  histórica 


**  Praclcctiones,  p.363  n.246. 

L'Evaiujüe  spiritucl  de  St.  Jean  (París  1944)  p.41. 
Vida   de  Jesucristo   (Madrid    1948)  pp.201-204. 
6'  The  oriyinul  Order  of  St.  Jolins  Gospck  CHQ  10  (1948)  399-405. 

L' Evantiilc  des  voyayrs  dr  Jesús  (París  P'Sn  pll2  not  1.  En  su  última  obra. 
Le  Cadre  chronologique  du  Minisiére  de  Jcsíts  (París  1953),  estudia  más  amplia- 
mente el  problema  y  se  confirma  en  la  poca  consistencia  de  ia  teoría  puramente 
conjclnral  (pp. 12-21). 

*  El  autor  tiene  amplia  bibliografía  sobre  el  tema  en  general.  Nos  remitimos  a 
ella.   Por  esto  no  poiit  iiios  los  anlort  s  (iue  linn  fscr  to  en   favor  de  la  inversión 

El  P.  SuTCLiFi-E  (,A  two  Ycar  Public  Ministry  [London  1938]  pp.92-8)  reconoce 
que  no  se  puede  argüir  de  Taciano.  Eas  transposiciones  en  él  son  muchas. 

^*  Cf.  R.  Mrinckmann,  Ziir  Fragr  dcr  ursprünfjUchen  Ordnung  ivi  J ohannes-Evan- 
gelium:   Greg  20  (1939)    55-82.   Qualis  fuerit  ordo   originarius  i*u  IV  Evangelio: 


ORDEN   PRIMITIVO   DEL   CUARTO  EVANGELIO 


93 


y  de  la  conveniencia  lógica  se  concluye  por  la  realidad,  contra  toda 
la  critica  de  cocli*.es,  papiros,  versiones,  Jr^adres,  leccionarios. 

bi  el  capitulo  V  tormaDa  un  rollo,  y  otro  el  sexto,  y  otro  el  sép- 
timo, cosas  en  absoluto  posibles,  naüie  puede  negar  la  posibiiiaad 
de  la  traslocacion.  La  realidad  liay  que  probarla  a  posii^iiori,  par- 
tiendo del  hecho  universal  de  que  todas  las  copias  que  han  llegado 
hasta  nosotros  tienen  un  mismo  orden,  que  no  es  el  que  se  quiere 
demostrar.  La  inversión  habna  que  hacerla  remontar  a  las  primeras 
copias  que  se  hicieron  del  autógrafo. 

Las  razones  de  orden  interno  no  son  tan  serias  que  puedan  en- 
frentarse con  el  testimonio  externo,  be  pueden  reducir  a  cuatro 

1.  "  El  hnal  del  capitulo  V,  donde  Jesús  se  halla  en  Jerusalén, 
se  une  mal  con  el  principio  del  capitulo  Vi,  que  lo  presenta  pasan- 
do al  otro  lado  del  Jordán,  bsto  supone  que  estaba  en  Oaiilea  y 
no  en  Judea. 

Ki  beñor  ha  venido  de  Jerusalén  y  ha  entrado  en  Cafarnaúm. 
Esto  lo  supone  el  evangelista  y  el  principio  del  capitulo  VI.  Luego 
pasa  al  otro  lado  del  Jordán.  San  Juan  considera  la  visita  a  jeru- 
salén como  una  simple  interrupción  del  ministerio  en  Galilea,  y  des- 
de este  punto  de  vista  no  existe  ninguna  dificultad  literaria  en  que 
Jesús  cruce  el  Jordán  sin  haber  advertido  antes  que  había  vuelto 
de  Judea  a  Galilea.  ¡Callan  tantas  cosas  cada  uno  de  los  evange- 
listas! Esto,  sin  decirlo,  se  puede  muy  bien  sobrentender.  Con  el 
mismo  argumento  se  podría  probar  que  en  la  historia  de  Lázaro  se 
nos  ha  perdido  un  verso.  IViarta  le  dice  a  su  hermana  Mar^a:  El 
Maestro  ha  venido  y  te  llama  (11,28).  Y  en  el  texto  no  aparece  la 
orden  de  Jesús  de  que  Marta  líame  a  Mana. 

Estos  cortes  bruscos  del  cuarto  Evangelio  se  expUcan  por  su 
plan  de  no  hacer  una  historia  seguida  y  completa,  omitienao  siste- 
máticamente lo  que  cuentan  los  Sinópticos.  En  muchos  casos,  el 
cuarto  Lvangelío  se  puede  considerar,  más  que  como  historia  se- 
guida, como  serie  de  cuadros  históricos.  Y  un  ejemplo  típico  de  es- 
tos cuadros  históricos  nos  lo  ofrecen  precisamente  estos  dos  capí- 
tulos V  y  VI.  lampoco  se  debiera  olvidar  que  ni  San  Pablo  ni 
San  Juan  escribieron  uno  ictu  sus  cartas  y  su  üvangelio,  ni  busca- 
ban una  obra  literaria  perfecta. 

2.  "  El  final  del  capitulo  V,  donde  los  judíos  quieren  matar  a 
Jesús,  se  armoniza  muy  bien  con  el  principio  del  capitulo  VIL  Se 
advierte  aqui  que  no  quiere  ir  a  Judea,  porque  los  judíos  le  buscan 
para  matarle. 

Esta  razón,  que  suelen  dar  con  frecuencia  los  partidarios  de  la 
inversión,  nos  parece  que  se  puede  aducir  también  para  defender 
el  orden  actual.  En  efecto,  si  Jesús  no  quiere  ir  a  Judea,  es  que 
esta  en  Galilea,  como  supone  todo  el  capitulo  VI.  Por  la  misma 


ib.,  p.217-20;  M.  Zerwick,  Mutatio  ordinis  sodutio  difficuiitatum? :  VD  19  (1939) 
219-224. 

Cf.  A.  Fernández,  Vida  de  Jesucristo  (IVIadrid  1948)  pp.201-204;  F.  Prat. 
Jésus-Lhrist  (Paris  lv47)   1  pp.5t)7-568. 


94 


DURACIÓN  DEL  MINISTERIO  PUBLICO 


razón,  el  principio  del  VII  se  une  mal  con  el  final  del  V.  No  se 
puede  decir  q-ue  no  quiere  ir  a  Judea  (7,1),  si  un  verso  inmediata- 
mente anterior  lo  supone  allí  (5,47). 

3.  '  La  razón  que  puede  tener  más  fuerza  es  la  alusión  al  en- 
fermo de  la  piscina,  como  a  cosa  reciente  (7,21-23).  hntre  los  su- 
cesos del  capitulo  V  y  los  del  VII  hay  que  poner  un  año  o  meses 
en  el  orden  actual.  Un  año  largo  suponen  ios  partidarios  del  trie- 
nio, y  meses  los  partidarios  del  bienio,  que  conservan  el  orden  ac- 
tual de  capítulos. 

Si  se  insiste  en  la  fuerza  de  este  argumento,  habría  que  decir 
que  la  acusación  sobre  la  destrucción  del  templo,  que  aparece  en 
la  Pasión,  debía  aludir  a  un  dicho  reciente  del  Señor,  porque  se 
conserva  muy  bien  en  la  memoria  de  los  acusadores.  \  sabemos 
que  el  Señor  habló  de  esa  manera  en  la  primera  Pascua.  El  mila- 
gro de  la  piscina  había  sido  muy  llamativo  y  había  provocado  una 
disputa  muy  viva.  A  juicio  de  los  fariseos,  era  una  profanación  del 
sábado,  -un  arma  fuerte  contra  el  Señor,  y  no  estaban  ellos  en  plan 
de  desperdiciar  nada.  El  que  el  hecho  aparezca  más  o  menos  re- 
ciente, puede  atribuirse  a  cierta  perspectiva  literaria.  Entre  el  capi- 
tulo Vil  y  el  V  no  media  en  el  libro  nada  más  que  el  VI,  la  mul- 
tiplicación de  los  panes  y  el  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida.  Lite- 
rariamente es  también  la  primera  vez  que  se  encuentra  el  Señor 
frente  a  los  enemigos  de  Jerusalén.  Lo  que  no  cuentan  los  evange- 
listas, según  el  principio  de  San  Agustín,  lo  tienen  como  si  no  hu- 
biera sucedido.  Esto  puede  dar  un  color  más  fresco  y  reciente  al 
milagro  de  Betesda,  aunque  realmente  sea  más  antig-uo. 

4.  '  "Aquél  era  la  antorcha  encendida  que  brilla,  y  vosotros  qui- 
sisteis regocijaros  por  un  momento  con  su  resplandor"  (5,35). 

De  esta  alusión  al  bautista  delante  de  los  enemigos  de  Jerusa- 
lén, algunos  quieren  concluir  que  el  Precursor  había  muerto  ya.  Y 
como  &u  muerte  sucedió  poco  antes  de  la  primera  multiplicación, 
que  se  cuenta  en  el  capítulo  VI,  habría  que  anteponerlo  al  capi- 
tulo V. 

Todos  admiten  que  la  muerte  del  Bautista  precedió  a  los  hechos 
que  se  narran  en  el  capítulo  VI  de  San  Juan.  Asi  se  deduce  de  la 
narración  paralela  de  los  Sinópticos  (Me  6,29-30).  Lo  que  no  se 
deduce  claro  es  que  la  alusión  del  capitulo  V  exija  la  muerte.  Bas- 
ta la  prisión  para  explicar  esas  palabras.  Basta  que  su  luz  estuvie- 
ra encerrada  detrás  de  los  muros  de  Maqueronte.  De  las  palabras 
del  Señor  no  se  puede  deducir  nada  más  que  la  actividad  de  Juan 
ha  cesado,  su  ministerio  público,  sea  por  la  prisicn,  sea  por  la 
muerte. 

Estas  razones  que  alegan  los  partidarios  de  la  inversión  se  ex- 
plican suficientemente  dentro  del  orden  actual.  Lo  que  no  se  ex- 
plica de  ninguna  manera  es  que,  sea  que  el  Evangelio  se  escribiera 
en  rollos  o  en  hojas  separadas,  no  haya  quedado  ni  el  más  m  nimo 
vestigio  ni  en  los  códices  ni  en  las  versiones  de  ese  orden  nuevo> 


DATOS  DE  LOS  SINÓPTICOS 


95 


Este  es  un  hecho  que  no  se  explica  sino  con  otro  hecho:  que  el  or- 
den actual  es  el  orden  genuino. 

El  P.  Andrés  Fernández  suaiere  una  razón  de  orden  interno  con- 
tra la  pretendida  inversión.  Tiene  su  fuerza,  y  más  unida  a  todo 
el  peso  de  la  cr'tica  externa.  "Si  el  episodio  de  Betesda  tuvo  lugar 
después  del  discurso  sobre  el  pan  de  la  vida...,  parécenos  por  ex- 
tremo inverosímil  que,  a  raíz  de  la  crisis,  cuando  sus  mismos  dis- 
cípulos le  abandonan,  Jesús  se  dirigiera  a  Jerusalén,  donde  iba  a 
encontrarse  con  sus  peores  enemigos.  Mucho  más  natural  era  que 
se  substrajese  por  algún  tiempo  al  público,  como  en  realidad  lo  hizo, 
según  nuestra  manera  de  ordenar  los  hechos,  retirándose  a  la  re- 
gión de  Tiro  y  Sidón"  Es  decir,  que  el  capítulo  VII,  que  habla 
de  ese  retiro,  tiene  su  lugar  propio  inmediatamente  después  del  VI 
y  no  después  del  V.  O  lo  que  es  lo  mismo,  que  el  orden  actual  de 
capítulos  responde  muy  bien  al  contenido  interno  de  la  historia. 

ARTICULO  IV 

Los  DATOS  DE  LOS  SINÓPTICOS 

Los  Evangelios  sinópticos  no  mencionan  expresamente  nada  más 
que  la  Pascua  última  de  la  Pasión.  ¿Podremos  encontrarles  otros 
puntos  de  contacto  con  el  cuarto  Evangelio  y  ver  si  nos  dan  tam- 
bién margen  para  una  mayor  duración  del  ministerio  público? 

1.*  Los  Sinópticos  dejan  entender  que  el  Señor  ha  estado  con 
relativa  frecuencia  en  Jerusalén.  Así  se  explica  aquella  queja  amar- 
ga: ¡Jerusalén,  Jerusalén...,  cuántas  veces  he  querido  reunir  a  tus  hi- 
jos  como  la  gallina  reúne  su  pollada  bajo  las  alas,  y  vosotros  no 
quisisteis!  (Le  13,34). 

Este  texto  parece  referirse  a  la  ciudad  de  Jerusalén  como  tal  y 
no  precisamente  como  cabeza  y  representación  de  todo  el  pueblo. 
Supone  que  el  Señor  ha  trabajado  en  la  ciudad. 

De  hecho  era  bien  conocido  allí.  Le  conoce  el  dueño  del  polli- 
no (Mt  21,1),  el  amo  del  cenáculo  (Mt  26,18)  y  el  fariseo  que  le 
invita  a  comer  en  Betania  (Mt  21,17).  Este  conocimiento  ha  ido 
creciendo  con  el  tiempo.  El  paralítico  de  la  piscina  no  le  conoce 
(Jn  5,13),  pero  más  tarde  le  conoce  el  ciego  de  nacimiento  (9,11). 

En  la  parábola  de  la  higuera  alguno  puede  explicar  en  sentido 
real  e  histórico  aquellos  tres  años  que  lleva  el  amo  buscando  fruto. 
La  higuera  representa  a  todo  el  pueblo  judío  y,  más  en  particular, 
a  Jerusalén.  Sobre  todo  si  se  com-paran  los  textos  de  San  Lucas 
(13,7.34).  Aunque  no  se  expliquen  los  tres  años  en  sentido  históri' 
co,  hay  que  darle  una  duración  perfecta.  Esto  parece  indicar  el  nú- 
mero tres,  que  es  número  de  perfección.  Y  esa  duración  parece 
que  no  se  puede  reducir  a  un  solo  año.  Y  tal  vez  dos  puedan  pa- 
recer también  pocos. 


Ib.,  p.203. 


96 


DURAC  ÓN  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO 


2.  "  San  Lucas  deja  entender  de  una  manera  bastante  clara  oue 
el  Señor  ha  estado  varias  veces  en  Jerusalén.  En  la  sección  de  los 
viajes  contemplamos  primero  al  Señor  en  Betania.  a  las  puertas  de 
la  ciudad  (10,38);  luego  lo  oímos  despedirse  amargamente  del  tem- 
plo (13.35). 

Anteriormente  a  estas  estancias  se  menciona  la  evangelizacicn 
de  Jadea  (4,44).  Esta  es  la  lectura  grieqa  más  segura,  oue  tiene  en 
su  favor  los  dos  meiores  códices,  el  Vaticano  y  el  Sinaítico.  En 
bastantes  casos  la  palabra  Judea  puede  abarcar  todo  el  territorio  de 
Israel,  porque  el  que  la  pronuncia  escribe  o  vive  fuera,  o  porque 
en  el  texto  mismo  se  contrapone  a  la  ciudad  de  Terusalén.  En  nues- 
tro caso  es  más  dif'cil  esta  explicación  general,  porque  poco  an- 
tes ha  dicho  el  evangelista  oue  Tesús  hab'a  venido  a  Galilea  y  oue 
predicaba  en  sus  sinaqoqas  (4,14.15).  Es  más  razonable  que  los  dos 
nombres  se  contradistingan,  estando  en  un  contexto  tan  inmedia- 
to '\ 

3.  **  El  episodio  de  las  espigas,  que  mencionan  los  t^es  Sinóoti- 
cos,  nos  sitúa  en  un  tiempo  posterior  muy  cercano  a  la  Pascua.  Las 
espigas  están  suficientemente  madaras  para  oue  se  puedan  comer. 
Los  fariseos  no  acusan  a  los  discípulos  porque  las  comen  antes  de 
que  hayan  sido  ofrecidas  las  primicias  en  el  temnlo,  sino  pornue  Ips 
coaen  y  frotan  en  día  de  sábado  (Le  6,1.2).  Las  primicias  de  la 
cebada  se  ofrecían  el  segundo  día  de  Pascua.  Las  del  trigo  en  Pen- 
tecostés Este  suceso  tier^e  lugar  en  Galilea,  y  ciertamente  des- 
pués de  la  Pascua.  Supone,  pues,  -una  Pascua  impl'cita.  ¿Equivale 
a  alnuna  de  las  que  menciona  el  cuarto  Evangelio?  ¿A  cuál  de 
ellas? 

Parece  seauro  oue  no  es  la  Pascua  de  la  primera  multiplicación 
de  los  panes  (Tn  6.4).  T-a  razón  es  obvia.  Este  episodio  está  situado 
casi  a  los  principios  del  ministerio  en  Gallea,  antes  de  la  elección 
de  los  apóstoles  y  del  sermón  del  Monte  (Me  2.23).  La  multiplíra- 
ción  de  los  nanes  es  posterior,  y  coincide  con  la  crisis  qalilea 
(Me  6.30K  El  episodio  de  las  espigas  precede  a  la  legación  de 
Juan  (Le  7.18).  La  multiph>ación  de  los  panes  tiene  lugar  después 
de  la  muerte  del  Bautista  (Le  9,10). 

La  Pascua  de  las  espinas  es  anterior  a  la  Pascua  de  la  multipli- 
cación de  los  panes,  ove  impl'citamente  menciona  también  San  Mar- 
cos cuando  habla  del  heno  verde,  sobre  el  cual  se  sentó  la  muche- 
dumbre (6.39). 

San  Juan  no  menciona  expresamente  nada  más  que  una  Pascua 
anterior  a  la  de  la  multipUcanón :  la  primera  (2,13).  ¿Puede  corres- 
pon'^er  a  ésta  la  Pascua  de  las  espi'^as? 

Este  episodio  lo  sitúan  los  tres  Sinópticos  en  Galilea.  Para  oue 
pueda  relacionarse  con  la  primera  Pascua  de  San  Juan  hay  que 


CiRARD  identifica  psta  excursión  por  Judea  con  la  subida  a  la  fiesta  que  men- 
cionn  Tn  5.1   ío.c.  p114V 

"  Cf.  F.  X.  KoRTLEiTNEB,  Archaeologiae  biblirae  SummarUim'  (Oeniponte  1906) 
p.l64. 


DATOS  DE  LOS  SINÓPTICOS 


97 


suponer  que  el  Señor  se  ha  venido  de  Judea  poco  después  de  la 
fiesta.  Y  ya  vimos  que  el  cuarto  Evangelio  favorece  más  la  opinión 
de  los  que  creen  que  el  ministerio  en  Judea  duró  hasta  fines  de 
otoño  o  principios  de  invierno,  cuando  tiene  lugar  el  paso  por  el 
pozo  de  Jacob.  En  esta  hipótesis,  que  tiene  su  probabilidad  seria, 
la  Pascua  de  las  espigas  no  puede  corresponder  a  la  primera  que 
menciona  San  Juan.  No  queda  más  que  la  Pascua  expresa  o  implí- 
cita de  la  fiesta  anónima  del  capítulo  V. 

Los  Sinópticos  vienen  a  confirmar  la  teoría  de  las  cuatro  Pas- 
cuas: la  primera  corresponde  a  la  expulsión  de  los  vendedores 
(Jn  2,13);  la  segunda,  a  la  curación  del  enfermo  de  la  piscina  y  el 
episodio  inmediatamente  posterior  de  las  espigas;  la  tercera,  a  la 
multiplicación  primera  de  los  panes,  milagro  que  cuentan  los  cua- 
tro evangelistas;  la  cuarta  es  la  de  la  Pasión,  en  la  que  coinciden 
también  todos. 

Digamos,  pues,  que  la  existencia  de  tres  Pascuas  durante  el  mi- 
nisterio público  es  cierta.  La  existencia  de  una  cuarta  es  más  pro- 
bable. Por  tanto,  es  cierto  que  el  ministerio  público  duró,  por  lo 
menos,  dos  años  completos,  y  es  más  probable  que  duró  hasta  tres. 

Para  la  mayor  probabilidad  del  trienio  completo,  nos  fundamos  en 
dos  argumentos  internos.  Dejamos  a  un  lado  la  mayor  probabilidad 
que  se  deriva  también  del  argumento  de  autoridad.  El  trienio  es 
ciertamente  más  universal. 

Los  argumentos  de  orden  interno  son  dos  distintos  y  paralelos 
entre  sí,  que  no  se  mezclan  o  interfieren. 

La  fiesta  anónima  del  capítulo  V  de  San  Juan  es  más  probable- 
mente una  Pascua.  Las  razones  las  hemos  dado  en  su  lugar  propio. 
Admitida  esta  Pascua,  existen  cuatro  Pascuas  en  el  ministerio  pú- 
blico. Y  esto  independientemente  de  lo  que  durara  el  ministerio  en 
Judea  y  de  la  época  en  que  pasara  el  Señor  por  el  pozó  de  Jacob. 

El  segundo  argumento  que  hace  más  probable  la  existencia  de 
una  cuarta  Pascua  es  la  duración  del  ministerio  en  Judea  y  del  tiem- 
po en  que  se  verifica  el  episodio  de  la  samaritana.  El  invierno  es 
lo  más  probable. 

A  base  de  esta  hipótesis,  la  Pascua  del  episodio  de  las  espigas 
es  la  cuarta  que  se  busca,  porque  es  distinta  de  la  primera  y  de 
la  de  la  multiplicación  de  los  panes.  Y  esa  fiesta  anónima,  de  que 
habla  San  Jaan,  aunque  fuera  Pentecostés  o  los  Tabernáculos,  per- 
tenece a  otro  año  litúrgico,  que  no  es  ni  el  de  la  primera  Pascua 
(2,13)  ni  el  de  la  penúltima  (6,4).  Es  un  año  intermedio. 


5»IN0fSIS  CONCORDABA 


4 


98 


CRONOLOGÍA  DE  LA  VIDA  DEL  SEÑOR 


CAPITULO  VII 
La  cronología  de  la  vida  del  Señor 

ARTICULO  I 
La  cronología  general 

La  cronología  general  de  la  vida  del  Señor  es  cierta  y  crítica- 
mente segura.  Un  exacto  sincronismo  con  los  principales  persona- 
jes de  la  época  nos  permite  fijar  las  líneas  generales  de  su  vida  en 
la  tierra. 

Jesús  nace  en  los  días  de  Herodes  el  Grande,  personaje  bien 
definido  en  la  historia  de  los  judíos  y  aun  de  Roma.  Por  aquel  en- 
tonces Quirino,  célebre  entre  los  magistrados  romanos  de  Oriente, 
está  ocupado  en  ejecutar  el  censo  que  ha  mandado  el  emperador 
Augusto. 

Los  principios  de  la  vida  pública  del  Señor  coinciden  con  el  im- 
perio de  Tiberio,  que  ha  sucedido  a  Augusto.  En  su  nombre,  go- 
bierna la  provincia  de  Judea  como  gobernador  Poncio  Pilato.  En 
Galilea  ostenta  el  título  de  tetrarca  Herodes  Antipas,  y  un  herma- 
no suyo,  Filipo,  el  de  Iturea  y  la  Traconítide,  regiones  del  Oriente. 
Lisanias  es  tetrarca  de  Abilena,  y  el  gobierno  espiritual  de  Jerusa- 
lén  lo  tienen  Anás  y  Caifás,  famosos  pont'fices  en  la  historia  polí- 
tico-religiosa de  los  judíos. 

Este  escenario  se  mantiene  fijo  en  Roma  y  en  Jerusalén  hasta 
después  de  la  muerte  del  Señor  y  en  los  primeros  años  de  la  Igle- 
sia. Tiberio  sigue  hasta  el  año  37.  Pilato  es  depuesto  el  36.  Anés 
y  Caifás  mantienen  su  influencia  hasta  cerca  del  año  70.  Herodes 
Antipas  cae  en  desgracia  de  Calígula  el  año  38  y  es  desterrado  a 
las  Gallas.  Tuvo  la  misma  suerte  que  Pilato. 

La  cronología  general  del  Señor  se  puede  todavía  concretar  más 
críticamente.  Sabemos  cierto  que  el  nacimiento  tuvo  lugar  al  final 
del  reinado  de  Herodes  el  Grande.  El  nacimiento  del  Mesías  y  la 
muerte  del  tirano  no  aistaron  mucho.  Herodes  muere  el  año  750  de 
la  fundación  de  Roma,  cuatro  años  antes  de  la  era  cristiana.  Pues 
ésa  es  la  fecha  general  y  aproximada  que  da  la  historia  para  el  na- 
cimiento del  Señor.  Fecha  cierta  y  bien  controlada. 

La  muerte  se  puede  también  precisar  más.  En  la  mitad  del  go- 
bierno de  Pilato,  quien  se  hizo  cargo  de  Judea  en  la  segunda  mitad 
del  año  26  ó  en  los  principios  del  27,  con  toda  seguridad,  y  cesó 
en  el  mismo  el  año  36.  La  muerte  de  Jesús  ocurrió  con  certeza  en- 
tre el  29  y  el  33. 

Estos  límites  de  precisión  histórica  y  cronológica  son  un  triun- 
fo de  la  crítica.  Pocos  o  ninguno  de  los  personajes  antiouos  pue- 


CRONOLOGÍA  GENERAL  99 


den  gloriarse  de  tener  un  marco  cronológico  tan  definido  como  Je- 
sús. Aun  de  personajes  más  cercanos  a  nosotros  y  que  caen  den- 
tro del  marco  cristiano,  es  difícil  a  veces  fijar  el  año  exacto  del 
nacimiento  o  de  la  muerte. 

Todo  lo  que  se  refiere  a  la  historia  general  del  Señor  está  crí- 
ticamente asegurado  como  en  ninguno  de  los  personajes  antiguos. 
Su  figura  histórica  está  perfectamente  delineada,  y  solamente  re- 
nunciando a  toda  verdad  y  certidumbre  histórica  se  puede  dudar 
del  marco  histórico  general. 

El  interés  que  ha  despertado  la  figura  de  Jesús,  su  influjo  en 
la  corriente  humana,  han  logrado  que  su  personalidad  histórica  so- 
bresalga críticamente  por  encima  de  la  de  cualquiera  otro  de  su 
tiempo. 

Si  no  podemos  fijar  con  certeza  el  año,  el  mes,  el  día  de  su 
nacimiento  y  de  su  muerte,  con  esto  no  bajan  en  nada  sus  valores 
históricos.  No  existía  entonces  una  era  fija,  que  variaba  según  las 
.egiones.  Mientras  en  Roma  se  contaba  según  los  cónsules,  en 
Oriente  se  seguían  los  años  de  los  reyes  y  emperadores.  Los  años 
mismos  no  empezaban  en  todas  partes  con  el  mismo  día.  Unos  con- 
taban desde  el  1.°  de  enero  hasta  el  31  de  diciembre,  como  nosotros. 
Los  judíos  tenían  dos  principios  de  año,  distantes  exactamente  seis 
meses  lunares.  El  año  religioso  empezaba  en  primavera,  con  el  pri- 
mer día  de  la  luna  de  Nisán.  El  día  15  era  la  Pascua.  El  año  civil 
empezaba  en  otoño,  con  el  novilunio  de  Tishri. 

Los  meses  entre  los  judíos  eran  lunares  y  podían  tener  29  ó  30 
días,  sin  norma  fija  que  determinase  de  antemano  la  duración  ma- 
temática. Cuando  testigos  fidedignos  aseguraban  haber  visto  la  es- 
trecha faja  de  la  luna  nueva  por  poniente,  se  comunicaba  la  noticia 
con  fogatas  en  las  alturas  y  se  proclamaba  oficialmente  el  principio 
de  mes.  Estas  observaciones  se  hacían  la  tarde  del  29.  Si  por  cual- 
quier razón  no  se  veía  la  luna  nueva,  se  añadía  un  día  más  al  mes 
en  curso,  que  venía  a  tener  entonces  30  días. 

Dada  la  distancia  que  nos  separa  de  los  días  del  Señor,  y  dada 
la  manera  tan  distinta  de  contar,  tan  varia  y  tan  poco  fija,  es  ma- 
ravilloso que  hayamos  podido  llegar  a  una  uniformidad  y  seguri- 
dad crítica  en  lo  general,  aunque  en  los  pormenores  las  afirmacio- 
nes tengan  que  ser  menos  seguras  ^. 

^  Cf.  P.  DE  Ambrogci,  Informazioni  sulla  cronología  dei  VangeH:  SC  61  (1933) 
3-14.  Para  más  datos,  U.  Holz.meister,  Chroriología  Vitae  Christi  (Romae  1933); 
J.  Llamas,  La  cronología  de  Jesús  (Turín-Roma  1935);  D.  ¿azzarato,  Chronologia 
Christi  (Neapoli  1952);  E).  Ruffini,  Chronologia  Veteris  et  Novi  Testamenti  (Roma 
1924);  F.  X.  Kugler,  Von  Moscs  bis  Paulus  (Münster  1922);  t,.  Girard,  Le  cadre 
chronologique  du  Ministére  de  Jés^is  (París  1953). 


100 


CRONOLOGÍA  DE  LA  VIDA  DEL  SEÑOR 


ARTICULO  II 
El  año  del  nacimiento 

Dionisio  el  Exiguo,  monje  escita  que  murió  el  556,  tuvo  la  feliz 
idea  de  poner  en  el  centro  de  la  historia  universal  la  fecha  del  na- 
cimiento de  Jesús.  Dos  vertientes  de  la  historia,  y  en  la  cumbre, 
Cristo.  La  sinagoga  queda  de  espaldas  a  Cristo;  la  Iglesia,  de  cara. 

La  era  cristiana  empieza  a  contar  desde  el  nacimiento  de  Cristo. 
La  idea  fué  feliz  y  ha  tenido  una  aceptación  casi  universal.  La 
aplicación  falló  en  los  pormenores.  Dionisio  erró  en  sus  cálculos 
suponiendo  que  Jesús  había  nacido  a  fines  del  año  753  de  la  fun- 
dación de  Roma  y  considerando  como  primer  año  cristiano  el  754. 

Dionisio  había  retrasado  el  nacimiento  de  Jesús  cuatro  años  por 
lo  menos.  Hoy  está  demostrado,  y  es  prueba  el  sentir  unánime  de 
todos  los  críticos,  que  Herodes  murió  a  principios  del  año  750. 
Como  el  Señor  nació  en  vida  suya,  lo  más  tarde  que  pudo  nacer  es  el 
749  de  Roma.  Cuatro  años  antes  de  los  cálculos  de  Dionisio. 

Para  fijar  la  muerte  de  Herodes  a  principios  del  año  750,  los 
autores  se  fundan  en  el  testimonio  de  Josefo,  que  pone  la  muerte 
del  rey  en  el  año  34  de  su  reinado  sobre  Jerusalén.  Como  entró 
en  la  ciudad  el  año  717  de  Roma  y  en  el  cómputo  de  los  reinados 
las  fracciones  se  consideraban  como  años  completos,  el  año  34  del 
reinado  de  Herodes  se  cumple  el  750  ^. 

Otro  dato  de  Josefo  confirma  esa  fecha.  Poco  antes  de  morir 
Herodes  dice  que  hubo  un  eclipse  de  luna.  Los  astrónomos  nos  dan 
para  este  eclipse  la  noche  del  12  al  13  de  marzo  del  750  "^. 

Por  la  duración  de  los  reinados  de  Arquelao,  Herodes  Antipas  y 
Filipo,  sucesores  de  Herodes,  los  autores  concluyen  igualmente  que 
el  padre  murió  el  750  de  Roma 

Dando,  pues,  por  moralmente  cierto  que  Herodes  m»urió  en  la 
primavera  del  año  750,  hay  que  decir  que  para  entonces  Jesús 
vivía  en  el  destierro  de  Egipto.  ¿Cuánto  tiempo  llevaba  allí  y 
cuánto  había  pasado  desde  su  nacimiento  en  Belén? 

Esto  no  se  puede  determinar  con  exactitud,  pero  hay  cálculos 
aproximativos. 

Cuando  vienen  los  Magos  a  Jer.iisalén,  Herodes  está  sano.  Los 
recibe,  llama  a  los  escribas,  les  comunica  los  resultados  de  sus  in- 
vestigaciones, les  promete  ir  a  Belén  después  que  ellos  vuelvan  y 
le  traigan  noticias  del  Niño. 

Por  los  informes  que  le  dan  los  Magos  sobre  la  aparición  de  la 
estrella  en  Oriente,  calcula,  cuando  se  siente  burlado  de  ellos,  que 
el  máximum  de  existencia  del  Niño  son  dos  años.  Por  esto  hace 


^  Antiq.,   XVII,8,1;  Bell.  1,33,8. 
»  Antiq.,  XVII,6,4. 

*  Cf.  DouADO,  Fraelectiones,  1  pp.322-325  n.228, 


EL  AÑO  DEL  NACIMIENTO 


101 


matar  a  todos  los  niños  de  Belén  que  tienen  de  dos  años  para 
abajo. 

Aunque  el  tirano  alargara  el  tiempo  en  su  afán  de  que  no  se  le 
escapara  la  presa,  se  puede  razonablemente  pensar  que  Jesús  tenía 
un  año  cuando  vienen  los  Magos.  Muchos  autores  antiguos  le  dan 
los  dos  años.  Coinciden  con  ellos  algunos  Evangelios  apócrifos  y 
las  pinturas  de  las  catacumbas,  que  lo  representan  ya  crecido. 

Si  suponemos  que  tenía  un  año  cuando  llegan  los  Magos,  toda- 
vía hay  que  restar  al  año  750,  fecha  de  la  muerte  de  Herodes,  el 
tiempo  de  su  enfermedad,  que  debió  durar  algunos  meses  por  lo 
menos,  a  juzgar  por  los  datos  que  nos  ha  conservado  Josefc. 

Cuando  el  rey  se  sintió  mal,  marchó  de  Jerusalén  a  Jericó,  luego 
a  las  aguas  termales  de  Calirrhoe,  al  pie  de  la  montaña  que  oo- 
mina  la  fortaleza  de  Maqueronte,  a  unos  25  kilómetros  de  la  des- 
embocadura del  Jordán,  en  el  lado  este  del  mar  Muerto.  En  visia 
de  que  no  mejoraba,  se  volvió  a  Jericó,  donde  murió  en  la  prima- 
vera del  750,  poco  antes  de  la  Pascua. 

De  esta  manera,  el  nacimiento  de  Jesús  hay  que  adelantarlo  al 
año  750  un  año  y  varios  meses.  Es  decir,  que  nace  antes  del  750 
y  del  749  de  Roma.  Tampoco  mucho  antes.  No  distaremos  mucho 
de  la  realidad  si  lo  ponemos  en  el  748.  Lo  más  que  se  puede  re- 
troceder es  hasta  el  746.  De  otra  manera,  cuando  empieza  el  minis- 
terio  público,  hubiera  tenido  bastante  más  de  treinta  años,  edad  que 
le  asigna  San  Lucas  (3,23). 

"Tenía  Jesús,  al  comenzar  su  enseñanza  pública,  como  unos  trein- 
ta años."  Aunque  se  tome  esta  cifra  nada  más  que  como  aproxi- 
mada, por  razón  de  su  misma  expresión,  siempre  hay  que  quedarse 
en  torno  a  los  treinta.  Ahora  bien,  el  principio  del  ministerio  no  se 
puede  anteponer  al  año  26  de  la  era  cristiana,  porque  nasta  esa  fe- 
cha no  había  ido  Pilato  a  Judea.  Si  Jesús  hubiera  nacido  antes  del 
746  de  Roma,  el  año  26,  que  es  el  779,  tendría,  por  lo  menos,  trein- 
ta y  cuatro  años.  Por  esto  no  se  puede  retrasar  el  nacimiento  mu- 
cho después  del  750.  Si  lo  ponemos  a  fines  del  748,  cuando  viene 
al  Jordán  en  el  otoño  del  779,  tiene  treinta  y  un  años. 

El  censo  de  Quirino  no  precisa  más  la  fecha  del  nacimiento.  Hoy 
día  está  sólidamente  probado  que  Quirino  desempeñaba  un  cargo 
público  de  importancia  entre  los  11-4  antes  de  Cristo,  es  decir,  en- 
tre el  740-750  de  Roma.  En  ese  decenio  hay  que  colocar  la  fecha 
del  nacimiento.  Pero  no  se  puede  determinar  más  ^. 

Recientemente,  el  P.  Abel  escribe  que  está  probada  la  existen- 
cia de  un  censo  general,  que  empezó  el  año  12  antes  de  la  era  cris- 
tiana y  acabó  el  8  ó  el  7.  Publio  Sulpicio  Quirino,  un  año  o  dos 
antes,  había  dirigido  victoriosamente  una  campaña  contra  ciertas 
tribus  rebeldes  del  Tauro.  Como  conocedor  del  Oriente  pudo  vol- 
ver a  Siria  después  del  triunfo,  y  en  misión  extraordinaria  dirigir 
la  ejecución  del  censo,  que  acabó  hacia  el  año  7  antes  de  Cristo. 


•  Id.,  pp.316-321  n.227. 


102 


CRONOÍ-OGÍA  DE  LA  VIDA  DEL  SEÑOR 


Es  razonable  la  existencia  de  un  primer  censo  algunos  años  antes 
del  754  de  Roma  y  del  año  32  del  reinado  de  Augusto,  vinculado 
a  la  actividad  de  Quirino.  La  fecha  precisa  del  censo  no  es  cierta. 
El  año  5  antes  de  la  era  cristiana,  adoptado  por  Tillemont  como 
fecha  del  nacimiento  de  Cristo  en  Belén,  puede  ser  una  solución 
provisional  ^\ 

Si  por  el  censo  no  podemos  determinar  el  año  del  nacimiento, 
podemos  orientarnos  sobre  el  mes.  Dados  los  desplazamientos  que 
exigía,  es  razonable  pensar  que  se  ejecutara  el  censo  en  épocas 
menos  aptas  para  el  campo.  El  mes  de  diciembre  estaba  indicado 
en  este  sentido. 

Para  el  día  del  mes  tampoco  existe  fundamento  serio  ninguno. 
Los  Padres  y  escritores  más  antiguos  están  divididos.  La  liturgia 
más  primitiva  celebraba  la  fiesta  el  6  de  enero.  En  Roma  se  empe- 
zó a  celebrar  el  25  de  diciembre  antes  del  336.  De  Roma  pasó  esta 
fecha  a  las  demás  iglesias 

Para  seguir  una  fecha  concreta,  nosotros  vamos  a  suponer  que 
el  Señor  nació  el  25  de  diciembre  del  año  748  de  Roma.  Por  tanto, 
cinco  años  antes  de  la  era  vulgar,  que  empieza  el  1.''  de  enero  del 
/54.  Según  este  cálculo,  Jesús  tenía  doce  años  cumplidos  el  año 
761.  Si  los  doce  años  de  que  habla  San  Lucas  no  eran  nada  más 
que  incoados,  el  episodio  del  templo  pudo  suceder  el  año  760. 

ARTICULO  III 
El   año    del  bautismo 

Todos  los  autores  admiten  que  el  ministerio  de  Juan  no  debió 
preceder  mucho  al  bautismo  del  Señor.  Así  se  puede  deducir  por 
aquel  texto  de  San  Pedro  en  que  exige  como  condición,  para  en- 
trar en  el  número  de  los  que  pueden  ser  elegidos  en  lugar  de  Judas, 
el  haber  estado  con  los  discípulos  desde  el  bautismo  de  Juan  hasta 
el  día  de  la  Ascensión  (Act  1,21.22). 

Esta  parece  también  haber  sido  la  intención  de  San  Lucas  al 
fijar  el  principio  del  ministerio  de  Juan.  Datar  con  ello  el  comienzo 
del  de  Jesús. 

De  los  diversos  sincronismos  que  pone  San  Lucas,  el  que  más 
puede  concretar  el  año  del  bautismo  es  el  decimoquinto  del  reinado 
de  Tiberio. 

Augusto  murió  el  19  de  agosto  del  año  767  de  Roma,  es  decir, 
el  14  de  la  era  cristiana.  El  año  decimoquinto  de  Tiberio,  que  fué 
su  inmediato  sucesor,  se  oumple  el  19  de  agosto  del  781.  Ese  día 
empezaba  el  décimosexto.  El  bautismo  de  Jesús  tuvo  lugar  dentro 
del  año  781-782.  Había  cumplido  los  treinta  y  tres  años  en  diciem- 
bre del  781.  Cuando  es  bautizado  está  en  los  treinta  y  cuatro  in- 

«  Histoirc  de  la  Fatstine,  voi.l   (París  1952)  i)i).415-6. 
f  Cf.  DüKAiKj,  pp. 324-5  n. 228,4 


EL  AÑO  DE   LA  MUERTE 


coados,  si  había  nacido  en  diciembre  del  748.  Como  son  probables 
también  los  años  747  y  746  para  el  nacimiento,  el  Señor  podía  te- 
ner el  decimoquinto  de  Tiberio  de  treinta  y  cuatro  años  para  arri- 
ba. Parece,  pues,  exceder  la  edad  que  le  asigna  San  Lucas:  como 
treinta  años. 

Por  este  motivo  es  frecuente  que  los  autcves  no  empiecen  a 
contar  los  años  del  reinado  de  Tiberio  el  día  que  maere  Augusto, 
sino  dos  años  antes,  en  enero  del  765,  que  es  el  12  de  la  era  cris- 
tiana. En  esa  fecha  confió  Augusto  a  Tiberio  el  imperio  de  las  pro- 
vincias Es  muy  natural  que  los  años  de  reinado  se  empezasen  a 
contar  desde  esa  fecha.  Otros  emperadores  así  lo  hacían. 

En  esta  hipótesis,  razonable  históricamente,  el  año  decimoquinto 
de  Tiberio  se  cumple  el  779  de  Roma,  que  es  el  26  de  la  era  cris- 
tiana. Es  la  fecha  ordinaria  que  se  asigna  para  el  principio  del  go- 
bierno de  Pilato. 

El  año  779  se  adapta  mejor  que  ninguno  a  todos  los  datos  tan- 
to sagrados  como  profanos.  Se  puede  suponer,  con  la  generalidad 
de  los  autores,  que  Juan  empezó  a  predicar,  despaés  de  los  grandes 
calores  del  verano,  en  torno,  tal  vez,  de  la  fiesta  de  los  Tabernácu- 
los, fines  de  septiembre  o  principios  de  octubre,  del  año  26.  Poco 
después  se  presentó  Jesús.  Los  autores  más  antiguos  escogen  el  6 
de  enero  para  la  fecha  del  bautismo.  Si  nos  atenemos  a  ella,  el  Se- 
ñor dejaría  Nazaret  a  fines  del  779  y  se  encontraba  entre  la  masa 
de  pecadores  y  publícanos,  en  el  Jordán,  a  principios  del  780.  Aca- 
baba de  cumplir  los  treinta  y  un  años.  Poco  después  se  retiró  al 
desierto.  Pasó  en  oración  y  ayuno  los  meses  de  enero  y  febrero  y 
volvió  a  encontrarse  con  Juan  al  principio  de  la  primavera.  Volvió 
a  Galilea,  estuvo  algunos  días  en  Cafarnaúm  y  subió  a  Jerusalén 
para  la  Pascua  del  año  780  de  Roma,  27  de  la  era  cristiana.  El  14 
de  Nisán  coincidió  aquel  año  con  el  10  de  abriP. 

ARTICULO  IV 
El  año  de  la  muerte 

Pío  XI,  en  la  encíclica  Quod  nuper  establece  el  Año  Santo 
de  1933  para  conmemorar  el  XIX  centenario  de  la  redención,  y 
dice  que  la  historia  no  ha  podido  averiguar  el  año  exacto.  De  he- 
cho, los  años  30  y  33  son  los  que  tienen  más  partidarios  entre  los 
historiadores  cristianos.  Nosotros  preferimos  el  año  30,  porque  as' 
nos  parece  que  se  explica  mejor  la  edad  que  San  Lucas  asigna  al 
Señor  en  el  bautismo. 

Como  defendemos  tres  años  completos  para  el  ministerio  públi- 
co y  hemos  aceptado  el  6  de  enero  del  año  780  para  el  bautismo, 

*  SuETO.Níio.    Tiberio,  21. 
»  Cf.  Dorado,  pp.363-367  n.247. 
JO  6  enero  1933:  AAS  25  (1933)  5.. 


104 


CRONOLOGÍA  DE  LA  VIDA  DEL  SEÑOR 


la  muerte  la  ponemos  en  la  Pascua  del  783,  el  30  de  la  era  cris- 
tiana. 

Ateniéndonos  al  cómputo  de  Schaumberger  podemos  determi- 
nar los  días  del  mes  y  de  la  semana  de  las  cuatro  Pascuas. 

Año  780  U.  C,  p.  X..  I  Pascua,  14  Nisán:  10  abril,  jueves. 
Año  781  U.  C,  28  p.  X.,  II  Pascua,  14  Nisán:  28  abril,  miércoles. 
Año  782  U.  C,  29  p.  X.,  III  Pascua,  14  Nisán:  18  abril,  lunes. 
Año  783  U.  C.  30  p.  X.,  IV  Pascua,  14  Nisán:  7  abril,  viernes. 

Según  estos  cálculos,  el  Señor  instituye  la  Eucaristía  el  13  de 
Nisán,  jueves  6  de  abril.  Muere  el  14  de  Nisán,  viernes  7  de  abril. 
El  15  de  Nisán,  primer  día  de  Pascua,  cayó  en  sábado.  Por  esto 
San  Juan  le  llama  gran  sábado  (19,31).  El  proceso  se  celebró  en  la 
mañana  del  14  de  Nisán.  Por  esto  los  judíos  no  quisieron  entrar 
en  el  pretorio.  Para  no  mancharse  y  poder  comer  el  cordero  aque- 
lla noche  del  viernes  (Jn  18,28).  El  Señor  había  anticipado  la  comi- 
da pascual  al  jueves  13  de  Nisán,  víspera  de  la  Pascua  (]n  13,1). 
Los  autores  dan  varias  explicaciones  de  esta  anticipación.  Una  pue- 
de ser  la  que  insinúa  San  Juan.  La  Pascua  aquel  año  caía  en  sá- 
bado 

"  Tabella  Neomeniartmi  Vitae  publicae  Domini  et  Proctirationis  PiMti:  VD  12 
(1933)  109. 

"  Cf.  Dorado,  pp. 871-873  n.647.  Recientemente  el  Sr.  L.  Girará  se  muestra  de- 
cidido partidario  del  año  29  para  el  principio  del  ministerio  y  del  33  para  el  año 
de  la  muerte.  Se  basa,  sobre  todo,  en  que  el  año  14  del  reinado  de  Tiberio  debe 
arrancar  del  año  de  la  muerte  de  Augusto  (19  agosto  14).  Es  un  trabajo  sereno  y 
erudito,  que  hace  probable  la  sentencia.  El  inconveniente,  mayor  que  le  vemos,  y 
que  chocará  con  la  mentalidad  hecha  de  muchos,  es  la.  avanzada  edad  en  que  mori- 
ría el  Señor  en  esa  sentencia.  El  Sr.  Girard  admite,  con  San  Ireneo,  que  el  Señor 
tenía  cerca  de  cuarenta  años  cuando  murió.  San  Juan  Crisóstomo  dice  también  que 
el  Señor  estaba  cerca  de  los  cuarenta  años  cuando  empezó  su  ministerio  {Hamil.  in 
lo  54  [al.  55]  in  c.8  v.48:  MG  59,304). 

Las  dos  fechas  extremas  de  la  vida  del  Señor  son,  según  Girard,  el  746  U.  C.  y 
8  antes  de  Cristo,  para  el  nacimiento,  y  el  año  33  después  de  Cristo,  para  la  muerte. 
Cf.  Le  cadre  chronologique ...   (París  ,1953)  p.74.. 


APÉNDICES 


I.    Cuadro  pascual 

Durante  los  diez  años  del  gobierno  de  Pilato 


Año  1  de  Nisán  14  de  Nisán  15  de  Nisán 


26  8  de  abril.  21  abril,  domingo.  22  abril,  lunes. 

27  28  de  marzo.  10  abril,  jueves.  11  abril,  viernes. 

28  15  de  abril.  28  abril,  miércoles.  29  abril,  jueves. 

29  5  de  abril.  18  abril,  lunes.  19  abril,  martes. 

30  25  de  marzo.      7  abril,  viernes.        8  abril,  sábado. 

31  12  de  abril.  25  abril,  miércoles.  26  abril,  jueves. 

32  1  de  abril.  14  abril,  lunes.  15  abril,  martes. 

33  21  de  marzo.      3  abril,  viernes.        4  abril,  sábado. 

34  9  de  abril.  22  abril,  jueves.  23  abril,  viernes. 

35  30  de  marzo.  12  abril,  martes.  13  abril,  miércoles. 

36  18  de  marzo.  31  marzo,  sábado.      1  abril,  domingo. 


Observaciones. — 1 )  Tomamos  estos  datos  del  cuadro  publicado  por 
el  P.  Juan  Schaumberger,  C.  SS.  R.,  en  VD  13  (1933)  109-113. 

2)  El  día  del  calendario  nuestro  corresponde,  en  su  mayor  parte,  al 
día  del  calendario  hebreo.  Así,  el  día  1  de  Nisán  (calendario  hebreo)  del 
año  26  empezaba  con  la  puesta  del  sol  del  día  7  de  abril,  cuando  era  vi- 
sible la  luna  nueva.  Comprendía,  pues,  el  final  del  día  7  de  abril  y  casi 
todo  el  día  8  de  abril  hasta  la  puesta  del  sol.  Por  eso,  para  abreviar,  de- 
cimos 1  de  Nisán  =  8  de  abril. 

3)  Como  parece  probable  por  San  Juan  que  el  Señor  murió  el  14  de 
Nisán,  el  día  en  que  por  la  tarde  iban  a  comer  la  Pascua  los  judíos,  y,  por 
otro  lado,  es  cierto  que  ese  día  era  viernes,  estas  dos  condiciones  se  ve- 
nifican  en  el  año  30  y  en  el  año  33.  El  14  de  Nisán  era  viernes. 


LRoNÜl-LXaA  Dt:  LA  \1UA  DEL  SEÑÜR 


II.    Correspondencia  de  las  eras 

Olimpíada 


Fundación 
de  Roma 


Nacimiento 
de  Cristo 


193,1 

746 

8 

2 

747 

7 

3 

748 

6 

4 

749 

5 

194,1 

750 

4 

2 

751 

3 

3 

752 

2 

4 

753 

1 

195,1 

754 

1 

2 

755 

2 

3 

756 

3 

4 

757 

4 

196,1 

758 

5 

2 

759 

6 

3 

760 

7 

4 

761 

8 

197.1 

762 

9 

2 

763 

10 

3 

764 

11 

4 

765 

12 

198,1 

766 

13 

2 

767 

14 

3 

768 

15 

4 

769 

16 

199,1 

770 

17 

2 

771 

18 

3 

772 

19 

4 

773 

20 

200,1 

774 

21 

2 

775 

22 

3 

776 

23 

4 

777 

24 

201.1 

778 

25 

2 

779 

26 

3 

780 

27 

4 

781 

28 

202,1 

782 

29 

antes  de  C. 


'  E.  SciiüKER,  Geschichte  des  jüdischen  Volkes,  4."  (Leipzig  1901")  I  pp.773-777. 
Allí  se  encontrará  un  cuadro  comparativo  completo  de  las  eras  griega,  siria,  ro- 
mana y  cristiana  a  partir  del  año  176  antes  de  Cristo  y  hasta  el  año  136  después 
de  Cristo  Entre  las  fechas  que  nosotros  heñios  transcrito  tienen  especial  interés  para 
la  infancia  del  Señor  los  años  746  a  754  de  Roma.  El  nacimiento  del  Señor  hay 
que  ponerlo  entre  el  746  y  el  750.  El  750  es  la  fecha  de  la  muerte  de  Herodes 
y  el  754  el  principio  de  la  era  cristiana.  Para  la  vida  pública  tienen  especial  in- 
terés los  años  779  a  786  de  Roma.  El  Señor  pudo  morir  el  783  o  el  786.  Para  la 
conversión  de  San  Pablo  interesan  el  787  y  el  789.  Ambas  fechas,  34  y  36  de  la 
era  cristiana,  tienen  sus  partidarios. 


CORRESPOi\üh\í.lA  Uh  LAb 


Olirn  íada  Fundación  Nacimiento 

impía  a  liorna  de  Cristo 


2  783  30  después  de  C. 

3  784  31 

4  785  32 
203.1  786  33 

2  787  34 

3  788  35 
^  789  36 


SEGUNDA  PARTE 
Texto  de  los  cuatro  Evangelios  y  notas 


LIBRO  I 
La  infancia  del  Señor 


1,    El  prólogo  de  San  Lucas 
Le  1,1-4 

^  Puesto  que  ya  algunos  han  emprendido  la  composición  de  una  narra- 
ción de  los  sucesos  que  se  han  verificado  entre  nosotros,  ^  según  nos  trans- 
mitieron los  que  desde  los  comienzos  fueron  testigos  oculares  y  ministros 
de  la  palabra,  ^  he  decidido,  después  de  informarme  con  diligencia  de  todo, 
desde  los  origenes,  escribir  yo  también  con  orden  para  ti,  noble  Teófilo, 
*  a  fin  de  que  conozcas  bien  la  firmeza  de  las  enseñanzas  que  has  recibido. 


Notas:   N    I  r 

Ponemos,  en  primer  lugar,  el  prólogo  de  San  Lucas,  porque  su  con- 
tenido es  la  introducción  más  general  que  tenemos  de  los  cuatro  Evan- 
gelios. En  él  nos  revela  el  autor  su  conciencia  de  historiador  y  el  fin 
para  que  escribe. 

La  materia  sobre  la  cual  va  a  escribir  son  los  sucesos  que  se  han  ve- 
rificado entre  nosotros.  Un  contenido  histórico. 

Sobre  estos  sucesos  han  escrito  ya  muchos,  o,  mejor,  algunos,  según 
el  alcance  que  se  le  dé  al  original  griego,  que  puede  tener  ambos  sen- 
tidos. 

Lucas,  a  ejemplo  de  sus  predecesores,  quiere  también  escribir  con  or- 
den esos  mismos  sucesos,  que  otros  ya  han  contado. 

Los  sucesos  que  se  han  verificado  entre  los  cristianos,  antes  de  ser 
puestos  por  escrito,  han  sido  transmitidos  por  los  que  desde  los  comien- 
zos fueron  testigos  oculares  y  ministros  de  la  palabra,  es  decir,  por  los 
apóstoles,  que  se  llamaban  así:  ministros  de  la  palabra,  y  fueron  esco- 
gidos entre  los  primeros  discípulos  del  Señor.  Para  ocupar  el  lugar  de 
Judas,  San  Pedro  exige  que  se  trate  de  uno  que  haya  estado  con  Jesús 
desde  el  bautismo  de  Juan  hasta  la  Ascensión  (Act  L21.22). 

La  fuente,  pues,  de  los  que  han  escrito  antes  de  San  Lucas  ha  sido 
la  predicación  oral  de  los  apóstoles,  testigos  inmediatos  de  los  sucesos. 
Seguramente  que  piensa  San  Lucas  en  los  dos  escritos  de  Mateo  y  de 
Marcos.  Hoy  es  frecuente  la  creencia  de  que  piensa  también  en  otros  es- 


lio 


LA   INFANCIA   DEL  SEÑOR 


2.    El  prólogo  de  San  Juan 
Jn  1,M8 

*  En  el  principio  existia  el  Verbo,  y  el  Verbo  estaba  en  Dios,  y  el  Ver- 
bo era  Dios.  ^  El  estaba  en  el  principio  en  E>ios.  ^  Todas  las  cosas  fueron 
hechas  por  él,  y  sin  él,  nada  empezó  de  cuanto  existe.  *  En  él  estaba  la 
vida,  y  la  vida  era  la  luz  de  los  hombres.  ^  Y  la  luz  brilla  en  las  tinieblas,  y 
las  tinieblas  no  la  recibieron. 


Notas:   N.  1 

Gritos  no  canónicos,  que  no  han  llegado  a  ñosotros,  y  de  los  cuales  él 
se  ha  podido  servir  para  su  Evangelio. 

San  lyucas  se  ha  preparado  para  su  obra  con  tiempo  y  con  diligencia: 
Después  de  informarme  con  diligencia  de  todo,  desde  los  orígenes. 

Aun  desde  el  punto  de  vista  puramente  humano,  esta  conducta  suya 
nos  ofrece  grandes  garantías  de  verdad. 

El  Evangelio  lo  escribe  San  Lucas  para  el  nohle  Teófilo.  El  título 
que  le  da,  en  el  lenguaje  de  la  época,  prueba  que  Teófilo  ocupaba  una 
posición  social  elevada,  que  era  un  personaje  culto  c  influyente.  El  es 
quien  primero  se  debe  servir  y  aprovechar  del  libro.  Persona  de  for- 
mación y  de  juicio. 

Teófilo  conocía  ya  la  verdad  cristiana.  Lucas  escribe :  Para  que  co- 
nozcas bien  la  firmeza  de  las  enseñanzas  que  has  recibido.  Es  decir,  que 
Lucas  no  puede  inventar.  Escribe  a  persona  culta  y  juiciosa,  que  ya  co- 
noce por  otros  la  verdad  cristiana.  Y  le  escribe  para  que  se  confirme  en 
la  solidez  de  lo  que  ha  recibido.  La  persona  para  quien  escribe,  las  cir- 
cunstancias que  la  rodean  y  el  fin  para  que  escribe  obligan  a  San  Lucas 
a  ser  serio  y  crítico  en  sus  afirmaciones.  Desde  luego,  este  fin  de  San 
Lucas  corresponde  al  tiempo  y  a  la  diligencia  que  ha  puesto  en  su  obra. 

Este  prólogo  del  tercer  Evangelio  reviste  el  tono  histórico  y  científico 
de  cualquier  obra  histórica  y  seria  de  su  tiempo.  Y  nadie  debe  pensar 
que  San  Lucas  ha  sido  más  concienzudo  en  la  redacción  de  su  Evan- 
gelio que  los  otros  tres  evangelistas.  Este  prólogo  puede  darnos  una  idea 
de  la  conciencia  histórica  que  han  tenido  los  cuatro  evangelistas,  consi- 
derados nada  más  que  en  el  plano  humano.  Considerados  en  el  plano  de 
la  inspiración,  como  instrumentos  del  Espíritu  Santo,  que  habla  por  ellos, 
su  testimonio  es  de  una  verdad  e  infalibilidad  absoluta.  Es  palabra  de 
Dios.  \i\ 

N.  2 

Jn  1,1  Bn  el  principio,  alusión  intencionada  al  principio  del  Gn,  na- 
rración de  la  creación.  Existía,  impf.  de  duración.  El  v.  ser,  que  sale 
cuatro  veces  seguidas,  se  opome  al  v.  llegar  a  ser,  propio  de  las  criaturas. 
Estaba  en  Dios,  presencia  íntima  de  persona  y  persona.  Dios,  el  Padre, 
sentido  personal.  Y  era  Dios,  sentido  esencial.  Carece  de  art. ;  por  eso  es 
predicado,  que  expresa  la  esencia  o  naturaleza  divina  del  Verbo. 

1,3  por  (día)  se  aplica  a  la  causa  instrumental  y  aun  a  la  principal 
(Rom  11,36).  Cuanto  existe  se  puede  unir  con  el  v.4:  De  todo  lo  que  exis- 
te él  era  la  vida. 

1,5  tuo  la  recibieron.  También  se  puedo  traducir:  no  la  ahogaron,  no 
la  vencieron. 


PRÓLOGO   DE   SAN  JUAN 


111 


*  Hubo  un  hombre,  enviado  de  Dios,  por  nombre  Juan.  ^  El  vino  como 
testigo,  para  atestiguar  sobre  la  luz,  para  que  todos  creyesen  por  él.  *  No 
era  él  la  luz,  sino  el  testigo  de  la  luz.  °  La  luz  verdadera,  que  ilumina  a 
todo  hombre,  vino  al  mundo.  Estaba  en  el  mundo,  y  el  mundo  existió 
por  él,  y  el  mundo  no  le  conoció.  "  Vino  a  su  pueblo,  y  los  suyos  no  le 
recibieron.  Mas  a  cuantos  lo  recibieron,  les  dió  poder  de  llegar  a  ser 
hijos  de  Dios,  a  los  que  creen  en  su  nombre,  "  los  cuales  han  nacido  no 
de  la  sangre,  ni  del  deseo  de  la  carne,  ni  de  la  voluntad  del  hombre,  sino 
de  Dios. 

"  Y  el  Verbo  se  hizo  carne,  y  habitó  entre  nosotros,  y  hemos  contem- 
plado su  gloria,  gloria  como  de  Unigénito,  del  Padre,  lleno  de  gracia  y  de 
verdad.  ^  Juan  da  testimonio  de  él,  clama  y  dice:  Este  era  aquel  de  quien 
dije,  el  que  viene  detrás  de  mí,  es  superior  a  mí,  porque  existia  antes  que 
yo.  Porque  de  su  plenitud  hemos  recibido  todos  nosotros  gracia  por  gra- 
cia. "  Porque  la  ley  fué  dada  por  Moisés,  la  gracia  y  la  verdad'  vinieron 
por  Jesucristo.  A  Dios  nadie  lo  ha  visto  nunca.  Dios  Unigénito,  el  que 
está  en  el  seno  del  Padre,  él  lo  ha  revelado. 


Notas:   N.  2 

1,9  vino  al  mundo.  Por  la  gramática  se  podría  también  traducir  con 
la  Vg :  Lux  vera  quae  illuminat  omnem  hominem  venientem  in  hunc  mun- 
diim.  Pero  el  contexto  próximo  y  remoto,  donde  la  luz  es  la  que  viene 
al  mundo,  y  la  redundancia  de  la  traducción  latina  exigen  el  sentido 
nuestro. 

1.13  los  cuales  han  nacido.  Esta  es  la  traducción  de  la  Vg,  y  que 
aceptan  la  generalidad  de  las  ediciones  griegas  críticas.  Con  todo,  otros 
autores  leen  en  singular:  El,  que  ha  'nacido...  Se  refiere  a  la  generación 
eterna  del  Verbo  y  también  a  su  concepción  virginal.  Sería  una  alusión 
en  Jn  a  Mt  1,16.18-23  y  Le  1,26-38. 

1.14  Carne  por  el  uso  bíbl.  =  hombre,  designado  por  su  elemento 
más  sensible  y  frágil.  Como  puede  tener  sentido  comparativo  o  causal. 
Como  corresponde  al  Unigénito  o  porque  es  Unigénito.  Del  Padre  de- 
pende de  gloria.  Indica  la  fuente  de  la  gloria  del  Unigénito.  Gracia  y 
verdad,  hebr.  hesed  we'hemet  (Ex  34,6;  Os  2,16-22).  El  Verbo  encarna- 
do es  la  revelación  del  amor  gratuito,  misericordioso  y  fiel  de  Dios. 

1.16  gracia  por  gracia.  Esta  frase  puede  explicarse  en  diversos  sen- 
tidos :  la  gracia  evangélica  en  lugar  de  la  gracia  de  la  ley,  gracia  interna 
cristiana  correspondiente  a  la  gracia  abundante  de  Cristo,  causa  de  la 
nuestra;  gracia  sobre  gracia,  gracia  abundantísima  en  proporción  a  la 
abundancia  de  Cristo. 

1.17  Por(3M^  probablemente  afecta  a  sólo  el  miembro  segundo;  por- 
que la  gracia  y  la  verdad  vinieron.  Hebr.  coordina  prop.  en  vez  de  subor- 
dinarlas. "Porque  mientras  la  ley...  fué  dada....,  la  gracia  vino..." 

Este  prólogo  debe  seguir  al  de  San  Lucas,  porque  es  una  introduc- 
ción interna  al  Evangelio,  mientras  que  el  de  San  Lucas  es  una  introduc- 
ción externa.  San  Juan  ha  hecho  aquí  una  síntesis  de  la  prehistoria  y  de 
la  historia  del  Verbo. 

La  prehistoria  del  Verbo  nos  lleva  a  su  eternidad  en  el  seno  del  Pa- 
dre y  a  su  acción  en  la  creación  del  mundo  (1-3). 

La  historia  del  Verbo  empieza  con  su  Encarnación.  Más  que  sus  he- 
chos externos,  expone  San  Juan  en  el  prólogo  la  acción  soteriológica 
del  mismo,  la  realización  de  su  misión  salvadora,  que  encarna  en  las 


112 


LA   INFANCIA  DEL  SEÑOR 


3.    Anunciación  del  Precursor 
Le  14^25 

'  Había  en  tiempos  de  Heredes,  rey  de  Judea,  un  sacerdote,  por  nom- 
bre Zacarías,  del  turno  de  Abias,  y  cuya  mujer,  de  las  hijas  de  Aarón,  se 
llamaba  Isabel.  ^  Los  dos  eran  justos  ante  Úios,  pues  cumplían  sin  falta 
todos  los  mandamientos  y  preceptos  del  Señor.  '  No  tenían  hijos,  porque 
Isabel  era  estéril  y  los  dos  eran  de  avanzada  edad. 

*  Mientras  él  estaba  de  servicio  ante  el  Señor,  según  el  orden  de  su 
tumo,  sucedió  "  que  le  tocó  en  suerte  ofrecer  el  incienso  en  el  santuario 
del  Señor,  entrando  dentro  de  él,  conforme  al  uso  de  la  liturgia.  Toda 
la  gente  del  pueblo  hacía  oración  fuera,  a  la  hora  del  incienso.  "  De  pie, 
a  la  derecha  del  altar,  se  le  apareció  un  ángel  del  Señor.  ^"  Al  verlo,  se 
turbó  (Zacarías  y  temió.  "El  ángel  le  dijo:  "No  temas,  Zacarías,  porque 
tu  oración  ha  sido  escuchada,  y  tu  mujer,  Isabel,  te  dará  a  luz  un  hijo,  a 
quien  pondrás  por  nombre  Juan.  "  Será  para  ti  de  gozo  y  alegría,  y  mu- 
chos se  alegrarán  con  su  nacimiento.  ^  Porque  será  grande  ante  el  Señor,  y 
no  ha  de  beber  vino  ni  cosa  fermentada,  y  desde  el  seno  de  su  madre  será 
lleno  del  Espíritu  Santo.  Convertirá  a  muchos  hijos  de  Israel  al  Señor, 
su  Dios,  "  y  él  caminará  delante  de  él  con  el  espíritu  y  poder  de  Elias 
para  atraer  los  corazones  de  los  padres  hacia  los  hijos,  y  los  rebeldes  a  la 
sabiduría  de  los  justos,  para  preparar  al  Señor  un  pueblo  bien  dispuesto." 
"Dijo  Zacarías  al  ángel:  "¿Cómo  conoceré  esto?  Porque  yo  soy  viejo  y 
mi  mujer  de  avanzada  edad."  "El  ángel  le  respondió:  "Yo  soy  Gabriel, 
el  que  está  delante  de  Dios,  y  he  sido  enviado  para  hablar  contigo  y  anun- 


Notas:   N.  2 

metáforas  de  la  luz  y  de  la  vida.  En  la  exposición  procede  por  círculos 
concéntricos,  de  radio  cada  vez  más  amplio,  y  por  la  ley  de  antítesis. 

El  primer  círculo  tiene  el  radio  más  corto.  Las  ideas  se  exponen  con 
más  brevedad  y  menos  explicitación  (4.5). 

En  el  segundo  círculo  entran  las  mismas  ideas,  pero  más  desarrolla- 
das. El  Verbo,  en  su  acción  salvadora,  encuentra  la  resistencia  de  las 
tinieblas,  pero  también  encuentra  hijos  de  la  luz,  que  son  los  creyen- 
tes (6-13). 

El  tercer  círculo  expresa  con  fórmula  definitiva  el  hecho  de  la  En- 
carnación— el  Verbo  se  hizo  carne — y  su  acción  salvadora,  de  su  plenitud 
hemos  recibido  todos  (13-18).  Cf.  La  ^unidad  del  prólogo  de  San  Juan 
según  Toledo  y  Maldonado:  ATCx  4  (1941)  65-118. 

N.  3 

Herodes  reinó  treinta  y  siete  años,  desde  el  714  hasta  el  750  de  Roma. 
Desde  su  nombramiento  hasta  la  entrada  en  Jerusalén  pasaron  tres  años. 

Zacarías  era  uno  de  los  simples  sacerdotes.  Pertenecía  al  turno  o 
clase  de  Abías,  que  era  la  octava  de  las  veinticuatro  en  que  estaban  di- 
vididos todos  los  sacerdotes.  Cada  semana  servía  en  el  templo  un  turno. 

El  ministerio  del  incienso  se  consideraba  como  el  más  honroso.  El 
santuario  que  menciona  el  texto  sagrado  era  el  Sancta,  entre  el  atrio 
exterior  de  los  sacerdotes  y  el  Sancta  Sanctormn.  El  ángel  se  le  aparece 
dentro  del  Sancta,  a  la  derecha  del  altar  del  incienso. 

A  Zacarías  se  le  aparece  el  mismo  ángel  Gabriel,  que  poco  después 
se  aparecerá  a  María. 


A^^U^¡C1AC1ÜN  DE  JliÜLlS 


113 


ciarte  estas  cosas.  Y  vas  a  quedar  mudo  y  no  podrás  hablar  hasta  el 
día  en  que  sucedan  estas  cosas,  porque  no  has  creído  en  mis  palabras,  las 
cuales  se  cumplirán  a  su  tiempo."  El  pueblo  estaba  esperando  a  Zaca- 
rías y  se  maravillaba  de  su  tardanza  en  el  santuario.  "  Cuando  por  fin  sa- 
lió, no  podía  hablarles,  y  comprendieron  que  había  tenido  una  visión  en 
el  santuario.  El  les  hacía  señas  y  quedó  mudo. 

Cuando  terminó  el  tiempo  de  su  ministerio,  se  marchó  a  su  casa.  Y 
después  de  estos  días,  concibió  Isabel,  su  esposa,  que  estuvo  oculta  cinco 
meses,  y  decía:  ^  "Así  ha  obrado  conmigo  el  Señor,  cuando  se  dignó  bo- 
rrar mi  oprobio  entre  los  hombres." 

4.     Anunciación  de  Jesús 
Le  1,26-38 

^  En  el  mes  sexto  fué  enviado  por  Dios  el  ángel  Gabriel  a  una  ciudad 
ele  Galilea,  por  nombre  Nazaret,  ^  a  una  virgen  desposada  con  un  varón 
llamado  José,  de  la  casa  de  David.  El  nombre  de  la  virgen,  María.  ^  Entró 
donde  ella  estaba,  y  dijo:  "Alégrate,  llena  de  gracia.  El  Señor  es  contigo." 

Ella  se  turbó  con  esta  salutación  y  pensaba  qué  significaría  semejante 
saludo.  ^  El  ángel  le  dijo:  "No  temas,  María,  porque  has  hallado  gracia 
delante  de  Dios  y  vas  a  concebir  en  tu  seno  y  darás  a  luz  un  hijo,  a 
quien  pondrás  por  nombre  Jesús.  ^  El  será  grande  y  se  llamará  Hijo  del 
Altísimo  y  el  Señor  .Dios  le  dará  el  trono  de  David,  su  padre.  ^  Reinará 
en  la  casa  de  Jacob  por  los  siglos  y  su  reinado  no  tendrá  fin."  *  Respon- 
dió María  al  ángel:  "¿Cómo  será  esto,  pues  no  conozco  varón?"  ®  El  án- 
gel respondió,  y  le  dijo:  "El  Espíritu  Santo  vendrá  sobre  ti  y  el  poder 
del  Altísimo  te  cubrirá  con  su  sombra.  Por  eso  lo  que  nacerá  de  ti  santo 
será  llamado  Hijo  de  Dios.  ^  Mira,  Isabel,  tu  pariente,  también  ella  ha 


Notas:   N.  4 

1.27  Desposada  puede  significar  simplemente  prometida  o  casada,  se- 
gún la  fuerza  de  la  palabra  griega.  Creemos  como  más  probable  qiue  la  Vir- 
gen y  San  José  habían  celebrado  ya  su  matrimonio  para  el  tiempo  de  la 
Anunciación  y  vivían  juntos  bajo  un  mismo  techo.  Cf.  CB  9  (1952)  145- 
146.215-217. 

María  puede  significar  excelsa,  Señora  o  Amada  de  Yavé.  Cf.  Lu- 
men 2  (1953)  24-37. 

1.28  Alégrate.  Esta  es  la  traducción  literal  de  original  griego.  Los 
autores  disputan  si  el  ángel  empleó  en  su  saludo  esta  palabra  de  alegría,  que 
usaban  los  griegos,  o  la  hebrea  (shalom  =  paz),  que  usaban  los  judíos. 
Los  Padres,  desde  muy  antiguo,  han  visto  más  bien  una  exhortación  a 
la  alegría  en  el  saludo  del  ángel.  Cf.  S.  Lyonnkt,  XAIPE  KEXAPITO- 
MENH:  B  20  (1939)  131-141. 

Llena  de  gracia,  literalmente  se  podría  traducir  gratificata,  y  así  tra- 
ducen algunos  códices  de  la  Vetus  Latina.  Pero  justamente  ha  prevale- 
cido gratia  plena,  porque  los  verbos  griegos  en  oó  expresan  un  sentido 
de  abundancia  y  plenitud.  El  participio  pf.  pasivo  indica  además  que  la 
Virgen  posee  actualmente  la  gracia.  Y  al  usarse,  además,  nominalmente, 
en  lugar  del  nombre  propio,  María,  indica  que  la  abundancia  o  plenitud 
de  gracia  de  la  Virgen  le  es  algo  singular  y  único.  Como  si  dijera  el 
ángel:  Alégrate,  la  llena  de  gracia. 


I  14 


LA   INFANCIA   DEL  SLÑOR 


concebido  un  hijo  en  su  ancianidad.  Y  éste  es  el  sexto  mes  de  la  que  se 
decía  estéril,  ^'  porque  ninguna  cosa  es  imposible  a  Dios."  *  Respondió 
María:  "He  aquí  la  esclava  del  Señor;  hágase  en  mí  según  tu  palabra."  Y 
el  ángel  se  retiró  de  ella. 


5.     Genealogía  de  Jesús 


Mt  1,1-17 

^  Genealogía  de  Jesucristo,  hijo  de  Da- 
vid, hijo  de  Abraham. 

^  Abraham  engendró  a  Isaac,  Isaac 
engendró  a  Jacob,  Jacob  engendró  a  Ju- 
dá  y  a  sus  hermanos,  "  Judá  engendró  a 
Fares  y  a  Zara  de  Tamar,  Fares  en- 
gendró a  Esrom,  Esrom  engendró  a 
Aram,  *  Aram  engendró  a  Aminadab, 
Aminadab  engendró  a  Naasón,  Naasón 
engendró  a  Salmón,  "  Salmón  engendró 
a  Booz  de  Rahab,  Booz  engendró  a 
Obed  de  Rut,  Obed  engendró  a  Jesé, 
^  Jesé  engendró  al  rey  David. 

David  engendró  a  Salomón  de  la  mu- 
jer de  Lirias,  '  Salomón  engendró  a  Ro- 
boam,  Roboam  engendró  a  Abía,  Abía 
engendró  a  Asá,  Asá  engendró  a  Josa- 
fat,  Josafat  engendró  a  Joram,  Joram  en- 
gendró a  Ocias,  ^  Ocias  engendró  a  Joa- 
tam,  Joatam  engendró  a  Acaz,  Acaz  en- 


Lc  3,23-38 

Tenía  Jesús,  al  comenzar,  co- 
mo unos  treinta  años,  y  pasaba 
como  hijo  de  José,  hijo  de  Eli, 
^  hijo  de  Matat,  hijo  de  Levi,  hi- 
jo de  Melqui,  hijo  de  Jannai,  hijo 
de  José,  *°  hijo  de  Matatías,  hijo 
de  Amós,  hijo  de  Naúm,  hijo  de 
Esli,  hijo  de  Naggai,  ^  hijo  de 
Maat,  hijo  de  Matatías,  hijo  de 
Semein,  hijo  de  Josec,  hijo  de  Jo- 
dá,  "  hijo  de  Joanán,  hijo  de  Re- 
sa,  hijo  de  Zorobabel,  hijo  de 
Salatiel,  hijo  de  Neri,  ^  hijo  de 
Melquí,  hijo  de  Addi,  hijo  de  Co- 
sam,  hijo  de  Elmadam,  hijo  de 
Er,  ^hijo  de  Jesús,  hijo  de  Elie- 
cer,  hijo  de  Jorim,  hijo  de  Ma- 
tat, hijo  de  Leví,  '^^  hijo  de  Si- 
meón, hijo  de  Judá,  hijo  de  José, 


Notas:   N.  5 

El  árbol  genealógico  de  Jesús  lo  han  conservado  solamente  San  Ma- 
teo y  San  Lucas.  Cada  uno  lo  pone  en  un  sitio.  San  Lucas,  al  empezar  el 
ministerio  público,  cuando  Jesús  empieza  a  tener  personalidad  pública. 
San  Aíateo  lo  pone  a  la  cabeza  de  su  libro.  Los  dos  le  han  dado,  pues, 
un  sitio  relevante.  Los  dos  han  querido  mostrar  con  este  hecho  que  Je- 
sús pertenecía,  según  la  carne,  al  pueblo  hebreo  y,  de  una  manera  espe- 
cial, a  la  familia  de  David,  de  quien  estaba  profetizado  que  había  de  na- 
cer el  jMesías.  La  lista  genealógica  tiene  un  verdadero  valor  apologético 
para  los  dos  evangelistas. 

Ya  en  la  misma  manera  cómo  nos  transmiten  esta  lista  genealógica 
se  observa  el  estilo  propio  de  cada  evangelista.  San  Mateo  procede  con 
orden  descendente,  desde  Abraham  hasta  José,  esposo  de  María,  y  la 
distribuye  en  tres  series  iguales,  de  catorce  nombres  cada  una. 

San  Lucas  procede  con  orden  ascendente,  empezando  con  Cristo  y  sus 
padres  y  terminando  con  Adán,  cabeza  del  género  humano,  creado  di- 
rectamente por  Dios. 

La  verdad  histórica  de  estas  listas  no  ofrece  dificultad.  Los  judíos 
eran  muy  exigentes  en  materia  de  genealogías,  como  puede  verse  en 
Esdr  2,62.  El  caso  de  San  Pablo,  que  se  gloría  de  pertenecer  a  la  tribu 
de  Benjamín,  debía  ser  ordinario,  y  más  en  los  que  pertenecían  a  la  tri- 
bu de  Judá  y  a  la  familia  de  David.  San  José  y  la  Virgen  suben  a  Be- 
lén, porque  conocen  su  árbol  geneakSgico.  Las  listas  estaban  escritas  en 


GENEALOGÍA    DE  JESÚS 


113 


gendró  a  Ecequías.  Ecequias  engendró 
a  Manases,  Manasés  engendró  a  Amón, 
Amón  engendró  a  Josías.  "  Josías  engen- 
dró a  Jeconías  y  a  sus  hermanos  en 
tiempo  de  la  deportación  de  Babilonia. 

^'  Después  de  la  deportación  de  Babi- 
lonia, Jeconías  engendró  a  Salatiel,  Sa- 
latiel  engendró  a  Zorobabel,  "(Zoroba- 
bel  engendró  a  Abiud,  Abiud  engendró 
a  Eliacim,  Eliacim  engendró  a  Azor, 
"Azor  engendró  a  Sadoc,  Sadoc  engen- 
dró a  Aquim,  Aquim  engendró  a  Eliud, 
Eliud  engendró  a  Eleazar,  Eleazar  en- 
gendró a  Matán,  Matán  engendró  a  Ja- 
cob, Jacob  engendró  a  José,  el  esposo 
de  María,  de  la  cual  nació  Jesús,  a  quien 
se  le  llama  Cristo. 

"  Todas  las  generaciones  desde  Abra- 
ham  hasta  David  son  catorce;  desde  Da- 
vid hasta  la  cautividad  de  Babilonia, 
catorce,  y  desde  la  cautividad  de  Babi- 
lonia hasta  Cristo,  catorce. 


hijo  de  Jonam,  hijo  de  Eliaquin, 
"^hijo  de  Melea,  hijo  de  Menna, 
hijo  de  Mattata,  hijo  de  Natán, 
hijo  de  David,  ^  hijo  de  Jesé,  hi- 
jo de  Jobed,  hijo  de  Booz,  hijo 
de  Sala,  hijo  de  Naasón,  ^  hijo 
de  Aminadab,  hijo  de  Admín,  hi- 
jo de  Arni,  hijo  de  Esrom,  hijo 
de  Pares,  hijo  de  Judá,  hijo  de 
Jacob,  hijo  de  Isaac,  hijo  de  Abra- 
ham,  hijo  de  Tara,  hijo  de  Na- 
cor,  ^  hijo  de  Seruc,  hijo  de  Ra- 
gau,  hijo  de  Falec,  hijo  de  Eber, 
hijo  de  Sala,  *  hijo  de  Cainam, 
hijo  de  Arfaxad,  hijo  de  Sem,  hijo 
de  Noé.  hijo  de  Lamec,  ^'  hijo  de 
Maíusalá,  hijo  de  Enoc,  hijo  de 
Jaret,  hijo  de  Maleleel,  hijo  de 
Cainam,  ^  hijo  de  Enos,  hijo  de 
Set,  hijo  de  A  d  a  m,  hijo  de 
Dios. 


Notas:   N.  5 

archivos  públicos  y  se  conservaban  en  los  propios  de  cada  familia,  para 
exhibirlas  cuando  hacía  falta.  Por  tanto,  el  hecho  de  averiguar  la  ge- 
nealogía humana  del  Señor  no  era  difícil. 

La  dificultad  está  en  conciliar  las  dos  listas,  que  nos  han  trans- 
mitido los  evangelistas.  Los  ascendientes  que  pone  San  Mateo  no  coin- 
ciden con  los  que  pone  San  Lucas.  Para  explicar  estas  diferencias  exis- 
ten tres  sistemas  hoy  día: 

1^  La?  dos  listas  se  refieren  a  San  José,  pero  San  Mateo  da  su 
genealogía  natural;  San  Lucas,  su  genealogía  legal.  Jacob  (Mt)  y  Hcli  (Le) 
eran  hermanos  de  madre.  Heli  murió  sin  hijos,  y  Jacob  se  casó  con  la 
viuda  para  cumplir  la  ley  del  levirato  (Dt  25,5-6).  De  este  segundo  matri- 
monio nació  San  José,  quien  fué  hijo  legal  de  Heli  y  natural  de  Jacob. 
Por  esto  figura  en  cada  lista  con  un  padre  distinto. 

2.  r  El  segundo  sistema  explica  las  diferencias  por  otro  camino.  Los 
dos  evangelistas  dan  dos  ascendencias  carnales  distintas.  San  Mateo  se 
refiere  a  la  de  San  José,  y  San  Lucas  a  la  de  María.  Los  dos  tienen  su 
razón.  San  José  era  el  padre  legal  de  Jesús,  y  María,  la  madre  virgen. 
La  generación  de  Jesús  según  la  carne  fué  un  caso  único  en  la  histo- 
ria de  la  Humanidad. 

3.  °  Algunos  modernos  prefieren  otra  explicación.  La  intención  de  los 
dos  evangelistas  es  dar  la  ascendencia  de  San  José,  padre  legal  de  Je- 
sús. Y  en  esto  conviene  este  sistema  con  el  primero. 

Cada  evangelista  la  da  de  diversa  manera,  porque  Mateo  da  la  ascen- 
dencia carnal  del  santo  Patriarca,  y  Lucas  su  ascendencia  política,  la  de 
.su  esposa.  En  esto  conviene  este  tercer  sistema  con  el  segundo.  Pero  dis- 
crepa en  dar  la  ascendencia  de  hecho  de  María,  no  por  razón  de  ella, 
sino  por  razón  del  padre  legal.  La  ascendencia  de  la  mujer  había  pasa- 
do a  ser  ascendencia  legal  del  esposo.  Cf.  Dorado,  Praelectiones  I  (Tauri- 
ni  1947)  pp.265-274  nn.197-202. 


116 


LA   INFANCIA  DEL  SEÑOR 


6.    La  Visitación  de  María 
Le  1,39-56 

^  En  aquellos  días  se  levantó  María  y  marchó  con  presteza  a  la  moD 
taña,  a  una  ciudad  de  Judá.  Entró  en  casa  de  Zacarías  y  saludó  a  Isa- 
bel. Apenas  escuchó  Isabel  el  saludo  de  María,  saltó  el  niño  en  su  seno, 
c  Isabel  fué  llena  del  Espíritu  Santo,  *^  y  exclamó  con  gran  voz  y  dijo; 
"Bendita  tú  entre  las  mujeres  y  bendito  el  fruto  de  tu  vientre.  "Y  ¿de  dón- 
de a  mí  que  la  madre  de  mi  Señor  venga  a  mí?  Porque,  apenas  la  voz 
de  tu  salutación  llegó  a  mis  oídos,  he  aquí  que  el  niño  saltó  de  gozo  en 
mi  seno.  *^  ¡Feliz  la  que  creyó  que  se  cumplirían  las  cosas  que  le  fueron 
anunciadas  de  parte  del  Sefípr!"     Y  dijo  María: 

Magnifica  mi  alma  al  Señor, 
y  mi  espíritu  salta  de  gozo  en  Dios,  mi  Salvador. 
Porque  ha  mirado  la  pequeñez  de  su  sierva, 

he  aquí  que  desde  ahora  todas  las  generaciones  me  llamarán  feliz: 
Porque  el  Poderoso  ha  hecho  en  mi  cosas  grandes. 
Y  su  nombre  santo. 
^  Su  misericordia  de  generación  en  generación, 
para  los  que  le  temen. 
Desplegó  el  poder  de  su  brazo, 

dispersó  a  los  grandes  en  el  sentir  de  sus  corazones. 

Arrojó  del  trono  a  los  poderosos 

y  levantó  a  los  humildes. 
"  Colmó  de  bienes  a  los  hambrientos 

y  dejó  vacíos  a  los  ricos. 
"  Amparó  a  Israel,  su  siervo, 

acordándose  de  su  misericordia, 

como  prometió  a  nuestros  padres, 

para  con  Abraham  y  su  descendencia  por  siempre. 

María  se  quedó  con  ella  unos  tres  meses  y  se  volvió  a  su  casa. 


Notas:  N.  6 

Hoy  se  da  por  cierto  que  el  lugar  de  la  Visitación  fué  Ain-Karim,  a 
siete  kilómetros  al  oeste  de  Jerusalén,  en  plena  montaña  de  Judá.  Al- 
gunos autores  antiguos  hablan  de  Hebrón,  la  ciudad  de  los  patriarcas, 
que  está  al  sur  de  Belén,  a  927  metros  de  altura. 

La  presteza  de  la  Virgen  se  explica  por  su  fidelidad  a  la  inspiración 
de  Dios  y  por  su  caridad,  que  le  hace  alegrarse  con  la  que  se  alegra. 

La  eficacia  de  la  presencia  de  María  se  revela  en  la  fuerza  de  su  pa- 
labra. Apenas  escuchó  Isabel  el  saludo  de  María — la  paz  sea  contigo — ,  la 
madre  es  llena  del  Espíritu  Santo,  y  el  niño  salta  de  gozo,  porque  tam- 
bién es  santificado  antes  de  nacer,  como  había  prometido  el  ángel  a  Za- 
carías (Le  1,15).  El  instrumento  providencial  de  este  bautismo  de  gracia 
es  la  Virgen. 

Es  probable  que  María  se  quedara  en  casa  de  Isabel  hasta  el  naci- 
miento de  Juan.  Esto  parece  indicar  cuando  dice  que  se  quedó  con  ella 
irnos  tres  meses.  El  tiempo  que  faltaba  para  el  nacimiento  del  niño.  Si 
anuncia  la  vuelta  a  su  casa  antes  de  contar  la  historia  del  nacimiento, 
San  Lucas  lo  hace  siguiendo  su  método  de  eliminación.  Completa  la  his- 
toria de  la  Visitación  y  luego  empieza  la  del  Nacimiento. 


NACIMIENTO  DE  JUAN 


117 


7.    Nacimiento  de  Juan 
Le  1,57-79 

"  Se  cumplió  el  tiempo  de  que  diera  a  luz  Isabel  y  tuvo  un  hijo.  Los 
vecinos  y  sus  parientes  conocieron  que  Dios  había  tenido  gran  misericor- 
dia con  ella  y  la  felicitaban.  Y  al  octavo  dia  sucedió  que  fueron  a  cir- 
cuncidar al  niño  y  querian  ponerle  el  nombre  de  su  padre,  Zacarías  ^°  Ha- 
bló su  madre,  y  dijo:  "No,  sino  que  se  llamará  Juan."  "Y  le  decían:  "No 
hay  nadie  en  tu  parentela  que  lleve  ese  nombre."  ^  Y  preguntaban  por  se- 
ñas al  padre  cómo  quería  que  se  le  llamase.  ^  Pidió  una  tablilla  y  dijo 
por  escrito:  "Juan  es  su  nombre."  Y  todos  se  maravillaron.  ^  Al  mismo 
tiempo  se  abrió  su  boca  y  su  lengua  y  hablaba  bendiciendo  a  Dios.  ^  El 
temor  sobrecogió  a  todos  sus  vecinos,  y  en  toda  la  montaña  de  Judea  se 
•comentaban  estas  cosas.  Todos  los  que  las  oían  las  grababan  en  su  co- 
razón, y  decían:  "¿Pues  qué  va  a  ser  este  niño?"  Y  realmente  la  mano 
del  Señor  estaba  con  él. 

^"^  Y  Zacarías,  su  padre,  fué  lleno  del  Espíritu  Santo,  y  profetizó,  di- 
ciendo: 

^  Bendito  el  Señor,  el  Dios  de  Israel. 

porque  visitó  y  redimió  a  su  pueblo 
^  y  suscitó  una  fuerza  salvadora  en  nosotros, 

en  la  casa  de  David,  su  siervo, 

como  prometió  por  boca  de  sus  santos 

profetas,  desde  tiempos  antiguos, 
"  la  salvación  de  nuestros  enemigos, 

y  del  poder  de  todos  los  que  nos  odian, 
"  para  realizar  la  misericordia  con  nuestros  padres 
r-  y  acordarse  de  su  testamento  santo, 

y  "del  juramento  que  hizo  a  Abraham,  el  padre 

nuestro,  de  concedernos  a  nosotros 
'*que,  libres  del  poder  de  los  enemigos, 

le  sirvamos  sin  temor, 

en  santidad  y  justicia  delante  de  él, 

todos  nuestros  días. 
"  Y  tú,  niño  pequeño,  serás  llamado  profeta  de!  Altísimo, 

pues  irás  delante  del  Señor 

para  preparar  sus  caminos 
"  y  para  dar  a  su  pueblo  la  ciencia  de  la  salvación 

por  la  remisión  de  sus  pecados. 
™  por  las  entrañas  de  misericordia  de  nuestro  Dios, 

por  las  que  nos  visitará  una  luz  de  la  altura, 
''^  para  iluminar  a  los  que  yacen 

en  las  tinieblas  y  sombra  de  muerte. 

por  el  camino  de  la  paz." 


Notas:   N.  7 

Juan  significa  en  hebreo  misericordia  de  Yavé.  Su  nacimiento  y  mi- 
sión marca  el  principio  de  la  misericordia  de  la  redención.  Su  padre  hace 
alusión  a  esta  misericordia  en  el  cántico.  El  v.65  anuncia  el  cántico ;  y 
hablaba  bendiciendo  a  Dios.  Es  el  momento  histórico  en  que  Zacarías 
entonaría  el  cántico ;  San  Lucas  termina  primero  la  narración  y  luego 
inserta  completo  el  Cántico. 


118 


LA  INFANCIA  DEL  SEÑOR 


8.    iSiñez  y  juventud  de  Juan 
Le  1,80 

El  niño  crecía  y  se  fortalecía  en  espíritu  y  vivía  en  los  desiertos 
hasta  el  día  de  su  manifestación  a  Israel. 

9.    Las  dudas  de  San  José 
Mt  1,18-25 

La  concepción  de  Jesucristo  fué  de  esta  manera:  María,  su  madre, 
estaba  desposada  con  José,  y,  antes  de  que  ellos  conviviesen,  se  encontró 
encinta  por  obra  del  Espíritu  Santo.  José,  su  esposo,  como  era  justo  y 
no  quería  denunciarla,  resolvió  repudiarla  privadamente.  '°  El  tenía  este 
plan,  cuando  se  le  apareció  un  ángel  del  Señor,  que  le  dijo:  "José,  hijo  de 
David,  no  temas  retener  a  María,  tu  esposa,  porque  lo  que  ella  ha  con- 
cebido es  del  Espíritu  Santo.  ^  Dará  a  luz  un  hijo  y  le  pondrás  por  nom- 
bre Jesús,  porque  él  salvará  a  su  pueblo  de  sus  pecados."  todo  esto 
sucedió  para  que  se  cumpliese  lo  que  había  dicho  el  Señor  por  el  profeta: 
^  He  aquí  que  la  virgen  concebirá  y  dará  a  luz  un  hijo,  al  cual  llama- 
rán por  nombre  Emmanuel,  que  traducido  es:  Dios  con  nosotros.  ^Cuando 
José  despertó  del  sueño,  hizo  como  le  había  mandado  el  ángel  del  Señor,  y 
retuvo  a  su  esposa.  ^  No  la  conoció  hasta  que  dió  a  luz  un  hijo,  al  cual 
puso  por  nombre  Jesús. 


Notas:   N.  8 

Conforme  a  su  método  narrativo,  San  Lucas  anticipa  la  historia  abre- 
viada de  la  juventud  de  Juan,  porque  prefiere  terminar  todo  lo  que  se 
refiere  a  él  antes  de  empezar  a  narrar  el  nacimiento  e  infancia  de  Jesús. 

N.  9 

Las  dudas  de  San  José  fueron  providenciales.  El  es  el  testigo  cali- 
ficado de  la  concepción  virginal  de  Jesús.  Al  mismo  tiempo  nos  revelan 
su  espíritu  de  bondad  y  caridad,  su  fe  y  su  obediencia. 

1,18  Desposada  puede  entenderse  de  la  prometida  y  de  la  mujer  ca- 
sada. Nos  parece  más  probable  este  segundo  sentido  en  el  texto. 

Antes  de  que  ellos  conviviesen.  Esta  frase  no  se  refiere  a  una  con- 
vivencia material,  bajo  un  mismo  techo,  sino  a  una  convivencia  moral. 
Es  un  eufemismo  de  idéntico  sentido  al  que  tiene  la  frase  que  usará 
después :  no  la  conoció  hasta  que  dió  a  lu3  un  hijo. 

Antes  de  que-,  afirma  o  niega  un  hecho  pasado,  pero  prescinde  del 
futuro,  lo  mismo  que  la  frase  siguiente:  no  la  conoció  hasta  que...  El 
evangelista  afirma  la  concepción  virginal  de  Jesús.  De  la  virginidad 
posterior  prescinde,  calla.  Se  probará  por  otros  testimonios. 

1,20  No  temas  retener.  La  orden  que  recibe  San  José  no  es  de  tomar 
a  su  esposa,  sino  de  quedarse  con  ella,  retenerla  y  no  repudiarla.  Este 
sentido  nos  parece  más  probable  por  todo  el  contexto  y  por  el  mismo 
verbo  griego.  Cf.  CB  9  (1952)  215-217. 


NACIMltiNlO    [Ai  JhSÚS 


119 


10.     1\ acimiento  de  Jesús 
Le  2,1-20 

^  Y  sucedió  por  aquellos  dias  que  salió  un  edicto  de  César  Augusto 
para  que  se  empadronase  todo  el  mundo.  '  Este  censo  primero  tuvo  lugar 
siendo  gobernador  de  Siria  Quirino.  ^  Y  todos  iban  a  empadronarse,  cada 
uno  a  su  ciudad.  Subió  también  José  desde  Galilea,  de  la  ciudad  de  Na- 
zaret,  a  Judea,  a  la  ciudad  de  David,  que  se  llama  Belén,  porque  él  era 
de  la  casa  y  familia  de  David,  ^  para  inscribirse  con  María,  su  esposa,  que 
estaba  encinta.  "  Y  aconteció  que,  mientras  estaban  ellos  allí,  se  cumplie- 
ron los  días  del  alumbramiento,  '  y  dió  a  luz  a  su  hijo  primogénito,  lo  en- 
volvió en  pañales  y  lo  reclinó  en  un  pesebre,  porque  no  había  sitio  para 
ellos  en  la  posa-da. 

*  Y  había  en  la  misma  región  unos  pastores  acampados  al  raso,  que 
velaban  sobre  su  rebaño.  *  Un  ángel  del  Señor  se  presentó  entre  ellos  y 
la  gloria  del  Señor  los  envolvió  en  su  resplandor.  Temieron  mucho.  ^®Y 
el  ángel  les  dijo:  "No  temáis.  Pues  os  anuncio  una  gran  alegría,  que  será 
para  todo  el  pueblo:  "que  os  ha  nacido  hoy  un  Salvador,  que  es  el  Cristo 
Señor,  en  la  ciudad  de  David;  ^y  ésta  os  será  la  señal:  encontraréis  un 
niño  envuelto  en  pañales  y  reclinado  en  un  pesebre."  ^^Y  de  repente  apa- 
reció con  el  ángel  una  multitud  del  ejército  celestial,  que  alababa  a  Dios 
y  decía: 

"  Gloria  a  Dios  en  las  alturas 

y  en  la  tierra  paz  a  los  hombres  de  buena  voluntad. 

Cuando  los  ángeles  se  retiraron  de  ellos  hacia  el  cielo,  los  pastores 
se  decían  entre  sí:  "Vayamos,  pues,  a  Belén,  y  veamos  este  suceso  que 
ha  tenido  lugar  y  que  el  Señor  nos  ha  manifestado."  Y  fueron  con  prisa 
y  encontraron  a  María  y  a  José  y  al  niño  reclinado  en  el  pesebre.  "  Cuan- 
do lo  vieron,  contaron  las  palabras  que  se  les  habían  dicho  sobre  aquel 
niño.  ^  Y  todos  los  que  los  oyeron  se  admiraron  de  lo  que  les  decían  los 
pastores.  "  María,  por  su  parte,  guardaba  con  cuidado  todas  estas  cosas, 
meditándolas  en  su  corazón.  ^  Los  pastores  se  volvieron,  glorificando  y 
alabando  a  Dios  por  todo  lo  que  habían  visto  y  oído,  conforme  con  lo 
que  se  les  había  anunciado. 


Notas:   N.  10 

En  la  p.l.*  C.7  a.2  hemos  tratado  sobre  la  cronología  del  nacimiento 
del  Señor.  Aunque  no  existan  razones  decisivas  para  escoger  entre  los 
años  747,  748  y  749  de  la  fundación  de  Roma,  suponemos  como  probable 
que  el  Señor  nació  en  diciembre  del  año  748.  El  año  primero  de  la  era 
cristiana  debería  ser,  en  esta  hipótesis,  el  año  749.  Como  de  hecho,  por 
el  cálculo  equivocado  de  Dionisio,  el  año  primero  es  el  754,  resulta  que 
nuestra  actual  cronología  va  retrasada  en  cinco  años  por  lo  menos. 
Cf.  Dorado,  Praelectiones  B.  I  pp. 322-325  n.228. 


12Ü 


La  infancia  del  señor 


11.    Circuncisión  de  Jesús 
Le  2,21 

Y,  cuando  pasados  ocho  días  debía  ser  circuncidado,  le  fué  impuesto 
el  nombre  de  Jesús,  el  que  le  había  sido  impuesto  por  el  ángel  antes  de 
ser  concebido  en  el  seno. 


12.    La  presentación  en  el  templo 

Le  2,22-38 

^  Cuando  se  cumplieron  los  días  de  su  purificación,  conforme  a  la  ley 
de  Moisés,  lo  llevaron  a  Jerusalén  para  presentarlo  al  Señor,  según  está 
escrito  en  la  ley  del  Señor:  Todo  varón  primogénito  será  consagrado  al 
Señor.  ^  Y  también  para  ofrecer  en  sacrificio,  conforme  se  dice  en  la  ley 
del  Señor,  un  par  de  tórtolas  o  dos  pichones. 

*  Y  había  en  Jerusalén  un  hombre  llamado  Simeón,  varón  justo  y  pia- 
doso, que  esperaba  el  consuelo  de  Israel,  y  en  quien  estaba  el  Espíritu 
Santo.  ^  Le  había  sido  prometido  por  el  Espíritu  Santo  que  no  vería  la 
muerte  antes  de  ver  al  Ungido  del  Señor.  ^  Y  movido  por  el  Espíritu  vino 
al  templo.  Cuando  traían  los  padres  al  Niño  Jesús  para  cumplir  lo  que 
sobre  él  mandaba  la  ley,  él  mismo  lo  tomó  en  sus  brazos  y  alabó  a 
Dios,  y  dijo: 

°"  "Ahora,  Señor,  puedes  dejar  libre  a  tu  siervo, 

en  paz,  según  tu  palabra: 
**  pues  mis  ojos  han  visto  tu  salvación. 

la  que  has  preparado  ante  la  faz  de  todos  los  pueblos. 
^  Luz  para  iluminación  de  los  gentiles 

y  gloria  de  tu  pueblo  Israel." 


Notas:   N.  11 

El  hecho  de  la  circuncisión  tenía  lugar  el  octavo  día  del  nacimiento, 
cuando  había  pasado  la  primera  etapa  de  la  purificación  de  la  madre. 
La  circuncisión  era  acompañada  de  la  imposición  del  nombre.  San  Lucas 
hace  constar  que  el  nombre  de  Jesús  había  venido  del  cielo.  Dios,  sin 
duda,  escogió  este  nombre  de  Jesús,  porque  su  sentado  etimológico — sal- 
vación de  Vavc — coincide  con  la  vocación  salvadora  del  Hijo  encarnado. 

N.  12 

A  dos  preceptos  de  la  ley  de  Moisés  alude  San  Lucas  en  este  Evan- 
gelio: uno  que  se  refería  a  la  madre  (Lev  12,2-8),  la  cual,  a  los  cuarenta 
días  de  hab^r  nacido  el  niño,  debía  ofrecer  un  cordero  en  holocausto  y 
una  tórtola  o  pichón  en  sacrificio  para  su  purificación.  Los  pobres  po- 
dían ofrecer  una  tórtola  o  pichón  en  vez  del  cordero.  Este  fué  el  caso  de 
la  Virgen  (Le  2,24). 

El  otro  precepto  se  refería  a  la  presentación  y  rescate  del  hijo  primo- 
génito (Num  3,12-13).  Como  recuerdo  de  la  muerte  de  los  primogénitos 
de  los  egipcios,  Dios  se  había  reservado  para  su  especial  servicio  a  los 


LA    ADORACIÓN    DE    LOS  MAGOS 


121 


^  Su  padre  y  su  madre  estaban  admirados  con  las  cosas  que  se  decían 
de  él.  ^  Y  Simeón  los  bendijo,  y  dijo  a  Maria,  su  madre:  "Este  está  des- 
tinado para  ruina  y  resurrección  de  muchos  en  Israel,  para  signo  de  con- 
tradicción. ®  Y  una  espada  atravesará  tu  propia  alma.  Para  que  se  des- 
cubran los  pensamientos  de  muchos  corazones." 

^  También  había  una  profetisa,  Ana,  hija  de  Fanuel,  de  la  tribu  de 
Aser,  ya  muy  avanzada  en  años,  que  había  vivido  con  su  marido  siete 
años,  desde  su  virginidad,  ^  y  era  viuda  con  ochenta  y  cuatro  años.  No 
abandonaba  el  templo,  sirviendo  día  y  noche,  en  oración  y  ayunos.  ™  Se 
presentó  en  aquel  preciso  momento,  glorificaba  a  Dios,  y  hablaba  sobre  él 
a  todos  los  que  esperaban  la  redención  de  Jerusalén. 

13.     La  adoración  de  los  Magos 
Mt  2AA2 

^  Después  que  nació  Jesús  en  Belén  de  Judea,  en  tiempos  del  rey  He- 
rodes,  se  presentaron  en  Jerusalén  unos  sabios  de  Oriente,  ^  que  pregunta- 
ban: "¿Dónde  está  el  rey  de  los  judíos,  que  ha  nacido?  Pues  hemos  visto 


Notas:  N.  12 

primogénitos  de  los  hebreos.  Los  padres  podían  rescatarlos  por  cinco  si- 
dos. A  esto  alude  Le  2,22-23. 

En  Le  2,22,  la  Vg  dice :  purgationis  eiiis.  El  pronombre  singular  pue- 
de referirse  a  la  Madre  o  al  Niño  solo.  Después  illum,  eum  se  refiere 
a  sólo  el  Niño.  En  este  sentido,  purgationis  podría  tener  un  contenido 
general  de  presentación,  consagración. 

El  original  griego  pone :  la  purificación  de  ellos.  Unos  autores  apli- 
can el  plural  a  Jesús  y  María.  Toda  la  escena  está  consagrada  a  la  pu- 
rificación de  la  Madre  (v.24)  y  a  la  presentación  del  Hijo  (vv.22.23).  La 
palabra  kazarismós,  que  usa  San  Lucas,  puede  significar  rescate  y  expia- 
ción (Ex  30,10).  La  palabra  técnica  para  la  purificación  de  la  madre,  que 
usan  los  LXX,  sería  kázarsis. 

Otros  autores  refieren  el  plural  a  José  y  María,  a  los  padres,  que 
son  los  que  luego  actúan  (tulerunt  illum,  sisterent  eum).  En  este  sentido 
la  palabra  purificación  tendría  un  contenido  general,  equivalente  al  de 
presentación  y  consagración :  cuando  llegó  el  día  en  que  los  padres  de- 
bían consagrar  y  presentar  al  hijo  en  el  templo.  En  Le  2,38  la  Vg  pone 
Israel.  Los  mejores  códices  gr.  ponen  Jerusalén. 

Después  de  la  purificación,  la  Sagrada  Familia  se  vuelve  a  Belén, 
donde  tendrá  lugar  la  adoración  de  los  Magos.  La  visita  a  Nazaret,  que 
menciona  a  continuación  el  evangelista  (Le  2,39.40)  se  refiere  al  estable- 
cimiento definitivo,  que  siguió  a  la  vuelta  de  Egipto.  Por  eso  se  dice  que 
el  Niño  crecía  y  se  fortalecía,  e  inmediatamente  después  se  narra  la  su- 
bida al  templo,  a  la  edad  de  doce  años.  Los  evangelistas,  como  dice  San 
Agustín,  unen  los  hechos  que  narran,  como  si  lo  que  omiten  no  hubiera 
sucedido. 

N.  13 

Aunque  la  liturgia  adelanta  la  adoración  de  los  Magos,  históricamen- 
te fué  posterior  a  la  presentación.  Inmediatamente  sigue  la  huida  a 
Egipto. 

La  estrella  tiene  carácter  sobrenatural.  Ks  \ista  primero  en  el  OrKU- 


122 


LA   INFANCIA   DEL  SEÑOR 


SU  estrella  en  el  Oriente  y  hemos  venido  a  adorarlo."  ^  El  rey  Herodes  se 
turbó,  al  enterarse,  y  con  él  toda  Jerusalén.  "*  Convocó  a  todos  los  prínci- 
pes de  los  sacerdotes  y  escribas  del  pueblo,  y  les  preguntaba  dónde  de- 
bía nacer  el  Mesías.  *  Ellos  le  respondieron:  En  Belén  de  Judea,  porque 
así  está  escrito  por  el  profeta: 

^  Y  tu,  Belén,  tierra  de  ]udá. 
No  eres  la  más  pequeña  entre  las  principales  ciudades  de  ]udá. 
Porque  de  ti  ha  de  salir  un  guía. 
El  que  conducirá  a  mi  pueblo  Israel. 

'  Luego  Herodes  llamó  en  privado  a  los  Magos,  se  informó  de  ellos  di- 
ligentemente sobre  el  tiempo  de  la  aparición  de  la  estrella  *  y  los  envió  a 
Belén,  diciendo:  "Id  e  informaos  con  exactitud  sobre  el  niño.  Y  cuando 
lo  encontréis,  avisadme  para  que  yo  vaya  también  a  adorarlo."  "Ellos, 
después  de  oír  al  rey,  se  pusieron  en  camino.  Y  he  aquí  que  la  estrella, 
la  que  vieron  en  el  Oriente,  les  precedía,  hasta  que  llegó  y  se  paró  en- 
cima de  donde  estaba  el  niño.  Al  ver  la  estrella  se  alegraron  grande- 
mente. "  Entraron  en  la  casa  y  vieron  al  niño  con  María,  su  madre.  Y 
postrados  lo  adoraron.  Abrieron  sus  tesoros  y  le  ofrecieron  dones:  oro, 
incienso  y  mirra.  ^  Avisados  en  sueños  de  que  no  volviesen  a  Herodes, 
se  volvieron  por  otro  camino  a  su  tierra. 

14.     La  huida  a  Egipto 
Mt  2,13-15 

Después  que  se  marcharon,  un  ángel  del  Señor  se  aparece  durante 
el  sueño  a  José  y  le  dice:  "Levántate,  toma  al  niño  y  a  su  madre,  huye  a 
Egipto,  y  estáte  allí  hasta  que  yo  te  diga:  porque  Herodes  va  a  buscar 
al  niño  para  matarlo."  El  se  levantó,  tomó  al  niño  y  a  su  madre  por 
la  noche  y  partió  a  Egipto,  y  allí  permaneció  hasta  la  muerte  de  Hero- 
des: para  que  se  cumpliese  lo  que  el  Señor  había  dicho  por  medio  del  pro- 
feta: De  Egipto  llamé  a  mi  hijo. 


Notas:  N.  13 

te  o  tierra  de  los  Magos.  Luego  reaparece  a  la  salida  de  Jerusalén.  Por 

el  tiempo  que  lleva  la  Sagrada  Familia  en  Belén  y  por  la  palabra  casa 

(2,11),  es  más  probable  que  hubieran  dejado  la  cueva. 

N.  14 

En  dos  o  tres  días  pudo  alcanzar  la  Sagrada  Familia  la  frontera  de 
Egipto,  yendo  por  Beth-Djibrin  y  Gaza.  No  sabemos  dónde  habitó.  Una 
tradición  local  dice  que  José  avanzó  hasta  On  (Heliópolis)  para  taiscar 
trabajo. 

La  duración  del  destierro  no  se  puede  determinar,  porque  no  sabemos 
el  tiempo  exacto  que  vivió  todavía  Herodes.  ¿Seis  meses?  ¿Un  año? 


123 


15.     El  degüello  de  los  inocentes 

Mt  2,16'liS 

^"  Cuando  Heredes  se  vió  burlado  por  los  Miagos,  se  enfureció  extraor- 
dinariamente y  mandó  matar  a  todos  los  niños  que  había  en  Belén  y  en 
sus  contornos,  de  dos  años  para  abajo,  según  el  tiempo  que  cuidadosa- 
mente había  averiguado  de  los  Magos.  Entonces  se  cumplió  lo  que  había 
dicho  el  profeta  Jeremías: 

Un  clamor  se  ha  oído  en  Rama. 
Llanto  y  gemido  grande: 
Raquel  que  lloraba  a  sus  hijos, 
y  no  quería  ser  consolada 
porque  ya  no  existen. 


.16.     La  vuelta  de  Egipto 

Mt  2,19-22 

^  Muerto  Herodes,  un  ángel  del  Señor  se  aparece  durante  el  sueño  a 
José  en  Egipto  y  le  dice:  "Levántate,  toma  al  niño  y  a  su  madre  y 
vuelve  a  la  tierra  de  Israel:  porque  hain  muerto  los  que  atentaban  con- 
tra la  vida  del  niño.'  El  se  levantó,  temó  al  niño  y  a  su  madre  y 
entró  en  tierra  de  Israel.  ^  Pero,  habiendo  oído  que  Arquelao  reinaba  en 
Judea  en  lugar  de  su  padre  Herodes,  temió  ir  allí;  y  avisado  durante  el 
sueño  se  retiró  a  la  región  de  Galilea. 


Notas:  N.  15 

Suponiendo  que  Belén  con  sus  contornos  tuviese  unos  dos  mil  habi- 
tantes, apenas  pasarían  de  veinticinco  o  treinta  los  niños  sacrificados 
por  Herodes.  Este  crimen  era  muy  pequeño  para  quien  había  hecho  ma- 
tar a  una  de  sus  mujeres  dos  hijos  y  a  varios  parientes.  A  todo  el  que 
se  le  atravesaba  en  el  camino  de  su  ambición. 

N.  16 

San  José  tenía  pensado,  de  acuerdo  con  la  Virgen,  establecerse  en 
Belén,  pero  la  Providencia,  que  velaba  por  el  Niño,  le  avisó  por  el  ángel 
que  se  retirase  a  Gahlea.  Belén  quedaba  bajo  la  jurisdicción  de  Arquelao, 
quien  desde  el  principio  se  distinguió  por  su  crueldad.  En  cambio,  Gah- 
lea le  había  tocado  en  suerte  a  Herodes  Antipas,  que  fué  un  príncipe 
sensual,  pero  menos  violento  que  su  padre.  Es  notable  que  la  Sagrada 
Familia  va  a  establecerse  en  Nazaret,  distante  solamente  cinco  kilóme- 
tros de  Séforis  (Sef furiyeh),  donde  tenía  su  corte  Herodes  Antipas,  has- 
la  que  se  trasladó  a  Tiberíades  el  año  18.  La  gran  corte  del  rey  y  la 
casita  humilde  de  Jesús  al  lado. 


124 


LA  INFANCIA  DEL  SEÑOR 


17.    El  establecimiento  en  Nazaret 


Mt  2,23 

"  Y  fué  a  habitar  a  una  ciu- 
dad llamada  Nazaret;  para  que 
se  cumpliera  lo  que  habían  di- 
cho los  profetas: 

Será  llamado  Nazareno. 


Le  2,39-40 

^Así  que  cumplieron  todo  lo  que  or- 
dena la  ley  del  Señor,  se  volvieron  a  Ga- 
lilea, a  Nazaret,  su  ciudad.  el  niño 
crecía  y  se  fortalecía,  lleno  de  sabidu- 
ría, y  la  gracia  de  Dios  estaba  con  él. 


18.    En  el  templo  a  los  doce  años 
Le  2,41-50 

*^  Sus  padres  iban  anualmente  a  Jerusalén  por  la  fiesta  de  la  Pascua. 
"  Y,  cuando  tuvo  doce  años,  subieron,  como  de  costumbre,  a  la  fiesta. 

Pasados  aquellos  días,  cuando  ellos  se  volvieron,  el  Niño  Jesús  se  que- 
dó en  Jerusalén,  sin  que  sus  padres  lo  supieran.  Pensando  que  estaría 
entre"  la  comitiva,  hicieron  una  jornada  y  le  buscaban  entre  los  parientes 
y  conocidos.  *^  No  lo  encontraron  y  volvieron  a  Jerusalén  buscándolo. 
*■*  Después  de  tres  días,  sucedió  que  lo  encontraron  en  el  templo,  sentado 
en  medio  de  los  doctores,  oyéndolos  y  preguntándoles.  Todos  los  que 
lo  oían  se  maravillaban  de  su  sabiduría  y  de  sus  respuestas.  **Al  verlo 
se  conmovieron,  y  su  madre  le  dijo:  "Hijo,  ¿por  qué  has  procedido  asi 
con  nosotros?  Mira  que  tu  padre  y  yo  te  buscábamos  angustiados."  ""^Y 
les  respondió:  "Pues  ¿por  qué  me  buscabais?  ¿No  sabíais  que  yo  debo 
estar  en  las  cosas  de  mi  Padre?"  Y  ellos  no  entendieron  la  respuesta  que 
les  dió. 


Notas:   N.  17 

San  Lucas  habla  del  establecimiento  en  Nazaret  inmediatamente  des- 
pués de  la  Presentación,  porque,  al  omitir  el  destierro  de  Egipto,  esto 
lo  considera  como  si  no  hubiera  sucedido.  Algunos  autores  creen  que, 
después  de  la  Presentación,  hizo  la  Sagrada  Familia  una  breve  excur- 
sión a  Nazaret  para  recoger  sus  cosas  y  luego  establecerse  en  Belén. 
Desde  luego,  San  Lucas  se  refiere  a  la  ida  definitiva  a  Nazaret,  pues 
la  considera  como  la  introducción  y  preparación  para  el  episodio  de  los 
doce  años. 

N.  18 

El  viaje  de  Nazaret  a  Jerusalén  podía  hacerse  en  tres  días,  pasando 
por  Djenin,  Siquén,  Betel  y  el-Bireh.  En  esta  última  localidad,  distante 
de  Jerusalén  unos  diecisiete  kilómetros,  supone  la  tradición  que  termi- 
nó la  primera  jornada  y  se  dieron  cuenta  los  padres  de  la  falta  del  Niño. 
Tardarían  otro  día  en  volver  a  Jerusalén,  que  sería  el  segundo,  y  al  ter- 
cero lo  encontraron  en  seguida  en  el  templo. 

2,49  En  las  cosas:  la  frase  griega  admite  igualmente  la  otra  traduc- 
ción bastante  extendida:  en  la  casa.  No  entendieron:  algunos  pocos  tra- 
ducen: no  habían  entendido  lo  que  les  había  dicho.  Suponen  que  jesús  les 
avisó  que  se  querían  (|nedar  en  Jerusalén. 


LA  VIDA  OCULTA 


125 


19,     La  vida  oculta  en  Nazaret 

Le  2,51-52 

®'  Bajó  con  ellos  y  vino  a  Nazaret  y  les  obedecía.  Su  madre  conser- 
vaba cuidadosamente  todas  las  cosas  en  su  corazón.  "  Y  Jesús  crecía  en 
la  sabiduría,  estatura  y  gracia  delante  de  Dios  y  de  los  hombres. 


Notas:   N.  19 

Le  2,51  Obedecía,  literalmente :  estaba  sometido  a  ellos,  se  sometía 
a  ellos.  El  verbo  griego  está  usado  en  la  voz  media  y  equivale  al  nuestro 
obedecer.  Nótese  el  tiempo  imperfecto,  que  ha  usado  el  evangelista  para 
indicar  duración,  un  tiempo  continuado,  que  es  el  período  de  la  vida 
oculta. 

2,52  Crecía :  con  la  edad  y  los  años  Jesús  crec'a  en  ciencia  experi- 
mental, su  cuerpo  se  desarrollaba  hasta  alcanzar  la  fuerza  y  proporciones 
del  hombre.  Y  su  ascendiente  con  los  hombres  era  cada  día  mayor.  Nótese 
también  el  tiempo  imperfecto,  que  emplea  el  evangelista,  para  indicar 
un  acción  continuada  y  progresiva.  El  desarrollo  físico  de  Jesús  se  ase- 
meja al  de  los  demás  hombres.  Fué  gradual  y  natural. 


LIBRO  II 
La  predicación  del  Señor 


CAPJTUi.O  I 
La  preparación 

(U.  c.  779/80  =  p.  X.  26/27) 


20.     La  predicación  de  Juan 


Mt  3,112 


^  P  o  r  aquel  tiempo 
aparece  Juan  el  Bau- 
tista predicando  en  el 
desierto  de  Judea  ^  y 
diciendo  :  "  Arrepen- 
tios, porque  ha  llega- 
do el  reino  de  los  cie- 
los. ^Este  es  aquel 
de  quien  habló  el  pro- 
feta Isaías  cuando 
dijo: 

Voz  del  que  clama 
[en  el  desierto: 
Preparad  el  c  am  i- 
[no  del  Señor, 
enderezad  sus  sende- 
[ros. 

'*  Juan  tenía  su  ves- 
tido de  pelos  de  ca- 
mello y  un  cinturón 
de  piel  en  torno  a  su 
cintura  :  s  u  alimento 
eran  langostas  y  miel 
silvestre.  ^  Venían  a 
él  de  Jerusalén  y  de 
toda  la  Judea   y  de 


Me.  1,1-8  Le  3,1-18 

^  Principio  ^  En  el  año  décimoquinto  del  rei- 

del  Evangelio  nado  de  Tiberio  César,  siendo  gober- 

de   Jesucristo,  nador  de  Judea  Poncio  Pilato,  tetrar- 

hijo  de  Dios,  ca   de  Galilea   Herodes;   Filipo,  su 

^  Como    está  hermano,  tetrarca  de  íturea  y  de  la 

escrito   en  Traconitides,  Lisania  tetrarca  de  Abi- 
el  p  r  o  f  e  t  a  i  lena,  ^  en  tiempo  de  los  sumos  sacer- 
Isaías:            ¡  dotes  Anás  y  Caifás,  fué  dirigida  en 
el  desierto  a  Juan,  hijo  de  IZacarías, 

He  aquí  que  la  palabra  de  Dios.  ^  Y  vino  por  to- 

/ yo  envío  de-  da  la  reqión  del  Jordán,  predicando 

[lanfe  de  Tí  un  bautismo  de  penitencia  para  el 

/ a  mi  mensa-  perdón  de  los  pecados.  *  como  está 

[ jero,  escrito  en  el  libro  de  los  discursos 

que  preparará  del  profeta  Isaías: 
[tu  camino. 

^  Voz  del  que  Voz  del  que  clama  en  el  dc- 

[ clama  en  el  [sierto: 

[desierto:  Preparad  el  camino  del  Señor, 

pr  e  parad  el  enderezad  sus  senderos, 

[camino   del  ^  Todo  valle  será  rellenado 

[Señor,  y  toda  montaña  y  colina  será  rc- 

haced  de  re-  [bajada, 

[  c  ho  s    sus  y  lo  tortuoso  se  hará  derecho, 

[senderos.  y  los  caminos  ásperos  serán  alla- 

[nados: 

*  Apa  r  c  c  i  ó  ^  y   toda   carne    verá   la   salud  de 

Juan  Bautista  [Dios. 


LA    PREDICACIÓN    DE  JUAN 


toda  la  región  junto 
al  Jordán,  y  eran 
bautizados  por  él  en 
el  rio  Jordán,  confe- 
sando sus  pecados. 

Viendo  a  muchos 
fariseos  y  saduccos 
que  venían  a  su  bau- 
tismo, les  dijo:  "Raza 
de  víboras,  ¿quien  os 
ha  enseñado  a  huir  de 
la  cólera  que  os  espe- 
ra? ®  Haced,  pues,  fru- 
to digno  de  peniten- 
cia, ®  y  no  penséis  que 
podéis  decir  a  vos  - 
otros  mismos  :  tene- 
mos por  padre  a 
Abraham.  Porque  yo 
os  aseguro  que  puede 
Dios  sacar  d  e  estas 
piedras  hijos  de  Abra- 
ham. "Ya  está  el  ha- 
cha aplicada  a  la  raíz 
de  los  árboles  :  todo 
árbol  que  no  produz- 
ca buen  fruto  va  a  ser 
cortado  y  arrojado  al 
fuego.  "  Yo  os  bauti- 
zo con  agua  para  la 
penitencia:  pero  el  que 
viene  detrás  de  mí,  es 
más  poderoso.  Yo  no 
soy  digno  de  llevarle 
las  sandalias:  él  os 
bautizará  en  Espíritu 
Santo  y  fuego:  "  en 
su  mano  tiene  el  biel- 
d  o  y  va  a  limpiar 
su  era;  reunirá  su  tri- 


bautizando  en 
el  de  s  i  e  r  to 
y  predicando 
u  n  bautismo 
de  penitencia 
para  e  1  per- 
dón de  los 
pecados.  '  Y 
todos  acudían 
a  él  de  Judea 
y  de  Jerusa- 
1  é  n  y  eran 
bau  t  i  z  a  d  os 
por  él  en  el 
río  Jordán, 
con  fes  ando 
sus  pecados. 
^  Juan  estaba 
con  un  vesti- 
do d  e  pelos 
I  de  camello  y 
i  con  un  cintu- 
j  rón  de  piel  en 
¡  torno  de  su 
cintura  y  co- 
mía langostas 
I  y  miel  silves- 
,  tre.  Y  predi- 
caba dicien  - 
do:  ''  "Viene 
i  detrás  d  e  mí 
quien  es  más 
poderoso  que 
yo,  aquel  an- 
te el  cual  no 
merezco  incli- 
narme para 
desatarle  1  a  s 
correas  de  sus 
zapatos.  ^  Yo 
os  he  bautiza- 
do con  agua, 


I    '  Decía,  pues,  a  las  turbas,  que  ve- 
i  nían  a  que  las  bautizara:  "Raza  de 
j  víboras,  ¿quién  os  ha  enseñado  a  huir 
I  de  la  cólera  que  os  espera?  *  Haced, 
pues,  frutos  dignos  de  penitencia:  y 
no  comencéis  a  decir  a  vosotros  mis- 
jmos:  tenemos  por  padre  a  Abraham: 
j  pues  yo  os  digo  que  Dios  puede  ha- 
¡  cer  salir  de  estas  piedras  hijos  de 
I  Abraham.  ^  Ya  está  el  hacha  aplica- 
ida  a  la  raíz  de  los  árboles.  Todo  ár- 
bol que  no  produzca  buen  fruto  va  a 
ser  cortado  y  arrojado  al  fuego." 

'"Preguntábanle  las  turbas:  "¿Pues 
i  qué  tenemos  que  hacer?"  "  Y  les  con- 
testó: "Quien  tenga  dos  túnicas,  dé 
una  a  quien  no  tiene  ninguna,  y  quien 
tenga  alimentos  haga  lo  mismo." 

Vinieron  también  publícanos  a  ha- 
cerse bautizar  y  le  dijeron:  "Maes- 
tro, ¿qué  tenemos  que  hacer?"  Y 
les  contestó:  "No  exijáis  nada  fuera 
de  lo  que  está  fijado."  "  Preguntá- 
ronle también  los  soldados:  "¿Y  nos- 
otros, qué  tenemos  que  hacer?"  Y  les 
dijo:  "No  hagáis  violencia  a  nadie, 
ni  hagáis  falsas  denuncias  y  conten- 
taos con  vuestra  paga." 

Como  el  pueblo  estuviese  en  ex- 
pectación y  todos  se  preguntasen  en 
su  interior  a  propósito  de  Juan  si  se- 
ría él  el  Mesías,  ^  dijo  Juan  a  todos: 
"Yo  os  bautizo  con  agua;  pero  vie- 
ne uno  que  es  más  poderoso  que  yo, 
a  quien  no  merezco  desatar  las  co- 
rreas de  sus  sandalias:  ése  os  bau- 
tizará en  Espíritu   Santo  y  fuego. 

Tiene  el  bieldo  en  su  mano  para 
limpiar  su  era  y  recoger  el  trigo  en 


Notas:   N.  20 

El  texto  de  San  Lucas,  que  omite  la  descripción  del  vestido  y  de  la 
comida  de  Juan,  es  el  más  comijieto  en  cuanto  al  momento  histórico  de 
su  aparición  y  aun  en  cuanto  al  contenido  de  su  predicación.  Es  el  único 
que  ha  conservado  los  consejos  especiales  que  daba  al  pueblo  (3,10.11),  a 
los  publícanos  (3,12.13)  y  a  los  soldados  (3,14).  El  texto  más  corto  es 
el  de  Marcos. 

Suponemos  que  Juan  empezó  a  predicar  en  el  otoño  del  año  26  de  la 
era  cristiana,  al  final  del  año  779  de  Roma,  como  hemos  indicado  en  la 
p.I  C.7  a.3, 


128 


LA  PREPARACIÓN 


go  en  el  granero  y  p  e  r  o  él  os  |  su  granero,  y  la  paja  la  quemará  en 
la  paja  la  quemará !  bautizará  e  n  fuego  inextinguible."  ^®  Exhortaba  a 
un  fuego  inextingui' I  Espíritu  San-  otras  muchas  cosas  y  evangelizaba 
ble."  i  to."  al  pueblo. 


21.    Bautismo  de  Jesús 


Mt  3,13-17 

"  Entonces  viene  Jesús  de  Galilea  al 
Jordán,  a  Juan,  para  ser  bautizado  por 
él.  "  Pero  Juan  intentaba  disuadirlo, 
diciendo:  "Yo  necesito  ser  bautizado 
por  ti,  y  ¿tú  vienes  a  mí?"  Jesús  res- 
pondió y  le  dijo:  "Déjame  hacer  aho- 
ra: porque  así  nos  conviene  cumplir 
toda  justicia."  Entonces  le  dejó.  Des- 
pués que  Jesús  fué  bautizado,  salió 
en  seguida  del  agua,  se  le  abrió  el 
cielo,  y  vió  bajar,  como  una  palo- 
ma, el  Espíritu  de  Dios,  y  posarse 
sobre  él.  ^'  Y  se  oyó  una  voz  que  de- 
cía desde  el  cielo:  "E^te  es  el  Hijo 
mió,  el  predilecto;  en  él  me  com- 
plazco." 


Me  1,9-11  I 

I 

*  P  o  r  aquellos  | 
días  vino  Jesús  ¡ 
desde  Nazareí ! 
de  Galilea  y  fué 
bau  t  i  zado  por' 
Juan  en  el  Jor- 
dán.    En  el  mo- 
mento de  salir 
del  agua  vió  el 
cielo  abierto  y  al 
Espíritu,  que  ba- 
jaba sobre  él,  co- 
mo una  paloma. 
"  Y  resonó  una 
voz  del  cielo: 
"Tú  eres  el  hijo 
mío,  el  predilec- 
to; en  ti  me  com- 
plazco." 


Le  3,21-22 

Y  suc  e  d  i  ó 
que,  después  que 
todo  el  pueblo  y 
Jesús  fueron  bau- 
t  i  zados,  cuando 
él  estaba  en  ora- 
ción, se  abrió  el 
cielo  ^y  bajó  el 
Espíritu  Santo 
sobre  él  en  for- 
ma sensible,  co- 
mo una  paloma, 
y  resonó  una  voz 
desde  el  c  i  e  1  o  : 
"Tú  eres  el  hijo 
mío,  el  predilec- 
to; en  ti  me  com- 
plazco." 


Notas:  N.  21 

Mt  3,15  Déjame  hacer,  lit.  deja.  Ha  suprimido  el  infinitivo  y  el  pro- 
nombre objeto  (Mt  3,15). 

Justicia  se  entiende  objetivamente,  lo  que  es  justo,  conforme  a  la  vo- 
luntad de  Dios. 

3.16  rj  ciclo :  Aít-Mc  usan  el  plural,  a  la  manera  hebrea.  Le  lo  pone  en 
singular. 

3.17  Me  complazco :  los  tres  Sinópticos  usan  el  aoristo,  me  he  com- 
placido. Ks  probable  que  el  aoristo  corresponda  aquí  al  pf.  estático  semita, 
que  puede  corresponder  al  presente.  Por  esto  traducimos  por  presente : 
me  complazco. 

A  falta  de  una  fecha  concreta  segura,  suponemos  que  el  bautismo 
sucedió,  siguiendo  la  liturgia  más  antigua,  el  6  de  enero  del  año  780  de 
Roma,  27  de  la  era  cristiana. 

El  lugar  debe  buscarse  entre  Jericó  y  el  mar  Muerto.  Aunque  Jn  1,28 
dice  que  Juan  Bautista  bautizaba  en  la  ribera  oriental  del  Jordán,  esta 
afirmación  se  refiere  directamente  al  tiempo  que  siguió  a  las  tentaciones 
y  al  que  precede  inmediatamente  a  la  vocación  de  los  primeros  discí- 
pulos. 

Por  los  Sinópticos  parece  más  probable  que  el  bautismo  del  Señor 
sucedió  en  la  ribera  occidental.  Ellos  hablan  del  desierto  de  Judea  como 
escenario  de  la  primera  predicación  de  Juan.  Los  peregrinos  más  anti- 
guos hablan  de  la  ribera  oriental,  -y  los  más  modernos,  de  h  occidental. 


EL   AYUNO  Y  TENTACIONES 


129 


22.    El  ayuno  y  las  tentaciones 
Mt  4,1-11  Me  1,12-13  Le  4,1-13 

^  Jesús,   lleno   d  e  1  Espíritu 


'  Entonces  Jesús  fué  condu- 
cido por  el  Espíritu  al  desier- 
to para  ser  tentado  por  el  dia- 
blo. ^  Ayunó  cuarenta  días  y 
cuarenta  noches  y  después  sin- 
tió hambre.  ^  Acercósele  el  ten- 
tador y  le  dijo:  "Si  eres  hijo 
de  Dios,  di  que  estas  piedras 
se  conviertan  en  panes." 
*  Mas  él  respondió  y  dijo:  "Es- 
crito está: 

No-  sólo  de  pan  vive  el 
[  Hombre, 

sino  de  cada  palabra  que  sa- 
lle de  la  boca  de  Dios" 

^  El  diablo  lo  lleva  entonces 
consigo  a  la  ciudad  santa,  lo 
pone  sobre  el   pináculo  del 


1,12-13 

12  Y 

pron- 
to el 
Espí- 
ritu 
le 
hizo 
salir 
para 
el 
de- 
sierto. 

13  Y 

estu- 
vo 
en 
el 
de- 


Santo,  se  volvió  del  Jordán  y 
fué  conducido  por  el  Espíritu 
al  desierto.  ^  Durante  cuarenta 
días  fué  tentado  por  el  diablo. 
No  comió  nada  en  aquellos 
días  y,  al  cabo  de  ellos,  sintió 
hambre.  ^  Di  jóle,  pues,  el  dia- 
blo: "Si  eres  hijo  de  Dios,  di 
a  esta  piedra  que  se  convierta 
en  pan."  *  Y  Jesús  le  respon- 
dió: 'Escrito  está  que  el  hom- 
bre no  vive  de  sólo  pan" 
^  Llevólo  después  a  lo  alto  y 
le  mostró  en  un  instante  todos 
los  reinos  de  la  tierra.  *^  Y  el 
diablo  le  dijo:  "Te  daré  todo 
el  poder  y  la  gloria  de  estos 


Notas:   N.  21 

En  este  lado  se  venera  una  capillita  levantada  por  los  PP.  Franciscanos 
en  recuerdo  del  bautismo  del  Señor.  Cf.  G.  PerrELLA^  /  Luoghi  Santi 
fPiacenza  1936)  pp.100-111;  Dorado,  p.404  n.276. 

N.  22 

La  narración  de  Me  es  muy  abreviada.  Por  ella  no  hubiéramos  sa- 
bido nada  más  que  el  hecho  general  de  las  tentaciones  y  de  la  adora- 
ción de  los  ángeles.  El  orden  de  las  tentaciones  no  es  el  mismo  en  Mt-Lc. 
Los  dos  convienen  en  poner  como  primera  la  del  pan  y  las  piedras,  pero 
difieren  en  el  orden  de  la  segunda  y  la  tercera:  Le  termina,  como  siem- 
pre, con  Jerusalén. 

El  ayuno  del  Señor  coincide  con  la  época  más  fría  y  lluviosa  del 
año.  Suponemos  que  fué  por  los  meses  de  enero  y  febrero.  Con  gran 
fundamento,  pues  poco  después  vino  la  Pascua.  Una  tradición  antigua 
señala  la  montaña  rocosa  de  la  Cuarentena,  que  se  levanta  a  98  metros 
sobre  el  nivel  del  ^Mediterráneo,  a  cuatro  kilómetros  al  noroeste  de 
Jericó. 

Mt  4,4  de  cada  palabra,  lit.  de  toda.  Pero  como  el  adjetivo  todo  ca- 
rece aquí  de  artículo,  tiene  sentido  distributivo,  que  es  el  que  da  nuestra 
traducción. 

Le  4,3  di  a  esta  piedra.  Mt  4,3  ha  generalizado,  usando  el  plural : 
estas  piedras.  Le  es  más  concreto.  Es  probable  que  el  diablo  se  refiriera 
a  alguna  piedra   en  particular,  que  estuviese  allí  delante. 

4,6  te  daré  todo  el  poder  y  la  gloria  de  estos  reinos.  Hemos  traducido 
el  sentido  del  texto,  aunque  no  la  letra  material,  que  es  un  tanto  embrolla.- 
da.  El  texto  de  Mt  es  más  limpio  en  este  caso. 


SINOPSIS  CONCOKPAPA 


5 


130 


LA  PREPARACIÓN 


templo  le  dice:  "Si  eres 
hijo  de  Dios,  échate  abajo, 
porque  escrito  está: 

El  dará  órdenes  a  sus  ánge- 
les en  favor  tuyo, 
y  te  tomarán  en  sus  manos 
para  que  tu  pie  no  tropiece  en 
una  piedra. 

'Jesús  le  decía:  "También 
está  escrito:  No  tentarás  al 
Señor,  tu  Dios." 

"  De  nuevo  lo  lleva  consigo 
el  diablo  a  un  monte  alto,  le 
muestra  todos  los  reinos  del 
mundo  y  la  gloria  de  ellos, 
'y  le  dice:  "Te  daré  todas  es- 
tas cosas  si,  postrado  en  tie- 
rra, me  adoras."  ^°  Jesús  le  di- 
ce entonces:  "Retírate,  Sata- 
nás, porque  escrito  está: 

Adorarás  al  Señor  tu  Dios 
y  a  él  solo  servirás." 

"  El  diablo  le  deja  enton- 
ces, se  acercaron  los  ángeles 
y  le  servían. 


sier- 
to 
cua- 
renta 
días 
tenta- 
do 
por 
Sata- 
nás. 
Y 
vivía 
con 
las 
fieras 

y 

los 
ánge- 
les 
le 
ser- 
vían. 


reinos,  pues  todo  me  ha  sido 
entregado  y  lo  doy  a  quien 
quiero.  '  Si,  pues,  tú  te  postras 
delante  de  mí,  todo  será  tu- 
yo." *  Jesús  respondió  y  le  di- 
jo: "Escrito  está:  Adorarás  al 
Señor,  tu  Dios,  y  a  él  solo 
servirás."  ^  Después  le  condu- 
jo a  Jerusalén,  le  puso  sobre 
el  pináculo  del  templo  y  le 
dijo:  "Si  eres  hijo  de  Dios, 
arrójate   desde   aquí  abajo, 

porque  escrito  está  que  dará 
órdenes  a  sus  ángeles  en  favor 
tuyo,  para  que  te  guarden 

y  te  tomarán  en  las  manos 
para  que  fu  pie  no  tropiece  en 
una  piedra."  "  Jesús  respondió 
y  le  dijo:  "Se  ha  dicho:  No 
tentarás  al  Señor,  tu  Dios." 

Agotada  toda  tentación,  el 
diablo  se  retiró  de  él  tempo- 
ralmente. 


23.     Embajada  de  los  judíos  al  Bautista 
Jn  1,19-28 

"  Y  éste  es  el  testimonio  de  Juan  cuando  los  judíos  le  enviaron  desde 
Jerusalén  sacerdotes  y  levitas  para  preguntarle:  "¿Quién  eres  tú?"  ^"Y  con- 
fesó y  no  negó  y  confesó:  "Yo  no  soy  el  Mesías."  "Y  le  preguntaron: 
'  Entonces,  ¿qué?  ¿Eres  tú  Elias  "  Y  respondió:  "No  .soy."  "¿Eres  tú  el  pro- 
feta?" Y  contestó:  "No."  ^Entonces  le  dijeron:  "¿Quién  eres,  para  que 
demos  una  respuesta  a  los  que  nos  han  enviado?  ¿Qué  dices  de  ti?"  Res- 
pondió: "Yo  soy  la  voz  del  que  clama  en  el  desierto:  enderezad  el  camino 
del  Señor,  como  dijo  el  profeta  Isaías." 

^Y  los  enviados  eran  de  los  fariseos.  ^.Preguntáronle:  "¿Pues  cómo 


Notas:  N.  22 

Le  4,13  Agotada  toda  tentación.  Toda  clase  de  tentación,  diversas 
clases  de  tentación.  Tal  vez  alguna  más  de  las  que  se  enumeran  expre- 
samente. ' 

Temporalmente,  lit.  usque  ad  tempus,  hasta  el  tiempo  oportuno.  Se  po- 
dría traducir  también :  hasta  su  tiempo.  Nuestra  traducción  expresa  bien 
la  idea  de  que  se  retiró  para  volver  de  nuevo.  Se  puede  sobrentender  fá- 
cilmente la  idea  de  que  volvió  en  el  tiempo  preciso  y  oportuno. 

N.  23 

Jn  1,22  de  ti :  no  traducimos  con  reflexivo,  porque  en  la  koiné  mu- 
chas veces  el  reflexivo  equivale  al  simple  pronombre  persona.1, 


131 


bautizas  si  tú  no  eres  el  Mesías,  ni  Elias,  ni  el  profeta?"  ^'  Juan  les  con- 
testó: "Yo  bautizo  con  agua;  en  medio  de  vosotros  está  el  que  vosotros 
no  conocéis,  "  el  que  viene  detrás  de  mi,  a  quien  yo  no  soy  digno  de  des- 
atar la  correa  de  su  sandalia."  ^  Estas  cosas  sucedieron  en  Betania,  al  otro 
lado  del  Jordán,  donde  Juan  bautizaba. 

24.     Juan  da  testimonio  de  Cristo 
Jn  1,29-34 

^Al  día  siguiente  ve  a  Jesús  que  viene  hacia  él  y  dice:  "He  aquí  el 
cordero  de  Dios,  el  que  quita  el  pecado  del  mundo.  ^  Este  es  de  quien  yo 
dije:  Detrás  de  mi  viene  un  hombre  que  es  más  que  yo,  porque  existía 
antes  que  yo.  ^  Y  yo  no  le  conocía,  pero  he  venido  a  bautizar  con  agua 
para  manifestarlo  a  Israel."  ^  Y  atestiguó  Juan  diciendo:  "Vi  al  Espíritu 
que  bajaba  como  una  paloma  del  cielo,  y  se  posó  sobre  él.  ^  Yo  no  le 
conocía,  pero  el  que  me  envió  a  bautizar  con  agua  me  dijo:  aquel  sobre 
quien  veas  bajar  el  Espíritu  y  permanecer  sobre  él,  ése  es  el  que  ha  de 
bautizar  en  el  Espíritu  Santo,  ^  Y  yo  lo  he  visto  y  atestiguo  que  él  es  el 
Hijo  de  Dios." 

25.     Los  primeros  discípulos  de  Jesús 
Jn  135-51 

Al  día  siguiente  estaba  nuevamente  Juan  con  dos  de  sus  discípulos, 
**y,  mirando  a  Jesús  que  pasaba,  dice:  "He  aquí  el  Cordero  de  Dios."  "Y 


Notas:  N.  23 

28  Betania.  Para  el  problema  crítico  textual  y  topográfico  de  esta 
localidad,  cf.  Dorado,  p.414  n.285.  Estamos  en  la  ribera  izquierda  del 
Jordán.  El  lugar  concreto  no  es  seguro.  En  todo  caso,  esta  Betania  deb-e 
distinguirse  de  la  patria  de  Lázaro  (11,18).  Luego  aludirá  el  evangelista 
a  este  sitio  (10,40). 

N.  24 

1.29  que  quita;  algunos  traducen :  que  toma  sobre  sí,  quita  tomando 
sobre  sí.  Desde  luego,  éste  es  el  sentido  de  la  alegoría.  Jesús  es  Cordero 
de  Dios,  en  cuanto  que  con  la  inmolación  de  sí  mismo  satisfará  por  el 
pecado  del  hombre.  Cf.  EE  24  (1950)  147-182;  VD  28  (1950)  98-109. 

1.30  es  más  que  yo,  lit.  devenit,  factus  est  coram  me,  ante  me.  Con 
sentido  de  excelencia,  prioridad  de  dignidad. 

Antes  que  yo,  protos  mou.  Positivo  con  sentido  comparativo.  Anterior 
a  mí  en  el  tiempo. 

1.34  atestiguo,  lit.  tengo  atestiguado,  he  atestiguado.  Perfecto.  Pro- 
bablemente traducción  servil  del  pf.  hebreo,  que  puede  tener  sentido  de 
presente. 

N.  25 

1.35  Con  dos.    Los  que  intervienen  en  la  escena,  aunque  hubiera  más. 


132 


los  dos  discípulos  que  lo  oyeron  hablar,  siguieron  a  Jesús.  *  Volvióse  Je- 
sús y,  viendo  que  le  seguían,  dice:  "¿Qué  deseáis?"  Ellos  le  dijeron:  "Rabbi, 
que,  traducido,  significa:  Maestro,  ¿dónde  moras?"  ®Díceles:  '  Venid  y 
veréis."  Fueron,  pues,  y  vieron  dónde  moraba  y  se  quedaron  con  él  aquel 
día.  Era  alrededor  de  la  hora  décima.  ^"Andrés,  el  hermano  de  Simón  Pe- 
dro, era  uno  de  los  dos  que  habían  oído  a  Juan  y  le  hablan  seguido.  *'  El 
encontró  primero  a  su  hermano  Simón  y  le  dijo:  "Hemos  encontrado  al 
Mesías",  que  se  interpreta  Ciisto.  Y  lo  llevó  a  Jesús. ^  Fijando  en  él  su 
mirada,*  dijo  Jesús:  "Tú  eres  Simón,  el  hijo  de  Juan;  tú  te  llamarás  Cefas", 
que  se  interpreta  Pedro. 

Al  día  siguiente  quiso  salir  para  Galilea  y  encontró  a  Felipe.  Y  Je- 
sús le  dice:  "Sigúeme."  '"Felipe  era  d^  Bctsaida,  la  ciudad  de  Pedro  y 
Andrés.  ''^Felipe  encuentra  a  Natanael  y  le  dice:  "Hemos  encontrado  a 
aquel  de  quien  escribió  Moisés  en  la  ley  y  los  profetas.  A  Jesús,  hijo  de 
José,  al  de  Nazaret."  Dícele  Natanael:  "¿De  Nazaret  puede  haber  algo 
bueno?"  Felipe  le  responde:  "Ven  y  ve."  Vió  Jesús  a  Natanael,  cuando 
venía  hacia  sí,  y  dice  de  él:  "He  aquí  un  verdadero  israelita,  sin  fraude." 

Dícele  Natanael:  "¿De  dónde  me  conoces?"  Jesús  le  respondió:  "Antes 
de  que  Felipe  te  llamase,  cuando  estabas  debajo  de  la  higuera,  te  vi." 
"Respondióle  Natanael:  "Rabbí,  tú  eres  el  Hijo  de  Dios;  tú  eres  el  rey 
de  Israel."  Jesús  respondió  y  le  dijo:  "¿Porque  te  dije  que  te  vi  debajo 
de  la  higuera  crees?  Verás  cosas  mayores  que  éstas."  "  Y  le  dice:  "En  ver- 
dad, en  verdad  os  digo,  veréis  el  cielo  abierto  y  a  los  ángeles  de  Dios  su- 
bir y  bajar  sobre  el  Hijo  del  hombre." 

26.    Las  bodas  de  Caná 
Jn  2,1-11 

^  El  tercer  día  se  celebró  una  boda  en  Caná  de  Galilea  y  asistía  la  m.a- 
dre  de  Jesús.  ^  Fué  también  invitado  Jesús  con  sus  di.scipulos  al  banquete. 

Y  como  faltase  el  vino,  dice  a  Jesús  su  madre:  "No  tienen  vino."  ''Y  Je- 
sús le  responde:  "¿Qué  a  mí  y  a  ti,  mujer?  Todavía  no  ha  llegado  mi  hora." 
^  Dice  su  madre  a  los  sirvientes:  "Haced  cualquier  cosa  que  os  dijere." 
*  Había  allí  puestas  seis  hidrias  de  piedra  para  las  purificaciones  de  los 

Notas:  N.  25 

1,38  ¿Qué  deseáis?,  lit.  buscáis,  porciue  el  hebreo  be'a  puede  signi- 
ficar buscar  y  desear  (2,23.27;  7,4).  Rabbi:  lit.  Maestro  mío. 

1,45    Al  de  Nazaret:  el  gr.  hace  resaltar  la  patria  de  Jesús. 

1,47  Sin  fraude,  lit.  en  el  cual  no  hay  fraude.  Locución  hebrea.  Frau- 
de, gr.  dolo,  el  cebo  que  se  echa  a  los  peces  para  cogerlos. 

N.  26 

2,1  La  Caná  del  Evangelio  se  sitúa  comúnmente  en  Kefer-Kenna,  a 
siete  kilómetros  al  norte  de  Nazaret.  Cf.  Dorado,  Frael.  B.  I  p.420-1 
n.290. 

Una  boda:  la  palabra  griega  puede  significar  también  banquete  de 
boda.  Y  éste  es  el  contenido  más  directo  del  texto.  Por  eso  en  2,2  tra- 
ducimos: Jesús  fué  invitado...  al  banquete. 

2,4  Para  el  sentido  de  las  palabras  de  Jesús,  cf.  A.  Ff.rnáxdez,  Vida 
de  J.  C.  pp. 135-138;  y  La  hora  de  Jesús,  la  hora  de  su  Alarde:  EE  26 
(1952)  147-168. 

2,6    hidrias,  como  significa  el  origen  griego  de  esta  palabra,  se  trata 


LA    PRIMERA  PASCUA 


133 


judíos,  con  capacidad  cada  una  para  dos  o  tres  metretas.  'Jesús  les  dice: 
"Llenad  las  hidrias  de  agua."  Y  las  llenaron  hasta  arriba.  les  dice: 
Sacad  ahora  y  llevad  al  maestresala."  Y  ellos  llevaron.  'Apenas  el  maes- 
tresala gustó  el  agua  convertida  en  vino,  sin  saber  de  dónde  era,  los  sir- 
vientes que  habían  sacado  el  agua,  sí  sabían,  llania  al  esposo  "y  le  dice: 
'  Todo  el  mundo  pone  primsro  el  buen  vino,  y,  cuando  ya  están  bebidos, 
el  peor.  Tú -has  guardado  el  buen  vino  hasta  ahora."  ''Éste  principio  dió 
Jesús  a  los  milagros  en  Caná  de  Galilea.  Y  mostró  su  gloria  y  creyeron 
en  él  sus  discípulos. 

27.     Breve  estancia  en  Cafar naúm 
Jn  2,12 

Después  bajó  a  Cafarnaúm  él  y  su  madre,  los  hermanos  y  sus  discí- 
pulos, pero  no  permanecieron  allí  muchos  días. 

CAPITULO  II 
El  primer  año 

(U.  c.  780-781  =  p.  X.  27-28) 

28.     La  primera  Pascua 
Jn  2,13 

Pues  estaba  cerca  la  Pascua  de  los  judíos  y  subió  Jesús  a  Jerusalén. 
Notas:   N.  26 

de  una  vasija  para  el  agua.  Estas  del  Evangelio  eran  de  piedra  y  no  de 
barro,  como  nuestros  cántaros.  La  metreta  era  una  medida  griega  para 
líquidos  =  1  bath  hebreo  =  c.40  litr. 

2,10    bebidos,  lit.  cuando  ya  están  ebrios. 

N.  27 

Bajó,  porque  Cafarnaúm  está  al  nivel  del  lago  de  Galilea,  que  queda 
a  unos  210  metros  por  debajo  del  nivel  medio  del  Mediterráneo.  Se 
identifica  con  Tell-Hum. 

Después,  lit.  después  de  esto,  fórmula  de  transición  corriente  en  San 
Juan. 

Los  hermanos,  con  la  ampHtud  del  término  hebreo  correspondiente, 
se  podía  traducir  en  nuestro  lenguaje  por  parientes,  primos.  Un  mismo 
término  puede  significar  en  hebreo  diversos  grados  de  parentesco,  v.gr., 
hermano  y  primo  hermano.  El  grado  exacto  de  parentesco  de  estos  pa- 
rientes no.  es  fácil  determinarlo  con  los  datos  que  tenemos.  Una  cosa  es 
cierta:  que  no  eran  hijos  de  la  Virgen.  Tampoco  eran  hijos  de  San  José 
en  un  primer  matrimonio.  Debían  ser  sobrinos  suyos. 
N.  28  ^ 

La  primera  Pascua  de  la  vida  pública  debió  de  ser  la  del  año  27  de  la 
era  cristiana,  780  de  la  fundación  de  Roma.  Así  vimos  que  se  deducía 
de  los  sincronismos  que  pone  San  Lucas. 

La  observación  de  los  judíos,  cuando  dicen  que  hace  cuarenta  y  seis 


Ij>4  EL    PKiM£R  ANO 


29. 

Mt  21,1213 

"  Entró  Jesús  e  n 
el  templo  y  arrojó  a 
todos  los  que  ven- 
cí i  a  n  y  compraban 
en  él  y  echó  por  tie- 
rra las  mesas  de  los 
cambistas  y  los  pues- 
tos de  los  vendedo- 
res de  palomas.  "  Y 
les  dijo:  "Está  escri- 
to: mi  casa  será  casa 
d  e  oración,  y  vos- 
otros hacéis  de  ella 
cueva  de  ladrones." 


Expulsión  de  los  vendedores 
Me  ll,15b-17 

Y  como  entrase  en   el  templo, 
comenzó  a  echar  fuera  a  los  que  ! 
vendían  y  compraban  en  él  y  vol- 
có  las   mesas   de   los   cambistas  y 
los  puestos  de  los  que  vendían  las  ' 
palom-as,     y  no  permitía  que  nadie 

I  llevase  objetos  por  el  templo.  ^'  Y 
enseñaba  y  les  decía:  "¿No  está  es- 
crito: mi  casa  será  considerada  co- 
mo casa  de  oración  para  todas  las 

\  gentes?  Y  vosotros  la  habéis  conver- 

!  tido  en  cueva  de  ladrones." 


Le  19,45-46 

Y  entran- 
do en  el  tem- 
plo comenzó  a 
echar  fuera  a 
los  vendedores. 
''^  y  les  dijo: 
'Está  escrito  : 
y  mi  casa  será 
casa  de  ora- 
ción, pero  vos- 
otros la  habéis 
convertido  e  n 
cueva  de  la- 
drones." 


Jn  2,14-22 

Y  encontró  en  el  templo  a  los  vendedores  de  bueyes,  ovejas  y  pa- 
lomas y  a  los  cambistas  sentados.  ^  Y,  haciendo  un  látigo  de  cuerdas,  los 
arrojó  a  todos  del  templo,  a  las  ovejas  y  a  los  bueyes,  y  esparció  el  di- 
nero de  los  cambistas  y  volcó  las  mesas,  y  a  los  que  vendían  palomas 
les  dijo:  "Quitad  esto  de  aquí;  no  convirtáis  la  casa  de  mi  Padre  en  casa 
de  contratación,"  ^'  Los  discípulos  se  acordaron  de  lo  que  está  escrito:  El 
celo  de  tu  casa  me  devora.  Entonces  dijeron  los  judíos:  "¿Qué  señal  nos 
das  para  proceder  así?"  "Jesús  les  respondió:  "Deshaced  este  templo  y  en 
tres  días  lo  levantaré."  '"Dijéronle  los  judíos:  "En  cuarenta  y  seis  años 
se  edificó  es^e  templo,  ¿y  tú  lo  vas  a  levantar  en  tres  días?"  Mas  él  ha- 
blaba del  templo  de  su  cuerpo.  ^  Cuando  resucitó  de  entre  los  muertos,  se 
acordaron  sus  discípulos  que  había  dicho  esto  y  creyeron  a  la  Escritura  y 
en  la  palabra  que  había  dicho  Jesús. 


Notas:  N.  28 

años  que  se  empezó  a  reconstruir  el  templo  (Jn  2,20),  nos  lleva  a  la  mis- 
ma conclusión. 

Herodes,  por  los  datos  de  Josefo  Flavio,  empezó  la  reconstrucción 
cl  año  18  de  su  reinado,  esto  es,  el  735-6  de  Roma  (=  20-19  a.X).  El 
año  46  se  cumple  en  el  780-81  (=  27-8),  según  que  se  considere  completo 
o  incompleto.  Cf.  Dorado,  p.366  n.247. 

La  Pascua  del  año  27,  según  los  cálculos  de  SchaumbERGER  (VD  12 
I1933J  109),  cayó  en  el  10  de  abril  (14  Nisán).  El  Señor  pudo  salir  de  Ca- 
farnaúm  a  principios  de  abril  o  fines  de  marzo.  Muchos  solían  llegar  an- 
tes de  la  fiesta  (Jn  11,55-56). 

N.  29 

Siguiendo  la  sinopsis  de  Lagrange-Lavergne,  consideramos  paralela  a 
la  de  San  Juan  la  expulsión  de  los  vendedores,  que  ponen  los  Sinópticos 
al  final.  Esto  nos  parece  más  probable.  Las  razones  que  a  ellos  nos  mue- 
ven son  las  siguientes : 

1.*    Al  principio  del  ministerio  existió  ciertamente  una  expulsión,  por- 


135 


30.     Los  primeros  creyentes  de  Jerusalén 
Jn  2,23-25 

"  Durante  su  estancia  en  Jerusalén  por  la  Pascua,  en  la  fiesta,  muchos 
creyeron  en  él   viendo  los  milagros  que  hacía.     Jesús,  en  cambio,  que  los 


Notas:  N  29 

que  así  lo  dice  expresamente  San  Juan,  que  es  siempre  muy  preciso  y 
cronológico. 

2.  *  Los  Sinópticos  no  han  podido  contar  esta  expulsión  del  principio, 
porque  sistemáticamente  han  omitido  todo  ministerio  en  Jerusalén  hasta 
que  llega  la  entrada  solemne  de  Ramos. 

3.  *  La  pequeña  diversidad  de  datos  que  existe  entre  la  narración  de 
San  Juan  y  la  de  los  Sinópticos  se  explica  por  la  manera  propia  de  narrar 
cada  uno,  y  no  es  mayor  que  la  que  existe,  por  ejemplo,  en  la  primera 
multiplicación  de  los  panes,  que  narran  los  cuatro  evangelistas. 

4.  *  El  hecho  de  que  San  Juan  haya  narrado  la  expulsión,  habiendo 
narrado  ya  los  tres  primeros  otro  caso  parecido,  dado  su  sistema  de  no 
repetir  lo  oue  ellos  han  tocado,  se  expUca  mej.or,  si  es  que  ha  que- 
rido precisar  el  momento  histórico. 

5.  *  En  la  narración  de  los  Sinópticos  existen  indicios  de  que,  aunque 
el  hecho  lo  cuentan  al  final,  noi  le  dan  ese  marco  histórico.  Si  se  toma 
a  la  letra  San  Mateo,  habría  que  decir  que  la  expulsión  tuvo  lugar  el 
mismo  domingo.  Compárese  21,12.17.  La  salida  de  Jerusalén  la  pone  des- 
pués de  la  expulsión.  Marcos,  en  cambio,  la  pone  expresamente  en  el 
lunes,  después  de  la  maldición  de  la  higuera  (Me  11,12.15).  Por  otro  lado, 
la  expulsión  en  los  Sinópticos  no  es  la  que  provoca  conflicto  con  los  ju- 
díos. Las  quejas  de  éstos  obedecen  a  los  hosannas  de  los  niños  (Mt  21,16), 

No  se  puede  argüir  con  San  Marcos  11,12,  como  si  él  expresamente 
dijera  que  la  expulsión  sucedió  el  lunes  santo,  porque  este  verso  puede 
referirse  solamente  a  la  maldición  de  la  higuera.  El  principio  de  la  na- 
rración de  la  expulsión  no  obHga  a  ligarlo  cronológicamente  con  los  he- 
chos del  lunes  santo.  Puede  ser  nada  más  que  una  unión  literaria.  Y  ésta 
es  la  impresión  que  hace  la  narración  de  los  tres  vSinópticos.  Un  hecho 
que  sucedió  en  el  templo  y  lo  cuentan  cuando  tratan  la  última  estancia 
de  Jesús,  aunque  el  hecho  tuvo  lugar  antes.  Cf.  Dorado,  p.813  n.608.  para 
ver  la  historia  del  problema  y  sus  soluciones. 

N.  30 

2.23  Por  la  Pascua,  en  la  fiesta.  Nótese  cóm.o  San  Juan  designa  la 
Pascua  como  la  fiesta  por  antonomasia.  Por  esto,  no  sería  enteramente 
exacta  la  traducción  ordinaria :  en  la  fiesta  de  la  Pascua.  En  esta  traduc- 
ción la  Pascua  determina  la  fiesta.  Y  en  el  texto  de  San  Juan  la  Pascua 
queda  determinada  como  la  fiesta. 

Bn  él,  lit.  en  su  nombre.  La  palabra  nombre  en  hebreo  sustituye  mu- 
chas veces  a  nuestro  pronombre  personal. 

Los  milagros  que  hacía :  lit.  viendo  sus  milagros  que  hacía. 

2.24  No  se  confiaba  a  ellos.  El  sentido  del  Crisóstomo  es  el  más 
aceptable :  Veía  que  no  estaban  plenamente  preparados  para  entregarles 
todo  el  secreto  de  su  per.sona  y  doctrina,  ^abia  pedagogía  que  irá  ens§- 
ñando  gradualm.ente; 


136 


EL   PRIMER  AÑO 


conocía  a  todos,  no  se  confiaba  a  ellos.  ^  Y  él  no  tenía  necesidad  que  le 
informasen  de  las  personas,  porque  por  sí  sabía  lo  que  había  en  el  hombre. 

31.     Coloquio  con  ISicodemo 
Jn  3,1-21 

*  Había  entre  los  fariseos  uno,  magistrado  de  los  judíos,  que  se  llamaba 
Nicodemo.  "Este  vino  a  él  de  noche  y  le  dijo.-  "Rabbí,  sabemos  que  has 
venido  de  Dios  como  maestro,  porque  ninguno  puede  hacer  estos  milagros 
que  tú  haces  si  Dios  no  estuviere  con  él."  ^  Jesús  respondió  y  le  dijo:  "En 
verdad,  en  verdad  te  digo  que  quien  no  naciere  de  nuevo,  no  puede  ver  el 
reino  de  Dios."  ^  Dícele  Nicodemo:  "¿Cómo  puede  nacer  uno  que  es  an- 
ciano? ¿Por  ventura  puede  entrar  de  nuevo  en  el  seno  de  su  madre  y  na- 
cer?" ''Jesús  respondió:  "Quien  no  naciere  por  agua  y  Espíritu,  no  puede 
entrar  en  el  reino  de  Dios.  Lo  que  ha  nacido  de  la  carne,  carne  es;  lo  que 
ha  nacido  del  Espíritu,  espíritu  es.  ^  No  extrañes  que  te  dijera:  Os  con- 
viene nacer  de  nuevo.  ^  El  viento  sopla  donde  quiere.  Tú  oyes  su  ruido, 
pero  no  sabes  de  dónde  viene  y  adónde  va.  Así  es  todo  el  que  ha  nacido 
del  Espíritu."  *  Respondió  Nicodemo  y  le  dijo:  "¿Cómo  pueden  suceder 
estas  cosas?"  Jesús  respondió  y  le  dijo:  "¿Tú  eres  maestro  de  Israel  y  no 
conoces  estas  cosas?"  "  En  verdad,  en  verdad  te  digo  que  hablamos  lo  que 
sabemos  y  damos  testimonio  de  lo  que  hemos  visto,  pero  no  recibís  el  tes- 
timonio nuestro.     Si  os  he  hablado  cosas  de  la  tierra  y  no  creéis,  ¿cómo 


Notas:   N.  30 

2,25  Informasen  de  las  personas:  lit.  le  diesen  testimonio  sobre  el 
hombre. 

N.  31 

3.1    Magistrado :  lit.  uno  que  mandaba.  ■Miembro  del  sanedrín. 

3,3  De  nuevo.  La  palabra  griega  admite  también  el  sentido:  de  lo 
alto.  El  evangehsta  ha  dejado  impreciso  el  sentido,  probablemente  para 
dar  cabida  a  las  dos  ideas:  segundo  nacimiento  y  nacimiento  sobrena- 
tural. La  idea  que  recoge  Nicodemo  es  la  de  segundo  nacimiento.  Jesús, 
en  cambio,  insistirá  en  la  idea  de  nacimiento  sobrenatural,  espiritual, 
distinto  del  de  la  carne. 

3.5  ]\)r  agua  y  Espíritu.  Una  misma  preposición  {por,  ex)  afecta  a 
los  dos  substantivos,  porque  se  consideran  como  una  misma  causa  com- 
pleta. Por  expresa  la  idea  de  causa  y  suena  aquí  mejor  que  la  equiva- 
lente de. 

3.6  de  la  carne...  del  Espíritu.  La  prep.  de  indica  el  origen  causal. 
Es  también  traducción  más  literal. 

3.7  Os  conviene  con  sentido  de  necesidad,  como  se  deduce  de  3,5. 
El  verbo  griego  (dei)  puede  expresar  la  idea  de  mera  conveniencia  o 
de  necesidad. 

3.8  El  viento,  en  gr.  espíritu,  pneuma,  pero  en  sentido  material  de 
viento.  Al  final  del  verso,  pneuma  tiene  yá  sentido  .sobrenatural.  Por  esto 
Sf  traduce:  Espíritu. 

3,12  Cosas  de  la  fierra,  lit.  cosas  sobre  la  tierra,  terrenas,  que  pasan 
y  se  cumplen  en  la  tierra,  como  el  bautisnio  cristi?irio,  aunque  se?L  de  or- 
(J^P  sobrenaturnl  \-  de  1:t  íT'iria. 


MINISTERIO  EN  JUDEA  137 


creeréis  si  os  hablare  de  cosas  del  cielo?  "  Y  ninguno  ha  subido  al  cielo, 
sino  el  que  bajó  del  cielo,  el  Hijo  del  hombre. 

"  Y  como  Moisés  levantó  la  serpiente  en  el  desierto,  asi  es  necesario  que 
el  Hijo  del  hombre  sea  levantado,  para  que  todo  el  que  crea  tenga  en  él 
vida  eterna.  Porque  Dios  amó  al  mundo  de  tal  manera,  que  entregó  a 
su  Hijo  Unigénito,  para  que  codo  el  que  cree  en  él  no  perezca,  sino  que 
tenga  vida  eterna.  ^'  Porque  Dios  no  envió  el  Hijo  al  mundo  para  conde- 
nar al  mundo,  sino  para  que  el  mundo  se  salve  por  él.  Quien  cree  en  él 
no  se  condena,  pero  el  que  no  cree,  ya  está  condenado,  porque  no  cree  en 
el  Hijo  Unigénito  de  Dios.  *^Y  ésta  es  la  condenación:  que  la  luz  vino 
al  mundo  y  los  hombres  amaron  más  las  tinieblas  que  la  luz,  porque  sus 
obras  eran  malas.  -"Todo  v?l  que  hace  el  mal,  odia  la  luz  y  no  viene  a  la 
luz  para  que  no  sean  vituperadas  sus  obras.  Pero  el  que  obra  el  bien 
viene  a  la  luz  para  que  se  vea  que  sus  obras  están  hechas  conforme  a 
Dios," 

32.     Ministerio  en  Judea 
Jn  3,22 

Después  fué  Jesús  y  sus  discípulos  al  territorio  de  Judea  y  habitaba 
alli  con  ellos  y  bautizaba. 


Notas:   N.  31 

3,17  Para  condenar.  Krinó  puede  significar  juzgar  y  condenar.  Lue- 
go (3.19)  aparece  la  condenación,  lit.  crisis. 

3,21  Bl  bien,  lit.  la  verdad,  con  sentido  moral,  las  obras  hechas  con- 
forme a  la  verdad. 

N.  32 

Al  territorio,  lit.  a  la  tierra  de  Judea.  En  oposición  a  ciudad. 

Habitaba,  lit.  pasaba  el  tiempo.  Nótese  el  imperfecto  de  los  dos  ver- 
bos :  habitaba,  bautizaba,  que  indica  duración. 

El  Señor  estuvo  en  Jerusalén  durante  todo  el  tiempo  de  las  fiestas, 
Tal  vez  por  la  noche  3'a  empezó  a  refugiarse  en  el  Huerto.  No  sabemos 
cuándo  trabó  amistad  con  la  familia  de  Betania,  que  le  albergará  en  la 
última  semana. 

El  coloquio  con  Nicodemo  pudo  tener  lugar  durante  las  mismas  fies- 
tas. Si  lo  pone  después  el  evangelista  es  para  concretar  en  un  caso  par- 
ticular la  afirmación  general  de  que  muchos  creyeron  en  él,  mientras  es- 
tuvo en  la  fiesta  de  la  Pascua. 

Terminadas  las  fiestas,  se  dispersaba  la  masa  de  los  peregrinos.  Jesús 
se  iría  con  ellos  y  se  quedó  en  Judea.  Algunos  autores  le  hacen  reco- 
rrer el  sur  y  el  oeste  de  la  provincia,  Belén,  Hebrón,  Ain  Karim...  Lo 
natural  es  que  recorriera  el  territorio  que  le  había  preparado  su  pre- 
cursor. 

El  tiempo  que  duró  esta  campaña  no  se  puede  precisar  con  certeza. 
Los  celos  que  despierta  en  los  discípulos  de  Juan,  las  alarmas  de  los  ju- 
díos, el  hecho  de  que  no  se  marcha  hasta  después  que  es  encarcelado 
Juan,  y  los  imperfectos  de  duración  {habitaba,  bautizaba)  que  usa  el  evan- 
gelista, coinciden  con  los  cuatro  meses  que  faltan  para  la  siega,  cuando 
pasa  por  Samaría  (4,35).  Cf.  p.L*  c.6  a.2;  Dorado^  p.460  n.317. 


138 


'    El  primer  año 


33.     Lltimo  testimonio  de  Juan 
Jn  3,23^36 


Juan  bautizaba  también  en  Ainón,  cerca  de  Salím,  pues  allí  había 
mucha  agua  y  venían  y  se  bautizaban.  ^  Porque  Juan  todavía  no  había 
sido  encarcelado.  ^  Y  por  parte  de  los  discípulos  de  Juan  tuvo  lugar  una 
disputa  con  un  judío  sobre  el  bautismo.  Fueron  a  Juan  y  le  dijeron: 
"Rabbí,  aquél  que  estuvo  contigo  al  otro  lado  del  Jordán,  de  quien  has 
dado  testimonio,  ahora  éste  bautiza  y  todos  van  a  él.'  '"Respondió  Juan 
y  dijo:  "Nadie  puede  tomar  nada,  sí  no  le  fuere  dado  del  cielo.  ^Vosotros 
mismos  me  sois  testigos  de  que  dije:  Yo  no  soy  el  Cristo,  sino  que  soy 
enviado  delante  de  él.  ^  Esposo  es  el  que  posee  la  esposa,  pero  el  amigo 
del  esposo,  el  que  asiste  y  le  escucha,  se  alegra  mucho  con  la  voz  del  es- 
poso. Pues  esta  alegría  mía  se  ha  cumplido  ya-,  Aquél  debe  crecer  y  yo 
debo  disminuir. 

El  que  viene  de  lo  alto  está  por  encima  de  todos;  el  que  viene  de  la 
tierra,  es  de  la  tierra  y  habla  de  la  tierra.  El  que  viene  del  cíelo  está  por 
encima  de  todos.  Da  testimonio  de  lo  que  ha  visto  y  oído  y  ninguno 
acepta  su  testimonio.  El  que  acepta  su  testimonio  certifica  que  Dios  es 
veraz.  ^  Porque  aquel  a  quien  Dios  envía  habla  las  palabras  de  Dios,  pues 
le  da  el  espíritu  sin  medida.  ^  El  Padre  ama  al  Hijo  y  ha  puesto  en  sus 
manos  todas  las  cosas.  ^  El  que  cree  al  Hijo,  tiene  la  vida,  pero  el  que 
no  cree  al  Hijo,  no  verá  la  vida,  sino  que  la  ira  de  Dios  permanecerá  so- 
bre él." 


34.     Jesús  se  marcha  a  Galilea 


Mt  4,12-17 

Cuando  oyó  que  Juan  había  sido  en- 
tregado, se  retiró  a  Galilea,  "  y,  dejando 
a  Nazaret,  vino  a  habitar  en  Cafarnaúm, 
que  está  junto  al  mar,  en  los  términos  de 
(Zabulón  y  Neftalí,  "  para  que  se  cum- 
pliera lo  que  había  dicho  el  profeta  Isaías: 

Tierra  de  Zabulón  y  fierra  de  Neftali. 
camino  del  mar,  al  otro  lado  del  Jordán, 
Galilea  de  los  gentiles, 
^**e/  pueblo  sentado  en  tinieblas, 
vió  una  luz  grande. 


Me  1,14-15 

"  Después 
que  Juan 
fué  encar- 
celado, vino 
Jesús  a 
Galilea  a 
predicar  el 
Evangelio 
de  Dios  "  y 
decía:  El 
tiempo  se 
ha  cumplido. 


Le  4,14-15 

"  Jesús 
volvió 
por  la 
fuerza 
del  Es- 
píritu a 
Galilea, 
y  su 
fama  se 
extendió 
por 
toda 


Notas:  N.  33 

Este  testimonio  debió  darlo  Juan  a  fines  del  año  27.  Su  ministerio 
había  durado  un  año.  Estará  en  prisión  todo  el  año  28  y  morirá  antes 
de  la  Pascua  del  29. 

3,25  Con  un  judío,  lectura  dudosa.  Se.  esperaba  con  los  discípulos  de 
Jesús. 

3.33  Certifica,  lit.  sella. 

3.34  Sin  medida,  con  gran  largueza. 

3,36    La  vida,  lit.  vida.  Se  refiere  a  la  vida  concreta,  que  da  Jesús. 


COLOQUIO  CON  LA  SAMARITANA 


139 


y  para  aquellos  que  estaban  sentados  en 

la  región  y  sombra  de  la  muerte 
se  levantó  una  luz. 


está  ya 
presente 
el  reino  de 
Dios:  arre- 
pentios y  creed 
en  el  Evan- 
gelio." 


la  región. 

Enseña- 
ba en 


sus  sina- 


^'  Desde  entonces  comenzó  Jesús  a  pre- 
dicar y  a  decir:  "Arrepentios,  porque  el 
reino  de  los  cielos  ha  llegado." 


gogas, 
alabado 
de  todos. 


Jn  4,1-4 


^  Cuando  el  Señor  supo  que  los  fariseos  estaban  enterados  de  que  Je- 
sús hacía  más  discípulos  y  bautizaba  más  que  Juan  ^ — aunque  Jesús  no 
bautizaba  por  sí  mismo,  sino  sus  discípulos — ■,  ^  abandonó  la  Judea  y  mar- 
chó de  nuevo  a  Galilea.  ^  Tenía  que  pasar  a  través  de  Samaría. 


"  Llega,  pues,  a  una  ciudad  de  Samaría  llamada  Sicar,  cerca  del  campo 
que  dió  Jacob  a  su  hijo  José,  ^  donde  había  también  un  pozo  de  Jacob. 
Jesús,  fatigado  por  el  camino,  estaba  sentado  así  sobre  el  pozo.  Era  alre- 
dedor de  la  hora  sexta.  Llega  una  mujer  de  Samaría  a  sacar  agua.  Jesús 
le  dice:  "Dame  de  beber."  ^  Sus  discípulos  se  habían  ido  a  la  ciudad  para 
comprar  de  comer.  ^  La  mujer  samaritana  le  responde:  "¿Cómo  tú,  siendo 
judío,  me  pides  de  beber  a  mí,  que  soy  mujer  samaritana?"  Porque  los  ju- 
díos no  tratan  con  los  samaritanos.     Jesús  respondió  y  le  dijo:  "Si  cono- 


Notas:  N.  34 

San  Juan  distingue  dos  viajes  de  Jesús  a  Galilea:  el  que  hizo  des- 
pués del  bautismo  y  el  que  hace  ahora.  Los  Sinópticos  solamente  men- 
cionan este  segundo,  después  que  Juan,  había  sido  encarcelado.  En  el  pri- 
mero, Juan  estaba  todavía' en  libertad  (Jn  3,24). 

Si  los  Sinópticos  señalan  el  tiempo  de  este  viaje,  el  cuarto  Evangelio 
señala  el  motivo.  Los  judíos  empezaban  a  alarmarse.  Cf.  Dorado,  p.452 
n.dlA.  Para  la  descripción  del  itinerario,  cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C. 
PP.148-15L182-183.  Desde  el  punto  de  vista  topográfico,  esta  Vida  es,  tal 
vez,  la  mejor. 

Cada  evangelista  propone  este  viaje  según  sus  maneras  propias  y  el 
plan  general  de  su  historia.  San  Juan  y  San  Lucas  nos  cuentan  algo  de 
lo  que  ocurrió  en  el  camino.  San  Juan  toca  lo  que  pasó  en  Samaría;  San 
Lucas,  lo  que  pasó  en  Nazaret.  San  Mateo  va  directamente  a  la  esencia 
del  viaje,  al  término  final,  y  nos  habla  de  Cafarnaúm.,  que  va  a  ser  el 
centro  de  la  predicación  en  GaHlea.  Pero  antes  de  llegar  allí,  se  ve,  tanto 
por  Marcos  como  por  Lucas  que  fué  evangelizando  las  ciudades  de  paso 
y  predicando  en  sus  sinagogas. 

Hubo  tres  episodios  especiales,  que  conocemos  por  Juan  y  Lucas, 


4,6  Así,  sencilla  y  humanamente,  como  cayó.  (Crisóstomo.)  Sobre  la 
preposición  griega  admite  también  cerca,  junto  al. 

4,10    le  hubieras  pedido,  así  la  letra;  prop.  irreal  de  pasado. 


35.     Coloquio  con  la  samaritana 


Jn  4,5-38 


N.  35 


140 


EL    PRIMER  AÑO 


cieses  el  don  de  Dios  y  quién  es  el  que  te  dice:  Dame  de  beber,  tú  le  hu- 
bieras pedido  a  él  y  te  habria  dado  agua  viva."  "La  mujer  le  dice:  "Se- 
ñor, no  tienes  cubo,  y  el  pozo  es  profundo,  ¿de  dónde  sacas  el  agua  viva? 
' '  ¿Acaso  tú  eres  más  que  nuestro  padre  Jacob,  el  cual  nos  dió  el  pozo,  de 
donde  bebió  él  y  sus  hijos  y  sus  ganados?"  "Jesús  respondió  y  le  dijo: 
"Todo  el  que  bebe  de  esta  agua,  tendrá  otra  vez  sed;  "  pero  el  que  be- 
biere del  agua  que  yo  le  daré,  nunca  en  adelante  tendrá  sed,  sino  que  el 
agua  que  yo  le  daré  se  hará  en  él  una  fuente  que  salta  hasta  la  vida 
eterna."  La  mujer  le  responde:  "Señor,  dame  esta  agua,  para  que  no  ten- 
ga sed  ni  siga  viniendo  aquí  a  sacarla."  ^®  Respóndele:  "Anda,  llama  a  tu 
marido  y  vuelve  aquí."  "Respondió  la  mujer  y  le  dijo:  "No  tengo  ma- 
rido." Jesús  le  contesta:  "Has  dicho  bien  que  no  tengo  marido:  porque 
has  tenido  cinco  y  el  que  tienes  ahora  no  es  tu  marido.  En  esto  has  dicho 
verdad."  Respóndele  la  mujer:  "Señor,  veo  que  tú  eres  un  profeta.  ^Nues- 
tros padres  adoraron  en  este  monte  y  vosotros  decís  que  el  lugar  donde 
se  debe  adorar  está  en  Jerusalén."  ^  Jesús  le  dice:  "Créeme  a  mí,  mujer: 
llega  el  tiempo  en  que  ni  en  este  monte  ni  en  Jerusalén  adoraréis  al  Padre. 
"  Vosotros  adoráis  lo  que  no  conocéis;  nosotros  adoramos  lo  que  conoce- 
mos, pues  la  salvación  vendrá  de  los  judíos.  '^^  Pero  llegará  un  tiempo,  y 
ahora  llega,  en  que  los  verdaderos  adoradores  adorarán  al  Padre  en  espí- 
ritu y  verdad,  porque  éstos  son  los  que  el  Padre  desea  que  le  adoren. 
^  Dios  es  espíritu  y  los  que  le  adoran  deben  adorar  en  espíritu  y  verdad." 
^  Respóndele  la  mujer:  "Sé  que  viene  el  Mesías,  el  llamado  Cristo.  Cuan- 
do él  venga,  nos  dirá  todas  las  cosas."  *  Jesús  le  dice:  "Yo  soy,  el  que 
hablo  contigo." 

^  Y  en  esto  llegaron  sus  discípulos  y  se  admiraban  de  que  hablase  con 
una  mujer.  Sin  embargo,  ninguno  dijo:  ¿Qué  deseas  o  hablas  con  ella? 
^  La  mujer,  por  su  parte,  dejó  su  cántaro  y  marchó  a  la  ciudad  y  dijo  a 
la  gente:  "Venid  a  ver  un  hombre  que  me  ha  dicho  cuanto  he  hecho. 
¿Acaso  es  éste  el  Cristo?"  ^  Salieron  de  la  ciudad  e  iban  a  él.  *  Entre 
tanto,  los  discípulos  le  rogaban  y  decían:  "Rabbí,  come."  ^  Pero  él  les 
respondió:  "Yo  tengo  por  comida  un  alimento  que  vosotros  no  conocéis." 
^■^  Los  discípulos  se  decían  entre  sí:  "¿Por  ventura  alguien  le  ha  traído  de 
comer?"  Jesús  les  dijo:  "Mi  alimento  es  hacer  la  voluntad  del  que  me 
ha  enviado  y  acabar  su  obra.  *  ¿No  decís  vosotros  que  todavía  faltan 
cuatro  meses  mientras  llega  la  siega?  Yo  os  digo:  levantad  los  ojos  y  con- 
templad los  campos,  que  ya  están  blancos  para  la  siega.  ^  El  segador  re- 
cibe un  salario  y  recoge  fruto  para  la  vida  eterna.  Así  se  alegra  lo  mismo 
el  sembrador  que  el  segador.  ^  Porque  en  esto  se  cumple  el  proverbio: 


Notas:  N.  35 

4,14  Nunca  en  adelante,  non...  in  aeternum,  frase  hcbr.  aram,  que  co- 
rresponde a    nusquam  in  posterum,  nunca  en  adelante. 

4J5  Los  verbos  tener  sed,  venir  están  en  presente  para  indicar  la  re- 
petición o  continuación  de  actos:  para  que  no  siga  viniendo  y  teniendo 
sed.  Sacarla  también  está  en  inf.  pres.,  que  indica  igualmente  la  repeti- 
ción del  acto. 

4.22  vendrá,  Ht.  es  con  sentido  futuro. 

4.23  llegará,  lit.  llega,  presente  de  fut.  está  para  llegar.  Bu  espíritu  y 
verdad,  una  misma  preposición  {en)  para  los  dos  substantivos,  que  for- 
man un  todo. 

4,35  Mientras,  lit.  y.  Pero  la  coordimitiva  tiene  aquí  sentido  de  subor- 
dinación. 


141 


Uno  es  el  sembrador  y  otro  el  segador.  *  Yo  os  envié  a  segar  lo  que 
vosotros  no  habéis  trabajado.  Otros  han  trabajado  y  vosotros  habéis  en- 
trado en  su  trabajo.' 

36.     Estancia  entre  los  samaritanos  y  llegada  a  Galilea 

Jn  4,39-45 

*  Muchos  de  las  samaritanos  de  aquella  ciudad  creyeron  en  él,  por  el 
testimonio  de  la  m.ujer,  que  decía:  Me  ha  dicho  todas  las  cosas  que  he 
hecho.  Cuando  los  samaritanos  llegaron  a  él.  le  rogaban  se  quedase  con 
ellos.  Y  se  quedó  allí  dos  días.  *^  Todavía  creyeron  muchos  más  por  su 
palabra,  *' y  a  la  mujer  le  decían:  "Ya  no  creemos  por  tus  palabras.  Por- 
que nosotros  mismos  hemos  oído  y  sabemos  que  él  es  verdaderam.ente  el 
Salvador  del  mundo." 

^'  Y,  después  de  los  dos  días,  salió  de  allí  para  Galilea.  Porque  el 
mismo  Jesús  dió  testimonio  de  que  un  profeta  no  es  honrado  en  su  patria. 
^  Cuando  llegó,  pues,  a  Galilea,  fué  recibido  por  los  galileos,  que  habían 
visto  todas  las  cosas  que  hizo  en  Jerusalén,  en  la  fiesta,  porque  también 
ellos  estuvieron  en  ella. 

37.     Primera  predicación  en  iSazaret 
Le  4,16-22 

"  Y  vino  a  Narazct,  donde  se  había  criado,  y  entró  en  la  sinagoga,  se- 
gún costumbre  suya  en  el  día  de  sábado,  y  se  levantó  para  leer.  ^'  Le  en- 


Notas:   N.  36 

4.40  le  rogaban,  imperf.  de  insistencia. 

4.41  Todavía,  lit.  y.  Por  tus  palabras,  lit.  por  tu  habla,  conversacióp. 

4.43  los  dos  días,  el  art.  remite  al  v.40,  donde  anunció  ya  que  se  que- 
dó dos  días. 

4.44  Es  un  verso  condensado,  y  que  sólo  se  entiende  recordando  h-> 
que  dicen  los  Sinópticos  sobre  la  conducta  de  los  nazaretanos.  La  patria 
de  Jesús  hay  que  buscarla  en  el  territorio  judío,  en  oposición  al  territo- 
rio samaritano.  De  hecho,  Jesús  es  considerado  como  galilea  en  el  Evan- 
gelio. Esta  es  su  patria,  y  aquí  es  a  donde  ahora  viene. 

4.45  filé  recibido.  No  dice  el  evangelista  cómo  fué  recibido.  Por  los 
Sinópticos  sabemos  que  fué  un  recibimiento  egoísta  el  de  Nazaret.  No  de 
entrega  dócil,  como  el  de  los  samaritanos.  Llegó,  pues.  El  v.45  se  ur- 
al  43.  El  v.44  es  un  paréntesis.  El  porque  del  v.44  indica  una  causalidaíl 
literaria  más  que  lógica:  Salió  para  Galilea,  porque  allí  (en  Nazaret)  es 
donde  dijo...  San  Juan  supone  en  su  Evangelio  la  lectura  de  los  Sinóp- 
ticos. 

N.  37 

4,16  Vino  a  Nazaret.  Mt  4,13  alude  a  esta  primera  estancia  de  Jesús 
en  Nazaret.  La  menciona'  no  para  decir  que  ha  pasado  de  largo,  sin 
entrar  en  la  ciudad,  sino  para  hacer  constar  que  no  la  tomó  como  sede 
de  su  ministerio,  y  que,  en  su  lugar,  tomó  como  base  la  ciudad  de  Ca- 


142 


EL    PRIMER  AÑO 


tregaron  el  libro  del  profeta  Isaías.  Lo  abrió  y  encontró  el  pasaje  en  que 
estaba  escrito: 

"  El  espíritu  del  Señor  sobre  mi.  Por  lo  cual  me  ha  ungido, 
me  ha  enviado  Dará  evangelizar  a  los  pobres, 
para  predicar  í»  los  cautivos  la  liberación 
y  a  los  ciegos  'a  curación, 
para  dar  libertpd  a  los  oprimidos, 
para  proclamar  el  año  de  gracia  del  Señor, 

^  Cerró  el  libro,  lo  dió  al  ministro  y  se  sentó.  Todos  los  de  la  sinagoga 
tenían  sus  ojos  fijos  en  él.  Y  él  comenzó  a  decirles:  "Hoy  se  ha  cum- 
plido esta  Escritura  ante  vuestra  vista."  "  Y  todos  le  alababan  y  admi- 
raban la  gracia  de  las  palabras  que  salían  de  su  boca  y  decían:  "¿No  es 
éste  hijo  de  José?" 

38.     Curación  del  hijo  del  régulo 
Jn  4,46-54 

Vino,  pues,  de  nuevo  a  Caná  de  Galilea,  donde  había  convertido  el 
agua  en  vino.  Y  había  un  cortesano  cuyo  hijo  estaba  enfermo  en  Cafar- 
naúm.     El  cual,  habiendo  oído  que  Jesús  había  vuelto  de  Judea  a  Galilea, 


Notas:   N.  37 

farnaúm.  Jn  4,44  también  parece  que  debe  interpretarse  en  este  sentido. 
De  Sicar  vino  a  Nazaret. 

El  hecho  de  que  San  Lucas  cuente  primero  la  estancia  en  Nazaret  y 
después  (4,31)  diga  que  bajó  a  Cafarnaúm  es  una  razón  fuerte  para  creer 
que  el  Señor  pasó  por  Nazaret  antes  de  bajar  al  Lago.  A  esta  primera 
visita  a  Nazaret  no  se  opone  el  que  San  Lucas  una  literariamente,  por 
razón  de  su  método  de  eliminación,  otra  escena  o  visita  posterior,  que  es 
la  que  reflejan  los  versículos  23-30.  Lo  que  sucedió  en  la  primera  visita 
está  bien  delimitado  literaria  y  lógicamente.  En  4,16-22  la  disposición  de 
los  oyentes  no  es  hostil,  sino  de  admiración.  En  la  segunda,  4.23-30,  la 
disposición  es  hostil,  y  ya  se  supone  que  Jesús  ha  estado  en  Cafarnaúm 
v  ha  obrado  allí  milagros.  Cf.  Dorado,  p.463  n.320;  Osty,  Saint  Liic  (Pa- 
rís 1948)  p.20  (Bible  Jérusalem). 

4.17  el  libro,  lit.  librito.  El  diminutivo  biblion,  por  el  uso,  ha  tomado 
sentido  de  positivo. 

4.18  curación,  lit.  recuperación  de  la  vista. 

4.20  Cerró  el  libro^  lit.  envolvió,  enrolló.  Aquellos  libros  eran  rollos 
de  pergamino  o  papiro.  Todos  los  de  la  sinagoga...  lit.  los  ojos  de  todos 
en  la  sinagoga  estaban  fijos  en  él. 

4.21  Ante  vuestra  vista,  lit.  en  vuestros  oídos.  En  el  A.  T.  .-íc  en- 
cuentra con  frecuencia  esta  locución  :  hablar  a  los  oídos,  que  puede  haber 
influido  en  el  estilo  de  Le.  Nosotros  hemos  preferido  traducirla  por  la 
equivalente  castellana,  porque  la  frase  literal  de  Le  no  suena  a  nuestro 
oído. 

4.22  Le  alababan,  lit.  daban  testimonio  a  él.  La  gracia  de  sus  pala- 
bras, lit.  las  palabras  de  la  gracia,  hebraísmo.  Las  palabras  graciosas, 
bellas. 


143 


vino  a  su  encuentro  y  le  suplicaba  que  bajase  y  curase  a  su  hijo;  porque 
estaba  para  morir.  ***  Dijole  Jesús:  "Si  no  veis  señales  y  prodigios,  no 
creéis."  Dícele  el  cortesano:  "Señor,  baja  antes  que  mi  niño  muera." 
^"Respondióle  Jesús:  "Vete,  tu  hijo  vive."  Creyó  el  hombre  la  palabra  que 
le  dijo  Jesús,  y  se  marchó.  ^'  Y  cuando  bajaba,  le  salieron  al  encuentro  sus 
siervos  para  decirle  que  su  hijo  vivía.  Les  preguntó  la  hora  en  que  co- 
menzó a  sentirse  mejor;  le  contestaron:  "Ayer,  a  la  hora  séptima,  le  dejó 
la  fiebre,"  "Conoció  entonces  el  padre  que  aquélla  era  la  hora  en  que 
le  dijo  Jesús:  "Tu  hijo  vive",  y  creyó  él  y  toda  su  casa.  "Este  fué  el 
segundo  milagro  que  hizo  Jesús  al  volver  de  Judea  a  Galilea. 


39.     Vocación  de 

Mt  4,18-22 

"  Caminando  junto  al  mar  de  Ga- 
lilea, vió  a  dos  hermanos,  a  Simón, 
llamado  Pedro,  y  a  Andrés,  su  her- 
mano, que  echaban  la  red  en  el  mar, 
pues  eran  pescadores,  "y  les  dice: 
"Venid  en  pos  de  mi,  y  os  haré  pes- 
cadores de  hombres."  °"  Y  ellos  al 
punto,  dejando  las  redes,  le  siguie- 
ron. Y  siguiendo  adelante  vió  a 
otros  dos  hermanos,  a  Santiago  hijo 
del  iZebedeo  y  a  su  hermano  Juan, 
que  estaban  componiendo  sus  redes 
en  la  barca  con  Zebedeo,  su  padre,  y 
los  llamó.  ^  Y  ellos,  dejando  al  pun- 
to la  barca  y  a  su  padre,  le  siguieron. 


cuatro  discípulos 
Me  1,16-20 

Pasando  junto  al  mar  de  Galilea, 
vió  a  Simón  y  a  Andrés,  hermano 
de  Simón,  que  estaban  echando  la 
red  en  el  mar,  pues  eran  pescado- 
res.. ^' Y  les  dijo  Jesús:  "Seguidme 
y  haré  que  seáis  pescadores  de  hom- 
bres." Y  al  momento  dejaron  las 
redes  y  le  siguieron.  "  Siguiendo  un 
poco  adelante,  vió  a  Santiago,  hijo 
del  Zebedeo,  y  a  Juan,  su  hermano, 
que  estaban  también  en  la  barca 
arreglando  las  redes,  °"  y  los  llamó 
en  seguida.  Y,  dejando  en  la  barca 
a  Zebedeo,  su  padre,  con  los  jornale- 
ros, le  siguieron. 


Notas:  N.  38 

Desde  que  ha  llegado  a  Samaría  está  el  Señor  en  plan  misionero. 
Ahora  en  Gahlea  va  predicando  en  las  sinagogas,  como  nos  dice  San 
Lucas.  Esto  será  todo  el  recorrido  hasta  que  llegue  a  Cafarnaúm.  Caná 
estaba  en  el  camino  de  Nazaret  al  Lago.  Es  una  prueba  más  de  que 
Jesús  ha  pasado  por  Nazaret  antes  de  bajar  al  Lago. 

N.  39 

Desde  antiguo  se  discute  si  la  pesca  milagrosa  de  que  habla  Le  5,1-11 
hay  que  unirla  o  no  a  esta  vocación.  Nosotros  preferimos  separarla,  por- 
que el  contexto  es  distinto  y  las  circunstancias  también.  En  la  narración 
de  la  pesca  no  hay  vocación  por  parte  de  Jesús,  sino  seguimiento  por 
parte  de  los  discípulos.  Ese  final  puede  haberlo  puesto  el  evangehsta  para 
indicar  que  con  el  milagro  de  la  pesca  se  confirmaron  en  el  seguimiento 
del  Maestro  o  para  recoger  con  una  frase  el  hecho  anterior  de  la  voca- 
ción, que  cuentan  Mt-Mc.  Para  la  historia  de  esta  cuestión,  cf .  Dora- 
do, p.465  n.322.  Para  las  diferencias  entre  la  narración  de  Mt-Mc  y  la 
de  Le,  cf.  GiRARD,  pp.78-79.  J.  Perck,  en  su  Synopsis  latina,  distingue 
también  ambas  narraciones. 


EL    PRIMER  AÑO 


40.     El  endemoniado  de  Cafarnaúm 


Me  1,21-28 

Y  fueron  a  Cafarnaúm:  y  desde  un 
principio  asistia  a  la  sinagoga  los  sá- 
bados y  se  ponía  a  enseñar.  "  Y  se  ma- 
ravillaban de  su  doctrina:  porque  les 
enseñaba  como  quien  tiene  autoridad  y 
no  como  los  escribas.  Y  pronto  se 
presentó  en  la  sinagoga  un  hombre  po- 
seído por  un  espíritu  inmundo,  *"*  y  co- 
menzó a  gritar:  "¿Qué  tenemos  que  ver 
contigo,  Jesús  de  Nazaret?  Has  venido 
a  perdernos.  Sé  que  tú  eres  el  Santo  de 
Dios."  ^  Y  Jesús  le  ordenó:  "Cállate  y 
.sal  de  él."  Y  el  espíritu  impuro  lo  de- 
rribó y,  gritando  fuertemente,  salió  de 
él.  Y  todos  se  espantaron  y  se  pre- 
guntaban unos  a  otros:  "¿Qué  es  esto? 
Una  predicación  nueva  hecha  con  auto- 
ridad. Manda  a  los  espíritus  inmundos 
y  le  obedecen."  ^  Y  su  fama  se  exten- 
dió en  seguida  por  todas  partes  en  toda 
la  comarca  de  Galilea. 


Le  4,31-37 

Y  bajó  a  Cafarnaúm,  ciudad 
de  Galilea.  Los  sábados  les  ense- 
ñaba. ^  Y  estaban  admirados  de 
su  enseñanza,  porque  hablaba  con 
autoridad.  ^  Se  encontraba  en  la 
sinagoga  un  hombre  que  tenia  es- 
píritu de  demonio  impuro,  y  em- 
pezó, a  gritar  con  gran  voz: 
^  "Eh,  ¿qué  tenemos  que  ver  tú  y 
yo,  Jesús  de  Nazaret?  ¿Has  veni- 
¡  do  a  perdernos?  Sé  quién  eres  tú, 
el  Santo  de  Dios."  *  Y  le  mandó 
Jesús:  "Cállate  y  sal  de  él."  El 
demonio  lo  arrojó  en  medio  y  sa- 
lió de  él  sin  hacerle  ningún  daño. 
^'  Todos  se  espantaron  y  se  decían 
unos  a  otros:  "¡Qué  palabra  es 
ésta!  Manda  con  autoridad  y  po- 
der a  los  espíritus  impuros  y  sa- 
len." ^  Y  su  fama  se  extendía  por 
todos  los  alrededores. 


41.     Curación  de  la  suegra  de  Pedro 


Mt  8,14-15 

Y  habien- 
do entrado  Je- 
sús en  la  casa 
d  e  Pedro,  en- 
contró  a  la 
suegra  de  él  en 
cama  y  con  fie- 
bre. "  Le  tomó 
la  mano,  y  la 
fiebre  la  dejó. 
Se  levantó  y  se 
puso  a  servirle. 


Me  1,29-31 

En  saliendo  de  la  sina- 
goga, vino  a  la  casa  de  Si- 
món y  de  Andrés  con  San- 
tiago y  Juan.  ^  La  suegra  de 
Simón  estaba  en  la  cama  con 
fiebre.  En  seguida  se  lo  di- 
jeron, *'  y  él,  acercándose  a 
ella,  la  cogió  por  la  mano  y 
la  levantó,  y  la  fiebre  des- 
apareció y  ella  se  pu.so  a 
servirles. 


Le  4,38-39 

'*  Salió  de  la  sinagoga  y 
entró  en  la  casa  de  Simón. 
La  suegra  de  Simón  sufría 
una  alta  fiebre,  e  interce- 
dieron con  él  en  su  fa- 
vor. ^  Vino  a  donde  ella  es- 
taba, mandó  con  energía  a 
la  fiebre,  y  la  fiebre  la  de- 
jó; s  e  levantó  inmediata- 
mente y  se  puso  a  servir- 
les. 


Notas:   N.  41 

San  Mateo,  siguiendo  su  método  de  concentración  sistemática,  retrasa 
este  milagro.  Pero  Mc-Lc  lo  ponen  a  la  salida  de  la  sinagoga,  de  que 
se  habla  en  el  n.40. 


PRKUICA   l'OR   TODA  ÜAI.IÍ.I'.A 


42.     Otras  curaciones  en  la  tarde  del  sábado 


Mt  8,16-17 

Per  la  t  a  r  d  e,  le 
presentaron  muchos  en- 
demoniados: y  arrojaba 
a  los  espíritus  con  su 
palabra  y  curó  a  todos 
los  enfermos;  para  que 
se  cumpliese  lo  que  ha- 
bía dicho  el  profeta 
Isaías: 

Él  tomó  nuestras  fla- 
quezas y  cargó  con 
nuestras  enfermedades. 


I  Me  1,32-34 

^  Por  la  tarde,  cuan- 
I  do  el  sol  se  puso,  le  lle^ 
j  varón  todos  los  enfer- 
j  mos  y  los  endemonia- 
dos. ^''Y  toda  la  ciudad 
estaba   agolpada   a   1  a 
puerta.     Y  curó  a  mu- 
chos  enfermos   d  e  di- 
versas enfermedades  y 
arrojó  a  muchos  demo- 
nios, y  no  les  permitía 
hablar,  porque  lo  cono- 
cían. 


Le  4,40-41 

Al  ponerse  el  sol, 
todos  los  que  tenían  en- 
f  e  r  m  o  s  con  diversos 
males,  se  los  llevaron, 
y  él,  imponiendo  sus 
manos  a  cada  uno,  los 
curaba.  Salían  tam- 
bién demonios  de  mu- 
chos, que  gritaban  :  'lú 
eres  el  Hijo  de  Dios." 
Pero  él  les  mandaba  y 
no  les  dejaba  hablar, 
porque  sabían  que  él 
era  el  Mesías. 


43.     Predica  por  toda  Galilea 


Mt  4,23  Me  1,35-39 

Y  reco-  Al  día  siguiente  por  la  mañana, 
rría  Jesús  to-  todavía  muy  de  noche,  se  levantó, 
da  1  a  Gali-  salió  y  se  fué  a  un  lugar  desierto  y 
lea,  '  enseñan-  allí  hacía  oración.  Simón  y  sus 
do  en  las  si-  compañeros  salieron  en  su  busca,  ^  y 
nagogas  y  cuando  lo  encontraron  le  dijeron  : 
predicando  la  "Todo  el  mundo  te  busca."  ^  Él  les 
buena  nueva '  respondió:  Varaos  a  otro  sitio,  a 
d  e  1  reino  y  !  las  aldeas  vecinas,  para  predicar  tam- 
curando  toda  j  blén  allí;  porque  para  eso  he  sali- 
enfermedad  y:  do."  ^' Y  se  fué  predicando  en  sus 
toda  dolencia  i  sinagogas  por  toda  Galilea  y  arro- 
en el  pueblo.  |  jando  los  demonios. 


Le  4,42-44 

*-  Cuando  fué  de  día 
salió  y  se  fué  a  un  lu- 
gar desierto  :  las  tur- 
bas le  buscaron  y  vi- 
nieron hasta  él  y  lo 
retenían  para  que  no 
se  les  fuera.  Mas  él 
les  dijo:  "Es  necesario 
que  evangelice  a  otras 
ciudades  el  reino  de 
Dios,  pues  para  eso  he 
sido  enviado."  **  Y 
predicaba  en  las  sina- 
gogas de  Judea. 


Notas:   N.  43 

i,os  tres  Sinópticos  convienen  en  que  Jesús  predica  por  toda  Galilea. 
Y  esta  predicación  fué  a  los  principios  del  ministerio.  Siguió  a  la  jor- 
nada del  sábado.  El  texto  griego  de  San  Lucas  lee  Judea  en  vez  de  Ga- 
lilea Es  la  lectura  crítica  más  probable.  Los  autores  generalmente  expli- 
can esta  palabra  aquí  en  el  sentido  general  de  tierra  de  Israel,  que  tiene 
con  relativa  frecuencia  en  Lucas  (cf.  7,17).  Esta  explicación  es  la  que  me- 
jor se  conforma  al  contexto  de  los  otros  dos  Sinópticos,  y  San  Lucas 
depende  aquí  claramente  de  Marcos. 

Otros  autores  la  toman  en  el  sentido  propio  de  Judea,  y  refieren  esta 
predicación  a  alguno  de  los  viajes  para  las  fiestas  en  Jerusalén.  Sería 
extraño  que  Lucas,  habiendo  nombrado  poco  antes  a  Gahlea  con  su  pro- 
pio nombre  (4,14.31),  ahora  la  nombre  con  este  término  general  de  Judea. 


146 


44.    La  pesca  milagrosa 
Le  5,M1 

^  Estaba  él  de  pie  junto  al  lago  Genesaret,  y  cuando  la  turba  se  le  echa- 
ba encima  para  oír  la  palabra  de  Dios,  ^  vió  dos  naves  paradas  junto  al 
Lago.  Los  pescadores  habían  salido  de  ellas  y  lavaban  las  redes.  ^  El  subió 
a  una  de  las  naves,  que  era  de  Simón,  y  le  rogó  que  navegase  un  poco. 
Y  sentado  desde  la  nave  enseñaba  a  la  turba,  *  Cuando  dejó  de  hablar,  dijo 
a  Simón:  'Navega  hacia  adentro  y  echad  vuestras  redes  para  pescar." 
'^Respondió  Simón  y  dijo:  "Maestro,  hemos  trabajado  toda  la  noche  y  nada 
hemos  cogido.  Confiado  en  tu  palabra,  "  echaré  las  redes."  Lo  hicieron 
y  cogieron  gran  cantidad  de  peces.  Sus  redes  casi  se  rompían,  '  e  hicieron 
señas  a  los  compañeros  de  la  otra  barca  para  que  viniesen  a  ayudarlos. 
Vinieron  y  llenaron  las  dos  barcas  tanto  que  se  hundían.  ®  Al  verlo,  Simón 
Pedro  se  arrodilló  delante  de  Jesús,  diciendo:  "Apártate  de  mí,  porque 
soy  un  hom.bre  pecador.  Señor."  Porque  un  estupor  se  había  apoderado 
de  él  y  de  los  que  con  él  estaban  por  los  peces  que  habían  cogido.  Y  lo 
mismo  Santiago  y  Juan,  hijos  del  IZebedeo,  que  eran  compañeros  de  Si- 
món. Jesús  dijo  a  Simón:  "No  temas,  desde  ahora  serás  pescador  de  hom- 
bres." "  Condujeron  las  naves  a  tierra,  dejaron  todas  las  cosas  y  lo  si- 
guieron. 


Notas:  N.  43 

Tal  vez  porque  el  contexto  exige  el  sentido  de  Galilea,  muchos  códices  mo- 
dificaron la  lectura.  Si  San  Lucas  se  refiere  realmente  a  la  Judea  pro- 
piamente tal,  es  posible  que  pensara  en  la  predicación  o  viaje  de  la  pró- 
xima Pascua  (Jn  5,1),  que  anuncia  por  anticipación. 

Es  uno  de  los  problemas  que  no  tienen  respuesta  segura  por  falta  de 
datos  suficientes. 

N.  44 

5,5  confiado  en  tu  palabra,  lit.  en  tu  palabra.  Pero  la  prep,  epi  con 
el  dat,  exige  un  verbo. 

5^6  casi  se  rompían,  ht.  se  rompían,  pero  el  impf.  de  conato  aquí  se 
puede  muy  bien  traducir  por  nuestro  casi  se  rompían. 

S,7  hicieron  señas  con  la  cabeza,  bajándola,  según  la  fuerza  del  verbo 
griego.  Se  hundían,  impf.  de  conato,  que  se  puede  también  traducir:  casi 
se  hundían,  se  empezaban  a  hundir. 

5,9  Por  los  peces,  lit.  por  la  pesca  de  los  peces,  la  cual  habían  co- 
gido. Pesca  tiene,  pues,  sentido  pasivo,  y  es  lo  mismo  que  los  peces  co- 
gidos. Peces  es  un  gen.  epexegético  y  de  redundancia. 

Si  el  Señor  no  sale  de  Galilea  en  la  excursión  misionera  anterior,  la 
pesca  se  puede  poner  a  su  vuelta  al  Lago.  Esto  es  lo  más  ordinario  en- 
tre los  autores.  vSi  la  palabra  Judea  de  Le  4,44  se  toma  en  su  sentido 
más  propio,  la  pesca  es  anterior  a  esa  salida  para  Judea,  que  el  evange- 
lista ha  anunciado  de  antemano. 

La  pesca  tuvo  lugar  ciertamente  a  los  principios,  pues  la  psicología 
de  San  Pedro  revela  un  estado  de  ánimo  todavía  incipiente. 

Obsérvese  cómo  San  Lucas  no  menciona  en  esta  narración  un  llama- 
miento (le  Jesús.  Solamente  declara  a  Pedro  lo  que  va  a  ser  su  futura 


147 


Mt  8,2-4 

-Y  he  aquí 
que,  acercán- 
dose un  lepro- 
s  o,  se  postra 
delante  de  él  y 
dice:  "Señor, 
si  quieres,  pue- 
d  e  s  curarme." 
^  Extendió  1  a 
mano,  le  tocó, 
y  dijo:  "Quie- 
ro, queda  cu- 
ra d  o."  Y  en 
segu  i  da  quedó 
curada  s  u  le- 
pra. '  Y  le  di- 
ce Jesús:  "Mi- 
ra, no  se  lo  di- 
gas a  nadie,  si- 
no vete,  presén- 
tate al  sacerdo- 
te y  lleva  1  a 
ofrenda  p  r  e  s- 
crita  por  Moi- 
sés para  que 
les  sirva  de  tes- 
timonio." 


45.    La  curación  del  leproso 

Me  1,40-45  Le  5,12-16 

^-Estaba  en  una  ciudad  y 


"•^Vino  a  él  un  leproso  y, 
poniéndose  de  rodillas,  le  su- 
plicaba diciendo:  "Si^^  quie- 
res, puedes  curarme."  "  Y 
movido  a  compasión,  exten- 
dió la  mano,  le  tocó  y  le  di- 
jo: "Quiero,  queda  cura- 
do." "^Y  al  momento  le  des- 
apareció la  lepra  y  quedó 
curado.  ''^  Y  lo  despidió  en 
seguida  con  imperio:  ^"¡Mi- 
ra, no  digas  nada  a  nadie, 
sino  vete,  preséntate  al  sacer- 
dote y  haz  por  tu  curación 
la  ofrenda  que  prescribió 
Moisés,  para  que  les  sirva 
de  testimonio!"  ^  Pero  él,  una 
vez  que  partió,  comenzó  a 
proclamarlo  muy  alto  y  a  di- 
vulgar el  suceso;  de  manera 
que  él  no  podía  entrar  pú- 
blicamente en  una  ciudad,  si- 
no que  se  quedaba  fuera  en 
los  parajes  desiertos,  y  ve- 
nían a  él  de  todas  partes. 


se  presentó  un  hombre  cu- 
bierto de  lepra:  al  ver  a  Je- 
sús, postró  su  rostro  y  le 
suplicó  diciendo:  "Señor,  si 
quieres,  puedes  curarme." 

Extendió  su  mano,  le  to- 
có y  dijo:  "Quiero,  queda 
curado."  Y  al  momento  le 
desapareció  1  a  lepra.  "  Le 
mandó  que  a  nadie  se  lo 
dijese:  "Vete,  preséntate  a- 
sacerdote,  y  haz  por  tu  cu- 
ración, como  lo  ordena  Moi- 
sés, una  ofrenda  que  les  sir- 
va de  testimonio."  Y  su 
fama  se  extendía  más  y  más 
y  venían  muchas  gentes  a 
oírle  y  a  que  los  curase  de 
sus  enfermedades.  ^®  Él,  por 
su  parte,  se  retiraba  a  los 
parajes  solitarios  y  hacía 
oración. 


Notas:  N.  44 

profesión.  Y  expone,  por  vía  de  hecho,  el  seguimiento  de  los  discípulos, 
que  puede  ser  una  alusión  literaria  a  un  hecho  anterior  al  que  cuentan 
Mt-Mc,  y  que  Le  ha  omitido. 

N.  45 

El  leproso  tenía  que  estar  fuera  de  la  ciudad.  Por  eso  el  Señor  tiene 
que  ir  de  camino  para  encontrarse  con  él.  Suponemos  que  este  viaje  del 
Señor  coincide  con  la  subida  a  Jerusalén  para  la  Pascua  próxima,  de  que 
nos  hablará  San  Juan. 

San  Mateo  ha  desp'lazado  este  suceso,  poniéndolo  después  del  ser- 
món del  Monte.  Los  que  toman  demasiado  literalmente  las  partículas  de 
Ai  ateo,  tienen  en  este  caso  un  ejemplo  claro  de  cómo  en  ellas  prevalece 
el  papel  Hterario  sobre  el  sentido  histórico.  Por  la  narración  de  Mateo 
hubiéramos  creído  que  la  curación  del  leproso  sucedió  inmediatamente 
después  del  sermón  del  Monte. 

El  lugar  donde  se  encontró  el  leproso  no  se  puede  determinar.  Pare- 
ce muy  probable  que  no  fué  cerca  de  Cafarnaúm  ni  en  los  alrededores 
del  I^ago,  sino  en  la  excursión  misionera  por  las  ciudades. 


EL  SEGUNDO  AÑO 


CAPI  TU  1,0  líl 
El  segundo  año 

(i;.  r.  781-782  ^  p.  X.  28  29) 

46.     Iai  segunda  Pascua 
)n  5,1 

Después  do  esto  vino  íla)  fiesta  de  los  judíos  y  subió  Jesús  a  Jerusalén. 

47.     La  cvravión  del  paralítico 

Jn  5,2-9a 

■  Hay  en  Jerusalén,  junto  a  la  puerta  de  las  ovejas,  una  piscina,  llama- 
da en  hebreo  Betesda,  que  tiene  cinco  pórticos.  ^  En  éstos  yacía  una  mul- 
titud de  enfermos,  ciegos,  cojos,  paralíticos,  que  esperaban  el  movimiento 
del  agua.  *  Pues  un  ángel  bajaba  de  tiempo  en  tiempo  a  la  piscina  y  agi- 
taba el  agua,  y  el  primero  que  entraba  en  ella,  después  que  había  sido  re- 
movida, quedaba  curado  de  cualquier  enfermedad  que  tuviese.  Había  allí 
un  hombre  enfermo  desde  hacía  treinta  y  ocho  años.  ®  Violo  Jesús  acos- 
tado, y  sabiendo  que  llevaba  enfermo  mucho  tiempo,  le  dijo:  "¿Quieres  cu- 
rar?" ''El  enfermo  le  respondió:  "Señor,  no  tengo  una  persona  que  cuando 
se  agita  el  agua  me  eche  en  la  piscina:  mientras  yo  me  acerco,  otro  bala 
antes  que  yo,"  Dícele  Jesús:  "Levántate,  toma  tu  camilla  y  marcha,"  Y 
al  momento  quedó  el  hombre  sano,  tomó  su  camilla  y  caminaba. 

48.     Es  acusado  de  violar  el  sábado 
Jn  5,9b' IS 

Era  aquel  día  sábado.  "  Dijeron,  pues,  los  judíos  al  que  había  sido  cu- 
rado: "Es  sábado  y  no  es  lícito  llevar  la  camilla."     Pero  él  les  respondió: 
"El  que  me  ha  curado,  él  me  dijo:  Toma  tu  camilla  y  anda."  '"Le  pregun- 
taron   entonces:    "¿Quién    es    el    que    te    ha    dicho:    Toma    y  anda?" 
Pero  el  hombre  curado  no  sabía  quién  era,  porque  Jesús  había  escapado 

Notas:   N.  46 

San  Juan  no  menciona  lo  (\uv  el  vScñor  lia  lu-cho  en  Galilea  desde 
que  llegó  a  ella  y  curó  al  hijo  del  régulo.  Su  plan  no  ha  sido  tejer  una 
historia  completa  de  los  hechos  del  Señor,  sino  seleccionarlos,  omitiendo, 
entre  otros,  los  que  habían  narrado  los  Sinópticos. 

Su  narración  hace  la  impresión  de  que,  apenas  llega  Jesús  a  Galilea, 
se  vuelve  a  Jerusalén.  Pero  históricamente  no  fué  así,  y  hay  que  inter- 
calar los  primeros  sucesos  que  cuentan  los  otros  evangelistas.  Estos  mn 
pudieron  ser  muchos,  porque,  cuando  llegó  a  Galilea,  era  el  final  de  oto- 
fío  o  principio  de  invierno  y  faltarían  unos  meses  para  la 'segunda  Pas- 
cua. El  14  de  Nisán  del  año  28  cayó  en  el  28  de  abril,  según  los  cálculos 
de  Schanmberger  (VD  12  [1933]  109). 

Como  hemos  supuesto  que  fue  un  viaje  misionero,  y  lí)s  peregrinos 


148 


LAS  OBRAS  Y  LA  MISIÓN  DEL  HIJO 


149 


de  la  turba  que  había  en  el  lugar.  "  Después  Jesús  lo  encuentra  en  el  tem- 
plo y  le  dice:  "Mira,  estás  curado.  No  peques  más,  para  que  no  te  suce- 
da algo  peor."  Se  fué  el  hombre  y  dijo  a  los  judios  que  el  que  le  había 
curado  era  Jesús.  Y  por  esto  los  judíos  perseguían  a  Jesús,  porque  ha- 
cia estas  cosas  en  sábado.  ''Mas  Jesús  les  respondió:  "Mi  Padre  trabaja 
siempre.  Yo  también  trabajo.  Y  por  esto  todavía  más  deseaban  los  ju- 
díos matarlo,  porque  no  sólo  quebrantaba  el  sábado,  sino  que  llamaba  a 
Dios  padre  propio,  haciéndose  a  si  mismo  igual  a  Dios. 

49.    Las  obras  y  la  misión  del  Hijo 
Jn  5,19-47 

'"Respondió  Jesús  y  les  dijo:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo  que  el 
Hijo  no  puede  hacer  nada  por  sí,  si  no  lo  que  viere  hacer  al  Padre.  Mas 
cualquier  cosa  que  él  haga,  el  Hijo  la  puede  hacer  de  igual  manera.  Por- 
que el  Padre  ama  al  Hijo  y  le  muestra  todo  lo  que  él  hace  y  le  mostrará 
obras  mayores  que  éstas,  para  que  vosotros  os  admiréis.  ^  Porque,  como 
el  Padre  resucita  y  vivifica  a  los  muertos,  así  el  Hijo  vivifica  a  los  que 
quiere.  ~  Porque  el  Padre  no  juzga  a  ninguno,  sino  que  el  juicio  lo  ha 
dado  todo  al  Hijo,  para  que  todos  honren  al  Hijo,  como  honran  al  Pa- 
dre que  lo  ha  enviado.  ^  En  verdad,  en  verdad  os  digo  que  quien  escucha 
mi  palabra  y  cree  en  el  que  me  ha  enviado,  tiene  la  vida  eterna  y  no  va 
a  juicio,  sino  que  ha  pasado  de  la  muerte  a  la  vida.  ^  En  verdad,  en  ver- 
dad os  digo  que  vendrá  la  hora,  y  ya  está  presente,  en  que  los  muertos 
oirán  la  voz  del  Hijo  de  Dios,  y  los  que  la  oyeren,  vivirán.  ^  Porque,  como 
el  Padre  tiene  la  vida  en  si,  así  también  ha  concedido  al  Hijo  que  la  ten- 
ga en  sí,  ^  y  le  ha  dado  potestad  para  juzgar,  porque  es  el  Hijo  del 
hombre.  ^  No  os  maravilléis  de  esto,  porque  vendrá  un  tiempo  en  que 
todos  los  que  están  en  los  sepulcros  oirán  su  voz,  ^  y  cuantos  hicieron  el 
bien  saldrán  para  la  resurrección  de  Ja  vida;  los  que  hicieron  el  mal,  para 
la  resurrección  de  la  condenación.  Yo,  por  mí,  no  puedo  hacer  nada. 
Juzgo  como  oigo,  y  el  juicio  mío  es  justo,  pues  no  busco  la  voluntad  mía, 
sino  la  voluntad  del  que  me  ha  enviado. 

^  Si  yo  doy  testimonio  de  mí,  mi  testimonio  no  es  válido.  ^  Hay  otro 
que  da  testimonio  de  mí,  y  sé  que  el  testimonio  que  da  de  mí  es  verda- 
dero. Vosotros  habéis  preguntado  a  Juan,  que  ha  dado  testimonio  de  la 
verdad.  ^  Yo  no  busco  el  testimonio  de  un  hombre,  pero  aludo  a  él,  para 

Notas:  N.  48 

solían  llegar  con  tiempo  a  Jerusalén,  podemos  suponer  que  Jesús  salió 
de  Cafarnaúm  a  fines  de  marzo. 

Ya  hemos  probado  en  la  primera  parte  (c.6  a.2)  que  esta  fiesta  anó- 
nima de  San  Juan  es  la  Pascua.  Y  así  lo  suponemos  aquí  como  más 
probable. 

5,18  Propio,  traduc.  lit.  de  idios,  aunque  en  el  gr.  koi'né  puede  tener 
un  sentido  más  general,  sinónimo  de  suus. 

N.  49 

5,24  No  va  a  juicio,  con  sentido  futuro.  Juicio  tiene  sentido  peyora- 
tivo de  condenación.  Como  si  dijera:  no  será  condenado. 

5,29  la  resurrección  de  la  condenación^  lit.  del  juicio. 

5,31  válido,  lit.  verdadero,  con  sentido  de  eficaz  para  probar. 

5,34  No  busco,  lit.  recibo.  Pero  el  v.  gr.  lambanó  tiene  aquí  el  sen- 
tido de  buscar,  como  en  5,41.44.  En  este  último  v.  está  en  paralelismo 


150 


EL  SEGUNDO  AÑO 


que  os  salvéis.  *  El  era  la  lámpara  que  arde  y  da  luz  y  vosotros  quisisteis 
alegraros  en  su  luz  por  poco  tiempo. 

^  El  testimonio  que  yo  tengo  es  mayor  que  el  de  Juan,  porque  las  obras 
que  el  Padre  me  ha  concedido  realizar,  las  obras  que  hago,  éstas  dan 
testimonio  de  que  el  Padre  me  ha  enviado.  ^  Y  el  Padre,  que  me  ha  en- 
viado, ha  dado  testimonio  de  mí.  Nunca  habéis  oído  su  voz  ni  habéis  visto 
su  rostro;  ^  tampoco  tenéis  su  palabra  morando  en  vosotros,  pues  vosotros 
no  creéis  en  aquel  que  él  ha  enviado.  ^  Estudiáis  las  Escrituras,  pues  vos- 
otros pensáis  tener  en  ellas  la  vida  eterna,  y  ellas  son  las  que  dan  testi- 
monio de  mí.  Mas  no  queréis  venir  a  mí  para  poseer  la  vida.  No  busco 
gloria  de  los  hombres.  *^  Por  lo  demás,  os  conozco.  No  tenéis  en  vosotros 
amor  de  Dios.  "  Yo  he  venido  en  nombre  de  mi  Padre,  y  no  me  recibís.  Si 
otro  viene  en  nombre  propio,  lo  recibiréis.  ¿Cómo  podéis  creer  vosotros, 
que  buscáis  la  gloria  los  unos  de  los  otros,  y  no  buscáis  la  gloria  que  viene 
de  sólo  Dios?  ^  No  penséis  que  yo  os  he  de  acusar  ante  el  Padre.  Moisés, 
en  quien  vosotros  esperáis,  es  vuestro  acusador.  Si  creyeseis  a  Moisés, 
me  creeríais  a  mi,  porque  él  escribió  sobre  mí.  Pero  si  no  creéis  en  sus 
escritos,  ¿cómo  creeréis  en  mis  palabras?" 

50.     Vuelve  a  Cafarnaúm 
Me  2,1 

Al  cabo  de  algún  tiempo  vino  de  nuevo  a  Cafarnaúm,  y  corrió  la  voz 
de  que  se  hallaba  en  casa. 

51.     El  paralítico  de  Cafarnaúm 

Le  5,17-26 

^'  Un  día  en  que  él  en- 
señaba, asistían  también  fa- 
riseos y  maestros  de  la  ley 
que  habían  venido  de  to-_ 
das  las  aldeas  de  Galilea, 
de  Judea  y  Jerusalén.  Y  un 


Notas:   N.  49 

con  dseteó,  buscar.  Pero  aludo  a  él,  lit.  pero  digo  estas  cosas,  hablo  del 
testimonio  de  Juan,  lo  recuerdo  o  aludo  a  él.  Traducimos  la  idea,  más 
que  la  letra. 

N.  50 

San  Juan,  que  nos  cuenta  el  viaje  a  Jerusalén  y  lo  que  allí  sucedió, 
no  se  preocupa  esta  vez  de  hablarnos  de  la  vuelta  a  Galilea.  Entre  el  ca- 
pítulo 5  y  el  6  hay  una  laguna  grande,  de  un  año  entero._  Mayor  que  la 
que  hemos  encontrado  entre  el  final  del  4  y  el  principio  del  5.  Pero 
del  mismo  estilo  y  qlic  tiene  la  misma  explicación  literaria. 

Como  los  Sinópticos  no  hablan  de  la  subida  a  la  fiesta,  sino  que  te- 
jen el  ministerio  en  Galilea,  como  si  todo  él  Imbicra  sido  seguido,  es  di- 
fícil determinar  dónde  hay  que  poner  la  subida  a  la  fiesta  y  dónde  la 
vuelta. 

La  subida  hemos  supuesto  que  coincide  con  la  excursión  misionera  por 
las  ciudades  de  Galilea  y  Judea.  La  vuelta  podemos,  a  falta  de  otra  de- 
terminación, suponer  que  coincide  con  la  entrada  nueva  en  Cafarnaiun, 
de  que  nos  habla  San  Marcos.  Esto  no  es  más  que  una  hipótesis. 


Mt  9,2-8 

'  Y  he  aquí  que 
le  traen  un  para- 
lítico, echado  s  o- 
bre  una  camilla. 
Y.  al  ver  la  fe  de 


Me  2,2-12 

"  Y  acudieron  tantos,  que 
no  cabían  ni  junto  a  la 
puerta.  Y  él  les  explicaba 
e  1  Evangelio.  '  Y  llegan 
unos  trayéndole  un  parali- 
tico  coqido   entre  cuatro. 


151 


ellos,  dijo  Jesús  al 
paralítico:  "Con- 
fía, hijo.  Tus  pe- 
cados están  p  e  r  - 
donados."  al- 
gunos de  los  es- 
cribas pensaron  en 
sí:  "Este  blasfe- 
ma." *  Jesús  cono- 
ció sus  pensamien- 
tos, y  dijo:  "¿Por 
qué  pensáis  mal  en 
vuestro  co  r  azón? 
^  ¿Qué  es  más  f^- 
cil,  decir:  Tus  pe- 
cados están  perdo- 
nados, o  decir:  Le- 
vántate y  anda? 
^  Pues  para  que 
veáis  que  el  Hijo 
d  e  1  hombre  tiene 
poder    d  e  perdo- 


*  Como,  por  la  turba,  no 
podían  llegar  hasta  él,  des- 
cubrieron el  techo  por  don- 
de estaba,  abrieron  una 
abertura  y  descolgaron  la 
camilla  en  que  yac'a  el  pa- 
ralítico, Al  ver  Jesús  la 
fe  de  ellos,  dice  al  paralí- 
tico: "Hijo:  tus  pecados  te 
son  perdonados."  "  Estaban 
allí  sentados  algunos  escri- 
bas, que  pensaban  en  sus 
corazones:  "¿Por  qué  ha- 
bla a  s  í  éste  ?  Blasfema. 
¿Quién  puede  perdonar  los 
pecados,  sino  sólo  Dios?" 
®  Jesús,  con  su  espíritu,  co- 
noció en  seguida  que  ellos 
pensaban  así  en  su  inte- 
rior, y  les  dijo:  "¿Por  qué 
pensáis  estas  cosas  en 
vuestros  corazones?  ^  ¿Qué 
es  más  fácil,  decir  al  para- 
lítico: Se  perdonan  tus  pe- 
cados, o  decir:  Levántate 


poder  de  Dios  le  impul- 
saba a  curar.  "  Y  he  aquí 
que  unos  hombres  traen  so- 
bre una  camilla  a  uno  que 
estaba  paralítico.  Trata- 
ban  de  introducirlo  y  de 
colocarlo  delante  de  él. 

No  encontrando  por  dón- 
de introducirlo  a  través  ¿2 
la  muchedumbre,  subieron 
a  la  terraza  y,  por  entre 
las  tejas,  lo  pusieron,  con 
la  camilla  en  el  medio,  de- 
lante de  Jesús.  Viendo  la 
fe  de  ellos,  dijo:  "Hombre, 
están  perdonados  tus  peca- 
dos." Los  escribas  y  fa- 
riseos comenzaron  a  pen- 
sar: "¿Quién  es  éste,  que 
blasfema?  ¿Quién  puede 
perdonar  los  pecados,  sino 


sólo  Di< 


Conoció  Je- 


sús sus  pensamientos,  res- 
pondió y  les  dijo:  "¿Qué 
pensáis  en  vuestros  cora- 
zones? ¿Qué  es  más  fá- 
cil decir:  tus  pecados  te  es- 


Notas:  N.  51 

La  mayoría  de  los  autores  suele  poner  el  paralítico  de  Cafarnaúm 
antes  de  la  subida  a  Jerusalén  para  la  fiesta  anónima  de  Jn  5,L 

Nosotros  lo  hemos  pospuesto,  porque  entre  el  final  del  c.l  de  San 
Marcos  y  el  principio  del  c.2,  hay  una  ausencia  de  Cafarnaúm  de  días. 
Esta  ausencia  puede  muy  bien  coincidir  con  la  subida  a  Jerusalén  por  la 
Pascua  del  segundo  año.  No  existe  otro  momento  literario  más  indicado 
para  introducir  la  narración  de  San  Juan  en  la  trama  de  los  Sinópticos. 

Aunque  históricamente  pudo  haberlo. 

Mt  9,2  están  perdonados,  el  v.  gr.  está  en  perfecto  pas.  (af-eóntai), 
que  indica  estado. 

9,3  pensaron  en  sí,  lit.  dijeron.  En  hebreo  decir  se  extiende  también 
a  los  pensamientos. 

Me  1,2  El  Evaingelio,  lit.  la  palabra,  que  es  un  término  técnico  para 
designar  el  Evangelio  en  la  primitiva  literatura  cristiana. 

2,S  con  su  espíritu,  lit.  en  su  espíritu.  Pero  en  la  Koiné  en  tiene  mu- 
chas veces,  como  aquí,  sentido  instrumental. 

Le  5,17   asistían,  lit  estaban  sentados. 

Un  poder  de  Dios  le  impulsaba  a  curar,  lit.  un  poder  del  Señor  es- 
taba para  que  él  curase.  Pero  Señor,  cuando  no  lleva  artículo,  se  refiere 
a  Dios.  Con  artículo  se  refiere  a  Cristo.  Y  la  frase  erat  ad  sanandum 
indica  cierto  como  impulso  en  Cristo  para  que  curase. 

5,21  a  pensar:  lit.  a  pensar  y  decir.  Pero,  como  los  dos  Verbos  se  re- 
fieren al  pensamiento  interior,  basta  uno  en  castellano  para  expresar  jus- 
tamente la  idea  del  evangelista. 


152 


EL  SECUNDO  AÑO 


nar  1  o  s  pecados 
en  la  tierra — dice 
entonces  al  paralí- 
tico— :  "Levánta- 
te, toma  tu  cami- 
lla y  marcha  a  tu 
casa."  '  Se  levan- 
tó y  marchó  a  su 
casa.  La  turba 
presente  temió  y 
glorificó  a  Dios, 
que  da  tal  po- 
der a  los  hom- 
bres. 


y  toma  tu  camilla  y  anda? 

Pues  para  que  veáis  que 
el  Hijo  del  hombre  tiene 
poder  de  perdonar  los  pe- 
cados en  la  tierra — dice  al 
paralitico — :  "Yo  te  digo: 
Levántate,  toma  tu  camilla 
y  marcha  a  tu  casa."  ^Y 
se  levantó  y  tomó  su  ca- 
milla y  salió  en  seguida 
delante  de  todos,  de  modo 
que  todos  se  asombraron  y 
glorificaron  a  Dios,  dicien- 
do: "Jamás  hemos  visto  co- 
sa parecida." 


tán  perdonados,  o  decir : 
levántate  y  anda?  Pues 
para  que  veáis  que  el  Hijo 
del  hombre  tiene  poder  en 
la  tierra  de  perdonar  los 
pecados  —  dijo  al  paralíti- 
co— :  Yo  te  digo:  leván- 
tate, toma  tu  camilla  y  vete 
a  tu  casa."  ^  Y  al  punto  se 
levantó  delante  de  ellos,  to- 
mó la  camilla  en  que  yacía 
y  se  marchó  a  su  casa,  glo- 
rificando a  Dios.  ^  Un  es- 
tupor se  apoderó  de  todos, 
glorificaban  a  Dios,  y,  lle- 
nos de  temor,  decían:  "Hoy 
hemos  visto  cosas  admira- 
bles." 


52.     Vocación  de  San  Mateo 


Mt  9,9-13 

"  Al  salir  de  allí,  vió 
Jesús  a  un  hombre,  lla- 
mado Mateo,  que  esta- 
ba sentado  en  la  ofi- 
cina del  fisco.  Y  le 
dice:  "Sigúeme."  Se  le- 
vantó y  le  siguió.  En 
la  casa  se  sentó  Jesús 
a  la  mesa  y  vinieron 
a  sentarse  con  él  y  sus 
discípulos  muchos  pu- 
blícanos y  pecadores. 
"  Lo  vieron  1  o  s  fari- 
seis  y  decían  a  sus  dis- 
cípulos: "¿Por  qué  co- 
me vuestro  maestro  con 
los  publícanos  y  peca- 
dores?" "  Él  los  oyó  y 
dijo:  "No  necesitan  de 
médico  los  sanos,  sino 
los  que  están  mal.  Id 
y  aprended  qué  'signi- 
fica: misericordia  quie- 
ro y  no  sacri[icio.  Por- 


Mc  2,13-17 

"Salió  nuevamente 
junto  al  mar,  y  toda  la 
gente  se  venía  a  él  >  !es 
enseñaba.  ^*  Y  al  pasar 
vió  a  Levi,  el  hijo  de 
Alfeo,  sentado  en  la  ofi- 
cina del  fisco,  y  le  dijo: 
"Sigúeme."  El  se  levan- 
tó y  le  siguió.  ^  Senta- 
dos a  la  mesa  en  su  ca- 
sa había  con  Jesús  y  sus 
discípulos  sentados  tam- 
bién muchos  publícanos 
y  pecadores.  Porque 
había  muchos  que  le  se- 
guían. "  Los  escribas  de 
los  fariseos,  que  vieron 
cómo  comía  con  los  pe- 
cadores y  publícanos  , 
decían  a  sus  discípulos: 
"¿Por  qué  come  y  bebe 
con  los  pecadores  y  pu- 
blícanos?" "  Jesús  1  o  s 
oyó  y  les  dijo:  "No  ne- 
cesitan d  e  médico  los 
sanos,  sino  los  que  es- 


Lc  5,27-32 


Salió  después  y  mi- 
ró a  un  publicano,  por 
nombre  Leví,  que  esta- 
ba sentado  en  la  ofici- 
na del  fisco.  Y  le  dijo: 
"Sigúeme."  ^  El  se  le- 
vantó, dejó  todas  las 
cosas  y  le  siguió.  '®  Le- 
ví le  dió  en  su  casa 
un  gran  banquete.  Y 
asistía  gran  número  de 
publícanos  y  otros,  que 
estaban  sentados  con 
ellos  a  la  mesa.  Los 
fariseos  y  los  escribas 
murmuraban  y  decían  a 
sus  discípulos:  "¿  Por 
qué  coméis  y  bebéis 
con  1  o  s  publícanos  y 
pecadores?"  Jesús  res- 
pondió y  les  dijo:  "No 
necesitan  de  médico  los 
sanos,  sino  los  que 
están   mal.   ^  N  o  he 


Notas:  N.  52 

Le  5,32  Llamar  a  penitencia.  Esto  sólo  se  lee  en  San  Lucas,  que  ha 
interpretado  así  la  vocación  y  la  ha  concretado  a  un  caso  particular.  Al 
de  la  conversión  esencial. 

La  vocación  de  San  Mateo  se  suele  poner  al  final  del  primer  año. 


EL  AYUNO  Y  LA  LEY  NUEVA 


153 


que  no  he  venido  a  lia-  |  tán  mal.  No  he  venido  ¡  venido  a  llamar  justos, 
mar  justos,  sino  peca-  a  llamar  justos,  sino  pe-  ¡  sino  pecadores,  a  peni- 
dores."  I  cadores."  tcncia." 


53.     El  ayuno  y  la  ley  nueva 


Mt  9,1417 

"Los  discípulos 
de  Juan  se  acercan 
a  él  y  dicen:  "¿Por 
qué  nosotros  y  los 
fariseos  ayuna  m  o  s 
(mucho)  y  tus  d  s- 
cípulos  no  ayunan?" 

Jesús  les  respon- 
dió: '¿Pueden  los 
convidados  al  ban- 
quete estar  tristes 
mientras  está  con 
ellos  el  esposo?  Ya 
vendrá  tiempo  en 
que  les  quiten  al  es- 
poso,  y  entonces 
ayunarán.  '®  N  a  d  i  e 
echa  un  remiendo  de 
paño  recio  a  un  ves- 
tido viejo,  porque  el 
remiendo    tira  del 


Me  2,18^22 

I        Ayunaban  1  o  s  dis- 
I  cípulos  de  Juan  y  los 
I  fariseos,  y  vienen  a  de- 
I  cirle:  "¿Por  qué  los  dis- 
;  cípulos  de  Juan  y  los 
I  de  los  fariseos  ayunan, 
y  tus  discípulos  no  ayu- 
,  nan?"    "  Jesús   les  res- 
I  pondió:   "¿Pueden    1  o  s 
;  convidados  al  banquete 
ayunar  mientras  está 
con    ellos    el  esposo? 
!  Mientras  tienen  consigo 
a  I   esposo   n  o  pueden 
ayunar.       Y  a  vendrá 
tiempo   en    que    se  les 
quite  al  esposo,  y  enton- 
j  ees,  en  ese  tiempo  ayu- 
narán. "  Nadie  cose  un 
■  remiendo  de  paño  recio 
I  a  un  vestido  viejo.  De 


Le  5,33-39 

'"'Ellos  le  dijeron:  "Los 
discípulos  de  Juan  ayunan 
frecuentemente  y  hacen 
oraciones  lo  mis'ro  que  los 
de  los  fariseos.  Mas  los  tu- 
yos comen  y  beben  '  "*  Je- 
sús les  respondió:  "¿Podéis 
obligar  a  que  ayunen  los 
convidados  al  banquete 
m.ieníras  está  con  ellos  el 
esDoso?  Ya  vendrá  t-.empo 
¡  en  que  se  les  quite  al  cs- 
I  poso:  entonces,  en  ese  tiem- 
po, nyr.narán."  También 
les  dijo  una  parábola,  que 
nadie  echa  a  un  vestido  vie- 
jo un  remiendo  que  ha  cor- 
tado de  uno  nuevo;  de  1^^ 
contrario,  se  romperá  e  1 
nuevo  y  no  dirá  bien  con 
el  viejo. 


Notas:   N.  52 

Nosotros  la  hemos  puesto  al  principio  del  segundo.  La  diferencia  de  tiem- 
po es  muy  pequeña.  San  Pedro  exigirá,  como  condición  para  suceder  a 
Judas,  que  el  elegido  haya  acompañado  al  Señor  desde  el  bautismo.  En 
el  caso  de  San  Mateo,  Jesús  no  se  atuvo  a  esta  condición.  Era  libre  para 
escoger  a  quien  quería.  Tal  vez  hubo  entre  los  Doce  otros  que  tampoco 
asistieron  al  bautismo.  Con  todo,  San  ]Mateo  fué  testigo  de  la  mayor 
parte  del  ministerio  público.  Acompañó  a  Jesús  durante  dos  años. 

N.  53 

Los  convidados  al  hctnquete,  lit.  los  hijos  de  la  cámara  nupcial,  los 
hijos  del  banquete.  Hebraísmo,  que  han  conservado  los  tres  Sinópticos,  y 
equivale,  en  nuestro  lenguaje,  a  los  invitados  al  banquete  de  boda.  Esta 
traducción  da  mejor  la  idea  del  texto  original  que  la  otra  más  corriente 
de  amigos  del  esposo.  Jesús  concibe  su  presencia  entre  los  hombres 
como  un  banquete  de  boda.  Los  discípulos  son  los  invitados.  Y  él  es  el 
esposo  de  la  Humanidad.  Mientras  él  está  presente  con  sus  amigos  en 
el  banquete,  ellos  no  pueden  ayunar.  Cuando  la  muerte  les  quite  a  los 
discípulos  el  Maestro,  entonces  acamarán  y  se  entristecerán. 

Le  5,36  se  romperá  el  nuevo.  Le  pone  dos  inconvenientes:  que  el 
vestido  nuevo  se  estropea  y  que  el  trozo  nucyo  no  dice  bien  eu  el  ves- 
tido viejo, 


154 


EL  SEGUNDO  AÑO 


vestido  y  la  rotura 
se  hace  mayor. 
^'  Tampoco  se  echa 
vino  nuevo  en  pe- 
llejos viejos.  De  lo 
contrario,  los  pelle- 
jos se  rompen,  el  vi- 
no se  derrama  y  los 
pellejos  s  e  pierden. 
E 1  vino  nuevo  se 
echa  más  bien  en  pe- 
llejos nuevos  y  am- 
bos se  conservan," 


lo  contrario,  el  remien- 
do tira  de  él,  lo  nuevo 
de  lo  viejo,  y  la  rotu- 
i  ra  se  hace  mayor.  ^  Y 
nadie  echa  vino  nuevo 
en  pellejos  viejos.  De 
lo  contrario,  el  vino 
rompe  los  pellejos,  y  se 
pierde  el  vino  y  los  pe- 
llejos. El  vino  nuevo  se 
echa,  más  bien,  en  pe- 
llejos nuevos," 


"Tampoco  echa  nadie  vi- 
no nuevo  en  pellejos  vie- 
jos; de  lo  contrario,  el  vi- 
no nuevo  romperá  los  pe- 
llejos viejos  y  se  derrama- 
rá y  los  pellejos  se  perde- 
rán. ^  Un  vino  nuevo  hay 
que  echarlo  más  bien  en 
pellejos  nuevos.  ^  Y  na- 
die que  ha  bebido  vino 
añejo  quiere  nuevo.  Porque 
dice:  el  añejo  es  mejor." 


54.     Los  discípulos  arrancan  espigas 


Mt  12,1-8 


*  Por  aquel  tiempo  pasa- 
ba Jesús  un  día  de  sábado 
a  través  de  los  sembrados: 
sus  discípulos  tenían  ham- 
bre y  comenzaron  a  arran- 
car espigas  y  a  comerlas. 
^  Al  verlos,  los  fariseos  le 
dijeron:  "Tus  discípulos 
hacen  en  sábado  lo  que  no 
está  permitido."  ^  Y  él  les 
contestó:  "¿No  habéis  leí- 
do lo  que  hizo  David  cuan- 
do tuvo  hambre  y  los  que 
le  acompañaban?  *  /Cómo 
entró  en  la  casa  de  Dios  y 
comió  los  panes  de  la  pro- 


Mc  2,23-28 

"  Un  sábado,  al  pa- 
sar él  a  través  de  los 
sembrados,  sus  discípu- 
los comenzaron  a  arran- 
car espigas,  según  iban 
caminando.  ^  Dijéronle 
los  fariseos:  "¿Cómo 
hacen  en  sábado  lo  que 
no  está  permitido  ?" 
^  Y  les  contestó:  "¿No 
habéis  leído  nunca  1  o 
que  hizo  David  cuando 
tuvo  necesidad  y  ham- 
bre él  y  sus  compañe- 


Lc  6,1-5 

^  U  n  sábado  ca- 
minaba a  través  de 
unos  sembrados,  y 
sus  discípulos  iban 
arrancando  espigas  , 
que  comían  desgra- 
nándolas con  las 
manos.  ^Y  dijeron 
algunos  fariseos: 
"¿Cómo  hacéis  lo 
que  no  es  lícito  "ha- 
cer el  s  á  b  a  d  o?" 
^  Respondióles  J  e- 
s  ú  s  :  "¿No  habéis 
leído  siquiera  lo  que 


Notas:  N.  54. 

Este  episodio  de  las  espigas,  material  y  moralmcnte  considerado,  exi- 
ge un  tiempo  posterior  a  la  Pascua.  Materialmente,  porque  solamente 
después  d(.'  la  Pascua  podían  estar  aptas  para  ser  comidas.  San  Lucas 
dice  que  las  desgranaban  entre  sus  manos.  La  Vg  ha  traducido  muy  bien 
el  original  griego  confricanícs  manibus,  las  desgranaban  apretándolas  con 
las  manos.  Esto  supone  que  no  estaban  ya  tiernas,  sino  más  bien  secas. 
Podemos  estar  en  el  mes  de  mayo. 

Como  el  episodio  tiene  lugar  en  Galilea,  y  el  mes  de  mayo  que  siguió 
a  la  primera  Pascua  lo  pasó  el  Señor  en  Judea,  nos  encontramos  aquí 
en  el  mes  de  mayo  que  siguió  a  la  segunda  Pascua. 

Como  Mc-Lc  no  separan  este  episodio  de  la  cuestión  del  ayuno  y  de 
la  vocación  de  San  Mateo,  se  deduce  que  es  más  razonable  poner  la  su- 
bida a  la  fiesta  de  Jerusalén  antes  de  la  curación  del  paralítico  y  de  la 
vocación  de  San  Mateo. 

Para  apreciar  mejor  el  valor  cronológico  que  tiene  este  episodio  de 
las  espigas,  cf.  p.I  c.6  a.4,3." 


CURACION  DE  LA  MANO  ¿ECA 


posición,  a  pesar  de  que 
no  estaba  permitido  comer- 
los ni  a  él  ni  a  sus  compa- 
ñeros, sino  solamente  a  los 
sacerdotes?  "  ¿O  no  habéis 
leído  en  la  ley  que,  en  el 
día  del  sábado,  los  sacer- 
dotes en  el  templo  violan  el 
sábado  y  no  son  culpables? 

Pues  yo  os  digo  que  aquí 
hay  algo  mayor  que  el  tem- 
plo. '  Y  si  hubierais  com- 
prendido lo  que  significa: 
amo  la  misericordia  y  no 
el  sacrificio,  n  o  hubierais 
condenado  a  los  inocentes. 
*  Porque  el  Hijo  del  hombre 
es  señor  del  sábado." 


ros?  ¿Cómo  entró  en 
la  casa  de  Dios  en  tiem- 
po del  sumo  sacerdote 
Abiatar  y  comió  los  pa- 
nes de  la  proposición, 
que  sólo  pueden  comer 
1  o  s  sacerdotes,  y  dió 
también  de  ellos  a  los 
que  iban  con  él?"  ^  Y 

:  les  decía:  "El  sábado 
es  por  el  hombre,  y  no 
el  hombre  por  el  sába- 
do.      Asi  que  el  Hijo 

I  del  hombre  es  señor  aun 

!  del  sábado.  ' 


I  hizo   David  cuando 
él  y  sus  compañeros 
tuvieron  hambre? 
I  ■*  ¿Cómo  entró  en  la 
casa  de  Dios  y,  to- 
mando los  panes  de 
1  a  proposición,  co- 
mió y  repartió  en- 
tre sus  compañeros, 
siendo  así  que  sólo 
¡está  permitido  co- 
I  merlos  a  los  sacer- 
i  dotes?"  'Y  les  dijo: 
"El  Hijo  del  hom- 
bre es  señor  aun  del 
sábado." 


Curación  de  la  mano  seca 


55. 

Mt  12,9-14 

*  Desde  allí  vino  a  la 
sinagoga,  y  encontró 
un  hombre,  que  tenía 
una  mano  seca,  y  le  hi- 
cieron esta  pregunta:  | 
"¿Es  hcito  curar  en  el 
día  de  sábado?  '  Preten- 
dían acusarle.  "  El  les  | 
contestó:  "¿Quién  hay 
de  vosotros  que,  si  tiene 
una  oveja  y  cae  en  un 
hoyo  en  día  de  sábado, 
no  la  coge  y  levanta? 

Pues  un  hombre  vale 
bastante  más  que  una 
oveja.  De  manera  que 
es  lícito  hacer  bien  en 
sábado."  ^"  Entonces  di- 
ce al  hombre:  "Extien- . 
de  tu  mano."  La  exten- 
dió y  quedó  sana  como 
la  otra.  "Apenas  salie- 
ron se  concertaron  con- 
tra él  los  fariseos  para 
matarlo. 


Me  3,1-6 

^  Entró  de  nuevo  en 
la  sinagoga  y  ahí  había 
un  hombre  que  tenía  una 
mano  seca.  "  Y  lo  obser- 
!  vaban  para  ver  si  cura- 
ba en  sábado  para  acu- 
sarlo. ^  Dice  al  hombre 
i  de  la  mano  seca:  Pon- 
te en  el  medio.  '  Des- 
pués dice  a  ellos:  "¿Es 
hcito  en  sábado  hacer  el 
bien  o  hacer  el  mal,  sal- 
var una  vida  o  matar- 
la?" Ellos  se  callaban. 
^  Entonces,  mirándolos 
con  ira,  entristecido  por 
la  dureza  de  sus  cora- 
zones, dice  al  hombre: 
■  Extiende  la  mano."  La 
extendió  y  quedó  cura- 
d  a.  ^  Cuando  salieron 
los  fariseos  se  concerta- 
ron COR  los  herodianos 
en  contra  de  él  para 
matarlo. 


Le  6,6-11 

®  Otro  sábado  entró 
en  la  sinagoga  y  se  pu- 
so a  enseñar.  Había  allí 
un  hombre  cuya  mano 
derecha  estaba  seca. 
^  Los  escribas  y  fariseos 
1  e  observaban,  por  sí 
curaba  en  e  1  sábado, 
para  encontrar  una  acu- 
sación contra  él.  *  El  co- 
nocía sus  pensamientos, 
y  dijo  al  hombre  que  te- 
nía la  mano  seca:  "Le- 
vántate y  ponte  en  el 
medio."  Se  levantó  y  se 
colocó.  Entonces  1  e  s 
dijo  Jesús:  "Yo  os  pre- 
gunto: ¿Es  lícito  en 
sábado  hacer  bien  o  ha- 
cer mal,  salvar  una  vi- 
da o  matarla?"  Y  mi- 
rando a  todos  ellos,  le 
dijo  a  él:  "Extiende  tu 
mano."  El  lo  hizo  y  su 
mano  se  curó.  "  Ellos  se 
enfurecieron  y  discutían 
entre  sí  qué  deberían 
hacer  con  Jesús. 


156 


56.     Sana  a  muchos  junto  al  Lago 


Mt  12,15-21 

Jesús  lo  supo  y  se  alejó  de  allí, 
pero  le  siguió  mucha  gente  y  los  cu- 
ró a  todos,  avisándoles  que  a  él 
no  lo  diesen  a  conocer,  "  Para  que 
se  cumpliese  lo  que  dijo  el  profeta 
Isaias: 

He  aquí  mi  siervo,  a  quien  he 
escogido;  mi  predilecto,  en  quien  se 
complace  mi  alma.  Pondré  en  él  mi 
espíritu  y  anunciará  la  justicia  a  las 
naciones. 

^®  No  disputará  ni  gritará.  Nadie 
oirá  su  voz  en  las  plazas. 

^  No  romperá  la  caña  cascada,  ni 
apagará  la  mecha  humeante. 

'''^  En  su  nombre  esperarán  las  na- 
ciones. 


Me  3,712 

'  Jesús  se  retiró  hacia  el  mar  con 
sus  discípulos,  y  le  seguía  mucha 
gente  de  Galilea,  de  Judea,  *  de  Jeru- 
salén.  de  Idumea,  de  Transjordania  y 
de  los  confines  de  Tiro  y  Sidón.  Mu- 
cha gente,  que  había  oído  lo  que  ha- 
cía, y  vinieron  a  él.  ®  El  encargó  a 
sus  discípulos  que  tuviesen  a  su  dis- 
posición una  barquilla,  por  la  turba, 
para  que  no  le  oprimiesen.  ^"  Porque 
había  curado  a  muchos,  y  todos  los 
que  tenían  alguna  enfermedad  se 
echaban  sobre  él  para  tocarle.  "  Y 
los  espíritus  inmundos,  siempre  que 
lo  veían,  se  postraban  ante  él  y  gri- 
taban:    Tú  eres  el  Hijo  de  Dios." 

Y  les  prohibía  con  fuerza  que  no 
lo  descubriesen. 


57.     Elección  de  los  apóstoles 


Mt  10,2-4 

'*  He  aquí  los 
nombres  de  los  do- 
ce apóstoles:  pri- 
mero, Simón,  lla- 
mado Pedro,  y  An- 
drés, su  hermano; 
Santiago,  hijo  de 
Zebedeo,  y  Juan, 
su  hermano;  Feli- 
p  e  y  Bartolomé: 
Tomás  y  Mateo  el 
publicano;  Santia- 
go, el  hijo  de  Al- 
feo,  y  Tadeo;  ^  Si- 
món el  Cananeo  y 
Judas  el  Iscariote, 
que  le  entregó. 


Me  3,13-19 

Subió   a  la  montaña  y 
llamó  a  los  que  él  quiso  y  vi- 
j  nieron  a  él.  ^*  Encogió  a  doce 
para  que  fuesen  sus  compa- 
ñeros y  para  enviarlos  a  pre- 
,  dicar,     con  poder  de  arrojar 
;  a  los  demonios.     Eligió  do- 
¡  ce,  y  puso  a  Simón  el  nom- 
:  bre  de   Pedro:      después  a 
San^iago.  el  hijo'  de  Zebedeo, 
y  a  Juan,  el  hermano  de  San- 
tiago, y  les  puso  por  nombre 
Boanerges,  que  quiere  decir 
hijos   del    trueno.  Andrés, 
Felipe,  Bartolomé.  Mateo, 
I  Tomás;  Santiago,  hijo  de  Al- 
feo;  Tadeo  y  Simón  el  Ca- 
naneo '*  y  Judas  Iscariote,  el 
que  le  entregó. 


Le  6,12-16 

I     ^'  En  este  tiempo  salió 
al  monte  para  hacer  ora- 
I  ción  y  pasaba  la  noche 
I  orando  a  Dios.  "Cuando 
:  fué  de  día,  llamó  a  sus 
i  discípulos  y  escogió  en- 
¡  tre  ellos  a  doce,  a  los 
I  cuales  dió  el  nombre  de 
i  apóstoles;    "Simón,  a 
I  quien  llamó  Pedro;  An- 
:  drés,   su   hermano;  San- 
tiago y   Juan,   Felipe  y 
Bartolomé,     Mateo,  To- 
más; Santiago,  hijo  de  Al- 
feo;  Simón,  apellidado  el 
Cananeo;     Judas,  hijo  de 
Santiago,  y  Judas  Iscario- 
te, que  fué  traidor. 


Notas:  N.  56 

Mt  12,18  La  jtistiria,  lit.  el  juicio  que  aquí,  metonímicamente,  tie- 
ne sentido  (le  justicia  \erda(l,  ley  de  Dios. 


EL  AUDHÜRIO  DEL  SEkMON  DEL  MONTE 


58.     El  auditorio  del  sermón  del  Monte 


Mt  4,24.25 

^  Y  su  fama  se  exten- 
dió por  toda  la  Siria:  y 
le  presentaban  a  todos 
los  que  padecían  diver- 
sas enfermedades  y  su- 
frimientos, endemoniados, 
lunáticos  y  paralíticos,  y 
los  curaba.  ^  Y  le  seguían 
turbas  numerosas  de  Gali- 
lea, Decápolis,  Jerusalén 
y  Judea  y  del  otro  lado 
del  Jordán. 


Le  6,17-19 

Habiendo  bajado  con  ellos  se  detuvo  en 
un  lugar  llano,  acompañado  de  un  grupo  nu- 
meroso de  sus  discípulos  y  una  muchedum- 
bre grande  de  pueblo  de  toda  la  Judea,  de 
Jerusalén  y  del  litoral  de  Tiro  y  Sidón,  que 
habían  venido  a  escucharle  y  a  hacerse  cu- 
rar de  sus  enfermedades:  se  hacían  curar  tam- 
bién los  que  estaban  atormentados  por  los  es- 
píritus inmundos.  '  '  Y  toda  la  gente  quena 
tocarle,  porque  salia  de  él  una  virtud  que  cu- 
raba a  todos. 


Notas:  N.  58 

El  lugar  y  el  tiempo  de  la  elección  de  los  Doce  nos  lo  dan  Mc-Lc, 
mientras  que  Mt  omite  el  hecho  mismo  de  la  elección,  y  solamente  con- 
signa el  nombre  de  los  apóstoles  con  motivo  de  la  primera  misión.  El  he- 
cho de  la  elección  sucedió  poco  antes  del  sermón,  y  tanto  Marcos  como 
Lucas  la  ponen  en  el  monte. 

El  sermón  hay  que  ponerlo  en  pleno  ministerio  galileo  y.  en  nuestro 
sistema  trienal,  en  la  mitad  del  segundo  año. 

En  cuanto  al  lugar  del  sermón,  Mt  5,1  dice  que  fué  en  el  m.onte. 
Le  6,17  después  de  bajar  del  monte  y  en  la  llanura. 

Lo  primero  que  se  puede  dar  por  resuelto  hoy  día  es  que  el  lugar 
del  sermón  estaba  cerca  de  Cafarnaúm,  y  que  no  fué  ni  el  Tabor  ni  el 
Qarn-Hattin.  Cf.  Dorado,  pp. 510-1  n.358. 

La  diversidad  de  hablar  de  los  dos  evangelistas  se  puede  explicar 
también  según  las  maneras  literarias  de  cada  uno. 

Una  explicación  es  que  San  Lucas  no  concreta  el  lugar  donde  Jesús 
pronunció  el  sermón,  smo  que  6,17  se  refiere  solamente  al  sitio  donde 
obró  las  curaciones,  que  fué  en  la  llanura.  Conforme  a  su  método  de  eli- 
minación, expone  primero  la  elección,  que  tuvo  lugar  en  el  monte,  como 
dice  también  Alarcos ;  luego  habla  de  las  curaciones  que  sucedieron  en 
la  llanura,  como  dice  también  Marcos,  y  reserva  para  ei  fin,  prescindien- 
do ya  del  lugar,  el  discurso.  Cf.  Girard,  p.82. 

Otra  explicación,  hoy  frecuente,  es  que  San  Mateo,  que  en  materia 
de  circunstancias  se  sirve  de  términos  generales,  designa  con  el  nombre 
de  monte  todos  los  alrededores  de  Cafarnaúm.  De  hecho,  toda  la  costa 
occidental  es  montuosa.  San  Lucas,  más  preciso,  designa  con  el  nombre 
de  llanura  la  lengua  de  tierra  montuosa  que  dom.ina  Cafarnaúm,  y  don- 
de se  tuvo  ei  discurso. 


59.     Los  bienaventuranzas 


Mt  5,1-12 

'  Viendo  a  las  turbas,  subió  al  monte,  y,  ha- 
biéndose sentado,  se  llegaron  a  él  sus  discípu- 
los. ".Abrió  sus  labios  y  les  enseñaba  en  estos 
términos: 

"  Bienaventurados  los  pobres  de  espíritu, 
porque  de  ellos  es  el  reino  de  los  cielos. 

*  bienaventurados  los  que  lloran,  porque  ellos 
serán  consolados. 

^  Bienaventurados  los  mansos,  porque  ellos 
poseerán  la  tierra. 

*  Bienaventurados  los  que  tienen  hambre  y 
sed  de  la  justicia,  porque  ellos  serán  hartos. 

'  Bienaventurados  los  misericordiosos,  porque 
ellos  alcanzarán  misericordia. 

*  Bienaventurados  los  limpios  de  corazón,  por- 
que ellos  verán  a  Dios. 

*  Bienaventurados  los  pacíficos,  porque  ellos 
serán  llamados  hijos  de  Dios. 

Bienaventurados  los  perseguidos  por  cau- 
sa de  la  justicia,  porque  de  ellos  es  el  reino  de 
los  cielos. 

"  Bienaventurados  seréis  cuando  os  injuria- 
ren y  persiguieren  y  dijeren  todo  mal  contra 
vosotros  mintiendo,  por  causa  mía:  ^alegraos 
y  regocijaos,  pues  vuestra  recompensa  será 
grande  en  el  cielo;  ya  que  asi  persiguieron  a 
los  profetas  que  os  precedieron." 


Le  6,20-23 

^  Y  él.  alzando  sus 
ojos  sobre  sus  discípulos, 
decía: 

■  Bienaventurados  1  o  s 
pobres,  porque  vuestro  es 
el  reino  de  Dios.  ^  Bien- 
aventurados los  que  aho- 
ra tenéis  hambre,  porque 
seréis  hartos.  Bienaventu- 
rados los  que  ahora  llo- 
ráis, porque  reiréis. 
-  Bienaventurados  seréis 
cuando  1  o  s  hombres  os 
odiaren  y  cuando  os  re- 
chazaren e  injuriaren  y 
desecharen  vuestro  nom- 
bre como  perverso,  por 
causa  del  Hijo  del  hom- 
bre. "Alegraos  entonces 
y  regocijaos ,  porque 
vuestra  recompensa  es 
grande  en  el  cielo:  por- 
que así  obraron  sus  pa- 
dres   con   los  profe- 


Notas:   N.  59 

Mt  5,1  Al  monte,  con  art.  probablemente,  porque  se  trata  de  un  mon- 
te conocido  entre  los  cristianos. 

5^  Abrió  sus  labios,  lit.  habiendo  abierto  su  boca.  Modismo  hebreo, 
muy  gráfico. 

Les  enseñaba,  impf.,  porque  se  trata  de  una  conversación  o  enseñanza 
larga,  continuada. 

JSn  estos  términos:  lit.  diciendo,  frase  pleonástica,  que  contiene  latente 
la  repetida  fórmula  semita  le  *mor. 

Sfi  de  la  justicia  con  art.,  porque  no  hay  más  que  una,  la  ordenada 
relación  a  Dios,  la  conformidad  con  su  voluntad. 

5.9  Los  pacíficos,  según  el  gr.  con  sentido  activo  de  pacificadores. 
Serán  llamados  en  sentido  semita  =  serán,  sentido  de  realidad. 

5.10  Está  octava  bienaventuranza  se  cierra  con  la  misma  fórmula  con 
que  empezó  la  primera.  La  identidad  de  fórmula  ])rueba  ia  unidad  litera- 
ria de  las  ocho  bienaventuranzas. 


PERFECCIÓN  DEL  EVANGELIO  SOBRE  LA  LEY 


159 


60.     Las  maldiciones 

Le  6,24-26 

**  Pero  ¡ay  de  vosotros,  los  ricos!, 
pues  tenéis  vuestro  consuelo. 

¡Ay  de  vosotros,  los  que  ahora  estáis  hartos, 
porque  tendréis  hambre! 
¡Ay  de  los  que  ahora  reís, 
porque  gemiréis  y  lloraréis! 

^  ¡Ay  de  vosotros  cuando  todos  los  hombres  os  alaben, 
porque  así  hacian  sus  padres  con  los  falsos  profetas! 


61.     La  perfección  de  los  discípulos 

m  5,13-16 

Vosotros  sois  la  sal  de  la  tierra.  Pero  si  la  sal  pierde  su  fuerza,  ¿con 
qué  se  salará?  Para  nada  sirve  ya,  sino  para  que  la  arrojen  fuera  y  la 
pisen  los  hombres.  "  Vosotros  sois  la  luz  del  mundo.  No  se  puede  ocultar 
una  ciudad  que  está  sobre  un  monte.  ^  Ni  se  enciende  una  lámpara  y  se 
pone  bajo  el  celemin.  sino  que  se  coloca  sobre  el  candelero,  para  que  dé 
luz  a  todos  los  de  la  casa.  Que  brille  así  vuestra  luz  delante  de  los 
hombres,  para  que  vean  vuestras  obras  buenas  y  glorifiquen  a  vuestro 
Padre,  el  de  los  cielos. 


62.     Perfección  del  Evangelio  sobre  la  ley 


Mt  5,17-48 

'No  penséis  que  he  venido  a  abolir  la  ley 


Le  6,27-36 
"Pero  a  vosotros  que 
Amad  a 


o  los  profetas^  No  he  venido  a  abolir,  sino  a  |  escucháis,  digo 
perfeccionar.     Porque  en  verdad  os  digo:  an- 
tes pasarán  el  cielo  y  la  tierra  que  pasen  una  '  vuestros    enemigos,  haced 
iota  o  un  ápice  de  la  ley  sin  que  todo  se 
cumpla.  "  Por  tanto,  todo  el  que  quebrantare 
uno  de  estos  mandamientos,  los  más  pequeños, 
y  ensenare  así  a  los  hombres,  será  el  m^ás  pe- 
queño en  el  reino  de  los  cielos;  pero  el  que 
los  cumpliere  y  enseñare,  éste  será  grande  en 
el  reino  de  los  cielos.  ^  Porque  os  digo  que  si  | 
vuestra  justicia  no  fuere  más  que  la  de  los  es-  [ 
cribas  y  fariseos,  no  entraréis  en  el  reino  de  I 
los  cielos.  I 

^  Habéis  oído  que  se  dijo  a  los  antiguos:  No  .  déjale  también  la  túnica. 
matarás.  Quien  matare  será  reo  de  condena-  '  ^  Da  a  todo  el  que  te  pida 


bien  a  los  que  os  odian, 
^  bendecid  a  los  que  os 
maldicen,  orad  por  los  que 
os  calumnian.  A  quien  te 
golpee  en  la  m.ejilla,  ofré- 
cele también  la  otra,  y  a 
quien   te   quite   el  manto, 


Notas:  N  61 

Estas  sentencias  se  encuentran  en  un  contexto  posterior  en  ^Ic  9,49; 
4,21;  Le  14,34.35;  8,16;  11,33. 


160 


ción.  ^  Pero  yo  os  digo:  Todo  el  que  se  en- 
fada con  su  hermano,  será  reo  de  condenación 
Y  quien  dijere  a  su  hermano  raca,  responderá 
ante  el  sanedrín.  Y  quien  le  dijere  necio,  res 
ponderá  con  la  gehenna  del  fuego.  Si  fuere? 
al  altar  para  hacer  tu  ofrenda  y  allí  te  acor- 
dares que  tu  hermano  tiene  algo  contra  t  . 
^  deja  allí  delante  del  altar  la  ofrenda  y  v: 
primero  a  reconciliarte  con  tu  hermano;  lucgc 
vuelve  y  presenta  tu  ofrenda.  ^  Haz  pronto  1? 
paz  con  tu  adversario,  mientras  estás  con  él 
en  el  camino;  no  sea  que  te  entregue  al  uiez 
y  el  juez  al  guardia  y  seas  encarcelado.  ^''.Hr. 
verdad  te  digo  que  no  saldrás  de  allí  mientra' 
no  pagues  el  último  céntimo. 

"'^Habéis  oído  que  se  dijo:  No  adulterarás. 
"''Pero  yo  os  digo:  todo  el  que  mira  a  una  mu- 
jer con  deseo,  ya  ha  adulterado  en  su  cora- 
zón. "■'  Si  tu  ojo  derecho  te  escandaliza,  arrán- 
calo y  arrójalo  lejos  de  ti,  porque  te  conviene 
más  perder  uno  de  tus  miembros  antes  oue  tu 
cuerpo  entero  sea  arrojado  al  infierno.  ^"  Y  si 
tu  mano  derecha  te  escandaliza,  córtala  y  arró- 
jala lejos  de  ti,  porque  té  conviene  más  per- 
der uno  de  tus  m.iembros  antes  que  tu  cuerpo 
entero  caiga  en  el  infierno. 

"Se  dijo  también:  Si  alguno  repudia  a  sti 
mujer,  que  le  dé  libelo  de  repudio.  Pero  yo 
os  digo:  cualquiera  que  repudia  a  su  mujer,  ex- 
cepto el  caso  de  fornicación,  hace  que  ella  adul- 
tere, y  quien  se  casa  con  una  repudiada,  adul- 
tera. 

Habéis  también  oido  que  se  dijo  a  los  an- 
tiguos:  No  perjurarás,  sino  que  cumplirás  al 


y  no  reclames  de  quien  te 
quite  lo  tuyo.  ^'  Y,  como 
queréis  que  1  o  s  hombres 
hagan  con  vosotros,  haced 
vosotros  con  ellos.  ^  Si 
amáis  a  los  que  os  aman, 
¿qué  mérito  tenéis,  pues, 
también  los  pecadores 
aman  a  los  que  los  aman? 
^  Y  si  hacéis  bien  a  los 
que  os  hacen  bien,  ¿que 
mérito  tenéis?  También  los 

I  pecadores  hacen  lo  mismo. 

'^'Y  si  prestáis  a  aquellos 
de  quienes  esperáis  recibir, 
¿qué  mérito  tenéis?  Tam- 
bién 1  o  s  pecadores  pres- 
tan a  los  pecadores,  para 
recibir  lo  mismo.  M  á  s 
bien,  amad  a  vuestros  ene- 
migos, haced  bien,  y  pres- 
tad s  i  n  esperar  nada;  y 
vuestra  recompensa  será 
grande  y  seréis  hijos  del 


Notas:  N.  62 

De  todo  lo  fiuc  se  refiere  a  la  perfección  de  la  ley,  vSan  Lucas  sola- 
mente ha  conservado  la  caridad,  el  amor  a  los  enemigos,  la  benevolen- 
cia en  el  juzgar,  la  generosidad. 

Le  (12,57-59)  ha  puesto  en  otro  contexto  lo  que  so  refiere  a  la 
mansedumbre  y  caridad  (Mt  5,21-26).  El  divorcio  (Mt  5,31-32)  también 
lo  tiene  en  otro  contexto  Le  16,18. 

Mt  5,22  Raca,  traducción  literal  del  hebreo,  como  hace  el  griego.  No 
sabemos  a  qué  correspondería  esta  injuria  de  los  hebreos.  Tal  vez  a  va- 
cío, estúpido,  abominable,  detestable. 

5,32  el  caso  de  fornicación.  Le  dejamos  toda  su  amplitud  al  original 
griego  (porneia).  En  cambio,  lógos  =  verhum,  ratio.  o  en  hebreo  (dabar), 
hecho,  cosa,  lo  hemos  concretado:  excepto  el  caso  (hecho)  de  fornicación. 

Tal  vez  bajo  esta  frase  está  latente  la  expresión  hebrea  *enmt  dabar, 
cosa  abominable,  con  que  el  Dt  24,1  designa  la  causa  que  justifica  el  di- 
vorcio. El  sentido  exacto  es  muy  discutido  entre  los  autores.  Excepto  el 
caso  de  concubinato  CRonsirven),  excepto  el  caso  de  incesto,  excepto  el 
caso  de  fornicación  Cf.  Mt  19,9,  Número  209,  nota. 


LA  ORACIÓN 


5eñor  fus  juramentos.  ^  Pero  yo  os  digo:  No  |  Altísimo,  que  es  bueno 
jurar  nunca.  Ni  por  el  cielo,  porque  es  trono  I  ingratos    y  con 

de  Dios;     ni  por  la  tierra,  porque  es  escabel  ^ 
de  sus  pies;  ni  por  Jerusalén,  porque  es  ciudad  j^os   pecadores.  "Sed  mi- 
del  gran  rey;     ni  jures  por  tu  cabeza,  porque  scricordiosos,    como  vues- 
no  puedes  hacer  blanco  o  negro  un  cabello.  I 
•''  Sea,  pues,  vuestro  lenguaje:  Sí,  sí;  No.  no. 
Lo  que  esto  sobrepasa  es  del  Malo. 


tro  Padre 
dioso. 


es  misericor- 


Habéis  oído  que  se  dijo:  Ojo  por  ojo  y  diente  por  diente.  ^  Pero  yo 
os  digo:  No  resistir  al  malo,  sino  que,  si  alguno  te  hiere  en  tu  mejilla  de- 
recha, preséntale  también  la  otra.  Y  al  que  quiere  citarte  a  juicio  y  lle- 
varse tu  túnica,  déjale  también  el  manto,  "  Y  si  alguno  te  requiere  para 
una  milla,  ve  con  él  dos.  Da  al  que  te  pide  y  no  rechaces  al  que  quiere 
que  tú  le  prestes. 

Habéis  oído  que  se  dijo:  Amarás  a  tu  prójimo  y  odiarás  a  tu  enemigo. 
"  Pero  yo  os  digo:  Am.ad  a  vuestros  enemigos  y  rogad  por  los  que  os 
persiguen.  ^  para  que  seáis  hijos  de  vuestro  Padre,  el  del  cielo,  que  hace 
salir  su  sol  sobre  malos  y  buenos  y  llueve  sobre  justos  y  pecadores.  Por- 
que, si  amáis  a  los  que  os  aman,  ¿qué  mérito  tenéis?  ¿No  hacen  también 
esto  los  publícanos?  Y  si  saludáis  solamente  a  vuestros  hermanos,  ¿qué 
hacéis  de  más?  ¿No  hacen  también  esto  los  gentiles?  Sed,  pues,  vosotros 
perfectos,  como  es  perfecto  vuestro  Padre  celestial. 


63.     La  limosna 

Mt  6,1-4 

'  Guardaos  de  practicar  vuestra  justicia  a  los  ojos  de  los  hombres,  para 
que  os  contemplen,  pues  de  otra  suerte  no  tendréis  recor-pcnsa  ante  vues- 
tro Padre  celestial. 

'  Cuando  vas  a  dar  limo.sna,  no  lo  anuncies  a  son  de  trom.peta,  como 
lo  hacen  los  hipócritas  en  las  sinaqcoRs  v  en  las  calles  nara  que  los  hom- 
bres los  honren:  en  verdad  os  digo  que  tienen  ya  su  recompen'^a.  '^V- 
do  das  limosna,  que  no  sepa  tu  izquierda  lo  que  hace  tu  derecha:  '  que  tu 
limosna  quede  oculta,  y  tu  Padre,  que  ve  lo  oculto,  te  premiará. 


64.     La  oración 
Mt  6,545 

^  Y  cuando  oréis,  no  seáis  com.o  los  hipócritas,  que  austan  orar  de  pie  en 
las  .sinagogas  y  en  las  esquinas  de  las  plazas,  para  ser  vistos  de  los  hom- 
bres; en  verdad  os  digo  que  tienen  ya  su  recompensa.    Tú   cuando  ores. 


Notas:  N.  62 

5,48  Perfectos.  Esta  expresión  es  bastante  hebrea.  Corresponde  al 
tamid  hebreo,  y  puede  ser  equivalente  al  misericordiosos  de  Le  6,36  en 
expresión  más  helénica. 

§I,\"OPSIS    CQXCORDADA  6 


162 


EL  SEGUNDO  AÑO 


entra  en  tu  aposento,  cierra  la  puerta  y  ora  a  tu  Padre,  que  está  en  lo  se- 
creto; y  tu  Padre,  que  ve  todo  lo  escondido,  te  premiara. 

'  Y  cuando  oráis,  no  digáis  palabras  inútiles,  como  los  paganos;  que  se 
figuran  van  a  ser  oídos  por  su  abundancia  de  palabras.  ^  No  les  imitéis; 
sabe  vuestro  Padre  las  necesidades  que  tenéis  antes  de  que  le  pidáis.  *  Vos- 
otros oraréis  de  esta  manera: 

Padre  nuestro,  que  estás  en  los  cielos: 
santificado  sea  tu  nombre: 
^°  venga  tu  reino: 
hágase  tu  voluntad, 
así  en  la  tierra  como  en  el  cielo. 
"El  pan  nuestro  de  cada  día  dánosle  hoy: 
^  y  perdónanos  nuestras  deudas, 
así  como  nosotros  perdonamos  a  nuestros  deudores: 
"  y  no  nos  dejes  caer  en  la  tentación, 
más  líbranos  del  Malo. 

"  Si  perdonáis  a  los  hombres  sus  ofensas,  os  perdonará  también  a  vos- 
otros vuestro  Padre  celestial;  '^^  pero  si  no  perdonáis  a  los  hombres,  ni 
vuestro  Padre  os  perdonará  vuestras  ofensas, 

65.    El  ayuno 

Mt  646-18 

"  Y  cuando  ayunéis,  no  os  pongáis  tristes,  como  los  hipócritas,  que  des- 
figuran sus  rostros,  para  que  se  vea  que  ayunan:  en  verdad  os  digo  que 
ya  tienen  su  recompensa.  "  Tú,  por  el  contrario,  cuando  ayunes,  perfuma 
tu  cabeza  y  lava  tu  rostro,  "  para  que  no  vean  los  hombres  que  ayunas, 
sino  sólo  tu  Padre,  que  está  oculto:  y  tu  Padre,  que  ve  en  lo  oculto,  te  re- 
compensará. 

66.     El  tesoro  del  cielo 
Mt  6,19^21 

No  amontonéis  tesoros  sobre  la  tierra,  donde  la  polilla  y  herrumbre 
los  destruyen  y  donde  los  ladrones  perforan  los  muros  y  roban;  amonto- 
nad, más  bien,  tesoros  ei.  el  cielo,  donde  la  polilla  y  herrumbre  no  los 
destruyen  y  donde  los  ladrones  no  perforan  los  muros  ni  roban;  porque 
donde  está  tu  tesoro,  allí  estará  también  tu  corazón. 


Notas:  N.  64 

La  oración  del  Padre  nuestro  tiene  su  contexto  histórico  más  ade- 
lante, cuando  lo  trata  Le  11,1-4.  También  Me  11,20-26  puede  explicar 
el  contexto  histórico.  Cf.  Mt  21,20-22. 

N.  66 

Esta  doctrina  la  pone  más  tarde  Le  12,33.34. 


LA  SOLICITUD  POR  LO  TEMPORAL 


163 


67.    El  ojo  es  la  luz  del  cuerpo 

Mt  6,22-23 

^  La  lámpara  del  cuerpo  es  el  ojo;  si  tu  ojo  está  sano,  todo  tu  cuerpo 
estará  iluminado;  ^  pero  si  tu  ojo  estuviere  enfermo,  todo  tu  cuerpo  estará 
en  tinieblas.  Si  la  luz  que  hay  en  ti  es  tinieblas,  las  tinieblas,  ¿qué  serán? 

68.     I\o  se  puede  servir  a  dos  señores 
Mt  6,24 

Nadie  puede  servir  a  dos  señores:  porque  odiará  a  uno  y  amará  al 
otro;  o  seguirá  a  uno  y  despreciará  al  otro;  no  podéis  servir  a  Dios  y  a 
las  riquezas. 

69.    La  solicitud  por  lo  temporal 

Mt  6,25-34 

^  Por  esto  os  digo:  no  os  angustiéis  por  vuestra  existencia,  qué  come- 
réis o  qué  beberéis;  ni  por  vuestro  cuerpo,  cómo  lo  vestiréis;  ¿no  vale 
la  vida  más  que  el  alimento,  y  el  cuerpo  más  que  el  vestido?  ^  Mirad  a 
las  aves  del  cielo,  que  no  siembran,  ni  siegan,  ni  reúnen  en  los  graneros;  y 
vuestro  Padre  del  cielo  las  alimenta:  ¿no  valéis  vosotros  más  que  ellas? 
^'  ¿Quién  de  vosotros  puede  por  angustiarse  añadir  a  su  estatura  un  codo? 
^  ¿Y  del  vestido  por  qué  os  angustiáis?  Aprended  de  los  lirios  del  campo 
cómo  crecen;  no  trabajan  ni  hilan.  Pero  yo  os  digo  que  ni  Salomón,  con 
toda  su  magnificencia,  se  vistió  como  uno  de  ellos.  '^^  Pues  si  Dios  así 
viste  a  una  hierba  del  campo,  que  existe  hoy,  y  mañana  es  arrojada  al 
horno,  ¿no  hará  mucho  más  por  vosotros,  hombres  de  poca  fe?  No  os 
angustiéis  diciendo:  ¿Qué  comeremos?,  ¿o  qué  beberemos?,  o  ¿con  qué  nos 
vestiremos?  ^  Porque  todo  esto  buscan  los  gentiles,  y  vuestro  Padre  ce- 
lestial sabe  que  lo  necesitáis.  ^  Buscad  primero  el  reino  de  Dios  y  su  jus- 
ticia, y  todas  estas  cosas  se  os  darán  por  añadidura.  ^  No  os  angustiéis 
por  el  dia  de  mañana,  porque  el  día  de  mañana  se  cuidará  de  sí:  bástale 
a  cada  día  su  trabajo. 


Notas:  N.  67 

Cf.  lyC  11,34-36,  que  ha  retrasado  también  estas  máximas. 
N.  68 

Cf.  Le  16,13,  que  retrasa  esta  máxima. 
N.  69 

Cf.  Le  12,22-31.  Estas  diferencias  de  contexto  de  una  misma  doctri- 
na justifica  la  sentencia  de  los  que  creen  que  Mt  ha  agrupado  en  el 
sermón  del  Monte  enseñanzas  predicadas  por  Jesús  en  diversas  ocasio- 
nes. San  Lucas  las  ha  conservado  en  otros  momentos  históricos,  que  pa- 
recen, de  ordinario,  más  reales. 


164 


70.     El  juicio  temerario 


Mt  7,1-5 

'  No  juzguéis,  para  que  no 
seáis  juzgados:  'porque  cod 
el  juicio  que  juzgareis,  seréis 
juzgados,  y  con  la  medida 
con  que  midiereis,  seréis  me- 
didos. 

^  ¿Por  qué  ves  la  paja  que 
hay  en  el  ojo  de  tu  herma- 
no, y  no  consideras  la  viga 
que  hay  en  el  tuyo?  *  O  ¿có- 
mo puedes  decir  a  tu  herma- 
no- deja,  te  saco  la  paja  de 
tu  ojo,  mientras  hay  una  viga 
en  el  tuyo?  ^  Hipócrita,  saca 
primero  la  viga  de  tu  ojo.  y 
entonces  verás  bien  para  sa- 
car la  paja  del  ojo  de  tu  her- 
mano. 


I  Le  6,37-42 

^  No  juzguéis,  y  no  seréis  juzgados;  no 
condenéis,  y  no  seréis  condenados;  perdonad 
y  se  os  perdonará,  dad  y  se  os  dará:  una 
medida  apretada,  colmada,  desbordante,  que 
echarán  en  vuestro  seno.  Porque  con  la  me- 
Jida  con  que  midiereis  se  medirá  a  vosotros. 

''Dijoles  también  una  parábola:  "¿Pue- 
de, por  ventura,  un  ciego  guiar  a  otro  cie- 
go? ¿No  caerán  am.bos  en  una  fosa?"  *' No 
nay  discípulo  superior  al  maestro;  el  discí- 
pulo será  perfecto   si  es  como  su  maestro. 

¿Por  qué  ves  la  paja  que  hay  en  el  ojo 
de  tu  hermano  y  no  consideras  la  viga  que 
llevas  en  tu  ojo?  ^"  ¿Cómo  puedes  decir  a  tu 
hermano:  hermano,  deja  que  te  quite  la  paja 
que  hay  en  tu  ojo.  si  no  ves  la  viga  que 
hay  en  el  tuyo?  Hipócrita,  saca  primero  la 
viga  de  tu  ojo,  y  entonces  verás  bien  para 
sacar  la  paja  del  ojo  de  tu  hermano. 


71.     Estima  de  las  cosas  santas 
Mt  7,6 

No  deis  a  los  perros  lo  santo  ni  arrojéis  vuestras  margaritas  ante  los 
puercos,  no  sea  que  las  pisoteen  con  sus  pies  y  se  vuelvan  para  morder 
a  vosotros, 

72.     La  confianza  en  la  oración 
Mt  7,7-11 

'  Pedid  y  se  os  dará;  buscad  y  encontraréis;  llamad  y  se  os  abrirá.  *'  por- 
que todo  el  que  pide,  recibe;  y  el  que  busca,  encuentra,  y  al  que  llama,  se 
le  abrirá.  "  ¿O  habrá  entre  vosotros  alguno  a  c¡uien  su  hijo  le  pida  pan  y 
le  dé  una  piedra?  '"¿Si  pide  un  pez,  le  dé  una  serpiente?  Si  vosotros, 
.siendo  malos,  sabéis  dar  dones  buenos  a  vuestros  hijos,  ¿con  cuánta  más 
razón  dará  vuestro  Padre  celestial  cosas  buenas  a  los  que  se  las  pidan?" 


Notas:  N.  72 

Ci.  U  11,9-13. 


CUIDADO  CON  LOS  FALSOS  PROFETAS 


165 


73.     La  regla  áurea  de  la  caridad 
Mt  7,12 

Todo  lo  que  queráis  que  hagan  los  hombres  con  vosotros,  hacedlo  así 
vosotros  con  ellos.  Porque  ésta  es  la  Ley  y  los  Profetas. 


74.     La  puerta  estrecha 
Mt  7,1314 

"  Entrad  por  la  puerta  estrecha,  porque  la  puerta  que  conduce  a  la  per- 
dición es  ancha,  y  el  camino  espacioso,  y  son  muchos  los  que  entran  por 
ella.  ¡Qué  estrecha  la  puerta  y  angosto  el  camino  que  conduce  a  la  vida 
y  qué  pocos  son  los  que  la  encuentran! 


75.     Cuidado  con  los  falsos  profetas 


Mt  7,15-20 

Guardaos  de  los  falsos  profetas,  que 
vienen  a  vosotros  con  vestidos  de  ove- 
jas, y  dentro  son  lobos  rapaces.  ^'^  Por 
sus  frutos  los  conoceréis.  ¿Por  ventura 
se  cogen  uvas  de  los  espinos  o  higos  de 
los  zarzales?  "  Así  todo  árbol  bueno  lle- 
va frutos  buenos,  y  el  árbol  malo  lleva 
frutos  malos.  Un  árbol  bueno  no  pue- 
de llevar  frutos  malos,  ni  un  árbol  malo 
llevar  frutos  buenos.  Todo  árbol  que 
no  lleva  fruto  bueno  se  corta  y  echa  al 
fuego.  ^"Así  que  por  sus  frutos  los  co- 
noceréis. 


Le  6,43-45 

^^Porque  no  hay  un  árbol  bue- 
no que  lleve  fruto  malo,  ni,  por 
el  contrario,  árbol  malo  que  lleve 
fruto  bueno.  Porque  cada  ár- 
bol se  conoce  por  su  fruto.  No 
se  cogen  higos  de  los  espinos,  ni 
se  vendimian  uvas  de  un  zarzal. 
*  El  hombre  bueno  saca  el  bien 
del  tesoro  bueno  de  su  corazón 
y  el  malo  saca  el  mal  del  tesoro 
malo.  Su  lengua  habla  de  la 
abundancia  del  corazón. 


Notas:  N.  73 

Le  6,31  ha  incluido  esta  máxima  sobre  la  caridad.  Ha  reunido  en  una 
misma  sección  sobre  la  caridad  diversas  máximas  que  pudo  pronunciar 
el  Señor  por  separado. 

N.  74 

La  sentencia  paralela  de  Le  se  encuentra  en  13,24. 

7,13  por  ella,  en  el  gr.  se  puede  referir  también  gramaticalmente  al 
camino,  que  tiene  género  femenino.  Hemos  preferido  concertar  con  la 
puerta^  porque  es  la  metáfora  principal  en  cuanto  al  sentido.  Esta  nor- 
ma seguimos  también  en  el  v.l4,  la  encuentran.  La  metáfora  de  la  puerta 
y  del  camino,  por  lo  demás,  se  refieren  a  una  misma  realidad  espiritual, 
que  es  la  ley  del  Evangelio. 


166 


EL  SEGUNDO  AÑO 


76.     Obras  son  amores 

Mí  7,21-23  Le  6,46 

"No  todo  el  que  dice:  Señor,  Señor,  entrará  en  el  reino        ¿Por  qué 

de  los  cielos,  sino  el  que  hace  la  voluntad  de  mi  Padre  ce-  m  e    llamáis  : 

lestial.  "Muchos  me  dirán  en  aquel  día:  Señor,  Señor,  ¿no  Señor,  S  e- 

profetizamos  en  tu  nombre,  y  en  tu  nombre  arrojamos  a  los  ñ  o  r ,    y  no 

demonios,  y  en  tu  nombre  hicimos  muchos  milagros?  "  Y  en-  hacéis  lo  que 

tonces  yo  les  responderé:  Jamás  os  he  conocido;  alejaos  de  digo? 
mí  los  que  hicisteis  el  mal. 


77.     La  casa  sobre  roca 


Mt  7,24-27 

Quien  escucha  estas  palabras 
mías  y  las  cumiple,  podrá  comparar- 
se a  un  hombre  sensato  que  edificó 
su  casa  sobre  la  roca:  ^  cayó  la  llu- 
via, vinieron  las  riadas,  soplaron  los 
vientos,  azotaron  la  casa,  y  no  cayó, 
porque  estaba  cimentada  sobre  la 
roca.  Y  quien  escucha  estas  pala- 
bras mías  y  no  las  cumple,  podrá 
compararse  a  un  hombre  necio,  que 
edificó  su  casa  sobre  la  arena: 
*'  cayó  la  lluvia,  vinieron  las  ria- 
das, soplaron  los  vientos,  dieron  con- 
tra la  casa,  cayó,  y  su  ruina  fué 
grande. 


¡  Le  6,47-49 

Todo  el  que  viene  a  mí  y  escu- 
cha mis  doctrinas  y  las  practica,  os 
voy  a  decir  a  quién  es  semejante, 
j  ^  Es  semejante  a  un  hombre  que  edi- 
j  fica  una  casa,  cava  profundamente  y 
!  pone  el  cimiento  sobre  la  roca.  Vie- 
'  ne  una  inundación,  el  río  se  precipita 
,  sobre  la  casa,  pero  no  puede  derri- 
barla, porque  está  bien  edificada. 
.    Por  el  contrario,  el  que  oye  y  no 
practica,  es  semejante  a  un  hombre 
;  que  edifica  una  casa  sobre  el  suelo 
¡  sin  cimientos;  se  precipita  sobre  ella 
¡  el  río,  al  momento  viene  a  tierra,  y 
'  su  ruina  es  grande. 


78.     Fin  del  sermón 
Mt  7,28.29 

^  Cuando  Jesús  terminó  estos  discursos,  las  turbas  estaban  admiradas 
de  su  doctrina:  ""porque  les  enseñaba  como  quien  tiene  autoridad  y  no 
como  sus  escribas. 


Notas:  N.  76 

Alás  adelante,  en  la  sección  de  los  viajes,  13,26.27,  San  Lucas  se 
hace  eco  de  estas  máximas. 

N.  78 

Ksta  misma  fórmula  se  repetirá  en  11,1;  13,53;  19,1;  26,1.  Se  usa, 
pues,  como  final  de  los  cinco  grandes  discursos. 

7,28  Cuando  Jesús  terminó,  lit.  Sucedió  cuando  J.  terminó;  fórmula 
semita  muy  frecuente  en  Le.  Se  puede  suprimir  el  sucedió,  pues  carece  de 
sentido. 


CURACIÓN  DEL  SIERVO  DEL  CENTURIÓN 


167 


79.     Entra  en  Cafarnaúm 

Mt  8,1  !  Le  7,1 

Cuando  bajó  del  monte,  le  si-  |  Después  que  terminó  todos  estos  dis- 
guió mucha  turba.  '  cursos  al  pueblo,  entró  en  Cafarnaúm. 


80.     Curación  del  siervo  del  centurión. 


Mt  8,5-13 

*  Al  entrar  en  Cafarnaúm  se  acer- 
có a  él  un  centurión  que  le  supli- 
caba decia:  "Señor,  mi  siervo  ya- 
ce en  casa,  paralítico,  sufriendo  te- 
rriblemente." 'Y  le  dice:  "Yo  iré  a 
curarlo."  *  Contestó  el  centurión: 
"Señor,  no  soy  digno  de  que  entres 
bajo  mi  techo;  pero  di  sólo  una  pa- 
labra y  mi  siervo  curará.  "  Porque 
yo,  que  soy  un  subordinado,  tengo 
soldados  bajo  mis  órdenes,  y  digo  a 
uno:  ve,  y  va;  y  al  otro:  ven,  y  vie- 
ne; y  a  mi  siervo:  haz  esto,  y  lo 
hace."  "Al  oír  esto  Jesús  se  admiró 
y  dijo  a  los  que  le  acom.pañaban: 
"En  verdad  os  digo  en  ninguno  de 
Israel  he  encontrado  tan  grande  fe." 
"  Y  os  aseguro  que  muchos  vendrán 


Notas:  N.  79 


Le  7,2-10 

^  Cierto  centurión  tenía  un  siervo 
muy  estimado,  que  estaba  enfermo, 
próximo  a  la  muerte.  ^  Y  como  hu- 
biese oído  hablar  de  Jesús,  le  envió 
algunos  ancianos  de  los  judíos  supli- 
cándole que  viniese  a  salvar  a  su 
siervo.  ■*  Se  presentaron  a  Jesús  y  le 
suplicaban  con  mucha  instancia  di- 
ciendo: "Merece  que  le  concedas  es- 
to, ^  porque  ama  a  nuestro  pueblo  y 
él  nos  ha  edificado  la  sinagoga."  ®  Y 
lesú%  iba  con  ellos.  No  distaba  ya 
mucho  de  la  casa,  cuando  el  centu- 
rión le  envió  unos  amigos  para  de- 
cirle: "Señor,  no  te  molestes;  porque 
no  merezco  que  entres  bajo  mi  te- 
cho, '  ni  yo  mismo  me  tengo  por  dig- 
no de  presentarme  ante  ti.  Pero  di 
una  palabra  y  mi  siervo  será  curado. 


Le  7,1    Estos  discursos :  lit.  todas  estas  palabras. 

Ante  el  pueblo,  lit.  hacia  los  oídos  del  pueblo.  Los  semitas  hacen  re- 
saltar la  presencia  auditiva,  lo  mismo  que  la  visual,  ante  los  ojos  del 
pueblo.  Nosotros,  traduciendo  exactamente  la  idea,  podemos  abreviar : 
ante  el  pueblo,  al  pueblo.  Cf.  Le  4,21. 

Probablemente  se  refiere  a  esta  entrada  en  Cafarnaúm  Me  3,20. 
Cf.  L.  Vaganay,  Vahsence  du  sermón  sur  la  moniagne  chez  Marc:  RB  58 
(1951)  5-46. 

.  Pero  también  es  posible  que  Ale,  que  ha  suprimido  el  sermón  del 
Monte,  se  refiera  a  otra  entrada  en  Cafarnaúm,  posterior  a  la  del  ser- 
món del  Monte.  Por  Le  se  ve  que  la  estancia  en  Cafarnaúm,  después  del 
sermón  del  Monte,  fué  corta,  pues  en  seguida  vendrá  la  excursión  a 
Xaím.  Me  3,20  puede  referirse  a  la  entrada  en  Cafarnaúm,  que  tuvo  lu- 
gar después  de  la  excursión  a  Naím.  Puede  confirmar  en  esta  idea  el 
hecho  de  que  hable  poco  después  de  los  escribas  que  han  venido  de  Je- 
rusalén,  como  si  acabara  de  venir  el  Señor  de  Jerusalén. 

Nosotros  lo  vamos  a  suponer  así,  a  falta  de  otra  hipótesis  más  clara. 
De  esta  manera  se  puede  acoplar  mejor  el  primer  viaje  de  San  Lucas  a 
Jerusalén  con  los  Sinópticos.  Cf.  p.I   c.3   a. 8. 


168 


EL  SEGUNDO  AÑO 


del  Oriente  y  del  Occidente  y  come- 
rán con  Abraham.  Isaac  y  Jacob  en 
el  reino  de  los  cielos:  ^  mientras  que 
ios  hijos  del  reino  serán  arrojados  a 
las  tinieblas  de  afuera:  alli  será  el 
llanto  y  el  crujir  de  dientes."  "Y 
dijo  Jesús  al  centurión:  "Vete  y  que 
se  cumpla  conforme  a  lo  que  has 
creído."  Y  en  aquel  momento  se  cu- 
ró el  siervo. 


;  ■  Porque  yo.  que  soy  un  subordinado, 
,  tengo  soldados  bajo  mi  mando,  y  di- 
go a  uno:  ve,  y  va:  y  al  otro:  ven, 
i  y  viene;  y  a  mi  siervo:  haz  esto,  y 
lio  hace."  *  Al  oir  Jesús  estas  palabras 
'  se  admiró  y,  volviéndose,  dijo  a  la 
muchedumbre  que  le  seguia:  'Os  ase- 
guro que  ni  aun  en  Israel  he  encon- 
trado tan  grande  fe."  '"Volvieron  a 
la  casa  los  enviados,  y  encontraron 
al  sier\o  sano. 


81.     Sube  a  Jerusalén 

  Le  9,51 

y-« —  ■  

Cuando  se  cumplieron  los  días  de  su  asunción,  marchó  resueltamente 
a  Jerusalén  y  envió  mensajeros  delante  de  sí. 


Notas:  N.  81 

Asunción,  traducción  literal  del  griego.  Tiene  el  mismo  sentido  que 
éxodo,  salida  del  mundo,  y  comprenáe  la  muerte,  resurrección  y  ascen- 
sión. Pero  tiene  todax-ía  un  sentido  más  amplio:  la  última  actividad  y 
etapa  del  ministerio  de  Jesús,  que  se  concentra  en  la  subida  y  estancia 
en  Jerusalén.  La  primera  etapa  del  ministerio  ha  sido  en  Galilea.  La  úl- 
tima, en  el  camino  y  dentro  de  Jerusalén.  La  Asunción  de  }[oisi's  es  un 
libro  apócrifo,  escrito  en  el  siglo  I  cristiano  por  un  judío  de  Palestina, 
que  trata  de  las  últimas  enseñanzas  de  Moisés.  La  Ascensión  de  Isaías  es 
otro  apócrifo,  que  pertenece,  en  parte,  al  siglo  I  cristiano;  en  parte,  al  IL 
Encierra,  en  su  fragmento  más  antiguo,  la  descripción  del  martirio  del 
profeta.  El  título,  pues,  de  asunción  o  ascensión  se  aplicaba  en  el  siglo  I 
a  escritos  que  trataban  la  última  actividad  de  algún  gran  personaje. 

Marchó  resíieltam^nte.  En  el  fondo  de  esta  expresión  parece  que  la- 
ten dos  expresiones  hebreas :  a)  pongo  mi  rostro  hacia  un  camino  o  di- 
rección, determino  ir;  h)  dirijo  mi  rostro,  hago  resistencia,  me  enfren- 
to. Cf.  Jcr  44,11.  Las  dos  frases  parece  que  están  fundidas  por  San  Lu- 
cas en  una,  que  podemos  traducir:  marchar,  dirigirse  con  resolución. 
Cf.  J.  St.arcky.  Ohfirmavit  faciem  suam  Ait  iref  lerusaiem :  RScR  39 
(1951-2)  197-202. 

En  la  p.I,  C.3.  hemos  tratado  ampliamente  el  problema  de  los  viajes 
de  San  Lucas.  Xos  remitimos  a  lo  que  allí  hemos  dicho. 

Suponemos  nue  esta  subida  a  Jerusalén  es  para  la  fiesta  de  Pente- 
costés del  año  28.  que  cayó  a  mediados  de  junio,  pues  la  Pascua  o  15  de 
Nisán  fué  el  jueves  29  de  abril,  según  los  cálculos  de  Schaumberger,  que 
ya  hemos  citado  otras  veces. 

La  sección  de  los  viajes  en  San  Lucas  literariamente  es  posterior  al 
ministerio  en  Galilea,  pero  históricamente  es  paralela.  Por  esta  razón, 
desde  ahora,  la  incorporamos  a  los  sucesos  de  este  tiempo.  Lo  haremos, 
sin  embargo,  de  manera  que  no  se  rompa  la  unidad  literaria  que  le  dió 
su  autor.  Para  comprender  el  porqué,  el  lector  necesita  conocer  la  pri- 
mera parte,  que  trata  de  los  fundamentos  de  la  Sinopsis. 

El  tiempo  de  este  viaje  dista  pocr)  del  sermón  del  Monte.  .Mgunos 


EMBAJADA  DEL  BAUTISTA 


169 


82.    La  resurrección  del  joven  de  Ncám 
Le  74M7 

"  A  continuación  marchó  a  una  ciudad  llamada  Naím.  Acompañábanle 
sus  discípulos  y  mucha  turba.  Cuando  se  acercó  a  la  puerta  de  la  ciu- 
dad, sacaban  un  muerto,  hijo  único  de  su  madre,  que  era  viuda.  Con  ella 
iba  bastante  gente  de  la  ciudad.  Al  verla,  el  Señor  se  compadeció  de 
ella,  y  le  dijo:  "No  llores."  Se  acercó  y  tocó  el  féretro.  Los  que  lo  lle- 
vaban se  pararon,  y  dijo:  "Joven,  a  ti  hablo:  levántate."  '°  El  muerto  se 
incorporó  y  empezó  a  hablar.  Y  él  se  lo  entregó  a  su  madre.  Todos  que- 
daron sobrecogidos  de  temor  y  glorificaban  a  Dios,  diciendo:  "Un  gran 
profeta  ha  surgido  entre  nosotros,  y  Dios  ha  visitado  a  su  pueblo."  Y 
esto  que  se  decía  de  él  corrió  por  toda  Judea  y  por  toda  la  región  circun- 
vecina. 


83.    Embajada  del  Bautista 


Mt  11,U6 

'  Cuando  Jesús  terminó  de  ins- 
truir a  sus  doce  discípulos,  pasó 
de  alli  a  enseñar  y  a  predicar  en 
las  ciudades  de  ellos. 

^  Y  Juan,  que  habia  oído  en  la 
cárcel  las  obras  de  Cristo,  por 
medio  de  sus  discípulos  envió  ^  a 
decirle:   "¿Eres  tú  el  que  ha  de 


Le  7,18-23 

"  Y  sus  discípulos  anunciaron  a  Juan 
todas  estas  cosas.  Juan  llamó  a  dos  de 
ellos,  "y  envió  a  decir  al  Señor:  "¿Eres 
tú  el  que  ha  de  venir  o  hemos  de  espe- 
rar otro?"  ^  Se  presentaron  a  él  aque- 
llos bombres  y  dijeron:  "Juan  el  Bau- 
tista nos  envía  a  ti  para  preguntar: 
¿eres  tú  el  que  ha  de  venir  o  hemos  de 


Notas:  N.  81 

códices  leen  la  resurrección  del  hijo  de  la  viuda  de  Naím  al  día  siguien- 
te de  la  curación  del  siervo  del  centurión,  Cf.  Dorado,  p.559  n.390. 

Es  razonable,  como  hemos  dicho  en  la  parte  I,  que  las  excursiones 
por  los  pueblos  y  ciudades  de  Galilea  coincidieran  con  las  ascensiones 
a  Jerusalén. 

Los  Evangelios  no  mencionan  expresamente  la  peregrinación  para  la 
fiesta  de  Pentecostés  del  segundo  año,  pero  se  supone  prudentemente. 
Los  piadosos  israelitas  subían  tres  veces  al  año.  El  Señor  se  acomodó  en 
lodo  a  la  ley.  La  excepción  hay  más  bien  que  probarla. 

N.  82 

7,11  Naím,  pex^ueña  ciudad,  que  está  en  la  llanura  de  Esdrelón,  a  32 
kilómetros  de  Cafarnaúm,  de  donde  viene  Jesús  (Le  7,1).  Dentro  de  la 
Via  maris. 

7,17  Por  toda  Judea^  probablemente  Judea  tiene  aquí  un  sentido  am- 
plio, y  es  lo  mismo  que  país  de  Israel.  La  región  circunvecina  (lit.)  puede 
referirse  al  territorio  pagano   que  rodeaba  la  tierra  de  Israel. 

Este  episodio  es  exclusivo  de  San  Lucas.  Pertenece  al  depósito  de 
sus  personales  investigaciones.  Y,  sin  embargo,  no  lo  pone  en  la  magna 
sección  de  los  viajes,  como  hubiera  debido  hacer,  en  la  opinión  de  aque- 
llos que  tienen  esta  sección  por  un  aglomerado  de  los  hechos  y  senten- 
cias propias  de  San  Lucas,  que  no  estaban  ni  en  Mt  ni  en  Me. 


170 


EL  SEGUNDO  AÑO 


venir,  o  hemos  de  esperar  a '  esperar  a  otro?"  ^  En  aquel  momento 
otro?"  *  Jesús  respondió  y  les  di-  ,  curó  a  muchos  de  enfermedades,  pade- 
jo:  "Id  y  anunciad  a  Juan  las  co-  I  cimientos  y  de  malos  espiritus.  También 
sas  que  oís  y  veis.  '  Los  ciegos  '  dió  la  vista  a  muchos  ciegos.  ~  Respon- 
recobran  la  vista  y  los  cojos  an-  dió  y  les  dijo:  "Id  y  anunciad  a  Juan  las 
dan.  Los  leprosos  quedan  limpios  cosas  que  habéis  visto  y  oido:  los  ciegos 
y  los  sordos  oyen.  Los  muertos  recobran  la  vista,  los  cojos  andan,  los  le- 
resucitan  y  los  pobres  son  evan-  presos  quedan  limpios  y  los  sordos  oyen, 
gelizados.  *  Y  bienaventurado  es  Los  muertos  resucitan  y  los  pobres  son 
todo  el  que  no  se  escandaliza  de  '  evangelizados.  Y  bienaventurado  es 
mi.  todo  el  que  no  se  escandaliza  de  mi. 


84.    Elogio  del  Bautista 
Mt  11,7-11  1  Le  7,24-30 


'  Cuando  ellos  se  marchaban, 
comenzó  Jesús  a  hablar  sobre 
Juan  a  las  turbas:  "¿Qué  salisteis 
a  contemplar  en  el  desierto?  ¿Una 
caña  agitada  por  el  viento?  En- 
tonces, ¿qué  habéis  ido  a  ver?  ¿A 
un  hombre  vestido  delicadamente? 
Pero  los  que  llevan  vestidos  de- 
licados están  en  los  palacios  de 
los  reyes.  °  Entonces,  ¿a  qué  ha- 
béis ido?  ¿A  ver  un  profeta?  Cier- 
tamente, os  digo  que  a  uno  más 
que  profeta.  Este  es  de  quien 
está  escrito: 


'  ^  Y,  cuando  se  marcharon  los  envia- 
¡  dos  de  Juan,  comenzó  a  hablar  sobre 

Juan  a  las  turbas:  "¿Qué  salisteis  a  con- 
'  templar  en  el  desierto?  ¿Una  caña  agita- 
,  da  por  el  viento?  ^  Entonces,  ¿qué  habéis 
I  ido  a  ver?  ¿A  un  hombre  vestido  con 
;  telas  delicadas?  Pero  los  que  andan  con 
'  vestidos  espléndidos  y  lujosos  están  en 
I  los  palacios.     Entonces,  ¿qué  habéis  ido 

a  ver?  ¿A  un  profeta?  Ciertamente,  os 
¡  digo  que  a  uno  más  que  profeta.  ^  Este 
'  es  de  quien  está  escrito: 

i  He  aquí  que  envío  a  mi  ángel  delan- 
1  fe  de  ti. 


Notas:  N.  83 

Obsérvese  el  paralelismo  riguroso  de  las  dos  narraciones.  Sobre  todo, 
Le  7^2.23  parecen  copia  exacta  de  Mt  11,5.6.  El  mismo  orden,  las  mis- 
mas palabras.  ¿Quién  de  quién  depende?  ¿Los  dos  de  lun  escrito  común 
anterior?  ¿Basta  la  tradición  oral,  que  se  fijó  de  idéntica  manera  lógica 
y  verbal? 

La  salida  general  de  que  habla  Alt  11,1  coincide  con  la  otra  más  con- 
creta de  Le  7,11. 

El  Bautista  estaba  en  la  cárcel  de  Maqueronte,  en  la  costa  oriental 
del  mar  Alucrto,  a  unos  25  kilómetros  de  la  desembocadura  del  Jordán. 
Si  ahora  estamos  por  mayo,  Pentecostés  del  año  28,  todavía  le  quedan 
unos  meses  de  vida.  Morirá  poco  antes  de  la  Pascua  del  año  29. 

N.  84 

El  paralelismo  lógico  y  verbal  de  las  dos  narraciones  es  muy  acen- 
tuado. Prueba  de  mutua  o  común  dependencia. 

Contemplar,  la  predicación  de  Juan  con  sus  efectos  debía  ser  un  ver- 
dadero espectáculo. 

Mt  11,8    vestido  delicadamente,  lit.  vestido  con  cosas  delicadas. 
11,11    entre  los  nacidos  de  mujer,  hebraísmo  =  hombres. 
Le  7,25    con  telas,  lit.  con  vestidos. 


LA  DURcZA  DE  LOS  JUDÍOS 


171 


He  aquí  que  envío  a  mi  ángel 
delante  de  ti, 

el  cual,  delante  de  ti,  preparará 
tu  camino. 

"  En  verdad  os  digo  que,  entre 
los  nacidos  de  mujer,  no  ha  exis- 
tido uno  mayor  que  Juan  Bautis- 
ta. Pero  el  más  pequeño  en  el 
reino  de  los  cielos  es  mayor  que 
él 


el  cual,  delante  de  ti,  preparará  tu  ca- 
mino. 

•'Porque  yo  os  digo:  Entre  los  naci- 
dos de  mujer,  no  hay  ninguno  mayor 
que  Juan."  Y  todo  el  pueblo,  aun  los 
publicanos,  después  de  oírle,  reconocie- 
ron la  justicia  de  Dios,  recibiendo  el 
bautismo  de  Juan.  ^  Pero  los  fariseos  y 
los  escribas  despreciaron  el  plan  de  Dios, 
no  recibiendo  el  bautismo  de  él. 


85.     La  dureza  de  los  judíos 


Mí  11,12-19 

"  Desde  los  días  de  Juan  Bautista  has- 
ta el  presente,  el  reino  de  los  cielos  es 
forzado  y  los  fuertes  1  o  arrebatan. 
"  Porque  hasta  Juan  todos  los  profetas 
y  la  ley  han  anunciado,  "  El  es,  si  que- 
réis creer,  el  Elias  que  debía  venir. 
"  Quien  tenga  oídos,  que  oiga. 

¿Con  quién  compararé  esta  genera- 
ción? Es  semejante  a  niños  sentados  en 
las  plazas  que,  gritando  a  sus  compañe- 
ros, ^'  dicen:  "Os  hemos  tocado  la  flau- 
ta, y  no  habéis  bailado;  hemos  cantado 
un  himno  fénebre,  y  no  habéis  llorado." 

Porque  vino  Juan,  que  no  comía  ni  be- 
bía, y  dicen:  "Tiene  un  demonio."  "Vi- 
no el  Hijo  del  hombre,  que  come  y  be- 


Lc  7,31-35 

^'  Y  ¿con  quién  compararé  a  los 
hombres  de  esta  generación?  ¿Y  a 
quién  se  parecen?  ^  Son  semejan- 
tes a  los  niños  que,  sentados  en 
la  plaza,  se  cantan  unos  a  otros 
aquella  letra: 

"Os  hemos  tocado  la  flauta  y 
no  habéis  bailado;  hemos  cantado 
un  himno  fúnebre  y  no  habéis  llo- 
rado." 

Porque  vino  Juan  Bautista, 
que  no  comía  pan  ni  bebía  vino, 
y  decís:  Tiene  un  demonio.  ^  Ha 
venido  el  Hijo  del  hombre,  que 
come  y  bebe,  y  decís:  He  aquí  un 


Notas:  N.  84 

7,29  reconocieron  la  justicia  de  Dios,  aceptaron  el  modo  como  Dios 
había  determinado  (consejo,  plan)  justificarlos.  El  pueblo  aceptó  el  me- 
dio escogido  por  Dios.  Los  fariseos  y  escribas  lo  rechazaron. 

N.  85 

Mt  11,12  es  forzado.  La  Vg  traduce:  vim  patitur.  En  rigor,  se  puede 
dudar  entre  el  sentido  medio  y  pasivo.  En  Le  16,16  hay  un  complemen- 
to :  se  esfuerzan  hacia  él,  contra  él.  Por  esto  allí  es  claro  el  sentido  me- 
dio activo.  Pero  aquí  falta  ese  complemento  y  sólo  parece  razonable  el 
sentido  pasivo.  Todavía  el  sentido  concreto  es  discutible.  ¿Se  refiere  al 
esfuerzo  que  ponen  los  buenos  para  entrar  en  el  reino?  Así  nos  parece. 
Pero  también  es  probable  que  se  refiera  a  la  fuerza  que  hacen  contra 
él  los  enemigos  del  reino.  Los  fuertes  lo  arrebatan,  también  es  suscep- 
tible la  frase  de  doble  sentido :  los  buenos  entran  en  el  reino,  o  los  ma- 
los impiden  que  los  sencillos  entren  en  él. 

11,19  la  sabiduría  se  ha  justificado',  el  plan  sabio  de  Dios  para  salvar 
se  ha  manifestado  por  sus  propias  obras. 


Le  7,32   Aquella  letra,  lit.  aquello  que  dice. 


172 


EL  SEGUNDO  AÑO 


be,  y  dicen:  "He  aquí  un  hombre  come-  hombre  comedor  y  bebedor,  ami- 
dor  y  bebedor,  amigo  de  pubhcanos  y  go  d  e  publícanos  y  pecadores, 
pecadores."  Mas  la  sabiduría  se  ha  justi-  ^  Mas  sus  hijos  han  hecho  justi- 
ficado con  sus  obras.  cía  a  la  Sabiduría. 

.  .r,v^^-ÉkL.ü¿j^^  

86.     La  conversión  de  la  pecadora 

Le  7,36-50 


*  Cierto  fariseo  le  invitó  a  que  comiese  con  él.  Fué  a  la  casa  del  fa- 
riseo y  se  puso  a  la  mesa.  MaS"  he  aquí  que  una  mujer,  que  era  en  la 
ciudad  pública  pecadora,  se  enteró  de  que  estaba  comiendo  en  la  casa  del 
fariseo.  Llevó  un  frasco -de  alabastro  con  ungüento.  ^  se  puso  detrás,  jun- 
to a  sus  pies,  y  empezó  a  llorar  y  a  mojar  con  sus  lágrimas  los  pies  de  él. 
Con  los  cabellos  de  su  cabeza  los  secaba.  También  besaba  y  ungía  con 
el  ungüento  los  pies.  *^  Al  ver  esto  el  fariseo  que  le  había  invitado,  dijo  en 
su  interior:  "Si  éste  fuera  profeta,  conocería  quién  y  qué  clase  de  mujer 
es  esta  que  le  toca,  una  pecadora."  '"Jesús  respondió  y  le  dijo:  "Simón, 
tengo  una  cosa  que  decirte.  '  Y  él  contestó:  "Maestro,  di."  "Un  acreedor 
tenía  dos  deudores.  Uno  debía  500  denarios,  y  el  otro,  50.  Como  no  te- 
nían para  pagar,  perdonó  a  los  dos.  ¿Quién,  pues,  de  ellos  le  amará  más?" 

Respondió  Simón,  y  dijo:  "Supongo  que  aquel  a  quien  perdonó  más." 
El  le  contestó:  "Has  juzgado  rectamente."  Y,  vuelto  hacia  la  mujer,  de- 
cía: "¿Ves  a  esta  mujer?  He  entrado  en  tu  casa.  No  me  has  puesto  agua 
para  los  pies.  Pero  ella  con  las  lágrimas  ha  lavado  mis  pies,  y  con  sus 
cabellos  los  ha  secado.  *^  No  me  has  dado  un  beso.  Pero  ella,  desde  que 
entré,  no  ha  dejado  de  besar  mis  pies.  No  has  ungido  mi  cabeza  con 
aceite.  Pero  ella  ha  ungido  mis  pies  con  ungüento.  ^^Por  esto  te  digo:  es- 


Notas:  N.  85 

Le  7,35  Lit.  mas  la  Sabiduría  se  ha  justificado  de  parte  de  sus  hijos. 
I, so  hijos  de  la  Sabiduría  son  los  buenos  y  fieles  que  lian  creído  a  Juan  y 
al  Hijo  del  hombre.  La  Sabiduría  =  la  Providencia  sabia  y  salvadora 
de  Dios. 

N.  86 

No  consta  la  ciudad  en  que  tuvo  lugar  este  suceso.  Los  autores  gene- 
ralmente hablan  de  Naím,  porque  poco  antes  ha  sido  mencionada.  Algu- 
no, como  Girard,  habla  de  Jerusalén  por  el  artículo:  la  ciudad,  y  porque 
era  sitio  más  propio. 

El  problema  de  la  identificación  de  esta  mujer  con  Magdalena  y  Ma- 
ría de  Betania  sigue  en  pie.  La  liturgia  romana  identifica  las  tres.  La 
liturgia  oriental  distingue  las  tres.  La  identificación  en  una  sola  persona 
no  es  fácil  de  sostener.  No  parece  probable  aue  María  de  Betania  se 
haya  de  identificar  con  la  pecadora  o  María  Magdalena.  La  pecadora  y 
Ufaría  Magdalena  se  puede  identificar  más  fácilmente.  Cf.  Dorado,  pp.573- 
575  am.398-400;  Girard,  pp.83-86. 

7,37  pública  pecadora,  lit.  pecadora.  El  contexto  exige  pública  peca- 
dora. 

Ungüento  oloroso. 

7,44    decía,  impf.  de  duración  y  continuación. 

7,47    Por  esto,  ou  charin,  cuitis  reí  graiia.  Se  puede  referir  o  al  verbo 


i 


y.O  LE  RECIBEN  LOS  SAMARITANOS  173 


tán  perdonados  sus  muchos  pecados,  porque  amó  mucho.  Pero  al  que  se 
le  perdona  poco,  ama  poco."  '"Después  dijo  a  ella:  "Están  perdonados 
tus  pecados."  ""'Y  comenzaron  los  comensales  a  decirse:  "¿Quién  es  éste, 
que  hasta  perdona  pecados?"  Mas  él  dijo  a  la  mujer:  "Tu  fe  te  ha  sal- 
vado: vete  en  paz.  ' 

87.     El  servicio  de  las  mujeres 
Le  8,1-3 

'  Después  caminaba  por  ciudades  y  aldeas,  predicando  y  evangelizando 
el  reino  de  Dios,  y  le  acompañaban  los  Doce  '  y  algunas  mujeres  que  habían 
sido  curadas  de  espíritus  malignos  y  enfermedades:  María,  por  sobrenom- 
bre la  Magdalena,  de  la  que  habían  .salido  siete  demonios;  ^  Juana,  la  mu- 
jer de  Cuza,  intendente  de  Heredes;  Su.sana,  y  otras  muchas,  las  cuales 
les  asistían  con  sus  bienes. 

88.     No  le  reciben  los  samaritanos 

Le  9,52-56 

®^  Y  envió  delante  de  sí  mensajeros  que  Dartieron  y  entraron  en  una 
aldea  de  samaritanos  para  prepararle  hospedaje.  Pero  no  lo  recibieron 
porque  se  veía  que  iba  a  Jerusalén.  '^^  Ante  esto,  los  discípulos,  Santiago  y 


Notas:  N.  86 

te  digo,  como  en  nuestra  traducción,  o  al  verbo  están  perdonados,  con 
menos  probabilidad.  Porque  amó.  Oti.  causal  ambiguo.  Puede  expresar 
la  razón  del  perdón  o  la  razón  por  donde  se  eonoce  el  perdón. 

N.  87 

Es  posible  que  la  compañía  y  ayuda  que  prestan  al  Señor  estas  pia- 
dosas mujeres  no  sea  un  hecho  particular  de  este  viaje.  Debió  de  ser  una 
cosa  más  general.  Le  ha  hecho  mención  ahora,  con  ocasión  de  la  con- 
versión de  la  pecadora.  Puede  ser  una  aplicación  más  de  su  método  ge- 
neral de  eliminación  o  atracción  de  materia. 

N.  88 

9.52  para  prepararle  hospedaje.  Lit.  para  prepararle. 

9.53  Se  veía  que  iba  a  Jerusalén,  lit.  porque  su  rostro  iba  a  Jer-usalén. 
Para  conservar  algo  del  modismo  hebreo,  hemos  añadido:  se  veía  que  iba. 
Se  podía  traducir  simplemente :  Doraue  iba  a  Jerusalén. 

9.54  Ante  esto,  lit.  y  habiendo  visto. 

Aquí  incorporamos  la  primera  parte  del  gran  viaje  de  San  Lucas. 
En  la  parte  I  (c.3  aa.4-6)  hemos  estudiado  el  plan  literario  que  preside 
esta  gran  sección,  la  realidad  histórica  de  los  viajes  y  su  encuadramiento 
en  el  marco  de  los  Sinópticos  y  de  San  Juan.  Por  todo  lo  dicho  allí,  su- 
ponemos que  se  trata  en  esta  gran  sección  de  tres  viajes  diferentes.  Aho- 
ra empieza  el  viaje  primero  (Le  9,51-13,21).  Este  primero  pertenece  his- 
tóricamente a  la  mitad  del  segundo  año  y  coincide  con  la  ascensión  a 
Jerusalén  para  la  fiesta  de  Pentecostés,  que  era  una  de  las  tres  fiestas 
anuales  de  peregrinación.  De  este  viaje  no  habla  San  Juan. 


174 


EL  SEGUNDO  AÑO 


Juan,  dijeron:  "Señor,  ¿quieres  que  pidamos  baje  fuego  del  cielo  para  aca- 
bar con  ellos?"  "  Vuelto  hacia  ellos,  los  reprendió.  ^  Y  marcharon  a  otra 
aldea. 


89.     Tres  candidatos 


Mt  8,19-22 

"  Y,  acercándose  un  escriba, 
le  dijo:  "Maestro,  te  seguiré 
a  donde  vayas.  ^  Y  le  dice  Je- 
sús: "Las  zorras  tienen  cue- 
vas, y  las  aves  del  cielo  ni- 
dos; pero  el  Hijo  del  hombre 
no  tiene  dónde  reclinar  la  ca- 
beza." "  Otro  de  los  discípu- 
los le  dijo:  "Señor,  permíte- 
me que  primero  vaya  a  ente- 
rrar a  mí  padre."  ^  Mas  Je- 
sús le  dijo:  "Sigúeme,  y  deja 
a  los  muertos  que  entierren  a 
los  muertos." 


Le  9,57-62 

"Y  durante  el  camino  le  dijo  uno:  "Te 
seguiré  adondequiera  que  vayas."  ^  Jesús 
le  dijo:   "Las  zorras  tienen  cuevas,  y  las 
aves  del  cielo  nidos;  pero  el  Hijo  del  hom- 
bre no  tiene  dónde  reclinar  la  cabeza."  "A 
otro  le  dijo:  "Sigúeme";  y  él  le  contestó: 
"Señor,  déjame  primero  ir  a  dar  sepultura 
a  mi  padre."     Di  jóle:  "Deja  a  los  muertos 
que  entierren  a  sus  muertos,  y  tú  ve  a  anun- 
i  ciar  el  reino  de  Dios."     Otro  dijo:  "Te  se- 
j  guiré,  Señor;  pero  permíteme  primero  des- 
¡  pedirme  de  los  de  mi  casa."  ^  Dijole  Jesús: 
!  "Ninguno  que  ha  puesto  su  mano  al  arado 
I  y  mira  a  lo  de  atrás,  es  apto  para  el  reino 
de  Dios." 


90.    Misión  de  los  setenta  y  dos  discípulos 
Le  10,1-12 

*  Después  de  esto,  señaló  el  Señor  otros  setenta  y  dos  discípulos,  que  en- 
vió de  dos  en  dos  delante  de  sí  a  todas  las  ciudades  y  sitios  por  donde 
había  de  pasar.  'Y  les  dijo:  "La  mies  es  mucha,  y  los  operarios  pocos. 
Rogad,  pues,  al  Señor  de  la  mies  que  envíe  obreros  a  su  campo.  ^  ¡Partid! 


Notas:  N.  89 

Probablemente,  Mt  8,19-22,  que  menciona  el  caso  de  dos  pretendien- 
tes, se  refiere  al  mismo  hecho  que  ahora  cuenta  San  Lucas.  El  marco 
histórico  de  Mateo  aparece  un  poco  quebrado.  Lo  pone  poco  después  de 
la  curación  de  la  suegra  de  San  Pedro,  cuyo  momento  histórico  ha  des- 
figurado. Jesús  acaba  de  dar  la  orden  de  pasar  a  la  otra  orilla,  e  inmedia- 
tamente después  que  cuenta  la  oferta  que  hacen  de  sí  los  dos  pretendien- 
tes, habla  de  que  Jesús  sube  a  la  barca  y  narra  el  milagro  de  la  tem- 
pestad. 

N  90 

10,1  Los  envió.  Esta  misión  de  72  discípulos  supone  que  el  Señor  va 
de  viaje  misionero,  lento,  y  que  todavía  no  ha  tenido  lugar  la  crisis  de 
Galilea,  cuando  se  retira  del  pueblo  y  se  dedica  a  formar  a  los  más  ín- 
timos. 

Esta  excursión  misionera  suponemos  que  empezó  en  Cafarnaúm,  ha 
pasado  por  Naím  y  por  el  territorio  samaritano.  Tal  vez,  después  que  los 
samaritanos  lo  rechazaron,  declinó  hacia  oriente,  hacia  Salim,  cerca  de 
Ainón,  y  lueffo  bajó  a  Jericó.  Toda  esta  banda,  que  había  evangelizado 
primero  el  Bautista,  ha  podido  ser  la  región  de  los  72  discípulos. 


AMENAZA  A  LAS  CIUDADES  IMPENITENTES 


175 


Mirad  que  os  envío  como  corderos  en  medio  de  lobos.  *  No  llevéis  bolsa, 
ni  alforja,  ni  sandalias.  Y  no  saludéis  a  nadie  en  el  camino.  En  cualquier 
casa  en  que  entréis,  decid  primeramente:  Paz  a  esta  casa.  ®  Y  si  allí  hu- 
biere alguien  digno  de  paz,  vuestra  paz  reposará  sobre  él;  de  lo  contra- 
rio, retornará  a  vosotros.  '  Y  permaneced  en  la  misma  casa,  comiendo  y 
bebiendo  lo  que  tengan:  porque  el  operario  es  digno  de  su  salario.  No  pa- 
séis de  una  casa  a  otra.  **  En  cualquier  ciudad  donde  entréis  y  os  reciban, 
comed  lo  que  os  presenten;  °  curad  sus  enfermos  y  decidles:  Está  cerca  de 
vosotros  el  reino  de  Dios,  En  cualquier  ciudad  donde  entréis  y  no  os 
reciban,  salid  por  las  calles  y  decid:  "  Aun  el  polvo  de  vuestra  ciudad, 
que  se  nos  ha  pegado  a  nuestros  pies,  lo  sacudimos  para  vosotros.  Pero 
sabed  esto:  que  está  cerca  el  reino  de  Dios.  Os  digo  que  en  aquel  día 
será  tratada  Sodoma  con  menos  rigor  que  esta  ciudad." 


91.    Amenaza  a  las  ciudades  impenitentes 
Mt  11,20-24  Le  1043-16 


^  Entonces  comenzó  a  increpar  a  las  ciu- 
dades en  que  habían  tenido  lugar  la  mayor 
parte  de  sus  milagros,  porque  no  se  habían 
convertido.  "*"¡Ay  de  ti,  Corozaín!  ¡Ay  de 
ti,  Betsaida!  Porque  si  en  Tiro  y  Sidón  se 
hubieran  hecho  los  milagros  realizados  en 
vosotras,  tiempo  ha  que  hubieran  hecho  pe- 
nitencia en  saco  y  en  ceniza.  ^  Pero  yo  os 
digo  que  en  el  día  del  juicio  el  castigo  de 
Tiro  y  Sidón  será  menos  riguroso  que  el 
vuestro.  ^  Y  tú,  Cafarnaúm,  ¿por  ventura 
te  levantarás  hasta  el  cielo?  Bajarás  hasta 
el  infierno.  Porque  si  en  Sodoma  se  hubie- 
ran hecho  los  milagros  que  se  han  hecho 
en  ti,  hubiera  permanecido  hasta  el  día  de 
hoy.  ^  Pero  yo  os  digo  que  el  día  del  jui- 
cio será  más  soportable  para  la  gente  de 
Sodoma  que  para  ti." 


""¡Ay  de  ti,  Corozaín!  ¡Ay 
de  ti,  Betsaida!  Porque  si  en 
Tiro  y  Sidón  se  hubieran  he- 
cho los  milagros  que  se  han 
hecho  en  vosotras,  tiempo  ha 
que  hubieran  hecho  peniten- 
cia sentados  en  saco  y  ceni- 
za. "  Pero  en  el  día  del  jui- 
cio habrá  menos  rigor  para 
Tiro  y  Sidón  que  para  vos- 
otras. ^  Y  tú,  Cafarnaúm,  ¿por 
ventura  te  levantarás  hasta  el 
cielo?  Caerás  hasta  el  infier- 
no. ^®  Quien  oye  a  vosotros, 
a  mí  oye,  y  quien  desprecia  a 
vosotros,  a  mí  desprecia.  Y  el 
que  a  mí  desprecia,  desprecia 
al  que  me  ha  enviado." 


Notas:  N.  90 

10,6    digno  de  paz,  lit.  hijo  de  paz  (hebr.). 

Retornará  a  vosotros,  hebraísmo  para  decir  que  no  ha  tenido  efecto. 
Vuelve  lo  que  no  ha  tenido  efecto;  no  vuelve  lo  que  ha  tenido.  Cf.  Is 
45,23;  55,11.^ 

10,9   está  cerca,  también  podría  traducirse:  ha  llegado. 
10,12   será  tratada  con  menos  rigor^  lit.  será  más  llevadero. 


N.  91 

La  posición  literaria  de  estas  amenazas  es  probable  que  no  está  en 
su  momento  histórico.  Ni  en  Mateo  ni  en  Lucas.  En  San  Lucas  están 
dentro  del  discurso  que  Jesús  hace  a  los  72  discípulos.  Forman  parte  de 
él,  como  se  ve  por  10,16.  Es  fácil  que  San  Lucas  haya  seguido  aquí  su 
método  de  eliminación  y  atracción.  La  amenaza  que  el  Señor  dirige  con- 
tra las  ciudades  aue  no  reciben  a  sus  discípulos,  ha  atraído  las  amena- 


176 


EL  SEGUNDO  AÑO 


92.     Vuelven  los  discípulos 
Le  10,17-20 

'■  Volvieron,  pues,  los  setenta  y  dos,  y  con  alegría  decían:  "Señor,  has- 
ta los  demonios  se  nos  someten  en  tu  nombre."  '''El  les  dijo:  "Veía  a  Sa- 
tanás caer  como  un  rayo  del  Cielo.  Os  he  dado  el  poder  para  andar  so- 
bre serpientes  y  escorpiones  y  sobre  toda  potencia  enemiga,  y  nada  os 
hará  daño.  Pero  no  es  regocijéis  de  esto,  de  que  los  espíritus  se  os  so- 
metan: regocijaos  más  bien  de  que  vuestros  nombres  están  escritos  en  el 
cielo. 


93.     Revelación  del  Padre  y  del  Hijo 


Mt  9,25-30 

En  aquel  tiempo  habló  Jesú.s  y 
dijo:  "Bendíqote.  oh  Padre,  Señor 
del  cielo  y  de  la  tierra,  porque  has 
ocultado  estas  cosas  a  los  sabios  y 
a  los  prudentes  y  se  las  has  revela- 
do a  los  pequeños.  Si,  Padre,  pues 
tal  ha  sido  tu  beneplácito,  ''lodo 
me  ha  sido  entregado  por  mi  Padre, 
y  nadie  conoce  al  Hijo  sino  el  Pa- 
dre: y  al  Padre  nadie  lo  conoce  sino 
el  Hijo  y  aquel  a  quien  el  Hijo  quie- 
ra revelarlo. 

Venid  a  mi  todos  los  que  estáis 
apenados  y  sobrecargados,  y  yo  os 
aliviaré.  Tomad  sobre  vosotros  mi 
yugo  y  aprended  de  mi.  porque  soy 
manso  y  humilde  de  corazón,  y  en 
contrarcis  alivio  para  vuestras  almas. 
'"'  Porque  mi  yugo  es  suave  y  mi  car- 
ga ligera." 


I  Le  10,21-24 

En  aquel   mismo  momento,  por 
¡  la  acción  del  Espíritu  Santo,  se  llenó 
I  d-?  gozo  y  exclamó:   "Yo  te  bendi- 
:  go.  Padre,  Señor  del  cielo  y  de  la 
tierra,  porque  has  ocultado  estas  co- 
sas a  los  sabios  y  a  los  prudentes  y 
I  las  has  revelado  a  los  pequeños.  Sí, 
Padre,  pues  tal  ha  sido  tu  beneplá- 
,  cito.  ~  Todo  me  ha  sido  dado  por  mi 
Padre,  y  nadie  conoce  quién  es  el 
¡  Hijo    sino  el  Padre;  ni  quién  es  el 
Padre   sino  el  Hijo   y  aquel  a  quien 
el  Hijo  lo  quiera  revelar." 

Y  volviéndose  a  los  discípulos 
les  dijo  en  particular:  "¡Bienaventu- 
rados los  ojos  que  ven  lo  que  vos- 
otros veis!  Porque  es  digo  que  mu- 
chos profetas  y  reyes  desearon  ver 
lo  que  vosotros  veis  y  no  lo  vieron, 
y  escuchar  lo  que  vosotros  escucháis 
y  no  lo  escucharon." 


Notas:  N  91 

zas  c|uc,  fii  un  tii.'r.i])()  ])()St(,rior.  dirigir:!  :i  las  ciudades  imponitcnles  ¡leí 
Lago. 

Por  otra  parle,  en  Le  ha  terminado  ya,  literariamente,  el  ministeri».) 
del  Lago  y  (le  Ckiiilea.  Se  explica,  pues,  que  haya  puesto  en  este  lugar 
las  amenazas  contra  las  ciudades  del  Lago,  que  debieron  tener  lugar  cuan- 
do terminó  el  ministerio  en  Galilea  y  marchó  definitivamente  para  jiidea. 

La  posición  de  estas  mismas  amenazas  en  Mateo  se  explica  menr.s. 
Las  ha  puesto  desi)ués  de  la  embajada  del  Bautista,  cuando  todavía  le 
queda  por  narrar  bastante  del  ministerio  en  el  Lago.  Tal  vez  la  dureza 
que  Jesús  reprende  en  los  escribas  y  fariseos  ha  atraído  también  lógica- 
mente estas  reprensiones  contra  las  ciudades. 

La  generalidad  de  los  autores  pone  estas  amenazas  en  la  despedida  d.i 
Lago.  Nosotros  preferimos  dejarlas  en  el  lugar  que  les  dió  San  Lucas, 
que  no  difiere  cronológicamente  del  que  les  dió  San  Mateo. 


177 


94.     El  buen  sarnaritano 

Le  10,25-37 

^Levantóse  un  doctor  de  la  ley  para  tentarle  y  le  dijo:  "Maestro,  ¿qué 
es  lo  que  tengo  que  hacer  para  alcanzar  la  vida  eterna?"  ^'  Le  contestó: 
"¿Qué  está  escrito  en  la  ley?  ¿Cómo  lees?"  "'El  respondió:  "Amarás  al 
Señor  tu  Dios  con  todo  tu  corazón,  con  toda  tu  alma,  con  todas  tus  fuer- 
zas y  con  todo  tu  espíritu;  y  a  tu  prójimo  como  a  ti  mismo."  ^Díjole: 
"Has  respondido  bien.  Haz  eso  y  vivirás."  "'"'El,  para  justificar  su  pre- 
gunta, dijo  a  Jesús:  "¿Y  quién  es  mi  prójimo?"  ^"Respondió  Jesús:  "Un 
hombre  bajaba  de  Jerusalén  a  Jericó,  y  cayó  en  manos  de  unos  ladrones, 
los  cuales,  después  de  haberlo  despojado  y  golpeado,  se  marcharon  y  lo 
dejaron  medio  muerto.  Accidentalmente  bajaba  por  aquel  camino  un  sacer- 
dote; lo  vió,  y  pasó  de  largo.  "  Lo  mismo  hizo  un  levita;  pasó  por  aquel 
sitio,  lo  vió,  y  siguió  adelante.  Pero  un  samaritano,  que  iba  de  viaje, 
llegó  junto  a  él,  y,  al  verlo,  se  compadeció;  acercóse  y  vendó  sus  he- 
ridas, después  de  ungirlas  con  aceite  y  vino.  Lo  montó  en  su  cabalgadura, 
lo  llevó  a  una  posada  y  lo  tomó  a  su  cuidado.  ^  Al  dia  siguiente  sacó  dos 
denarios  y  se  los  dió  al  hostelero  y  le  dijo:  Cúidale.  y  lo  que  gastes  de 
más,  yo  te  lo  pagaré  a  mi  vuelta.  ""^  ¿Quién  de  estos  tres  te  parece  que 
se  mostró  prójimo  del  que  cayó  en  manos  de  los  ladrones?"  ^Contestó  él: 
"El  que  ejercitó  con  él  la  misericordia."  Díjole  Jesús:  "Ve  y  haz  tú  lo 
mismo." 

95.     Marta  y  María 
Le  10,38-42 

®  Yendo  de  camino,  entró  en  cierta  aldea,  y  una  mujer,  llamada  Marta, 
lo  recibió  en  su  casa.  Esta  tenía  una  hermana,  llamada  María,  la  cual, 
sentada  a  los  pies  del  Señor,  escuchaba  su  doctrina.  Y  Marta  estaba 
atareada  con  el  mucho  servicio.  Se  acercó  y  dijo:  "Señor,  ¿no  te  importa 


Notas:  N.  94 

Es  muy  probable  que  el  Señor  propusiera  esta  parábola  a  la  salida 
de  Jericó,  en  el  camino  que  sube  a  Jerusalén  a  través  del  desierto  de 
Judá.  Al  término  de  este  viaje  encontramos  Betania  implícitamente,  en 
la  escena  de  Marta  y  de  María.  Por  otra  parte,  el  Señor  se  inspiraba 
en  las  cosas  que  iba  viendo  para  sus  lecciones  espirituales.  El  agua  del 
pozo  de  Jacob  le  da  la  imagen  de  la  vida  de  la  gracia,  el  pan  de  la  mul- 
tiplicación le  ofrece  el  vestido  para  el  cuerpo  eucarístico.  El  camino  de 
Jericó  a  Jerusalén  le  ofrece  el  escenario  de  la  parábola. 

El  albergue  del  buen  samaritano  (Khan  el-Hotrur)  se  encuentra  en 
la  carretera  que  sube  de  Jericó,  19  kilómetros  antes  de  llegar  a  Jerusalén. 
Las  emboscadas  en  este  camino  tortuoso  son  hoy  tan  actuales  como  en 
tiempos  de  Jesús. 

N.  95 

San  Lucas  no  da  el  nombre  de  la  aldea.  Por  San  Juan  sabemos  que 
las  dos  hermanas  habitaban  en  Betania,  muy  cerca  de  Jerusalén.  A  cinco 
kilómetros. 

Se  concibe  con  dificultad  que  Jesús  se  hospedara  en  Betania  v  no  en- 


178 


EL  SEGUNDO  AÑO 


nada  que  mi  hermana  me  deje  servir  sola?  Díle,  pues,  que  me  ayude." 
"  El  Señor  le  contestó:  "Marta,  Marta;  te  angustias  y  turbas  por  muchas 
cosas.  Basta  una  sola.  María  ha  escogido  la  mejor  parte,  que  no  le  será 
quitada  ' 

96.     La  oración  dominical 
Le  11,M3 

^  Hacía  oración  en  cierto  lugar,  y  cuando  terminó,  le  dijo  uno  de  sus 
discípulos:  "Señor,  enséñanos  a  orar,  como  Juan  enseñó  a  los  suyos."  ^  El 
les  dijo:  'Cuando  oréis,  decid:  Padre,  santificado  sea  tu  nombre,  venga 
tu  reino.  ^  Danos  cada  día  el  pan  nuestro;  ■*  y  perdónanos  nuestras  deudas, 
como  nosotros  perdonamos  a  todo  el  que  nos  debe;  y  no  permitas  que 
caigamos  en  alguna  tentación."  les  dijo:  "Si  uno  de  vosotros  tiene  un 
amigo  y  acude  a  él  a  media  noche  y  le  dice:  Amigo,  préstame  tres  pa- 
nes, porque  un  amigo  mío  ha  llegado  de  viaje  y  no  tengo  nada  que  ofre- 
cerle, 'y  él  le  responde  desde  dentro:  No  me  molestes,  ya  está  cerrada 
la  puerta,  y  mis  hijos  están  conmigo  en  la  cama;  no  puedo  levantarme  a 
dártelo;  ^  os  aseguro  que,  si  no  se  levanta  a  dárselos  por  ser  su  amigo,  al 
menos  por  su  importunidad  se  levantará  a  darle  cuanto  necesite.  ®  Yo  os 
digo:  Pedid  y  se  os  dará;  buscad  y  encontraréis;  llamad  y  se  os  abrirá. 
^"  Porque  todo  el  que  pide,  recibe,  y  el  que  busca,  encuentra,  y  a  quien 
llama,  se  le  abre.  "  ¿Qué  padre  hay  entre  vosotros  que,  si  su  hijo  le  pide  pan, 
le  dé  una  piedra?  Y  si  un  pez,  ¿por  ventura  le  dará,  en  vez  del  pez,  una 
serpiente?,  ^*  o,  si  pide  un  huevo,  ¿le  dará  un  escorpión?  "  Pues  si  vos- 
otros, siendo  malos,  sabéis  dar  a  vuestros  hijos  cosas  buenas,  ¿cuánto 
más  el  Padre  del  cielo  dará  el  Espíritu  Santo  a  los  que  le  ruegan?" 


Notas:  N.  95 

trara  antes  o  después  en  Jerusalén.  Esta  estancia  debió  coincidir  con 
alguna  fiesta  de  peregrinación. 

Nosotros,  por  vía  de  hipótesis,  suponemos  que  se  trataba  de  la  fiesta 
de  Pentecostés,  que  aquel  año  28  cayó  a  mediados  de  junio,  pues  se  ce- 
lebraba cincuenta  días  después  de  la  Pascua,  y  aquel  año  el  15  de  Nisán 
fué  el  jueves  29  de  abril,  según  los  cálculos  de  Schaumberger.  Cf.  Dora- 
do, p.1030. 

Pentecostés  era  una  de  las  tres  fiestas  que  tenían  obligación  de  cele- 
brar los  hombres  en  Jerusalén.  No  existe  documento  que  hable  de  su 
octava.  La  fiesta  litúrgica  en  el  templo  era  de  un  solo  día.  Esto  no  im- 
pide que  el  Señor  estuviera  más  días,  aunque  no  fuera  más  que  para 
asistir  a  la  liturgia  ordinaria  y  para  extender  la  buena  nueva  del  reino. 

N.  96 

Este  contexto  de  fiesta,  a  la  vista  del  templo,  explica  muy  bien  la 
doctrina  sobre  la  oración  y  el  deseo  de  saber  orar  que  sienten  los  discí- 
pulos. 

San  Mateo  ha  desplazado  el  marco  histórico  por  motivos  de  orden 
lógico  y  literario.  Cf.  p.I  c.3  a.4;  Dorado,  p.710  n.521. 


EL  CIEGO  MUDO 


179 


97.     En  Cafarnaúm  de  nuevo 
Me  3,20^21 

^  Entra  en  la  casa  y  se  congregó  nuevamente  la  turba,  de  manera  que 
ellos  no  podían  ni  tomar  alimento.  Y,  cuando  se  enteraron  los  suyos, 
fueron  a  retenerlo,  porque  se  decía  que  estaba  fuera  de  sí. 


98. 

Mt  12,22-23 


El  ciego  mudo 


^  Entonces  le  trajeron  un  endemoniado  cié 
go  y  mudo  y  lo  curó,  de  manera  que  el  mudo 
hablaba  y  veía.  "  Y  toda  la  gente  quedó  estu- 
pefacta y  decía:   "¿Es  éste  acaso  el  hijo  de 
David?" 


Le  11,14 

Arrojaba  a  un  demo- 
nio, que  era  mudo;  y  ape- 
nas salió  el  demonio,  habla 
el  mudo,  y  las  gentes  que- 
daron admiradas. 


Notas:  N.  97 

Estos  dos  versos  presentan  varias  dificultades.  De  tiempo,  de  tex- 
to y  de  sentido.  Bl  tiempo  de  esta  entrada  en  la  casa  no  es  cierto.  Al- 
gunos creen  que  se  trata  del  tiempo  que  siguió  inmediatamente  al  ser- 
món del  Monte,  que  San  Marcos  ha  omitido.  Otros  ponen  un  lapso  inter- 
medio, que  es  el  necesario  para  intercalar  la  curación  del  siervo  del  cen- 
turión, la  salida  con  dirección  a  Naím,  la  embajada  de  Juan,  la  conver- 
sión de  la  pecadora,  la  predicación  por  ciudades  y  aldeas  en  que  le  acom- 
pañan las  mujeres  (Le  7,11-8,3).  Nosotros  interponemos,  además,  la  pri- 
mera parte  del  primer  viaje  a  Jcrusalén  (Le  9,51-11,13).  En  la  primera 
parte  (c.3   a.8)  hemos  estudiado  este  problema. 

Bl  texto  tampoco  es  seguro.  Algunos  leen  en  plural  con  sentido  im- 
personal :  y  entran  en  casa.  Nosotros  seguimos  la  lectura  de  Merk  en  sin- 
gular :  entra  en  la  casa. 

Las  diferencias  de  sentido  están  en  el  verso  21, 

3.20  Tomar  alimento,  lit.  ni  comer  pan.  Pan,  con  sentido  hebreo, 
comprende  toda  clase  de  comida :  ahmento.  Se  podía  traducir :  no  po- 
dían ni  comer. 

3.21  Los  suyos  puede  interpretarse  en  diversos  sentidos:  a)  los  par- 
tidarios de  Jesús  (amigos  y  devotos) ;  b)  los  parientes  de  Jesús.  Es  la 
interpretación  más  universal. 

ySe  decía,  lit.  decían.  Plural  con  sentido  impersonal.  Se  decía.  De  este 
modo  no  son  los  parientes  los  que  creen  que  Jesús  esté  fuera  de  sí,  sino 
que  a  ellos  llega  como  rumor. 

Bstaha  fuera  de  sí  con  sentido  amplio,  que  no  es  el  de  locura.  Sino  des- 
cuido de  su  persona  y  entrega  excesiva  a  los  demás,  al  ideal  de  la  pre- 
dicación. 

N.  98 

Aunque  los  dos  evangelistas  no  determinan  el  lugar  de  este  milagro, 
podemos  fijarlo  con  alguna  probabilidad.  La  acusación  de  que  Jesús  echa- 
ba al  demonio  en  nombre  de  Beelzebul  sigue  inmediatamente  después  del 
milagro,  y  Me  3,20-23  la  pone  en  Cafarnaúm,  y  dice  que  fué  pronuncia- 
da por  estribas  venidos  de  Jerusalén. 


180 


EL  SEGUInTDO  año 


99.     El  reino  dividido 


Mt  12,24^30.43^45 

^  Y  cuando  los  fariseos  se 
enteraron,  dijeron:  "Este  no 
echa  a  los  demonios  sino  por 
poder  de  Beelzebul.  príncipe 
de  los  demonios."  ^  El  cono- 
ció sus  pensamientos,  y  les 
dijo:  "Todo  reino  dividido 
contra  sí,  se  arruinará,  y 
cualquier  ciudad  o  casa  divi- 
dida contra  sí,  no  resistirá. 
*  Y,  si  Satanás  echa  a  Sa- 
tanás, dividido  está  contra  sí. 
¿Cómo  podrá  resistir  su  rei- 
no? ^  Si  yo  arrojo  a  los  de- 
monios por  Beelzebul.  ¿vues- 
tros hijos  por  virtud  de  quién 
los  arrojan?  Por  esto  ellos 
serán  vuestros  jueces.  ^  Pe- 
ro, si  yo  arrojo  los  demonios 
con  el  Espíritu  de  Dios,  es 
que  el  reino  de  Dios  ha  lle- 
gado a  vosotros.  O  ¿cómo 
puede  uno  entrar  en  'a  casa 
de  otro  fuerte  y  robaHe  tus 
bienes,  si  no  ata  primero  al 
fuerte  y  entonces  saquea  su 
casa?  '^^  Todo  el  que  no  está 
conmiao,  está  contra  mí,  y 
el  que  no  recoge  conmigo, 
pierde.  Cuando  el  espíritu 
inmundo  sale  de  un  hombre, 
recorre  lugares  secos  en  bus- 
ca de  reposo.  No  lo  encuen- 
tra y  dice:  Volveré  a  mi 
casa,  de  donde  he  salido.  Y 
al  llegar  la  encuentra  libre, 
limpia  y  adornada.  Marcha 
entonces  y  toma  consigo 
otros   siete    espíritus  peores 


Me  3,22-27 

Y  los  es- 
cribas que  ha- 
b  í  a  n  subido 
d  e  Jerusalén, 
decían:  "Tie- 
ne a  Beelze- 
bul y  arroja  a 
1  o  s  demonios 
con  el  poder 
d  e  1  principe 
de  los  demo- 
nios."^" Y  lla- 
mándolos a  sí 
les  decía  e  n 
paráb  olas  : 
"¿Cómo  pue- 
de S  a  t  a  n  ás 
arrojar  a  Sa- 
tanás? ^  Si 
un  reino  está 
dividido  con- 
t  r  a  sí,  este 
reino  no  pue- 
de resistir.  ^Y 
si  una  casa 
está  dividida 
contra  sí,  es- 
ta casa  tam- 
p  o  c  o  puede 
resistir.  Y 
si  Satanás  se 
levanta  c  o  n- 
tra  sí 
divide, 
poco 
resistir, 
que  viene  1  a 
ruina.  '"Y 
na  d  i  e  puede 
entrar  en  1  a 
casa  d  e  uno 
fuerte  y  r  o- 
barle  sus  bie- 


y  se 
t  a  m- 
puede 
sino 


Le  11,15-26 

Pero  algunos  de  ellos  di- 
jeron: "Arroja  a  los  demonios 
con  el  poder  de  Beelzebul,  el 
principe  de  los  demonios."  ^ 
otros,  para  probarle,  le  pedían 
una  señal  del  cielo.  "  El  co- 
noció sus  pensamientos  y  les 
dijo:  "Todo  reino  dividido 
contra  si  se  arruinará,  y  cae- 
rá una  casa  contra  otra,  Por 
tanto,  si  Satanás  está  dividido 
contra  sí,  ¿cómo  resistirá  su 
reino?  Pues  decís  que  yo  echo 
los  demonios  con  poder  d  e 
Beelzeul.  si  yo  echo  los  de- 
monios con  poder  de  Beel- 
zebul, ¿vuestros  hijos  con 
qué  poder  los  echan?  Por  esto 
ellos  serán  vuestros  jueces. 
^''Pero  si  yo  arrojo  los  demo- 
nios con  poder  de  Dios,  es 
que  el  reino  de  Dios  ha  llega- 
do a  vosotros.  Mientras  el 
fuerte  armado  guarda  su  pa- 
lacio, sus  cosas  están  en  paz. 
^'  Pero,  cuando  otro  más  fuer- 
te que  él  llega  y  lo  vence,  le 
quita  la  armadura  en  que  con- 
fiaba y  reparte  sus  despojos. 

Todo  el  que  no  está  con- 
migo, está  contra  mí.  y  el  que 
n  o    recoge    conmigo,  pierde. 

Cuando  el  espíritu  inmundo 
sale  de  un  hombre,  recorre 
lugares  secos  en  busca  de  re- 
poso. No  encuentra,  y  dice: 
Volveré  a  mi  casa,  de  donde 
salí.  Llega,  Ja  encuentra  lim- 
pia y  adornada.  ™  Y  marcha 


Notas:  N.  99 

Véase  cómo  San  Lucas  y  San  Mateo  coinciden  en  todos  estos  versos 
lógica  y  literariamente.  En  cambio,  existe  una  verdadera  independencia 
tiitrc  Lc-Mc.  Le  11,21-22  es  independiente  de  los  dos.  Mt  12,43-45  se  ha 
adelantado,  porque  coincide  exactamente  con  Le  11,24-26. 


LAS  MALAS  OBRAS  DE  LOS  FARISEOS 


181 


que  él.  entra  y  habita  allí,  y  I  nes,  si  prime-  entonces  y  toma  consigo  otros 

el  final  de  aquel  hombre  re-  ro  no  ata  al  siete  espíritus  peores  que  él  y 

sulta  peor  que  el  principio,  j  fuerte    y   en-  entra  y  habita  alli.  El  final  de 

Así  sucederá  a  esta  genera-  |  tonces  saquea  aquel  hombre  resulta  peor  que 

ción  perversa."  ¡su  casa."  el  principio." 


100.     El  pecado  contra  el  Espíritu  Santo 


Mt  12,31-32 

^  Por  esto  os  digo:  Se  perdonará  a 
los  hombres  cualquier  pecado  y  blasfe- 
mia. Pero  la  blasfemia  contra  el  E^sní- 
ritu  Santo  no  se  perdonará.  ^  Si  algu- 
no habla  contra  el  Hijo  del  hombre,  se 
le  perdonará;  pero  si  habla  contra  el 
Espíritu  Santo,  no  se  le  perdonará  ni 
en  este  mundo  ni  en  el  otro. 


Me  3,28-30 

^  En  verdad  os  digo  que  cual- 
quier pecado  y  blasfemia  que  di- 
jeren los  hombres  se  les  perdo- 
nará; p  e  r  o  quien  blasfemare 
contra  el  Espíritu  Santo  no  ten- 
drá jamás  perdón,  sino  que  será 
siempre  reo  de  pecado.  *  Porque 
decían:  tiene  un  espíritu  inmundo. 


101,     Las  malas  obras  de  los  fariseos 
Mt  12,33-37 

Si  tenéis  un  árbol  bueno,  su  fruto  será  bueno.  Si  tenéis  un  árbol  malo, 
su  fruto  será  malo,  porque  el  árbol  se  conoce  por  el  fruto.  Raza  de  víbo- 
ras, ¿cómo  podéis  decir  cosas  buenas,  si  sois  malos?  Porque  de  la  abun- 
dancia del  corazón  habla  la  lengua.  El  hombre  bueno  saca  cosas  bue- 
nas del  tesoro  de  su  bondad,  pero  el  hombre  malo  saca  cosas  malas  del 
tesoro  de  su  maldad.  Os  digo  que  los  hombres  darán  cuenta  en  el  día 
del  juicio  de  cualquier  palabra  ociosa  que  dijeren.  ^  Porque  por  tus  pa- 
labras te  justificarás  y  por  tus  palabras  te  condenarás. 


Notas:  N.  100 

Me  3,30  Porque  decían:  Da  la  razón  de  la  máxima  de  Jesús.  Sus 
enemigos  decían  que  era  un  poseso.  Y  él  les  responde  diciendo  que  el  pe- 
cado contra  el  Espíritu  Santo  no  se  perdonará  nunca.  Este  verso  nos 
puede  explicar  en  qué  consiste  el  pecado  contra  el  Espíritu  Santo,  es  de- 
cir, atribuir  al  espíritu  del  mal  las  obras  buenas,  que  proceden  del  Espí- 
ritu Santo.  Las  obras  de  Jesús,  sus  milagros,  su  predicación...  procedían 
del  Espíritu  Santo,  de  Dios.  Eran  argumento  de  que  Dios  estaba  con  él, 
eran  las  credenciales  de  su  legación  y  misión  divina.  Los  enemigos  las 
atribuyen  al  espíritu  malo.  Lo  que  de  hecho  era  luz  para  las  almas  sen- 
cillas y  rectas,  para  ellos  se  convertía  en  tinieblas.  Se  cerraban,  pues,  el 
camino  de  la  verdad.  El  pecado,  pues,  contra  el  Espíritu  Santo  consistía 
de  hecho  en  la  obcecación  y  endurecimiento.  Quien  de  esta  manera  re- 
siste a  Dios,  no  tiene  remedio,  no  tiene  perdón  de  hecho,  porque  las  lu- 
ces del  Espíritu  Santo  las  convierte  en  tinieblas  de  Satanás. 

Mt  y  Me  coinciden  aquí.  Lucas  12,10  (;n.ll2)  no  tiene  nada  más  que 
el  final,  Mt  12,32  y  Me  3,30. 

N  101 

Véase  el  núm.  75. 


182 


EL  SEGUNDO  AÑO 


102.     Elogios  de  la  Madre  de  Jesús 
Le  11,27-28 

*^  Mientras  él  decía  esto,  una  mujer,  de  entre  la  turba,  exclamó  y  le  dijo: 
"¡Dichoso  el  seno  que  te  llevó  y  los  pechos  que  te  criaron!"  Pero  él  con- 
testó: "Dichosos,  más  bien,  los  que  oyen  la  palabra  de  Dios  y  Is  cumplen." 


103.     La  señal  de  Jonás 


Mt  1238-42 

^  Entonces  le  dijeron  unos  escribas  y 
fariseos:  "Maestro,  queremos  ver  una 
señal  tuya."  ^  Jesús  respondió  y  les  di- 
jo: "¡Generación  mala  y  adúltera!  De- 
sea una  señal  y  no  se  le  dará  otra  que 
la  del  profeta  Jcnás.  ^°  Porque,  como  jo- 
nás  estuvo  en  el  seno  del  pez  tres  días 
y  tres  noches,  así  el  Hijo  del  hombre 
estará  en  el  seno  de  la  tierra  tres  días 
y  tres  noches. 

Los  habitantes  de  Nínive  se  levan- 
tarán en  el  día  del  juicio  con  esta  ge- 
neración, y  la  condenarán,  porque  se 
arrepintieron  con  la  predicación  de  Jo- 
nás.  y  aquí  hay  más  que  Jonás.  "  La 
reina  del  Mediodía  se  levantará  en  el 
día  del  juicio  con  esta  generación  y  la 
condenará,  porque  vino  desde  los  con- 
fines de  la  tierra  para  escuchar  la  sabi- 
duría de  Salomón,  y  aquí  hay  más  que 
Salomón." 


Le  11,29-32 

*  Comenzó  a  decir  a  la  turba 
congregada:  "Esta  generación  es 
una  generación  mala.  Desea  una 
señal  y  no  se  le  dará  otra  señal 
que  la  de  Jonás.  ^  Porque,  como 
Jonás  fué  una  señal  para  los  ni- 
nivitas,  así  también  el  Hijo  del 
hombre  será  una  señal  para  esta 
generación.  La  reina  del  Medio- 
día se  levantará  en  el  juicio  con 
los  hombres  de  esta  generación  y 
los  condenará,  porque  vino  des- 
de los  confines  de  la  tierra  para 
oír  la  sabiduría  de  Salomón,  y 
aquí  hay  más  que  Salomón.  ^  Los 
habitantes  de  Nínive  se  levanta- 
rán en  el  juicio  con  esta  genera- 
ción y  la  condenarán,  porque  hi- 
cieron penitencia  con  la  predica- 
ción de  Jonás,  y  aquí  hay  más 
que  Jonás. 


Notas:  N.  103 

Cf.  Mt  16,4;  Me  8,11-13.  San  Marcos,  muy  breve,  solamente  dice 
que  no  se  le  dará  ninguna  señal.  Puede  ser  un  lugar  paralelo  y  puede 
ser  otra  sentencia,  de  época  distinta.  Nosotros  la  dejamos  para  más  tar- 
de. Lo  mismo  que  Mt  16,4. 

Mt  y  Le  tienen  de  común  la  alusión  a  Jonás  y  Salomón  y  a  la  reina 
del  Sur,  y  lo  hacen  con  términos  idénticos.  San  Alateo  desarrolla  el  sig- 
no de  Jonás.  Nótese  la  inversión  de  Jonás-Salomón,  Salomón-Jonás. 
Mt  16,4  es  un  duplicado  del  signo  de  Jonás. 

Mt  12,40  del  pez.  Es  difícil  determinar  la  clase  de  pez.  Un  pez  gran- 
de. La  ballena  no  se  encuentra  en  el  Mediterráneo. 


PARÁBOLA  DEL  SEMBRADOR 


183 


104.     La  Madre  y  los  hermanos  de  Jesús 


Mt  1246-50 

^  Cuando  aún  estaba  ha- 
blando a  las  turbas,  vienen 
buscándole  para  hablarle 
su  madre  y  sus  parientes. 

Dijole  uno:  "Tu  ma- 
dre y  tus  parientes  están 
fuera,  esperando  para  ha- 
blarte." *®  Y  respondió  a 
quien  le  había  hablado: 
"¿Quién  es  mi  madre  y 
quiénes  son  mis  parientes?" 

Y,  extendiendo  la  mano 
hacia  sus  discípulos,  dijo: 
"He  aquí  a  mi  madre  y  a 
mis  parientes.  ^  Pues  quien- 
quiera que  cumpla  la  vo- 
luntad de  mi  Padre  del  cie- 
lo, ése  es  mi  hermano,  her- 
mana y  madre." 


Me  3,31-35 

^  Vinieron  su  madre  y 
sus  parientes;  se  quedaron 
fuera  y  le  enviaron  un  re- 
cado para  avisarle.  ^  Esta- 
ba la  gente  sentada  alrede- 
dor de  él  y  le  dijeron:  "Tu 
madre  y  tus  parientes  es- 
tán fuera  y  te  buscan."  ^  Y 
les  respondió:  "¿Quién  es 
mi  madre  y  mis  parientes?" 
^  Y,  dirigiendo  una  mira- 
da a  los  que  estaban  sen- 
tados alrededor  de  él,  dijo: 
"He  aquí  a  mi  madre  y  a 
mis  parientes.  ^  E  1  q  u  e 
hace  la  voluntad  de  Dios, 
ése  es  mi  hermano,  mi  her- 
mana y  mi  madre." 


Le  8,19-21 

"Se  p  r  e  s  enta- 
ron  para  verle  su 
madre  y  sus  pa- 
rientes, y  no  po- 
dían llegar  hasta 
él,  por  causa  de 
la  gente.  Le  die- 
ron, pues,  este  re- 
cado: "Tu  madre 
y  tus  parientes  es- 
tán fuera  y  quie- 
r  e  n  verte."  El 
les  dijo:  "Mi  ma- 
dre y  mis  parien- 
tes son  los  que 
oyen  la  palabra 
de  Dios  y  la  prac- 
tican." 


105.     Parábola  del  sembrador 


Mt  13,1-9  1 

^  Aquel  día  salió  Je- 
sús de  la  casa  y  se  sen- 
tó junto  al  mar.  ^  Se  le 
acercó  tanta  gente,  que 
hubo  d  e  subir  a  una 
barca  para  sentarse. 
Toda  la  gente  estaba 
en  la  orilla.  ^  Y  les  ha- 
bló de  muchas  cosas  en 
parábolas.  Decía: 

"Salió  el  sembrador 
a  sembrar.  *  Y  al  sem- 
brar, unos  granos  ca- 
yeron a  lo  largo  del  ca- 
mino y  vinieron  los  pá- 
jaros y  los  comieron. 
^  Otros  cayeron  en  pe- 
dregales, donde  no  te- 
nían mucha  tierra,  y 
brotaron  en  seguida,  por 
no  tener  tierra  profun- 


Mc  4,1-9 

^  Y  otra  vez  se  puso  a  en- 
señar junto  al  mar.  Y  se  re- 
unió en  torno  suyo  una  muche- 
dumbre tan  numerosa,  que  fué 
preciso  subiese  a  una  barca  en 
el  mar  y  se  sentase,  mientras 
que  toda  la  muchedumbre  se 
quedó  en  tierra,  en  la  orilla. 
"  Y  les  enseñaba  por  medio  de 
parábolas  muchas  cosas  y  les 
decía  en  su  doctrina:  ^  "Oíd: 
salió  el  sembrador  a  sem.brar. 
"  Y  sucedió  que,  al  sembrar, 
unos  granos  cayeron  a  lo  lar- 
go del  camino,  y  vinieron  los 
pájaros  y  los  comieron.  °  Otros 
cayeron  en  un  pedregal,  donde 
no  tenían  tierra  bastante,  y 
nacieron  en  seguida  por  no 
estar  en  tierra  profunda. 
*  Mas,  cuando  salió  el  sol,  se 


Le  8,4-8 


*  C  o  m  o  se  re 
uniese  mucha  gen- 
te y  acudiera  a  él 
de  todas  las  ciuda- 
des, dijo  por  pa- 
rábolas: 

°  "Salió  él  s  e  m- 
brador  a  sembrar 
su  semilla;  y  al 
sembrar,  parte  ca- 
yó a  lo  largo  del 
camino  y  la  pisaron 
y  la  comieron  los 
pájaros  del  cielo. 
^  Otra  parte  cayó 
sobre  roca,  y,  des- 
pués de  haber  na- 
cido, se  secó  por 
no  tener  humedad. 
Parte  cayó  en  me- 


Notas:  N.  104 


Hemos  anticipado  Le  8J9-21  para  no  cortar  el  orden  de  Mt-Mc,  que 
ponen  este  episodio  antes  de  las  parábolas. 


EL  SEGUNDO  ANO 


da.  ^  Pero  cuando  salió 
el  sol,  los  quemó;  como 
no  tenían  raices,  se  se- 
caron. '  Otros  cayeron 
entre  espinas,  y,  al  cre- 
cer las  espinas,  los  aho- 
garon. "  Otros  cayeron 
en  buena  tierra  y  die- 
ron fruto,  uno  ciento, 
otro  sesenta,  otro  trein- 
ta. "  Quien  tenqa  oidos, 
que  oiga.  " 


quemaron,  y,  como  no  tenian 
raices,  quedaron  secos.  '  Otros 
cayeron  entre  espinas,  y  cre- 
cieron las  espinas,  los  ahoga- 
ron y  no  dieron  fruto.  ^  Otros 
cayeron  en  buena  tierra,  nacie- 
ron y  crecieron  y  dieron  fru- 
to, uno  treinta,  otro  sesenta 
y  otro  ciento."  "'Y  añadió: 
"Quien  tenga  oidos  para  oír, 
oiga." 


dio  de  las  espinas: 
crecieron  a  la  vez 
las  espinas  y  la 
ahogaron.  *  P  a  rte 
cayó  en  tierra 
buena,  creció  y  dió 
fruto  centuplica- 
do." En  diciendo 
esto,  exclamó: 
'Quien  tenga  oidos 
para  oír,  oiga." 


106.     Razón  de  las  parábolas 


Mt  13,10-17 

Acercáronse  a  él  sus  discípulos  y  le  dije- 
ron: "¿Por  qué  les  hablas  en  parábolas?"  Y  él 
les  contestó:  "  "A  vosotros  se  os  ha  concedido 
conocer  los  misterios  del  reino  de  los  cielos, 
y  a  ellos,  no.  ^'  Porque  a  aquel  que  tiene  se 
le  dará  y  abundará:  y  a  aquel  que  no  tiene, 
se  le  quitará  aun  lo  que  tiene.  '"^  Por  eso  les 
hablo  en  parábolas,  porque  viendo  no  ven  y 
oyendo  no  oyen,  ni  entienden.  "  En  ellos  se 
cumple  la  profecía  de  Isaías,  que  dice: 

Oiréis,  pero  no  entenderéis, 
miraréis,  pero  no  veréis. 
"Porque  el  corazón  de  este  pueblo  se  ha. 


y  sus  oídos  oyen  mal, 
y  han  cerrado  sus  ojos 
para  no  ver  con  los  ojos 
ni  oír  con  los  oidos 
ni  entender  en  su  corazón, 
ni  que  yo  los  sane. 


[endurecido. 


ni  convertirse, 


'  Pero  dichosos  vuestros  ojos  porque  ven  y 
vuestros  oidos  porque  oyen.  Porque  en  ver- 
dad os  digo  que  muchos  profetas  y  justos  de- 
searon ver  las  cosas  que  vosotros  veis  y  no 
las  vieron  y  oír  las  cosas  que  vosotros  oís  y 
no  las  oyeron. 


Me  4,10-12 

Cuando 
quedaron  a  so- 
¡las,  preguntá- 
ronle 1  o  s  que 
estaban  en  tor- 
no suyo,  junta- 
mente con  los 
Doce,  el  sentido 
de  estas  pará- 
bolas. "Y  les 
dijo:  "A  vos- 
otros se  os  ha 
conc  e  d  i  d  o  el 
m  i  s  t  e  r  io  del 
reino  de  Dios; 
pero  a  esos  de 
fuera,  todo  se 
les  dice  en  pa- 
rábolas, para 
que  mirando  no 
vean  y  escu- 
chando no  en- 
tiendan, no  sea 
que  se  convier- 
tan y  sean  per- 
donados. 


Le  8,9-10 

^Pregun- 
táronle los 
discípulos 
qué  quería 
decir  esta 
parábola. 
^"  E  1  les 
cont  e  s  t  ó : 
"A  vos- 
otros se 
o  s  conce- 
de cono- 
cer los  mis- 
te rio  s  del 
reino  d  e 
Dios;  a  los 
demás,  en 
parábolas, 
para  que 
viendo  no 
vean,  y 
oyendo,  no 
e  n  t  i  e  n  - 
dan." 


107.     Explicación  de  la  parábola  del  sembrador  - 

Le  8,11-15 


Mt  13,18-23 

'"  Oíd,  pues,  vosotros 
el  sentido  de  la  pará- 
b  o  1  a   del  sembrador. 

Cuando  uno  escu- 
cha la  doctrina  del  rei- 


Me  4,13-20 

"Y  añadió: 
esta  parábola? 
mo  vais  a 
parábolas? 


¿No  entendéis 
Entonces,  ¿có- 
entender  las  otras 
"  El  sembrador  lo 


que   siembra   es  la  palabra. 


^'  Esta  es  la  pa- 
rábola: la  semilla 
es  la  palabra  de 
Dios.  "Los  que 
están  a  1  o  largo 


EXPLICAaÓN   DE   LA    PARÁBOLA    DEL  SEMBRADOR 


185 


no  y  no  la  entiende,  es 
que  viene  el  Maligno  y 
arrebata  lo  que  fué 
sembrado  en  su  cora- 
zón: éste  es  el  grano 
sembrado  junto  al  ca- 
mino. ^  El  sembrado  en 
pedregales  representa  a 
aquel  que,  ovendo  la 
doctrina,  al  pronto  la 
recibe  con  gozo.  No 
hay  en  él  raices,  e.s 
hombre  de  un  momen- 
to. Sobreviene  una  tri- 
bulación, una  persecu- 
ción por  causa  de  la 
palabra,  y  en  seguida 
sucumbe.  El  sembra 
do  entre  espinas  repre- 
senta al  que  oye  la  pa- 
labra, pero  la  solicitud 
de  este  mundo  y  la  se- 
üucción  de  las  riqueza* 
sofocan  1  a  doctrina  \ 
queda  s  i  n  fruto.  El 
sembrado  en  buena  tie- 
rra significa  aquel  que 
oye  la  palabra  y  la  en- 
tiende; éste  lleva  fruto 
y  produce:  uno  ciento, 
otro  sesenta,  otro 
treinta. 


'  '  Unos  son  los  que  están  a  lo 
largo  del  camino,  en  cuyas  al- 
mas se  siembra  la  doctrina; 
apenas  la  han  oído,  viene  Sa- 
tanás y  quita  la  palabra  sem- 
brada en  ellos.  Otros  son  se- 
mejantes a  la  semilla  que  se 
siembra  en  terreno  pedregoso; 
cuando  oyen  la  doctrina  la  re- 
ciben, de  momento,  con  gozo, 
"  pero  no  tienen  raíz  dentro  de 
í>i  mismos,  son  hombres  de  mo- 
mento; cuando  llega  la  tribu- 
lación o  la  persecución  por 
causa  de  la  doctrina,  al  pun- 
to desfallecen.  "'Otros  son 
aquellos  en  que  se  siembra  en- 
tre espinas:  tales  son  los  que 
oyen  la  doctrina.  "  pero  las 
preocupaciones  por  las  cosas 
de  este  mundo,  el  atractivo  de 
las  riquezas  y  las  ambiciones 
de  toda  clase  ahogan  la  pala- 
bra y  se  queda  estéril.  ^'  Final- 
mente, aquellos  en  que  se  siem- 
bra en  buena  tierra  son  los  que 
oyen  la  doctrina,  la  reciben  y 
llegan  a  producir  fruto,  uno 
treinta,  otro  sesenta  y  otro 
ciento. 


del  camino  son  los 
que  han  escucha- 
do, viene  el  dia- 
blo y  se  lleva  la 
palabra  d  e  1  cora- 
zón, para  que  cre- 
yendo no  se  sal- 
ven. Los  que  so- 
bre la  piedra,  son 
los  que,  oyendo  la 
palabra,  la  reciben 
con  gozo,  pero  no 
tienen  raíz;  creen 
por  algún  tiempo, 
pero  en  el  mo- 
mento de  la  prue- 
ba d  e  s  f  a  1 1  ecen. 
"  Lo  que  cayó  en- 
tre las  espinas  son 
los  que,  después  de 
haber  oído,  viven 
ahogados  por  1  a  s 
preocupaciones,  ri- 
quezas y  placeres 
de  la  vida,  y  no 
fruc  t  i  f  i  can.  Lo 
que  cayó  en  buena 
tierra  son  los  que. 
después  d  e  haber 
oído  la  palabra,  la 
conservan  sn  su  co 
razón  noble  y  bue- 
no y  producen  fru- 
to con  constancia. 


Notas:  N.  107 

La  parábola  del  sembrador  la  pronunció  el  Señor  junto  al  mar  y  de- 
lante de  todo  el  pueblo.  La  explicación  la  reservó  al  grupo  de  los  ínti- 
mos:  cuando  quedaron  a  solas  (Me  4,10). 

Esto  puede  ser  un  indicio  de  que  las  otras  parábolas  que  siguen  no 
se  tuvieron  en  una  misma  sesión. 

Mt  13,19  y  no  la  Entiende.  El  v.  entender  no  tiene  aqui  sentido  me- 
ramente intelectual,  sino  afectivo  también,  es  decir:  no  quiere  entender- 
la, no  quiere  recibirla.  Así  se  contrapone  muy  bien  esta  primera  clase  con 
las  otras  que  siguen.  En  este  primer  caso  existe  verdadera  resistencia 
a  la  palabra,  que  es'  rechazada.  En  los  demás  casos  la  palabra  es  reci- 
bida, aunque  no  siempre  da  fruto, 


186 


EL  SEGUNDO  AÑO 


108.    Parábola  de  la  cizaña 
Mt  13,24-30 

^  Otra  parábola  les  propuso:  "El  reino  de  los  cielos  es  semejante  a 
un  hombre  que  sembró  buena  semilla  en  su  campo.  ^  Pero,  durante  el  sue- 
ño, vino  su  enemigo,  sembró  cizaña  entre  el  trigo  y  se  marchó.  ^  Cuando 
creció  el  sembrado  y  echó  fruto,  entonces  apareció  también  la  cizaña:  "Los 
criados  fueron  al  amo  y  le  dijeron:  "Señor,  ¿no  sembraste  buena  semilla 
en  tu  campo?  ¿Cómo  es  que  tiene  cizaña?"  ^  El  les  contestó:  "Un  enemi- 
go ha  hecho  esto."  Dícenle  los  criados:  "¿Quieres  que  vayamos  y  la  arran- 
quemos?" ^  Les  respondió:  "No,  no  sea  que.  al  recoger  la  cizaña,  arran- 
quéis juntamente  con  ella  el  trigo.  Dejad  creced  las  dos  juntas  hasta  la 
siega;  y.  cuando  llegue  la  siega,  diré  a  los  segadores:  Recoged  primero  la 
cizaña  y  atadla  en  gavillas  para  quemarla,  y  el  trigo  llevadlo  al  granero." 


109.     La  luz  sobre  el  candelero 


Me  4,21^25 

"Y  les  decía  "¿Por  ven- 
tura se  tiene  la  lámpara  pa- 
ra meterla  debajo  del  cele- 
mín o  debajo  del  lecho? 
¿No  es  para  ponerla  en  el 
candelabro?  ^  P  u  e  s  nada 
hay  oculto  sino  para  que 
se  manifieste;  nada  está  es- 
condido sino  para  que  se 
haga  público.  "  Quien  ten- 
ga oídos  para  oír,  oiga." 
"Y  les  decía:  "Mirad  lo 
que  OÍS:  con  la  medida  con 
que  midiereis,  se  medirá  a 
vosotros,  y  aun  se  os  da- 
rá de  más  a  vosotros  que 
escucháis.  ^  A 1  que  tiene 
se  le  dará  y  al  que  no  tie- 
ne se  le  quitará  aun  lo  que 
tiene." 


Le  8,16-18 

'"Nadie  que 
ha  encendido  una 
lámpara  la  cubre 
con  una  vasija  o 
la  pone  debajo  de 
un  lecho,  sino  que 
la  coloca  sobre  un 
candelabro,  para 
que  todos  los  que 
entran  vean  la  luz. 
"  No  hay  nada 
oculto  que  no  lle- 
gue a  ser  descu- 
bierto, n  i  secreto 
que  no  se  haya  de 
conocer  v  salga  a 
luz.  Mirad,  pues, 
cómo  oís:  porque 
al  que  tiene  se  le 
dará  y  al  que  no 
tiene  se  le  quitará 
aun  lo  que  cree  te- 
ner. 


Le  11,33-36 

^  N  a  d  i  e  que  enciende 
una  lámpara  la  pone  en 
oculto  o  debajo  del  cele- 
mín, sino  sobre  el  cande- 
lero, para  que  los  que  en- 
tran  vean   e  1  resplandor. 

La  lámpara  de  tu  cuerpo 
es  tu  ojo.  Mientras  tu  ojo 
está  sin  defecto,  todo  tu 
cuerpo  está  iluminado;  pe- 
ro cuando  está  enfermo,  tu 
cuerpo  está  en  tinieblas. 
^  Cuida,  pues,  que  su  luz 
no  se  convierta  en  obscu- 
ridad. ^  Si  tu  cuerpo  todo 
está  iluminado ,  y  no  tiene 
parte  alguna  obscura,  esta- 
rá todo  iluminado,  como 
cuando  la  lámpara  te  alum- 
bra con  el  resplandor. 


Notas:  N.  109 

Esta  parábola  la  pone  San  Lucas  dos  veces.  En  8,16-18  a  continua- 
ción de  la  parábola  del  sembrador,  como  Marcos,  de  quien  depende,  y  en 
la  sección  del  primer  viaje  (11,33-36).  Esta  convergencia  de  las  dos  sec- 
ciones y  este  duplicado  de  Le,  que  los  suele  evitar,  puede  ser  un  indi- 
cio de  que  se  ha  inspirado  en  dos  fuentes  escritas  y  las  ha  respetado. 
Le  11,33-36  marca  otra  aplicación  nueva  que  no  tiene  paralelo  en  Me  ni 
en  Le  8,33-36,  sino  en  Mt  6,22-23.  Puede  ser  indicio  de  que  Jesús  pro- 
puso do3  veces  la  parábola,  No  es,  ))ues,  cierto  el  paralelismo. 


BANQUETE  EN  CASA  DE  UN  FARISEO 


187 


110.    El  grano  que  germina  solo 

Me  4,26-29 

Decía  también:  "El  reino  de  Dios  es  como  cuando  un  hombre  arroja 
la  semilla  en  la  tierra.  ^'  Mientras  duerme  y  está  despierto,  por  la  noche 
y  por  el  día,  la  semilla  germina  y  crece  sin  que  él  sepa  cómo.  ^  Por  sí 
misma  produce  la  tierra,  primero  la  caña,  después  la  espiga,  por  fin  el  tri- 
go formado  en  la  espiga.  Y,  cuando  permite  el  fruto,  coge  la  hoz, 
porque  ha  llegado  la  siega." 

111.    Banquete  en  casa  de  un  fariseo 

Le  11,37-54 

"Cuando  terminó  de  hablar,  un  fariseo  le  convidó  a  comer  con  él:  en- 
tró en  la  casa  y  se  puso  a  la  mesa.  ^  El  fariseo  quedó  admirado  al  ver 
que  no  se  lavó  antes  de  la  comida.  ^"El  Señor  le  dijo:  "Pues  bien,  vosotros 
los  fariseos  purificáis  el  exterior  de  la  copa  y  del  plato,  pero  vuestro  in- 
terior está  lleno  de  rapacidad  y  malicia.  ¡Insensatos!  Quien  hizo  lo  ex- 
terior, ¿no  hizo  también  el  interior?  Pero  dad  de  limosna  vuestros  bienes, 
y  todo  lo  tendréis  puro.  Mas  ¡ay  de  vosotros,  fariseos,  que  dais  el  diez- 
mo de  la  menta,  de  la  ruda  y  de  todas  las  legumbres,  y  dejáis  a  un  lado 
la  justicia  y  el  amor  de  Dios!  Es  necesario  practicar  esto  y  no  omitir 
aquello.  "  ¡Ay  de  vosotros,  fariseos,  porque  amáis  los  primeros  puestos 
en  las  sinagogas  y  los  saludos  en  las  plazas  públicas!  ¡Ay  de  vosotros, 
que  sois  como  sepulcros  que  no  se  ven,  y  sobre  los  cuales  pasan  los  hom- 
bres sin  darse  cuenta! 

Respondió  uno  de  los  doctores  de  la  ley  y  le  dijo:  "Maestro,  al  decir 
esto  nos  ofendes  también  a  nosotros."  *^  Él  dijo:  "¡Ay  también  de  vos- 
otros, doctores  de  la  ley,  que  cargáis  a  los  hombres  cargas  intolerables  y 
vosotros  no  las  tocáis  ni  con  uno  de  vuestros  dedos!  ¡Ay  de  vosotros, 
que  edificáis  los  sepulcros  de  los  profetas  a  quienes  vuestros  padres  ma- 
taron! Así  sois  testigos  y  aprobáis  las  obras  de  vuestros  'padres,  porque 
ellos  los  mataron  y  vosotros  edificáis."  ■'''Por  eso  dijo  la  sabiduría  de  Dios: 
"Les  enviaré  profetas  y  apóstoles,  y  ellos  los  matarán  y  los  perseguirán", 
^"para  que  se  pida  cuenta  a  esta  generación  de  la  sangre  de  todos  los  pro- 
fetas derramada  desde  el  principio  del  mundo,  desde  la  sangre  de  Abel 
hasta  la  sangre  de  Zacarías,  que  pereció  entre  el  altar  y  el  santuario.  Sí, 
os  lo  aseguro,  se  pedirá  cuenta  a  esta  generación.  ¡Ay  de  vosotros,  doc- 
tores de  la  ley,  que  os  habéis  apoderado  de  la  llave  de  la  ciencia,  y  no 
entráis  vosotros  ni  dejáis  a  los  que  intentan  entrar!"     Cuando  salía  de  allí, 


Notas:  N.  111 

Las  reprehensiones  que  Le  pone  aquí  con  ocasión  de  este  banquete, 
pueden  pertenecer  al  ministeri©  de  Jerusalén,  Mt  23,1-36,  Me  12,38-40  las 
ponen  en  la  última  semana.  San  Lucas  ha  señalado  la  ocasión  histórica 
del  núcleo  principal.  Algunas  sentencias  pueden  pertenecer  a  otro  mo- 
mento histórico. 

Todo  lo  que  va  a  seguir  hasta  Le  13,17  puede  también  pertenecer  his- 
tóricamente al  ministerio  de  Jerusalén.  Para  no  romper  su  unidad  hte- 
raria,  lo  ponemos  después  de  la  vuelta  a  Galilea. 


188 


EL  SEGUNDO  AÑO 


los  escribas  y  fariseos  comenzaron  a  acosarle  terriblemente  y  a  hacerle 
hablar  sobre  muchas  cosas,  tendiéndole  lazos  para  cogerle  en  alguna  de 
sus  palabras. 

112.     La  hipocresía 
Le  12,1-12 

'  Entre  tanto,  el  público  había  aumentado  por  millares  y  se  estrujaban 
los  unos  a  los  otros.  El  dijo  primero  a  sus  discípulos:  "Guardaos  de  la 
levadura,  es  decir,  de  la  hipocresía  de  los  fariseos.  "  Nada  hay  oculto  que 
no  se  haya  de  descubrir  ni  escondido  que  no  se  haya  de  conocer.  ^  Lo  que 
digáis  en  la  obscuridad  será  oído  a  la  luz  del  día,  y  lo  que  habléis  oculto 
en  las  habitaciones  privadas,  será  publicado  desde  las  terrazas.  *  A  vos- 
otros, amigos  míos,  os  digo:  No  tengáis  miedo  a  los  que  matan  el  cuerpo 
y  después  de  eso  no  tienen  más  que  hacer.  "  Yo  os  enseña^ré  a  quién  de- 
béis temer:  Temed  a  aquel  que,  después  de  haber  matado,  tiene  poder 
para  enviar  al  infierno.  Sí,  os  repito,  a  ése  debéis  temer.  "  ¿No  venden 
cinco  pájaros  por  dos  ases?  Pues  bien,  ni  de  uno  solo  de  ellos  se  olvida 
el  Señor.  '  Hasta  los  cabellos  de  vuestra  cabeza  están  todos  contados.  No 
temáis;  valéis  más  que  muchos  pájaros,  Os  digo  que  al  que  me  confiese 
delante  de  los  hombres,  el  Hijo  del  hombre  lo  confesará  delante  de  los 
ángeles  de  Dios.  ''Ya  quien  me  niegue  delante  de  los  hombres,  lo  negaré 
delante  de  los  ángeles  de  Dios,  Y  a  todo  el  que  diga  una  palabra  contra 
el  Hijo  del  hombre,  le  será  perdonada;  pero  a  quien  blasfeme  contra  el 
Espíritu  Santo,  no  se  le  perdonará.  Cuando  os  lleven  ante  las  sinago- 
gas, los  magistrados  y  las  autoridades,  no  os  preocupéis  de  cómo  os  de- 
fenderéis ni  qué  diréis:  pues  el  Espíritu  Santo  os  enseñará  en  aquel  mo- 
mento lo  que  conviene  decir." 

113.     La  avaricia 
Le  12,1315 

^'Uno  de  entre  la  muchedumbre  le  dijo:  "Maestro,  di  a  mi  hermano 
que  reparta  conmigo  la  herencia.  '  "  Él  le  contestó:  "Hombre,  ¿quién  me 
ha  hecho  a  mí  vuestro  juez  o  repartidor?"  Y  les  dijo:  "Cuidad  y  guardaos 
de  toda  avaricia;  porque  la  vida  de  los  ricos  no  se  funda  en  sus  riquezas." 


Notas:  N.  112 

vil.  148;  Mt  10,26-3.  Para  Le  12,2  ef.  Le  8,17,  y  para  Le  12.9  ef.  9,26. 
Para  el  i)eeado  contra  el  Espíritu  Santo,  ef.  100;  Mt.  2,32;  Me  3  29. 

N.  113 

Le  12,15    de  toda  avaricia.   Toda  no  tiene  artículo  en  gr.  para  expre 
sar,  más  que  el  número,  la  clase,  de  cualquier  clase  de  avaricia.  Avaricia 
(pleon-exia).  La  palabra  gr.  no  corresponde  exactamente  a  la  nuestra. 
Es  el  (leseo  de  tener  más,  de  sobresalir. 

La  vida  de  los  ricos  no  se  junda  en  sus  riquezas.  La  frase  gr.  está  im 
poco  complicada,  lo  mismo  que  la  traducción  latina  de  la  Vg :  "quia  non  in 
íibundantia  cuiusquam  vita  eius  est  ex  liis  quae  possidet.  "Nuestra  tra- 
ducción da  con  precisión  la  idea  del  texto  original,  aunque  rompe  la  for- 
ma gramatical  del  griego,  que  ha  conservado  la  Vg.  Para  comprender  la 


189 


114.     Parábola  del  rico  necio 
Le  12,16-21 

'"Y  les  propuso  una  parábola,  diciendo:  "El  campo  de  cierto  hombre 
rico  llevó  gran  cosecha.  ''Y  deliberaba  y  decia  para  sí:  ¿Qué  haré,  porque 
no  tengo  ya  dónde  llevar  mis  frutos?  Y  dijo:  "Voy  a  hacer  esto:  de- 
rribaré mis  graneros  y  edificaré  mayores.  Alli  reuniré  el  trigo  y  todos  mis 
bienes.  Y  diré  a  mi  alma:  Alma,  tienes  muchos  bienes  guardados  para 
muchos  años.  Descansa,  come,  bebe  y  alégrate.  '  ^"  Pero  Dios  le  dijo:  Ne- 
cio, esta  noche  te  reclamarán  tu  alma.  Y  las  cosas  que  has  preparado, 
¿para  quién  serán?"  Así  es  el  que  atesora  para  sí  y  no  se  enriquece  en 
Dios, 

115.     Preocupación  por  las  cosas  temporales 
Le  12,22-34 

'■'Y  dijo  a  sus  discípulos.  "Por  esto  digo  a  vosotros:  No  os  angustiéis 
por  la  existencia,  qué  comeréis,  con  qué  cubriréis  el  cuerpo.  Porque  la 
vida  vale  más  que  el  alimento,  y  el  cuerpo  más  que  el  vestido.  Conside- 
rad Ictó  cuervos,  que  no  siembran  ni  siegan.  No  tienen  despensa  ni  gra- 
neros, pero  Dios  los  alimenta.  ¿Quién  de  vosotros,  con  angustiarse,  pue- 
de añadir  un  codo  a  su  estatura?  *"  Por  tanto,  si  no  podéis  lo  más  pequeño, 
¿por  qué  os  angustiáis  de  lo  demás?  Considerad  los  lirios,  cómo  crecen,  no 
trabajan,  no  hilan.  Pero  os  digo  que  ni  Salomón  en  toda  su  gloria  se  vistió 
como  uno  de  ellos.  Si  a  la  hierba,  que  hoy  está  en  el  campo  y  mañana 
es  arrojada  al  horno.  Dios  asi  la  viste,  ¿cuánto  más  a  vosotros,  hombres 
de  pocai  fe?  Vosotros  no  busquéis  qué  comeréis  y  qué  beberéis.  No  os 
angustiéis.     Porque  todas  estas  cosas  buscan  las  gentes  del  mundo  y  vues- 


Notas:  N  113 

precisión  de  nuestra  traducción,  veamos  la  letra  material  del  gr.  y  su 
sentido :  a)  quia  non  iii  tu  ahondare  cuipiam.  Esta  oración  responde  lite- 
ralmente al  gr.  y  el  infinituo  equivale  a  una  oración  condicional:  si  cid 
est  magna  rerum  copia,  si  uno  abunda  en  muchas  cosas. 

b)  vita  eiiis  est  ex  his  qiiae  ei  suut  —  "vita  in  opibus  nititur,  per  opes 
in  tuto  collocata  est". 

Reuniendo  las  dos  partes  de  la  frase,  podemos  formar  la  siguiente 
literal :  "Vita  eius  qui  abundat  non  est  in  his  quae  liabet"  =  la  vida  del 
rico  no  se  funda  en  las  riquezas,  no  está  asegurada  por  las  riquezas. 

N.  114 

12J6  el  campo,  lit.  la  región.  Llevó  gran  cosecha,  gr.  eu-foreó,  uberes 
fructus  ferré. 

12.19  alma,  hebr.  nefcs,  asiento  de  los  deseos  y  apetitos.  Alégrate, 
el  gr.  puede  tener  este  sentido  general  y  también  el  particular  de  ban- 
quetear. 

12.20  te  reclamarán,  lit.  te  reclaman,  pres.  con  sentido  de  fut.  te  \'an 
a  reclamar. 

12.21  no  se  enriquece  en  Dios,  lit,  delante  de  Dios,  con  riquezas  o 
bienes  que  cuentan  y  valen  delante  de  Dios. 


190 


EL  SEGUNDO  AÑO 


tro  Padre  sabe  que  las  necesitáis.  Pero  buscad  su  reino  y  estas  cosas 
se  os  darán  por  añadidura.  ^  No  temas,  pequeño  rebaño,  porque  vuestro 
Padre  quiere  daros  el  reino.  ^Vended  lo  que  tenéis  y  dad  limosna.  Ha- 
ceos sacos  que  no  envejecen,  un  tesoro  que  no  se  agota  en  el  cielo, 
donde  no  llega  el  ladrón  ni  la  polilla  destruye.  Porque  donde  está  vues- 
tro tesoro,  allí  estará  vuestro  corazón. 

116.     Parábola  de  los  siervos 
Le  12,35-59 

*  "Estad  ceñidos  y  con  las  lámparas  encendidas.  *  Estad  como  los  que 
esperan  a  su  señor  de  vuelta  del  banquete  de  bodas  para  abrirle  en  segui- 
da cuando  llegue  y  llame.  "'^  ¡Dichosos  los  siervos  que,  a  su  vuelta,  en- 
cuentra el  señor  despiertos!  En  verdad  os  digo,  que  se  ceñirá,  los  sentará 
a  la  mesa  y  se  pondrá  a  servirles.  ^  Y  aunque  sea  en  la  segunda  o  en 
la  tercera  vigilia,  cuando  vuelve,  si  los  encuentra  así,  ¡felices  serán  ellos! 
■^^  Sabed  esto:  que  si  el  señor  de  la  casa  supiese  la  hora  en  que  el  ladrón 
había  de  venir,  no  dejaría  que  abriesen  su  casa.  "  Vosotros,  pues,  estad 
preparados,  porque  el  Hijo  del  hombre  vendrá  en  la  hora  que  no  pensáis." 

Pedro  le  dijo:  "Señor,  ¿dices  esta  parábola  a  nosotros  o  a  todos?" 
^"  El  Señor  respondió:  "Pues  ¿quién  será  el  administrador  prudente  y  fiel 
a  quien  el  señor  ponga  al  frente  de  su  servidumbre  para  que  le  dé  a  su 
tiempo  la  comida  correspondiente?  Dichoso  el  siervo  aquel  a  quien  su 
señor,  al  volver,  encuentre  obrando  asi.  ^  Verdaderamente,  os  digo  que  le 
pondrá  al  frente  de  todos  sus  bienes.  "''  Pero  si  el  siervo  dice  en  su  cora- 
zón: Mi  amo  tarda  en  venir,  y  comienza  a  golpear  a  los  criados  y  a  las 
criadas,  a  comer,  a  beber  y  a  embriagarse,  ^  vendrá  su  amo  en  el  día  que 
no  espera  y  en  la  hora  que  no  conoce,  lo  castigará  severamente  y  le  dará 
la  suerte  de  los  infieles.  El  siervo  que,  conociendo  la  voluntad  de  su 
señor,  no  ha  preparado  ni  obrado  conforme  a  ella,  será  golpeado  mucho; 
"pero  el  que  no  conoce,  aunque  haga  cosas  dignas  de  azotes,  será  gol- 


Notas:  N.  115 

Cf.  Mt  6,5-34.19-21. 
N.  116 

Le  12,35-40  se  pueden  considerar  como  paralelos  de  Mt  24,42-44  y 
Me  13,33-37.  Ellos  lo  han  puesto  en  el  discurso  escatológico. 

12,41-46  corresponde  a  Mt  24,45-51,  que  también  está  en  el  dis- 
curso escatológico. 

12,51-53  corresponde  a  Mt  10,34-36,  que  lo  ha  puesto  en  el  discurso 
que  hace  el  Señor  para  instruir  a  sus  apóstoles.  Para  no  seccionar  los 
dos  discursos  de  San  Mateo,  ponemos  aquí  sólo  el  texto  de  Le. 

12.35  ceñidos,  lit.  los  lomos  ceñidos. 

12.36  como  los  que  esperan,  lit.  semejantes  a  los  que  esperan. 

12.42  la  comida  correspondiente,  lit.  la  medida  de  trigo,  la  medida  de 
trigo  o  alimento,  que  corresponde  a  cada  siervo. 

12.43  Asi,  con  fidelidad  y  prudencia  (prudente  y  fiel  v.42). 

12,46  lo  castigará  severamente,  lit.  lo  dividirá  en  dos  partes.  Lo  des- 
cuartizará. Pero  es  probable  el  sentido  figurado  que  damos  en  la  tra- 
ducción. 


LA   PARÁBOLA  DE   LA  HIGUERA 


191 


peado  poco.  Pues  a  todo  el  que  se  ha  dado  mucho,  se  le  exigirá  mucho,  y 
al  que  se  ha  confiado  mucho,  se  pedirá  mucho. 

He  venido  a  echar  fuego  en  la  tierra,  y  ¡cómo  deseo  que  arda  ya! 
'"Con  un  bautismo  tengo  que  ser  bautizado,  y  ¡cómo  sufro  mientras  se 
cumple! "  ¿Creéis  que  he  venido  a  traer  paz  en  la  tierra?  Os  digo  que  no, 
sino  más  bien  división.  ^'^  Porque  en  adelante  habrá  en  una  casa  cinco  divi- 
didos, tres  contra  dos,  y  dos  contra  tres.  "  El  padre  contra  el  hijo,  y  el 
hijo  contra  el  padre;  la  madre  contra  la  hija,  y  la  hija  contra  la  madre; 
la  suegra  contra  la  nuera,  y  la  nuera  contra  la  suegra." 

Y  a  las  turbas  decía:  "Cuando  veis  que  una  nube  se  levanta  por  po- 
niente, en  seguida  decís:  Hay  lluvia.  Y  así  sucede.  Y,  cuando  sopla  vien- 
to sur,  decís  que  hará  calor.  Y  hace.  °"  ¡Hipócritas!,  sabéis  averiguar  el 
estado  de  la  tierra  y  del  cielo,  y  ¿cómo  no  estudiáis  este  tiempo?  ^'  ¿Por 
qué  no  juzgáis  por  vosotros  mismos  lo  justo?  Porque,  mientras  vas  con 
tu  adversario  al  magistrado,  procura  librarte  de  él,  no  sea  que  te  arrastre 
hasta  el  juez,  y  el  juez  te  entregue  al  guardia,  y  el  guardia  te  meta  en  la 
cárcel.  ^®Te  digo  que  no  saldrás  de  allí  hasta  que  pagues  el  último  céntimo." 

117.    La  penitencia 
Le  13,1-5 

^  Llegaron  entonces  algunos  anunciando  lo  de  los  galileos,  cuya  san- 
gre mezcló  Pilato  con  la  de  sus  sacrificios.  ^Respondió  y  les  dijo:  "¿Creéis 
vosotros  que  esos  galileos  eran  más  pecadores  que  los  demás  por  haber 
sufrido  semejante  suerte?  ^  No,  os  lo  aseguro;  si  vosotros  no  osi  arrepentís, 
todos  pereceréis  igualmente.  *  Y  aquellos  dieciocho  sobre  los  cuales  cayó 
la  torre  de  Siloé  y  los  mató,  ¿creéis  vosotros  que  eran  más  culpables  que 
los  demás  que  vivían  en  Jerusalén?  ^  No,  os  lo  aseguro;  si  no  os  arrepen- 
tís, todos  pereceréis  igualmente." 

118.    Parábola  de  la  higuera 

Le  13,6-9 

*Y  Ies  propuso  esta  parábola:  "On  hombre  tenía  plantada  una  higue- 
ra en  su  viña,  y  vino  en  busca  de  fruto  y  no  encontró  nada  en  ella.  '  EHjo, 
pues,  al  que  cultivaba  la  viña:  "Mira,  hace  ya  tres  años  que  vengo  a  bus- 
car fruto  en  esta  higuera,  y  no  lo  encuentro.  Córtala:  ¿para  qué  va  a  ocu- 


Notas:  N.  116 

Le  12,49  fuego  en  sentido  figurado.  ¿Los  bienes  de  la  redención?  ¿El 
Espíritu  que  reciben  los  creyentes?  Algunos  hablan  también  de  las  ansias 
e  inquietud  de  las  almas.  Nos  parece  más  probable  el  sentido  primero 
por  el  V.50.  El  bautismo  de  Jesús  es  su  Pasión.  Y  el  Espíritu  Santo  no 
se  d'ó  a  los  fieles  hasta  que  Jesús  murió  y  resucitó  (Jn  7,39). 

12.56  este  tiempo,  la  venida  del  reino  de  Dios,  el  tiempo  del  Mesías 
presente  en  el  mundo. 

12.57  Lo  justo  el  arrepentimiento  y  la  entrada  en  el  reino  del  Mesías. 
La  comparación  siguiente  es  una  exhortación  a  la  penitencia  y  a  hacer 
las  paces  con  Dios  mientras  tienen  tiempo,  antes  de  que  llegue  el  juicio 
y  "el  castigo  definitivo.  Estos  versos  tienen,  pues,  un  sentido  esc^toló^ico. 


192 


EL  SEGUNDO  AÑO 


par  inútilmente  la  tierra?"  "El  le  respondió:  "Señor,  déjala  aún  otro  año; 
voy  a  cavar  alrededor  de  ella  y  n  echr-xle  abono,  a  ver  si  da  fruto;  si  no, 
la  cortas  más  adelante." 


119.     Curación  de  una  mujer  encorvada 
Le  13,10-17 

Enseñaba  en  una  de  las  sinagogas  un  sábado  "  y  habia  alli  una  mujer 
enferma  hacia  dieciocho  años.  Estaba  encorvada  y  no  podia  de  ninguna 
manera  ponerse  derecha.  Como  la  vió  Je^^ús.  la  llamó  en  voz  alta  y  le 
dijo:  "Mujer,  quedas  libre  de  tu  enfermedad."  Y  le  impuso  las  manos.  Al 
instante  se  enderezó  y  glorificaba  a  Dios.  El  jefe  de  la  sinagoga  respondió 
enfadado,  porque  Jesús  habia  curado  en  día  de  sábado,  y  decía  a  la  gente: 
"Hay  seis  días  en  los  cuales  se  puede  trabajar.  Por  tanto,  venid  esos  dias 
para  ser  curados  y  no  en  el  día  de  sábado.  '  El  Señor  respondió  y  le  dijo: 
"Hipócritas,  ¿no  desata  cada  uno  ce  vosotros  su  buey  o  su  asno  en  sábado 
y  lo  lleva  desde  el  pesebre  a  beber?  Y  a  ésta,  que  es  hija  de  Abraham. 
que  ligó  Satanás  hace  dieciocho  años,  ¿no  se  podía  soltar  de  su  ligadura  en 
día  de  sábado?"  Con  estas  cesas  aue  decía  se  avergonzaban  todos  sus 
adversarios,  mientras  que  todo  el  pueblo  se  alegraba  de  todas  las  maravi- 
llas que  obraba. 


120.     Parábola  del  siranty  de  mostaza 


Mt  13,31-32 

^'  Les  propuso  otra 
parábola:  "El  reino  de 
los  cielos  es  semejante 
a  un  grano  de  mosta- 
za que  cogió  un  hom- 
bre y  sembró  en  su 
campo;  ^  y.  con  ser  la 
más  pequeña  de  tod  f 
las  semillas,  cuando  se 
ha  desarrollado,  es  ma- 
yor que  las  hortalizas, 
y  resulta  un  árbol,  de 
manera  que  las  aves  del 
cielo  vienen  y  anidan 
en  sus  ramas." 


Me  4,30-32 

^Y  decía:  "¿Cómo  com- 
pararemos el  reino  de  los 
cielos  o  con  qué  parábola 
lo  describiremos?  Con  el 
grano  de  mostaza,  que  se 
siembra  en  la  tierra.  Aun- 
que es  la  más  pequeña  de 
todas  las  semillas  que  hay 
en  la  tierra  cuando  se 
siembra,  crece  y  se  hace 
mayor  que  todas  las  horta- 
lizas, y  echa  ramas  t  a  n 
grandes  que  las  aves  de) 
cielo  pueden  habitar  bajo 
su  sombra." 


Le  13,18-19 

'^Y  decía:  "¿A  qué 
es  semejante  el  reino 
de  Dios  y  a  qué  lo 
compararé?  E  s  se- 
mejante al  grano  de 
mostaza  que  tomó  un 
hombre  y  lo  echó  en 
su  huerto,  y  creció  y 
se  hizo  un  árbol  gran- 
de y  las  aves  del  cic- 
/o  habitaron  en  s  ii  s 
ramaz." 


Notas:  N.  119 

Le  13,11    oifernia,  lit.  que  tenía  espíritu  de  enfermedad. 

13.12  la  llame)  pros-fóncó   llamar  hacia  sí,  le  dijo  que  se  acercase. 

12.13  le  impuso  las  manos  era  el  rito  de  bendición. 

N.  120 

Kl  hecho  de  que  Le  13,18-19.  que  pertenece  a  la  sección  del  gran  viaje 
a  Jerusalén,  coincida  con  Mt-AIc  durante  el  cuadro  de  la  predicación  en 
(lalilea,  puede  ser  un  indicio  de  qiue  parte  de  la  sección  del  viaje  coexis- 
te históricamente  con  el  ministerio  en  Galilea.  En  líi  luz  puesta  .sobre'  el 


EXPLICA    LA    PARÁBOLA    DE    LA  crZAÑA 


193 


121.    Parábola  de  la  levadura 


Mt  13,33 

Otra  parábola  Ies  dijo:  "El  reino 
de  los  cielos  es  semejante  a  la  leva- 
dura que  coge  una  mujer  y  la  mete 
en  tres  satos  de  harina  hasta  que  to- 
do fermenta." 


Le  13,20-21 

Dijo  además:  "¿A  qué  compa- 
raré el  reino  de  Dios?  ^  Es  semejan- 
te a  la  levadura  que  cogió  una  mu- 
jer y  la  metió  en  tres  medidas  de  ha- 
rina, hasta  que  todo  fermentó." 


122.  El  magisterio  en  parábolas 
Mt  13,34-35 


Todas  estas  cosas  dijo  Jesús  en  pa- 
rábolas a  las  turbas,  y  sin  parábola  na- 
da les  decía,  ®  para  que  se  cumpliera  lo 
que  había  dicho  el  profeta: 

Abriré  en  parábolas  mi  boca;  declara- 
ré las  cosas  escondidas  desde  la  creación 
del  mundo. 


Me  4,33-34 

^  Y  por  medio  de  muchas  pará- 
bolas de  este  género,  les  exponía 
la  doctrina,  según  podían  enten- 
der: ^  y  no  les  hablaba  sin  pa- 

y 


rábola: 
ba  todas 
pulos. 


les 

en  privado  explica- 
las  cosas  a  sus  discí- 


123.    Explica  la  parábola  de  la  cizaña 
Mt  13,36-43 

*  Despidió  a  las  turbas  y  fué  a  su  casa.  Se  acercaron  a  él  los  discípu- 
los y  le  dijeron:  "Explícanos  la  parábola  de  la  cizaña  del  campo."  ^  Él  les 
dijo:  "El  que  siembra  la  buena  semilla  es  el  Hijo  del  hombre:  ^  y  el  cam- 
po es  el  mundo:  la  buena  semilla  son  los  hijos  del  reino:  la  cizaña  son 
los  hijos  del  Malo;  ^  el  enemigo  que  la  siembra  es  el  diablo:  la  siega  es 


Notas:  N.  120 

candelero  (Le  8,16-18;  11,33-36),  que  es  un  duplicado  de  Le,  y  en  el  grano 
de  mostaza  (Le  13,18-19)  hay  dos  puntos  de  convergencia  con  Me  4,21-25. 
30-32. 

N.  121 

Nótese  cómo  Mt-Lc  han  unido  las  dos  parábolas  de  la  mostaza  y  de 
la  levadura.  Los  autores  generalmente  prefieren,  en  este  caso,  el  mo- 
mento histórico  de  Mateo.  Cf.  Dorado,  p.599  n.421. 

N.  123 

Adviértase  cómo  la  explicación  la  hace  a  solos  los  discípulos,  cuando 
despidió  a  las  turbas  y  fué  a  su  casa  (Mt  13,36).  Marcos  nos  advierte  esto 
dos  veces :  primero,  cuando  termina  de  exponer  la  parábola  del  sem- 
brador (4,10),  y  luego,  después  de  la  parábola  del  grano  de  mostaza  (4,34). 

Esta  doble  advertencia  de  Marcos,  que  trae  tan  pocas  parábolas,  es 
prueba  de  que  el  Señor  no  tuvo  una  sesión  sola  dedicada  al  magisterio 
en  parábolas,  sino  que  fué  durante  un  período  más  o  menos  4argo  cuan- 
do expuso  esas  parábolas  que  Mt  ha  conservado  en  el  c.l3. 


SINOPSIS  CONCORDADA 


7 


194 


EL  SEGUNDO  AÑO 


el  fin  del  mundo:  los  segadores  son  los  ángeles.  Como  se  ata  la  cizaña 
y  se  arroja  al  fuego,  así  sucederá  al  fin  del  mundo.  "  Enviará  el  Hijo  del 
hombre  a  sus  ángeles  y  recogerán  de  su  reino  todos  los  escándalos  y  a 
los  que  cometen  la  iniquidad  y  los  arrojarán  al  horno  de  fuego:  allí  será 
el  llanto  y  el  rechinar  de  dientes.  Entonces  los  justos  resplandecerán 
como  el  sol  en  el  reino  de  su  padre.  Quien  tenga  oídos,  que  oiga." 


124.    El  tesoro  escondido 
Mt  13,44 

El  reino  de  los  cielos  es  semejante  a  un  tesoro  escondido  en  el  cam- 
po: lo  descubre  un  hombre  y  lo  oculta,  y  en  su  alegría  va,  vende  todo 
lo  que  tiene  y  compra  aquel  campo. 


125.     El  mercader  de  perlas 
Mt  13,45-46 

También  es  semejante  el  reino  de  los  cielos  a  un  mercader  que  busca 
perlas  finas.  Cuando  encuentra  una  de  gran  valor,  va,  vende  todo  lo  que 
tiene  y  la  compra. 

126.    La  red 

Mt  13,47-50 

"También  es  semejante  el  reino  de  los  cielos  a  una  red,  que  se  echa 
en  el  mar  y  recoge  de  todo^  una  vez  llena,  la  sacan  a  la  orilla  y  sentados 
recogen  lo  bueno  en  los  cestos  y  arrojan  fuera  lo  malo.  ^®  Así  sucederá  al 
fin  del  mundo:  saldrán  los  ángeles  y  separarán  a  los  malos  de  los  jus- 
tos y  los.  arrojarán  en  el  horno  de  fuego:  allí  será  el  llanto  y  el  rechi- 
nar de  dientes. 

127.     Conclusión  de  las  parábolas 
Mt  13,51-52 

¿Habéis  entendido  todo  esto?  Ellos  contestaron:  "Si."  "Y  él  les 
dijo:  "Por  esto  todo  escriba  que  se  hizo  discípulo  del  reino  de  los  cielos  es 
semejante  al  dueño  de  una  casa  que  saca  de  su  tesoro  lo  nuevo  y  lo  viejo." 


Notas:  N.  127 

13,52  Se  hizo  discípulo.  Hemos  conservado  la  forma  hebrea.  Tal  vez 
sería  mejor  traducir:  todo  escriba  instruido  en  el  reino  de  los  cielos,  que 
ha  comprendido,  como  vosotros,  v.51,  estas  cosas. 


EL   ENDEMONIADO   DE  GERASA 


195 


128.     La  tempestad  apaciguada 


Mt  13,53;  8,18.23-27 

Cuando  Jesús  ter- 
minó estas  parábolas, 
partió  de  allí.  8 Co- 
mo veía  que  la  mu- 
chedumbre lo  cercaba, 
mandó  pasar  a  la  otra 
orilla.  ^  Subió  a  una 
barca  y  le  acompaña- 
ron sus  discípulos.  ^  Y 
he  aquí  que  se  levan- 
ta una  tempestad  tan 
grande,  que  las  olas 
cubrían  la  barca.  Pero 
él  dormía.  ^  Se  acer- 
caron para  despertar- 
lo y  dijeron:  "Salva, 
Señor,    que  perece- 
mos." ^  Y  les  respon- 
dió: "¿Por  qué  teméis, 
hombres  de  poca  fe?"  , 
Entonces  s  e  levantó, ' 
increpó  a  los  vientos  y 
al  mar  y  se  produjo ' 
una  gran  calma.     Y  i 
ellos    decían    admira-  j 
dos:  "¿Quién  es  éste?  i 
Porque  aun  los  vientos  j 
y  el  mar  le  obedecen."  | 


Me  4,35-41 

*  Aquel  día,  cuando  lle- 
gó la  tarde,  les  dijo:  "Pa- 
semos a   1  a   otra  orilla." 

Despidieron  a  la  turba,  y 
lo  llevaron,  como  estaba,  en 
la  barca.  También  había 
con  él  otras  barcas.  ^  Se 
levantó  un  gran  torbellino 
de  viento  y  las  olas  caían 
sobre  la  barca  hasta  casi 
llenarla.  ^  Pero  él  dormía 
sobre  un  cabezal  en  la  po- 
pa. Lo  despiertan  y  le  di- 
cen: "Maestro,  ¿no  te  im- 
porta que  perezcamos?" 

Se  levantó,  increpó  a  1 
viento  y  dijo  al  mar:  "Ca- 
lla, enmudece."  Y  cesó  el 
viento  y  se  hizo  una  gran 
calma.  ^"Entonces  les  dijo: 
"¿Por  qué  teméis  así?  ¿Có- 
mo no  tenéis  fe?"  *^  Y  lle- 
nos de  un  gran  temor  se 
decían  unos  a  otros:  "¿Pues 
quién  es  éste?  Porque  aun 
el  viento  y  el  mar  le  obe- 
decen." 


Le  8,22-25 

^  Un  día  subió  a  una 
barca  con  sus  discípu- 
los, y  les  dijo:  "Pase- 
mos a  la  otra  orilla 
del  Lago."  Y  navega- 
ron hacia  dentro. 
"  Mientras  navegaban, 
se  durmió.  Y  bajó  sobre 
el  Lago  tal  torbellino 
de  viento,  que  empeza- 
ron a  inundarse  y  a 
peligrar.  ^  S  e  acerca- 
ron para  despertarlo  y 
dijeron  :  "Maestro, 
Maestro,  que  perece- 
mos." Él  se  levantó, 
increpó  al  viento  y  a  las 
olas  del  mar,  que  cesa- 
r  o  n  ,  y  sobrevino  la 
calma.  ^  Entonces  1  e  s 
dijo:  "¿Dónde  está 
vuestra  fe?"  Ellos,  admi- 
rados y  temerosos,  de- 
cían entre  s  i  :  "Pues, 
¿quién  es  éste?  Porque 
manda  a  los  vientos  y 
al  mar  y  le  obedecen." 


129.    El  endemoniado  de  Gerasa  . 

Me  5,1-20  Le  8,26-39 


Mt  8,28-34 

^  C  u  a  ndo  ^  Y  llegaron  a  la  otra  ori- 

llegó  a  la  orí-  lia  del  mar,  a  la  región  de 

lia,   a   la   re-  los  gerasenos.  ^  Apenas  había 

gión    d  e    los  desembarcado,  cuando  le  sale 


^  Arribaron  al  territorio 
de  los  gerasenos,  que  está 
enfrente  de  Galilea.  "  Al 
saltar  a  tierra,  le  salió  un 


Notas:  N.  128 

Se  pueden  notar  las  alteraciones  introducidas  en  el  orden  de  Mt.  Este 
milagro  lo  antepone  a  la  jornada  de  las  parábolas.  Hemos  tenido  que  re- 
trasarlo. Con  la  jornada  de  las  parábolas  se  une  directamente  13,53.  Por 
esto  lo  hemos  puesto  al  principio.  Con  el  paso  al  otro  lado  del  Lago  se 
une  también  8,18.  Por  eso  lo  ponemos  a  continuación.  Pero  omitimos 
ahora  8,19-22,  porque  esta  escena  debió  tener  otro  momento  y  escena- 
rio. Cuando  Jesús  emprendió  alguna  excursión  misionera  por  tierra.  Nos- 
otros los  hemos  anticipado  al  n.l04,  siguiendo  el  orden  de  los  otros  dos 
Sinópticos.  El  momento  histórico  de  la  tempestad  está  muy  determinado 
por  Me  4,35,  Es  el  que  nosotros  le  damos. 


196 


EL  SEGUNDO  ANO 


gadarenos,  vi- 
nieron a  su 
encuentro  dos 
endemoniados 
salidos  de 
unas  tumbas, 
tan  furiosos 
que  nadie  po- 
día pasar  por 
aquel  camino. 

Y  se  pusie- 
ron a  gritar, 
diciendo: 
"¿Qué  tene- 
mos que  ver 
contigo,  Hijo 
de  Dios?  ¿Has 
venido  aquí 
a  atormentar- 
nos  antes 
d  e  tiempo?" 
^  Había  lejos 
de  ellos  pa- 
c  i  e  n  d  o  una 
piara  numero- 
sa de  puer- 
cos, los 
demon  ios  le 


al  encuentro,  desde  los  sepul- 
cros, un  hombre  poseído  de 
un  espíritu  inmundo,  ^  el  cual 
tenía  su  morada  en  los  sepul- 
cros y  ni  con  cadena  podía 
ninguno  sujetarlo;  *  pues  le  ha- 
bían atado  muchas  veces  con 
grillos  y  esposas,  mas  había 
roto  las  esposas  y  había  des- 
hecho los  grillos  y  nadie  po- 
día sujetarlo.  ^  De  noche  y  de 
día  andaba  por  los  sepulcros 
y  por  los  montes  gritando  e 
hiriéndose  con  piedras.  ^  Como 
viese  desde  lejos  a  Jesús,  co- 
rrió, se  postró  delante  de  él, 
^y,  gritando,  dijo  con  gran 
voz:  "¿Qué  tenemos  que  ver 
yo  y  tú,  Jesús,  hijo  de  Dios 
altísimo?  Te  conjuro  en  nom- 
bre de  Dios  que  no  me  ator- 
mentes." Porque  1  e  decía  : 
"Sal  del  hombre,  espíritu  in- 
mundo."  '"'Y  le  preguntó: 
"¿Cómo  te  llamas?"  Respon- 
dióle: "Me  llamo  legión,  por- 
que somos  muchos."  "  Y  le 
decía  con  instancia  que  no  lo 
echase  fuera  de  aquella  región. 


hombre  de  la  ciudad  poseí- 
do por  los  demonios,  y  que 
hacía  bastante  tiempo  no 
usaba  vestido,  ni  vivía 
en  casa,  sino  en  los  se- 
pulcros. ^  Al  ver  a  Jesús, 
comenzó  a  gritar,  y,  pos- 
trándose ante  él,  dijo  con 
gran  voz:  "¿Qué  tenemos 
que  ver  tú  y  yo,  Jesús,  hi- 
jo de  Dios  altísimo?  Rué- 
gote  que  no  me  atormen- 
tes." •''Porque  había  man- 
dado al  espíritu  inmundo 
que  saliese  del  hombre, 
pues  lo  había  atormentado 
muchos  años.  Para  guardar- 
lo lo  ataban  con  esposas  y 
grillos,  pero  ronipía  las  ca- 
denas y  el  demonio  le  lle- 
vaba a  los  desiertos.  Pre- 
guntóle Jesús:  "¿Cómo  te 
11  amas?"  El  respondió: 
"Legión",  porque  habían 
entrado  en  él  muchos  de- 
monios. ^  Y  le  suplicaban 
que  no  les  mandase  irse  al 
abi.smo.  ^  Había  allí  una 
piara  de  bastantes  puercos, 
que  pacía  en  el  monte;  y 


Notas:  N.  129 

Si  se  compara  la  narración  de  Mt  con  la  de  los  otros,  se  podrá  apre- 
ciar su  estilo  propio.  Cómo  va  siempre  a  lo  más  esencial  de  los  hechos, 
sin  atender  a  los  pormenores.  Tampoco  lo  ha  puesto  en  su  momento  his- 
tórico, sino  en  el  capítulo  que  dedica  a  los  milagros. 

Sobre  la  topografía  de  este  milagro  se  ha  escrito  mucho.  Los  moder- 
nos se  inclinan  cada  día  más  por  la  desembocadura  de  Wadi  es  Samak, 
frente  a  Alagdala.  La  configuración  del  terreno  se  acomoda  a  los  datos 
del  Evangelio,  y  allí  se  encuentran  unas  ruinas  llamadas  Korsi  o  Kursi, 
que  pueden  ser  de  un  primitivo  santuario.  Los  flancos  de  esta  costa 
oriental  son  muy  escarpados  y  contrastan  con  la  caída  suave  de  las  co- 
linas occidentales.  Cf.  Dorado,  p.614  n.43ó;  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C, 
pp.259-261. 

San  Mateo  dice  que  Jesús  desembarca  en  la  región  de  los  gadarenos. 
Esta  es  la  lectura  que  dan  los  mejores  códices  (S.B.C.).  Deriva  de  Ga- 
dará,  ciudad  helenística  al  sureste  del  Lago  y  al  sur  del  Yarmuk,  que 
pertenecía  a  la  Decápolis,  y  se  consideraba  como  la  capital  de  Perea. 
Gadara  distaba  mucho  del  Lago.  San  Aíateo  no  dice  que  Jesús  desem- 
barcara en  ella,  sino  en  la  región  de  los  gadarenos^  en  sentido  muy  am- 
plio. País  influenciado  por  Gadara  capital.  En  esto  San  Mateo  precisa 
menos  que  Mc-Lc,  que  hablan  de  la  región  o  territorio  de  los  gerasenos! 
cuyo  nombre  recuerda  el  de  Korsi  o  Kursi,  a  unos  tres  o  cuatro  kilóme- 
tros al  norte  de  Gamala. 


LA   HEMORROÍSA  Y   LA   HIJA   DE  JAIRO 


197 


hacían  esta 
súplica:  "  S  i 
nos  expulsas, 
envíanos  a  la 
piara  de  puer- 
COS."  "  Les 
contestó : 
"Id."  Salieron 
y  fueron  a  los 
puercos:  y  la 
piara  entera 
se  arrojó  por 
1  a  pendiente 
al  mar  y  pe- 
recí e  r  o  n  en 
las  aguas. 

L  o  s  pasto- 
r  e  s  huyeron 
y,  en  llegan- 
do a  la  ciu- 
dad, contaron 
todo    esto    y  | 
lo  de  los  en-  i 
demoníados. 
^Toda  la| 
ciudad  s  a  1  ió  j 
en  seguida  ha 
cia  dónde  es-  i 
taba  Jesús  y,  | 
al    verlo,    1  e 
s  u  p  licaron 
que  se  retira- 
se de  su  te- 
rritorio. 


"  Había  allí  cerca  del  monte 
una  piara  numerosa  de  puer- 
cos paciendo.  "  Y  le  hicieron 
esta  petición:  "Mándanos  a 
los  puercos  y  entraremos  en 
ellos."  "  Y  se  lo  permitió.  Sa- 
lieron los  espíritus  inmundos  y 
entraron  en  los  puercos,  y  la 
piara,  unos  dos  mil,  se  preci- 
pitó por  la  pendiente  en  el 
mar  y  en  él  se  ahogaron. 
"  Los  que  los  guardaban  hu- 
yeron a  dar  cuenta  en  la  ciu- 
dad y  en  los  campos.  Y  vi- 
nieron a  ver  lo  que  había  pa- 
sado. Se  acercan  a  Jesús,  y 
ven  a]  endemoniado,  que  ha- 
bía estado  poseído  por  la  le- 
gión, sentado  y  vestido  y  cuer- 
do, y  les  entró  temor.  Los 
que  lo  habían  visto  les  conta- 
ron cómo  había  sucedido  lo 
del  endemoniado  y  lo  de  los 
cerdos.  ^'  Entonces  comenzaron 
a  rogarle  que  se  retirase  de 
su  región.  Cuando  se  em- 
barcaba le  pedía  el  endemo- 
niado que  le  dejase  ir  con  él. 
^*  Pero  no  1  o  permitió,  sino 
que  le  dijo:  "Vete  a  tu  casa 
con  tus  parientes  y  cuéntales 
todo  lo  que  el  Señor  te  ha 
hecho,  compadecido  de  ti." 
^  Se  marchó,  y  comenzó  a 
publicar  por  la  Decápolis  to- 
do lo  que  Jesús  le  había  he- 
cho, y  todos  se  admira- 
ban. ! 


le  pidieron  que  les  permi- 
tiese entrar  en  ellos;  y  se 
lo  permitió.  Entonces  sa- 
lieron 1  o  s  demonios  del 
hombre  y  entraron  en  los 
puercos:  y  la  piara  se 
arrojó  por  la  pendiente  al 
Lago  y  se  ahogó.  ^  Cuan- 
do los  guardianes  vieron 
lo  sucedido,  huyeron  a  la 
ciudad  y  a  los  campos  pa- 
ra dar  la  noticia.  ^  Y  salie- 
ron a  ver  lo  que  había  su- 
cedido; llegaron  a  donde 
estaba  Je.sús,  y  encontraron 
al  hombre  de  quien  habían 
salido  los  demonios  sentado 
a  los  pies  de  Jesús,  vestido 
y  cuerdo,  y  les  entró  te- 
mor. ^  Los  que  lo  habían 
visto  les  contaron  cóm.o 
había  sido  curado  el  ende- 
moniado. Y  toda  la  gen- 
te del  territorio  de  los  ge- 
rasenos  le  pidió  que  se  ale- 
jase de  ellos,  pues  estaban 
sobrecogidos  de  un  gran 
temor.  Subió  a  la  nave  y 
se  volvió.  El  hombre  de 
quien  habían  salido  los  de- 
monios le  pedía  estar  con 
él;  pero  lo  despidió,  di- 
ciéndole:  '^"Vuelve  a  tu 
casa  y  cuenta  todo  lo  que 
Dios  ha  hecho  contigo."  Se 
fué  y  anunció  por  toda  la 
ciudad  todo  lo  que  Jesús 
había  hecho  con  él. 


130.     La  hemorroísa  y  la  hija  de  Jairo 


Mt  9,1.18-26  Me  5,21-43 

^Subiendo  a      ''Habiendo   atravesado   de  nuevo; 
una  barca  pa-  |  Jesús  en  la  barca  hasta  la  otra  orí- i 
só  al  otro  la-  j  lia,   se   reunió  en   tomo   suyo  una 
do  del  mar  y  I  gran    muchedumbre    cuando  estaba 
vino  a  la  ciu-  '  junto  al  mar.  ^  Y  viene  un  jefe  de 
dad.     Están-  sinagoga,  llamado  Jairo,  que  al  ver- 
do  hablándo-  ¡  le  se  echa  a  sus  pies,     y  le  suplica  I 
con  mucha  instancia,  diciendo:  "Mi 
hija  está  en  las  últimas;   ven,  pon 


les,  viene  un 
jefe,   se  pos- 


Lc  S,40-56 

A  su  vuelta  fué 
recibido  Jesús  por  la 
muchedumbre,  pues  to- 
dos le  estaban  espe- 
rando. "Llegó  un 
hombre  llamado  Jairo, 
que  era  jefe  de  la  si- 
nagoga, y,  arrojándo- 
se a  los  pies  de  Jesús, 
le  rogaba  que  fuese  a 
su  casa,  *^  porque  te- 


198 


EL  SEGUNDO  AÑO 


tra  déla  nte 
de  él  y  le  di- 
ce: "Mi  hija 
acaba  de  mo- 
rir; pero  ven, 
pon  tu  mano 
sobre  ella  y 
vivirá."  "  Je- 
sús se  levan- 
tó y  1  e  si- 
g  u  i  ó,  junta- 
ra e  n  t  e  con 
sus  discípu- 
\os.  he 
aquí  que  una 
mujer,  hemo- 
rroísa  hac  í  a 
doce  años,  se 
acercó  a  él  y 
tocó  la  fran- 
ja de  su  ves- 
tido. -'Pues 
decía  en  su 
interior: 
"Con  sólo  to- 
car su  vesti- 
do quedaré 
curada." 
^  Vol  V  1  ose 
Jesús,  la  vió, 
y  le  dijo: 
"  Confía,  hi- 
ja; tu  fe  te 
h  a  curado.  " 
Y  quedó  cu- 
rada desde 
en  t  onces. 
'■'Así  que  lle- 


tus  manos  sobre  ella  para  que  sane 
y  viva."  ^  Y  se  fué  con  él,  y  le  se- 
guía una  gran  multitud  que  le  apre- 
tujaba. 

^  Una  mujer,  que  tenía  desde  ha- 
cía doce  años  flujo  de  sangre,  y  ha- 
bía padecido  mucho  por  parte  de  nu- 
merosos médicos  y  había  gastado  to- 
dos sus  bienes  sin  ningún  provecho, 
yendo  más  bien  de  mal  en  peor, oyó 
lo  que  se  contaba  de  Jesús  y  llegóse 
por  detrás  de  la  multitud  para  tocar 
su  vestidura:  '"^  pues  decía:  "Si  llego 
a  tocar,  aunque  no  sea  más  que  sus 
vestidos,  quedaré  curada".  Y  al 
punto  se  secó  la  fuente  de  su  san- 
gre y  sintió  en  su  cuerpo  que  había 
quedado  curada  de  la  enfermedad. 
"  Jesús  conoció  en  seguida  que  había 
salido  de  él  virtud,  y,  volviéndose  a 
la  turba,  díjo:  "¿Quién  me  ha  toca- 
do?" Respondiéronle  sus  discípu- 
los: "Ves  que  la  gente  te  está  estru- 
jando y  preguntas  ¿quién  me  ha  to- 
cado?" ^'  Y  miraba  en  torno  suyo  pa- 
ra ver  a  la  que  lo  había  hecho.  "'^  La 
mujer,  temerosa  y  temblando,  sa- 
biendo lo  que  le  había  pasado,  fué 
a  postrarse  delante  de  él  y  le  dijo 
toda  la  verdad.  Y  él  le  dijo:  "Hi- 
ja, tu  fe  te  ha  curado.  Vete  en  paz, 
y  queda  libre  de  tu  mal." 

^  Estaba  todavía  hablando,  cuando 
llegan  de  la  casa  del  jefe  de  la  sina- 
goga diciendo:  "Tu  hija  ha  muer- 
to, ¿para  qué  molestas  más  al  Maes- 
tro?" Jesús,  que  oyó  el  recado  que 
dieron,  dijo  al  jefe  de  la  sinagoga: 


nía  una  hija  única,  de 
unos  doce  años,  y  se 
estaba  muriendo.  En 
el  camino  la  gente  le 
apretujaba.  "  Una  mu- 
jer, que  hacia  doce 
años  padecía  flujo  de 
sangre,  y  que,  después 
de  haber  gastado  en 
médicos  toda  su  ha- 
cienda, no  había  po- 
dido ser  curada  por 
ninguno,  **  se  aproxi- 
mó por  detrás,  tocó  la 
franja  de  sus  vestidos 
y  al  punto  cesó  el  flu- 
jo de  sangre.  ^  Y  di- 
jo Jesús:  ¿Quién  me 
ha  tocado?"  Como  to- 
dos lo  negasen,  dijo 
Pedro:  'Maestro,  las 
turbas  te  apretujan  y 
te  oprimen".  P  e  r  o 
Jesús  dijo  :  "Alguien 
me  ha  tocado;  porque 
he  sentido  que  de  mí 
ha  salido  virtud." 
*'  La  mujer,  viéndose 
descubierta,  fué  tem- 
blando a  postrarse  an- 
te él,  y  declaró,  de- 
lante de  todo  el  pue- 
blo, la  causa  por  la 
cual  le  había  tocado 
y  cómo  había  queda- 
d  o  curada  instantá- 
neamente. "  Y  él  le 
dijo:  "Hija,  tu  fe  te 
ha  salvado;  vete  en 
paz."  Estaba  toda- 
vía hablando,  cuando 
llega  uno  de  la  casa 
del  jefe  de  la  sinago- 
ga y  le  dice:  "Tu  hija 
ha  muerto,  no  moles- 
tes más  al  Maestro." 
Jesús,  que  había 


Notas:  N.  130 

Seguimos  cl  orden  de  Alc-Lc,  que 'ponen  este  milagro  en  la  vuelta 
de  Gerasa  a  la  costa  occidental.  El  Lugar  concreto  no  lo  determinan. 
Es  probable  que  sucediera  en  Cafarnaúm,  donde  había  una  gran  snia- 
goga  con  su  principe  (Le)  o  arquisinagogo  (Me).  Cf.  Dorado,  p.618  n.440. 


CURACIÓN  DE   UN   MUDO  ENDEMONIADO 


199 


gó  Jesús  a  la 
casa  del  jefe 
y  vió  a  los 
flautistas  y  a 
la    m  u  c  h  e  - 
dumbre  c  o  n- 
turbada.  di- 
jo: "Reti- 
raos,  que  1  a 
niña  no   está ' 
muerta,  sino' 
dormida.  "  Y 
5-.  e  bur  I  aban  ' 
de  él.  ^  Cuan-  I 
do    echar  o 
a  la  g  e  n  t  e,  I 
entró,    t  o  m  ó  | 
de  la  mano  a 
la  niña,  y  la 
niña   se  le- 
vantó, la 
noticia  se  es-' 
p  a  r  c  i  ó  por  [ 
í:  o  da  aquella 
comarca. 


"No  temas;  basta  que  creas."  "  Y 
no  permitió  que  le  acompañase  nin- 
guno, sino  únicamente  Pedro,  San- 
tiago y  Juan,  hermano  de  Santiago. 
^  Llegan  a  la  casa  del  jefe  de  la  si- 
nagoga y  contempla  el  alboroto  de 
los  que  lloraban  y  plañían.  ^  Entró 
y  les  dijo:  "La  niña  no  ha  muerto, 
sino  que  está  dormida."  Y  se  reían 
de  él.  Hizo  salir  a  todos  y  se  que- 
dó con  el  padre  y  la  madre  y  con 
los  que  le  acompañaban,  y  entró 
donde  yacía  la  niña.  Tomó  de  la 
mano  a  la  niña  y  le  dijo:  "Talitha, 
qum" ,  que,  traducido,  significa:  "Ni- 
ña, yo  te  digo,  levántate."  Y  al 
punto  la  niña  se  levantó  y  anda- 
ba, pues  tenía  doce  años.  Y  queda- 
ron sobrecogidos  de  grande  espanto. 

El  les  recomendó  con  insistencia  I 
que  nadie  lo  supiese  y  dijo  que  le  j 
diesen  de  comer.  [ 


oído,  le  dijo:  "No  te- 
mas; basta  que  creas 
y  será  curada."  "  Lle- 
gó, pues,  a  la  casa,  y 
no  permitió  entrar  a 
nadie  con  él,  salvo  a 
Pedro,  Juan  y  Santia- 
go, y  al  padre  y  a  la 
madre  de  la  niña. 
"  Todos  la  lloraban  y 
s  e  lamentaban.  Dijo 
él:  "No  lloréis,  que 
no  ha  muerto,  sino 
que  está  dormida."  "  Y 
se  burlaban  de  él,  sa- 
biendo que  había 
muerto.  "  El,  cogién- 
dola de  la  mano,  dijo 
en  alta  voz:  "Niña, 
levántate."  Y  su  es- 
píritu volvió  y  se  le- 
vantó al  momento:  y 
él  mandó  que  le  die- 
sen de  comer.  Y  sus 
padres  quedaron  e  s- 
pantados;  y  les  man- 
dó que  no  dijesen  a 
nadie  lo  sucedido. 


131.     Curación  de  dos  ciegos 
Mt  9,27-31 

^  Al  partir  de  allí  Jesús,  le  siguieron  dos  ciegos  gritando:  "Ten  piedad 
de  nosotros,  hijo  de  David."  ^  Y  al  llegar  a  la  casa  se  le  acercaron  los 
ciegos,  y  les  dice  Jesús:  "Creéis  que  yo  puedo  hacer  eso?"  Respondieron 
ellos:  "Sí,  Señor."  Entonces  les  tocó  sus  ojos,  diciendo:  "Hágase  en  vos- 
otros conforme  a  vuestra  fe."  ^Y  se  abrieron  sus  ojos.  Y  les  intimó  Je- 
sús con  energía:  "Mirad  que  nadie  se  entere."  ^  Pero  ellos  salieron  y  ex- 
tendieron su  fama  por  toda  aquella  comarca. 


132.     Curación  de  un  mudo  endemoniado 

Mt  9,32-34 

'^Cuando  ellos  marcharon,  le  presentaron  un  mudo  poseído  por  el  de- 
monio. ^  Y,  arrojado  el  demonio,  habló  el  mudo;  y  la  gente,  admirada,  de- 
cía: "Jamás  se  ha  visto  cosa  semejante  en  Israel."  ^  Los  fariseos,  por  el 
contrario,  decían:  "Arroja  los  demonios  en  virtud  del  príncipe  de  los  de- 
monios." 


Notas:  N.  132 

Dado  el  orden  sistemático  de  San  Mateo,  hay  motivo  para  dudar  so- 
bre cuándo  sucedieron  estos  dos  milagros  que      solo  nos  ha  conservado. 


200 


EL  SEGUNDO  AÑO 


133.     Viaje  a  Jerusalén 
Le  13,22 

En  el  viaje  a  Jerusalén,  pasaba  enseñando  por  ciudades  y  aldeas. 
134.     Es  expulsado  de  ISazaret 

Mt  13,54o8 

"  Y  vino  a  su 
patria  y  se  puso  a 
enseñar  en  la  si- 
nagoga. Llenos  de 
admi  ración,  de- 
cían: "¿De  dónde 
le  viene  a  éste  es- 
ta sabiduría  y  los 
milagros?  ^  ¿No  es 
éste  el  hijo  d  e  1 
carpintero?  ¿No  se 
llama  su  madre 
María,  y  sus  pa- 
rient  e  s  Santiago, 
José,  Simón  y  Ju- 
das? ^'Y  sus  pa- 
rientas,  ¿no  están 
todas  ellas  entre 
nosotros?  Pues  ¿de 


Notas:  N.  132 

Perck,  por  ejemplo,  pone  estos  dos  milagros  en  Jerusalén,  con  motivo 
de  la  estancia  del  Señor  en  la  fiesta  última  de  los  Tabernáculos  (pp.74-5). 
Nosotros  preferimos,  a  falta  de  datos  positivos  para  determinar  el  tiem- 
po y  el  lugar,  conservar  el  orden  del  evangelista,  que  los  coloca  después 
de  la  curación  de  la  hemorroísa.  Cf.  Dorado,  p.620  n.444. 

La  explicación  de  los  fariseos,  9,34,  es  un  duplicado,  que  aparecerá 
después  en  el  mismo  Mt  12,24  de  una  forma  más  completa.  La  explica- 
ción pudo  también  repetirse  en  la  realidad.  Cf.  n.  99. 

N.  133 

Suponemos  que  este  viaje  coincide  con  la  fiesta  de  los  Tabernáculos 
del  año  28,  segundo  del  ministerio  público.  Esta  fiesta  duraba  ocho 
días  y  tenía  más  importancia  litúrgica  que  Pentecostés.  En  el  año  29,  ter- 
cero del  ministerio,  consta  expresamente  que  subió,  por  el  testimonio 
de  San  Juan  (7,3).  Como  se  retrasó  en  subir,  se  le  echó  de  menos  en  Je- 
rusalén (Jn  7,11),  prueba  de  que  solía  subir.  Por  lo  demás,  era  una  fiesta 
de  peregrinación  para  todos  los  varones  mayores  de  edad.  Que  no  su- 
biera es  posible,  pero  debe  probarse.  La  presunción  está  porque  subía  en 
las  tres  fiestas  de  peregrinación.  Cf.  p.I,  c.3,  a.4,  donde  explicamos  por 
qué  ponemos  en  el  viaje  v  en  el  ministerio  de  Jerusalén  toda  la  sección 
de  Le  13,23-16,31. 


I  Me  6,1-6 

I     ^  Partió  de  allí  y  vino  a 
'  su  patria  acompañado  de 
sus  discípulos.  ^Cuando 
,  llegó  el  sábado  se  puso  a 
¡  enseñar  en  la  sinagoga.  Los 
numerosos   oyentes,  llenos 
de   admiración,  decían: 
"¿De  dónde  le  viene  esto, 
y  qué  sabiduría  es  esta  que 
¡  se  le  ha  comunicado?  ¿Y 
¡  estos  orandes  prodigios  que 
I  obran  sus  manos?  ^  ¿No  es 
éste  el  carpintero,  el  hijo 
de  María    y  pariente  de 
Santiago,  José,  Judas  y  Si- 
món? ¿No  están  aquí  entre 
nosotros  los  de  su  familia?" 
I  Y  se  escandalizaban  de  él. 
I  *  Díioles  Tesús:  "Un  orofe- ! 


Le  4,23-30 

Y  les  dijo  :  "Segura- 
mente me  diréis  aquel  pro- 
verbio: médico,  cúrate  a  ti 
mismo:  haz  aquí  en  tu  país 
lo  que  hemos  oído  que  has 
heclio  en  Cafarnaúm."  Y 
dijo:  "En  verdad  os  digo 
que  ningún  profeta  es  bien 
mirado  en  su  tierra.  ^  Tam- 
bién os  aseguro:  muchas 
viudas  había  en  Israel  en 
tiempo  de  Elias,  cuando  el 
cielo  estuvo  cerrado  duran- 
te tres  años  y  seis  meses 
y  hubo  grande  hambre  so- 
bre toda  la  tierra;  ^  y  a 
ninguna  de  ellas  fué  envia- 
do Elias,  sino  a  una  viuda 
de  Sarepta,  en  el  país  de 
I  Sidón.     Y  muchos  leoro- 


EL  NÚMERO  Dt.  LOS  QUE  SE  SALVAN 


201 


dónde  le  viene  to- 
do esto?"  "Y  se 
escandalizaban  d  e 
él.  Jesús  les  dijo: 
"Sólo  en  su  tierra 
y  entre  los  de  su 
casa  es  menospre- 
ciado el  profeta." 
'^Y  no  hizo  allí 
muchos  m  i  1  agros, 
por  su  falta  de  fe.  I 


ta  sólo  es  desestimado  en 
su  país,  entre  sus  parien- 
tes y  familia."  °  Y  no  po- 
día hacer  allí  milagro  al- 
guno, sino  que  impuso  las 
manos  a  unos  pocos  enfer- 
mos y  los  curó.  °  Y  se  ma- 
ravillaba de  su  increduli- 
dad. Y  recorría  las  al- 
deas d  e  1  contorno  ense- 
ñando. 


sos  había  en  Israel  en  tiem- 
po del  profeta  Elíseo,  y 
ninguno  de  ellos  fué  cura- 
do, sino  Naamán  el  Siró." 
^  Oyendo  esto,  todos  los 
que  estaban  en  la  sinagoga 
se  llenaron  de  ira,  ^"  y  le- 
vantándose lo  arro  j  a  ron 
fuera  de  la  ciudad,  y  lo  lle- 
varon a  la  cumbre  de  la 
montaña  sobre  la  que  esta- 
ba edificada  para  precipi- 
tarlo. P  e  r  o  él,  pasando 
por  medio  de  ellos,  se  mar- 
chó. 


135.     El  número  de  los  que  se  salvan 
Le  13,23^30 

"Uno  le  dijo:  "Señor,  ¿son  pocos  los  que  se  salvan?"  Y  él  les  dijo: 
^  "Luchad  para  entrar  por  la  puerta  estrecha,  porque  os  digo  que  muchos 
pretenderán  entrar  y  no  podrán.  ^  Después  que  el  dueño  de  la  casa  se  le- 
vante para  cerrar  la  puerta,  vosotros,  los  que  estéis  fuera,  comenzaréis  a 
golpearla,  diciendo:  Señor,  ábrenos.  El  os  contestará:  No  sé  de  dónde 
sois  vosotros.  ^Entonces  comenzaréis  a  decir:  Comimos  y  bebimos  con- 
tigo, y  tú  enseñaste  en  nuestras  calles.  ^  Pero  contestará:  Os  aseguro  que 
no  sé  de  dónde  sois:  alejaos  de  mí  todos  los  obradores  de  la  iniquidad. 

Allí  será  el  llanto  y  el  rechinar  de  dientes,  cuando  veáis  a  Abraham,  a 
Isaac,  a  Jacob  y  a  todos  los  profetas  en  el  reino  de  Dios,  pero  vosotros 
arrojados  fuera.  Vendrán  del  Oriente  y  del  Occidente,  del  Norte  y  del 
Mediodía,  y  se  sentarán  a  la  mesa,  en  el  reino  de  Dios.  ^°  Y  los  que  son 
últimos  serán  los  primeros  y  los  que  son  primeros  serán  los  últimos." 


Notas:  N.  134 

Esta  es  la  segunda  vez  que  viene  Jesús  a  Nazaret.  Esta  segunda  ve- 
nida se  califica  por  los  celos  y  la  hostilidad  que  muestran  con  él  sus 
paisanos.  Lucas  adelantó  la  escena  literariamente,  siguiendo  su  método 
de  eliminación,  como  dijimos  en  el  n.37. 

Si  la  primera,  predicación  en  Nazaref  fué  viniendo  de  Judea,  ahora 
es  al  revés :  yendo  a  Jerusalén  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos  del 
segundo  año,  por  octubre  del  año  28.  Así  lo  damos  por  vía  de  hipóte- 
sis, y  encuadramos  en  este  marco  el  segundo  viaje  de  San  Lucas,  como 
hemos  exphcado  en  la  p.L  c.3,  a.8.  Mt-Mc  pueden  también  haber  fusiona- 
do en  una  las  dos  visitas.  La  admiración  del  principio  puede  pertenecer 
a  la  primera.  La  hostilidad  de  la  segunda  parte  está  menos  acentuada 
en  ellos, 

N.  135 

¿Dónde  pronunció  el  Señor  estas  sentencias?  Durante  el  viaje  y,  pro- 
bablemente, en  territorio  de  Herodes,  pues  poco  después  (13,31)  le  acon- 
sejan que  salga  de  él. 


202 


EL  SEGUNDO  ANO 


136.    Intentos  de  Herodes 

Le  13,31-33 

En  aquel  momento  se  acercaron  unos  fariseos,  que  le  dijeron:  "Sal  y 
márchate  de  aqui,  porque  Herodes  quiere  matarte.  '  Él  les  dijo:  ^  "Id  a 
decir  a  esa  zorra:  mira,  yo  arrojo  a  los  demonios  y  obro  curaciones  hoy 
y  mañana  y  al  tercer  dia  termino.  ^  Pero  hoy,  mañana  y  el  dia  siguiente 
debo  marchar,  porque  no  conviene  que  un  profeta  perezca  fuera  de  Jeru- 
salén." 

137.     Lamentos  sobre  Jerusalén 
Le  13,34-35 

^  ¡Jerusalén,  Jerusalén!,  que  matas  a  los  profetas  y  apedreas  a  los  que 
te  son  enviados.  ¡Cuántas  veces  he  querido  reunir  a  tus  hijos  como  el  ave 
que  cubre  su  nido  bajo  las  alas,  y  no  quisisteis!  ^  Vuestra  casa  quedará 
desierta.  Os  aseguro  que  no  me  volveréis  a  ver  hasta  que  digáis:  ¡Bendito 
el  que  viene  en  nombre  del  Señor!" 


Notas:  N.  136 

El  territorio  de  Herodes  comprendía  Galilea  y  Perea.  Tal  vez  el  Se- 
ñor pasa  por  esta  segunda  región  camino  de  Jerusalén.  San  Lucas  no 
la  menciona  expresamente.  Estas  iras  de  Herodes  pueden  ser  un  indi- 
cio de  que  estamos  cerca  del  tiempo  en  que  mandó  matar  a  Juan,  poco 
antes  de  la  Pascua  próxima. 

N.  137 

Estas  quejas  contra  Jerusalén  prueban  que  el  Señor  ha  predicado  en 
ella  con  frecuencia.  El  final  suena  a  despedida.  Estarían  mejor  históri- 
camente en  la  última  estancia  de  la  Dedicación,  que  cuenta  Jn  10,22.  Es 
posible  que  entonces  las  pronunciara,  pues  entonces  es  cuando  dejó  Je- 
rusalén definitivameíite  hasta  la  entrada  para  la  Pasión.  Lucas  puede 
haberlas  adelantado  y  las  ha  puesto  en  el  último  ministerio  que  él  cuen- 
ta, distinto  del  de  la  gran  semana.  En  esto  no  hace  más  que  seguir  una 
vez  más  su  sistema  de  eliminación  o  atracción.  Como  cuenta  la  muerte 
de  Juan  al  principio  (3,19.20),  cuando  narra  su  ministerio,  y  como  cuen- 
ta la  mala  acogida  de  los  nazaretanos,  con  motivo  de  la  primera  visita. 
Cf.  Mt  23,37-39. 

13.34  Bl  ave^  el  término  griego  tiene  sentido  general  de  ave,  pero 
puede  aplicarse  particularmente  a  la  gallina. 

Su  nido  el  gr.  se  refiere  concretamente  a  los  polluelos,  que  hay  en  el 
nido.  Se  podría  traducir :  su  pollada. 

13.35  Bendito  el  que  viene.  No  parece  se  refiera  a  la  entrada  del 
Domingo  de  Ramos,  sino  a  una  manifestación  mesiánica  posterior  a  la 
muerte  de  Jesús.  Tiempo  desconocido. 


PARÁBOLA   DEL   GRAN  BANQUETE 


203 


138.     Curación  de  un  hidrópico 
Le  14,1-6 

^  Habiendo  entrado  un  sábado  a  comer  en  casa  de  un  jefe  de  los  fari- 
seos, ellos  le  observaban.  ^  Estaba  delante  de  él  un  hombre  hidrópico.  ^  Je- 
sús preguntó  a  los  doctores  de  la  ley  y  a  los  fariseos:  "/Es  lícito  curar 
en  sábado  o  no?"  *  Ellos  callaron,  y,  cogiéndole,  lo  curó  y  lo  despidió.  ^  Y 
les  dijo:  "¿Quién  de  vosotros,  si  su  hijo  o  su  buey  cae  en  un  pozo,  no  lo 
saca  en  seguida  en  el  día  de  sábado?"  ®Y  no  pudieron  repUcar  a  esto. 

139.     Los  primeros  puestos 
Le  14,7^11 

^  Habiendo  notado  cómo  los  invitados  elegían  los  primeros  puestos,  les 
dijo  esta  parábola:  ^"Cuando  alguno  te  convide  a  un  banquete  de  bodas, 
no  te  sientes  en  el  primer  puesto,  no  sea  que  haya  otro  invitado  más  digno 
que  tú,  ®  y  tengas  con  vergüenza  que  ocupar  el  último  puesto.  "  Por  el 
contrario,  cuando  te  conviden,  ponte  en  el  último  lugar:  de  esta  manera, 
cuando  venga  el  que  te  convidó,  te  dirá:  Amiao,  sube  más  arriba.  Y  en- 
tonces quedarás  bien  delante  de  todos  los  convidados.  "  Porque  todo  el  que 
se  ensalza  será  humillado  y  el  que  se  humilla  será  ensalzado." 

140.    Se  debe  invitar  a  los  pobres 
Le  14,12-14 

^"  Decía  también  al  que  le  había  convidado:  "Cuando  des  una  comida 
o  una  cena,  no  llames  a  tus  amigos,  ni  a  tus  hermanos,  ni  a  tus  parientes, 
ni  a  los  vecinos  ricos,  no  sea  que  ellos  te  conviden  a  su  vez.  y  quedes 
con  eso  pagado.  "  Cuando  des  un  banquete,  convida  a  los  pobres,  a  los 
lisiados,  a  los  cojos,  a  los  ciegos:  "y  serás  dichoso,  porque  no  tienen  con 
qué  recompensarte  y  se  te  recompensará  en  la  resurrección  de  los  justos." 

141.     Parábola  del  gran  banquete 
Le  14,15-24 

"Al  oír  esto,  uno  de  los  convidados  le  dijo:  "Dichoso  el  que  coma  en 
el  reino  de  Dios."  Y  él  respondió:  "Un  hombre  dió  un  gran  banquete 
y  había  convidado  a  muchos:  "a  la  hora  del  banquete  envió  al  criado  para 
decirles  a  los  convidados:  Venid,  ya  está  todo  preparado.  "Y  empezaron  a 


Notas:  N.  141 

No  tenemos  datos  positivos  para  precisar  la  ciudad  en  que  tuvo  lu- 
gar este  banquete  (nn. 138-141)  en  casa  de  un  jefe  de  los  fariseos.  Pudo 
ser  en  Jerusalén,  en  Betania.  en  alguna  ciudad  de  importancia,  durante 
la  fiesta  o  el  viaje  de  vuelta. 

Esta  parábola  puede  ser  paralela  del  banquete  para  las  bodas  del  hijo 
del  rey,  que  trata  San  Mateo  22,1-14  (n.237). 


204 


EL  SEGUNDO  AÑO 


excusarse  todos  a  la  vez.  El  primero  dijo:  He  comprado  una  tierra,  y  tengo 
que  ir  a  verla:  dispénsame,  no  puedo  asistir.  ^"  Otro  dijo:  He  comprado  cinco 
yuntas  de  bueyes  y  voy  a  probarlas:  dispénsame,  que  no  puedo  asistir. 
otro  dijo:  Me  acabo  de  casar,  y  por  eso  no  puedo  ir.  ^Presentóse  el  cria- 
do a  su  señor  y  le  comunicó  todo  esto.  Entonces,  enfadado  el  señor,  dijo 
a  su  criado:  Sal  en  seguida  por  las  vías  y  calles  de  la  ciudad  y  trae  aquí 
a  los  pobres,  a  los  lisiados,  a  los  ciegos  y  a  los  cojos.  ~  El  criado  dijo: 
Señor,  se  ha  hecho  lo  que  has  mandado,  y  todavía  queda  sitio.  Y  dijo 
al  criado:  Sal  a  los  caminos  y  cercados  y  obliga  a  la  gente  a  entrar  para 
que  se  llene  mi  casa.  ^  Porque  os  digo  que  ninguno  de  aquellos  que  ha- 
bían sido  convidados  gozará  de  mi  banquete." 

142.     Condiciones  para  seguir  a  Cristo 
Le  14,25-35 

*  Caminaba  con  él  mucha  gente,  y  volviéndose  les  dijo:  ^  "Si  alguno 
viene  a  mí,  y  no  odia  a  su  padre,  a  su  madre,  a  su  mujer,  a  sus  hijos,  a 
sus  hermanos  y  hermanas,  más  aún,  a  si  mismo,  no  puede  ser  mi  discípulo. 
^'  Quien  no  lleva  su  cruz  y  me  sigue,  no  puede  ser  mi  discípulo.  Porque 
¿quién  de  vosotros,  que  quiere  construir  una  torre,  no  se  sienta  primero 
para  calcular  los  gastos,  a  ver  si  tiene  para  acabar?  ^®  No  sea  que,  des- 
pués de  haber  echado  los  cimientos,  no  pueda  terminar,  y  todos  los  que 
se  enteren  comiencen  a  burlarse  de  él,  ^diciendo:  Este  hombre  ha  comen- 
zado a  construir  y  no  pudo  terminar.  O  ¿qué  rey,  que  ha  de  hacer  gue- 
rra a  otro  rey,  no  se  pone  primero  a  considerar  si  será  capaz,  con  diez 
mil  hombres,  de  salir  al  encuentro  al  que  viene  contra  él  con  veinte  mil? 
^  En  caso  contrario,  cuando  está  todavía  lejos,  manda  una  embajada  para 
pedir  la  paz.  ^  Así,  pues,  cualquiera  de  vosotros  que  no  renuncie  a  todo 
lo  que  tiene,  no  puede  ser  mi  discípulo.  ^  Buena  es  la  sal:  pero  si  la  sal 
pierde  su  eficacia,  ¿con  qué  se  sazonará?  ^  No  sirve  ni  para  la  tierra  ni 
para  el  estercolero.  Se  tira  fuera.  ¡Quién  tenga  oídos  para  oír,  que  oiga!" 

143.     Parábola  de  la  oveja  perdida 
Le  15,1-7 

*  Todos  los  publícanos  y  pecadores  se  acercaban  a  él  para  escucharle. 
^  Los  fariseos  y  los  escribas  murmuraban  y  decían:  "Éste  recibe  a  los  peca- 
dores y  come  con  ellos."  ^Y  él  les  propuso  esta  parábola:  *  "¿Quién  de 
vosotros  que  tenga  cien  ovejas  y  pierda  una  de  ellas,  no  deja  las  noventa 
y  nueve  en  el  desierto  y  va  en  busca  de  la  oveja  perdida  hasta  que  la 
encuentra?  "  Y  cuando  la  encuentra,  la  toma,  lleno  de  ciozo,  sobre  sus  hom- 
bros, "  y,  una  vez  que  llega  a  casa,  convoca  a  sus  amigos  y  vecinos  y  les 
dice:  Alegraos  conmigo,  porque  he  encontrado  mi  oveja  perdida.  '  Así  os 
digo  que  habrá  en  el  cielo  más  alegría  por  un  pecador  que  se  convierta,  que 
por  noventa  y  nueve  justos  que  no  necesitan  penitencia." 

Notas:  N.  142 

El  marco  topográfico  es  impreciso.  Solamente  nos  dice  San  Lucas 
que  caminaba  con  él  mucha  gente.  ¿Viene  de  vuelta  a  Galilea?  ¿En  qué 
ciudad  se  encuentra?  Este  caminar  juntamente  con  él  mucha  gente  es 
un  indicio  de  que  no  ha  llegado  todavía  la  gran  crisis  de  Galilea,  en 
que  el  Señor  se  retira  para  formar  más  directamente  a  los  suyos. 

14,26   No  odia,  hebraísmo  que  significa  tanto  como  amar  menos. 


PARÁBOLA    DEL    HIJO  PRÓDIGO 


205 


144.     Parábola  de  la  dracma  perdida 
Le  15,8-10 

'  O  ¿qué  mujer  que  tiene  diez  dracmas,  si  pierde  una,  no  enciende  la 
lámpara  y  barre  la  casa  y  la  busca  con  gran  diligencia  hasta  que  la  en- 
cuentra? *  Y  una  vez  que  la  encuentra  convoca  a  las  amigas  y  vecinas  y 
les  dice:  Alegraos  conmigo,  porque  he  encontrado  la  dracma  que  habia 
perdido.  "  Asi,  os  digo,  se  alegrarán  los  ángeles  de  Dios  por  un  pecador 
que  se  arrepienta." 

145.    Parábola  del  hijo  pródigo 
Le  15,11-32 

"Dijo  también:  Un  hombre  tenía  dos  hijos.  ^' Y  el  más  joven  de  ellos 
dijo  al  padre:  "Padre,  dame  la  parte  correspondiente  de  la  hacienda."  Y 
él  les  repartió  la  hacienda.  No  muchos  días  después,  el  más  joven  reunió 
todas  las  cosas  y  se  marchó  a  una  región  lejana.  Allí  disipó  su  hacienda, 
viviendo  pródigamente.  "  Cuando  lo  gastó  todo,  sobrevino  un  hambre  gran- 
de en  aquella  región,  y  él  empezó  a  tener  necesidad.  Fué  y  se  acercó 
a  cierto  ciudadano  de  aquella  región,  que  lo  envió  a  sus  tierras  para  apa- 
centar puercos.  ^®  Y  deseaba  llenar  su  estómago  con  las  algarrobas  que 
comían  los  puercos,  pero  nadie  se  las  daba.  ^'  Entonces,  entrando  dentro 
de  sí,  decía:  "¡A  cuántos  jornaleros  de  mi  padre  les  sobra  el  pan,  y  yo 
aquí  muero  de  hambre!"  ^  Me  levantaré,  iré  a  mi  padre  y  le  diré:  "Padre, 
he  pecado  contra  el  cielo  y  contra  ti.  "  Ya  no  soy  digno  de  ser  llamado 
hijo  tuyo.  Trátame  como  a  uno  de  tus  jornaleros."  ^°  Se  levantó  y  fué  a 
su  padre.  Todavía  estaba  lejos,  cuando  lo  vió  su  padre,  que  se  conmo- 
vió, corrió,  se  echó  sobre  su  cuello  y  lo  besó.  "Y  el  hijo  le  dijo:  "Padre, 
he  pecado  contra  el  cielo  y  contra  ti.  Ya  no  soy  digno  de  ser  llamado 
hijo  tuyo."  Pero  el  padre  dijo  a  sus  criados:  "Traed  en  seguida  la  me- 
jor túnica  y  ponédsela.  Dadle  un  anillo  para  su  mano  y  unas  sandalias 
para  los  pies.  "Traed  el  novillo  cebado,  matadlo,  comamos  y  alegrémo- 
nos. ^  Porque  este  hijo  mío  había  muerto  y  ha  resucitado,  se  había  per- 
dido y  ha  sido  encontrado."  Y  comenzaron  a  comer  con  alegría. 

^  Su  hijo  mayor  estaba  en  el  campo.  Y,  cuando  llegó  y  se  acercó  a  la 
casa,  oyó  la  música  y  los  coros.  ^  Llamó  a  uno  de  los  criados  y  le  pre- 
guntaba qué  era  aquello.  "Él  le  respondió:  "Ha  venido  tu  hermano,  y  tu 
padre  ha  matado  el  becerro  cebado,  porque  lo  ha  recobrado  sano."  ^  Pero 
él  se  enfadó  y  no  quería  entrar.  Y  su  padre  salió  y  le  rogaba.  Mas  él 
respondió  y  dijo  al  padre:  "Hace  tantos  años  que  te  sirvo,  sin  quebrantar 
nunca  un  mandamiento  tuyo,  y  nunca  me  has  dado  un  cabrito  para  comer 


Notas:  N,  145 

¿Dónde  pronunció  el  Señor  estas  parábolas?  (nn. 143-145).  No  tene- 
mos datos  precisos  para  responder.  Todos  los  publicanos  y  pecadores  se 
acercan  a  él  para  escucharle.  Los  escribas  y  fariseos  murmuran.  ¿  Esta- 
mos realmente  de  vuelta  hacia  Galilea?  ¿Se  ha  venido  el  Señor  por  Je- 
ricó?  ¿Por  Perea?  Alguna  ciudad  de  importancia  debe  ser,  donde  hay 
publicanos.  En  Tericó  tendrá  lugar  la  conversión  de  un  jefe  de  los  pu- 
blicanos (Le  19,Í). 


206 


EL   SEGUNDO  AÑO 


alegremente  con  mis  amigos.  ^  Pero  cuando  este  hijo  tuyo,  el  que  se  ha 
comido  tu  hacienda  con  meretrices,  ha  venido,  le  matas  el  becerro  cebado." 
^  Y  él  le  contestó:  "Hijo,  tú  siempre  estás  conmigo,  y  todas  mis  cosas  son 
tuyas.  ^"  Pero  convenia  hacer  fiesta  y  alegrarse,  porque  este  hermano  tuyo 
habia  muerto  y  ha  resucitado,  se  habia  perdido  y  se  ha  encontrado." 

146.    Parábola  del  mayordomo  infiel 
Le  16,M8 

^También  decia  a  los  discípulos:  "Había  un  hombre  rico  que  tenía  un 
administrador,  a  quien  denunciaron  porque  derrochaba  sus  bienes.  *  Llamó- 
le y  le  dijo:  "¿Qué  es  lo  que  oigo  de  ti?;  dame  cuenta  de  tu  administra- 
ción, pues  no  podrás  administrar  ya  más."  ^  El  administrador  se  dijo  a  sí 
mismo:  "¿Qué  haré?  Mi  amo  me  va  a  quitar  la  administración;  yo  no  pue- 
do cavar;  me  da  vergüenza  pedir.  ^  Ya  sé  lo  que  tengo  que  hacer  para 
que,  cuando  me  quiten  la  administración,  me  reciba  la  gente  en  sus  casas." 

Llamó  a  cada  uno  de  los  deudores  de  su  amo  y  decía  al  primero:  "¿Cuán- 
to debes  a  mi  amo?"  ^  El  contestó:  "Cien  batos  de  aceite."  Díjole:  "Toma 
tu  recibo,  siéntate  y  escribe  en  seguida:  cincuenta."  'Dijo  después  a  otro: 
"Y  tú,  ¿cuánto  debes?"  Contestó:  "Cien  coros  de  trigo."  Dicele:  "Toma 
tu  recibo  y  escribe:  ochenta."  ®  Y  el  amo  alabó  al  administrador  malo, 
porque  había  obrado  con  sagacidad:  los  hijos  de  este  mundo  son  más  avi- 
sados entre  sí  que  los  hijos  de  la  luz.  ^  Porque  yo  os  digo:  procuraos  ami- 
gos de  las  riquezas  injustas,  para  que,  cuando  os  falten,  os  reciban  en  las 
moradas  eternas.  El  que  es  fiel  en  lo  pequeño,  es  también  fiel  en  lo  gran- 
de, y  quien  es  infiel  en  lo  pequeño,  es  también  infiel  en  lo  grande.  "  Si, 


Notas:  N.  146 

16.8  administrador  malo,  lit.  administrador  de  injusticia,  hebr.  que  usa 
el  substantivo  en  lugar  del  adjetivo,  administrador  injusto,  malo. 

Los  hijos  de  este  mundo,  los  que  siguen  las  máximas  del  mundo  en 
su  conducta.  Los  hijos  de  la  luz,  la  luz  corresponde  aquí  a  la  verdad  re- 
velada, a  la  fe.  Los  hijos  de  la  luz  son  los  que  han  abrazado  y  practican 
la  fe. 

Entre  sí,  lit.  In  generationem  eorum.  Generación  es  el  conjunto  de 
hombres  contemporáneos  y  que  convienen  en  algo,  que  piensan  y  sienten 
lo  mismo.  Por  el  acusativo  de  movimiento  se  ve  que  se  trata  de  hombres 
entre  hombres.  Entre  sí.  Es  el  caso  del  administrador  injusto  que  sabe 
valerse  de  los  deudores  de  su  amo  y  obligarlos  a  sí  con  el  hecho  de  re- 
bajarles la  deuda.  La  Vg,  al  usar  el  ablativo:  in  geucratione  siia,  ha  cam- 
biado algo  el  sentido :  en  sus  cosas. 

16.9  de  las  riquezas  injustas,  lit.  de  las  riquezas  de  la  injusticia, 
hebr.  substantivo  en  lugar  de  adj.  El  adjetivo  aquí  es  un  calificativo  de 
algo  que  prevalece  o  domina  en  las  riquezas.  En  muchos  casos  se  ad- 
quieren injustamente  o  sirven  para  el  mal.  Se  podría  traducir  también:  de 
las  riquezas  de  este  mundo,  en  las  cuales  predomina  la  injusticia.  No  se 
aconseja,  pues,  que  con  bienes  injustos  se  gane  el  cielo.  Sino  esto  otro: 
con  esos  bienes,  en  los  cuales  suele  haber  tantas  injusticias,  ganaos  el 
cielo. 

16,11  la  riqueza  injusta.  Esta  vez  con  adjetivo,  y  se  contrapone  a 
riqueza  verdadercL  Es  decir,  que  la  riqueza  injusta  es  el  dinero  material, 


207 


pues,  no  habéis  sido  fieles  en  la  riqueza  injusta,  ¿quién  os  confiará  la  ver- 
dadera? ^"  Y  si  no  habéis  sido  fieles  en  lo  ajeno,  ¿quién  os  dará  lo  vues- 
tro? "Ningún  criado  puede  servir  a  dos  señores:  porque  o  tendrá  odio 
al  uno  y  amará  al  otro,  o  se  irá  con  uno  y  despreciará  al  otro.  No  po- 
déis servir  a  Dios  y  a  las  riquezas." 

"  Los  fariseos,  aficionados  al  dinero,  oian  todo  esto  y  se  burlaban  de 
él,  les  dijo:  "Vosotros  sois  los  que  os  proclamáis  justos  ante  los  hom- 
bres, pero  Dios  conoce  vuestros  corazones:  porque  lo  que  entre  los  hom- 
bres se  estima,  es  despreciable  a  los  ojos  de  Dios.  La  ley  y  los  profetas 
hasta  Juan;  desde  entonces,  el  reino  de  Dios  es  evangelizado  y  muchos  se 
esfuerzan  por  entrar  en  él.  ^'  Es  más  fácil  que  el  cielo  y  la  tierra  pasen, 
que  el  que  caiga  un  solo  ápice  de  la  ley.  Todo  el  que  repudia  a  su  mu- 
jer y  se  casa  con  otra,  comete  adulterio;  y  el  que  se  casa  con  una  mujer 
repudiada  por  su  marido,  comete  adulterio." 

147.    Parábola  del  rico  epulón 
Le  16,19-31 

"  Había  un  hombre  rico  que  se  vestía  de  púrpura  y  lino  fino  y  tenía 
espléndidos  banquetes  todos  los  días.  Al  mismo  tiempo,  un  pobre,  llama- 
do Lázaro,  yacía  a  su  puerta  lleno  de  llagas,  "  con  el  deseo  de  alimentarse 
con  lo  que  caía  de  la  mesa  del  rico.  Y  hasta  los  perros  venían  a  lamerle 
sus  llagas.  "  Pero  murió  el  pobre,  y  los  ángeles  le  llevaron  al  seno  de 
Abrahám.  Murió  también  el  rico  y  fué  sepultado.  Y  en  el  infierno,  estan- 
do en  tormentos,  levantó  sus  ojos  y  víó  desde  lejos  a  Abraham  y  a  Láza- 
ro en  su  seno.  '''^Y  exclamó  y  dijo:  "Padre  Abraham,  ten  piedad  de  mí  y 
envía  a  Lázaro  para  que  moje  en  agua  la  punta  de  su  dedo  y  refresque 
mi  lengua,  porque  sufro  gran  dolor  en  esta  llama."  ^  Y  Abraham  respon- 
dió: "Hijo,  acuérdate  que  tus  bienes  los  recibiste  en  la  vida,  y  Lázaro,  a 
su  vez,  los  males,  y  ahora  aquí  él  es  consolado,  pero  tú  sufres  gran  do- 
lor. ^  Y  sobre  todo  esto  se  ha  puesto  entre  vosotros  y  nosotros  un  abismo 


Notas:  N.  146 

el  del  siglo.  Y  recibe  el  nombre  de  dinero  injusto  no  porque  siempre  se 
adquiera  con  injusticias,  sino  porque  prevalecen  en  él  las  injusticias  y 
los  afanes  de  los  hijos  de  este  siglo.  Riqueza  verdadera  es  la  del  otro 
mundo,  la  celestial. 

16,16  Cf.  n.85.  Se  esfuerzan :  escogemos  un  sentido.  El  taieno.  Puede 
tener  también  otro  malo :  se  esfuerzan  contra  él  para  que  otros  no  entren. 

N.  147 

16.19  lino  fino,  bussos,  especie  de  lino  muy  fino. 

16.20  al  mismo  tiempo,  en  gr.  dé,  que  indica  cierta  oposición  real  y 
coexistencia  temporal. 

16.21  alimentarse :  el  v.  gr.  chortazó,  en  la  koiné  reviste  la  idea  gene- 
ral de  alimentar.  Et  nemo  illi  dahat,  esta  frase  de  la  Vg  falta  en  los 
códices  gr.  y  desentona  en  todo  el  contexto.  Venía  a  la  puerta,  porque 
se  alimentaba  con  las  sobras  del  rico. 

16^22  et  sepultus  est  in  inferno.  Vg.  El  sentido  verdadero  es  el 
del  gr.  Su  cuerpo  fué  sepultado.  Su  alma  está  en  el  infierno  y  ve... 

16.25  sufro  gran  dolor,  odunómai,  sentir  dolor  fuerte  como  de  parto. 

16.26  se  ha  puesto,  el  v.  gr.  indica  estabilidad,  firmeza,  intención  de 
que  no  se  pueda  pasar. 


208 


EL  SEGUNDO  AÑO 


grande,  para  que  los  que  pretenden  pasar  de  ahí  a  nosotros  no  puedan,  ni 
tampoco  se  pase  desde  aquí  a  vosotros."  "'Respondió:  "Te  ruego,  pues, 
padre,  que  lo  envíes  a  la  casa  de  mi  padre.  Porque  tengo  cinco  herma- 
nos. Que  les  avise  seriamente  para  que  ellos  no  vengan  a  este  lugar  de 
tormento."  Responde  Abraham:  "Tienen  a  Moisés  y  a  los  profetas.  Que 
los  oigan."  *  Pero  él  respondió:  "No,  padre  Abraham;  pero  si  alguno  de 
los  muertos  fuere  a  ellos,  harán  penitencia."  "Si  nc  oyen  a  Moisés  y  a 
los  profetas,  ni  aunque  resucite  uno  de  los  muertos  creerán." 


148.    Misión  de  los  Doce 


Mt  9,35-38;  10,1.5-42 

9  *  Jesús  recorría  todas  las  ciudades 
y  aldeas  enseñando  en  sus  sinagogas, 
predicando  el  Evangelio  del  reino  y  cu- 
rando toda  enfermedad  y  toda  dolencia. 

*  Al  ver  a  las  gentes,  se  compadeció 
de  ellas,  porque  estaban  cansadas  y  aba- 
tidas, como  ovejas  que  no  tienen  pastor. 

Entonces  dijo  a  sus  discípulos:  La  mies 
es  mucha,  pero  los  operarios,  pocos.  "'^  Ro- 


Mc  6,7^13 

'  Llama  a  los 
Doce  y  comenzó 
a  enviarlos  de 
dos  en  dos  y  les 
dió  poder  sobre 
los  espíritus  in- 
mundos "  y  les 
mandó  que  no  to- 
i  masen  nada  para 


Le  94-6 

^  Convocó  a 
los  Doce  y  les 
dió  poder  y  au- 
toridad sobre 
todos  los  demo- 
nios y  para  cu- 
rar enfermeda- 
des. '  Y  los  en- 
vió a  predicar 


Notas:  N.  147 

16^28  que  les  avise  seriamente,  el  v.  gr.  compuesto  (dia-martureó) 
tiene  este  sentido  de  "obtestor  atque  obsecro,  graviter  moneo". 

16,31  creerán,  "peithó"  en  pas.  significa  dejarse  persuadir,  creer,  obe- 
decer. 

Los  datos  para  determinar  el  marco  topográfico  de  estas  dos  parábo- 
las (nn. 146-147)  son  también  muy  escasos.  Por  su  contenido  cuadran 
muy  bien  en  ciudades  ricas  y  de  negocios.  Por  esto  algunos  han  habla- 
do de  Jerusalén.  También  se  puede  hablar  de  Jericó.  Era  ciudad  de  ri- 
quezas y  de  placeres.  Entre  los  oyentes  hay  fariseos,  aficionados  al  di' 
ñero  que  se  hurlaban  de  él  (16,14).  Es  posible  también  la  región  de  Perea, 
aunque  Lucas  no  la  menciona  expresamente.  Los  autores  suelen  incli- 
narse por  ella.  Lo  que  nosotros  sí  creemos  probable  es  que  todo  esto 
pertenece  a  la  vuelta  del  viaje.  El  final  de  esta  primera  etapa  (17,1-10) 
sucede  en  Galilea,  pues  tiene  su  paralelo  en  Mt  en  18,6.7;  15,21.22;  17,20,  y 
poco  después  nos  habla  del  Señor  "yendo  por  los  confines  de  Samaría 
y  Gahlea"  (Le  17,11). 

El  hecho  de  que  el  final  de  las  dos  primeras  etapas  del  gran  viaje  a 
Jerusalén  coincida  con  sucesos  que  los  otros  Sinópticos  ponen  en  Galilea, 
es  un  buen  indicio  para  pensar  que  ambas  etapas  se  terminan  con  la 
vuelta  a  Galilea  y  que  constituyen  dos  viajes  reales. 

N.  148 

El  texto  de  San  Mateo  es  bastante  más  largo  que  el  de  Mc-Lc.  La  ra- 
zón es  porque  Mt  ha  reunido  enseñanzas  que  pertenecen  a  diversas  oca- 
siones. Se  puede  decir  que  el  texto  paralelo  con  Me  6,7-13  y  Le  9,1-6  no 
es  nada  más  que  Mt  10,1.5-15.  Es  decir,  lo  que  se  refiere  a  la  primera 
misión  histórica  de  los  Doce.  Misión  encerrada  en  el  territorio  estricto 
de  Israel.  No  deben  ir  ni  a  los  gentiles  de  alrededor  ni  a  los  samarita- 
nos.  Esta  misión  pertenece  a  los  ensayos  que  hacía  Jesús  con  sus  dis- 
cípulos. 


MISIÓN  DE  LOS  DCX:E 


209 


gad,  pues,  al  Señor  de  la  mies  que  envíe 
operarios  a  su  mies. 

10  ^Habiendo  llamado  a  sus  doce  dis- 
cípulos, les  dio  poder  para  arrojar  a  los 
espíritus  inmundos  y  para  curar  toda  en- 
fermedad y  dolencia. 

^  Jesús  envió  a  estos  Doce  y  les  encar- 
gó: "No  vayáis  a  los  gentiles,  y  no 
entréis  en  ninguna  ciudad  de  samarita- 
nos:  "  sino  id  más  bien  a  las  ovejas  per- 
didas de  la  casa  de  Israel.  ''  Y  en  vues- 
tra misión  predicad  y  decid:  "El  reino 
de  los  cielos  se  acerca."  ''Curad  a  los 
enfermos,  resucitad  a  los  muertos,  sanad 
a  los  leprosos,  arrojad  a  los  demonios. 
Gratis  lo  recibisteis,  dadlo  gratis."  ^  No 
llevéis  oro,  ni  plata,  ni  calderilla  en  vues- 
tros cintos,  ni  alforja  para  el  camino, 
ni  dos  túnicas,  ni  sandalias,  ni  bastón, 
pues  el  obrero  merece  su  sustento. 

"  Al  entrar  en  una  ciudad  o  en  una 
aldea,  informaos  quién  es  digno;  y  que- 
daos allí  hasta  que  partáis.  Al  entrar 
en  la  casa  saludadla;  "  y,  si  la  casa  lo 
merece,  que  vuestra  paz  entre  en  ella; 
mas  sí  no  lo  merece,  que  vuestra  paz 
vuelva  a  vosotros.  Y  si  no  os  recibie- 
ren ni  escucharen  vuestras  palabras,  salid 
de  aquella  casa  o  ciudad  y  sacudid  el 
polvo  de  vuestros  pies.  ^  En  verdad  os 
digo:  será  más  tolerable  la  suerte  de  So- 
doma  y  de  Gomorra  en  el  día  del  juicio 
que  la  de  aquella  ciudad. 


el  camino,  fuera 
de  un  bastón,  ni 
pan,  ni  alforjas, 
ni  dinero  en  el 
cinto,  "  que  se 
calzasen  con  san- 
dalias y  no  lle- 
vasen dos  túni- 
cas. ^'Y  les  de- 
cía: "En  cual- 
quier sitio  donde 
entréis  en  una 
casa,  quedaos  en 
ella  hasta  que 
salgáis  de  allí. 
"  Y  si  en  algún 
sitio  no  os  reci- 
ben ni  os  escu- 
chan, salid  de 
allí  y  sacudid  el 
polvo  de  vuestros 
pies  en  testimo- 
nio contra  ellos." 
"Partieron  y 
predicaron  que 
s  e  arrepintiesen 
y  arro  jaban 
muchos  demonios 
y  ungían  con 
aceite  a  muchos 
enfermos  y  los 
curaban. 


el  reino  de  Dios 
y  a  curar  a  los 
enfermos.  ^  Y 
les  dijo:  "No 
toméis  nada  pa- 
ra el  camino, 
ni  bastón,  ni 
alforjas,  ni  pan, 
ni  dinero;  ni 
tengáis  dos  tú- 
nicas.  *  Y  en 
cualquier  casa 
a  que  vayáis, 
permaneced  en 
ella  y  de  allí 
partid.  'Y  de 
la  ciudad  don- 
de no  os  reci- 
ban, salid  y  sa- 
cudid el  polvo 
de  vuestros  pies 
e  n  testimonio 
contra  ellos." 
*  Partieron,  y 
recorrieron  las 
aldeas  evange- 
!  lizando  y  cu- 
j  rando  por  todas 
I  partes. 


'"Mirad  que  yo  os  envío  como  a  ovejas  en  medio  de  lobos:  sed  pru- 
dentes como  las  serpientes,  y  sencillos  como  las  palomas.  ^'  Guardaos  de 
los  hombres;  porque  os  entregarán  a  los  tribunales,  y  os  azotarán  en  sus 


Notas:  N.  148 

Mt  10^5    no  vayáis  a  los  gentiles,  lit.  por  el  camino  de  los  gentiles. 

10,7    en  vuestra  predicación,  lit.  yendo,  predicad  diciendo. 

10,9    en  vuestros  cintos,  lo  equivalente  a  nuestros  bolsillos. 

Es  posible  que  algunas  de  las  mismas  enseñanzas  que  se  encierran  en 
esta  primera  parte  de  Mt  pertenezcan  también  a  otro  contexto.  Cf.  Le 
10,4-12,  que  pone  estas  enseñanzas  en  la  misión  de  los  72. 

La  segunda  parte  de  Mt  10,16-23  no  tiene  ya  paralelo  en  Mc-Lc.  Son 
todas  instrucciones  que  suponen  otra  misión  posterior,  la  misión  univer- 
sal, que  debían  cumplir  los  apóstoles  después  de  la  muerte  de  Jesús. 
Por  esto  se  habla  en  ella  de  reyes  y  de  naciones. 

10,16  —  Le  10,3    en  la  misión  de  los  72. 

10,17-22  =  Me  13,9-13  en  la  misión  última,  consejos  que  da  Je- 
sús poco  antes  de  su  Pasión;  Le  21,12.19;  12,11-12. 


210 


EL  SEGUNDO  AÑO 


sinagogas,  ^  y  por  mi  causa  os  conducirán  a  los  gobernadores  y  a  los 
reyes,  para  que  tengan  testimonio  ellos  y  las  naciones.  Y  cuando  os  en- 
treguen, no  os  preocupéis  cómo  o  que  habéis  de  decir;  pues  se  os  comu- 
nicará en  aquella  hora  lo  que  hayáis  de  hablar;  no  seréis  vosotros  los 
que  hablaréis,  sino  el  Espíritu  de  vuestro  Padre,  quien  hablará  en  vosotros. 

El  hermano  entregará  al  hermano  a  la  muerte,  y  el  padre  al  hijo,  y 
los  hijos  se  levantarán  contra  sus  padres  y  los  matarán  por  mi  causa. 
^  Y  vosotros  seréis  odiados  de  todos;  el  que  perseverare  hasta  el  fin, 
ése  se  salvará.  ^Cuando  os  persigan  en  una  ciudad,  huid  a  otra:  en 
verdad  os  digo:  no  acabaréis  con  las  ciudades  de  Israel  hasta  que  ven- 
ga el  Hijo  del  hombre. 

No  está  el  discípulo  sobre  el  maestro,  ni  el  criado  sobre  su  amo. 

Bástale  al  discípulo  ser  como  su  maestro,  y  al  criado  como  su  amo. 
Si  al  dueño  de  la  casa  le  han  llamado  Beelzebul,  ¡cuánto  más  a  sus  do- 
mésticos!" 

"No  les  tengáis  miedo:  pues  nada  hay  oculto  que  no  haya  de  ser 
descubierto,  ni  secreto  que  no  haya  de  ser  conocido.  "  Lo  que  os  digo 
en  la  obscuridad,  decidlo  a  la  luz  del  día,  y  lo  que  oís  al  oído,  procla- 
madlo sobre  las  terrazas.  ^  No  temáis  a  los  que  matan  al  cuerpo,  pero  no 
pueden  matar  el  alma:  temed  más  bien  a  quien  puede  perder  en  el  infierno 
al  alma  y  al  cuerpo.  ¿No  se  venden  dos  pajaritos  por  un  as?  Pues 
bien,  no  cae  a  tierra  ni  uno  de  ellos  sin  el  consentimiento  de  vuestro 
Padre.  ^  De  vosotros  hasta  los  cabellos  de  la  cabeza  están  todos  contados. 
^' No  temáis:  valéis  más  que  muchos  pajaritos. 

^  A  todo  el  que  me  confesare  delante  de  los  hombres,  lo  confesaré  yo 
delante  de  mi  Padre  celestial:  a  quien  me  negare  delante  de  los  hombres, 
yo  lo  negaré  delante  de  mi  Padre  celestial. 

^  No  creáis  que  vine  a  traer  paz  sobre  la  tierra;  no  vine  a  traer  paz, 
sino  espada.  ^  Porque  he  venido  a  enfrentar  al  hijo  con  su  padre,  a  la 
hija  con  su  madre,  a  la  nuera  con  su  suegra;  *  y  serán  enemigos  del  hom- 
bre los  de  su  casa.  El  que  ama  al  padre  o  a  la  madre  más  que  a  mí, 
no  es  digno  de  mí:  y  el  que  ama  al  hijo  o  a  la  hija  más  que  a  mí,  no  es 
digno  de  mí:  ^  quien  no  toma  su  cruz  y  me  sigue,  no  es  digno  de  mí.  ^  El 
que  encuentra  su  vida,  la  perderá,  y  el  que  la  pierde  por  mi  la  encontrará. 
"*  Quien  os  recibe  a  vosotros,  me  recibe  a  mí,  y  quien  me  recibe  a  mí, 
recibe  a  quien  me  ha  enviado.  Quien  recibe  a  un  profeta  porque  es  pro- 
feta, paga  de  profeta  recibirá,  y  quien  recibe  a  un  justo  porque  es  justo, 
paga  de  justo  recibirá.  *^  Todo  el  que  diere  un  solo  vaso  de  agua  fresca 
a  uno  de  estos  pequeños  porque  es  discípulo,  os  aseguro  que  no  perderá 
su  recompensa." 


Notas:  N.  148 

Mt  10,18  para  que  tengan  testimonio  ellos  y  las  naciones,  lit.  en  tes- 
timonio para  ellos  y  para  las  naciones.  La  pasión  de  los  discípulos  ser- 
virá de  testimonio  sobre  la  verdad  del  reino,  del  Evangelio. 

La  tercera  parte  de  Mt  10,24-42  comprende  diversos  consejos  rela- 
cionados más  o  menos  con  el  apostolado.  Se  encuentran  esparcidos  en 
diversos  contextos  de  Lucas  sobre  todo.  Así 

10,26-33    corresponde  a  Le  12,2-9  (primer  viaje  a  Jerusalén). 

10,34-36    corresponde  a  Le  12,51-53  (primer  viaje  a  Jerusalén). 

10,37-38    corresponde  a  Le  14,26-27  (segundo  viaje  a  Jerusalén). 

10.39  corresponde  a  Le  17,33  (tercer  viaje  a  Jerusalén). 

10.40  corresponde  a  Le  10,16  (primer  viaje  a  Jerusalén). 


MARTIRIO   DE  JUAN 


211 


149.    Opinión  de  Herodes  sobre  Jesús 


Mt  144-2 

^  Por  aquel 
tiempo  llegó  a 
oídos  del  tetrarca 
Herodes  1  a  fama 
d  e  Jesús,  ^  y  de- 
cía a  sus  cortesa- 
nos: "Este  es  Juan 
el  Bautista.  El 
mismo,  que  ha  re- 
sucitado d  e  entre 
los  muertos.  Por 
esto  las  fuerzas 
m  i  1  a  g  r  osas  que 
obran  en  él." 


Me  6,14-16 

"  Llegó  a  oídos  del  rey 
Herodes,  porque  su  nom- 
bre se  hizo  famoso,  y  de- 
cía: "Juan  el  Bautista  ha 
resucitado  de  entre  los 
muertos.  Por  esto  las  fuer- 
zas milagrosas  que  obran 
en  él."  Pero  otros  d  e- 
cían:  "Es  Elias."  Y  otros: 
"Es  un  profeta  como  to- 
dos los  profetas."  "  Pero 
Herodes,  cuando  lo  supo, 
decía:  "Este  es  Juan,  a 
quien  yo  decapité,  que  ha 
resucitado." 


Le  9,7-9 

^  Herodes  el  tetrarca  oyó 
todo  lo  que  había  sucedi- 
do, y  estaba  dudoso,  a 
causa  de  lo  que  decían  al- 
gunos: "Que  Juan  ha  re- 
sucitado de  entre  los  muer- 
tos"; ^  otros:  "Que  Elias  ha 
aparecido";  otros:  "Que  ha 
resucitado  uno  de  los  pro- 
fetas antiguos.  ^  Pero  He- 
rodes dijo:  "Yo  he  deca- 
nitado  a  Juan.  ¿Quién  es 
este  de  quien  oigo  ta- 
les cosa  s?"  Y  deseaba 
verlo. 


150.     Martirio  de  Juan 


Mt  14,3-12  : 

^  Porque  Herodes 
prendió  a  Juan  y  lo  ha- 
bía encadenado  y  pues- 
to en  la  cárcel  a  causa 
de  Herodías,  la  mujer 
de  Filipo,  su  hermano. 
■*  Porque  Juan  le  decía: 


Me  6,17-29 

Porque  el  mismo  Herodes  había 
mandado  prender  a  Juan  y  encade- 
narlo en  la  cárcel,  a  causa  de  He- 
rodías, la  mujer  de  Filipo,  su  her- 
mano, con  la  cual  se  había  casado. 
^Porque  Juan  decía  a  Herodes:  "No 
te  es  lícito  tener  la  mujer  de  tu  her- 
mano." ^®  Herodías  le  odiaba  y  que- 


Lc  3,19-20 

"  Pero 
Hero- 
des, el 
tetrar- 
ca, a 
ouien 


Notas:  N.  149 

Mt  14,2  Las  fuerzas  milagrosas,  lit.  las  fuerzas.  Con  artículo,  porque 
alude  a  las  fuerzas  que  ponderaba  el  pueblo. 

Me  6,15  como  todos  los  profetas,  lit.  como  uno  de  los  profetas.  Fra- 
se hebrea  (cf.  3  Reg  19,2),  que  significa  tanto  como  todos  los  profetas 
antiguos. 

Terminada  la  narración  del  segundo  viaje  a  Jerusalén,  entramos  nue- 
varnente  en  Galilea.  El  ministerio  galileo  es  paralelo  históricamente  a  los 
viajes  de  San  Lucas.  Por  esto  retrocedemos  a  los  capítulos  anteriores, 
en  los  cuales  Le  narra  el  ministerio  en  Galilea.  La  misión  de  los  Doce 
pudo  tener  lugar  en  territorio  galileo.  Los  milagros  que  Jesús  obra 
llegan  a  oídos  de  Herodes  Antipas,  que  vivía  en  Tiberíades.  Histórica- 
mente este  juicio  sobre  Jesús  que  se  forma  Herodes  pensando  que  ha 
resucitado  Juan,  es  posterior  al  martirio  del  Precursor.  Los  evangelistas 
lo  adelantan  en  su  narración,  porque  en  él  hallan  la  ocasión  para  narrar 
la  muerte  de  Juan,  que  habían  omitido.  Mt-Mc  la  cuentan  después  de 
la  opinión  o  dudas  de  Herodes.  Le  la  ha  contado  antes  de  empezar  e) 
mismo  ministerio  de  Jesús. 

14,6    pi'iblicamente,  lit.  en  el  medio. 

14,8   dame  ahora,  ht.  aquí;  ode  puede  tener  también  sentido  temporal. 


212 


EL  SEGUNTXD  AÑO 


"No  te  es  lícito  tener- 
la." "  Queriendo  matar- 
lo, temía  al  pueblo,  por- 
que lo  tenían  como  pro- 
feta. '  En  el  cumpleaños 
de  Herodes  bailó  públi- 
camente la  hija  de  He- 
rodías,  v  le  qustó  a  He- 
rodes. ''  Por  esto  prome- 
tió con  juramento  darle 
lo  que  le  pidiera.  *  Ella, 
inducida  por  su  madre, 
dijo:  "Dame  ahora  en 
un  plato  la  cabeza  de 
Juan  Bautista."  ^  El  rey 
s  e  entristeció;  pero,  a 
causa  del  juramento  y 
de  los  convidados,  man- 
dó dársela.  Y  ordenó 
decapitar  a.  Juan  en  la 
prisión.  "  Fué  traída  la 
cabeza  en  un  pJlato  y 
entregada  a  la  niña,  la 
cual  la  llevó  a  su  ma- 
d  r  e.  ^'  S  u  s  discípulos 
fueron  y  cogieron  el  ca- 
dáver y  lo  sepultaron. 
Después  vinieron  a  con- 
tarlo a  Jesús. 


ría  matarlo,  pero  no  podía.  ^Porque 
Herodes  temía  a  Juan,  sabiendo  que 
era  hombre  justo  y  sagrado,  y  lo 
guardaba.  Hasta  hacía  muchas  cosas 
por  su  consejo,  pues  le  oía  con  gus- 
to. "Pero  llegó  un  día  oportuno: 
cuando  Herodes,  con  ocasión  de  su 
cumpleaños,  ofrecía  un  banquete  a 
sus  grandes,  a  los  tribunos  y  a  los 
notables  de  Galilea.  ^  Entró  la  hija 
de  Herodías,  bailó,  y  agradó  a  He- 
rodes y  a  los  comensales.  Y  dijo  el 
rey  a  la  niña:  "Pídeme  lo  que  quie- 
ras y  te  lo  daré."  ^  Y  le  juró:  "Te 
daré  lo  que  me  pidas,  aunque  sea  la 
mitad  de  mi  reino."  Salió  v  habló 
con  su  madre:  "¿Qué  pido?"  Ella  res- 
pondió: "La  cabeza  de  Juan  el  Bau- 
tista." ^  Volvió  luego  con  prisa  al  rey 
y  le  pidió  diciendo:  "Quiero  que  en 
seguida  me  des  en  un  nlato  la  cabeza 
de  Tiian  el  Bautista."  ^  Se  entristeció 
mucho  el  rey.  Mas  por  el  juramento 
V  los  comensales  no  quiso  rechazar- 
la. "  Y  en  seguida  mandó  al  verdugo 
que  trajera  la  cabeza  de  Juan.  Fué  y 
lo  decapitó  en  la  cárcel.  ^  Y  trajo  su 
cabeza  en  un  plato  y  la  entregó  a  la 
niña.  Y  la  niña  la  dió  a  su  madre. 

Cuando  se  enteraron  sus  discípulos, 
fueron  y  recogieron  su  cadáver  y  lo 
pusieron  en  un  sepulcro. 


151.     Vuelta  de  los  apóstoles 


Me  630 

Volvieron  los  apóstoles  a  Jesús  y 
le  contaron  todo  lo  que  habían  hecho 
y  en.señado. 


Volvieron     1  o  s 
contaron  todo  lo 
cho. 


Le  9,10a 

apóstoles  y 
que  habían 


le 

he- 


Notas:  N.  150 

El  martirio  de  Juan  debió  efectuarse  poco  antes  de  la  Pascua  penúlti- 
ma, la  que  precedió  a  la  primera  multiplicación  de  los  panes.  Por  en- 
tonces le  llega  la  noticia  a  Jesús,  que  se  marcha  del  territorio  de  Anti- 
pas y  se  va  al  del  tetrarca  Filipo,  distinto  del  tnarido  legítimo  de  He- 
rodías. 

N.  151 

El  encuentro  de  Jesús  con  los  apóstoles  debió  tener  lugar  en  Cafar- 
naúm,  pues  de  aquí  saldrán  muy  pronto  con  dirección  a  la  costa  orien- 
tal. La  fecha  de  este  encuentro  fué  poco  antes  de  la  Pascua  penúltima, 


LA    PRIMERA  MULTIPLICACIÓN 


213 


CAPITULO  IV 


El  tercer  año 

(U.  C.  782^783  =  p.  X.  29-30) 

152.     La  tercera  Pascua 
Me  6,31-33 

Y  les  dice:  "Venid  vosotros  e» 
privado,  a  un  lugar  desierto  y  des- 
cansad un  poco.  Porque  eran  muchos 
los  que  iban  y  venían  y  no  tenían 
tiempo  ni  para  comer.  ^  Salieron, 
pues,  en  la  barca  privadamente  ha- 
cia un  lugar  desierto.  Pero  los  vie- 
ron partir  y  se  enteraron  muchos.  De 
todas  las  ciudades  marcharon  allí  a 
pie  y  llegaron  antes  que  ellos. 
Jn  6,1-4 

^  Después  se  retiró  Jesús  al  otro  lado  del  mar  de  Galilea,  o  de  Tibería- 
des.  ^  Y  le  seguía  mucha  gente,  porque  veían  los  milagros  que  hacía  con 
los  enfermos.  ^  Subió  Jesús  al  monte  y  allí  se  sentó  con  sus  discípulos.  *  Es- 
taba cerca  la  Pascua,  la  fiesta  de  los  judíos. 

153.     La  primera  multiplicación 

Mt  14,14-21  Me  6,34-44  Le  9,12-17 


Mt  14,13 

A 1  enterarse 
Jesús,  se  retiró  de 
allí  privadamen- 
te, en  una  bar- 
ca, hacia  un  lu- 
gar desierto.  Se 
enteraron  las  tur- 
bas y  lo  siguie- 
ron a  pie  desde 
las  ciudades. 


Le  9,10b.ll 

Los  reunió  y 
se  retiró  en  priva- 
do a  una  ciudad 
llamada  Betsaida. 
"  Las  turbas  lo  co- 
nocieron y  le  si- 
guieron. Él  las  re- 
cibió y  les  hablaba 
del  reino  de  Dios  y 
curaba  a  los  que  ne- 
cesitaban curación. 


"  Al  desembarcar,  vió 
una  turba  numerosa  y 
sintió  compasión  de 
ellos,  y  curó  a  sus  en- 
fermos. 

^  Como  se  hiciese  ya 
tarde,  se  le  acercaron  los 
discípulos  y  le  dijeron: 
"Este  sitio  está  desierto 
y  ya  ha  pasado  el  tiem- 


^  Al  desembarcar  vió  una 
gran  muchedumbre,  y  se 
compadeció  de  ellos,  porque 
andaban  como  ovejas  sin 
pastor,  y  se  puso  a  ense- 
ñarles muchas  cosas.  ^  Co- 
mo avanzase  ya  mucho  la 
hora,  se  le  acercaron  los 
discípulos  y  le  dijeron:  "Es- 
te sitio  es  desierto  y  ya  es 


"  Comenzaba  a  de- 
clinar el  día,  y,  acer- 
cándose los  Doce,  le 
dijeron:  "Despide  a  la 
gente  para  que  vayan 
a  las  aldeas  y  case- 
ríos de  alrededor  a 
buscar  qué  comer, 
pues  aquí  estamos  en 
un    lugar  desierto." 


Notas:  N.  151 

la  del  año  29.  La  misión  de  los  Doce  ocurrió  a  la  vuelta  de  Jerusalén, 
después  del  viaje  para  los  Tabernáculos  del  ano  28.  No  sabemos  cuánto 
tiempo  estuvo  el  Señor  en  Judea  en  esta  ocasión. 

N.  152 

En  esta  ocasión  convergen  los  cuatro  evangelistas  en  una  misma  na- 
rración. La  Pascua  que  está  próxima  es  la  penúltima,  la  del  año  29.  Lo« 
tres  Sinópticos  no  mencionan  expresamente  la  Pascua,  pero  Me  6,39  ha- 
blará del  heno  verde,  que  también  menciona  San  Juan  6,10,  y  que  no  se 
da  en  aquella  región  sino  en  la  primavera,  tiempo  pascual.  Estamos  a 
un  año  de  distancia  del  episodio  de  las  espigas  y  de  la  Pasión.  El  epi- 
sodio de  las  espigas  sucedió  en  torno  a  la  Pascua  del  año  28.  Y  la  Pa- 
sión tendrá  lugar  en  la  Pascua  del  año  30. 


214 


EL  TERCER  AÑO 


po:  despide,  pues,  a  la 
gente  para  que  vayan 
a  las  aldeas  a  comprar 
alimentos.  "  Jesús  les 
dijo:  "No  hace  falta  que 
vayan;  dadles  vosotros 
de  comer."  Ellos  con- 
testaron: No  tenemos 
aquí  más  que  cinco  pa- 
nes y  dos  peces."  Di- 
joles él:  "Traédmelos 
aquí."  ^®  Y  después  de 
ordenar  que  la  gente  se 
echase  sobre  la  hierba, 
tomó  los  cinco  panes  y 
los  dos  peces,  levantó 
sus  ojos  al  cielo,  los  ben- 
dijo, partió  los  panes  y 
los  entregó  a  sus  discí- 
pulos, y  los  discípulos 
a  la  gente.  ^Comieron 
todos  hasta  hartarse  y 
recogieron  de  los  trozos 
que  sobraron  doce  ca- 
nastos llenos.  "  Los  que 
habían  comido  eran  al- 
rededor de  cinco  mil 
hombres,  sin  contar  las 
mujeres  y  los  niños. 


muy  tarde:  *  Despídelos 
para  que  vayan  a  los  cam- 
pos y  aldeas  circunvecinas 
y  se  compren  alao  que  co- 
mer." ^  Él  les  respondió: 
"Dadles  de  comer  vos- 
otros." Dícenle:  "¿Vamos 
nosotros  a  comprar  dos- 
cientos denarios  de  pan  pa- 
ra darles  de  comer?"  ^  Res- 
pondióles él:  "¿Cuántos  pa- 
nes tenéis?  Id  a  ver."  Des- 
pués de  verlo,  dícenle: 
'Cinco  y  dos  peces."  ^  Y 
les  ordenó  que  hicieran  a 
todos  sentarse  por  grupos 
sobre  la  verde  hierba.  ^  Se 
acomodaron,  pues,  por  gru- 
pos de  ciento  y  de  cincuen- 
ta. Entonces  tomó  los  cin- 
co panes  y  los  dos  peces 
levantó  sus  ojos  al  cielo,  di- 
jo le  bendición,  partió  los 
panes  y  se  los  entregó  a  los 
discípulos  para  que  los  sir- 
viesen, y  repartió  también 
entre  todos  los  dos  peces. 
*^  Todos  comieron  hasta 
hartarse.  Y  recogieron 
doce  canastos  llenos  de  tro- 
zos de  pan  y  de  los  peces. 
"  Los  que  comieron  eran 
cinco  mil  varones. 


Dijoles  él:  "Dadles 
vosotros  de  comer." 
Dijeron  ellos:  "No  te- 
nemos más  que  cin- 
co panes  y  dos  peces: 
a  no  ser  que  vaya- 
mos nosotros  mismos 
a  comprar  alimentos 
para  toda  esta  gente." 

Eran  alrededor  de 
cinco  mil  hombres.  Di- 
jo, pues,  a  sus  discí- 
pulos: "Haced  que  se 
sienten  por  grupos  de 
unos  cincuenta.  Hi- 
ciéronlo  asi  y  se  sen- 
taron todos.  "  Tomó 
entonces  los  cinco  pa- 
nes y  los  dos  peces, 
levantó  sus  ojos  al 
cielo,  los  bendijo,  los 
partió  y  se  los  fué 
dando  a  los  discípulos 
para  que  los  sirviesen 
a     la  muchedumbre. 

Todos  comieron  has- 
ta hartarse,  y  se  reco- 
gieron, de  lo  que  les 
sobró,  doce  canastos 
de  trozos. 


Jn  6,51 5 

°  Levantó  Jesús  los  ojos  y,  viendo  que  una  turba  numerosa  venía  ha- 
cia él,  dice  a  Felipe:  "¿Dónde  podremos  comprar  pan  para  que  coman 
éstos?"  *  Esto  lo  decía  para  probarle:  pues  sabía  él  lo  que  iba  a  hacer. 
^Respondióle  Felipe:  "Doscientos  denarios  de  pan  no  bastan  para  que  cada 
uno  tome  un  poco."  *  Dicele  uno  de  sus  discípulos,' Andrés,  hermano  de 
Simón  Pedro:  ®  "Hay  ahí  un  muchacho  que  tiene  cinco  panes  de  cebada 
y  dos  peces:  pero  ¿qué  es  esto  para  tantos?"  '"Dijo  Jesús:  "Haced  que 
se  acomoden  en  el  suelo."  Había  en  aquel  sitio  mucha  hierba.  Se  acomo- 
daron, pues,  los  hombres  en  número  de  unos  cinco  mil.  Tomó  entonces 
Jesús  los  panes,  y,  después  de  haber  dado  gracias,  los  repartió  entre  los 
comensales;  igualmente  los  peces  todo  cuanto  quisieron.  "  Después  que  se 
saciaron,  dice  a  sus  discípulos:  "Recoged  los  trozos  que  han  sobrado,  que 


Notas:  N.  153 

Para  la  topografía  de  esta  escena,  cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C. 
pp.278-9;  Dorado,  pp. 639-70  n.461.  En  esta  primera  multiplicación,  el  nú- 
mero de  hombres  fué  5.000.  Los  panes  multiplicados,  cinco,  y  los  peces, 
dos.  Los  panes  eran  de  cebada,  propios  de  la  gente  pobre. 


JESÚS  CAMINA  SOBRE   EL  MAR 


215 


no  se  desperdicie  nada."  "  Los  recogieron  y  llenaron  doce  canastos  de 
trozos  de  los  cinco  panes  de  cebada  que  sobraron  a  los  que  habían  co- 
mido. 

"Al  ver  aquellos  hombres  el  milagro  que  acababa  de  hacer,  decían: 
"Éste  es  verdaderamente  el  profeta  que  ha  de  venir  al  mundo."  ^  Y  como 
se  enterase  Jesús  que  iban  a  venir  para  cogerle  y  proclamarle  rey,  se  ale- 
jó de  nuevo  él  solo  hacia  el  monte. 


154,    Jesús  camina  sobre  el  mar 


Mt  14,22-33 

En  seguida  obligó  a  sus  dis- 
cípulos a  subir  a  la  barca  y  a  ir 
delante  de  él  a  la  otra  orilla, 
mientras  despedía  a  las  turbas. 
"  Cuando  despidió  a  la  gente,  su- 
bió al  monte  a  hacer  oración  en 
privado.  Ya  era  tarde  y  estaba 
allí  solo. 

^  La  barca  se  había  alejado  ya 
de  la  costa  muchos  estadios  y 
era  agitada  por  las  olas,  pues  el 
viento  era  contrario.  ^  A  la  cuar- 
ta vigilia  de  la  noche,  vino  a  ellos 
caminando  sobre  el  mar.  Y  los 
discípulos,  al  verle  caminar  por 
el  mar,  se  turbaron  y  decían:  "Es 
un  fantasma",  y  por  el  miedo  co- 
menzaron a  gritar.  ^  Pero  Jesús 
les  dijo  en  seguida:  "Confiad, 
soy  yo;  no  tengáis  miedo."  ^En- 
tonces Pedro  le  dijo:  "Señor,  si 
eres  tú,  mándame  ir  a  ti  sobre  las 
aguas."  ^  Y  él  le  contestó:  "Ven." 
Y,  bajando  de  la  barca,  Pedro  ca- 
minó sobre  las  aguas  y  se  dirigió 
hacia  Jesús.  ^  Pero,  al  notar  la 
violencia  del  viento,  sintió  miedo 
y,  como  comenzara  a  hundirse, 
gritó:  "Señor,  sálvame."  ^  Al  pun- 
to Jesús  alargó  la  mano  y  le  cogió 


Me  M5'52 

^  Después  obligó  a 
sus  discípulos  a  embar- 
carse y  a  ir  delante  de 
él  a  la  otra  orilla,  ha- 
c  i  a  Betsaida.  mientras 
él  despedía  a  la  gente. 
*^  Y  después  que  los 
despidió,  se  marchó  al 
monte  a  hacer  oración. 

Ya  tarde,  la  barca 
estaba  e  n  medio  d  e  1 
mar  y  él  solo  en  tierra. 

Viendo  que  ellos  tra- 
bajaban por  avanzar, 
pues  el  viento  les  era 
contrario,  hacia  la  cuar- 
ta viailia  de  )a  noche 
vino  hacia  ellos  cami- 
nando sobre  el  mar:  y 
les  iba  dejando  atrás. 
*^  Ellos,  al  verle  cami- 
nar sobre  el  mar,  cre- 
yeron que  era  un  fan- 
tasma   y  gritaron, 

pues  todos  le  vieron  y 
se  asustaron.  Él  les  ha- 
bló en  seguida  y  les  di- 
jo: "Confiad,  soy  yo, 
no  tengáis  miedo."  Y 
subió  con  ellos  a  la  bar- 


Jn  6,16-21 

^«  Ya  tarde, 
bajaron  al  mar 
sus  d  i  s  c  i  p  u- 
1  o  s,  "  y,  s  u- 
hiendo  a  la 
barca ,  comen- 
zaron a  m  a  r- 
char  hacia  e  1 
otro  lado  d  e  1 
mar,  hacia  Ca- 
f  a  r  n  a  úm;  ya 
estaba  obscuro 
y  aún  no  había 
venido  a  ellos 
Jesús.  ''Se  le- 
vantó un  gran 
viento  y  el  mar 
se  enere  spó. 

Cuando  h  a  - 
bían  avanzado 
unos  veinticin- 
co o  treinta  es- 
tadios, V  i  eron 
a  Jesús  que  ca- 
minaba s  o  bre 
el  mar  y  se 
aprox  i  maba  a 
la  barca,  y  tu- 
vieron m  i  edo. 
^  Él  les  dijo  : 


Notas:  N.  154 

Nótese  cómo  San  Mateo  es  el  único  que  nos  ha  conservado  el  episo- 
dio de  San  Pedro,  el  único  que  nos  hablará  también  de  la  promesa  del 
primado.  La  omisión  de  Marcos  se  explica  porque  depende  de  la  narra- 
ción de  Pedro.  La  omisión  de  San  Juan  se  explica  también  por  el  plan 
que  tiene.  Tanto  la  multiplicación  como  el  caminar  sobre  las  aguas  lo 
ha  incorporado  a  su  Evangelio  por  la  relación  que  tiene  con  el  sermón 
sobre  el  pan  de  la  vida.  Y  para  esto  el  episodio  de  San  Pedro  era  ac- 
cesorio. S.  Le  omite  toda  la  escena,  porque  abrevia  mucho  todo  el  final 
del  ministerio  en  Galilea. 

Para  el  problema  topográfico,  cf.  Dorado^  p.642  n.464. 


216 


EL  TERCER  AÑO 


diciéndole:  "Hombre  de  poca  fe,  1  ca  y  cesó  el  viento; 
¿por  qué  dudaste?"  ^  Y  cuando  j  ellos  interiormente  esta- 
subieron  a  la  barca,  cesó  el  vien-  I  ban  muy  asombrados, 
to.  ^  Entonces  los  que  estaban  en  '  porque  no  habían  en- 
la  barca  se  prosternaron  delante  tendido  lo  de  los  panes, 
de  él,  diciendo:  "Verdaderamente  [  sino  que  su  entendimien- 
eres  Hijo  de  Dios."  \  to  estaba  embotado. 


"Soy  yo.  No 
tengáis  miedo." 
"  Ellos  querían 
meterlo  en  la 
barca,  pero  la 
barca  arribó  en 
seguida  a  1  a 
tierra  a  que  se 
dirigían. 


155.     Curaciones  de  enfermos  en  Genesaret 


Mt  1434-36 

Terminada  la  trav  e  s  i  a, 
desembarcaron  e  n  Genesaret. 
*  Las  gentes  del  lugar  lo  re- 
conocieron y  dieron  noticia  a 
todos  aquellos  alrededores,  y 
le  trajeron  todos  1  o  s  enfer- 
mos. ^  Le  suplicaban  que  les 
dejase  tocar  solamente  el 
ruedo  de  su  manto.  Todos 
los  que  le  tocaron  quedaron 
sanos. 


I  Me  6,53o6 

I  "  Terminada  la  travesía,  llegaron  a  Ge- 
nesaret y  desembarcaron.  Apenas  salie- 
ron de  la  barca,  lo  reconocieron  en  segui- 
da, y  de  toda  aquella  región  corrieron  y 
comenzaron  a  traer  en  camillas  a  todos  los 
que  estaban  mal,  adonde  oían  que  estaba. 
^"^  Dondequiera  que  entraba,  en  las  aldeas, 
o  en  las  ciudades,  o  en  los  caseríos,  colo- 
caban en  la  plaza  a  los  enfermos  y  le  su- 
plicaban tocar  siquiera  la  orla  de  su  man- 
to. Todos  los  que  le  tocaban  sanaban. 


Notas:  N.  155 

No  parece  que  desembarquen  en  la  ciudad,  sino  en  la  región  de  Gene- 
saret. Es  decir,  que  los  evangelistas  no  determinan  la  ciudad,  sino  que 
se  contentan  con  referirse  a  la  región  en  general.  Esta  llanura  de  Gene- 
saret estaba  en  la  costa  occidental  y  se  extendía  hacia  el  norte,  a  una 
distancia  casi  igual  de  Tiberíades  y  de  Cafarnaúm.  La  llanura  tiene  una 
longitud  de  seis  kilómetros  y  una  anchura  de  dos-cuatro  kilómetros.  Hoy 
se  .llama  el-Ghuwer. 

Allí  había  varias  ciudades  y  aldeas.  Una  probablemente  era  Betsaida. 
la  patria  de  Pedro,  distinta  de  la  Betsaida  Julias,  que  estaba  al  otro  lado 
del  Jordán,  y  era  ciudad  más  pagana  que  judía.  De  hecho  el  Señor  les 
dijo  a  los  apóstoles  que  navegasen  con  dirección  a  Betsaida  (Me  6,45). 
La  gente,  que  ha  visto  dirigirse  a  los  apóstoles  en  dirección  de  Betsaida, 
viene  a  buscar  a  Jesús  al  lado  de  acá,  no  lejos  de  Cafarnaúm  (Jn  6,22-24). 
Todos  los  apóstoles,  excepto  Judas,  eran  galileos  (Act  1,11 ;  2,7).  Pedro, 
Andrés  y  Felipe  son  de  Betsaida,  y  Betsaida  Julias  era  de  Galaunítide 
no  de  Galilea.  Las  tres  ciudades  malditas,  Cafarnaúm,  Corozaín  y  Betsai- 
da, se  contraponen  a  las  ciudades  paganas  de  Tiro  y  Sidón.  Y  Betsaida 
Julias  era  más  bien  ciudad  pagana.  Por  todo  esto  es  probable  que  exis- 
tiese una  Betsaida  occidental,  aldea  pequeña  de  pescadores.  Estaba  en 
la  llanura  de  las  Siete  Fuentes,  a  dos  kilómetros  al  oeste  de  Cafarnaúm. 
Jesús,  desde  que  desembarca,  va  recorriendo  todos  estos  pueblos  del 
Lago,  en  dirección  de  Cafarnaúm,  La  gente  lo  reconoce,  porque  es  terri- 
torio muy  evangelizado.  Le  traen  y  cura  a  todos  los  enfermos.  ¿Cuándo 
llegó  a  Cafarnaúm?  En  el  mismo  día.  Aquí  tendrá  lugar  el  discurso  so- 
bre el  pan  de  la  vida.  San  Juan  sólo  menciona  Cafarnaúm,  porque  sólo 
le  interesa  el  discurso.  Le  omite  todo  esto,  porque  se  interesa  menos 
por  el  final  del  ministerio  galileo. 


2-17 


156.    La  promesa  de  la  Eucaristía 

Jn  6,22-59 

^  Al  siguiente  día,  la  turba  que  se  quedó  al  otro  lado  del  mar  se  dió 
cuenta  que  allí  no  había  habido  más  que  una  sola  barca  y  que  Jesús  no 
había  subido  a  ella  con  sus  discípulos,  sino  que  habían  marchado  los  dis- 
cípulos solos.  "  Llegaron  otras  barcas  de  Tiberiades,  cerca  del  sitio  donde 
habían  comido  el  pan,  después  de  dar  gracias  el  Señor.  Cuando  la  turba 
vió  que  Jesús  no  estaba  allí,  ni  sus  discípulos,  subieron  a  las  barcas  y  vi- 
nieron a  Cafamaúm  en  busca  de  Jesús.  ^  Habiéndolo  encontrado  al  otro 
lado  del  mar,  le  dijeron:   "Rabbí,  ¿cuándo  viniste  aquí?" 

^  Jesús  les  respondió:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo:  vosotros  me  bus- 
cáis no  porque  habéis  visto  milagros,  sino  porque  comisteis  pan  hasta  sa- 
ciaros. Trabajad  no  por  el  alimento  perecedero,  sino  por  el  alimento 
que  dura  hasta  la  vida  eterna,  que  os  dará  el  Hijo  del  hombre:  porque  él 
es  a  quien  Dios  Padre  ha  enviado."  ^  Ellos  le  dijeron:  "¿Qué  tenemos  que 
hacer  para  hacer  las  obras  de  Dios?'  ^^"Respondióles  Jesús:  "La  obra  de 
Dios  es  que  creáis  en  aquel  que  él  ha  enviado."  ^  Entonces  ellos  le  dije- 
ron: "¿Pues  qué  milagro  haces  tú  para  que  veamos  y  creamos  en  ti?  ¿Qué  es 
lo  que  obras?  Nuestros  padres  comieron  el  maná  en  el  desierto  según 
está  escrito:  les  dió  a  comer  un  pan  del  cielo."  ^Díjoles  Jesús:  "En  ver- 


Notas:  N.  156 

6,23  habían  comido  el  pan.  El  evangelista  ha  querido  acentuar  la  im- 
portancia del  pan  en  esta  comida.  Por  esto  no  se  traduciría  su  pensamien- 
to omitiéndolo  o  poniendo  en  lugar  comida,  a  lo  que  equivale  otras  ve- 
ces el  término  lehen.  Después  se  repetirá  varias  veces  el  pan. 

Después  de  dar  gracias  el  Señor.  Los  Sinópticos  ponen  bendecir,  rezar 
la  oración  de  la  bendición ;  Juan  repite  dos  veces  el  mism^o  hecho — rezo 
de  la  oración  de  bendición — con  la  fórmula  dar  gracias  (6,11.23),  porque 
tiene  más  sabor  eucarístico.  Y  Juan  orienta  toda  esta  narración  hacia  la 
Eucaristía. 

6.25  Cuándo :  en  el  fondo  late  la  idea  de  cómo.  Veían  algo  extraño 
en  la  presencia  de  Jesús  en  Cafarnaúm.  Esto  es  lo  que  quiere  significar 
el  evangelista  con  todo  lo  que  precede. 

6.26  no  porque  habéis  visto  milagros.  Lit.  señales.  Es  decir,  el  mila- 
gro material  como  señal  de  la  misión  de  Jesús.  Las  turbas  habían  visto 
el  milagro  material,  pero  no  su  sentido  de  señal,  el  milagro  en  cuanto 
milagro  y  en  cuanto  a  su  valor  teleológico,  que  es  lo  que  expresa  la  pa- 
labra del  evangelista :  señal.  En  el  cuarto  Evangelio  los  milagros  no  son 
maravillas,  como  en  los  otros,  sino  siempre  señales,  signa. 

6.27  alimento  perecedero.  Dos  clases  de  pan:  pan  de  muerte  y  pan 
de  vida,  según  los  efectos. 

Ha  enviado,  lit.  ha  sellado.  Se  sella  para  autenticar,  para  autorizar. 
El  sello  del  Padre  son  los  milagros  que  Jesús  hace.  Por  esto  son  seña- 
les. Y  esto  es  lo  que  no  han  visto  las  turbas.  En  el  v.29  dirá  literalmente 
que  el  Padre  ha  enviado  a  Jesús.  La  misión  de  Jesús  desempeña  papel 
importante  en  este  discurso  y  en  todo  el  cuarto  Evangelio.  Se  podría  tra- 
ducir, conservando  la  mictáfora,  ha  marcado  con  su  sello. 

6^32  pan  del  cielo  es  lo  mismo  que  pan  de  Dios,  que  da  Dios  (v.33),  y 
tiene  dos  cualidades :  ha  bajado  del  cielo  (origen)  y  da  vida  al  nmndo 
(eficacia)  (v.33). 


218 


EL   TERCER  AÑO 


dad,  en  verdad  os  digo:  no  es  Moisés  quien  os  dio  el  pan  del  cielo,  sino 
mi  Padre  es  quien  os  da  el  verdadero  pan  del  cielo,  ^  porque  el  pan  de 
Dios  es  el  que  baja  del  cielo  y  da  vida  al  mundo."  ^Dijéronle:  "Señor, 
danos  siempre  este  pan."  *  Dijoles  Jesús:  "Yo  soy  el  pan  de  la  vida:  el 
que  viene  a  mí,  no  tendrá  hambre,  y  el  que  cree  en  mi,  no  tendrá  sed  ja- 
más. *  Pero  ya  os  lo  he  dicho;  aunque  me  habéis  visto,  no  creéis.  ^  Todo 
aquel  que  me  da  el  Padre,  viene  a  mí,  y  al  que  viene  a  mi,  no  lo  recha- 
zaré, ™  porque  he  bajado  del  cielo  no  para  hacer  mi  voluntad,  sino  la  vo- 
luntad del  que  me  envió.  ^  Y  la  voluntad  del  que  me  ha  enviado  es  que 
no  pierda  a  nadie  de  los  que  me  ha  dado,  sino  que  lo  resucite  en  el  último 
día.  Porque  ésta  es  la  voluntad  de  mi  Padre,  que  todo  el  que  ve  al  Hijo 
y  cree  en  él,  tenga  la  vida  eterna  y  que  yo  lo  resucite  en  el  último  día." 
*^  Comenzaron  entonces  los  judíos  a  murmurar  contra  él,  porque  había  di- 
cho: yo  soy  el  pan  que  ha  bajado  del  cielo,  decían:  "¿No  es  éste  Je- 
sús, el  hijo  de  José,  cuyo  padre  y  madre  conocemos?  ¿Cómo  dice  ahora: 
He  bajado  del  cielo?"  "Jesús  les  respondió:  "No  murmuréis  entre  vos- 
otros. ^  Nadie  puede  venir  a  mí  si  el  Padre,  que  me  ha  enviado,  no  lo 
trae,  y  yo  le  resucitaré  en  el  último  día.  *  Escrito  está  en  los  profetas: 
todos  serán  enseñados  por  Dios:  todo  el  que  ha  oído  al  Padre  y  ha  reci- 
bido sus  enseñanzas,  viene  a  mí.  ^®  No  es  que  alguno  haya  visto  al  Padre, 
sino  el  que  viene  de  Dios,  ése  es  el  que  ha  visto  al  Padre.  En  verdad,  en 
verdad  os  digo,  el  que  cree,  tiene  la  vida  eterna.  Yo  soy  el  pan  de  la 
vida. 

Vuestros  padres  comieron  en  el  desierto  el  maná  y  murieron.  ^  Éste 
es  el  pan  que  ha  bajado  del  cielo  para  que  quien  lo  coma,  no  muera.  "  Yo 
soy  el  pan  vivo  bajado  del  cielo.  Si  alguno  come  de  este  pan,  vivirá  eter- 
namente y  el  pan  que  yo  daré  es  la  carne  mía  para  la  vida  del  mundo."  "  Los 
judíos,  pues,  decían  entre  si  y  discutían:  "¿Cómo  puede  darnos  a  comer 
su  carne?" 

"  Di  joles  Jesús:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo,  si  no  coméis  la  carne 
del  Hijo  del  hombre  y  si  no  bebéis  su  sangre,  no  tendréis  vida  en  vosotros. 

El  que  come  mi  carne  y  bebe  mi  sangre,  tendrá  la  vida  eterna  y  yo  le 
resucitaré  en  el  último  día.  ^°  Porque  mi  carne  es  verdadero  alimento,  y  mi 
sangre  verdadera  bebida.  Quien  come  mi  carne  y  bebe  mi  sangre,  mora 
en  mi  y  yo  en  él.  °'  Así  como  me  envió  el  Padre  que  vive,  y  yo  vivo  por 


Notas:  N.  156 

6,35  no  tendrá  hambre...  no  tendrá  sed,  dos  metáforas  para  expresar 
la  misma  idea,  la  eficacia  del  pan  de  vida,  pan  que  no  ipcrece. 

6,37  Todo  aquel,  lit.  todo  lo  que.  El  neutro  en  lugar  del  masculino. 
Tal  vez  por  influjo  del  arameo  kol  de,  que  se  refiere  a  la  totalidad,  sin 
distinguir  .ni  el  género  ni  el  número.  En  el  v.39  vuelve  a  aparecer  este 
aramaísmo. 

6.39  A  nadie,  lit.  nada.  Neutro  en  lugar  del  masculino. 

6.40  en  el  último  día,  la  resurrección  y  la  vida  eterna,  de  que  se  ha- 
bla en  este  discurso,  es  la  total  y  completa,  que  no  se  da  sino  en  la  re- 
surrección de  los  cuerpos. 

6,51    el  pan  vivo,  en  sentido  activo,  que  causa  la  vida,  que  la  da. 

6.54  Bl  que  come.  Desde  ahora  el  verbo  que  prevalece  no  es  esthio, 
comer  en  general,  simo  trógó,  desmenuzar  con  los  dientes.  Realismo  de 
la  comida. 

6.55  verdadero,  alethes,  sentido  de  realidad,  sentido  ontológico.  No  es 
imaginación  o  figura,  sino  realidad. 


LA  CRISIS  GALILEA 


219 


el  Padre,  así  también  el  que  me  come  vivirá  también  por  mí.  Éste  es  el 
pan  bajado  del  cielo.  No  como  el  que  comieron  vuestros  padres,  que  mu- 
ñeron: el  que  come  este  pan,  vivirá  eternamente."  Todo  esto  lo  dijo  en 
Cafarnaúm  enseñando  en  la  sinagoga. 


157.     La  crisis  galilea 
Jn  6,60-71 

""Después  de  haberle  oído,  muchos  de  sus  discípulos  dijeron  :"Dura  es 
esta  doctrina;  ¿quién  puede  oírla?"  "  Como  Jesús  conociese  interiormente 
que  sus  discípulos  murmuraban  de  esto,  les  dijo:  "¿Esto  os  ofende?  Pues 
¡si  vieseis  al  Hijo  del  hombre  subir  a  donde  estaba  antes!  El  espíritu  es 
el  que  vivifica,  la  carne  no  sirve  para  nada.  Las  palabras  que  yo  os  he 


Notas:  N.  156 

6^58  éste  es  el  pan  bajado  del  cielo.  Estamos  en  el  principio  del  dis- 
curso. El  tema  del  principio  reaparece  al  fin.  Prueba  máxima  de  la  uni- 
dad literaria  de  todo  el  discurso.  No  hay  más  que  un  pan  de  vida,  que 
se  ha  ido  explicando  gradualmente.  La  explicación  total  y  plena  es  cuan- 
do se  afirma  que  es  Jesús  en  su  carne  y  en  su  sangre.  Pleno  sentido 
eucarístico. 

Cf.  J.  Tapia,  Bl  sentido  eucarístico  del  capítulo  6  de  San  Juan  en  los 
teólogos  postridentinos :  ATG  6  (1943)  6-120.  Sobre  la  unidad  eucarística, 
según  el  cardenal  Toledo:  ib.,  pp.155-190.  Sobre  la  Eucaristía  y  la  vida 
eterna  según  San  Juan^  c£.  ST  40  (1952)  836-844.  Para  el  sentido,  en  ge- 
neral, de  la  vida  eterna  en  San  Juan  según  Toledo  y  Maldonado,  ATG  14 
(1951)  5,40. 

6,59  en  la  sinagoga.  Aquí  hay  que  localizar,  si  no  todo  el  discurso, 
por  lo  menos  la  parte  central  y  más  importante.  La  conversación  pudo 
empezar  en  la  playa.  La  función  pudo  ser  la  vespertina.  Tal  vez  la  tarde 
del  viernes,  víspera  del  sábado.  La  enseñanza  particular,  más  que  la  ofi- 
cial, que  suponía  la  lectura  y  explicación  de  parte  de  la  Escritura. 

N.  157 

6.62  Pues  si  vieseis  sin  apódosis  y  con  interrogación  ofrece  la  clave 
de  la  solución  a  los  que  murmuran :  se  trata  de  la  carne  glorificada  del 
Hijo  de  Dios,  exemta  de  las  leyes  de  la  materia.  En  todo  el  discurso  ha 
insistido  que  él  ha  bajado  del  cielo,  que  el  pan  que  da  la  vida  ha  bajado 
del  cielo.  Y  ahora  esta  misma  propiedad  la  atribuye  al  Hijo  del  hombre, 
y,  además  de  decir  que  ha  estado  en  el  cielo,  dice  que  volverá  a  él,  por- 
que es  su  sitio. 

6.63  Bl  espíritu,  Dios,  el  poder  divino.  Vivifica  en  el  sentido  sobre- 
natural en  que  aparece  la  vida  en  todo  el  discurso.  La  vivificación  so- 
brenatural es  sólo  de  Dios.  La  carne,  el  hombre,  el  poder  humano  y  na- 
tural no  puede  nada  en  el  orden  de  la  vivificación  sobrenatural.  Las  pa- 
labras..., todo  lo  dicho  en  el  discurso.  Son,  tratan.  Espíritu  y  vida:  tratan 
del  espíritu  como  causa  de  la  vida.  La  fraerza  vivificadora  de  su  cuerpo  de- 
riva de  su  carácter  divino,  espiritual.  Es  carne  ungida  con  la  divinidad. 
Por  eso  es  carne  que  ha  estado  en  el  cielo  y  va  a  subir  al  cielo.  La  fuer- 
za vivificadora  no  se  debe  a  la  carne  como  carne,,  sino  a  tal  carne,  que 
está  unida  a  la  divinidad,  al  espíritu.  Cf.  VD  30  (1952)  257-264. 


220 


EL  TERCER  AÑO 


dicho  son  espíritu  y  vida.  ^  Pero  hay  entre  vosotros  algunos  que  no 
creen."  Porque  Jesús  sabía  desde  el  principio  quiénes  eran  los  que  no  creían 
y  quién  era  el  que  le  iba  a  entregar.  añadió:  "Por  eso  os  he  dicho 
que  nadie  puede  venir  a  mí  si  no  le  es  concedido  por  el  Padre."  Desde 
entonces  muchos  de  sus  discípulos  se  volvieron  atrás,  y  ya  no  querían 
andar  con  él.  ^'  Entonces  Jesús  dijo  a  los  Doce:  "¿Queréis  también  mar- 
charos vosotros?"  Respondióle  Simón  Pedro:  "Señor,  ¿a  quién  vamos  a 
ir?  Tú  tienes  palabras  de  vida  eterna;  '^^  y  nosotros  hemos  creído  y  sabe- 
mos que  tú  eres  el  Santo  de  Dios."  ™  Respondióles  Jesús:  "¿No  os  elegí 
yo  a  los  Doce?  Pues  bien,  uno  de  vosotros  es  un  diablo."  Se  refería  a 
Judas,  el  de  Simón  Iscariote:  éste  era  uno  de  los  Doce,  él  le  había  de 
entregar. 

158.    Jesús  anda  por  Galilea 
Jn  7,1 

Después  de  esto  andaba  Jesús  por  Galilea,  pues  no  quería  andar  por 
Judea,  porque  los  judíos  deseaban  matarlo. 

Notas:  N.  157 

6,66  desde  entonces,  ek  toutou  puede  tener  sentido  temporal,  que  es 
el  que  da  la  traducción,  y  sentido  causal,  por  esto. 

El  milagro  de  la  multiplicación  primera  marca  el  apogeo  del  ministe- 
rio galileo.  Desde  este  momento  empieza  a  decrecer  el  entusiasmo  del 
pueblo.  Con  el  discurso  del  pan  de  la  vida  y  las  directrices  espirituales 
que  señala  para  el  reino,  el  pueblo  empieza  a  decepcionarse.  Jesús  se  que- 
da con  muy  pocos  discípulos  y  él  mismo  se  va  retirando  de  la  masa  para 
darse  más  directamente  a  la  formación  de  los  Doce.  Los  viajes  que  va  a 
hacer  por  tierra  de  paganos  son  una  prueba  de  que  ha  pasado  el  entu- 
siasmo global  de  Israel.  Ésta  es  una  razón  seria  para  pensar  que  los 
viajes  primeros  de  L,c  9,51-17,10  pertenecen  a  un  período  anterior.  El 
contenido  de  ellos  revela  una  psicología  de  entusiasmo  y  de  conquista. 

N.  158 

Esta  afirmación  breve  del  cuarto  Evangelio  puede  ser  indicio  de  dos 
hechos:  primero,  que  Jesús  no  subió  probablemente  a  Jerusalén  en  la 
fiesta  de  la  Pascua  del  año  29,  que  nos  anunció  poco  antes  de  narrar  la 
multiplicación.  Segundo,  que  hasta  este  tiempo,  Jesús  había  andado  tam- 
bién por  Judea,  contra  lo  que  pudiera  parecer  por  los  dos  primeros  Si- 
nópticos. 

De  estos  dos  hechos,  uno  afirmativo,  hasta  ahora  ha  subido  a  Judea. 
y  otro  negativo,  desde  ahora  procura  no  subir,  se  siguen  dos  consecuen- 
cias también.  Las  indicaciones  que  tiene  San  Lucas  del  ministerio  y  via- 
jes a  Judea  cuadran  muy  bien  con  lo  que  aquí  nos  dice  San  Juan.  Y 
que  estos  viajes  no  se  pueden  poner  rozonablemente  después  de  esta  cri- 
sis. La  razón  de  no  querer  subir  a  Judea  es  ésta:  la  hostilidad,  que  allí 
encuentra  cada  día  mayor. 

Anticipar,  por  tanto,  los  dos  primeros  viajes  de  San  Lucas  a  esta 
crisis  galilea,  como  nosotros  hemos  hecho,  es  una  cosa  razonable,  y  que 
tiene  su  apoyo  firme  en  el  mismo  texto  de  San  Lucas  y  en  esta  afirma- 
ción de  San  Juan.  Y  téngase  presente  que  San  Lucas,  en  sus  viajes,  ha- 
bla de  Judea  y  Jerusalén  como  término;  nunca  habla  de  Perca. 


LA  TRADICION  DE  LoS  ANTIGUOS 


221 


159.     La  tradición  de  los  antiguos 


Mt  154-9 

^  Entonces  se  acerca- 
ron a  Jesús  unos  fariseos 
y  escribas  venidos  de  Je- 
rusalén  y  dijeron:  ^  "¿Por 
qué  tus  discipulos  que- 
brantan la  tradición  de 
los  antiguos?  Pues  no  se 
lavan  las  manos  cuando 
comen."  ^  Él  les  respon- 
dió: "¿Y  por  qué  vos- 
otros quebrantáis  el  man- 
damiento de  Dios  por 
vuestra  tradición?  ^  Por- 
que Dios  dijo:  Honra  al 
padre  y  a  la  madre,  y 
quien  maldiga  al  padre  o 
a  la  madre,  sea  condena- 
do a  muerte:  "  Mas  vos- 
otros decís:  quien  diga  al 
padre  o  a  la  madre:  es 
ofrenda  sagrada  todo  lo 
mió  que  te  sirve,  *  ya  no 
está  obligado  a  honrar  a 
su  padre  y  a  su  madre; 
y  habéis  anulado  el  man- 
damiento de  Dios  por 
vuestra  tradición.  Hipó- 
critas, con  razón  Isaías 
profetizó  de  vosotros: 

^  Este  pueblo  me  hon- 
[ra  con  los  labios, 
pero  su  corazón  está  lejos 
[de  mí. 

"  Me  dan  un  culto  vano 
enseñando  doctrinas,  pre- 
[ceptos  humanos." 


Me  7,M3 

^  Los  fariseos  y  algunos  escribas  llegados  de 
Jerusalén  vinieron  a  donde  él  estaba.  ^  Y 
viendo  que  algunos  de  sus  discipulos  co- 
mían con  manos  impuras,  es  decir,  sin  la- 
várselas, ^  pues  los  fariseos  y  todos  los  judíos 
no  comen  sin  lavarse  cuidadosamente  las  ma- 
nos, aterrados  a  la  tradición  de  sus  mayores, 
'  y,  cuando  vienen  de  la  plaza,  no  comen  sin 
purificarse,  y  tienen  otras  muchas  cosas,  que 
observan  por  tradición:  la  ablución  de  los  va- 
sos, de  las  ollas  y  vasijas  de  cobre;  ^  pregun- 
táronle, pues,  los  fariseos  y  los  escribas:  "¿Por 
qué  tus  discípulos  no  proceden  conforme  a  la 
tradición  de  ios  antiguos,  sino  que  comen  con 
manos  impuras?"  Respondióles:  "Bien  profe- 
tizó Isaías  de  vosotros  los  hipócritas,  según  está 
escrito: 

Este  pueblo  me  honra  con  los  labios, 
pero  su  corazón  está  lejos  de  mí. 

Me  dan  un  culto  vano, 
enseñando  doctrinas,  preceptos  humanos.. 

*  Dejando  lo  que  mandó  Dios,  os  atenéis  a 
la  tradición  de  los  hombres,  a  las  purificacio- 
nes de  las  ollas  y  de  los  vasos  y  otras  muchas 
cosas  semejantes  que  hacéis."  ®Y  añadía: 
"¡Bien  habéis  anulado  lo  que  Dios  mandó,  por 
mantener  vuestra  tradición!  ^"  Moisés  dijo: 
Honra  a  tu  padre  y  a  tu  madre,  y  quien  mal- 
diga al  padre  o  a  la  madre,  sea  condenado  a 
muerte.  "Pero  vosotros  decís:  si  uno  dice  al 
padre  o  a  la  madre:  todo  lo  mío  que  te  sirve 
es  corbán,  es  decir,  ofrenda  sagrada;  ya  no 
le  permitís  hacer  nada  en  favor  del  padre  o  de 
la  madre,  anulando  así  la  palabra  de  Dios 
con  la  tradición  vuestra  que  transmitís;  y  ha- 
céis otras  muchas  cosas  de  este  género. ' 


Notas:  N,  159 

Mt  15,5  ofrenda  sagrada,  Ht.  don  =  korban,  ofrenda  hecha  al  tem- 
p'íO;  Toda  la  frase  es  como  un  juramento  para  decir  que  el  padre  no 
recibirá  nunca  nada  del  hijo. 

15,6  Ya  no  está  obligado  a  honrar,  Ut.  no  honrará,  con  sentido  de 
obligación,  no  tiene  obhgación  de. 


222 


EL  TÉRCER  ANO 


160.     Lo  que  contamina  al  hombre 


Mt  1540-13 

^°  Y  habiendo  llamado  a  la  turba,  les 
dijo:  "Oid  y  comprended:  "no  es  lo 
que  entra  en  la  boca  lo  que  contamina 
al  hombre,  sino  lo  que  sale  de  la  boca; 
eso  es  lo  que  contamina  al  hombre.  ^'  En- 
tonces, acercándose  los  discípulos,  le  di- 
cen: "¿Sabes  que  los  fariseos  se  han  es- 
candalizado al  oir  tus  palabras?"  "  Y  él 
Ies  respondió:  "Toda  planta  que  no  plan- 
tó mi  Padre  celestial    será  arrancada." 


Me  7,14-16 

"  Llamando  de  nuevo  a  la  mu- 
chedumbre les  decia:  "Oídme  to- 
dos y  entended.  No  hay  nada 
fuera  del  hombre  que,  entrandc 
en  él,  pueda  mancharle,  sino  que 
lo  que  sale  del  hombre,  eso  es  lo 
que  mancha.  "  Quien  tenga  oídos 
para  oír,  que  oiga." 


161.     Conductores  ciegos  de  ciegos 
Mt  Í5M 

"Dejadles:  son  ciegos  conductores  de  ciegos:  y  si  un  ciego  guía  a 
otro  ciego,  ambos  caerán  en  la  fosa." 


162.     La  pureza  del  corazón 


Mt  15,15-20 

^  Entonces,  tomando  la  pala- 
bra Pedro,  le  dijo:  "Explicano; 
esa  parábola."  Y  él  contestó: 
"¿También   vosotros   estáis  aún 


sin  inteligenciaí 


.No  compren- 


déis que  todo  lo  que  entra  en  la 
boca  pasa  al  vientre  y  es  arroja- 
do a  las  letrinas?  Pero  lo  que 
sale  de  la  boca,  viene  del  cora- 
zón, y  eso  es  lo  que  contamina 
al  hombre.  Del  corazón  salen 
los  malos  pensamientos,  homici- 
dios, adulterios,  fornicaciones,  ro- 


Mc  7,17-23 

"  Cuando,  dejada  la  gente,  entró  en 
casa,  preguntáronle  sus  discípulos  so- 
bre la  parábola  y  les  dijo:  "¿Tam- 
bién vosotros  estáis  tan  faltos  de  in- 
teligencia? ¿No  comprendéis  que  todo 
lo  que  de  fuera  entra  en  el  hombre  no 
le  puede  manchar,  "  ya  que  no  entra 
en  su  corazón,  sino  en  el  vientre,  y 
después  va  al  estercolero?"  Así  decla- 
ró puros  todos  los  alimentos.  Y  aña- 
dió: "Lo  que  sale  del  hombre,  eso  es 
lo  que  mancha  al  hombre."  Porque 
del  corazón  de  los  hombres  salen  los 


Notas:  N.  161 

Esta  máxima  la  puso  Le  6,39  en  el  sermón  del  Monte. 
N.  162 

La  animadversión  de  los  judíos  de  Jerusalcn  se  advierte  en  estas  lu- 
chas. Los  escribas  y  fariseos,  con  los  cuales  disputa  aquí  Jesús,  han  ve- 
nido de  Jcrusalén  (Mt  15,1;  Me  7,1).  Coinciden,  pues,  Mt-Me  con  Juan 
cuando  éste  nos  dice  que  no  quiere  subir  a  Judea,  porque  allí  le  busca- 
ban para  matarle.  Esto  mismo  indica  que  hemos  avanzado  en  el  ministe- 
rio público  de  Jesús  y  que  han  tenido  lugar  los  düs  primeros  viajes  de 
Lucas. 


LA  MUJER  CANANEA 


223 


bos,  falsos  testimonios,  blasfemias. 
"  Eso  es  lo  que  contamina  al 
hombre:  que  el  comer  sin  lavarse 
las  manos  no  contamina  al  hom- 
bre." 


malos  pensamientos,  fornicaciones,  hur- 
tos, homicidios,  ^  adulterios,  actos  de 
avaricia,  iniquidades,  engaños,  lasci- 
vias, envidia,  blasfemia,  soberbia,  in- 
moralidad. Todos  estos  males  salen 
de  adentro  y  manchan  al  hombre." 


163. 

Mt  15,21 

Partiendo  de  allí, 
Jesús  se  retiró  a  la  re- 
gión de  Tiro  y  de 
Sidón. 


Excursión  por  Tiro  y  Sidón 
Me  7,24 

Partió  después  de  allí  y  se  dirigió  al  territo- 
rio de  Tiro  y  Sidón.  Y  habiendo  entrado  en  una 
casa,  quería  que  nadie  se  enterase,  pero  no  pudo 
ocultarse. 


164.     La  mu 

Mt  15,22-28 

"  Y  he  aquí  que  una  mujer  cananea, 
que  salió  de  aquellos  contornos,  comen- 
zó a  gritar:  "¡Ten  piedad  de  mí.  Señor, 
Hijo  de  David!  Mi  hija  está  cruelmente 
atormentada  por  un  demonio."  "  Pero 
él  no  le  respondió  palabra.  Y,  aproxi- 
mándose los  discípulos,  le  rogaban  y 
decían:  "Despáchala,  que  viene  gritan- 
do detrás  de  nosotros."  ^  Él  respondió: 
"No  he  sido  enviado  sino  a  las  ovejas 
perdidas  de  la  casa  de  Israel."  ^  Mas 
ella  se  postró  delante  de  él  y  le  dijo: 
"Señor,  socórreme."  ^  Él  le  contestó: 
"No  está  bien  tomar  el  pan  de  los  hi- 
jos y  echarlo  a  los  perros."  ^'  Ella  re- 
puso: "Sí,  Señor,  pero  también  los  pe- 
rros comen  las  migajas  aue  caen  de  la 
mesa  de  sus  señores."  ^  Entonces  le  di- 
jo Jesús:  "Mujer,  grande  es  tu  fe:  que 
te  suceda  como  deseas."  Y  en  aquel 
mismo  instante  fué  curada  su  hija. 


r  cananea 

Me  7,S5-30 

*  Oyó  hablar  de  él  en  seguida 
una  mujer  cuya  hija  estaba  po- 
seída por  un  espíritu  inmundo,  y 
vino  a  «echarse  a  sus  pies.  ^  Esta 
mujer  era  pagana,  sirofenicia  de 
origen;  y  le  rogaba  que  arroiase 
al  demonio  fuera  de  su  hija.  ^  Él 
le  contestó:  "Deja  que  primero  se 
sacien  los  hijos:  porque  no  está 
bien  tomar  el  pan  de  los  hiios  y 
echárselo  a  los  perros."  ^  Ella  le 
contestó:  "Sí,  Señor,  mas  también 
los  perros  comen,  bajo  la  mesa, 
las  migajas  de  los  hijos."  Di- 
jole:  "Por  eso  que  has  dicho,  ve- 
te; el  demonio  ha  salido  de  tu 
hija."  ^  Volvió  a  su  casa,  y  en- 
contró a  la  niña  acostada  en  el 
lecho  y  que  el  demonio  había  sa- 
hdo. 


Notas:  N.  163 

Nótese  cómo  Le  calla  esta  excursión.  Probablemente  porque  no  quiere 
romper  el  marco  geográfico  de  Galilea. 

N.  164 

Aunque  el  Señor  viaja  como  de  incógnito  (Me  7,24),  ya  antes  de  sa- 
lir del  territorio  de  Israel,  le  viene  a  rogar  esta  mujer  cananea.  Cf.  Do- 
rado, 661-2  nn.477-8;  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C.  pp.  289-92.  Explica 
muy  bien  la  geografía  y  los  caminos  que  sigue  el  Señor.  Lo  mismo  para 
la  ida  como  para  la  vuelta. 


224 


EL  TERCER  AÑO 


165.     Vuelve  al  mar  de  Galilea 
Me  7,31 

Partiendo  nuevamente  de  la  región  de  Tiro,  vine  por  Sidón  al  mar  de 
Galilea,  a  través  del  territorio  de  la  Decápolis. 

166.     Curación  de  un  sordomudo 
Me  732-37 

^  Presentáronle  un  sordotartamudo  y  le  pidieron  que  impusiera  sobre  él  1^ 
mano.  "  Tomóle  aparte,  separado  de  la  gente,  e  introdujo  los  dedos  en  sus 
oídos  y,  habiendo  escupido,  tocó  su  lengua.  Levantó  los  ojos  al  cielo, 
lanzó  un  gemido  y  le  dijo:  "Effathá",  que  quiere  decir  "ábrete".  *  Y  en 
seguida  se  abrieron  sus  oídos  y  se  soltó  el  im.pedim.ento  de  su  lengua  y  ha- 
blaba bien.  *  Y  les  prohibió  decírselo  a  nadie.  Pero  cuanto  más  se  lo  pro- 
hibía, más  lo  publicaban.  ^' Se  admiraban  muchísimo  y  decían:  "Todo  lo 
ha  hecho  bien:  hace  oír  a  los  sordos  y  hablar  a  los  mudos." 

167.     Curación  de  muchos  enfermos 
Mt  15,29-31 

^  Y  dejando  Jesús  aquella  región,  vino  a  la  orilla  del  mar  de  Galilea,  y, 
subiendo  al  monte,  se  sentó  alh.  ^  Entonces  se  acercaron  a  él  grandes  mu- 
chedumbres, trayendo  consigo  a  cojos,  lisiados,  ciegos,  mudos  y  otros  mu- 
'chos,  y  los  colocaron  a  sus  pies  y  los  curó:  ^  la  gente  se  llenaba  de  ad- 
miración al  ver  que  los  mudos  hablaban,  los  mancos  quedaban  sanos,  los 
cojos  andaban  y  los  ciegos  veían:  y  glorificaban  al  Dios  de  Israel. 


Notas:  N.  165 

El  viaje  de  Tiro  a  Sidán  lo  hace  Jesús  recorriendo  la  costa  del  Me- 
diterráneo. Las  dos  ciudades  distan  unos  30  kilómetros.  Hoy  las  une  una 
carretera  asfaltada,  que  pasa  por  la  antigua  Sarcpta  de  Elias. 

Desde  Sidón  se  dirige  hacia  oriente  y,  pasando  por  el  Líbano  y  el 
Antilíbano,  entra  en  la  Decápolis,  región  que  constaba  de  diez  ciudades 
helenistas,  y  que  Pompeyo  había  separado  de  la  jurisdicción  judía  el 
año  64  a.X.,  haciéndolas  autónomas.  Después  creció  el  número  de  es- 
tas ciudades,  aunque  se  conservó  el  nombre  de  Decápolis.  Todas  estaban 
en  el  lado  oriental  del  Jordán,  a  excepción  de  Scytópolis.  Las  más  no- 
tables eran  Damasco,  Hippos,  Gadara,  Gerasa  y  Pella. 

El  Señor  las  visitó  más  de  una  vez  (Me  5,1 ;  7,31). 

N.  166 

Este  milagro  sucedió  en  la  Decápolis,  pero  no  sabemos  en  qué  ciudad 
particular. 


SE  EMBARCA   PARA   LA   COSTA  OCCIDENTAL 


225 


168.     Segunda  multiplicación 


Mt  1532-38 

^  Jesús  llamó  a  sus  discípulos 
y  les  dijo:  "Me  da  compasión  de 
la  turba,  pues  ya  van  tres  días 
que  vienen  conmigo  y  no  tienen 
qué  comer;  y  no  quiero  despedir- 
los en  ayunas,  no  sea  que  desfa- 
llezcan en  el  camino."  Dícenle 
los  discípulos:  "¿Cómo  procurar- 
nos en  este  desierto  suficientes 
panes  para  alimentar  a  tanta  gen- 
te? '  Díceles  Jesús  :  "¿Cuántos 
panes  tenéis?"  Le  contestaron: 
"Siete  y  unos  pocos  pececillos." 
*  Y,  habiendo  ordenado  a  la  gen- 
te que  se  sentase  en  el  suelo,  ^  to- 
mó los  siete  panes  y  los  peces, 
dió  gracias,  los  partió  y  los  en- 
tregó a  los  discípulos,  y  los  dis- 
cípulos a  las  turbas.  ^  Y  comie- 
ron todos  hasta  hartarse,  y  de  los 
pedazos  que  sobraron  recogieron 
siete  cestas  llenas.  ^  Los  que  co- 
mieron eran  unos  cuatro  mil  hom- 
bres, sin  contar  las  mujeres  y  los 
niños. 


Me  8,1-9 

^  Por  aquel  tiempo,  estando  otra  vez 
reunida  una  muchedumbre  grande  y  no 
teniendo  qué  comer,  llamó  a  los  dis- 
cípulos y  les  dijo:  ^  'Me  da  compa- 
sión de  la  muchedumbre,  pues  ya  lle- 
van tres  días  a  mi  lado  y  no  tienen 
qué  comer.  ^  Si  los  envío  en  ayunas  a 
sus  casas,  desfallecerán  en  el  camino: 
además,  algunos  han  venido  de  lejos." 
*Dijéronle  sus  discípulos:  "¿Cómo  se 
podrá  aquí  en  el  desierto  darles  de  co- 
mer?" °  Preguntóles:  "¿Cuántos  panc^ 
tenéis?"  Contestaron  ellos:  "Siete." 
*  Entonces  manda  a  la  gente  que  se 
siente  en  el  suelo,  tomó  los  siete  pa- 
nes, dió  gracias,  los  partió  y  los  iba 
dando  a  sus  discípulos  para  que  los 
sirviesen,  como  hicieron,  a  la  gente. 
^  Tenían  también  unos  pocos  pececi- 
llos; los  bendijo  y  mandó  que  también 
los  sirviesen.  ^  Comieron  hasta  saciar- 
se, y  recogieron  de  los  pedazos  sobran- 
tes siete  cestos.  ®Eran  como  unos  cua- 
tro mil,  y  los  despidió. 


169.    Se  embarca  para  la  costa  occidental 

Mt  15,39  Me  S,10 

Después  que  despidió  a  la  gen-  En  seguida  embarcó  con  sus  dis- 
te, subió  a  la  barca  y  vino  al  terri-  cipulos  y  vino  a  la  región  de  Dal- 
torio  de  Magadán.  manuta. 


Notas:  N.  168 

Ni  Lucas  ni  Juan  traen  esta  segunda  multiplicación.  No  entra  en  su 
plan  el  repetir.  El  lugar  de  esta  multiplicación  fué,  más  o  menos,  el  mis- 
mo de  la  primera.  Aquí  son  siete  los  panes  que  se  multiplican  y  algunos 
peces.  Los  hombres  que  comen  son  4.000. 

N.  169 

Sobre  el  término  concreto  a  donde  vienen  hay  muchas  sentencias.  Pue- 
de verse  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C.  pp.296-7;  Dorado,  pp.664-5  n.482. 


SINOPSIS  CONCOKDAOA 


8 


226 


EL  TERCER  AÑO 


170.     Los  fariseos  piden  una  señal 
Mt  16,1-4 

*  Acercáronse  a  él  los  fariseos  y  saduceos 


para  probarle,  y  le  pidieron  que  les  hiciese  ver 
algún  prodigio  en  el  cielo.  "Él  les  respondió: 
"Al  atardecer  decís:  buen  tiempo,  porque  el 
cielo  tiene  color  de  fuego:  ^y  por  la  mañana: 
hoy  tormenta,  porque  el  ciclo  está  de  un  rojo 
obscuro.  Sabéis  discernir  el  aspecto  del  cielo, 
¿y  no  podéis  discernir  los  signos  de  los  tiem- 
pos? *  ¡Generación  mala  y  adúltera!  Busca  una 
señal,  y  no  se  le  dará  otra  que  la  de  Jonás." 
Y  dejándolos,  se  marchó. 


Me  8,1  M3 

"  Vinieron  los  fariseos  y 
se  pusieron  a  disputar  con 
él,  pidiéndole,  para  probar- 
le, algún  prodigio  en  el  cie- 
lo. Y,  suspirando  en  su 
interior,  dice:  "¿Por  qué 
pide  esta  gente  un  prodi- 
gio? Yo  os  aseguro  que  no 
se  le  dará  a  esta  gente  nin- 
gún prodigio."  "Y  deján- 
dolos, se  embarcó  de  jiue- 
vo  y  marchó  hacia  la  otra 
orilla. 


171.    El  fermento  de  los  fariseos 


Mt  16,512  1 

'  Llegaron  los  discípulos  a  la  otra  I 
orilla  y  se  habían  olvidado  de  llevar  | 
pan.  "Díjoles  Jesús:    "Mirad:   guar- | 
daos  de  la  levadura  de  los  fariseos 
y  saduceos."  "  Ellos  pensaban  den- 
tro de  sí  y  se  decían:  "Es  que  no 
hemos  traído  pan. '  ^  Lo  conoció  Je- 
sús y  dijo:   "¿Por  qué  pensáis  den- 
tro de  vosotros,  hombres  de  poca  fe, 
que  no  habéis  traído  pan?  ^¿No  com- 
prendéis ni  os  acordáis  de  los  cinco 


Me  8,14-21 

"  Se  olvidaron  de  proveerse  de 
pan  y  no  tenían  consigo  más  que  un 
pan  en  la  barca.  ^  Y  les  hizo  esta 
recomendación:  "Mirad:  guardaos  de 
la  levadura  de  los  fariseos  y  de  la 
levadura  de  Herodes."  ^®  Ellos  se  de- 
cían los  unos  a  los  otros:  "No  te- 
nemos pan."  ^"  Conociéndolo  Jesús,  les 
dijo:  "¿Por  qué  decís  que  no  tenéis 
pan? 


Notas:  N.  170 

En  cl  número  103  hemos  puesto  otro  caso  parecido,  que  trae  Mt  12,38- 
45  3'  Le  11,29-32.  El  tiempo  y  las  circunstancias  son  distintas.  Por  esto 
se  pueden  considerar  como  dos  casos  distintos.  De  hecho,  Perk  así  los 
considera  (pp. 56. 77).  Hay  también  motivos  para  considerarlo  como  un 
duplicado  de  Mateo.  Nosotros  preferimos  considerarlos  como  dos  casos 
distintos.  Uno  el  de  Le  11,29-32,  que  coincide  con  Mt  12.38-45,  y  otro  el 
de  Me  8.11-13,  que  coincide  con  Mt  16,1-4. 

Me  8.13  hacia  la  otra  orilla,  parece  que  se  trata  de  la  ribera  oriental. 
Poco  después  (v.22)  hablará  de  Bctsaida.  De  hecho  la  frase  eis  to  peran 
(Me  1,21;  6,45;  cf.  3,8;  10,1)  se  refiere  generalmente  al  lado  oriental. 
De  aquí  el  nombre  de  Perea.  Alguien  ha  creído  que  en  los  LXX  y  en 
el  N.T.  se  toma  siempre  en  este  sentido.  Tal  vez  con  exageración,  pues 
en  Jn  6,17  peran  tés  thalasses  se  refiere  a  Cafarnaúm. 

N.  171 

Este  episodio  se  une  muy  estrechamente  con  el  viaje,  que  acaban  de 
hacer  por  el  Lago. 


EXCURSIÓN  A  CESAREA  DE  FILIPO 


227 


panes  de  los  cinco  mil  hombres  y 
cuántos  canastos  recogisteis?  ¿Ni 
los  siete  panes  de  los  cuatro  mil  hom- 
bres, y  cuántas  espuertas  recogisteis? 

Pues  ¿cómo  no  habéis  comprendido 
que  no  es  de  panes  de  lo  que  os  hablé 
al  decir:  guardaos  de  la  levadura  de 
los  fariseos  y  saduceos?"  "Entonces 
cayeron  en  la  cuenta  de  que  les  había 
querido  decir  que  se  guardasen,  no 
de  la  levadura  de  los  panes,  sino  de 
la  doctrina  de  los  fariseos  y  sadu- 
ceos. 


entendéis?  ¿Tenéis  cerrada  vuestra 
inteligencia?  ¿Tenéis  ojos  y  no  veis 
y  oídos  y  no  ois?  ¿No  os  acordáis 
de  cuando  reparti  cinco  panes  en- 
tre cinco  mil?  ¿Cuántas  canastas  re- 
cogisteis llenas  de  trozos?"  Contestá- 
ronle: "Doce."  ^  Y  "¿cuando  repartí 
siete  panes  entre  cuatro  mil?  ¿Cuántos 
cestos  recogisteis  llenos  de  trozos?" 
Y  le  respondieron:  "Siete."  "Y  les 
dijo:   "¿Todavía  no  entendéis?" 


172.     Curación  del  ciego  de  Betsaida 
Me  8,22-26 

^  Llegaron  a  Betsaida  y  le  presentaron  un  ciego,  rogándole  que  le  toca- 
se. ^  Y,  tomándolo  de  la  mano,  lo  condujo  a  las  afueras  de  la  aldea;  un- 
gió con  saliva  sus  ojos,  le  impuso  las  manos  y  le  preguntó:  "¿Ves  algo?" 
^  Y,  abriendo  los  ojos,  dijo:  "Veo  hombres,  los  veo  como  árboles  que  se 
mueven."  ^  Después  le  puso  de  nuevo  la  mano  sobre  los  ojos,  y  empezó 
a  ver  y  quedó  curado.  Veía  con  claridad  todas  las  cosas.  ^  Lo  envió  a 
su  casa  y  le  dijo:  "No  entres  en  la  aldea." 


173.    Excursión  a  Cesárea  de  Filipo 


Mt  16,13 

Habiendo  llegado  Jesús 
a  la  región  de  Cesárea  de 
Filipo,  preguntó  a  sus  dis- 
cípulos: "¿Quién  dice  la 
gente  que  es  el  Hijo  del 
hombre?" 


Me  8,27 

Fué  Jesús  con  sus  discí- 
pulos hacia  las  aldeas  de 
Cesárea  de  Filipo,  y  en 
el  camino  les  hizo  esta 
pregunta:  "¿Quién  dice  la 
gente  que  soy  yo?" 


Le  9,18 

Hacía  oración  en 
un  lugar  solitario  y 
estaban  con  él  los  dis- 
cípulos. Y  les  pregun- 
tó: "¿Quién  dicen  las 
gentes  que  soy  yo?" 


Notas:  N.  172 

Es  muy  discutido  el  problema  de  las  dos  Betsaidas,  una  en  la  costa 
occidental  y  otra  en  la  oriental.  Cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C.  pp.282- 
285.  Dorado,  p.666  n.485. 

Aquí,  sin  embargo,  parece  muy  probable  que  se  trata  de  Betsaida  Ju- 
lias, aunque  existiera  otra  en  la  costa  de  occidente.  El  nombre  de  aldea 
que  le  da  San  Marcos  (8,23)  no  cuadra  bien  a  Betsaida  Julias.  Pero  la 
dirección  que  tra'an  era  la  de  oriente,  y  el  sitio  a  donde  se  dirigen, 
Cesárea  de  Filipo,  conviene  mejor  con  Betsaida  Julias. 

N.  173 

Nótese  cómo  Lucas  no  menciona  ni  la  excursión  ni  el  nombre  de  Ce- 
sárea. Probablemente  para  no  romper  la  unidad  del  marco  geográfico 
de  Galilea. 

Para  seguir  al  Señor  en  este  viaje,  cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C. 
p.300. 

El  tiempo  de  esta  excursión  por  territorio  fuera  de  Israel  pudo  coin- 


228 


EL  TERCER  AÑO 


174.     Confesión  de  San  Pedro 

Mt  16,14-20 

"  Ellos  respondieron:  "Unos  dicen  que 


Juan  el  Bautista,  otros  que  Elias,  otros 
que  Jeremías  o  alguno  de  los  profetas.' 

Él  les  dice:  "Pero  vosotros,  ¿quién  de- 
cís que  soy  yo?"  Respondió  Simón 
Pedro,  y  dijo:  "Tú  eres  el  Cristo,  el 
Hijo  de  Dios  vivo.  "  ^'  Respondió  Jesús, 
y  le  dijo:  Bienaventurado  eres,  Simón, 
hijo  de  Jonás,  porque  no  te  lo  ha  re- 
velado la  carne  y  la  sangre,  sino  mi 
Padre  celestial."  Y,  por  tanto,  yo  te 
digo  que  tú  eres  Pedro,  y  sobre  esta 
piedra  edificaré  mi  Iglesia,  y  las  puer- 
tas del  infierno  no  prevalecerán  contra 
ella."  "Y  te  daré  las  llaves  del  reino 
de  los  cielos.  Y  cualquier  cosa  que  ates 
en  la  tierra,  quedará  atada  en  el  cielo. 


Me  8,28-30 

^  Ellos  le  res- 
pondiero  n: 
"Unos  dicen 
que  Juan  el 
Bautista,  otros 
que  Elias,  otros 
que  uno  de  los 
profetas."  Y 
él  les  preguntó: 
"Pero  vosotros, 
¿quién  decís 
que  soy  yo?" 
Respondió  Pe- 
dro y  le  dijo: 
^"Tú  eres  el 


Le  9,19-21 

"  Ellos  respon- 
dieron y  dijeron: 
"Unos  dicen  que 
Juan  el  Bautista, 
otros  que  Elias, 
y  otros  que  al- 
gún profeta  de 
los  antiguos,  que 
ha  resucitado." 
^Él  les  dijo: 
¿Pero  vosotros, 
quién  decís  que 
soy  yo?"  Pedro 
respondió  y  dijo: 
"El    Ungido  de 


Notas:  N.  173 

cidir  con  la  fiesta  de  Pentecostés  de  este  año  29,  a  la  cual  tampoco  su- 
biría, como  no  había  subido  a  la  Pascua.  Para  llamar  menos  la  atención, 
quedándose  en  tierra  de  Israel  en  época  de  peregrinación,  se  retira  ha- 
cia el  norte. 

N.  174 

La  narración  más  completa  en  este  caso  es  la  de  Mt,  como  se  puede 
fácilmente  apreciar.  Porque  se  trata  de  un  hecho  que  tiene  grandes  con- 
seouencias  doctrinales.  Mc-Lc  solamente  refieren  la  confesión  de  Pedro, 
pero  omiten  la  promesa  del  Primado. 

Mt  16^17  la  carne  y  sangre,  como  un  sujeto  único.  Frase  hebrea  que 
designa  al  hombre  entero,  que,  en  su  debihdad,  contrasta  con  la  gran- 
deza de  Dios.  El  hombre  natural,  dejado  en  sus  fuerzas  naturales.  Pedro 
no  debe  su  ciencia  a  ningún  ser  humano.  Y  por  la  segunda  parte,  se  ve 
que  tampoco  la  debe  a  ningún  ser  creado,  sino  a  Dios  Padre. 

16,18  Piedra,  pétra  (gr.)  roca  grande  adherida  al  monte  o  la  tierra, 
en  oposición  a  péíros  (gr.),  que  es  una  piedra  suelta,  pequeña,  que  se 
puede  coger  con  la  mano.  Tanto  pétra  como  Pétros  corresponden  a  la 
misma  palabra  aramea  kefa.  La  forma  gr.  Pétros  se  acomodaba  más  al 
nombre  propio. 

Las  puertas  del  infierno,  el  poder  y  las  fuerzas  de  la  muerte.  Es  de- 
cir: la  muerte  no  podrá  con  la  Iglesia,  no  morirá.  Los  antiguos  refie- 
ren más  bien  la  palabra  infierno,  no  al  ades,  a  la  muerte  misma,  sino  al 
reino  de  Satanás.  El  poder  enemigo  de  Dios,  de  Satán,  no  podrá  contra 
la  Iglesia. 

16J9  atares,  atar  para  los  rabinos  era  lo  mismo  que  declarar  ilícito; 
desatar,  declarar  lícito,  declarar  libre  de  la  ley. 


NECESIDAD  DE  LA  ABNEGACIÓN 


229 


Pero  lodo  lo  que  desates  en  la  tierra,  ,  Cristo."  Y  1  e  s  j  Dios."  Y  él  les 
quedará  desatado  en  el  cielo."  ^  Des- 1  mandó  que  no  encargó  q  u  e  no 
pués  encargó  a  los  discípulos  que  no  ¡  hablasen  c  o  n  lo  dijeran  a  na- 
dijesen  a  nadie  que  él  era  el  Cristo.      I  nadie  de  él.       I  die. 


175.    Primera  predicción  de  la  Pasión 


Mt  16,21-23 

"  Desde  entonces  comenzó 
Jesús  [Cristo]  a  manifestar 
a  sus  discípulos  que  tenía  que 
ir  a  Jerusalén  y  sufrir  mucho 
de  parte  de  los  ancianos,  de 
los  sumos  sacerdotes  y  de  los 
escribas,  y  ser  entregado  a  la 
muerte  y  resucitar  al  tercer 
día.  "  Y  Pedro,  asiéndole,  co- 
menzó a  increparle:  "¡Dios  te 
libre!  Señor,  no  te  sucederá 
esto."  Él,  volviéndose,  dijo 
a  Pedro:  "¡Vete  lejos  de  mí. 
Satanás!  Eres  para  mi  escán- 
dalo, porque  no  atiendes  a  las 
cosas  de  Dios,  sino  a  las  de 
los  homb'"es." 


Me  8,31-33 

^'  Entonces  comenzó  a  ense- 
j  ñarles  que  era  necesario  que 
¡  el  Hijo  d  e  1  hombre  sufriera 
i  mucho,  que  fuese  reprobado 
por  los  ancianos,  los  prínci- 
!  pes  de  los  sacerdotes  y  los  es- 
I  cribas,  que  fuera  muerto  y  re- 
I  sucitara  tres  días  después.  ^  Y 
esto   se   lo   decía  claramente. 
Entonces   Pedro,  agarrándole,' 
comenzó  a  increparle,  ^  y  él, 
volviéndose  y  mirando  a  sus 
discípulos,    reprendió    a  Pe- 
dro y  le  dijo:   "¡Apártate  de 
mi  vista,  Satanás;  porque  no 
atiendes  a  las  cosas  de  Dios, 
sino  a  las  de  los  hombres." 


Le  9,22 

Y  dijo: 
"Es  nece- 
sario que 
el  Hijo  del 
hombre  s  u- 
f  r  a  mucho, 
y  que  los 
a  n  c  i  anos, 
1  o  s  prínci- 
pes de  los 
sacerdotes  y 
los  escribas 
lo  reprueben 
y  que  mue- 
ra y  que  al 
tercer  d  í  a 
resucite." 


176.     Necesidad  de  la  abnegación 


Mt  16,24-27 

Entonces  dijo  J  e  - 
sús  a  sus  discípulos: 
"Si  alguno  quiere  venir 
en  pos  de  mí,  niéguese 
a  sí  mismo,  tome  su 
cruz  y  me  siga.  ^  Quien 
quiera  salvar  su  vida,  la 
perderá,  y  quien  pierda 
su  vida  por  mi  causa, 
la  g  a  n  a  rá.  ^  Porque 
¿qué   aprovechará   a  1 


Me  8,34-38 

^  Y  llamando  a  la  mu- 
chedumbre juntamente  con 
sus  discípulos,  les  dijo:  "Si 
alguno  quiere  venir  en  pos 
de  mí,  niéguese  a  sí  mismo, 
tome  su  cruz  y  me  siga. 
*  Quien   quiera   salvar  su 
vida,  la  perderá;  y  quien 
I  pierda  su  vida  por  mi  cau- 
I  sa  y  por  el  Evangelio,  la 
j  salvará.    ''^  Porque,  ¿qué 
I  aprovecha  al  hombre  ga- 


Lc  9,23-26 

Y  decía  a  to- 
dos: "Si  alguno 
quiere  venir  en  pos 
de  mí,  niéguese  a  si 
mismo,  tome  cada 
día  su  cruz  y  síga- 
me. ^  Porque,  quien 
quiera  salvar  su  vi- 
d  a,  la  perderá,  y 
quien  perdiere  su  vi- 
da por  mi  causa,  la 
salvará.     Pues  ¿qué 


Notas:  N.  175 

Esta  predicción  debió  ser  privada,  a  solos  los  apóstoles.  El  contexto 
así  b  persuade.  Mt  16,21  habla  de  los  discípulos.  Y  Me  8,34  dice  que 
después  llamó  a  la  muchedumbre  juntamente  con  los  discípulos. 

N.  176 

Esta  doctrina  se  dirige  a  todos  lo's  cristianos.  Así  lo  dicen  expresa- 
mente Me  8,34  y  he  9,23. 


230 


EL   TERCER  AÑO 


hombre  si  gana  el  mun- 
do entero,  y  pierde  su 
alma?;  o  ¿qué  dará  el 
hombre  a  cambio  de  su 
alma?  ^'  Pues  el  Hijo  del 
hombre  ha  de  venir  ro- 
deado de  la  gloria  de 
su  Padre,  acompañado 
de  sus  ángeles,  y  en- 
tonces retribuirá  a  cada 
uno  conforme  a  sus 
obras. 


nar  todo  el  mundo  si  pier-  , 
de  su  alma?;  ^'  ¿qué  dará  j 
el  hombre  a  cambio  de  su 
alma?  ^  Quien  se  avergüen- 
ce  de  mí  y  de  mi  doctrina 
ante  esta  generación  adúl- 
tera y  pecadora,  también 
el  Hijo  del  hombre  se  aver- 
gonzará de  él  cuando  ven- 
ga rodeado  de  la  gloria  de 
su  Padre  con  los  santos  án- 
geles." 


aprovecha  al  h  o  m- 
bre  ganar  todo  el 
mundo,  si  se  pierde 
y  daña  a  sí  mismo? 
^  Quien  se  avergon- 
zare de  mi  y  de  mi 
doctrina,  el  Hijo  del 
hombre  se  avergon- 
zará de  él,  cuando 
venga  en  su  gloria, 
en  la  'del  Padre  y 
de  los  santos  ánge- 
les." 


177.     La  venida  del  reino  de  Dios 


Mt  16,28 

En  verdad  os  digo 
que  hay  algunos  de  los 
aquí  presentes  que  no  ve- 
rán la  muerte  hasta  que 
vean  al  Hijo  del  hombre 
venir  en  su  reino." 


Me  9,1 

Y  les  decía:  "En  ver- 
dad os  digo  que  hay  algu- 
nos de  los  aquí  presentes 
que  no  verán  la  muerte 
hasta  que  vean  el  reino  de 
Dios  que  viene  en  poder." 


Le  9,27 

En  verdad  os  di- 
go que  algunos  de  los 
aquí  presentes  no  ve- 
rán 1  a  muerte  hasta 
que  vean  el  reino  de 
Dios." 


Mt  17,1-13 

'  Seis  días  después,  to- 
ma Jesús  a  Pedro,  a  San- 
tiago y  a  su  hermano  Juan 
y  los  sube  a  un  monte  alto, 
a  solas.  ^  Y  se  transfiguró 


178,    La  transfiguración 
Me  9,2-13 


'  Seis  días  después,  toma 
Jesús  a  Pedro,  Santiago  y 
Juan  y  sube  con  ellos  a  un 
monte  alto,  a  solas,  y  se 
transfiguró  en  su  presencia. 


Le  9,28-36 

"Unos  ocho 
días  después  de 
estas  palabras,  to- 
mó a  Pedro,  Juan 
y  Santiago   y  su- 


Notas:  N.  178 

Mt-Mc  dicen  que  la  Transfiguración  sucedió  seis  días  después.  Le,  en 
cambio,  dice  como  ocho  días.  Se  ve,  pues,  que  no  ha  querido  dar  el  nú- 
mero exacto. 

La  Liturgia  ha  fijado  esta  fiesta  el  6  de  agosto,  pero  sin  prejuzgar 
su  verdadero  momento  histórico.  Si  la  excursión  por  Cesárea  fué  con 
motivo  de  la  fiesta  de  Pentecostés,  no  es  fácil  sostener  esa  fecha  de  la 
Liturgia.  Para  ninguna  de  las  dos  hipótesis  tenemos  datos  ciertos  en  los 
J^vangelios. 

Desde  el  siglo  IV  se  localiza  en  el  monte  Tabor,  que  tiene  562  me- 
tros sobre  el  nivel  del  mar  y  sobresale  300  metros  sobre  la  llanura  de 
Ksdrelón,  aislado  como  un  inmenso  bloque  por  todos  lados.  Cf.  A.  Fer- 
nández, Vida  de  J.  C.   pp.3ü8-310;  Dorado,  pp.679-681  nn.493-4. 

El  monte  Tabor  dista  de  Cesárea  de  Fihpo  unos  70  kilómetros.  El 
Señor  ha  podido  seguir  la  TÍa  viaris.  En  la  meseta  del  monte  levantaron 
los  bizantinos  una  basílica  con  dos  capillas.  Los  cruzados  la  reconstru- 
yeron y  la  confiaron  a  los  benedictinos.  Los  musulmanes  la  transforma- 
ron en  fortaleza  el  año  1212.  El  1924  se  consagró  la  actual  basíilica,  cuya 
fachada  consta  de  un  frontón  central  con  dos  torres  laterales. 


LA  TRANSFIGURACIÓN 


231 


delante  de  ellos:  su  rostro 
brilló  como  el  sol  y  sus 
vestidos  quedaron  blancos 
como   la   luz.  se  les 

aparecieron  Moisés  y  Elias, 
hablando  con  él.  *  Entonces 
Pedro  dijo  a  Jesús:  "Señor, 
bueno  será  quedarnos  aqui: 
si  quieres,  yo  haré  aquí 
tres  tiendas,  una  para  tí. 
otra  para  Moisés  y  otra 
para  Elias."  ^Cuando  aún 
estaba  hablando,  una  nube 
luminosa  los  cubrió,  y  se 
oyó  una  voz  desde  la  nube 
que  decia:  "Éste  es  mi  hijo 
predilecto,  en  quien  me  he 
complaci  d  o  :  escuchadle." 
®  Al  oir  esto,  los  discípulos 
cayeron  sobre  su  rostro, 
presos  de  un  gran  temor. 
^  Se  acercó  a  ellos  Jesús  y, 
tocándoles,  dijo:  "Levan- 
taos, no  tengái.s  miedo." 
*  Y  cuando  alzaron  los  ojos, 
no  vieron  a  nadie,  sino  a 
Jesús  solo. 

^  Al  bajar  del  monte,  Je- 
sús les  hizo  este  encargo: 
"A  ninguno  digáis  esta  vi- 
sión hasta  que  el  Hijo  del 
hombre  resucite  de  entre 
los  muertos." 

Propusiéronle  entonces 
los  discípulos  esta  cuestión: 
"¿Pues  Dor  qué  dicen  los 
escribas  que  Elias  debe  ve- 
nir primero?"  Les  respon- 
d  i  ó  :  "Elias,  ciertamente, 
debe  venir  a  restaurarlo  to- 
do. ^  Sin  embargo,  yo  os 
digo  que  Elias  ha  venido 
ya,  pero  no  lo  conocieron, 
sino  que  hicieron  con  él 
cuanto  quisieron.  Así  tam- 
bién sufrirá  el  Hijo  del 
hombre  por  parte  de  ellos." 
"  Entonces  comprendieron 
los  discípulos  que  les  ha- 
blaba de  Juan  el  Bautista. 


^  Sus  vestidos  se  pusieron 
resplandecientes    y  muy 
blancos,  como  no  los  pue- 
de blanquear  ningún  bata- 
nero en  la  tierra.  *  Se  les  I 
apareció  además  Elias  con  | 
Moisés  y  conversaban  con  i 
Jesús.  ^  Entonces  dijo  Pe-  ! 
dro  a  Jesús:  "Rabbí,  bueno  j 
será  quedarnos  aquí.  Ha- 
gamos tres  tiendas:  una  pa-  | 
ra  tí,  otra  para  Moisés  y  j 
otra  para  Elias.  ^  No  sa-  j 
bia  lo  que  decía;   porque  | 
estaban  asustados.  ^  Se  for- 
mó una  nube  que  los  cu- 
brió, y  de  la  nube  salió 
una  voz:  "Éste  es  mi  hijo, 
el  predilecto,  escuchadle." 
^  Y  al  punto,  mirando  en 
torno  suyo,   no  vieron  a 
ningún  otro  con  ellos  sino 
a  Jesús  solo. 

^Cuando  bajaban  del  '] 
monte,  les  prohibió  decir  ¡ 
a  nadie  lo  que  habían  vis- 
to hasta  que  el  Hijo  del  , 
hombre  resucitase  de  entre  | 
los  muertos.  ^"  Y  guardaron 
firmemente  en  su  interior  lo 
sucedido,  preguntándose  en- 
tre sí  qué  significaría  lo  de 
resucitar  entre  los  muertos. 
"  Y  le  propusieron  esta 
cuestión:  "  ¿Cómo  dicen  los 
escribas  que  debe  venir  an- 
tes Elias?"  Y  les  contes- 
t  ó  :  "Elias,  ciertamente, 
vendrá  antes,  y  lo  resta- 
blecerá todo.  Mas  ¿cómo 
está  escrito  del  Hijo  del 
hombre  que  sufrirá  mucho 
y  será  deshonrado?  ^'  Pues 
bien,  os  digo  que  Elias  ha 
venido  y  han  hecho  con 
él  lo  que  han  querido,  co- 
mo estaba  escrito.  ' 


bió  al  monte  a  ha- 
c  e  r  oración.  Y 
mientras  oraba,  su 
rostro  tomó  otro 
aspecto  y  su  vesti- 
do se  volvió  blan- 
6o  y  res  D  1  ande- 
ciente.  ^Y  habla- 
ban con  él  dos 
hombres,  Moisés  y 
Elias,  ^los  cuales 
aparecían  resplan- 
decientes y  habla- 
ban de  su  muerte, 
que  había  de  te- 
ner lugar  en  Jeru- 
salén.  ^  P  e  d  r  o  y 
sus  compañe  ros 
es  t  aban  cargados 
de  sueño.  Y,  como 
se  despertasen,  vie- 
ron su  gloria  y  a 
los  dos  hombres 
que  estaban  con 
él.  ^Y,  como  ellos 
se  separasen  de  él, 
dijo  Pedro  a  Jesús: 
"Maestro,  bueno 
será  quedar  nos 
aqui:  hagamos  tres 
tiendas,  una  para 
ti,  otra  para  Moi- 
sés y  otra  para 
Elias";  sin  saber 
lo  que  decía.  ^  Es- 
tando diciendo  es- 
to, vino  una  nube 
que  los  cubrió,  y 
tuvieron  miedo  al 
entrar  en  la  nube. 
®  Y  de  la  nube  sa- 
lió una  voz  que 
dijo:  "Éste  es  mi 
Hijo,  el  escogido: 
escuchadle."  ^Y 
mientras  se  oía  la 
voz,  quedó  Jesús 
solo.  Ellos  guar- 
daron silencio,  y  a 
nadie  dijeron  nada 
de  lo  que  habían 
visto. 


232 


EL  TERCER  AÑO 


179.     Curación  de  un  niño  lunático 


Mt  17,14-21 

"Cuando  llegaron 
junto  a  la  turba,  se 
le  aproximó  un 
hombre,  que,  arro- 
dillándose ante  él, 
"le  dijo:  "Señor, 
ten  compasión  de  mi 
hijo,  que  es  lunáti- 
co y  está  mal,  pues 
muchas  veces  cae  al 
fuego  y  al  agua. 

Le  he  presentado 
a  tus  discípulos,  y 
no  han  podido  cu- 
rarlo." Jesús  res- 
pondió: ";Oh  gene- 
ración incrédula  y 
perversa  !,  ¿hasta 
cuándo  estaré  con 
vosotros  ?  ¿Hasta 
cuándo  os  voy  a  su- 
frir? Traédmelo 
aquí."  Le  increpó 
Jesús,  y  salió  de  él 
el  demonio,  y  quedó 
el  niño  curado  des- 
d  e  aquel  momento. 
"  Entonces  se  acer- 
caron los  discípulos, 
a  solas,  a  Tpsús  y  le 
dijeron:  "¿Por  qué 
no  hemos  podido 
no.sotros  arrojarlo?" 
*  Y  les  contestó  : 
"Por  vuestra  falta 
de  fe:  porque  yo  os 
aseguro  que,  si  vos- 
otros tuvieseis  tanta 
fe  como  un  grano  de 


Me  9,14-29 

"  Cuando  llegaron  a  donde  esta- 
ban los  discípulos,  vieron  que  los 
rodeaba  una  gran  muchedumbre  y 
que  los  escribas  disputaban  con 
ellos.  ^  Y  toda  la  muchedumbre,  al 
verle,  quedó  maravillada  y  corrió 
a  saludarle.  ""^  Y  Ies  preguntó: 
"¿Por    qué    disputáis    con  ellos?" 

Uno  de  la  multitud  le  contestó: 
"Maestro,  te  he  traído  a  mi  hijo, 
que  tiene  un  demonio  mudo:  y, 
cuando  se  enseñorea  de  él,  lo  arro- 
ja por  tierra,  y  él  echa  espuma,  le 
rechinan  los  dientes  y  queda  rígi- 
do. Se  lo  he  dicho  a  tus  discípulos 
oara  que  lo  echen  fuera,  pero  no 
han  podido."  "Entonces  él  les  dijo: 
"¡Oh  generación  incrédula!,  ¿has- 
ta cuándo  estaré  con  vosotros?, 
=  hasta  cuándo  os  sufriré?  Traédme- 
lo." ^Y  se  lo  trajeron.  Apenas  le 
vió  el  espíritu,  lo  derribó  y.  cuan- 
do estaba  en  el  suelo,  se  revolvía, 
echando  espuma.  "  Preguntó  a  su 
oadre:  "¿Cuánto  tiempo  hace  que 
le  pasa  esto?"  Contestó:  "Desde  la 
niñez,  "  y  con  frecuencia  lo  ha 
arrojado  al  fuego  y  al  agua  para 
n"abar  con  él.  Pero,  si  tú  puedes 
algo,  comoadécete  de  nosotros  v 
ayúdanos."  "Y  Jesús  les  dijo:  "¡Si 
tú  puedes!  Todo  es  posible  para  el 
que  cree."  ^  Al  punto  el  padre  gri- 
tó: ~ 
fe. 


'Creo,   ayuda  a  mi   falta  de 
Como  viese  Jesús  que  acu- 


d'a  la  muchedumbre,  increpó  al  es- 
píritu inmundo,  diciéndole:  "Espíri- 
tu mudo  y  jsordo,  yo  te  lo  mando, 
sal  do  él  y  no  vuelvas  a  entrar  en 
él."  Y  gritando  y  agitándolo  con 
violencia,    salió;    y   quedó  como 


Le  937-43a 

''Al    día  si- 
guiente, cuando 
bajaban  del  mon- 
te, le  salió  al  en- 
cuentro una  gran 
muchedumbre. 
®  Y   un  hombre 
que  se  encontra- 
ba entre  la  turba 
comenzó    a  gri- 
tar :  "Maestro, 
ruégote  que  mi- 
res   a    mi  hijo, 
porque  es  el  úni- 
'.  co  que  tengo,  y 
u  n    espíritu    s  e 
I  apodera  de  él  y 
,  de  repente  se  po- 
'  ne  a  dar  alaridos, 
y  le  tira  por  tie- 
r  a  ,  haciéndole 
echar  espuma,  y 
difícil  mente  lo 
deja  después  de 
haberlo  maltrata- 
do. ""Pedí  a  tus 
discípulos  que  lo 
¡arrojasen,   y  no 
¡han  podido." 
I "  Entonces  dijo 
I  Jesús:   "¡Oh  ge- 
neración incrédu- 
1  a    y  perversa! 
¿Hasta  cuándo 
voy  a  estar  con 
vosot  ros   y  os 
voy   a   s  u  f  rir? 
Trae  acá  a  tu  hi- 
jo." *^  Cuando  se 
acercaba,  el  de- 
I  monio  lo  echó  al 


Notas:  N.  179 

A  los  pies  del  monte  Tabor  está  Dahiiriych,  pequeña  aldea  de  labra- 
dores, donde  se  localiza  el  milagro. 

Mt  17,21  Este  V.  se  une  mal  en  el  texto  de  Mt.  Lo  omiten  códices 
de  autoridad  y  puede  haber  entrado  en  los  demás  códices  por  asimila- 
ción a  Me  9,29.  En  este  texto  de  Me  la  lección  mejor  autorizada  omite 
ayuno.  Por  eso  va  en  paréntesis. 


LA  didracma  en  la  boga  del  pez 


233 


mostaza,  d  i  r  í  a  is  a 
este  monte  :  traslá- 
date de  aquí  allá,  y 
se  trasladaría,  y  na- 
da os  sería  imposi- 
ble. (Pero  esta  cla- 
se (de  demonios)  no 
se  arroja  sino  con 
oración  y  con  ayu- 
no.)" 


muerto,  de  suerte  que  la  mayor  par- 
te de  la  gente  decía:  "Ha  muerto." 

Pero  Jesús,  tomándole  de  la  ma- 
no, lo  levantó  y  él  se  puso  en  pie. 

^  Cuando  entró  en  casa,  sus  dis- 
cípulos le  preguntaron  a  solas: 
"¿Por  qué  nosotros  no  hemos  po- 
dido  arrojarlo?"  ^  Les  contestó: 
'Esta  clase  (de  demonios)  no  pue- 
de arrojarse  con  nada,  si  no  es  con 
oración  (y  ayuno)." 


suelo  y  lo  revol- 
có. Increpó  Je- 
s  ú  s  al  espíritu 
inmundo,  y  curó 
al  niño  y  se  lo 
devol  V  i  ó  a  su 
padre.  *^  Y  todos 
quedaron  asom- 
b  r  a  d  o  s  de  la 
grandeza  de 
Dios. 


180.     Predice  otra  vez  la  Pasión 


Mt  17,22-23 

^  Iban  juntos  por 
Galilea,  y  Jesús  les 
dijo:  "El  Hijo  del 
hombre  está  para 
ser  entregado  e  n 
manos  de  los  hom- 
bres, *^  q  u  e  lo  ma- 
tarán; pero  al  ter- 
cer día  resucitará." 
Y  se  entristecieron 
mucho. 


Me  930-32 

^  Salieron  de  allí  y  ca- 
minaban a  través  de  Gali- 
lea. Y  no  quería  que  se  en- 
terase nadie,  porque  prepa- 
raba a  sus  discípulos  y  les 
decía:  "El  Hijo  del  hom- 
bre va  a  ser  entregado  en 
manos  de  los  hombres,  que 
lo  matarán.  Pero,  después 
de  muerto,  resucitará  al  ca- 
bo de  tres  días."  ^  M  a  s 
ellos  no  entendían  este  len- 
guaje y  temían  preguntarle. 


Le  943b-45 

*^  Estaban  todos  admi- 
rados por  las  cosas  que 
hacía,  y  dijo  a  sus  discí- 
pulos: "  O  i  d  vosotros 
esto  aue  digo:  El  Hijo 
del  hombre  está  para  ser 
entregado  en  manos  de 
los  hombres."  Pero  ellos 
no  entendían  este  lengua- 
je. Les  era  tan  difícil  que 
no  podían  comprenderlo  y 
temían  preguntarle  sobre 
esta  materia. 


181.     Líi  didracma  en  la  boca  del  pez 
Mt  17,24-27 

^*  Cuando  entraron  en  Cafarnaúm,  se  acercaron  a  Pedro  los  recaudado- 
res de  la  didracma,  y  dijeron:  "Vuestro  Maestro  no  paga  la  didracma?" 
^Responde:  "Sí."  Cuando  entró  en  la  casa,  se  acercó  Jesús  y  le  dijo:  "¿Qué 
te  parece,  Simón?  ¿De  quiénes  perciben  los  reyes  de  la  tierra  las  tasas  o 
tributos?  ¿De  sus  hijos  o  de  los  extraños?"  ^  Al  decir  él  que  de  los  extra- 


Notas:  N.  180 

Le  9,45  les  era  tan  difícil,  lit.  y  les  estaba  escondido.  El  sentido  con- 
secutivo lo  da  la  segunda  parte. 

Sobre  esta  materia,  lit.  sobre  esta  palabra. 

San  Lucas  depende  en  esta  narración  de  Mt  y  de  Me,  pero  completa 
y  modifica  algo  la  redacción. 

N.  181 

San  Mateo,  especiaHsta  en  la  materia,  es  el  único  que  nos  ha  conser- 
vado este  episodio  interesante.  Se  trata  del  tributo  que  pagaban  anual- 
mente al  templo  todos  los  israelitas  varones,  desde  los  veinte  años.  Cada 
uno  tenía  que  pagar  medio  siclo.  El  estater  equivalía  a  cuatro  dracmas 


234 


EL  TERCER  AÑO 


ños,  le  respondió  Jesús:  "Por  tanto,  los  hijos  están  exentos.  "Mas  para 
que  no  los  escandalicemos,  ve  al  mar,  echa  el  anzuelo,  toma  el  primer  pez 
que  caiga  y  ábrele  su  boca.  Encontrarás  un  estater.  Tómalo  y  se  lo  das 
a  ellos  por  ti  y  por  mí." 


182.     El  más  grande  en  el  reino  de  los 

Mt  184-5  I  Me  9,33-37 

1 

Llegaron  a  C  a  f  arnaúm,  y, 
cuando  estaban  en  casa,  les  pre- 
guntó: "¿De  qué  veníais  hablan- 
do en  el  camino?"  ^  Ellos  se  ca- 
llaban: porque  en  el  camino  ha- 
bían disputado  entre  sí  sobre 
quién  era  mayor.  ®  Entonces,  sen- 
tándose, llama  a  los  Doce  y  les 
dice:  "Si  alguno  quiere  ser  el  pri- 
mero, ha  de  ser  el  último  de  to- 
dos y  el  servidor  de  todos."  ^  Y, 
tomando  a  un  niño,  lo  colocó  de- 
lante de  ellos  y,  teniéndole  en  sus 
brazos,  les  dijo:  ^  "Quien  recibe 
a  uno  de  estos  niños  en  raí  nom- 
bre, a  mí  me  recibe:  y  quien  me 
recibe  a  mí,  no  es  a  mí  a  quien 
recibe,  sino  a  aquel  que  me  ha 
enviado." 


^  En  aquel  momento 
se  acercaron  los  discí- 
pulos a  Jesús  y  pregun- 
taron: "¿Quién  es  ma- 
yor en  el  reino  de  los 
cielos?"  ^  Llamó  a  un 
niño,  lo  puso  en  medio 
de  ellos  ^y  dijo:  "En 
verdad  os  digo:  si  no 
os  volvéis  y  hacéis  co- 
mo los  niños,  no  entra- 
réis en  el  reino  de  los 
cielos.  *  Quien  se  haga 
pequeño  como  este  ni- 
ño, ése  es  el  más  gran- 
de en  el  reino  de  los 
cielos.  ^  Y  quien  reciba 
en  mi  nombre  a  un  ni- 
ño como  éste,  a  mi  me 
recibe." 


cielos 

Le  9.46-48 

^  Se  les  ocu- 
rrió una  cues- 
tión :  quién  de 
ellos  seria  el 
mayor.  *'  Y  Je- 
sús, que  cono- 
ció lo  que  pen- 
saban, tomó  a 
un  niño,  lo  pu- 
so junto  a  sí 
^  y  les  dijo  : 
"Quien  reciba  a 
este  niño  en  mi 
nom  b  r  e,  a  mí 
me  re  c  i  b  e:  y 
quien  me  reci- 
be a  mí,  recibe 
al  que  me  en- 
vía; pues  el  que 
en  t  re  vosotros 
es  el  más  pe- 
queño, éste  es 
el  mayor." 


Notas:  N.  181 

y  a  un  siclo  sagrado.  Con  luno  se  podía  pagar  el  tributo  de  dos  varones. 
Pedro  paga  por  sí  y  por  el  Maestro.  Como  se  trataba  de  un  tributo  sa- 
grado, Jesús  puede  decir  que  él,  como  Hijo  del  Padre,  estaba  exento  de 
este  tributo  sagrado.  Había  cobradores  esparcidos  por  toda  la  Diáspora. 
Con  mayor  razón  en  Palestina.  Rl  tiempo  del  pago  variaba  según  las 
interpretaciones  de  los  rabinos.  Lo  normal  era  que  las  colectas  se  hi- 
ciesen antes  de  las  tres  fiestas  de  peregrinación.  Por  Pascua,  Pentecos- 
tés y  Tabernáculos.  Por  esta  razón,  el  hecho  mismo  de  la  reclamación 
no  nos  orienta  sobre  la  época  concreta  del  año,  Según  nuestros  cálculos 
estamos  cerca  de  los  Tabernáculos.  Y  la  circunstancia  de  la  reclamación 
puede  favorecer  nuestra  hipótesis.  Que  ha  llegado  el  último  período  para 
'el  pago. 


EL  ESCÁNDALO 


235 


183.     Un  exorcista  que  no  es  discípulo 


Me  9,38-41 

®  Di  jóle  Juan:  "Maestro,  hemos  visto  a  uno 
que  arrojaba  los  demonios  en  tu  nombre  y  que 
no  nos  sigue,  y  queríamos  prohibírselo,  puesto 
que  no  nos  seguía."  Contestó  Jesús:  "No  se 
lo  prohibáis:  porque  no  hay  ninguno  que  haga 
un  prodigio  en  mi  nombre  que  pueda  en  se- 
guida injuriarme.  *°  Pues  quien  no  está  contra 
nosotros,  está  a  nuestro  favor.  Quien  os  diere 
de  beber  un  vaso  de  agua  en  mi  nombre,  porque 
sois  de  Cristo,  en  verdad  os  digo  que  no  perderá 
su  recompensa." 


Le  9,49-50 

Entonces  le  dijo 
Juan:  "Maestro,  hemos 
visto  a  uno  que  echa- 
ba los  demonios  en  tu 
nombre,  y  queríamos 
prohibírselo,  porque  no 
te  sigue  con  nosotros." 
''"Dijoles  Jesús:  'No  se 
lo  prohibáis:  porque 
quien  no  está  contra 
vosotros,  está  en  vues- 
tro favor." 


184.    El  escándalo 


Mt  18,6^9 

®  Pero  quien  escandaliza- 
re a  uno  de  estos  pequeños 
que  creen  en  mi,  más  le  va- 
liera que  le  ataran  al  cue- 
llo una  piedra  de  moler  que 
mueven  los  asnos  y  lo  arro- 
jasen   al    profundo    del  mar. 

¡Ay  del  mundo  por  cau- 
sa de  los  escándalos!  No 
puede  menos  de  haber  es- 
cándalos, pero  ¡ay  de  aquel 
hombre  por  quien  venga  el 
escándalo! 

^  Si  tu  mano  o  tu  pie  te 
escandaliza,    córtalo    y  arró- 


Mc  9,42-48 

^-  Q  u  i  e  n  escandalizare  a 
uno  de  estos  pequeños  que 
creen  en  mí,  más  le  val- 
d  r  í  a  que  le  colgasen  al 
cuello  una  rueda  de  moli- 
no que  mueven  los  asnos 
y   que   lo   arrojasen   al  mar. 

*^  Si  tu  mano  es  para  ti 
ocasión  de  pecado,  córta- 
la: más  te  vale  entrar  man- 
co en  la  vida,  que  irte  con 
dos  m.anos  al  infierno,  al 
fuego  inextinguible.  Y  si 
tu  pie  es  para  ti  ocasión 
de    pecado,    córtalo:    más  te 


Le  17,1-2 

'Dijo  a 
sus  discípu- 
los: "Es 
imposible 
que  no 
vengan 
escánda- 
los, pero 
¡desdichado 
de  aquel 
por  quien 
venga  el 
escándalo! 
^  Más  le 
valiera 


Notas:  N.  183 

La  sentencia  sobre  el  premio  de  la  beneficencia  (Me  9  41),  se  encuen- 
tra también  en  Mt  10,41-42.  Pero  en  un  contexto  anterior. 

N.  184 

Ya  dijimos  que  el  final  de  la  segunda  etapa  del  gran  viaje  a  Jeru- 
salén,  que  narra  San  Lucas,  se  verifica  en  Galilea,  y  se  une  con  los  dos 
primeros  Sinópticos.  El  hecho  de  que  el  final  de  las  dos  primeras  eta- 
pas del  itinerario  pertenezca  al  ministerio  gahleo  puede  ser  un  buen  in- 
dicio de  que  se  trata  de  viajes  reales  y  distintos,  que  terminan  volvien- 
do al  punto  de  partida. 

Nótese  que  en  el  texto  de  Me  faltan  los  vv.  44.46.  Los  omiten  SBCLW 
1.22.28.118.251.565.892  y  otros,  Y  las  versiones  sys  Sa  bo  geo  arm  y  la 
generahdad  de  las  ediciones  cr-ticas  del  N.T.  Ncstlc,  Von  Soden,  Vogels, 
Merk,  Swete,  Lagrange.  Los  pone,  sin  embargo,  el  P,  Bover. 


236 


EL  TERCER ' AÑO 


jalo  lejos  de  ti:  mejor  te 
será  entrar  en  la  vida  man- 
co o  cojo,  que  ser  arroja- 
do con  tus  dos  manos  o  tus 
dos  pies  en  el  fuego  eter- 
no. *Y  si  tu  ojo  te  escan- 
daliza, arráncalo  y  arrójalo 
lejos  de  ti:  mejor  te  será 
entrar  en  la  vida  con  sólo 
un  ojo  que  ser  arrojado 
con  tus  ojos  a  la  ge- 
henna  del  fuego." 


vale  entrar  en  la  vida  co- 
jo que  ser  arrojado  al  in- 
fierno    con     tus     dos  pies. 

Y  si  tu  ojo  te  escanda- 
liza, sácalo:  más  te  vale 
entrar  en  el  reino  de  Dios 
con  un  solo  ojo,  que  con 
dos  ojos  ser  arrojado  al  in- 
fierno, donde  el  gusano 
no  muere,  ni  el  fuego  se 
apaga. 


que  le 
colgasen 
una  rueda 
de  molino 
al  cuello 
y  lo  arro- 
jasen al 
mar,  que 
escandali- 
zar a  uno 
de  estos 
pequeños." 


185.    La  salvación  de  los  pequeños 
Mt  18,10-14 

'"Mirad  no  despreciéis  a  ninguno  de  estos  pequeños:  pues  os  aseguro 
que  sus  ángeles  ven  continuamente  el  rostro  de  mi  Padre,  que  está  en  los 
cielos.  "  (Pues  el  Hijo  del  hombre  ha  venido  a  salvar  lo  que  estaba  per- 
dido.) "  ¿Qué  os  parece?  Si  uno  tiene  cien  ovejas  y  se  extravía  una  de 
ellas,  ¿no  deja  las  noventa  y  nueve  en  los  montes  y  se  va  en  busca  de  la 
extraviada?  "  Y  si  logra  encontrarla,  os  aseguro  que  se  alegra  por  ella 
más  que  por  las  noventa  y  nueve  que  no  se  habían  extraviado.  "  De  la 
misma  manera,  no  quiere  vuestro  Padre  celestial  que  se  pierda  ninguno  de 
estos  pequeños. 


186.     Parábola  de  la  sal 

Me  9,49-50 

■*  Porque  todos  serán  salados  por  el  fuego.  ^  La  sal  es  buena;  pero  si 
la  sal  se  convierte  insípida,  ¿con  qué  se  le  dará  sabor?  Tened  sal  en  vos- 
tros  y  vivid  en  paz  los  unos  con  los  otros. 


Notas:  N.  185 

Creemos  que  la  parábola  de  la  oveja  perdida  en  Mt  tiene  otra  inter- 
pretación más  reducida  y  particular  que  la  de  Le  15  3-7.  Se  puede  refe- 
rir a  la  salvaciónl  de  los  niños,  como  parece  deducirse  de  Mt  18,10.  La 
de  Le  se  refiere,  en  general,  a  la  salvación  de*  los  pecadores.  Por  esta 
razón  no  las  consideramos  como  paralelas.  El  v.ll  es  críticamente  du- 
doso. Por  eso  va  en  paréntesis. 

N.  186 

En  el  v.49  la  adición  de  la  Vg  et  omnis  i'ictima  sale  salieíur  falta  en 
los  mejores  códices  gr.  vS  B  L  W  565  700  788  1012  y  la  omiten  todas  las 
ediciones  críticas  del  N.T.,  menos  Bovcr  y  Vogcls. 

Bl  fuego  se  ha  explicado  de  diversas  maneras.  Unos  lo  refieren  al 
castigo  de  los  malos.  Se  apoyan  en  la  unión  de  este  v.49  con  el  anterior 
por  la  conjunción  porque.  En  esta  explicación  el  v.50  no  se  une  con  lo 
que  precede.  Otros  refieren  el  fuego  al  sufrimiento,  que  purifica  a  los 
fieles  y  los  convierte  en  víctimas  agradables.  Ésta  es  la  interpretación 
más  corriente  entre  los  antiguos  y  entre  los  modernos.  En  el  v.48  el  fue- 


PARÁBOLA  DEL  SIERVO  CRUEL 


237 


187.     La  corrección  y  el  perdón  fraterno 


Mt  liS,15-22 

^  "Si  tu  hermano  pecare  contra  ti,  repréndele  a  solas.  Si  te 
escucha,  habrás  ganado  a  tu  hermano.  "  Si  no  te  escucha,  toma 
contigo  un  testigo  o  dos  para  que  todo  el  negocio  se,  falle  so- 
bre el  dicho  de  dos  o  fres  tesíigos.  "  Si  no  les  hace  caso,  dí- 
selo  a  la  comunidad:  y  si  ni  a  la  comunidad  hace  caso,  sea 
para  ti  como  un  pagano  y  publicano.  En  verdad  os  digo  que 
todo  lo  que  atareis  en  la  tierra,  quedará  atado  en  el  cielo,  y 
todo  lo  que  desatareis  en  la  tierra,  quedará  desatado  en  el 
cielo. 

"  Dígoos  además  que,  si  dos  de  vosotros  están  de  acuerdo 
en  la  tierra  para  pedir  una  cosa  cualquiera,  la  conseguirán  de 
mi  Padre  del  cielo.  ^  Porque  donde  están  reunidos  dos  o  tres 
en  mi  nombre,  alli  estoy  en  medio  de  ellos." 

^Entonces,  acercándose  Pedro,  le  dijo:  "Señor,  si  mi  her- 
mano peca  contra  mí,  ¿cuántas  veces  he  de  perdonarle?  ¿Hasta 
siete  veces?"  ^  Dicele  Jesús:  "No  te  digo  que  hasta  siete  ve- 
ces, sino  hasta  setenta  veces  siete." 


Le  173-4 

'  Mirad 
por  vos- 
otros. Si 
tu  herma- 
no peca, 
repréndele 
y  si  se 
arrepiente, 
perdónale. 
*  Y  si  pee 
siete  veces 
al  dia  y 
acude  a  ti 
diciendo: 
me  arre- 
piento, 
perdónale. 


188.     Parábola  del  siervo  cruel 


Mt  18,23-35 

^*"Por  eso  el  reino  de  los  cielos  se  parece  a  un  rey  que  quiso  tomar 
cuentas  a  sus  siervos.  ^  Al  comenzar  le  fué  presentado  uno  que  le  debia 
diez  mil  talentos,  ^  y,  como  no  tenía  con  qué  pagar,  ordenó  el  señor  que 
fuese  vendido  él,  su  mujer,  sus  hijos  y  todo  lo  que  tenía  y  así  satisfa- 


Notas:  N.  186 

go  se  refiere  al  fuego  real  del  infierno.  Aqu'í  en  el  49  al  fuego  figurado 
de  la  abnegación  y  sufrimiento. 

El  V.50  tiene  9U  personalidad  propia,  la  de  una  máxima  independiente. 
San  Marcos  la  ha  puesto  aquí,  sin  duda,  por  la  mera  relación  de  la  pala- 
bra sal.  La  sal  es  el  espíritu  de  Cristo,  la  doctrina  del  Evangelio  y  la 
de  la  fe.  Si  los  cristianos  conservan  esta  sal  en  toda  su  fuerza,  manten- 
drán entre  sí  la  unión  y  la  paz,  que  debe  ser  la  característica  de  los  dis- 
cípulos de  Cristo  (Jn  13,35).  La  sal  es  también  la  imagen  del  sentido 
apostólico  que  debe  dominar  en  los  cristianos  (Mt  5,13). 

Esta  máxima  se  encuentra  en  el  sermón  del  Monte  (Mt  5,13).  Le  14,34- 
35  la  tiene  en  la  vuelta  del  segundo  viaje  a  Jerusalén,  poco  antes  de  la 
oveja  y  de  la  dracma  perdida. 

N.  187 

18,17  la  comunidad.  En  gr.  ekklésia,  es  decir,  la  asamblea  de  her- 
manos, local  o  general,  según  la  importancia  del  caso. 

N.  188 

Esta  parábola  es  el  mejor  comentario  y  explanación  de  la  doctrina 
anterior  sobre  el  perdón  de  las  injurias,  Y  así  la  ha  unido  el  autor  con 
el  V.22. 


238 


EL   TERCER  AÑO 


ciese.  "Entonces  el  siervo  se  echa  por  tierra  y,  postrado,  le  decía:  "Se- 
ñor, ten  paciencia  conmigo  y  todo  te  lo  pagaré."  ^'  Movido  a  compasión 
el  señor,  dejó  marchar  a  aquel  siervo  y  le  perdonó  la  deuda.  ^  Pero  al  salir 
aquel  siervo  encontró  a  uno  de  sus  compañeros  que  le  debía  cien  dena- 
rios  y,  agarrándole,  le  ahogaba,  diciendo:  "Págame  lo  que  me  debes."  Y, 
cayendo  a  sus  pies,  el  compañero  le  suplicaba:  "Ten  paciencia  conmigo  y  te 
pagaré  lo  que  debo."  *  Pero  él  no  quiso,  sino  que  fué  y  lo  metió  en  la 
cárcel  hasta  que  pagase  lo  que  debía.  ^  Al  ver  sus  compañeros  lo  que 
había  pasado,  se  disgustaron  mucho  y  fueron  a  contarle  al  señor  todo  lo 
sucedido.  ^  El  señor  entonces  lo  mandó  llamar  y  le  dijo:  "Siervo  malva- 
do, te  perdoné  toda  aquella  deuda  porque  me  suplicaste,  ^  ¿no  debías  tú 
compadecerte  también  de  tu  compañero,  como  yo  me  compadecí  de  ti?"  **  E 
irritado  su  señor,  lo  entregó  a  los  verdugos  hasta  que  pagara  toda  su  deu- 
da. ^  Así  os  trataf'á  también  mi  Padre  celestial  si  no  perdonáis  de  cora- 
zón cada  uno  a  su  hermano." 

189.     La  eficacia  de  la  fe 
Le  17,5-6 

^Dijeron  los  apóstoles  al  Señor:  "Auméntanos  la  fe."  'Contestó  el  Se- 
ñor: "Si  tuvierais  fe  como  un  grano  de  mostaza,  diríais  a  este  sicómoro: 
desarráigate  y  plántate  en  el  mar,  y  os  obedecería." 

190.    El  cumplimiento  del  deber 
Le  17,7-10 

''  ¿Quién  de  vosotros  que  tenga  un  criado  arando  o  con  el  rebaño  le  dirá 
cuando  llegue  del  campo:  *  entra  en  seguida  y  ponte  a  la  mesa?  Más  bien 
le  dirá:  prepárame  la  cena,  y  cíñete  para  servirme  mientras  como  y  bebo, 
y  después  comerás  y  beberás  tú.  ®  ¿Por  ventura  tiene  que  agradecer  al 
criado  el  que  haga  lo  que  le  manda?  ^°  De  la  misma  manera,  vosotros,  des- 
pués que  hayáis  hecho  todo  lo  que  se  os  ha  mandado,  decid:  somos  sier- 
vos inútiles,  sólo  hemos  hecho  lo  que  debíamos  hacer." 


Notas:  N.  189 

Cf.  Mt  17,20;  21,21. 
N.  190 

Con  estas  sentencias  se  cierra  la  predicación  en  Galilea.  Como  se  ha 
podido  ver,  cada  uno  de  los  evangelistas  lo  cierra  a  su  modo.  Ahora  los 
Quatro  se  unirán  en  el  viaje  a  Judea  y  Jcrusulén,  y  cada  uno  lo  tratará 
también  según  sus  maneras  propias,  unos  de  una  manera  más  concreta 
y  particular,  otros  de  una  manera  más  general  y  resumida. 


JESÚS   DEJA   DEFINITIVAMENTE  GALILEA 


239 


191.    Jesús  deja  definitivamente  Galilea 

Mt  194  Me  10,1a  Le  17,11 


Cuando  Jesús  terminó  estos 
discursos,  marchó  de  Galilea  y 
vino  al  territorio  de  Judea,  al 
otro  lado  del  Jordán. 


Partiendo  de  alli, 
vino  al  territorio  de 
Judea  y  al  otro  lado 
del  Jordán. 


Yendo  camino 
de  Jerusalén,  pasó 
por  los  confines  de 
Samarla   y  Galilea. 


Jn  7,2-13 

^  Estaba  próxima  la  fiesta  judía  de  los  Tabernáculos.  ^  Dijéronle,  pues, 
sus  parientes:  "Trasládate  de  aquí  a  Judea,  para  que  vean  también  tus  dis- 
cípulos las  obras  que  haces:  pues  nadie  oculta  sus  obras  cuando  busca 
manifestarse.  Ya  que  haces  tales  cosas,  manifiéstate  al  mundo."  '  Porque 
ni  sus  parientes  creían  en  él.  *  Jesús  les  respondió:  "No  ha  llegado  aún 
mi  tiempo;  para  vosotros  siempre  es  tiempo  a  propósito.  ''  El  mundo  no  os 
puede  odiar,  pero  a  mí  me  odia,  porque  yo  doy  testimonio  de  que  sus 
obras  son  malas.  *  Id  vosotros  a  la  fiesta;  yo  no  voy  aún  a  la  fiesta  por- 
que mi  tiempo  no  ha  llegado  todavía."  ^  Dicho  esto  se  quedó  en  Galilea. 

"  Pero,  después  que  sus  parientes  subieron  a  la  fiesta,  subió  él  tam- 
bién, no  públicamente,  sino  en  privado.  "  Los  judíos  le  buscaban  durante 
la  fiesta  y  decían:  "¿Dónde  está  ése?"  Y  se  murmuraba  mucho  de  él 
entre  la  gente.  Unos  decían:  "Es  bueno."  "No — decían  otros — ,  sino  que 
engaña  al  pueblo."  "  Pero  nadie  hablaba  en  púbhco  de  él  por  miedo  a  los 
judíos 


Notas:  N.  191 

Los  dos  primeros  Sinópticos  hablan  claramente  de  la  despedida  de- 
finitiva de  Galilea,  pero  se  contentan  con  decir  que  marchó  de  Galilea  y 
vino  a  Judea  y  al  otro  lado  del  Jordán.  Callan  todo  lo  que  pudo  suceder 
en  el  viaje,  no  hablan  para  nada  de  Jerusalén  ni  de  la  ocasión  en  que 
dejó  Galilea,  y  se  contentan  con  señalar  un  nuevo  escenario  de  la  pre- 
dicación :  el  otro  lado  del  Jordán. 

San  Lucas  habla  de  Jerusalén  como  término  del  viaje  y  cuenta  una 
escena  que  ocurrió  en  el  camino,  entre  Galilea  y  Samaría. 

San  Jiuan  cuenta  la  ocasión  del  viaje:  la  fiesta  de  los  Tabernáculos 
que  estaba  próxima.  Habla  del  interés  que  tenían  los  parientes  en  que 
subiera  a  la  fiesta  y  cómo  Jesús  no  quiso  acceder  a  sus  deseos  y  espe- 
ró en  Galilea  a  que  el  grueso  de  los  peregrinos  se  marchara.  Luego  se 
manchó  él  con  sus  íntimos,  como  en  secreto. 

No  todos  los  autores  identifican  estos  pasos  de  los  cuatro  evangelis- 
tas. Nosotros  tenemos  la  identificación  como  más  probable,  según  hemos 
demostrado  en  la  p.I,  c.3,  a.7.8.  La  subida  para  la  fiesta  de  los  Ta- 
bernáculos, de  que  habla  San  Juan,  marca  la  despedida  definitiva  de  Ga- 
lilea, y  coincide,  por  tanto,  con  los  lugares  equivalentes  de  los  tres  Si- 
nópticos. 

Cada  evangelista  cuenta  esta  despedida  según  sus  gustos  y  maneras 
propias.  Mt-Mc  lo  hacen  de  un  modo  brevísimo,  contentándose  con  in- 
dicar el  término  último  del  viaje:  Perea.  Omiten  todo  lo  demás.  Lucas, 
a  quien  tanto  interesa  Jerusalén,  dice  que  viaja  para  Jerusalén,  pero  no 
hace  entrar  en  ella  a  Jesús  hasta  que  llegue  el  momento  cumbre  de  la 


240 


EL  TERCER  AÑO 


192.     Curación  de  diez  leprosos 
Le  17,12-19 

^  Y  como  entrase  en  una  aldea,  le  salieron  al  encuentro  diez  leprosos, 
que  se  detuvieron  a  distancia.  y  levantaron  la  voz  diciendo:  "Maestro, 
Jesús,  ten  compasión  de  nosotros."  "Y  habiéndolos  visto,  les  dijo:  "Id  a 
presentaros  a  los  sacerdotes."  Mientras  iban,  quedaron  curados.  "  Y  uno 
de  ellos,  viéndose  curado,  se  volvió,  glorificando  a  EHos  en  alta  voz.  "  Pos- 
tró su  rostro  junto  a  sus  pies,  y  le  dió  gradas.  Y  éste  era  samaritano. 
^Entonces  Jesús  le  dijo:  "¿No  han  sido  curados  los  diez?  ¿Dónde  están 
los  nueve?  ¿No  ha  habido  quien  vuelva  a  dar  gloria  a  Dios,  sino  sólo 
este  extranjero?"     Y  le  dijo:    Levántate  y  marcha:  tu  fe  te  ha  salvado." 

193.     Llega  a  Jerusalén  mediada  la  fiesta 
Jn  7,H 

Ya  estaba  en  su  mitad  la  fiesta  cuando  Jesús  subió  al  templo  y  se 
puso  a  enseñar. 

Notas:  N.  191 

Pasión.  Como  si  se  complaciera  en  entretener  a  Jesús  en  el  camino,  nos 
va  contando  diversos  episodios  del  mismo,  distantes  más  o  menos  entre 
sí.  San  Juan,  que  se  ha  interesado  por  las  fiestas  de  los  jiudíos,  dice 
que  sube  para  la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  y  da  cuenta  de  lo  que  pasa 
durante  la  fiesta. 

N.  192 

Los  parientes  del  Señor  no  veían  con  buenos  ojos  que  se  hubiera  pa- 
sado un  año  sin  subir  a  Jerusalén.  Xo  ha  subido,  en  efecto,  ni  en  la 
Pascua  ni  en  Pentecostés  del  año  29.  Y  ahora  le  insisten  para  que  suba 
y  se  muestre  públicamente.  Él  tiene  su  hora  y  nadie  se  la  cambia.  Es- 
pera a  que  suba  el  grueso  de  los  peregrinos. 

Cuando  han  subido  todos,  se  pone  en  marcha  con  el  pequeño  grupo 
de  los  más  fieles.  Como  cuando  se  retiró  a  Fenicia  no  pudo  ocultarse  tan- 
to que  no  le  buscaran,  así  ahora,  aunque  viaja  con  pocos,  al  acercarse  a 
una  aldea,  por  los  confines  de  Samaría  y  Gahlea,  le  salen  diez  leprosos. 

Esta  escena  se  suele  situar  en  Djenin,  la  antigua  En-Gannin,  que,  se- 
gún Josefo.  se  hallaba  entre  los  límites  de  Samaria  v  la  gran  llanura  de 
Esdrelón.  Cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C.  p.4O0. 

Probablemente  el  Señor  se  dirige  al  Jordán  por  el  valle  de  Scitópo- 
hs.  Desde  Jezrael  hasta  la  fuente  de  Gedeón  seguían  los  límites  de  Ga 
lilea  y  Samaría.  Se  acerca  a  la  frontera  de  Samaria  para  luego  alcan- 
zar la  cuenca  del  Jordán  y  por  Jericó  subir  a  Jerusalén.  Cf.  L.  Girard, 
p.62  not.l.  La  misma  región  explica  que  entre  los  leprosos  hubiera  im 
samaritano.  Los  demás  serían  galileos,  de  religión  judía. 


EL   ÚLTIMO  DÍA  DE  LA  FIESTA 


241 


194.    Jesús,  enviado  de  Dios 
jn  7,15-29 

^  Los  judíos  estaban  admirados  y  decían:  "¿Cómo  entiende  éste  de  le- 
tras, si  no  ha  estudiado?"  Jesús  les  respondió:  "Mi  doctrina  no  es  mía, 
sino  del  que  me  ha  enviado.  ^'  Si  alguno  quiere  hacer  la  voluntad  de  él, 
reconocerá  si  esta  doctrina  viene  de  Dios   o  si  yo  hablo  por  mi  cuenta. 

El  que  habla  por  su  cuenta,  busca  su  propia  gloria:  pero  el  que  busca 
la  gloria  del  que  le  envía,  ése  es  veraz  y  no  hay  en  él  injusticia. 

¿No  os  dió  a  vosotros  Moisés  la  ley,  y  ninguno  de  vosotros  la  cum- 
ple? ^"¿Por  qué  pretendéis  matarme?  La  turba  contestó:  "Estás  endemo- 
niado; ¿quién  pretende  matarte?"  Respondió  Jesús  y  les  dijo:  "Una  obra 
he  hecho  y  todos  os  admiráis.  ^  Moisés  os  dió  la  circuncisión — no  era  de 
Moisés,  sino  de  los  patriarcas — y  vosotros  circuncidáis  en  sábado.  "  Si  se 
circuncida  en  sábado  para  que  no  se  quebrante  la  ley  de  Moisés,  ¿os  irri- 
táis contra  mí,  porque  en  sábado  he  curado  a  todo  el  hombre?  ^  No  juz- 
guéis por  las  apariencias,  sino  juzgad  con  juicio  recto." 

^Decían  algunos  de  Jerusalén:  "¿No  es  éste  al  que  intentan  matar?' 
^  Habla  públicamente  y  no  le  dicen  nada.  ¿Será  acaso  que  realmente  los 
jefes  han  reconocido  que  él  es  el  Mesías?  ^  Pero  nosotros  sabemos  de  dón- 
de es  éste;  mientras  que  el  Mesías,  cuando  venga,  nadie  sabrá  de  dónde 
es,"  ^Exclamo  Jesús,  enseñando  en  el  templo:  "A  mí  me  conocéis  y  sabéis 
de  dónde  soy:  no  he  venido  por  mí  mismo.  El  que  me  ha  enviado  es  veraz 
y  vosotros  no  le  conocéis.  ^  Yo  le  conozco,  porque  vengo  de  él,  y  él  es  el 
que  me  ha  enviado." 

195.     Los  judíos  pretenden  apresarle 
Jn  7,30-36 

^  Buscaban  prenderle,  pero  nadie  le  echó  mano,  porque  aún  no  había 
llegado  su  hora.  ^  Muchos  del  pueblo  creyeron  en  él  y  decían:  "Cuando 
venga  el  Mesías,  ¿hará  por  ventura  más  milagros  que  los  que  éste  ha 
hecho?"  ^  Oyeron  los  fariseos  que  se  rumoreaban  de  él  estas  cosas  entre 
la  turba,  y  los  príncipes  enviaron  guardias  para  que  le  prendiesen.  ^  Dijo 
Jesús:  "Aún  estoy  con  vosotros  un  poco  de  tiempo;  después  me  voy  al  que 
me  ha  enviado.  Me  buscaréis  y  no  me  encontraréis,  y  donde  yo  voy, 
vosotros  no  podéis  venir."  ®  Decíanse  los  judíos:  "¿Dónde  va  a  ir  éste 
para  que  nosotros  no  le  encontremos?  ¿Acaso  va  a  ir  a  los  dispersos  en- 
tre los  griegos  y  para  enseñar  a  los  mismos  griegos?  ^  ¿Qué  significan 
estas  palabras  que  ha  dicho:  me  buscaréis  y  no  me  encontraréis,  y  a  donde 
yo  voy,  vosotros  no  podéis  venir?" 

196.    El  último  día  de  la  fiesta 
Jn  737-39 

^  En  el  último  día,  el  más  solemne  de  la  fiesta,  estaba  Jesús  de  pie 
y  clamaba:  "Si  alguno  tiene  sed.  que  venga  a  mí  y  beba.  ^ Quien  cree  en 
mí,  como  ha  dicho  la  Escritura,  de  su  seno  correrán  torrentes  de  agua 
viva."  *  Esto  lo  dijo  del  Espíritu  que  iban  a  recibir  los  que  creyesen  en 
él;  pues  aún  no  se  había  dado  el  Espíritu,  porque  Jesús  no  había  sido  glo- 
rificado todavía. 


242 


EL  TERCER  A>50 


197.    Disensión  entre  la  turba  y  los  judíos 
Jn  740-53 

^"Algunos  de  la  turba,  al  oír  estas  palabras,  decían:  "Realmente  éste  es 
el  profeta.'  "'^  Otros  decían:  "Éste  es  el  Mesías."  Pero  replicaban  otros: 
"¿Por  ventura  el  Mesías  ha  de  venir  de  Galilea?  *^  ¿No  ha  dicho  la  Es- 
critura que  de  la  descendencia  de  David  y  de  Belén,  el  pueblo  de  David, 
ha  de  venir  el  Mesías?"  Se  produjo,  pues,  una  escisión  entre  la  turba  a 
causa  de  él.  **  Algunos  de  ellos  querían  apoderarse  de  él,  pero  nadie  le 
echó  mano. 

Volvieron  los  ministros  a  los  príncipes  de  los  sacerdotes  y  a  los  fari- 
seos, los  cuales  les  dijeron:  "¿Cómo  no  le  habéis  traído?"  "Contestaron 
los  ministros:  "Jamás  persona  alguna  ha  hablado  como  este  hombre."  A 
lo  que  los  fariseos  dijeron:  "¿También  a  vosotros  os  ha  engañado?  ¿Hay 
por  ventura  alguno  entre  los  jefes  o  entre  los  fariseos  que  haya  creído 
en  él?  '^'*Esa  turba  ignorante  de  la  ley  es  maldita."  Nicodemo,  aquel  que 
vino  antes  en  su  busca,  y  que  era  uno  de  ellos,  les  dice:  "  "¿Por  ventura 
permite  nuestra  ley  condenar  a  un  hombre  sin  oírle  primero  y  conocer  sus 
actos?"  "Ellos  le  respondieron:  "¿También  tú  eres  de  Galilea?  Averigua  y 
verás  que  de  Galilea  no  salen  profetas."  Y  se  marcharon  cada  uno  a 
su  casa. 

198.    La  mujer  adúltera 
Jn  8,1-11 

^  Jesús  se  fué  al  monte  de  los  Olivos.  ^  Por  la  mañana  de  nuevo  se  pre- 
sentó en  el  templo,  y  todo  el  pueblo  vino  a  él,  y,  sentados,  les  enseñaba. 
^  Los  escribas  y  fariseos  trajeron  a  una  mujer  sorprendida  en  adulterio,  la 
pusieron  en  el  medio  "  y  le  dijeron:  "Maestro,  esta  mujer  ha  sido  sorpren- 
dida en  flagrante  adulterio.  ^  En  la  ley,  Moisés  nos  manda  apedrear  a  és- 
tas. ¿Tú  que  dices?"  *  Esto  lo  decían  para  comprometerle,  para  tener  algo 
de  qué  acusarle.  Jesús,  inclinándose,  se  puso  a  escribir  con  el  dedo  en  el 
suelo.  ^  Como  ellos  persistiesen  en  su  pregunta,  se  incorporó  y  les  dijo: 
"El  que  de  vosotros  esté  sin  pecado,  tire  el  primero  sobre  ella  una  piedra." 
*  E  inclinándose  de  nuevo,  se  puso  a  escribir  en  el  suelo.  *  Y  ellos,  al  oírlo, 
comenzaron  a  irse  uno  a  uno,  empezando  por  los  más  viejos  hasta  los 
últimos,  y  quedó  Jesús  solo  con  la  mujer,  que  estaba  delante.  Jesús,  le- 
vantándose, le  dijo:  "Mujer,  ¿dónde  están?  ¿Nadie  te  ha  condenado?  "Ella 
respondió:  "Nadie,  Señor."  Díjole  Jesús:  "Tampoco  yo  te  condeno:  vete 
y  en  adelante  no  vuelvas  a  pecar." 


Notas:  N.  198 

La  canonicidad  y  la  historicidad  de  la  per'copa  es  indiscutible.  Sólo 
se  puede  dudar  si  la  escribió  o  no  San  Juan.  Los  mismos  autores  cató- 
licos no  están  de  aauerdo  sobre  este  particular.  Cf.  Dorado,  pp. 143-14^ 
nn.112-13;  Metzingf.r,  pp.226-229  n.265-268;  D.  Moixat,  L'Evangile  de 
Saint  Jean:  Bible  Jérusalem  (París  1953)  p.ll2. 


JESÚS,   HIJO  DE  DIOS 


243 


199.     Jesús,  luz  del  mundq 
Jn  8,12-20 

^' Jesús  les  habló  otra  vez  y  dijo:  "Yo  soy  la  luz  del  mundo:  el  que 
me  sigue  no  caminará  en  tinieblas,  sino  que  tendrá  la  luz  de  la  vida."  "  Los 
fariseos  le  dijeron:  "Tú  das  testimonio  de  ti  mismo:  tu  testimonio  no  es 
válido."  "Jesús  les  respondió:  "Aunque  yo  dé  testimonio  de  mí  mismo, 
mi  testimonio  es  válido,  porque  sé  de  dónde  vengo  y  adónde  voy:  mas 
vosotros  no  sabéis  de  dónde  vengo  ni  adónde  voy.  ^  Vosotros  juzgáis 
según  la  carne,  yo  no  juzgo  a  nadie.  Y  si  yo  juzgo,  mi  juicio  es  ver- 
dadero, porque  no  estoy  solo,  sino  yo  y  el  Padre,  que  me  ha  enviado.  "  Y 
en  vuestra  ley  está  escrito  que  el  testimonio  de  dos  hombres  es  válido. 
"  Yo  doy  testimonio  de  mí,  y  da  tam.bién  testimonio  de  mí  el  Padre  que 
me  ha  enviado."  Ellos  le  dijeron:  "¿Dónde  está  tu  Padre?"  Respondió 
Jesús:  "Ni  me  conocéis  a  mí  ni  conocéis  a  mi  Padre:  si  me  conocieseis 
a  mí,  conoceríais  también  a  mi  Padre." 

^  Esto  lo  dijo  en  el  gazofilacio,  cuando  enseñaba  en  el  templo:  y  nadie 
le  apresó,  porque  no  había  llegado  aún  su  hora. 

200.    Jesús,  hijo  de  Dios 
Jn  8,21-59 

Díjoles  de  nuevo:  "Yo  me  voy,  y  me  buscaréis  y  moriréis  en  vues- 
tro pecado.  Vosotros  no  podéis  venir  a  donde  yo  voy."  ^  Entonces  dijeron 
los  judíos:  "¿Acaso  se  va  a  suicidar  cuando  dice:  Vosotros  no  podéis  ve- 
nir a  donde  yo  voy?"  Jesús  les  dijo:  "Vosotros  sois  de  abajo;  yo  soy  de 
arriba:  vosotros  sois  de  este  mundo,  yo  no  soy  de  este  mundo.  ^  Os  he 
dicho  que  moriréis  en  vuestro  pecado:  si  no  creyereis  que  yo  soy,  mori- 
réis en  vuestro  pecado."  ^Entonces  ellos  le  dijeron:  "¿Quién  eres  tú?" 
Díjole  Jesús:  "En  verdad,  ¿por  qué  hablo  con  vosotros?  ^  Mucho  tengo 
que  decir  y  condenar  de  vosotros:  pero  el  que  me  ha  enviado  es  veraz,  y 
yo  enseño  al  mundo  lo  que  he  oído  a  él."  ^  Ellos  no  comprendieron  que 


Notas:  N.  200 

Estamos  ya  fuera  de  las  fiestas  solemnes  de  los  Tabernáculos.  Jn  7,37 
nos  ha  dicho  que  éste  era  el  último  día  de  la  fiesta,  y  7,53  que  Cada  uno 
se  marchó  a  su  casa.  Jesús  se  fué  al  monte  de  los  Olivos  (8,1)  y  al  día 
siguiente  volvió  de  nuevo  al  templo. 

8,23  de  ahajo,  es  lo  mismo  que  de  este  mundo,  de  la  tierra,  lit.  de 
las  cosas  de  abajo ;  de  arriba,  lit.  de  la  cosas  de  arriba,  de  la  región  de 
arriba,  del  cielo.  El  paralelismo  de  la  frase  siguiente  da  este  mismo 
sentido. 

8,25  en  verdad,  ¿por  qué  hablo  con  vosotros?  Frase  difícil,  que  ha  re- 
cibido diversas  interpretaciones. 

En  verdad  gr.  ten  archén,  ante  omnia  prorsus.  omnino. 

¿Por  qué?  o  ti  kay.  Si  no  siguiera  el  kay,  podría  dejarse  el  sentido 
interrogativo  y  mantenerse  el  meramente  enunciativo,  lo  que. 

Jesús  no  responde  a  la  pregunta  que  le  hacen  sus  enemigos.  Dada  la 
ceguera  de  sus  corazones,  es  inútil  hablar  con  ellos.  Cf.  Lagrange  in  h.  1. 

8^6    condenar,  lit.  juzgar,  pero  con  sentido  peyorativo. 


244 


EL  TERCER  AÑO 


les  hablaba  del  Padre.  ^  Jesús  les  dijo:  "Cuando  levantéis  al  Hijo  del 
hombre,  entonces  conoceréis  que  yo  soy  y  que  nada  hago  por  mi  mismo, 
sino  que  enseño  lo  que  mi  Padre  me  ha  enseñado.  ^  El  que  me  ha  enviado 
está  conmigo:  no  me  deja  solo,  porque  yo  hago  siempre  lo  que  le  agrada." 

■"Cuando  dijo  estas  cosas,  muchos  creyeron  en  él.  Dijo  Jesús  a  los 
judíos  que  habían  creído  en  él:  "Si  vosotros  permanecéis  en  mi  doctrina, 
seréis  realmente  mis  discípulos,  ^  y  conoceréis  la  verdad,  y  la  verdad  os 
hará  libres."  Ellos  le  respondieron:  "Nosotros  somos  la  descendencia  de 
Abraham,  y  jamás  hemos  sido  esclavos  de  nadie:  ¿cómo  nos  dices:  seréis 
libres?"  Jesús  les  respondió:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo:  todo  el  que 
comete  pecado,  es  esclavo  del  pecado.  *  Y  el  esclavo  no  queda  en  la  casa 
para  siempre:  el  hijo  sí,  queda  para  siempre.  *  Por  tanto,  si  el  Hijo  os 
hace  libres,  seréis  verdaderamente  libres.  ^  Sé  que  sois  la  descendencia  de 
Abraham  y  pretendéis  matarme,  porque  mi  palabra  no  cabe  en  vosotros. 

Yo  no  digo  lo  que  he  visto  en  mi  Padre;  y  vosotros  hacéis  lo  que 
habéis  oído  de  vuestro  padre."  ^  Ellos  le  replicaron:  "Nuestro  padre  es 
Abraham."  Díceles  Jesús:  "Si  sois  hijos  de  Abraham,  haced  las  obras  de 
Abraham.  *^  Pero  ahora  pretendéis  matarme,  a  mí,  que  os  he  dicho  la  ver- 
dad que  oí  de  Dios:  esto  no  lo  hizo  Abraham.  Vosotros  hacéis  las  obras 
de  vuestro  padre."  Dijéronle:  "Nosotros  no  hemos  nacido  de  adulterio, 
tenemos  un  solo  padre:  Dios." 

Dijoles  Jesús:  "Si  Dios  fuera  vuestro  padre,  me  amaríais  a  mi:  pues 
yo  salí  y  vengo  de  Dios:  no  he  venido  por  mí  mismo,  sino  que  él  me  ha 
enviado.  ¿Por  qué  no  comprendéis  mis  palabras?  Porque  no  podéis  ad- 
mitir mi  doctrina.  **  El  padre  de  quien  vosotros  procedéis  es  el  diablo,  y 
queréis  hacer  lo  que  quiere  vuestro  padre.  Él  fué  homicida  desde  el  prin- 
cipio, y  no  se  mantuvo  en  la  verdad,  porque  no  hay  verdad  en  él.  Cuan- 
do dice  la  mentira,  habla  de  lo  suyo,  porque  es  mentiroso  y  el  padre  de 
la  mentira.  ^  A  mí,  en  cambio,  porque  digo  la  verdad,  no  me  creéis.  ¿Quién 
de  vosotros  puede  acusarme  de  pecado?  Si  digo  la  verdad,  ¿por  qué  no 
me  creéis?  ^' El  que  es  de  Dios,  oye  las  palabras  de  Dios:  vosotros  no  las 
oís  porque  no  sois  de  Dios." 

Los  judíos  respondieron  y  le  dijeron:  "¿No  decimos  con  razón  que 
eres  samaritano  y  endemoniado?"  ^®  Contestó  Jesús:  "Yo  no  tengo  demo- 
nio; sino  que  honro  a  mi  Padre,  mientras  que  vosotros  me  deshonráis  a  mí. 
^°  Yo  no  busco  mi  gloria:  hay  quien  la  busque  y  quien  juzgue.  "En  ver- 
dad, en  verdad  os  digo:  si  alguno  guarda  mi  palabra,  no  morirá  jamás." 
"Dijéronle  los  judíos:  "Ahora  hemos  conocido  que  tienes  un  demonio.  Mu- 
rió Abraham  y  los  profetas,  ¿y  tú  dices:  si  alguno  guarda  mi  palabra,  no 
morirá  jamás?  "  ¿Eres  tú  acaso  mayor  que  nuestro  padre  Abraham,  que 
murió?  También  los  profetas  murieron.  ¿Quién  pretendes  tú  ser?"  "  Con- 
testó Jesús:  "Si  yo  me  glorifico  a  mí  mismo,  mi  gloria  nada  vale:  quien 
me  glorifica  es  mi  Padre,  el  que  vosotros  decís  que  es  vuestro  Dios.  "  Pero 
no  le  conocéis;  yo,  en  cambio,  le  conozco.  Y  si  dijera  que  no  le  conozco, 
sería,  como  vosotros,  un  mentiroso:  pero  le  conozco,  y  guardo  su  palabra. 
^Abraham,  vuestro  padre,  saltó  de  gozo  cuando  vió  mi  día:  lo  vió,  y  se 


Notas:  N.  200 

8,29  no  me  deja,  lit.  no  me  ha  dejado.  Por  el  influjo  semita  el  aor. 
puede  significar:  nunca  me  dejó,  no  me  deja. 

8,56  cuando  vió.  El  ina  gr.  corresponde  aquí  probablemente  al  di  ara- 
meo,  con  sentido  temporal,  cuando  vió.  También  podría  explicarse  por 
un  verbo  de  deseo :  saltó  de  gozo  con  el  deseo  de  ver,  con  la  idea  de  ver. 


EL    CIEGO   DE  NACIMIENTO 


245 


regocijó."  °' Dijéronle  los  judíos;  "Todavía  no  tienes  cincuenta  años,  ¿y 
has  visto  a  Abraham?"  Díjoles  Jesús:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo: 
antes  de  que  Abraham  existiera,  existo  yo."  ^®  Entonces  cogieron  piedras 
del  suelo  para  arrojarlas  contra  él:  pero  Jesús  se  escondió  y  salió  del 
templo. 

201.     El  ciego  de  nacimiento 
Jn  9,1-41 

^  Al  pasar  vió  a  un  hombre  ciego  de  nacimiento.  "  Sus  discípulos  le  pre- 
guntaron: "Maestro,  ¿quién  ha  pecado,  él  o  sus  padres,  para  que  naciese 
ciego?"  ^Contestó  Jesús:  "Ni  él  ha  pecado  ni  sus  padres;  sino  para  que 
se  manifiesten  en  él  las  obras  de  Dios.  *  Mientras  es  de  día,  debemos  tra- 
bajar en  las  obras  del  que  me  ha  enviado;  viene  la  noche,  cuando  nadie 
puede  trabajar.  ^Mientras  estoy  en  el  mundo,  soy  luz  del  mundo."  ^  Dicho 
esto,  escupió  en  el  suelo,  hizo  lodo  con  la  saliva,  le  aplicó  el  lodo  a  los 
ojos  "y  le  dijo:  "Vete  a  lavarte  en  la  piscina  de  Siloé" — ^que  quiere  decir 
enviado — .  Fué,  se  lavó  y  volvió  con  vista. 

*  Los  vecinos  y  los  que  le  habían  visto  antes,  pues  era  un  mendigo,  de- 
cían: "¿No  es  éste  el  que  se  sentaba  y  pedía  limosna?"  Unos  decían:  "Éste 
es":  ®  otros:  "No,  sino  que  se  le  parece."  Él  decía:  "Soy  yo."  "Entonces 
le  preguntaban:  "¿Pues  cómo  se  te  han  abierto  los  ojos?"  "Contestó  él: 
"Ese  hombre  que  se  llama  Jesús  hizo  lodo,  me  untó  los  ojos  y  me  dije: 
Ve  a  Siloé  y  lávate:  fui,  me  lavé  y  veo."  "Ellos  le  preguntaron:  "¿Dónde 
está  él?"  Contestó:  "No  lo  sé."  "Llevaron  a  la  presencia  de  los  fariseos 
al  ciego  de  antes.  "  Era  sábado  el  día  en  que  Jesús  hizo  lodo  y  abrió  sus 
ojos.  ^  Preguntáronle  nuevamente  los  fariseos  cómo  había  recobrado  la 
vista.  Él  les  contestó:  "Me  puso  lodo  sobre  los  ojos,  me  lavé  y  veo."  "En- 
tonces algunos  de  los  fariseos  decían:  "Este  hombre  no  viene  de  Dios,  pues 
no  guarda  el  sábado";  pero  otros  replicaban:  "¿Cómo  puede  un  pecador 
hacer  semejantes  prodigios?"  Y  había  división  entre  ellos. 

Otra  vez  preguntaron  al  ciego:  "¿Tú  qué  dices  de  este  que  te  há 
abierto  los  ojos?"  Contestó  él:  "Que  es  un  profeta."  ^®  No  creyeron  los 
judíos  que  había  estado  ciego  y  que  había  recobrado  la  vista  hasta  que 
llamaron  a  sus  padres  ^®  y  les  preguntaron:  "¿Es  éste  el  hijo  vuestro,  que 
decís  que  ha  nacido  ciego?  Pues  ¿cómo  ve  ahora?"  ^  Los  padres  respon- 
dieron: "Sabemos  que  éste  es  nuestro  hijo  y  que  nació  ciego,  ^  pero  cómo 
ve  ahora,  no  lo  sabemos,  y  quién  es  el  que  le  ha  abierto  los  ojos,  tampoco 
lo  sabemos.  Preguntádselo  a  él,  edad  tiene,  y  él  hablará  de  sí  mismo." 
^  Los  padres  hablaban  de  este  modo  porque  tenían  miedo  a  los  judíos;  pues 
ya  los  judíos  habían  determinado  que,  si  alguno  le  reconocía  como  Me- 
sías, fuese  expulsado  de  la  sinagoga.  "Por  eso  sus  padres  dijeron;  edad 
tiene,  preguntádselo  a  él.  ^  Llamaron,  pues,  por  segunda  vez  al  que  había 
estado  ciego  y  le  dijeron;  "Da  gloria  a  Dios,  nosotros  sabemos  que  este 
hombre  es  un  pecador."  ^Contestó  él;  "Si  es  pecador,  yo  no  lo  sé;  lo  que 
sí  sé  es  que  yo  estaba  ciego  y  ahora  veo."  ^  Preguntáronle  de  nuevo; 
"¿Qué  es  lo  que  hizo?  ¿Cómo  abrió  tus  ojos?"  "Les  respondió:  "Ya  os 
lo  he  dicho,  y  no  lo  habéis  creído:  ¿a  qué  queréis  oírlo  de  nuevo?"  ¿Acaso 
queréis  haceros  sus  discípulos?"  ^  Ellos  le  insultaron  y  le  dijeron:  "Tú 
eres  su  discípulo,  nosotros  somos  discípulos  de  Moisés.  ^  Nosotros  sabe- 
mos que  Dios  habló  a  Moisés;  éste  no  sabemos  de  dónde  es."  "Él  les  re- 
plicó: "En  esto  está  lo  admirable,  que  vosotros  no  sabéis  de  dónde  es,  y 
me  ha  abierto  a  mí  los  ojos.  ^  Sabemos  que  Dios  no  escucha  a  los  peca- 


246 


EL   TERCER  AÑO 


dores,  sino  que  escucha  a  quien  es  piadoso  y  hace  su  voluntad.  ^  Jamáí 
se  ha  oído  decir  que  nadie  haya  abierto  los  ojos  a  un  ciego  de  nacimien- 
to. ^  Si  éste  no  viniera  de  Dios,  no  podría  hacer  nada."  Ellos  le  contes- 
taron: "Has  nacido  todo  en  pecado,  ¿y  tú  nos  enseñas  a  nosotros?"  Y  le 
echaron  fuera. 

^  Oyó  Jesús  que  le  habían  echado  fuera,  y,  habiéndolo  encontrado,  le 
dijo:  "¿Tú  crees  en  el  Hijo  del  hombre?"  Él  respondió:  "¿Quién  es,  Se- 
ñor, para  que  crea  en  él?"  ^  Jesús  le  dijo:  "Le  estás  viendo  y  es  el  que 
habla  contigo."  ®  Dijo  él:  "Creo,  Señor",  y  le  adoró. 

"Entonces  dijo  Jesús:  'Para  un  juicio  he  venido  yo  a  este  mundo,  para 
que  los  que  no  ven,  vean,  y  los  que  ven,  queden  ciegos."  Oyeron  esto 
algunos  de  los  fariseos  que  se  encontraban  con  él,  y  le  dijeron:  "¿Es  que 
nosotros  somos  ciegos?"  ''^Respondióles  Jesús:  "Si  fueseis  ciegos,  no  ten- 
dríais pecado:  pero  ahora  decís:  vemos.  Vuestro  pecado  permanece." 

202.    El  Buen  Pastor 
Jn  10,1-21 

^  "En  verdad,  en  verdad  os  digo:  quien  no  entra  por  la  puerta  en  el 
redil  de  las  ovejas,  sino  que  salta  por  otra  parte,  es  un  ladrón  y  un  sal- 
teador: °  el  que  entra  por  la  puerta  es  pastor  de  las  ovejas.  ése  le 
abre  el  guardián,  y  las  ovejas  oyen  su  voz,  y  llama  a  sus  ovejas  por  su 
nombre  y  las  saca  afuera.  *  Cuando  ha  sacado  todas  las  suyas  camina  de- 
lante de  ellas,  y  las  ovejas  le  siguen,  porque  conocen  su  voz.  ^  A  un  extra- 
ño no  le  siguen,  sino  que  huyen  de  él,  porque  no  conocen  la  voz  de  los 
extraños."  ''Esta  parábola  les  propuso  Jesús;  pero  ellos  no  comprendieron 
lo  que  les  quería  decir. 

"  Entonces  Jesús  les  dijo  de  nuevo:  "En  verdad,  en  verdad  os  digo:  yo 
soy  la  puerta  de  las  ovejas.  Todos  los  que  vinieron  antes  de  mí,  son  la- 
drones y  salteadores:  pero  las  ovejas  no  los  escucharon.  ''Yo  soy  la  puer- 
ta: si  alguno  entra  por  mí,  se  salvará,  entrará  y  saldrá  y  encontrará  pasto. 


Notas:  N.  201 

Jn  9,39  un  juicio,  lit.  una  separación,  discriminación.  Se  trata  de  la 
realización  de  un  plan  divino. 

El  lugar  de  la  escena  estaría  cerca  del  templo.  Tal  vez  en  la  puerta 
meridional.  La  piscina  de  Siloé  no  distaba  mucho  de  allí.  Había  sido 
construida  por  el  rey  Ezequías,  a  fines  del  siglo  VHI,  y  se  abastecía, 
entonces  como  hoy,  del  agua  de  la  fuente  Gihon,  por  un  canal,  que  San 
Juan  llama  enviado,  y  que  nosotros  diríamos  emisario.  En  memoria  del 
milagro,  la  emperatriz  Eudoxia  construyó  en  el  siglo  V  una  basílica,  de 
la  que  aún  quedan  ruinas.  Esta  piscina  de  Ezequías  estaba  dentro  de  los 
muros  de  la  ciudad,  para  el  abastecimiento  de  agua  en  tiempos  de  guerra. 
Heredes  la  rodeó  de  un  elegante  pórtico.  El  canal  excavado  en  la  roca 
se  conserva  todavía.  La  fuente  Gihon  o  de  la  Señora  María,  que  lo 
abastece,  se  halla  al  este  del  monte  Moria,  dentro  del  barranco  Cedrón, 
cubierta  por  un  edificio  rectangular.  Para  bajar  al  agua  hay  unas  esca- 
leras. Hoy  es  muy  frecuentada  por  las  beduínas  de  Siloé,  pueblecito  cer- 
cano. A  la  piscina  de  Ezequías  había  precedido  otra,  que  está  convertida 
en  un  huerto,  y  que  es  posible  fuese  de  los  iebuseos.  Cf.  A.  FERisTÁNDEy.. 
Vida  de  J.  C.  p.341. 


LA   VENIDA   DEL    REINO   DE  DIOS 


247 


"  El  ladrón  no  viene  sino  para  robar,  matar  y  destruir.  Yo  vine  para 
que  tengan  vida,  y  vida  sobreabundante. 

'"Yo  soy  el  buen  pastor.  El  buen  pastor  da  su  vida  por  las  ovejas: 
el  mercenario,  que  no  es  pastor  de  las  ovejas,  en  viendo  venir  al  lobo, 
abandona  a  las  ovejas  y  huye,  y  el  lobo  las  arrebata  y  las  dispersa,  por- 
que es  mercenario  y  no  se  interesa  por  las  ovejas.  "  Yo  soy  el  buen 
pastor,  y  conozco  a  mis  ovejas,  y  las  mías  me  conocen  a  mí..  ^  Como 
el  Padre- me  conoce  a  mí,  yo  conozco  al  Padre  y  doy  mi  vida  por  mis 
ovejas.  Y  tengo  otras  ovejas,  que  no  son  de  este  redil:  y  es  necesario 
que  yo  también  las  reúna,  y  oirán  mi  voz  y  habrá  un  solo  rebaño  y  un 
solo  pastor.  El  Padre  me  ama  por  esto:  porque  doy  mi  vida  y  la  reco- 
bro de  nuevo.  Nadie  me  la  quita,  sino  que  yo  la  doy  por  mí  mismo. 
Tengo  poder  para  darla  y  poder  para  recobrarla  de  nuevo:  tal  es  el  man- 
dato que  he  recibido  de  mi  Padre." 

De  nuevo  se  produjo  división  entre  los  judíos  por  estos  discursos. 
'"Muchos  decían:  "Es  un  endemoniado  y  está  loco,  ¿por  qué  le  escucháis?" 
^  Otros  decían:  "Estas  cosas  no  son  de  un  endemoniado,  ¿acaso  puede 
el  demonio  abrir  los  ojos  de  los  ciegos?" 

203.    La  venida  del  reino  de  Dios 
Le  17,20-37 

^  Preguntado  por  los  fariseos  cuándo  había  de  venir  el  reino  de  Dios, 
les  respondió:  "No  viene  el  reino  de  Dios  aparatosamente,  ni  dirán:  helo 
aquí  o  allí:  porque  el  reino  de  Dios  está  dentro  de  nosotros."  ^Y  dijo  a 
los  discípulos:  "Tiempo  vendrá  en  que  deseéis  ver  uno  solo  de  los  días 
del  Hijo  del  hombre,  y  no  lo  veréis.  Y  os  dirán:  está  allí,  está  aquí: 
no  vayáis  ni  os  precipitéis.  ^  Porque  como  el  relámpago  fulgura  en  una 
parte  del  cielo  y  brilla  hasta  la  otra,  así  será  el  Hijo  del  hombre  en  su 
día.  ^  Pero  primero  es  necesario  que  padezca  mucho  y  que  sea  reprobado 
por  esta  generación.  ^  Y  como  sucedió  en  los  días  de  Noé,  así  sucederá 
en  los  días  del  Hijo  del  hombre.  Comían,  bebían,  se  casaban  y  celebra- 
ban bodas,  hasta  el  día  en  que  Noé  entró  en  el  arca  y  vino  el  diluvio,  que 
los  mató  a  todos.  ^  Como  sucedió  también  en  tiempo  de  Lot:  comían,  be- 
bían, compraban,  vendían,  plantaban,  edificaban;  pero  el  día  en  que  Lot 
salió  de  Sodoma,  llovió  fuego  y  azufre  del  cielo  y  los  mató  a  todos.  Lo 
mismo  sucederá  el  día  en  que  aparezca  el  Hijo  del  hombre.  ^  En  aquel 
día  el  que  esté  en  la  terraza  y  tenga  sus  cosas  en  la  casa,  no  baje  a  co- 


Notas:  N.  202 

Esta  parábola-alegoría  está  íntimamente  unida  con  la  curación  del 
ciego,  como  se  ve  por  10,6,  donde  Jesús  se  dirige  al  mismo  auditorio. 
En  10,21  se  hace  alusión  al  milagro  del  ciego.  La  escena  que  Jesús  des- 
cribe era  conocida  de  cualquier  judío,  porque  estat-a  compenetrada  con 
la  historia  y  la  vida  del  pueblo.  Aun  hoy  día,  desde  las  afueras  de  Je- 
rusalén  se  ven  los  pastores  salir  por  las  mañanas  y  entrar  por  las  tardes, 
yendo  delante  de  sus  ovejas. 

10,17-  Y  la  recobro  de  nuevo.  La  partícula  ina  expresa  aquí,  más  que 
fin,  una  circunstancia  de  la  muerte  del  Señor.  Muere  y  resucitará.  El  pre- 
cepto del  Padre  abarcaba  ambas  cosas :  la  muerte  y  la  resurrección.  Am- 
bas cosas  eran  también  necesarias  para  nuestra  justificación. 


248 


EL  TERCER  AÑO 


gerlas;  y  lo  mismo  el  que  esté  en  el  campo,  no  vuelva  atrás.  ^  Acordaos 
de  la  mujer  de  Lot.  ^  Quien  pretenda  conservar  su  vida,  la  perderá,  y 
quien  la  pierda,  la  conservará.  ^  Yo  os  digo:  aquella  noche  habrá  dos  en 
un  mismo  lecho:  uno  será  tomado,  el  otro  dejado;  *  habrá  dos  moliendo 
juntas:  una  será  tomada  y  la  otra  dejada."  *  Entonces  le  preguntaron: 
"¿Dónde,  Señor?"  Y  les  contestó:  "Donde  esté  el  cuerpo,  allí  se  reunirán 
las  águilas." 

204.    Parábola  del  juez  inicuo 
Le  18,1-8 

^  Y  les  propuso  una  parábola  sobre  la  conveniencia  de  orar  continua- 
mente y  no  desfallecer.  ^  "Había  en  una  ciudad  un  juez  que  no  temía  a 
Dios  ni  respetaba  a  los  hombres.  ^  Vivía  en  aquella  misma  ciudad  una 
viuda,  que  vino  a  su  casa  y  le  dijo:  Hazme  justicia  contra  mi  adversario. 
*  Durante  algún  tiempo  él  se  negó:  pero  después  pensó  para  sus  adentros: 
Aunque  no  temo  a  Dios  ni  respeto  a  los  hombres,  ^  sin  embargo,  como  esta 
viuda  me  importuna,  le  haré  justicia,  para  que  no  me  moleste,  viniendo 
constantemente."  "Y  dijo  el  Señor:  "Fijaos  en  lo  que  dice  el  juez  injusto. 
'  Y  Dios,  ¿no  va  a  hacer  justicia  a  sus  escogidos,  que  claman  a  él  día  y 
noche,  y  les  hará  esperar?  ^  Os  aseguro  que  les  hará  justicia  prontamen- 
te. Pero,  cuando  venga  el  Hijo  del  hombre,  ¿por  ventura  encontrará  la 
fe  sobre  la  tierra?" 

205.     Parábola  del  fariseo  y  del  publicano 
Le  18,9-14 

®  Dijo  además  esta  parábola  para  algunos  que  presumían  de  justos  y 
menospreciaban  a  los  demás:  "Dos  hombres  subieron  al  templo  a  hacer 
oración,  el  uno  fariseo  y  el  otro  pubhcano.  "  El  fariseo,  de  pie,  hacía  in- 
teriormente esta  oración:  "¡Oh  Dios;  te  doy  gracias  porque  no  soy  como 
los  otitis  hombres,  ladrones,  injustos,  adúlteros,  o  como  ese  pubhcano. 


Notas:  N.  203 

17,37  Las  águilas,  también  podría  traducirse  por  buitres.  El  prover- 
bio se  emplea  aquí  para  significar  el  entusiasmo  con  que  los  escogidos 
correrán  hacia  Jesús  el  día  de  su  venida.  Cf.  1  Tes  4,17,  que  ha  omitido 
la  comparación.  El  lugar  paralelo  de  este  verso  es  Mt  24,28  (n.254). 

Como  lugar  paralelo  de  Le  17,24.25,  cf.  Mt  24,23-27;  Le  17.26-30=Mt 
24,37;  Le  17,31  =  Mt  24,17-18;  Le  17.33  =  Mt  10.39;  Le  17,34-36  =  Mt 
24,40-41. 

Como  se  ve,  San  Mateo  ha  reunido  en  el  discurso  eseatológico  estas 
sentencias. 

N.  205 

En  18,14  termina  la  sección  exclusivamente  lueana  de  los  viajes.  Aun- 
que el  viaje,  propiamente  tal,  no  termina  hasta  la  entrada  en  Jerusalén. 
Consideramos  como  sucedido  en  Jerusalén  Le  17,20-18,14,  porque  toda 
esa  doctrina  cuadra  con  el  marco  del  templo  y  con  los  oyentes  de  Jeru- 
salén. Le  17,20-37  corresponde  al  discurso  eseatológico,  que  pondrá  San 
Mateo  en  la  última  semana. 


EN  LA  FIESTA  DE  LA  DEDICACIÓN 


249 


"Ayuno  dos  veces  por  semana,  pago  el  diezmo  de  todo  lo  que  poseo." 
"El  publicano,  en  cambio,  quedándose  a  distancia,  no  se  atrevía  ni  a  le- 
vantar sus  ojos  al  cielo;  sino  que  golpeaba  su  pecho  diciendo:  "¡Oh  Dios; 
ten  piedad  de  mí,  pecador."  "Os  aseguro  que  éste  bajó  justificado  a  su 
casa,  a  diferencia  del  otro:  porque  todo  el  que  se  ensalza,  será  humillado, 
y  quien  se  humilla,  será  ensalzado." 


206.     En  la  fiesta  de  la  Dedicación 
Jn  10,22-39 

""Llegó  entonces  la  fiesta  de  la  Dedicación  on  Jerusalén:  era  invier- 
no y  se  paseaba  Jesús  en  el  templo,  en  el  pórtico  de  Salomón.  ^  Rodeá- 
ronle los  judíos  y  le  dijeron:  "¿Hasta  cuándo  nos  tendrás  en  la  incertidum- 
bre?  Si  eres  el  Mesías,  dínoslo  claramente."  ^Respondióles  Jesús:  "Os  lo 


Notas:  N.  205 

18,1-^8  es  una  parábola  que  describe  muy  al  fondo  la  maldad  de  los 
escribas  y  fariseos,  y  que  abundaban  más  en  Jerusalén. 

18,9-14  es  otra  parábola  que  se  explica  perfectamente  en  Jerusalén, 
cuyo  templo  era  el  lugar  por  excelencia  para  la  oración.  El  mismo  texto 
dice  que  se  trata  de  dos  hombres  que  subieron  al  templo  para  orar.  Es 
razonable  que  Jesús  expusiera  esta  parábola  en  el  templo,  como  la  pará- 
bola del  buen  samaritano  la  propone  en  el  camino  de  Jericó  a  Jerusalén. 

N.  206 

Bastantes  autores  suponen  que  Jesús  volvió  a  Galilea  después  de  los 
Tabernáculos,  En  el  texto  de  San  Juan  nosotros  no  encontramos  funda- 
mento para  este  viaje. 

Jn  8,1-10,21  tiene  lugar  en  Jerusalén  y  pasada  ya  la  fiesta  de  los  Ta- 
bernáculos. Y  San  Juan,  que  suele  indicar  el  cambio  de  escenario,  aquí 
no  dice  que  el  Señor  volviera  a  Galilea,  ni  lo  da  a  entender  de  ninguna 
manera.  Ahora  (10,22),  sin  interrupción  ni  advertencia  ninguna,  nos  sigue 
hablando  de  Jesús  en  el  templo  con  motivo  de  la  Dedicación.  Esta  fiesta 
no  era  de  las  llamadas  de  peregrinación.  No  había  motivo,  por  razón  de 
ella,  para  subir  a  Jerusalén.  Encontrándose  en  Jerusalén,  se  explica  que 
asistiera  a  los  actos  que  tenían  lugar  en  el  templo. 

Otros  autores  suponen  que,  después  de  los  Tabernáculos,  se  retiró  el 
Señor  a  Perea.  Esto  es  posible,  y  tiene  más  fundamento  en  el  texto  de 
San  Juan,  que  dice  después:  "Se  fué  de  nuevo  al  otro  lado  del  Jordán" 
(10,40). 

Con  todo,  el  texto  no  obliga  a  admitir  esta  ida  a  Perea,  porque  a  con- 
tinuación añade  "al  sitio  donde  al  principio  había  bautizado  Juan".  Es  de- 
cir, que,  si  después  de  la  Dedicación  va  de  nuevo  a  Perea,  es  por  relación 
a  la  estancia  del  principio. 

Dada  la  poca  distancia  que  había  entre  la  fiesta  de  los  Tabernáculos 
(octubre)  y  la  fiesta  de  la  Dedicación  (principios  de  diciembre),  que  San 
Juan  no  dice  que  Jesús  se  marcha  ni  que  viene  después,  y  que  todo  lo 
que  cuenta  desde  el  principio  del  c.8  tiene  lugar  en  Jerusalén  después  de 
la  fiesta  de  los  Tabernáculos,  creemos  más  probable  que  el  Señor  no  se 
ha  retirado  de  Jerusalén  y  sus  alrededores  en  este  tiempo,  y  que  allí  le 
coge  la  fiesta  de  la  Dedicación, 


250 


EL  TERCER  AÑO 


he  dicho  y  no  creéis:  las  obras  que  yo  hago  en  nombre  de  mi  Padre  son 
las  que  dan  testimonio  de  mí :  ^  pero  vosotros  no  creéis,  porque  no  sois 
de  mis  ovejas.  ^  Mis  ovejas  oyen  mi  voz;  yo  las  conozco  y  ellas  me  si- 
guen, ^  y  yo  les  doy  la  vida  eterna,  y  no  perecerán  jamás,  y  nadie  las 
arrebatará  de  mi  mano.  ^  Mi  Padre,  que  me  las  dió,  es  mayor  que  todos, 
y  nadie  puede  arrebatarlas  de  la  mano  de  mi  Padre.  **  Yo  y  mi  Padre  so- 
mos una  cosa." 

^  De  nuevo  los  judíos  cogieron  piedras  para  apedrearlo.  ^  Jesús  les 
dijo:  "Muchas  obras  buenas  os  he  mostrado  del  Padre:  ¿por  cuál  de  estas 
obras  queréis  apedrearme?"  ^^Contestáronle  los  judíos:  "No  te  apedrea- 
mos por  ninguna  obra  buena,  sino  por  una  blasfemia,  porque  tú,  siendo 
un  hombre,  te  haces  Dios."  ^Contestóles  Jesús:  "¿No  está  escrito  en  vues- 
tra ley:  yo  dije,:  dioses  soisl  Si  llama  dioses  a  aquellos  a  quienes  fué 
dirigida  la  palabra  de  Dios,  y  no  puede  fallar  la  Escritura,  ^  ¿aquel  a 
quien  el  Padre  ha  ungido  y  enviado  al  mundo,  vosotros  decís  que  blasfe- 
ma, porque  he  dicho:  yo  soy  hijo  de  Dios?  Si  no  hago  las  obras  de  mi 
Padre,  no  me  creáis.  *  Pero  aunque  las  hago,  si  no  me  creéis  a  mí,  creed 
a  las  obras,  para  que  sepáis  y  conozcáis  que  el  Padre  está  en  mí,  y  yo 
en  el  Padre."  ^  Pretendían  nuevamente  apresarlo  por  esto,  pero  se  escapó 
de  sus  manos. 

207.     Pasa  a  Perca 


Jn  10,40 

Se  fué  de  nuevo  al  otro  lado  del  Jordán,  al  sitio  donde  al  principio 
había  bautizado  Juan,  y  allí  se  quedó. 


Mt  19,2 

Y  le  se- 
guía mucha 
gente  y  los 
curó  allí, 


208.     La  gente  se  congrega  en  torno  a  él 

Jn  10,41.42 

'Y  venían  muchos  a  él  y  decían: 


Me  10,1b 

Y  de  nuevo  se  con- 
gregó en  torno  suyo  la 
gente  y,  como  solía,  otra 
vez  les  enseñaba. 


"Juan  no  hizo  ningún  milagro,  pero 
todo  lo  que  dijo  de  éste  era  verdad.  " 
*'  Y  allí  muchos  creyeron  en  él. 


Notas:  N.  207 

Esta  estancia  en  Perea  es  la  misma  que  apuntan  los  dos  primeros  Si- 
nópticos cuando  hablan  de  que  Jesús  se  retira  definitivamente  de  Galilea 
(Alt  19,1  ;  Me  10,1).  Las  características  son  las  mismas,  como  se  puede 
apreciar  comparando  los  textos  del  siguiente  apartado. 

N.  208 

Esta  estancia  en  Perea  tiene  las  siguientes  características:  no  es  de 
paso,  sino  de  asiento;  y  allí  se  quedó  (Jn  10,40).  Se  congrega  mucha  gen- 
te en  torno  a  él,  enseña  y  obra  milagros.  Aíuchos  creyeron  en  él.  Las  ana- 
logías entre  San  Juan  y  los  dos  primeros  evangelistas  son  palpables. 

Hasta  aquí  Mt-Mc  han  omitido  lo  que  ha  pasado  en  Jerusalén,  y  Juan 
nos  lo  ha  contado.  Ahora,  al  revés,  Juan  omitirá  lo  que  pasa  en  Perea,  y 
los  Sinópticos  nos  dirán  algo  de  lo  que  allí  enseñó  el  Señor. 

A  Perea  ha  debido  venir  desde  Jerusalén,  como  dice  San  Juan,  y  ca- 
sando por  Betania.  Así  se  explica  también  cómo  las  hermanas  de  Lázaro 
sabían  dónde  estaba  Jesús. 


251 


209.  indisolubilic 

Mt  19,3-10 

'Unos  fariseos,  que  pretendían 
tentarle,  se  acercaron  a  él  y  le  dije- 
ron: "¿Es  lícito  repudiar  a  su  mujer 
por  un  motivo  cualquiera?"  ■*  Y  él  les 
respondió:  "¿No  habéis  leído  que  el 
que  los  creó  al  principio  los  hizo 
hombre  y  mu]ef?  ^  Y  dijo:  Por  eso  de- 
jará el  - hombre  al  padre  y  a  la  ma- 
dre y  se  juntará  a  su  esposa,  y  serán 
los  dos  una  sola  carne.  ^  De  manera 
que  no  son  ya  dos,  sino  una  sola 
carne.  Pues  bien,  lo  que  Dios  unió, 
no  lo  separe  el  hombre."  ''Dicenle: 
"Entonces,  ¿por  qué  Moisés  prescri- 
bió dar  certificado  de  divorcio  y  re- 
pudiarla?" ^Díjoles:  "Porque  Moisés, 
por  consideración  a  vuestro  carácter 
duro,  os  permitió  repudiar  a  vuestras 
esposas,  pero  al  principio  no  sucedía 
así."  ^  Ahora  bien,  yo  os  aseguro  que 
el  que  repudie  a  su  mujer,  salvo  ca- 
so de  fornicación,  y  se  case  con  otra, 
comete  adulterio."  Dicenle  sus  discí- 
pulos: "Si  tal  es  la  condición  del  hom- 
bre con  la  mujer,  no  conviene  casarse." 


ad  del  matrimonio 

Me  10,2-12 

'  Acercáronse  los  fariseos  y  le  pre- 
guntaron, con  intención  de  probarle 
si  era  lícito  al  hombre  repudiar  a  su 
mujer.  ^  Les  contestó:  "¿Qué  es  lo 
que  os  mandó  Moisés?"  *  Respondie- 
ron ellos:  "Moisés  permitió  que  se 
escribiese  un  certificado  de  divorcio 
y  repudiarla.  "  ^  Jesús  les  dijo:  "Este 
mandamiento  lo  escribió  por  vuestra 
dureza  de  corazón.  Pero  al  princi- 
pio de  la  creación.  Dios  los  hizo  hom- 
bre y  mujer.  '  Por  lo  cual  dejará  el 
hombre  a  su  padre  y  a  su  madre,  y 
se  unirá  a  su  mujer,  *  y  los  dos  ven- 
drán a  ser  una  sola  carne.  De  mane- 
ra que  ya  no  son  dos,  sino  una  sola 
carne.  Pues  bien,  lo  que  Dios  unió, 
que  no  lo  separe  el  hombre."  De 
nuevo  en  casa,  le  preguntaron  los  dis- 
cípulos sobre  el  mismo  asunto,  "  y 
les  dijo:  "Quien  repudia  a  su  mujer  y 
se  casa  con  otra,  adultera  contra  aqué- 
lla: y,  si  ella  repudia  a  su  marido 
y  se  casa  con  otro,  comete  adul- 
terio. 


Notas:  N.  209 

Tanto  aquí  (Mt  19,9)  como  en  5,32  hemos  dejado  a  la  palabra  griega 
(porneia)  su  sentido  general  de  fornicación.  El  sentido  particular  y  con- 
creto que  se  le  debe  dar  es  muy  discutido  en  los  autores.  El  P.  Páramo 
le  da  el  sentido  de  concubinato,  siguiendo  al  P.  Bonsirven,  Le  divorce 
dans  le  N.T.  (París  1948).  Cf.  etiam  J.  Bonsirven,  Nisi  fornicationis  causa. 
Comment  resondre  cette  crux  interpretum:  RScR  35  (1948)  442-464,  don- 
de explica  más  brevemente  la  misma  sentencia  que  defiende  en  el  libro. 

Otros  autores  hablan  del  caso  particular  de  incesto.  Cf.  Zorell,  Lexi- 
cón graecum,  sub  voce  porneia.  Otros  hablan  de  fornicación  en  general. 
Cf .  Larrañaga,  San  Mateo  y  la  indisolubilidad  del  matrimonio  cristiano : 
VV  7  (1949)  53-74.  Admite  como  auténtico  el  inciso  excepta  fornicationis 
causa  en  Mt  5,32,  y  explica  así  el  texto:  todo  el  qiue  dajibelo  de  repudio, 
a  no  ser  en  caso  de  que  ella  haya  fornicado,  es  responsable  del  adulterio 
que  ella  puede  cometer  casándose  con  otro.  Pero  no  dice  nada  de  que  el 
marido  pueda  o  no  casarse.  En  Mt  19,9  el  inciso  nisi  ob  fornicationis  cau- 
sam  es  espúreo,  y  el  texto  sólo  dice:  todo  el  que  repudia  a  su  mujer  y  se 
casa  con  otra,  comete  adulterio. 


LL   TtRCER  ANO 


210.     La  virginidad  cristiana 
Mt  19,11-12 

^' Dijoles  él:  "No  todos  comprendtn  este  lenguaje,  solamente  aquellos 
a  quienes  se  les  concede.  ^"  Porque  hay  eunucos  que  han  nacido  así,  y  hay 
eunucos  por  la  acción  de  los  hombres,  y  hay  eunucos  voluntarios,  en  or- 
den al  reino  do  los  ciclos.  Entienda  el  que  pueda  entender.' 

211.     Bendice  a  los  niños 


Mt  19,13-15 

Entonces  le  pre- 
sentaron unos  niños 
para  que  les  impusie- 
ra las  manos  y  orase 
por  ellos;  pero  los 
discípulos  les  reñían. 

Jesús  les  dijo:  "De- 
jad a  estos  niños  y  no 
les  impidáis  que  ven- 
gan a  mi,  porque  de 
los  tales  es  el  reino 
de  los  cielos."  "  Y 
después  que  puso  las 
manos  sobre  ellos,  par- 
tió de  allí. 


I  Me  10,13-16 

Querían  presentarle  unos 
niños  para  que  los  tocase: 
pero   los   discípulos   les  re- 
prendían. "  Como  lo  viese 
Jesús,  se  disgustó  y  les  dijo: 
I  D  e  j  a  d  que  los  niños  se 
¡acerquen  a  mi:  y  no  los  im- 
I  pidáis:  porque  de  los  tales 
'  es    el   reino   de   los  cielos, 
j     Yo  os  aseguro  que  quien 
no  recibe  el  reino  de  Dios 
como  un  niño,  no  entrará  en 
él."     Y  abrazándolos  y  po- 
niendo las  manos  sobre  ellos, 
los  bendecía. 


Le  18,15-17 

I     "  Querían    presen - 
I  tarle  a  los  niños  para 
j  que  los  tocase:  y  los 
I  discípulos,   al  verlos, 
les  reñían.  ^*  Jesús  los 
llamó,  diciendo:  "De- 
jad que  los  niños  ven- 
gan a  mí  y  no  los  im- 
pidáis: porque  de  los 
tales   es  el  reino  de 
Dios.     En  verdad  os 
digo  que,  quien  no  re- 
ciba como  un  niño  el 
reino  de  Dios,  no  en- 
trará en  él."' 


212.     El  jaren  rico 


Mt  19,16-30 


"  Se  le  acercó  uno  y  le 
dijo:  "Maestro,  ¿qué  bien 
he  de  hacer  para  obtener 
1  a  vida  eterna?'.'  Él  le 
respondió:  "¿Por  qué  me 
preguntas  sobre  lo  bueno- 
Uno  es  el  bueno.  Si  quie- 
res entrar  en  la  vida,  guar- 
d  a  los  mandamientos.  " 
**Dícele:  "•Cuáles;'"  Y  Je- 


Mc  10,17-31 

'  ^'  Había  salido  de  cami- 
'  no.  y  corrió  uno,  que  se  le 
arrodilló  y  le  decía: 
"Maestro  bueno,  ¿qué  haré 
para  poseer  la  vida  eter- 
na?" Jesús  le  respondió: 
"¿Por  qué  me  llamas  bue- 
no? Nadie  es  bueno  sino 
sólo  Dios.  "  Conoces  los 
mandamientos  :    No  mata- 


Le  18,18-30 


"  Cierto   prínci  - 
pe  le   preguntó  : 
I  *  Maestro    bueno  , 
¿qué  haré  para  po- 
I  seer  la  vida  eter- 
I  na?"  "  Jesús  le  di- 
I  jo:   "¿Por  qué  me 
I  llamas  bueno?  Na- 
die es  bueno  sino 
sólo  Dios.  ^  Cono- 


Notas:  N.  211 

Me  10,13;  Le  18,15  Querían  presentarle,  impf.  de  conato.  Lit.  le  pre- 
sentaban. 

Le  18.15.16  les  reñían,  les  llamó.  El  término  es  siempre  el  mismo: 
los  niños.  Los  apcSstoles  tratan  de  apartarlos  y  Jesús  los  llama. 

N.  212 

Mt  19,18    jué  dieiendo :  iit.  decía. 


EL  JOVEN  RICO 


253 


SUS  fué  diciendo:  "No  ma- 
tarás, no  cometerás  adulte- 
rio, no  robarás,  no  levan- 
tarás [also  testimonio, 
"  honra  al  padre  y  a  la 
madre,  amarás  a  fu  próji- 
mo como  a  ti  mismo.' 
^  Dícele  el  joven:  "Todas 
estas  cosas  las  he  guarda- 
do. ¿Qué  más  me  falta? 

Jesús  le  dijo:  "Si  quie- 
res ser  perfecto,  ve,  vende 
tus  bienes  y  da  a  los  po- 
bres, y  tendrás  un  tesoro 
en  el  cielo.  Ven  y  sigúe- 
me." "  Cuando  el  joven  oyó 
la  respuesta,  se  marchó 
triste.  Porque  poseía  mu- 
chos bienes.  J  e  s  ú  s  dijo 
entonces  a  sus  discípulos: 
■  En  verdad  os  digo  que  el 
rico  entrará  con  dificultad 
en  el  reino  de  los  cielos. 

Os  digo  más:  Más  fácil- 
mente entra  un  camello  por 
el  ojo  de  una  aguja,  que 
un  rico  en  el  reino  de 
Dios."  ^  Los  discípulos  que 
oyeron,  se  admiraron  mucho 
y  decían:  "¿Quién  puede, 
pues,  salvarse?"  ^  Jesús  los 
miró  y  dijo:  "  Para  los 
hombres  esto  es  imposible; 
pero  para  Dios,  todas  las 
cosas  son  posibles."  ^  Pe- 
dro habló  entonces  y  le  di- 
jo: "He  aquí  que  nosotros 


rás,  no  cometerás  adulterio, 
no  robarás,  no  levantarás 
/a/so  testimonio,  no  daña- 
rás, honra  al  padre  y  a  la 
madre.'  ""Él  le  dijo: 
"MBestro,  todas  estas  co- 
sas las  he  guardado  desde 
mi  juventud."  ''Jesús  le 
miró  fijamente,  lo  amó  y  le 
dijo:  ""Una  cosa  te  falta. 
Ve,  vende  cuanto  tienes  y 
dalo  a  los  pobres,  y  tendrás 
un  tesoro  en  el  cielo.  Ven 
y  sigúeme,  llevando  la 
cruz."  "  Él  puso  mala  cara 
con  la  respuesta  y  se  mar- 
chó triste.  Porque  tenía 
muchos  bienes. 

^  Jesús,  mirando  a  su  al- 
rededor, dijo  a  sus  discí- 
pulos: "¡Qué  difícilmente 
entrarán  en  el  reino  de 
Dios  los  que  tienen  rique- 
zas!" L  o  s  discípulos  se 
admiraban  de  sus  pala- 
bras. Pero  Jesús  volvió  a 
hablar  y  les  dijo:  '"Hijos, 
¡qué  difícil  es  para  los  que 
confian  en  las  riquezas  en- 
trar en  el  reino  de  Dios! 

Es  más  fácil  que  un  ca- 
mello entre  por  el  ojo  de 
la  aguja  que  un  rico  entre 
en  el  reino  de  Dios." 
"  '  Ellos  se  asombraron  más 
y  decían  entre  si:  "¿Y 
quién  puede  salvarse?" 
"'Jesús  los  miró  y  dijo: 


ees  los  manda- 
mientos  :  No  co- 
meterás adulterio  , 
no  matarás,  no  ro- 
barás, no  levanta- 
rás [also  testimo- 
n  i  o,  honra  a  tu 
madre."  Él  re  s- 
pondió:  "Todas  es- 
tas cosas  las  he 
guardado  desde  mi 
juventud."  "  Cuan- 
do lo  oyó  Jesús,  le 
contestó:  "Una  co- 
sa t  e  falta  aún : 
Vende  todas  1  a  s 
cosas  que  tienes  y 
distribúyelo  entre 
los  pobres.  Y  ten- 
drás un  tesoro  en 
el  cielo.  Ven  y  si- 
gúeme. Él,  cuan- 
do oyó  estas  co- 
sas, se  puso  triste, 
porque  e  r  á  muy 
rico.  ^*  Cuando  lo 
vió  Jesús,  dijo: 
"¡Qué  difícil  es 
que  los  ricos  en- 
tren en  el  reino  de 
Dios!  ^  Porque  es 
más  fácil  que  un 
camello  atrav  i  ese 
el  ojo  de  una  agu- 
ja que  un  rico  en- 
tre en  el  reino  de 
Dios."  ^  Dijeron 
los  que  le  oyeron: 
"¿Y    quién  puede 


Notas:  N.  212 

Mt  19,24  un  camello,  kámelos,  camelus.  Tal  vez  se  deba  leer  kámi- 
los  =  sirarab.  gml,  maroma,  soga  gruesa  de  navio. 

19^8  en  la  regeneración  puede  tener  un  sentido  estrictamente  escato- 
lógico  y  referirse  a  la  parusía  misma  de  Cristo,  al  final  de  los  tiempos,  o 
referirse  a  la  implantación  del  reino  de  Dios  por  la  Iglesia,  a  la  nueva  era 
mesiánica.  El  mundo  nuevo  y  futuro  ya  ha  empezado  con  la  Iglesia. 

Para  gobernar,  Ht.  para  juzgar.  Pero  en  la  Escritura  juzgar  es  sinó- 
nimo de  gobernar.  Los  jueces  eran  gobernadores.  Las  doce  tribus  pueden 
designar  el  Israel  nuevo  de  Dios,  la  Iglesia. 

Me  10,22  puso  mala  cara  es  traducción  Ht.  del  verbo  gr.  stugnazó,  po- 
ner cara  triste  o  contraer  el  rostro.  El  joven  no  disimuló  en  su  rostro  la 
impresión  desagradable  que  le  causó  la  respuesta  del  Señor. 


hemos  dejado  rodas  Las  ce-  | "  Para  los  hcnibres  es  im- 
sas  y  te  hemos  seguido :  \  posible,  pero  no  para  Dios. 
¿Qué  tendremos,  por  tan- i"*  Pedro  empero  a  decirle: 
toT"  'Jesús  les  dijo:  "En  |  "He  aqm  que  nosocros  he- 
verdad  os  digo  que  v'os-  I  mes  dejado  codas  las  cosas 
otros,  los  que  me  habéis  se-  |  y  te  hemos  seguido."'  ^  ]e- 
guido.  cuando  el  Hijo  delisús,  respondiendo,  dijo: 
hombre  se  siente  en  su  tro-  i  En  verdad  os  digo  que 
no  de  gloria,  en  la  regene-  j  no  hay  nadie  que  haya  de- 
ración, también  vosotros  os  i  jado  casa  o  hermanos  o 
sentaréis  en  doce  tronos  pa-  i  hermanas,  madre  o  padre, 
ra  gobernar  a  las  doce  tri-  hijos  o  campos  por  mi  y 
bus  de  Israel.  ^  Y  todo  el '  por  el  E\.-angelio  *  que  no 
que  deja  casas  o  hermanos  reciba  el  céntuplo  ahora, 
o  hermanas,  padre  o  madre  |  en  este  mundo,  en  casas, 
o  mujer,  hijos  o  campos  i  hermanos  y  hermanas,  y 
por  mí,  recibirá  el  céntu-  |  madres,  hijos  y  campos  con 
pío  y  poseerá  la  vida,  persecuciones,  y  en  el  otro 
eterna.  ¡mundo,  la  vida  etema. 

Muchos  de  los  prime-  ^  Y  muchos  de  los  pri- 
ros  serán  últimos,  y  de  los  meros  serán  últimos,  y  los 
últimos,  primeros."  j  últimos  serán  primeros. 

213.     Parábola  de  los  obreros  de  la  riña 
Mt  20,1-16 

^  "*E1  reino  de  los  cielos  es  semejante  a  un  amo  que  sale  muy  de  ma- 
ñana a  contratar  obreros  para  su  viña.  *  Habiéndose  convenido  con  los 
obreros  en  un  denario  por  dia,  los  envió  a  su  viña.  Como  saliese  haoa 
la  hora  de  tercia,  vió  a  otros  que  estaban  ociosos  en  la  plaza,  *  y  les  dijo: 

Id  también  vosotros  a  mi  viña  y  os  daré  lo  que  sea  justo.'  ^  Y  ellos 
fueron.  De  nuevo  salió  hacia  la  hora  sexta  y  nona  e  hizo  lo  mismo.  *  Salió 
también  a  eso  de  la  hora  undécima  y  encontró  otros  parados  y  les  dijo: 

¿Qué  hacéis  aquí  todo  el  día  ociosos?'  "  Dícenle:  "Nadie  nos  ha  contra- 
tado.' Díceles:  Id  también  vosotros  a  la  viña.'  *  Cuando  llegó  la  tarde, 
dice  el  señor  de  la  viña  a  su  administrador:  "Llama  a  los  obreros  y  dales 
el  jornal,  comenzando  por  los  últimos  hasta  los  primeros.'  ''Vinieron  los 
de  la  hora  undécima  y  recibieron  un  denario  cada  uno.  ^"  Cuando  llegaron 
los  primeros,  pensaron  que  recibirían  más:  pero  también  ellos  recibieron 
un  denario  cada  uno.  "  Y  después  de  recibirlo  murmuraban  contra  el  pa- 
trono diciendo:  ^  "Estos  últimos  han  trabajado  una  hora  y  los  has  igua- 
lado a  nosotros,  que  hemos  sufrido  el  peso  de  la  jomada  y  el  calor."  "Pero 
él  le  contestó  a  uno  de  ellos:  "Amigo,  ninguna  injusticia  te  hago:  ¿no 
has  convenido  conmigo  en  un  denario?  "Toma  lo  tuyo  y  vete:  quiero  dar 
a  éste  último  como  a  ti.  ^  ¿No  puedo  hacer  lo  que  quiero  con  lo  mío? 
¿O  tu  ojo  es  malo  porque  yo  soy  bueno? '  "  Así  los  últimos  serán  los  pri- 
meros, y  los  primeros,  los  últimos." 


Notas:   N.  213 

En  20,15  hemos  conservado  la  expresión  hebrea  tu  ojo  es  malo,  que  en- 
traña sentido  de  malevolencia  y  envidia. 


salvarse?'  "Él 
contestó:  "Lo  que 
es  imposible  para 
el  hombre,  es  poa- 
ble  para  Dios." 
"Pedro  dijo:  "He 
aquí  que  nosotras 
te  hemos  seguido, 
después  d  e  dejar 
nuestras  cosas." 
^  Él  les  dijo:  "En 
verdad  os  digo 
que  no  hay  nadie 
que  haya  dejado 
casa,  o  mujer,  o 
hermanos,  o  p  a  - 
dres.  o  hijos  por 
causa  del  reino  de 
Dios  *  que  no  re- 
ciba mucho  más  en 
este  siglo  y  la  vi- 
I  da  eterna  en  el  si- 
1  glo  venidero." 


LA  RESURRECCIÓN  DE  LÁZARO 


25 


214.     La  resurrección  de  Lázaro  ' 
Jn  11,1-46 

*  Había  un  enfermo,  Lázaro  de  Betania,  aldea  de  María  y  Marta,  su 
hermana.  ^  Era  María  la  que  ungió  al  Señor  con  ungüento  y  le  enjugó  los 
pies  con  sus  cabellos.  Su  hermano  Lázaro  estaba  enfermo.  ^  Enviáronle  a 
decir  las  hermanas:  "Señor,  el  que  tú  amas,  está  enfermo."  *  Al  oírlo,  Jesús 
dijo:  "Esta  enfermedad  no  es  de  muerte,  sino  para  la  gloria  de  Dios, 
para  que  el  Hijo  del  hombre  sea  glorificado  por  ella."  ^  Jesús  amaba  a 
Marta,  a  su  hermana  y  a  Lázaro.  ®  Después  que  oyó  que  estaba  enfermo, 
se  quedó  aún  dos  días  en  el  lugar  donde  estaba.  Después  dijo  a  los  dis- 
cípulos: "Vamos  otra  vez  a  Judea."  *  Dijéronle  los  discípulos:  "Maestro, 
te  buscaban  ahora  los  judíos  para  apedrearte,  ¡y  vas  otra  vez  allí?"  ''Con- 
testó Jesús:  "¿No  son  doce  las  horas  del  día?  Si  uno  camina  de  día,  no 
tropieza,  porque  ve  la  luz  de  este  mundo:  pero  si  uno  camina  de  noche, 
tropieza,  porque  no  tiene  luz."  "Dijo  esto  y  después  añadió:  "Lázaro, 
nuestro  amigo,  duerme:  pero  voy  a  despertarlo."  Dijéronle  los  discípulos: 
'Señor,  si  duerme,  sanará."  "Jesús  había  hablado  de  su  muerte:  pero  ellos 
creyeron  que  hablaba  del  sueño.  "Entonces  Jesús  les  dijo  claramente:  "Lá- 
zaro ha  muerto,  ^  y  por  vosotros  me  alegro  de  no  haber  estado  allí,  para 
que  creáis:  pero  vamos  a  él."  ^"Entonces  Tomás,  llamado  Dídimo,  dijo  a 
los  condiscípulos:  "Vamos  también  nosotros  para  morir  con  él." 

"  Cuando  llegó  Jesús,  Lázaro  llevaba  ya  cuatro  días  en  el  sepulcro. 
Está  Betania  cerca  de  Jerusalén,  como  a  unos  quince  estadios.  "  Y  ha- 
bían venido  muchos  judíos  a  casa  de  Marta  y  María  para  consolarlas 
por  su  hermano.  ^  Apenas  oyó  Marta  que  venía  Jesús,  salió  a  su  encuen- 
tro, y  María  seguía  sentada  en  casa.  Dice  Marta  a  Jesús:  "Señor,  si 
hubieses  estado  aquí,  no  hubiera  muerto  mi  hermano.  ^  Pero  todav-a  sé 
que  cualquier  cosa  que  tú  pidas  a  Dios,  te  la  concederá."  "  Dícele  Jesús: 
"Tu  hermano  resucitará."  ^  Dícele  Marta:  "Sé  que  resucitará  en  la  re- 
surrección del  último  día."  ^  Dícele  Jesús:  "Yo  soy  la  resurrección  y  la 
vida:  quien  cree  en  mí,  aunque  muera,  vivirá,  *y  todo  el  que  vive  y  cree 
en  mi,  no  morirá  jamás.  /Crees  tú  esto?"  ^  Dícele:  "Sí,  Señor,  yo  creo 
que  tú  eres  el  Mesías,  el  Hijo  de  Dios,  que  ha  venido  al  mundo." 

^  Dicho  esto,  fué  y  llamó  a  María,  su  hermana,  y  le  dijo  en  secreto: 
"El  Maestro  está  ahí  y  te  llama."  ^  Ella,  apenas  la  oyó,  se  levanta  rápi- 
damente y  va  a  él:  ^  pues  Jesús  no  había  llegado  aún  a  la  aldea,  sino 
que  estaba  todavía  en  el  sitio  donde  le  había  encontrado  Marta.  ^  Los  ju- 
díos que  estaban  con  ella  en  la  casa  consolándola,  viendo  a  María  le- 
vantarse y  salir  precipitadamente,  la  siguieron,  pensando  que  iba  al  se- 
pulcro a  llorar  allí.  ^  Apenas  llegó  María  donde  estaba  Jesús,  al  verle,  se 


Notas:  N.  214 

Las  hermanas  de  Lázaro  sabían  aue  Jesús  estaba  en  Perea.  Jesús  ha- 
bía pasado  antes  por  Betania  y  les  habría  comunicado  sus  planes.  Por  esto 
pueden  avisarle  en  seguida  y  con  toda  seguridad. 

Esta  subida  desde  Perea  hasta  Betania  la  silencian  los  tres  Sinópticos 
lo  mismo  que  la  siguiente  estancia  en  Efrén.  La  estancia  en  Perea  la 
unen  directamente  con  la  ida  a  Jerusalén  para  la  Pasión,  porque  lo  que 
ellos  no  cuentan  es  como  si  no  hubiera  existido  para  el  modo  de  tejer  la 
narración,  como  dice  San  Agustín, 


256 


EL   TERCER  ANO 


arrojó  a  sus  pies  y  le  dijo:  "Señor,  si  hubieras  estado  aquí,  no  hubiera 
muerto  mi  hermano."  ^  Al  verla  Jesús  llorar,  y  que  lloraban  también  los 
judíos  que  la  acompañaban,  se  conmovió  en  su  espíritu,  se  turbó  "  y  dijo: 
"¿Dónde  lo  habéis  puesto?"  Contestáronle:  "Señor,  ven  y  ve."  *Y  Jesús 
lloró.  *  Decían,  pues,  los  judíos:  "¡Cómo  le  amaba!"  "Mas  algunos  de 
ellos  decían:  "¿No  podía  éste,  que  abrió  los  ojos  del  ciego,  hacer  que  él 
no  muriera?" 

*  Jesús,  conmovido  de  nuevo  interiormente,  llega  al  sepulcro.  Era  una 
cueva,  y  sobre  ella  había  una  piedra.  Dice  Jesús:  "Quitad  la  piedra." 
Dicele  Marta,  la  hermana  del  muerto:  "Señor,  ya  huele;  lleva  cuatro  días." 
*"  Dicele  Jesús:  "¿No  te  he  dicho  que,  si  creyeres,  verás  la  gloria  de  Dios?" 

Quitaron,  pues,  la  piedra.  Jesús  entonces  levantó  los  ojos  al  cielo  y  dijo: 
'  Padre,  te  doy  gracias  porque  me  has  escuchado.  Yo  sabía  que  siempre 
me  oyes:  pero  lo  he  dicho  por  esta  muchedumbre  que  me  rodea,  para  que 
crean  que  tú  me  has  enviado."  Dicho  esto,  clamó  con  voz  fuerte:  "Lá- 
zaro, ven  afuera."  **  Salió  el  muerto  con  los  pies  y  manos  atados  con  las 
vendas  y  su  rostro  envuelto  en  el  sudario.  Díceles  Jesús:  "Desatadlo  y  de- 
jadle caminar." 

Muchos  de  los  judíos  que  habían  venido  a  casa  de  María  y  vieron 
lo  que  hizo,  creyeron  en  él:  pero  algunos  de  ellos  fueron  a  los  fariseos 
y  les  dijeron  lo  que  había  hecho  Jesús. 

215.     Consejo  de  los  pontífices  y  fariseos 
Jn  11,47-53 

"  Entonces  los  príncipes  de  los  sacerdotes  y  los  fariseos  reunieron  el 
sanedrín  y  dijeron:  "¿Qué  hacemos?  Este  hombre  hace  muchos  milagros. 

Si  le  dejamos  así,  todos  creerán  en  él,  y  vendrán  los  romanos  y  destrui- 
rán nuestro  templo  y  nuestro  pueblo."  *^  Pero  uno  de  ellos,  Caifás,  que  era 
el  sumo  sacerdote  aquel  año,  les  dijo:  "Vosotros  no  sabéis  nada,  ^°  ni  veis 
que  os  conviene  que  muera  un  solo  hombre  por  el  pueblo,  y  no  que  todo 
el  pueblo  perezca."  Esto  no  lo  dijo  por  sí  propio,  sino  que,  siendo  sumo 
sacerdote  aquel  año,  profetizó  que  Jesús  había  de  morir  por  el  pueblo, 
^'  y  no  solamente  por  el  pueblo,  sino  también  para  reunir  en  uno  a  todos 
los  hijos  de  Dios  dispersos.     Desde  aquel  día  determinaron  matarlo. 

216.  Se  retira  a  Efrén 

Jn  11,54 

Por  eso  Jesús  no  ■lindaba  ya  en  público  entre  los  judíos,  sino  que  se 
fué  de  allí  a  la  región  cercana  al  desierto,  a  una  villa  llamada  Efrén,  y 
moraba  allí  con  los  discípulos. 

217.  Mandan  prenderle 

Jn  11,55-56 

"  Se  acercaba  la  Pascua  de  los  judíos,  y  subían  muchos  de  la  región  a 
Jerusalén  antes  de  la  Pascua  para  purificarse.  "  Buscaban,  pues,  a  Jesús,  y 
se  decían  los  unos  a  los  otros  estando  en  el  templo:  "¿Qué  os  parece?  ¿No 


PREDICE    POR   TERCERA   VEZ    SU  PASIÓN 


257 


ha  venido  a  la  fiesta?"  Los  principes  de  los  sacerdotes  y  los  fariseos  habían 
dado  órdenes  para  que  si  alguno  sabía  dónde  estaba,  lo  denunciase  para 
prenderlo. 

218.     Predice  por  tercera  vez  su  Pasión 


Mt  20,17-19 

"  Cuando  Jesús 
subía  a  Jerusalén 
tomó  aparte  a  los 
Doce  y  en  el  cami- 
no les  dijo:  ^  "Mi- 
rad que  subimos  a 
Jerusalén,  y  el  Hijo 
del  hombre  será  en- 
tregado a  los  sumos 
sacerdotes  y  a  los 
escribas,  y  lo  conde- 
narán a  muerte,  "  y 
lo  entregarán  a  los 
gentiles  para  abofe- 
t  e  a  r  1  o,  azotarlo  y 
cru  c  i  f  i  cario,  y  al 
tercer  día  resuci- 
tará." 


Me  10,32-34 

^  Iban  de  camino  subien- 
do a  Jerusalén,  y  Jesús  ca- 
minaba delante  de  ellos,  y 
estaban  maravillados.  Le  se- 
auían  con  miedo.  Tomando 
de  nuevo  a  los  Doce,  se  pu- 
so a  decirles  las  cosas  que 
le  iban  a  pasar.  ^  "C  orno 
veis,  subimos  a  Jerusalén,  y 
el  Hijo  del  hombre  será  en- 
tregado a  los  príncipes  de 
los  sacerdotes  y  a  los  escri- 
b  as,  y  lo  condenarán  a 
muerte,  y  lo  entregarán  a 
los  gentiles,  ^  y  lo  abofetea- 
rán y  le  escupirán;  lo  azota- 
rán y  lo  matarán  y  después 
de  tres  días  resucitará." 


Le  18,31-34 

^  Tomando  consigo  a 
los  Doce,  les  dijo:  "Mi- 
rad, subimos  a  Jerusa- 
lén, y  se  va  a  cumplir 
todo  lo  que  está  escri- 
to por  los  profetas  que 
ha  de  sufrir  el  Hijo  del 
hombre:  ^  pues  será 
entregado  a  los  gentiles 
y  se  burlarán  de  él  y 
le  injuriarán  y  le  escu- 
pirán, ^  y  después  d  e 
azotarlo,  lo  matarán,  y 
al  tercer  día  resucitará." 
^  Ellos  no  entendieron 
nada  de  esto,  y  estas 
palabras  quedaron  vela- 
das. No  entendieron  lo 
que  había  dicho. 


Notas:  N.  217 

Para  el  itinerario  de  Jesús  desde  Betania  hasta  Efrén,  distante  19  ki- 
lómetros de  Jerusalén  en  línea  recta,  cf.  A.  Fernández,  Vida  de  J.  C. 
pp.398-9. 

La  impresión  que  deja  el  texto  de  Jn  1L54-5  es  que  Jesús  no  subió 
más  arriba  de  Efrén.  y  menos  hasta  los  confines  de  Samaría  con  Galilea, 
como  suponen  todos  los  autores,  que  incorporan  ahora  la  tercera  fase  del 
itinerario  de  Le  17.11-18,14.  San  Juan  dice  que  Jesús  moraba,  imperfecto 
de  duración  o  continuidad,  y  que  estaba  cerca  la  Pascua.  Por  esta  razón 
nosotros  hemos  adelantado  el  episodio  de  los  diez  leprosos. 

N.  218 

La.  ida  a  Jericó  la  consideran  los  Sinópticos  como  ascensión  a  Jerusa- 
lén, porque  de  hecho  el  término  del  viaje  era  la  capital,  y  Jericó  iba  a 
ser  paso  nada  más. 

El  Señor  viene  de  Efrén.  No  creemos  que  fuera  directamente  de  Efrén 
a  Betania,  sino  que  de  Efrén  se  dirigió  a  Jericó  y  de  allí  a  Betania  y  Je- 
rusalén. Tal  vez  ha  dado  esta  vuelta  para  hacer  tiempo.  De  hecho  en  Je- 
rusalén ya  hay  peregrinos,  y  echan  de  menos  a  Jesús  (Jn  11,55-56). 

Si  San  Juan  no  dice  que  de  Efrén  ha  ido  a  Jerico,  puede  tal  vez  obe- 
decer a  su  plan  de  no  repetir  lo  que  ya  dicen  suficientemente  claro  los 
Sinópticos.  Y  esto  mismo  puede  ser  un  buen  indicio  para  creer  que  no 
ha  ido  de  Efrén  a  Betania  directamente. 

Por  lo  demás,  esta  explicación  nuestra  es  también  la  más  corriente  en- 
tre los  autores.  Aunque  muchos  le  hacen  subir  desde  Efrén  hasta  Galilea, 
cosa  poco  verosímil  por  el  texto  de  San  Juan,  como  hemos  explicado. 


'>IN0P5IS  CONCOKBADA 

1 


9 


258 


EL  TERCER  AÑO 


219.     Pretensión  de 

Mt  20,20-28 

™  Entonces  se  acercó  a  él  la 
madre  de  los  hijos  del  IZebedeo 
con  sus  hijos  y  se  postró  para 
pedirle  algo.  *^  Él  le  dijo:  "¿Qué 
quieres?"  Ella  le  responde:  "Di 
que  estos  dos  hijos  míos  se  sien- 
ten uno  a  tu  derecha  y  el  otro  a 
tu  izquierda  en  el  reino.  "  ^  Jesús 
le  contestó:  "No  sabéis  lo  que 
pedís.  ¿Podéis  beber  el  cáliz  que 
yo  beberé?"  Le  respondieron: 
"Podemos."  "Diceles:  "Beberéis 
mi  cáliz,  pero  sentarse  a  mi  de- 
recha o  a  mi  izquierda  no  es  mío 
concederlo,  sino  a  aquellos  para 
los  cuales  está  preparado  por 
mi  Padre."  ^  Lo  oyeron  los  otros 
diez  y  se  indignaron  contra  los 
dos  hermanos.  ^  Jesús  los  llame 
y  les  dijo:  "Sabéis  que  los  jefes 
de  las  naciones  las  gobiernan  co- 
mo señores  y  los  grandes  las 
oprimen.  ^  No  debe  suceder  así 
entre  vosotros,  sino  el  que  quie- 
ra llegar  a  ser  grande  entre  vos- 
otros, deberá  ser  vuestro  servidor. 
^  Y  el  que  quiera  ser  el  primero 
entre  vosotros,  deberá  ser  vuestro 
esclavo.  ^  Como  el  Hijo  del  hom- 
bre, que  no  ha  venido  a  ser  ser- 
vido, sino  a  servir  y  a  dar  su  vi- 
da como  rescate  de  muchos." 


la  madre  de  los  Zebedeos 

Me  1035-45 

®  Se  acercaron  a  él  Santiago  y  Juan, 
los  hijos  del  Zebedeo,  y  le  dijeron: 
"Maestro,  queremos  nos  concedas  lo  que 
te  vamos  a  pedir."  ^  Él  les  dijo:  "¿Qué 
queréis  os  conceda?"  ^'  Ellos  le  respon- 
dieron: "Concédenos  que,  en  tu  gloria, 
uno  se  siente  a  tu  derecha  y  otro  a  tu 
izquierda."  *  Jesús  les  contestó:  "No  sa- 
béis lo  que  pedís.  ¿Podéis  beber  el  cá- 
'iz  que  yo  beberé  o  recibir  el  bautismo 
con  que  yo  voy  a  ser  bautizado?"  Ellos 
respondieron:  "Podemos."  Y  Jesús  les 
dijo:  "Beberéis  el  cáliz  que  yo  voy  a 
beber  y  recibiréis  el  bautismo  con  que 
yo  voy  a  ser  bautizado;  pero  lo  de 
sentarse  a  mi  derecha  o  a  mi  izquierda 
no  es  mío  concederlo,  sino  a  aquellos 
para  los  cuales  está  preparado."  *^  Lo 
oyeron  los  otros  diez  y  empezaron  a  en- 
fadarse contra  Santiago  y  Juan.  Jesús 
los  llamó  y  les  dijo:  "Sabéis  que  los 
que  son  reconocidos  como  príncipes  en- 
tre las  naciones  las  qobiernan  como  se- 
ñores y  los  grandes  de  ellas  las  oprimen. 
"No  debe  suceder  así  entre  vosotros 
sino  el  que  quiera  llegar  a  ser  grande 
entre  vosotros,  deberá  ser  vuestro  servi- 
dor, y  el  que  quiera  ser  el  primero  en- 
tre vosotros,  deberá  ser  esclavo  de  to- 
dos. ^  Porque  el  Hijo  del  hombre  no  ha 
venido  para  ser  servido,  sino  para  servir 
y  dar  su  vida  como  rescate  de  muchos." 


220.  Zaqueo 
Le  19,1-10 

^  Entró  y  atravesaba  Jericó.  '  Y  he  aquí  que  un  hombre  llamado  Za- 
queo, jefe  de  los  publícanos  y  rico.  ^  pretendía  ver  quién  era  Jesús,  pero 
no  podía  por  la  gente,  pues  era  pequeño  de  estatura.  "  Se  adelantó  y  su- 
bió a  un  sicómoro  para  verlo,  pues  tenía  que  pasar  por  allí.  ^  Cuando  llegó 
a  aquel  sitio,  levantó  Jesús  los  ojos  y  le  dijo:  "Zaqueo,  baja  aprisa:  por- 
que hoy  tengo  que  hospedarme  en  tu  casa."    Y  bajó  de  prisa  y  lo  recibió 


Notas:  N.  219 

Mt  es  más  concreto  en  este  caso  que  Me.  Mencicjna  :i  la  madre,  qiiie  se 
postra  ante  Jesús,  en  señal  de  ])etición.  Klla  es  también  la  qrjc  hace  la 
súplica. 


PARÁBOLA    DE    LAS    DIEZ  MINAS 


259 


con  gozo.  '  Al  ver  esto,  comenzaron  lodos  a  murmurar,  diciendo:  "Ha  ido 
a  hospedarse  en  casa  de  un  pecador."  '^IZaqueo,  de  pie,  dijo  al  Señor: 
"Señor,  quiero  dar  a  los  pobres  la  mitad  de  mis  bienes,  y  si  he  defrauda- 
do a  alguno,  le  daré  el  cuádruplo."  Díjole  Jesús:  "Hoy  ha  entrado  la  sal- 
vación en  esta  casa,  pues  también  éste  es  hijo  de  Abraham:  el  Hijo  del 
hombre  ha  venido  a  buscar  y  salvar  lo  que  estaba  perdido." 

221.    Parábola  de  las  diez  minas 
Le  19,11-27 

"  Apenas  terminó  estas  cosas,  añadió  una  parábola,  porque  estaba  cer- 
ca de  jerusalén  y  creian  ellos  que  en  seguida  iba  a  aparecer  el  reino  de 
Dios.  ^"^  Dijo,  pues:  "Un  hombre  noble  se  fué  a  un  país  lejano  para  recibir 
el  poder  real  y  volver  en  seguida.  "  Llamó  a  diez  de  sus  criados  y  les 
entregó  diez  minas,  diciéndoles:  Negociad  con  ellas  mientras  vuelvo.  Pero 
los  ciudadanos  le  odiaban,  y  enviaron  detrás  de  él  una  embajada  para  que 
dijese:  No  queremos  que  éste  reine  sobre  nosotros.  ^''Cuando  volvió  con 
la  dignidad  real,  hizo  venir  a  su  presencia  a  aquellos  criados  a  quienes 
había  entregado  el  dinero,  para  saber  lo  que  cada  uno  había  ganado.  Pre- 
sentóse el  primero  y  dijo:  Señor,  tu  mina  ha  producido  otras  diez  minas. 
''Dijole:  Bien,  siervo  bueno,  ya  que  has  sido  fiel  en  lo  poco,  toma  el  go- 
bierno de  diez  ciudades.  Vino  el  segundo  y  dijo:  Tu  mina,  señor,  ha 
producido  cinco  minas.  A  éste  le  dijo:  También  tú  estarás  al  frente  de 
cinco  ciudades.  Vino  el  otro  y  dijo:  Aquí  tienes  tu  mina,  que  he  te- 
nido guardada  en  el  pañuelo:  yo  te  tenia  miedo,  porque  eres  un  hombre 
duro;  tomas  lo  que  no  has  depositado  y  cosechas  lo  que  no  has  sembra- 
do. Di  jóle:  Por  tu  misma  boca  te  juzgo,  siervo  malo.  ¿Sabias  que  soy 
hombre  duro,  que  tomo  lo  que  no  deposité  y  cosecho  lo'  que  no  sembré? 
^■^  Pues  ¿por  qué  no  has  puesto  mi  dinero  en  un  banco?  Yo  entonces,  a 
mi  vuelta,  lo  hubiera  recobrado  con  los  intereses.  ^  Y  a  los  que  esta- 
ban presentes  dijo:  Quitadle  la  mina  y  dádsela  al  que  tiene.  Dijeron 
ellos:  Señor,  tiene  ya  diez  minas.  ^  Os  digo  que  a  todo  el  que  tiene  se 
le  dará,  y  al  que  no  tiene  se  le  quitará  aun  lo  que  tiene.  ^  Por  lo  que  hace 
a  aquellos  enemigos  míos  que  no  han  querido  que  yo  reine  sobre  ellos, 
traedlos  aquí  y  degolladlos  en  mi  presencia.  ' 


Notas:   N.  221 

La  parábola  de  las  minas  parece  que  la  propuso  Jesús  en  casa  de  Za- 
queo durante  el  banquete.  Y  en  Jericó  caía  muy  bien.  El  año  40  a.X.  ha- 
bía ido  Heredes  a  Roma  para  traerse  el  nombramiento  de  rey.  El  año  4 
p.X.  fué  su  hijo  Arq.uelao  con  las  mismas  pretensiones. 

La  identidad  con  la  otra  parábola  de  los  talentos  es  muy  discutida  des- 
de antiguo.  San  Juan  Crisóstomo  distingue  las  dos.  San  Ambrosio  las  iden- 
tifica, y  con  él  Maldonado  y  muchos  modernos.  Cf.  Dorado,  p.801  n.599.  La 
moneda  tipo  en  Oriente  era  el  talento  ;  en  Grecia,  la  mina.  El  Señor  ha- 
bló de  talento,  y  cabe  que  Le  lo  haya  interpretado  con  el  lenguaje  de  Gre- 
cia. Cf.  GiRARD,  p.67. 

19.,11  Apenas  terminó  estas  cosas,  lit.  Oyendo  ellos  estas  cosas.  Frase 
de  transición,  que  indica  también  cómo  siguió  inmediatamente  la  exposi- 
ción de  la  parábola.  San  Lucas  procura  situar  las  parábolas  en  su  ver- 
dadero marco  histórico.  Por  esto  aquí  señala  también  la  ocasión  y  el  mo- 
tivo. 


260 


EL  TERCER  AÑO 


222.     Curación  de  dos  ciegos 


Mt  20,29-34  I 

^  Al  salir  de  Je- 1 
ricó  seguíale  mu- 
cha gente.  Y  he  | 
aquí  que  dos  cie- 
gos, sentados  jun- 1 
to   al    camino,  al 


Me  10,46-52 

Llegaron  a  Jericó.  Y  al 
salir  de  Jericó  con  sus  dis- 
cípulos y  bastante  gente,  el 
hijo  d  e  Timeo,  Bartimeo,  I 
ciego  mendigo,  estaba  sen-  ' 
tado  junto  al  camino.  Al 


Le  18,35-43 


oír  que  pasaba  Je- | j^^-^  ^^^^^^^ 
sus,  se  pusieron  a 
gritar:  Señor, 


compadé  c  e  t  e  de 
nosotros,  hijo  de 
David."  Y  la 
gente  1  e  s  increpó 
para  que  callasen: 


no,  comenzó  a  gritar  y  a 
decir:  "Hijo  de  David,  Je- 
sús,  compadécete  de  mi." 

Muchos  1  e  conminaron 
para  que  callase;  pero  él 
gritaba  mucho  más:  "Hijo 


pero  ellos  gritaban  i       David,   ten  compasión 


mas:  Señor,  com- 
padécete d  e  nos- 
otros, hijo  de  Da- 
vid". ^"  J  e  s  ú  s  se 
detuvo,  los  llamó 
y  les  dijo 
queréis  que  os  ha 
g  a  .  "  Dicenle  : 
Señor,  que  s  e 
abran  nuestros 
ojos."  Compade- 
cido Jesús,  tocó 
sus  ojos  y  en  se- 
guida vieron  y  le 
siguieron. 


da  mí.'  ^''Detúvose  Jesús  y 
dijo:  "Llamadle."  Llaman 
al  ciego  y  le  dicen:  "¡Ani- 
mo! Levántate,  te  llama." 
El  arrojó  su  manto  y  sal 


¿Qué  j  tando  llegó  hasta  jesús. 

Y  Jesús  le  dijo:  "¿Qué 
quieres  que  te  haga?"  El 
ciego  le  contestó:  "Maes- 
tro  mío,   que   yo  vea." 

Jesús  le  dijo:  "Vete,  tu 
fe  te  ha  curado."  Y  al 
momento  vió  y  le  seguía 
por  el  camino. 


*  Al  acercarse  a  Jericó, 
u  n  cieao  estaba  sentado 
junto  al  camino  pidiendo 
limosna.  *  Y  al  oír  a  la 
multitud  que  pasaba,  pre- 
guntó qué  significaba 
aquello.  ^  Dijéronle  que  era 
que  pasaba  Jesús  el  Naza- 
reno. Entonces  se  puso  a 
gritar:  "Jesús,  hijo  de  Da- 
vid, ten  compasión  de  mí." 
^®  Los  que  iban  delante,  le 
increpaban  para  que  se  ca- 
llase. Pero  él  gritaba  mu- 
cho más:  "Hijo  de  David, 
ten  compasión  de  mí." 
^"  Detúvose  Jesús  y  mandó 
que  se  lo  trajesen.  Cuando 
estuvo  cerca,  le  preguntó: 
*^  "¿Qué  quieres  que  te  ha- 
ga? '  Él  dijo:  "Señor,  que 
vea."  *'  Y  Jesús  le  dijo  : 
"Ve;  tu  fe  te  ha  curado." 
"  Y  al  momento  vió,  y  le 
seguía  glorificando  a  Dios. 
Y  todo  el  pueblo,  al  ver 
esto,  dió  gloria  a  Dios, 


Notas:   N.  222 

Aunque  Le  pone  la  curación  del  ciego  Hartimeo  a  la  entrada  de  la  ciu- 
dad, y  antes,  por  tanto,  del  episodio  de  Zaqueo,  Mt-Alc  la  ponen  o  la  sa- 
lida, y  así  lo  suponemos  nosotros. 

Se  han  dado  vanas  exphcaciones  para  explicar  esta  aparente  contra- 
dicción de  Le  con  Mt-Alc. 

Algunos  creen  que  Le  se  refiere  a  la  entrada  de  la  Jericó  de  He- 
rodes,  y  Alt-Alc  a  la  salida  de  la  Jerico  cananea.  Cf.  Dorado,  p.799  n.597. 

Esta  solución  parece  un  tanto  rebuscada  y  poco  conforme  con  el  texto 
de  los  Evangelios,  que  parecen  referirse  a  la  misma  ciudad,  a  la  que  exis- 
tía en  tiempos  de  Cristo  y  a  la  que  él  visita. 

El  P.  Fernández  {l/tda  de  J.  C.  p.418)  cree  que  Le  ha  desplazado  la 
curación  de  Bartimeo.  adelantándola  literariamente.  En  su  narración,  la 
atención  principal  se  concentra  en  el  episodio  de  Zaqueo  y  en  la  parábola 
de  las  minas,  l'or  esto  adelanta  literariamente  el  milagro  del  ciego,  qué 
tiene  menos  importancia. 

Esta  explicación  encaja  muy  bien  con  los  métodos  literarios  de  San 
Lucas.  L.  Girard  (p.87)  ha  buscado  una  razón  objetiva  a  esta  anticipa- 


JESÚS    CAMINA  DELANTE 


261 


223.    Jesús  camina  delante 
Le  19,28 

Dicho  esto,  caminaba  el  primero  subiendo  hacia  Jerusalén 


Notas:  N.  222 

ción  literaria.  Los  ciegos  estarían  a  la  entrada  de  la  ciudad ;  cuando  pasa 
Jesús.  Luego  se  van  a  la  puerta  de  salida  y  allí  lo  esperan.  El  milagro  se 
opera  aquí.  Lucas  lo  pone  a  la  entrada,  porque  allí  estaban  los  ciegos  al 
principio,  y  así  despacha  este  episodio  de  una  vez,  pero  con  un  fundamento 
real.  Esto  pudo  ser,  pero  no  es  necesario  para  legitimar  la  inversión  lite- 
raria que  hace  Le. 

El  hecho  de  que  Mateo  hable  de  dos  ciegos  y  Mc-Lc  de  uno  solo  ofre- 
ce menos  dificultad.  Había  dos  ciegos  juntos,  pero  uno,  cuyo  nombre  ha 
pasado  a  la  tradición,  Bartimeo,  se  distinguió  más. 

N.  223 

jesús  había  caminado  delante  de  los  discípulos  viniendo  a  Jericó  (Me 
10,32).  Ahora  muestra  la  misma  prisa  y  fervor  subiendo  desde  Jericó  a 
Betania.  San  Laicas  ha  unido  el  camino  o  ascensión  a  Jerusalén  con  la  es- 
cena de  Zaqueo,  y  a  ella  alude  el  principio  de  este  verso. 


LIBRO  III 
La  Pasión  del  Señor 

(U.c.  783  =  p.  X.  30) 


CAPITULO  I 

La  preparación 

224.     Llega  a  Betania  seis  días  antes  de  la  Pascua 

Jn  12,1 

Seis  días  antes  de  la  Pascua,  llegó  Jesús  a  Betania,  donde  estaba  Lá- 
zaro, a  quien  habia  resucitado  de  entre  los  muertos. 


225. 

Mt  26,6-13  I 

*  Como  se  encon-  ¡ 
trase  Jesús  en  Beta- 
nia, en  casa  de  Si- 


Banquete  en  casa  de  Simón 
Me  14,3-9 


^  Hallándose  él  en 
Betania,  en  casa  de  Si- 


Jn  12,2-11 

^  Le  dieron  allí  un  banque- 
j  te.  Marta  servía,  y  Lázaro 


món  el  leproso,  cuando  j  era  uno  de  los  que  estaban 
món  el  leproso,  "  se    estaba  a  la  mesa,  vino  I  con  él  a  la  mesa.    María  to- 


Notas:  N.  224 

San  Juan  nos  ha  advertido  antes  (11,56)  que  Jesús  no  subió  a  la  Pas- 
cMia  tan  pronto  como  otros  peregrinos.  Y  ahora  nos  dice  que  llegó  a  Be- 
tania seis  días  antes  de  la  fiesta.  Esto  sería  el  viernes,  antes  de  que  em- 
pezara la  obligación  del  descanso  sabático.  El  banquete  debió  tenerse  en 
el  sábado,  pues  al  día  siguiente,  que  fué  domingo,  tuvo  lugar  la  cntradai 
solemne  en  Jerusalén  (12,12). 

Según  los  cálculos  de  Schaumberger,  el  año  30  cayó  en  viernes  el  14  de 
Nisán  y  fué  el  7  de  abril.  El  15  de  Nisán  fué  sábado  y  8  de  abril. 

N.  225 

Este  episodio  puede  servir  para  conocer  las  maneras  propias  de  cada 
evangelista.  San  Lucas  omite  el  banquete  y  la  unción  porque  ya  nanó 
otra  escena  parecida  en  pleno  ministerio  galileo.  Cf.  n.86. 

Los  tres  Sinópticos  dan  la  impresión  de  que  la  entrada  solemne  en 
Jerusalén  siguió  inmediatamente  a  la  subida  de  Jericó.  En  Le  no  tiene 
nada  de  extraño,  porque  omite  la  escena  de  Betania.  En  los  otros  dos 
extraña  más,  porque  tratan  del  convite  en  casa  de  Simón,  y  lo  despla- 
zan de  tal  manera  que  lo  ponen  en  vísperas  del  banquete  del  Corderc 


BANQUETE  EN  CASA  DE  SIMÓN 


263 


Je  acercó  una  mujer 
con  un  frasco  de 
alabastro  con  perfu- 
me de  mucho  precio, 
que  derramó  sobre 
la  cabeza  de  Jesús, 
que  estaba  a  la  me- 
sa. *  Viendo  esto  los 
discípulos,  se  enfa- 
daron y  decian:  "¿A 
qué  viene  este  de- 
rroche? ^  Podía  ha- 
b  e  r  s  e  vendido  en 
mucho  precio  y  dar- 
se a  los   pobre  s." 

Como  lo  advirtie- 
se Jesús,  les  di)  o: 
"¿Por  qué  molestáis 
a  esta  mujer?  H  a 
hecho  una  buena 
obra  conmigo,  "  por- 
que a  los  pobres 
siempre  los  tendréis 
entre  vosotros,  pero 
a  mi  no  me  tendréis 
siempre,  y,  al  de- 
rramar ella  este  per- 
fume sobre  mi  cuer- 
po, lo  ha  hecho  pa- 
ra mi  enterramien- 
to. "En  verdad  os 
digo  que  donde  se 
predique  este  Evan- 
gelio, en  todo  el 
mundo,  se  dirá  tam- 
bién lo  que  ella  ha 
hecho,  para  memo- 
ria suya." 


una  mujer  con  un  fras- 
co de  alabastro  con  per- 
fume de  nardo  legíti- 
mo, de  mucho  precio. 
Rompió  el  frasco  y  de- 
rramó el  perfume  sobre 
s  u  cabeza.  '*  Algunos, 
indignados,  dijeron  en- 
tre si:  "¿A  qué  viene 
este  derroche  del  perfu- 
me? ^  Podía  haberse 
vendido  en  más  de  tres- 
cientos denarios  y  ha- 
berse dado  a  los  po- 
bres": y  se  indignaban 
contra  ella.  ^  Pero  Jesús 
dijo:  "Dejadla  en  paz: 
¿por  qué  la  molestáis? 
Ha  hecho  una  obra 
buena  conmigo.  Por- 
que a  los  pobres  siem- 
pre 1  o  s  tendréis  con 
vosotros  y  podréis  so- 
correrles cuando  q  u  e- 
ráis,  pero  a  mí  no  me 
tendréis  siempre.  *  H  a 
hecho  lo  que  ha  podi- 
do: se  ha  adelantado  a 
perfumar  mi  cuerpo  pa- 
ra la  sepultura.  ®  E  n 
verdad  os  digo  que, 
dondequiera  que  se  pre- 
dique el  Evangelio,  en 
todo  el  mundo,  se  con- 
tará también  lo  que  ella 
ha  hecho,  para  memoria 
suya." 


mó  una  libra  de  perfume  de 
nardo  legitimo,  de  gran  pre- 
cio, ungió  los  pies  de  Jesús 
y  los  enjugó  con  sus  cabe- 
llos; y  el  aroma  del  perfume 
llenó  la  casa,  ojudas  Iscario- 
te, uno  de  los  discípulos,  el 
que  le  había  de  entregar,  di- 
jo: ^  "¿Por  qué  no  se  ha  ven- 
dido este  perfume  e  n  tres- 
cientos denarios,  que  se  hu- 
bieran dado  a  los  pobres?" 
^  Esto  lo  dijo,  no  porque  se 
preocupase  de  los  pobres,  si- 
no porque  era  ladrón,  y,  co- 
mo tenia  la  bolsa,  robaba  lo 
que  en  ella  había.  '  Jesús  di- 
jo: "Déjala.  Para  el  día  de 
mi  sepultura  lo  ha  guardado. 

Porque  a  los  pobres  siem- 
pre los  tenéis  con  vosotros, 
pero  a  mí  no  siempre  me  te- 
n  é  i  s.  "  °  Una  muchedumbre 
grande  de  judíos  se  enteró 
de  que  estaba  allí,  y  vinie- 
ron, no  por  Jesús  únicamen- 
te, sino  también  por  ver  a 
Lázaro,  a  quien  había  resu- 
citado de  entre  los  muertos. 

Entonces  los  príncipes  de 
los  sacerdotes  determinaron 
matar  también  a  Lázaro, 
porque  muchos  judíos  se 
separaban  de  ellos  por  su 
causa  y  creían  en  Jesús. 


Notas:  N.  225 

(Mt  26  2  Me  14,3).  El  motivo  de  este  desplazamiento  puede  estar  en  lo  que 
dice  Me  14,L10.  "Dos  días  después  era  la  Pascua  y  los  ázimos.  Los 
P'-íncipes...  buscaban  la  manera  de  prenderle...;  entonces  Judas...  se 
a  los  príncipes." 

Es  decir,  dos  días  antes  de  la  Pascua  se  reúnen  los  judíos  para  deli- 
berar sobre  el  modo  de  prender  a  Jesús,  y  entonces  Judas  les  ofrece  en- 
tregárselo. Esto  es  lo  que  sucedió  dos  días  antes  de  la  Pascua.  Cuándo 
tuvo  lugar  el  banquete  en  casa  de  Simón,  no  lo  dice  Me,  sino  que  c- 
motivo  de  la  traición  de  Judas,  cuenta  el  banquete,  en  que  se  resolvió  a 
traicionar  al  Maestro. 

De  esta  misma  manera  se  debe  interpretar  Mateo,  que  habla  más  va- 
gamente:  "Por  entonces  se  reunieron  los  príncipes...  Como  se  encontrase 
Jesús  en  Betania..."  (26,3.6).  Cf.  Dorado,  p.804  n.601. 

El  nombre  de  la  mujer  sólo  está  en  San  Juan, 


264 


LA    PASIÓN    DEL    SEÑOR.  PREPARACIÓN 


226.     Entrada  triunfal  en  Jerusalén 


Mt  21, MI 

^  Cuando  estaban  próxi- 
mos a  Jerusalén  y  a  vista 
de  Betfage,  cerca  del  mon- 
te de  los  Olivos,  envió  Je- 
sús a  dos  discipulos  '  y  les 
dijo:  "Id  a  la  aldea  de  en- 
frente y  encontraréis  en  se- 
guida una  borrica  atada  y 
un  pollino  con  ella.  Des- 
atadlos y  traédmelos.  ^  Si 
alguno  os  dijere  algo,  decid 
que  el  Señor  tiene  necesi- 
dad de  ellos  y  los  va  a  de- 
volver pronto."  *  Esto  su- 
cedió para  que  se  cumplie- 
se lo  que  había  dicho  el 
profeta: 

^  Decid  a  la  hija  de  Sión: 
he  aquí  que  tu  rey  viene 
[a  ti, 

modesto  y  sentado  sobre  un 
[asno, 

sobre  un  pollino,  hijo  de 
un  animal  de  carga. 

"  Los  discípulos  fueron  e 
hicieron  como  les  había  en- 


Mc  11,1^10 

^  Cuando  se  acercan 
a  Jerusalén,  a  Betfage 
y  Betania,  junto  a  1 
monte  de  los  Olivos, 
envía  dos  de  sus  dis- 
cípulos ^y  les  dice: 
"Id  a  la  aldea  de  en- 
frente y  encontraréis 
en  seguida  un  pollino 
atado,  sobre  el  cual 
nadie  ha  montado  to- 
d  a  V  i  a.  Desatadlo  y 
traédmelo.  ^  Si  alguien 
os  dice:  ¿Por  qué  ha- 
céis esto?,  decid  que 
el  Señor  lo  necesita 
y  pronto  lo  remitirá 
aquí." 

*  Ellos  fueron  y 
encontraron  un  polli- 
no atado  junto  a  una 
puerta,  fuera  en  el  ca- 
mino. Lo  empiezan  a 
desatar,  ^  y  algunos  de 
los  que  había  allí  les 
dicen:  ¿Qué  hacéis 
desatando  el  pollino?" 


Le  19,29-40 

^  Cuando  se  acercó  a 
Betfage  y  Betania,  cer- 
ca del  monte  llamado  de 
los  Olivos,  envió  a  dos 
discípulos,  ^  y  dijo:  "Id 
a  la  aldea  de  enfrente, 
donde  encontraréis  ata- 
do un  pollino,  sobre  el 
cual  nadie  ha  montado. 
Lo  desatáis  y  traéis." 
"  Y  si  alguno  os  pre- 
gunta: ¿Por  qué  lo  des- 
atáis?, responded  asi: 
Porque  el  Señor  lo  ne- 
cesita." ^  Fueron  los  en- 
viados y  lo  encontra- 
ron, como  les  había  di- 
cho. ^  Cuando  desata- 
ban el  pollino,  les  dije- 
ron sus  amigos:  "¿Por 
qué  desatáis  el  pollino?" 
*  Ellos  respondieron: 
"Porque  el  Señor  lo  ne- 
cesita." ^  Lo  llevaron  a 
Jesús,  echaron  los  man- 
tos sobre  el  pollino  y 
montaron  a  Jesús.  ^  Se- 


Notas:  N.  226 

Mt  21,1  y  a  vista  de  Betfage,  lit.  Y  llegaron  a  Betfage.  Anotación 
sumaria  y  aproximativa.  La  aldea  de  que  se  habla  en  el  v.2  es  Betfage. 
Luego  no  habían  llegado  o  entrado  en  Betfage;  solamente  se  habían 
acercado. 

21,3  los  va  a  devolver  pronto.  Por  el  texto  de  Mt  se  podría  enten- 
der del  amo,  los  dejará  en  seguida.  Por  el  texto  de  Me  se  ve  que  se 
trata  del  Señor,  que  los  iba  a  necesitar  por  poco  tiempo  y  en  seguida 
los  devolvería. 

21,5  sobre  Un  pollino,  lit.  y  sobre  un  pollino.  Pero,  como  el  waw,  Kay, 
aquí  no  tiene  valor  de  cópula,  sino  de  mera  conjunción,  que  marca  el 
principio  del  segundo  miembro  paralelo,  se  puede  omitir,  para  mayor 
claridad,  en  español. 

Si  no  fuera  por  esta  profecía,  dada  la  manera  como  engloba  Mt  los 
dos  animales,  no  se  hubiera  podido  saber  sobre  cuál  de  ellos  montó  Je- 
sús. Mc-Lc-Jn  solamente  hablan  del  pollino.  Mt  menciona  también  la  bo- 
rrica, y  lo  hace  de  manera  (v.7)  como  si  los  mantos  los  hubiesen  echado 
sobre  la  madre  y  el  hijo  y  como  si  Jesús  hubiera  montado  sobre  los  dos. 
Cf .  A.  Fern.\ndez,  p.425 ;  Dorado,  p.808  n.605.  Es  una  de  las  caracterís- 
ticas de  su  estilo.  En  él  los  individuos  pierden  sus  líneas  individuales. 
Sigue  mucho  el  universal. 


ENTRADA   TRIUNFAL   EN  JERUSALÉN 


265 


cargado  Jesús.  '  Trajeron  la 
borrica  y  el  pollino.  Pusie- 
ron sobre  ellos  los  mantos, 
y  Jesús  se  montó  encima. 
*  La  oente,  muy  numerosa, 
los  extendió  sobre  el  cami- 
no. Otros  cortaban  ramas 
de  los  árboles  y  cubrian  el 
camino.  ®  La  turba  que  iba 
delante  de  él  y  la  que  le 
seguía  clamaba  y  decía: 

Hosanna  al  hijo  de  Da- 
[vid. 

Bendito  el  que  viene  en 
nombre  del  Señor. 
Hosanna  en  las  alturas. 

^"Cuando  él  entró  en  Je- 
rusalén,  toda  la  ciudad  se 
conmovió  y  decía:  "¿Quién 
es  éste?"  "  Las  turbas  de- 
cían: "Éste  es  el  profeta 
Jesús,  de  Nazaret  de  Ga- 
lilea." 


*  E  1 1  o  s  respondieron 
como  les  había  dicho 
Jesús:  y  los  dejaron. 
'  Llevan  el  pollino  a 
Jesús,  le  echan  sus 
mantos  y  se  montó  en 
él.  *  Muchos  extendie- 
ron también  sus  man- 
tos sobre  el  camino. 
Otros,  hierbas  que 
cortaron  de  los  cam- 
pos. *  Los  que  iban 
delante  y  los  que  se- 
guían detrás  gritaban: 

Hosanna: 

Bendito  el  que  vie- 
ne en  nombre  del  Se- 
ñor: 

^  Bendito  el  reino 
que  viene,  de  nuestro 
padre  David. 

Hosanna  en  las  al- 
turas. 


gún  iban  andando,  echa- 
ban sus  mantos  en  el  ca- 
mino. ^  Cuando  estaba 
cerca,  ya  en  la  falda  del 
monte  de  los  Olivos, 
toda  la  muchedumbre  de 
los  discípulos  comenzó 
entusiasmada  a  alabar  a 
Dios  con  gran  clamor 
por  todos  los  milagros 
que  habían  visto.  ^  De- 
cían: 

Bendito  el  que  viene, 
el  Rey,  en  nombre  del 
[Señor. 

Paz  en  el  cielo  y 
gloria  en  las  alturas. 

Algunos  de  los  fa- 
riseos, de  entre  la  tur- 
ba, le  dijeron:  "Maes- 
tro, reprende  a  tus  dis- 
cípulos." ^  Él  respon- 
dió: "Yo  os  digo  que, 
si  éstos  callan,  gritarán 
las  piedras." 


Jn  12,12^19 

"  Al  día  siguiente,  la  turba  numerosa  que  había  venido  a  la  fiesta,  cuan- 
do oyó  que  Jesús  venía  a  Jerusalén,  tomó  ramos  de  palmeras  y  salió  a 
su  encuentro,  clamando: 

Hosanna, 

Bendito  el  que  viene  en  nombre  del  Señor. 
El  rey  de  Israel. 

"Jesús  había  encontrado  un  pollino,  y  montado  en  él,  como  está  escrito: 
No  temas,  hija  de  Sión.  He  aquí  que  tu  rey  viene  montado  ep.  un  pollino 
de  asna. 

Sus  discípulos  no  comprendieron  esto  al  principio,  sino  cuando  Jesús 


Notas:  N.  226 

21,9  Hosanna,  en  hebr.  hosi  'ana,  rogamos  salves.  Se  repite  mucho 
en  el  Ps.118  (hebr.).  Se  puede  considerar  como  un  resumen  de  todo  el 
salmo,  que  pide  a  Dios  salve  al  rey. 

Me  11,4  fuera  en  el  camino.  La  Vg  traduce  por  bivium,  encrucijada. 
Es  posible,  aunque  la  palabra  gr.  tiene  más  frecuentemente  el  sentido 
general  de  camino. 

11,11  Por  este  verso  se  puede  determinar  cuándo  salió  Jesús  de  Be- 
tania.  Cuando  Jesús  entra  en  el  templo,  en  seguida  se  hace  tarde  y  se 
vuelve  a  Betania.  Parece,  pues,  que  la  hora  de  saHda  de  Betania  fué  más 
bien  el  domingo  por  la  tarde. 

Le  19,37    Cuando  estaba  cerca  de  Jerusalén. 


266 


LA   PASIÓN   DEL    SEÑOR.  PREPARACIÓN 


fué  glorificado.  Entonces  recordaron  que  esto  se  había  escrito  de  él,  y  que 
era  lo  que  ellos  le  habían  hecho.  ^'  La  gente  que  estaba  cOn  él,  cuando 
llamó  a  Lázaro  del  sepulcro  y  lo  resucitó  de  entre  los  muertos,  daba  testi- 
monio. Por  esto  la  turba  vino  a  su  encuentro,  porque  habían  oído  que 
él  había  hecho  este  milagro.  '"Los  fariseos  dijeron  entre  sí:  "Veis  que  no 
adelantamos  nada.  Todo  el  mundo  se  va  detrás  de  él." 

227.    Jesús  llora  sobre  la  ciudad 
Le  19,41-44 

""Cuando  se  acercó,  al  ver  la  ciudad,  lloró  sobre  ella,  diciendo:  '¡Si 
en  este  día  hubieras  conocido  tú  también  la  visita  de  la  paz,  pero  se 
oculta  a  tus  ojos!  ^  Porque  vendrán  días  sobre  ti  en  los  cuales  tus  ene- 
migos levantarán  trincheras  contra  tí,  te  cercarán  y  oprimirán  por  todas 
partes,  te  estrellarán  contra  el  suelo  a  ti  y  a  tus  hijos  que  vivan  dentro 
de  ti.  No  dejarán  en  ti  piedra  sobre  piedra,  porque  no  has  conocido  el